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A vueltas con el futuro de la Armada: reflexiones al albur del S-81

https://global-strategy.org/a-vueltas-con-el-futuro-de-la-armada-reflexiones-al-albur-del-s-81/ A vueltas con el futuro de la Armada: reflexiones al albur del S-81 2021-05-11 11:10:08 Josep Baqués Blog post Política de Defensa España
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La reciente botadura del S-81 ha reavivado el debate en torno al objetivo de fuerza que debe perseguir la Armada. Eso es bueno (lo peor sería avanzar sin debate). Aunque es importante recordar que cualquier postura que se adopte al respecto debe abordarse evitando dos errores recurrentes, a saber: pensar en abstracto (es decir, al margen del contexto geopolítico en el que nos movemos, cuando el mismo contexto está en movimiento) y pensar en términos puramente incrementalistas (es decir, pensar en función de las inercias pasadas, que es lo más parecido a no-pensar). Son pecados capitales, pero recurrentes en la disciplina de las políticas públicas -Charles Lindblom dixit- que estamos a tiempo de evitar.

Entonces, lo primero que debe tenerse en cuenta es el escenario en el que opera(rá) nuestra Armada; lo segundo, a qué riesgos o amenazas para nuestro interés nacional debe(rá) responder (o contribuir a responder); lo tercero, qué estrategia naval se deducirá de ello, entre el control positivo y el control negativo del mar, en cada uno de sus extremos; cuarto, qué parte del trabajo puede ser desarrollado, total o parcialmente, por otros componentes de las propias Fuerzas Armadas (es perentorio avanzar de una vez por todas hacia una planificación conjunta, y no meramente hacia una operación conjunta de medios que han surgido de miradas particulares… en el mejor de los casos).

Después, habrá que considerar qué presupuesto tenemos o tendremos. Ya sé que muchos dirán que eso es lo primero. Y todos conocemos la teoría de Herbert Simon, acerca de la racionalidad limitada (de acuerdo) pero tampoco sería bueno que las cifras condicionen la reflexión ab initio, porque eso implicaría falta de reflexión acerca de lo fundamental. Por lo demás, los presupuestos cambian poco, pero pueden cambiar más que nuestro interés nacional, ya que buena parte del mismo está condicionada por nuestra posición geográfica (y eso no cambiará nada).

A partir de lo dicho en el párrafo anterior, quiero realizar algunas reflexiones, que creo perfectamente compatibles con el resto, sin perjuicio del debate de fondo requerido. Son las siguientes:

1ª) Hay marinas de guerra (como la sueca) que carecen de escoltas oceánicos, o de anfibios, pero con mucho peso para patrulleros rápidos misileros (aunque los denominen, ampulosamente, corbetas), lanchas costeras de asalto, y submarinos. Otras (como la alemana), con mucho peso para los escoltas oceánicos y submarinos, con buena presencia de patrulleros misileros (pero mucho menor que hace 20 años) y de buques dedicados a la guerra de minas, también sin anfibios y sin aparatos de ala fija embarcados. Y otras (como la británica) que han potenciado su capacidad para desplegar aparatos de ala fija desde portaaviones convencionales, a costa de aquilatar hasta cifras para ellos desconocidas en su número de escoltas oceánicos y de submarinos, e incluso a costa de reducir su capacidad anfibia. Pero, insisto, todo ello tiene que ver con una reflexión seria y prolongada en el tiempo acerca de a qué situaciones se enfrentan. El mismo tipo de reflexión les ha llevado a tres conclusiones diversas. Lo raro sería que, dada la distinta ubicación de cada uno de ellos, las características de sus costas, su vecindario, etc, hubieran dado la misma respuesta.

2ª) A falta de más información derivada (llegado el caso) del análisis fundamental pergeñado, el axioma es contar con una Armada equilibrada. Ninguno de los tres ejemplos propuestos responde exactamente a eso, aunque los dos últimos ejemplos están bastante más cerca que el caso sueco, que es muy idiosincrático, al basarse en el modelo de defensa-no-provocativa de Barry Buzan (muy minoritario). Pero Suecia sí nos puede servir de algo: no como ejemplo a seguir en la decisión final tomada pero sí en cuanto a la valentía de pensar por sí misma, sin hipotecas ni prejuicios. Eso es básico, y constituye la columna vertebral de una política de defensa digna de tal nombre. Dicho lo cual, insisto, esa Armada equilibrada siempre será una buena base sobre la que “sesgar” la composición de la fuerza, si se detecta la necesidad de potenciar algunas capacidades en detrimento de otras.

3ª) No me preocupa que constantemente estemos hablando de nuevas unidades, porque hay que hacerlo. Pero sí me preocupa que las que tenemos no estén dotadas con los mejores sistemas de armas. Me viene a la cabeza lo sucedido con el Cristóbal Colón, un crucero-acorazado muy moderno para su época (finales del siglo XIX), con aceptable blindaje, buena propulsión, buena batería secundaria, pero… que nunca llegó a montar la batería principal de cañones de 254mm. Y de esta guisa se fue a Cuba, para no regresar jamás (claro). Sí, me viene eso a la cabeza, y no puedo dejar de pensar en la cara que pondría el pobre almirante Cervera cuando, viendo lo que se le venía encima dijo aquello de que “más vale el pan duro, duro, antes que ninguno”. Pues no, ya está bien de tanta ineptitud. Lo primero es que las santabárbaras (aunque hoy tengan nombre de pozo) estén repletas, que no haya que recortar la cifra de silos pensando que… total… tampoco los vamos a llenar, que los AIP lleguen de una vez para que todo lo demás tenga sentido, y que las MLU de los buques de combate principales se lleven a cabo cuando sea menester.

4ª) En cuanto al tema que encabezaba este análisis, ni qué decir tiene que ahora que se inicia la cuenta atrás para la entrada en servicio del S-81, surgirán voces de todo tipo (ya lo están haciendo), algunas tendentes a ampliar la serie y otras a renegar de lo sucedido. Típico de nuestro país: parece que nacimos montados en un péndulo que no para de moverse entre sus extremos. De hecho, me ha llamado la atención que vayamos (según quién) desde el elogio a todo lo acontecido, como si nada se hubiera hecho mal (lo cual es falso) a la demagogia más dañina, como si el diseño de este buque no fuera un hito (que lo es). En fin. En fin, queridos compatriotas… a ver si dejamos el péndulo tranquilo, en el medio (aunque solo sea más o menos en el medio).

5ª) Ciertamente, la flotilla de submarinos ha sido especialmente proclive a estos vaivenes. Recuerdo (por haberlo leído) los tiempos en los que al S-31 le llamábamos “trentayúnico”, en los albores de los años 70 del siglo XX, para luego incorporar, en pocos años, 3 submarinos Guppy adicionales, procedentes de la US Navy, fabricar localmente 4 Daphné (para un total de 8 en servicio en 1975) y cómo rápidamente se inició la construcción de los 4 Agosta, alguno de cuyo par de remanentes está ahora en trance de emular al S-31 (por su soledad). Lo que no me cuadra es que esos vaivenes (tan acusados) sean producto de un cambio de estrategia. Ése es el problema.

6ª) Creo que conviene potenciar lo que ya tenemos (la serie S-80), con decisión, “metiéndoles” lo necesario para que los Cervera de hoy no tengan que lamentarlo mañana (y, con ellos, el resto de españoles), así como buscando clientes para exportar, de modo que se logren economías de escala y se rentabilice la inversión en beneficio de Navantia, que lo es también de sus puestos de trabajo. Pero… sin obviar cosas como que de haber comprado esos submarinos a los suecos o a los alemanes (lo que hubiera salido más barato), con el mismo coste del programa ya nos hubiera dado para adquirir esos 12 F-35 que se supone que no podremos pagar ni en el mejor de nuestros sueños. Contra lo que pueda parecer en una primera lectura, lo que acabo de decir no es una crítica: me quedo con el S-81 y sus tres gemelos. Hace poco he escrito otro post en el que criticaba a los críticos con nuestro I+D empleando como cabeza de turco -por mi parte- nada menos que a Unamuno. Pero, no siendo una crítica, sí es una reflexión (una más, de las muchas que incluye este post): no demos nunca nada por sentado, ni siquiera cuando hablamos de presupuesto. Sin embargo… ¿Ampliar la serie?… Pues… quizá no sea tan oportuno, salvo que de ese análisis fundamental al que hacía referencia al inicio de este trabajo se deduzca lo contrario (está por ver). Porque con 1.300 millones adicionales (ya deduzco costes del I+D y voy a un posible precio de venta final, muy prudente, de un par de unidades adicionales) se pueden hacer otras cosas… perentorias.

Así que, como reflexión final (de este post), hago un llamamiento al inicio de la reflexión auténtica (inicial) acerca del futuro de nuestra Armada, que no parte de los buques (al final, son instrumentos) sino de nuestros intereses nacionales (que son los de todos los españoles, nuestros derechos, nuestras empresas, nuestros puertos y ruta comerciales), inevitablemente mediados por nuestra situación geopolítica. Y luego, creciendo a partir de ahí, tocará llamar a la puerta de la Armada para que asuma la parte del trabajo que le corresponda (a modo disuasorio, si las cosas no degeneran) y tocará dotarla en consecuencia, con la adecuada capacidad para argumentar los motivos que conlleven esas dotaciones presupuestarias. Amén.

Josep Baqués

Josep Baqués es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona y Subdirector de Global Strategy

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