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Amenazas híbridas y zona gris. OTAN, Unión Europea y España ante esta nueva forma de enfrentamiento

https://global-strategy.org/amenazas-hibridas-y-zona-gris-otan-union-europea-y-espana-ante-esta-nueva-forma-de-enfrentamiento/ Amenazas híbridas y zona gris. OTAN, Unión Europea y España ante esta nueva forma de enfrentamiento 2021-07-31 17:01:45 Bonifacio Gutiérrez de León Blog post Global Strategy Reports Política de Defensa Zona gris y estrategias híbridas
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Global Strategy Report, 32/2021

Resumen: Desde hace unos años España y las principales organizaciones a las que pertenecemos (OTAN y UE) vienen manifestado su preocupación por los riesgos asociados a las amenazas híbridas, especialmente preocupantes son las potenciales acciones en la zona gris.

Tanto la OTAN como la UE ha manifestado que son los Estados miembros los que deben articular los mecanismos para enfrentarse a estas potenciales agresiones. Sin embargo, ambas organizaciones reconocen que estas amenazas pueden tratarse con mayor eficacia si media una respuesta coordinada en el ámbito de cada una de ellas e incluso de manera combinada entre ambas.

Por su parte, en España se ha iniciado un nuevo ciclo de Planeamiento de la Defensa, que también ha incorporado la preocupación por este tipo de amenazas y la necesidad de adecuar las capacidades y procedimientos en el ámbito de las Fuerzas Armadas para ser capaces de contrarrestarlas con eficacia.


Introducción

En un mundo que es cada vez más multipolar aparecen nuevos actores con capacidades relativamente similares a las de los países defensores del status quo.  Esta casi igualdad de capacidades se manifiesta en todos los instrumentos de poder, incluido el campo de la seguridad y defensa. En este contexto, algunos actores, tanto estatales como no estatales, van a combinar acciones convencionales y no convencionales orientadas a la desestabilización de nuestra forma de vida, y cuya identificación y atribución resultan especialmente complicadas. Es lo que la OTAN, la Unión Europea o España han venido a denominar Amenazas Híbridas.

Cuando dichos actores realizan sus acciones en una zona del espectro del Conflicto situadas al margen del principio de buena fe entre estados (bona fide), que, pese a alterar notablemente la paz, no cruzan los umbrales que permitirían o exigirían una respuesta armada, estarán actuando en los que hemos venido a denominar la Zona Gris (GZ).

Los conflictos en la GZ, que son hoy y serán en el futuro la forma normal de enfrentamiento, tienen gran repercusión en cómo deben de planificarse y ejecutarse las operaciones en todos los niveles de la guerra. En este entorno, las actividades por debajo del umbral de la violencia serán las más comunes, si bien es posible que puedan derivarse en conflictos armados, normalmente de carácter limitado.

Para alertar sobre estos cambios, en este artículo haremos un breve análisis de las características de la GZ y los retos que plantea para las democracias liberales y realizaremos un breve repaso de cómo los afrontan, de manera general, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la Unión Europea y en los documentos de planeamiento de España.

Las amenazas híbridas. Características de la zona gris

Las estrategias en Zona Gris se emplean para alcanzar objetivos similares a los que se alcanzarían en un conflicto armado, pero sin cruzar el umbral que justifique ese conflicto.

El documento Understanding Hybrid Warfare” de la Multinational Capability Development Campaign (MDCD) Los actores que desarrollan estas estrategias emplearán de modo  sincronizado  múltiples instrumentos de poder dimensionados para atacar las vulnerabilidades específicas del Estado objetivo, en todo el espectro de las funciones sociales, para alcanzar efectos sinérgicos.

Instrumentos de poder y vulnerabilidades críticas.Fuente. MCDC Countering Hybrid Warefare

El empleo de todos los instrumentos de poder, del estado y de la sociedad, (militar, político, económico, civil e información – MPECI), mediante paquetes de acciones sincronizados tiene como objetivo no ser detectadas o, al menos, no serlo en tiempo oportuno para que se produzca una reacción. Además, producen efectos acumulativos y no lineales, de varios ordenes, que en último extremo afectan al funcionamiento del país objeto. Estas acciones pueden estar dirigidas a socios o aliados del país objeto, pero sus efectos se dejarán notar, de una u otra manera, en el país con el que se compite.

Los principios (gradualismo, ambigüedad, negación y decepción), las características (uso combinado y sincronizado de múltiples instrumentos de poder para lograr la asimetría a través de la focalización en un rango amplio de vulnerabilidades, que explota los ejes de escalada horizontal y vertical; un énfasis en la creatividad y la ambigüedad para lograr efectos sinérgicos (incluso en el ámbito cognitivo); y los efectos creados por un actor que emplea una estrategia de Zona Gris crean un desafío importante en la forma de responder. Al enmascar los verdaderos objetivos de la agresión, entorpece, cuando no impide, el ciclo decisión-acción para responder.

El actor que utiliza estrategias de GZ pretende que las acciones pasen inadvertidas, es decir por debajo del umbral de detección. En caso de ser detectadas, que estén por debajo del umbral del entendimiento. Si es entendido, que esté por debajo del umbral de la decisión. Y, si se llega tomar una decisión, que esté por debajo del umbral de respuesta. Es decir, que no merezca la pena una respuesta por la dinámica en la que se pueda entrar.

El informe final del proyecto Countering Hybrid Warfare 2 (CHW2) de la MCDC ha diseñada un marco general para contrarrestar las estrategias híbridas. En esta forma de actuar, se pueden destacar la dificultad de la detección de las acciones, la dificultad de la atribución, y como consecuencia la dificultad de respuesta en tiempo, forma y alcance oportuno. La modulación de la intensidad de las acciones y el uso sincronizado de paquetes de acciones hace muy difícil la detección de las mismas.  Los métodos tradicionales de inteligencia para detectar las “incógnitas conocidas”, basadas en indicadores de normalidad pueden no ser suficientes. Habrá que adoptar mecanismos de observación del entorno para detectar lo desconocido, “incógnitas no conocidas”, para llegar a conocer si estamos siendo objeto de este tipo de competencia.

Una vez descubierto que somos objeto de esa estrategia en GZ, la dificultad de atribución es una constante.  La negación plausible y la utilización de intermediarios (proxies) son elementos comúnmente empleados para dificultar esta atribución, y por lo tanto para articular una respuesta.

La respuesta, si es que se produce, debe ser siempre proporcionada y de carácter limitado.  Teniendo en cuenta que esta competencia tiene lugar en y entre la población, la percepción y, en definitiva, posicionamiento, tanto de la población propia como del país en competencia así como de la audiencia internacional, es fundamental para alcanzar los objetivos.  En este punto es de destacar la importancia que tiene, en GZ, el ámbito cognitivo, fundamentalmente para alcanzar superioridad de la información.

Por último, es de destacar que debido a la creatividad y flexibilidad del actor que plantea esta estrategia, este cambiará sus formas y medios de acción de forma inopinada para alcanzar sus objetivos.  Incluso, debido a esa creatividad y flexibilidad, el éxito de nuestras acciones nos puede llevar a perder la iniciativa, pues le llevará a nuevos métodos de actuación cada vez más difíciles de detectar y contrarrestar

En cualquier caso, para responder a esta competencia de GZ con alguna garantía, es necesario un planeamiento centralizado, basándose en una estructura que abarque a todo el gobierno y a la sociedad y que incluya una inteligencia del entorno, siempre actualizada, para descubrir las acciones o paquete de acciones en tiempo para generar una respuesta.

La respuesta de la Alianza Atlántica (OTAN) a las amenazas híbridas

La OTAN comenzó a contemplar los riesgos asociados a las amenazas híbridas de forma abierta, en sus documentos oficiales en 2010, con la aprobación del NATO Capstone Concept for the military contribution to countering hybrid threats”. Este documento ya alumbraba las principales ideas del tipo de amenaza al que se enfrentaba la OTAN; sin embargo, no tuvo el éxito esperado ya que quizás estaba demasiado focalizado hacia el escenario de insurgencia en Afganistán o en cualquier otro lugar alejado de sus fronteras.

Además, solo unos meses más tarde se aprobaba en Lisboa un nuevo Concepto Estratégico, que se mantiene vigente hasta la fecha, que ponía fin a la guerra fría con Rusia y que debía servir como guía hasta el entorno de 2020. En este Concepto, se identificaron las tres tareas fundamentales de la Alianza: defensa colectiva, gestión de crisis y seguridad cooperativa, con un papel preponderante de esta última. La situación geopolítica no presagiaba entonces grandes desafíos a corto plazo y el ambiente económico estaba marcado por la crisis y la reducción de las inversiones en defensa. Se mantenía el compromiso de la defensa mutua, pero el adversario se situaba fuera y lejos de las fronteras tradicionales de la Alianza.

Sin embargo, en 2014, la crisis de Ucrania y el éxito del Dáesh en Siria e Irak suponían un nuevo punto de inflexión para la seguridad euroatlántica y una importante prueba de esfuerzo para la OTAN. Fue en ese momento cuando las amenazas híbridas empezaron a ocupar un lugar destacado en la agenda de la OTAN y empezó a crearse conciencia de cómo se podría utilizar la fuerza militar en el área euroatlántica por debajo del umbral de la guerra o del conflicto armado.

Aunque en la Cumbre de Gales (2014) no se modificó el concepto estratégico, se rescató el cometido “disuasión y defensa” contemplado en las dos estrategias anteriores a Lisboa, como respuesta al nuevo entorno de seguridad. De esta manera, se adoptaron un conjunto de medidas de seguridad (assurance measures) con objeto de aumentar la actividad de unidades de la OTAN en el flanco este: ejercicios de adiestramiento, policía aérea, presencia naval, etc. En materia de defensa colectiva, las medidas se integraron en el Plan de Acción para la Preparación (RAP). En esta Cumbre, además, ya se cuestionaba la capacidad de la Alianza para afrontar las nuevas amenazas. En consecuencia, se suscribió el Compromiso de Inversión en Defensa, con objeto de revertir los recortes de las últimas décadas, estableciendo el objetivo común de alcanzar, en el horizonte temporal de 2024, un presupuesto de defensa del 2% del PIB nacional, dedicando al menos un 20% del mismo a la modernización de equipos y a I+D.

Solo un año más tarde, en 2015, se  adoptaba una estrategia para contrarrestar las amenazas híbridas, basada en un enfoque horizontal de “toda la OTAN”. Para la Alianza, la responsabilidad principal de responder a las amenazas o ataques híbridos recae en la nación objetivo. Sin embargo, está dispuesta a ayudar a cualquier aliado contra las amenazas híbridas como parte de la defensa colectiva. Para ello, en 2015 Esta estrategia se basa en tres pilares: preparar, disuadir y defender. Estar preparados para prevenir, contrarrestar y responder a los ataques híbridos, ya sea por parte de agentes estatales o no estatales, es una prioridad fundamental para la OTAN.  Para implementarla, identificó los siguientes aspectos prioritarios:

  • Asegurarse de que la Alianza y los Aliados estén suficientemente preparados para contrarrestar los ataques híbridos en cualquier forma que se materialicen. Se incluyen tres áreas clave: el reconocimiento y atribución de las acciones, el apoyo rápido a la evaluación y toma de decisiones y la mejora de la resiliencia.
  • Actuar con prontitud, cuando y donde sea necesario disuadir las amenazas híbridas.
  • Reunir compartir y evaluar continuamente la información para detectar y atribuir cualquier actividad híbrida en curso.
  • Apoyar a los Aliados para identificar las vulnerabilidades nacionales y reforzar su propia capacidad de recuperación, si así se solicita.
  • Mejorar la preparación para contrarrestar las amenazas híbridas mediante la capacitación, los ejercicios y la educación, incluidos ejercicios de los procesos de toma de decisiones y las respuestas conjuntas militares y no militares en cooperación con otros agentes.
  • Defender a cualquier aliado contra las amenazas híbridas como parte de la defensa colectiva, si la disuasión fracasa.

En la Cumbre de Varsovia (2016) se reforzaron las medidas identificadas, mediante la aplicación de las propias de una estrategia de disuasión, como la Presencia Avanzada (eFP) en el este y sudeste del territorio aliado, como respuesta disuasoria a la estrategia agresiva de Rusia en la zona (cuatro grupos de combate multinacionales en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, liderados por el Reino Unido, Canadá, Alemania y Estados Unidos respectivamente). Al tiempo, la defensa colectiva adquiría una nueva dimensión y se incorporaba la “amenaza” a un estado miembro como motivo para justificar una acción colectiva y la aplicación del Artículo 5 del Tratado. Como novedad, el ciberespacio se considera un nuevo dominio de las operaciones de la Alianza, los ciberataques se consideran parte de la amenaza híbrida y se incorpora la ciberdefensa a la tarea de defensa colectiva. En la práctica, esta decisión supuso la introducción de la ciberdefensa en el planeamiento operativo, el inicio de un ambicioso programa de modernización de sus redes de información y comunicaciones, con importantes inversiones, la potenciación de ejercicios como el Cyber Coalition (uno de los mayores del mundo en su género) y una colaboración más estrecha con la UE, la industria y los centros de investigación.

En la Cumbre de la OTAN de Bruselas (julio 2018) también se adoptaron varias decisiones relevantes relativas a las amenazas híbridas. En ellas se reafirmaba en que aunque la responsabilidad principal de responder a las amenazas híbridas recae en la nación objetivo, la OTAN está dispuesta, por decisión del Consejo, a ayudar a un aliado en cualquier etapa de una campaña híbrida. En casos de guerra híbrida, el Consejo podría decidir invocar el Artículo 5 del Tratado de Washington como si se tratase de un ataque armado. También se anunciaba el establecimiento de “Counter hybrid Support Teams” (CHST), que proporcionarían asistencia específica y adaptada a los Aliados, a petición de éstos, para preparar y responder a las actividades híbridas.

Los CHST fueron activados por primera vez, en 2019 por Montenegro, con objeto de aprovechar la experiencia de la OTAN para responder a las amenazas híbridas de Rusia, a fin de proteger las elecciones parlamentarias de 2020. Estas medidas fueron motivadas por los esfuerzos de Rusia para desestabilizar a Montenegro, incluido el intento de golpe de estado en 2016. La misión del equipo se centró en los cambios necesarios en la legislación y en la ciberseguridad.

La respuesta de la Unión Europea a las amenazas híbridas

En la Unión Europea, las alarmas relativas a las estrategias híbridas también saltaron en 2014 con la intervención de Rusia en Ucrania. Así, en una reunión informal en Riga, en enero de 2015, los Ministros de Defensa de la UE ya pidieron una gran unidad y acciones concretas a nivel de la UE. Solo unos meses más tarde, en mayo de ese año, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) (European External Action Service – EEAS) invitó a la Alta Representante a trabajar con la Comisión, la Agencia Europea de Defensa y los Estados miembros y a presentar un marco conjunto con propuestas prácticas para ayudar a contrarrestar las amenazas híbridas, subrayando también la necesidad de cooperar y coordinar con las organizaciones asociadas pertinentes, incluida en particular la OTAN, así como con los países asociados, según proceda.

Esta solicitud y otras más, llevaron finalmente a la publicación de la Comunicación Conjunta al Parlamento Europeo y al Consejo sobre la lucha contra las amenazas híbridas, una respuesta de la Unión Europea del 7 de abril de 2016. Esta comunicación constituye un marco común con propuestas de actuación que contribuyen a luchar contra las amenazas híbridas y a reforzar la resiliencia de la UE y de sus Estados miembros, así como de los países socios.

En el documento se evitaba dar una definición concreta de las amenazas híbridas, dado su carácter evolutivo, pero identificaba sus características principales. En concreto subrayaba: “la mezcla de actividades coercitivas y subversivas, de métodos convencionales y no convencionales (es decir, diplomáticos, militares, económicos y tecnológicos), que pueden ser utilizados de forma coordinada por agentes estatales o no estatales para lograr objetivos específicos, manteniéndose por debajo del umbral de una guerra declarada oficialmente. Suelen aprovecharse las vulnerabilidades del objetivo y generarse ambigüedad para obstaculizar los procesos decisorios. Las campañas de desinformación masiva, que recurren a los medios sociales para controlar el discurso político o para radicalizar, contratar y manipular a individuos que actúan por delegación, pueden constituir vectores de estas amenazas híbridas”.  También es importante destacar que en esta comunicación se afirmaba que la lucha contra las amenazas híbridas en los aspectos relativos a la defensa y seguridad nacional y de mantenimiento del orden público era responsabilidad de los Estados miembros, ya que la mayor parte de los puntos vulnerables eran específicos de cada país. Sin embargo, realizaba dos matizaciones importantes:

  • Muchos Estados miembros de la UE se enfrentaban a amenazas comunes, que también pueden centrarse en redes o infraestructuras transfronterizas.
  • Esas amenazas podían tratarse con mayor eficacia si mediaba una respuesta coordinada de la UE que recurriera a sus políticas e instrumentos y se asentará en la solidaridad europea, la asistencia mutua y todas las posibilidades que ofrece el Tratado de Lisboa.

En resumen, la UE afirmaba que sus políticas e instrumentos podían desempeñar un papel fundamental a la hora de aportar un valor añadido para aumentar la concienciación y facilitar un enfoque integral que le permitiera, en coordinación con los Estados miembros, responder específicamente a las amenazas de naturaleza híbrida creando sinergias entre todos los instrumentos pertinentes y fomentando una cooperación estrecha entre todos los agentes implicados. De esta manera, identificaba unas medidas basadas en estrategias y políticas sectoriales ya existentes que contribuirían a una mayor seguridad y en otras nuevas. En concreto, la respuesta propuesta se centraría en los siguientes elementos: aumentar la concienciación, reforzar la resiliencia, prevenir, responder a las crisis y recuperarse tras ellas. Desde ese momento y hasta la fecha ha desarrollado numerosas medidas y políticas para reforzar estos elementos.

Por último desde 2016, la Alianza y la UE han firmado varias declaraciones conjuntas para dar un nuevo impulso y un nuevo contenido a la asociación estratégica UE-OTAN. La lucha contra las amenazas híbridas es uno de sus principales retos para abordar de forma conjunta. Especialmente importante es su complementariedad de medios y misiones y el reconocimiento de que ambas organizaciones serán más eficaces si actúan de forma verdaderamente coordinada (de forma complementaria y mediante un respaldo mutuo). La OTAN es una organización militar que tiene como responsabilidad primordial la defensa colectiva de sus miembros; la Unión Europea es un actor estratégico mundial y un proveedor de seguridad que cuenta con un abanico único y amplio de instrumentos a su disposición para hacer frente a los desafíos actuales de forma global.

Las amenazas híbridas en el planeamiento de España

En España, la introducción de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 ya recogía la aparición de las denominadas amenazas híbridas, una combinación de amenazas convencionales y no convencionales orientadas a la desestabilización de nuestra forma de vida, y cuya identificación y atribución resultan especialmente complicadas. En consecuencia, con el inicio del nuevo Ciclo de Planeamiento de la Defensa, las amenazas híbridas y la forma de contrarrestarlas debían adquirir un papel relevante

El 11 de junio de 2020, el presidente del  Gobierno promulgaba la Directiva de Defensa Nacional (DDN) 2020. Esta Directiva es la referencia del proceso de planeamiento de la Defensa, como expresión de las líneas generales de actuación y las Directrices para el desarrollo de la Política de Defensa del Gobierno. Entre otros aspectos, expone que los escenarios de actuación para las Fuerzas Armadas han aumentado en complejidad desde la publicación de la última Directiva de Defensa Nacional de 2012 e identifica el empleo de las estrategias híbridas que combinan procedimientos convencionales con otros de tipo asimétrico y llevan un marco de intensa confrontación en el ciberespacio y en el entorno de la información. El uso de la fuerza va acompañado de campañas psicológicas, orientadas a desacreditar las actuaciones propias y a sembrar el desconcierto en la opinión pública. En el ciberespacio y en el ámbito de la información es habitual que algunos adversarios enmascaren su acción y mantengan la aplicación de sus estrategias dentro de una zona gris, situada por debajo de lo que han identificado como nuestro umbral de respuesta.

Así mismo, considera que para hacer frente a estas estrategias se debe alcanzar una adecuada integración de los recursos disponibles en todos los ámbitos, sean civiles o militares, nacionales o multinacionales con la finalidad de preservar la seguridad, mejorar la comunicación estratégica, incrementar la confianza en las instituciones y fomentar la resiliencia de la sociedad.

Por su parte, el 4 de agosto de 2020, la Ministra de Defensa aprobaba la Directiva de Política de Defensa 2020, que, tomando como referencia la DDN 2020, inicia un nuevo Ciclo de Planeamiento de la Defensa. Con esta Directiva, la Ministra establece las líneas generales de actuación y las directrices precisas para este Planeamiento de la Defensa.

En la valoración de la situación estratégica en relación con los objetivos y directrices fijados en la DDN identifica unos fenómenos transversales, como los ciberataques, la militarización del  espacio, las amenazas híbridas – incluida su componente de desinformación-  y otros,  que pueden tener un enorme impacto sobre el bienestar de los ciudadanos, sobre la estabilidad social y la seguridad internacional.

Para afrontar los retos relativos a las estrategias híbridas se pueden identificar cuatro aspectos principales para las Fuerzas Armadas:

  • Su disposición y la de las autoridades de la Defensa se orientará a generar una mayor resiliencia nacional e internacional ante los retos transversales.
  • Se deben consolidar los mecanismos de colaboración con el conjunto de las administraciones Públicas. Además de mejorar la integración cívico-militar en materia de gestión de crisis y de apoyo en emergencias, se potenciará la colaboración para hacer frente a posibles amenazas en el ciberespacio, el espacio exterior y a las estrategias híbridas, tratando de alcanzar una mejor comprensión del entorno y de la zona gris por debajo de otros umbrales de respuesta.
  • Se requiere una comunicación estratégica activa, clara, honesta y plenamente respetuosa con la pluralidad democrática frente a las herramientas habituales del modelo estratégico híbrido que buscan erosionar la cohesión entre ciudadanos e instituciones. Esta comunicación se desarrollará tanto a nivel nacional como en concierto con la OTAN y la Unión Europea.
  • Se deben incrementar las capacidades orientadas a neutralizar las amenazas de naturaleza híbrida.

Con sus capacidades, la Fuerza Conjunta podrá ser parte o realizar el esfuerzo principal de la respuesta militar en aspectos tales como: disuasión militar, cooperación militar, contribución a la inteligencia, actividades en el entorno de la información, contribución a la seguridad de los CIS y en el ciberespacio, operaciones especiales, apoyo a la seguridad pública y de emergencias o, llegado el caso, empleo de la capacidad de combate terrestre.

En este sentido, un aspecto prioritario para las Fuerza Conjunta, debe ser la comprensión de las características de las amenazas híbridas, para posteriormente efectuar las consideraciones que se derivan para el planeamiento operativo de estos conflictos.

Conclusiones

España y las principales organizaciones a las que pertenecemos (OTAN y UE) han manifestado su preocupación por los riesgos asociados a las amenazas híbridas; especialmente preocupantes son las potenciales acciones en la Zona Gris.

Cada estado debería desarrollar su propio modelo integral de gestión de crisis frente a las amenazas híbridas para contrarrestarlas en los aspectos relacionados con la seguridad nacional y la defensa y el mantenimiento de la ley ya que estos aspectos corresponden a los estados soberanos. Este modelo debe integrar a todos los instrumentos de poder del Estado (MPECI) y se debe tener en cuenta que en la mayoría de los casos, y especialmente en las fases iniciales, el instrumento militar no tendrá un papel relevante.

A pesar de ello, el instrumento militar puede proporcionar determinadas capacidades para garantizar la acción del estado en cualquier momento de espectro del conflicto. Además no se puede descartar que un conflicto en la Zona Gris derive en un conflicto armado, ya sea de manera provocada o por una falta de control en la Escalada. En consecuencia, las Fuerzas Armadas deben poseer un conocimiento profundo de este entorno y estar preparadas para ser empleadas cuando sea necesario.

Referencias

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Departamento de Seguridad Nacional. (2020). Directiva de Defensa Nacional. https://s03.s3c.es/imag/doc/2020-06-11/DIRECTIVA-DEFENSA-NACIONAL-2020.pdf

Jordán, Javier. (2019). Cómo contrarrestar estrategias híbridas. Global Strategy. Cómo contrarrestar estrategias híbridas | Global Strategy – Universidad de Granada (global-strategy.org)

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https://www.act.nato.int/images/stories/events/2010/20100826_bi-sc_cht.pdf.

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Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Bonifacio Gutiérrez de León

Bonifacio Gutiérrez de León. Coronel Subdirector de Investigación y Lecciones Aprendidas del MADOC. Ha sido coordinador nacional del Proyecto “Countering Hybrid Warfare” (2017-2020).

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