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Apuntes sobre la gran estrategia de la Federación de Rusia

https://global-strategy.org/apuntes-sobre-la-gran-estrategia-de-la-federacion-de-rusia/ Apuntes sobre la gran estrategia de la Federación de Rusia 2021-01-13 09:49:19 Francisco Javier Ayuela Azcárate Blog post Análisis y Estrategia Estudios Globales Global Strategy Reports Estrategia Global Strategy Reports 2021 Rusia
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Global Strategy Report, 3/2021

Resumen: A la luz de los acontecimientos de los últimos años, no cabe duda de que Moscú piensa y actúa en términos de gran estrategia. Los objetivos esenciales de la gran estrategia de la Federación de Rusia y la principal consecuencia en cada caso son los siguientes: ser reconocida como una gran potencia, lo que exige contar con suficientes recursos; el predominio en sus zonas primordiales de interés, lo que implica mantener su influencia política en los estados que configuran su “extranjero próximo”, y edificar y conservar un orden internacional multipolar en el que Rusia sea uno de los centros de poder, lo que requiere reducir la hegemonía estadounidense.

Debido a su debilidad económica, no es previsible que Rusia pueda desafiar abiertamente en el futuro a las grandes potencias globales del siglo XXI, en nuestros días los Estados Unidos de América y, a medio plazo, muy posiblemente la República Popular China, con la que Rusia mantiene actualmente una asociación estratégica integral de coordinación. A pesar de tratarse de una gran baza geopolítica, una hipotética conversión de la asociación estratégica entre Moscú y Pekín en una alianza militar parece poco probable a corto plazo.

El talón de Aquiles de Rusia está en la región del Indo-Pacífico. Descartada la idea de una gran Europa, Rusia apuesta claramente por el continente asiático, aunque estratégicamente no puede abarcarlo en su totalidad. El afianzamiento de su liderazgo en Asia Central, junto al desarrollo de Asia Septentrional y un decidido aumento de su presencia en el Ártico, configura un nivel de ambición posible y practicable para la gran estrategia de la Federación de Rusia. Aunque el Kremlin opte por el afianzamiento de esta gran estrategia, seguirá prestando plena atención a su “extranjero próximo”, en el que puede adoptar una gran estrategia de contención, sin descartar una intervención directa en determinados casos en los que el devenir estratégico sea ciertamente desfavorable para sus intereses.

Introducción

El concepto de gran estrategia, relativamente difuminado en el mundo occidental, resulta de gran relevancia en lo que respecta a la Federación de Rusia, que sí parece tener claro lo que quiere y lo que está dispuesta a hacer para conseguirlo. La orquestada combinación de su seguridad nacional y su política exterior en los ámbitos político, económico, diplomático y militar constituyen en el caso ruso una realidad tangible, por mucho que su gran estrategia no quede específicamente recogida en documentos estratégicos de alto nivel.

Si nos fijamos en las declaraciones de sus dirigentes políticos y militares y, sobre todo, en los hechos acaecidos en los últimos años, parece meridianamente evidente que Rusia persigue unos objetivos estratégicos bien definidos y que para alcanzarlos Moscú no ha dudado ni dudará en utilizar el amplio poder de que dispone mediante una variedad de recursos y métodos, algunos tan novedosos como eficaces. Es decir, podemos afirmar que Rusia piensa y actúa en términos de gran estrategia.

La política exterior de Moscú parece seguir descansando en dos principios irrenunciables: el primero responde a la conocida Doctrina Primakov, que asegura que “Rusia ha sido y sigue siendo una gran potencia”[1], mientras que el segundo determina que Rusia vive con la certeza histórica de que a la hora de la verdad solo podrá depender de sí misma. Por lo anterior, la probabilidad de un entendimiento estratégico entre la Federación de Rusia y Occidente es a día de hoy muy baja.

En esta permanente fricción con el resto de los actores internacionales, Moscú cuenta con algunas bazas de ámbito doméstico con las que juega habitualmente. Una es que la estructura política y social de Rusia permite tomar decisiones difíciles y arriesgadas de forma rápida y centralizada. Otra es que los sacrificios, que derivados de esas acciones ha de asumir el pueblo ruso, pueden ser, en caso necesario, sensiblemente superiores en comparación con las sociedades occidentales[2]. Estas dos razones contribuyen a explicar que Rusia se mantenga a flote contra viento y marea a pesar de sus evidentes vulnerabilidades económicas y sociales.

Al igual que otras economías, la rusa sufrirá una recesión, ya que a los estragos sanitarios del COVID-19 hay que añadir los derivados de la guerra por los precios del crudo entre Rusia y Arabia Saudí y las oscilaciones en la demanda de gas y petróleo, que afectan sustancialmente a economías como la rusa que cuenta con una escasa diversificación. Sin embargo, y a pesar de la gravedad de la pandemia, la gran estrategia rusa, merced a una férrea voluntad política, parece mantenerse sin grandes variaciones, permaneciendo inalteradas las prioridades a largo plazo de Moscú[3].

Tres factores que conforman la gran estrategia rusa

Para entender estratégicamente a Rusia, es preciso reconocer en primer lugar que no dejará de lado sus recelos y su desconfianza hacia el resto de las naciones. Más allá de un exacerbado nacionalismo, la gran estrategia de Rusia no parece fundamentarse decididamente en principios ideológicos irrenunciables[4], y tampoco descansa en un nostálgico interés en resucitar la extinta Unión Soviética. Su gran estrategia se asienta en la primordial búsqueda de la seguridad preconizada por la escuela de pensamiento realista y en la extrema importancia que las autoridades rusas conceden al ejercicio del poder en términos clásicos. Uno de los axiomas estratégicos de Rusia es que se siente vulnerable y, como consecuencia directa de este arraigado sentimiento, el Kremlin, dominado por la conocida mentalidad de “fortaleza asediada”, concede gran importancia a contar con una amplia esfera de influencia que actúe como “colchón de seguridad”. Para ello, necesita controlar lo que Moscú denomina su “extranjero próximo”, “vecindario compartido” en el lenguaje de Bruselas[5].

Un segundo factor fundamental para Moscú es conseguir el respeto internacional, ser uno de los protagonistas en el escenario mundial. En palabras de Andrey Baykov, vicerrector del Moscow State Institute of International Relations, en una entrevista concedida a The New York Times en mayo de 2019, lo que Rusia quiere realmente “es ser un actor autónomo, manteniendo su identidad como una gran potencia estratégicamente independiente”[6]. Moscú no puede permitirse el lujo de mostrar debilidad política alguna y por eso se esfuerza en aparentar una gran firmeza, tanto interna como externamente.

En tercer lugar, Rusia es el arquetipo de poder continental condicionado por su lucha histórica frente a las potencias marítimas capaces de envolverla estratégicamente, un hecho geopolíticamente fascinante que ha hecho correr ríos de tinta. Rusia se encuentra asimismo rodeada de vecinos que generalmente muestran una clara desconfianza ante posibles iniciativas de cooperación regional que estiman habitualmente como exigencias hegemónicas por parte de Moscú. Así, la mayor parte de los movimientos estratégicos rusos reavivan viejas tensiones y generan hostilidad o profundas reacciones destinadas a frenar las ambiciones del Kremlin, consideradas por muchos como la expresión de un revisionismo político o un revanchismo histórico que, aunque pueden deducirse indirectamente de diversas declaraciones y escritos, no han sido explícitamente establecidos por parte de los líderes rusos.

Fortalezas y vulnerabilidades rusas

Como todas las potencias que en el mundo han sido, Rusia tiene al mismo tiempo fortalezas y debilidades. Como parte del análisis deben ser tenidas en cuenta, si bien su importancia no es necesariamente concluyente, ya que, como se ha señalado anteriormente, una de las características del pensamiento estratégico ruso es que a menudo parece más dominado por la voluntad política que por los factores que configuran el escenario, incluidas las consideraciones presupuestarias. Entre los puntos fuertes de Rusia, destacamos los seis siguientes:

  • Mantiene una descomunal capacidad de disuasión nuclear, un instrumento al que no está dispuesta a renunciar. Sin armas nucleares, Moscú sería hoy en día un actor secundario en el tablero internacional.
  • Tiene asiento y derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que le asegura un papel de actor principal en el orden internacional, facilitando el apoyo diplomático a diversas cuestiones para erosionar el liderazgo estadounidense y bloqueando las iniciativas políticas que considera negativas para sus intereses.
  • Dispone de enormes recursos naturales. Rusia es el segundo mayor productor de gas natural del mundo y el tercero de petróleo, y tiene las mayores reservas de gas natural del mundo y la sexta parte de las de petróleo. Esta gigantesca disponibilidad energética, junto a las conexiones de los oleoductos y gasoductos que controla, constituye los cimientos sobre los que descansa sólidamente el poder de la Federación de Rusia.
  • Tiene una notable capacidad para influir en la política internacional, basada no solo en su dominio de las tecnologías de información, también mediante una demostrada resolución política y audacia para intervenir donde considera que puede extraer una significativa ventaja estratégica.
  • Puede profundizar, en caso necesario, en su actual asociación estratégica con China. Esta crucial baza se trata más adelante con mayor extensión, dada su especial significación geopolítica.
  • Cuenta con una población que presenta una destacada formación académica. En particular, tiene un elevado número de ingenieros y científicos, siendo asimismo un referente cultural a escala global en algunas disciplinas.

Entre sus principales vulnerabilidades, cabe señalar seis aspectos:

  • Siendo el país más grande del mundo, la economía rusa es más pequeña que la de Brasil y diez veces menor que la de Estados Unidos; además está muy poco diversificada: el 60 por 100 de las exportaciones rusas corresponden a petróleo y gas.
  • Según Naciones Unidas, la población rusa, que actualmente es de 145 millones, podría descender a 121 en el año 2050. Por otra parte, su demografía es particularmente baja al este de los Urales.
  • Aunque quisiera, el Kremlin no puede ignorar a la UE ni la inapelable realidad que supone la contestación estratégica de la Alianza Atlántica.
  • Presenta una reducida implantación política y económica en la región del Indo-Pacífico, centro de gravedad del mundo.
  • Sufre serios problemas sociales. Tiene una baja esperanza de vida, entre el 13 y el 25 por 100 de la población vive en estado de pobreza, mientras que la percepción negativa de sus ciudadanos sobre el nivel de corrupción está ampliamente extendida.
  • Ofrece un limitado atractivo internacional. Su sistema político, fuertemente autoritario, que algunos han denominado “putinismo”[7], no produce grandes adhesiones en el mundo, más allá de algunas excepciones mediáticamente significativas.

Como primera aproximación a esta combinación de fortalezas y debilidades, podemos señalar que, a pesar de todo, Rusia tiene una influencia mundial superior a la que podría corresponderle en base a su situación económica y social. Como hemos señalado anteriormente, esto es debido en gran medida a una calculada audacia estratégica y a un liderazgo político que le permiten tomar decisiones difíciles, por arriesgadas que resulten. Moscú no dudó en emplear la fuerza militar en 2008 en Georgia y en 2014 en Ucrania, ni en intervenir en Siria o en Libia, o en usar medios cibernéticos para desestabilizar diferentes procesos electorales occidentales. La realidad es que, en nuestros días, Rusia tiene un protagonismo destacado en algunas de las regiones más conflictivas del planeta, algo que parece haber logrado sin necesidad de hacer descomunales inversiones[8].

En la arena internacional, la presencia de Rusia ha ido en aumento tras fortalecer sus lazos con China, Turquía[9], Irán, Siria y Venezuela, afianzando al mismo tiempo su influencia política, territorial y militar en buena parte de la antigua periferia soviética, aprovechando oportunamente la errática política exterior de Washington en los últimos años[10]. La combinación de la aparente apatía de Estados Unidos, inmerso en un mundo dominado por la competición estratégica entre las grandes potencias, con el consiguiente incremento de la preocupación de Washington en relación al poder emergente chino han permitido a Moscú expandir su apuesta geopolítica mediante su giro hacia Asia o interviniendo en Siria y en Libia. Esto evidencia ante el mundo el desarrollo de las ambiciones estratégicas del Kremlin, configurando un escenario muy poco frecuente desde la desaparición de la Unión Soviética, un colapso que, conviene recordar, Putin llegó a calificar como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.

Debemos destacar por tanto que la gran estrategia de Rusia ha venido ratificándose mediante sucesivos ejercicios del poder, confirmando la voluntad de Moscú de mantener a cualquier precio su estatus de gran potencia, su influencia en sus zonas de interés y una reiterada negativa a aceptar el orden surgido tras la Guerra Fría. Como contrapartida, el uso del poder militar empleado por Rusia se ha traducido en el distanciamiento de algunos socios y la amplificación de las tensiones regionales, lo que ha incrementado sensiblemente el umbral de dificultad de los desafíos estratégicos que Moscú deberá superar en el futuro.

Al margen de esta impresión inicial, la realidad geopolítica de Rusia no resulta determinante para ser considerada en nuestros días como una gran potencia a escala global. A pesar de sus innegables fortalezas, es en el fondo una potencia con escaso atractivo político, relativamente aislada en el concierto mundial, sometida a sanciones internacionales por los sucesos en Ucrania y con su economía atravesando serias dificultades por los precios de las materias energéticas y la pandemia del COVID-19. No faltan los analistas que consideran que Rusia, más allá de su exitoso y reciente “aventurerismo” exterior y su innegable capacidad de “perturbación continental”, es una potencia declinante[11]. El frecuente calificativo de revisionista otorgado a la Federación de Rusia, no responde plenamente a sus posibilidades reales de cambiar sustancialmente el orden mundial, reduciendo de manera decisiva, tal y como pretende, la hegemonía estadounidense. Recientemente, John Ratcliffe, director de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos, resumió esta realidad al afirmar que “Rusia busca un lugar en la mesa del orden internacional, pero es China la que quiere ocupar la presidencia”[12]. No es previsible que la Federación de Rusia pueda desafiar abiertamente en el futuro a las grandes potencias del siglo XXI, de momento los Estados Unidos de América y, muy posiblemente, la República Popular China a medio plazo. A mi juicio, principalmente por las tres razones que se exponen a continuación.

En primer lugar, Rusia precisaría contar con una presencia significativa en la región del Indo-Pacífico, y la realidad es que no tiene los recursos ni la población ni la capacidad política o cultura estratégica para confirmarse como una gran potencia en ese decisivo escenario geopolítico. Las serias desavenencias territoriales[13] entre India y China, escenificadas en un choque fronterizo en junio de 2020 en el paso de Nathu La, entre la provincia india de Sikkim y la región china del Tíbet, plantean un desafío fundamental a la política exterior de Rusia, que tradicionalmente ha mantenido buenas relaciones con la India, en particular como proveedor de sistemas de armas y de su programa nuclear civil, mientras que China mantiene una estrecha relación con Pakistán[14], enemigo histórico de la India. El afianzamiento de la asociación estratégica entre China y Rusia es visto con preocupación en India, donde voces autorizadas[15] ya consideran que Pekín representa su principal amenaza. Buena prueba de ello es que Nueva Delhi está fortaleciendo sus relaciones con Estados Unidos para contrarrestar el auge de China en el océano Índico. El incremento de la rivalidad estratégica entre China e India en la región del Indo-Pacífico es una tendencia camino de su consolidación, y la relación entre Rusia e India se verá afectada por esta realidad[16]. Tarde o temprano, Rusia tendrá que resolver una ecuación políticamente problemática, ya que cualquier elección será estratégicamente arriesgada para Moscú. En definitiva, una de las consecuencias de la intensificación de la competición estratégica entre las grandes potencias es que está convirtiendo en una quimera la posibilidad de que Rusia pueda mantener una estrecha y fructífera relación al mismo tiempo con la India y con China.

En segundo lugar, aunque Rusia es una gran potencia en términos militares, económicamente es una potencia media; su PIB es ligeramente superior al de España, según el Banco Mundial. Esta cruda realidad genera serias dudas sobre el realismo de un nivel de ambición muy alto, que exigiría entre otras cosas embarcarse en la creación de un potente instrumento militar, fundamentalmente naval, a escala global[17]. Aunque Rusia es el segundo país exportador de sistemas armas del mundo, solo superado por Estados Unidos[18], para Moscú mantener un elevado gasto en Defensa podría tener efectos desastrosos —como es de sobra sabido, la URSS terminó desapareciendo, entre otros motivos, por su desmesurado y continuo gasto militar[19]—. El presupuesto de Defensa ruso es ocho veces inferior al de los Estados Unidos y su población es nueve veces inferior a la de China. Sus únicas soluciones serían un aumento muy significativo de sus ingresos merced a un súbito y consolidado incremento de los precios del gas y del petróleo, o expandir rápidamente su cartera de clientes, dos posibilidades que no resultan practicables a corto plazo. Pensar que Rusia puede enviar con rapidez su ingente producción de petróleo y gas a otros lugares distintos de los destinos actuales no es realista.

Por último, Rusia no puede desconectarse de Europa, ya que un buen número de asuntos de importancia política y económica para el Kremlin se deciden en Bruselas, y en asuntos económicos las relaciones de Rusia con el conjunto de Asia son todavía relativamente reducidas. A pesar del proclamado giro ruso hacia el continente asiático, la conclusión de un reciente informe, que lleva por título Russia in the Asia-Pacific: Less Than Meets the Eye, es que “Rusia es y seguirá siendo un poder europeo”[20]. Moscú tampoco puede ignorar la contestación a su política exterior por parte de Estados Unidos, ejercida en gran medida mediante la fuerza política y militar que representa una Alianza Atlántica que ya cuenta con 30 estados miembros. Aunque está por ver cuál será la política exterior de la nueva Administración en Washington, no parece previsible una gran modificación de la actual contestación estratégica a las aspiraciones rusas. Sirva como muestra que el pasado 3 de diciembre, Jens Stoltenberg presentó públicamente el resultado del encargo realizado a un grupo de reflexión para que elevara una serie de recomendaciones destinadas a fortalecer la dimensión política de la OTAN. El documento lleva por título NATO 2030: United for a New Era[21], y en el mismo los expertos concluyen que Rusia seguirá siendo “la principal y más probable amenaza militar para la OTAN”, proponiendo continuar la doble vía de aproximación basada en la disuasión y el diálogo iniciada hace años con el conocido Informe Harmel[22].

Como señalaba recientemente el profesor Josep Baqués, “resulta muy complicado adivinar de qué modo Rusia sería capaz de hacer frente a tanto imperativo geopolítico”[23].

Objetivos de la gran estrategia de Rusia

Para clarificar los grandes objetivos estratégicos de Rusia, entre las numerosas fuentes disponibles hemos seleccionado tres, que más allá de la terminología utilizada coinciden en términos generales en la descripción de los principios que orientan la gran estrategia de Rusia.

Comenzamos reseñando el documento oficial Estrategia de Seguridad Nacional de la Federación de Rusia que el presidente Vladimir Putin promulgó el 31 de diciembre de 2015, y que señala los intereses nacionales, las prioridades estratégicas y las amenazas a las que Rusia debe hacer frente[24]. Aunque la mayor parte del texto se centra en cuestiones de ámbito interno, destacamos tres de los intereses nacionales a largo plazo junto a las prioridades estratégicas que en relación a ellos se mencionan en el documento[25]: “refuerzo de la defensa, asegurando la inviolabilidad del orden constitucional, la soberanía, la independencia y la integridad territorial; crecimiento de la economía e incremento de la competitividad, y consolidación de la posición de la Federación de Rusia como una potencia mundial en un mundo policéntrico”.

La segunda fuente corresponde a la Junta de Jefes de Estado Mayor de Estados Unidos, que en mayo de 2019 publicó un extenso informe que llevaba por título Russian Strategic Intentions[26]. En su primer capítulo, el doctor Jeremy W. Lamoreaux identifica los tres objetivos esenciales de la gran estrategia de Rusia: “ser reconocida como una gran potencia; el predominio sobre su esfera de influencia; y deteriorar la influencia global de Estados Unidos y si es posible reducirla”.           

En tercer lugar, el profesor Andy Akin[27] considera que la gran estrategia de Rusia se define por tres elementos principales: “crear un balance de poder más favorable a sus intereses en el actual orden internacional, defendiendo un mundo policéntrico; expandir el acceso a nuevos mercados para obtener financiación y exportaciones de petróleo, gas y sistemas de armas tratando de eliminar o reducir las sanciones internacionales que sufre tras la anexión de Crimea en 2014, y ejercer una autoridad activa en los estados vecinos que conforman su zona de influencia, controlando la acción de sus gobiernos e incluyendo la promesa de proteger a las poblaciones rusas en el exterior”.

De lo anterior, podemos concluir que los tres objetivos primordiales y la inmediata consecuencia en cada caso de la gran estrategia de la Federación de Rusia pueden ser los siguientes:

  • Ser reconocida como una gran potencia, lo que exige contar con suficientes recursos.
  • Predominar sobre sus zonas primordiales de interés; esto implica mantener una firme influencia política en los estados que configuran su “vecindario próximo”.
  • Edificar y conservar un orden internacional multipolar en el que Rusia sea uno de los centros de poder, lo que requiere reducir la hegemonía estadounidense.

La relación estratégica entre Rusia y China

Como ya se ha apuntado, un asunto primordial en la articulación de la gran estrategia rusa es que podría intensificar su relación con China en caso necesario, y ello a pesar de la desconfianza que ha presidido tradicionalmente la relación entre ambas potencias. Moscú y Pekín comparten su cuestionamiento de los valores y las estructuras occidentales que configuran un orden internacional[28] que estiman necesario modificar para reflejar la realidad política del mundo en nuestros días. En términos prácticos, el pensamiento estratégico ruso considera que el auge de China en Asia disminuirá el poder de Estados Unidos, modificando el actual orden internacional, que avanzará hacia un mundo multipolar, algo que favorece los intereses de Moscú. El giro ruso hacia Asia, fundamentado en razones comerciales de apertura de nuevos mercados para la venta de energía y sistemas de armas, no constituye en realidad una original y brillante jugada maestra por parte del Kremlin, sino que se debe fundamentalmente a que, una vez descartada la apuesta por una gran Europa, para Rusia jugar la valiosa carta de China ha acabado resultando inevitable[29].

Al mismo tiempo que Estados Unidos intensifica su atención hacia la región del Indo-Pacífico, Rusia ha encontrado en China un socio estratégico para contrarrestar su creciente desapego hacia Occidente y consolidar las oportunidades económicas de su giro hacia Asia. De confirmarse el afianzamiento de esta asociación estratégica, su impacto global acabará siendo enorme[30]. Recordemos que en el año 2016 Zbigniew Brzezinski señaló que “el escenario más peligroso para la seguridad de Estados Unidos sería una gran coalición entre Rusia y China, unidos no por la ideología sino por la complementariedad de sus agravios”[31].

A menudo se destaca que Rusia ve con recelo el expansionismo chino, desconfianza que dificultaría la consolidación de una alianza más profunda, ya que podría traducirse en una excesiva dependencia política y económica de China que acabaría configurando una relación asimétrica, contraria a los intereses de Moscú. Tampoco puede asegurarse con certeza el marcado interés de Pekín en alcanzar un vínculo más estrecho y duradero con Rusia, a la que percibe justificadamente en un plano de desigualdad económica.

La relación estratégica entre Rusia y China no es sencilla, pues la coincidencia de sus intereses a largo plazo quizás no va mucho más allá de su deseo compartido por disminuir la hegemonía estadounidense a escala global y de sus intereses comerciales. Dejando al margen las rivalidades económicas en Asia Central, sirva como muestra de las complejas relaciones entre Moscú y Pekín el caso de Siberia. Con sus formidables reservas de petróleo y gas ruso y una población en franca disminución, mientras que al otro lado de la frontera el número de habitantes chinos es muy grande, Siberia tiene todos los ingredientes para constituir un gran punto de fricción en las relaciones entre Rusia y China[32].

El hipotético escenario en el que la actual asociación estratégica integral de coordinación se convertiría en una alianza militar es a día de hoy una opción poco probable, ya que China prioriza en general sus intereses económicos sobre los de seguridad y no parece dispuesta a asumir grandes o innecesarios riesgos de carácter militar[33]. No es fácil saber si un modelo orientado hacia una mayor cooperación acabará afianzando la asociación estratégica, pero es interesante subrayar que de momento no se ha visto afectada seriamente por la pandemia del coronavirus[34].

Predecir la evolución de esta excepcional relación es un asunto ciertamente complejo dado el elevado número de variables que intervienen. No faltan los analistas que consideran que la asociación estratégica entre Rusia y China se basa en un pragmatismo instrumental y no en objetivos comunes a largo plazo, pero tampoco escasean las voces que opinan lo contrario. Aunque la trascendencia estratégica y económica de la asociación seguirá siendo enorme, es posible que las noticias sobre la evolución hacia una alianza militar entre Moscú y Pekín sean algo exageradas. Lo que no puede negarse es que la presente asociación estratégica está aportando resultados concretos en cuestiones militares, económicas, tecnológicas o diplomáticas de mutuo interés. Sirvan como ejemplo dos asuntos en los que los intereses de ambos coinciden claramente: el 2 de diciembre de 2019 se hizo realidad el gigantesco gasoducto denominado “Power of Siberia”, un logro de relevancia geopolítica[35]; por otra parte, Rusia es ya el principal suministrador de petróleo de China, superando a Arabia Saudí.

La gran estrategia de Rusia: entre la utopía y el pragmatismo

Una vez identificados los principios generales que orientan la gran estrategia de Rusia y expuestas algunas consideraciones sobre la asociación estratégica entre Moscú y Pekín, la gran estrategia de Rusia necesita concretarse en realidades posibles y practicables. Para ello, podemos partir de tres hechos contrastados. Uno es que la articulación de una gran Europa, es decir, una mirada prioritaria de Rusia hacia Occidente mediante una mayor integración con los estados europeos, quedó desechada hace años; otro supone que, tras ese descarte, Rusia, sin descuidar su “extranjero próximo”, ha modificado sus prioridades estratégicas mediante su giro hacia Asia, y, por último, resulta ampliamente aceptado que Rusia no puede abarcar toda Asia con la misma intensidad.

Aunque existen diferentes divisiones de Asia, cuando hablamos del gigantesco continente asiático, en nuestro caso nos referimos a seis áreas claramente diferenciadas y diferentes: Asia Septentrional, perteneciente a la Federación de Rusia; Asia Central, formada por Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán; Asia Oriental, que abarca China, Mongolia, Corea del Norte, Corea del Sur y Japón; Asia Suroriental, que incluye la península de Indochina y los archipiélagos de Indonesia y Filipinas; Asia Meridional, que comprende la península Índica hasta el Himalaya y Afganistán, y Asia Occidental, que engloba Turquía, el Cáucaso y los países de Oriente Próximo.

Lo anterior indica que la opción más realista y practicable para Moscú pasa por combinar en términos generales la gran apuesta que supone su giro hacia Asia, graduando su intensidad según las diferentes regiones, con un enfoque estratégico centrado en el océano Ártico. La colosal magnitud geográfica y las evidentes dificultades políticas y económicas de esta gran estrategia la convierten en una jugada muy ambiciosa, que necesitará ser moldeada y ajustada según la evolución del escenario internacional, pero parece innegable que el rendimiento económico de estos dos vastos conjuntos geopolíticos podría colmar las ambiciones estratégicas de Moscú[36]. En la consolidación de esta gran estrategia, la confirmación de la aparentemente errática reciente política exterior de Estados Unidos supondría para Rusia una adicional ventaja si finalmente acabase traduciéndose en el debilitamiento o la disminución en la prioridad estratégica de la relación entre Estados Unidos y Europa[37], algo que a día de hoy ya no resulta tan probable como hace pocos años con la llegada de la Administración Trump.

Si asumimos como cierto que el Kremlin no puede abarcar estas seis regiones de Asia con la misma intensidad y también que no puede sustituir a Estados Unidos como principal proveedor de seguridad, por ejemplo, en Oriente Medio[38] o en el Indo-Pacífico, podemos concluir que su interés a corto y medio plazo podría centrarse en Asia Central y en el desarrollo de Asia Septentrional, aunque sin descuidar en la medida de sus posibilidades al resto del continente asiático. Teniendo en cuenta el reducido rendimiento estratégico de la Comunidad de Estados Independientes (CEI)[39], Moscú puede apostar por seguir afianzando la actual Unión Económica Euroasiática (UEE), creada en 2015, con la esperanza de profundizar la articulación de un bloque geopolítico de predominio ruso. Aunque se trata de una región que presenta serias inestabilidades y en la que los intereses chinos van en aumento, constituye un proyecto políticamente atractivo y practicable y que con sus altos y bajos continúa avanzando. Sirva como muestra que en enero de 2020 Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Rusia acordaron eliminar los obstáculos comerciales de la UEE en busca de una mayor integración del bloque regional.

Para disminuir la hegemonía estadounidense, el Kremlin seguirá apostando por las bazas políticas que representan la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y, en menor medida, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). La OCS, creada formalmente en 2001, está compuesta actualmente por Rusia, China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India y Pakistán. Aunque no se trata de un bloque militar, su objetivo es fortalecer la seguridad y la cooperación económica en la región. Como indicador reciente de las intenciones rusas, durante la reunión del Consejo de Jefes de Gobierno de los Estados Miembros de la OCS, celebrada el pasado 30 de noviembre, Rusia propuso crear una Gran Asociación Euroasiática con participación de los países de la OCS, la UEE, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y otros estados y asociaciones.

Otro elemento esencial de la gran estrategia rusa descansa en el océano Ártico, una región, considerada oficialmente de interés prioritario para Moscú, que se complementa adecuadamente con la búsqueda del afianzamiento de su liderazgo en Asia Central y el desarrollo de Asia Septentrional. Los enormes recursos energéticos presentes en el Ártico, tanto en la plataforma continental como en el lecho marino de este enorme océano, cada vez más descongelado, permitirían el afianzamiento de la posición de Rusia como gran potencia[40]. Para ello, ha comenzado la construcción de nuevas instalaciones en la región, junto a una potente flota de grandes rompehielos nucleares contemplados en su Estrategia Nacional para el Ártico, confiando en el progresivo uso de la Ruta Marítima del Norte[41]. El pasado 26 de octubre, el presidente Putin aprobó la Estrategia para el Desarrollo de la Zona Ártica de la Federación de Rusia y la Aportación a la Seguridad Nacional hasta 2035, completando así el plan del Kremlin en relación al Ártico, confirmando la alta prioridad que confiere al desarrollo de la región.

Respecto al vecindario occidental y meridional de Rusia, Moscú seguirá buscando mantener su “colchón de seguridad” que le permita centrarse en sus intereses, situados principalmente en las direcciones estratégicas este y norte. Lo anterior no significa que vaya a dejar de prestar atención a su “extranjero próximo”, a su influencia en Oriente Próximo o a sus tradicionales aspiraciones en el Mediterráneo y su históricamente anhelada búsqueda de “aguas cálidas”, representada hoy en día por la importante Base Naval de Tartús, en Siria. Un ejemplo reciente de que Rusia sigue luchando firmemente por el control de sus zonas próximas de interés estratégico es el caso del Cáucaso. Tras el acuerdo alcanzado el pasado noviembre para poner fin a la guerra por Nagorno Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, Moscú, que ya tenía fuerzas militares en Georgia y en Armenia, contará ahora con presencia militar en Azerbaiyán.

Oriente Próximo, es sin duda una región muy importante para Rusia de cara a disminuir la hegemonía global de Estados Unidos; pero en palabras de la investigadora Mira Milosevich-Juaristi: “Rusia no tiene una gran estrategia para la región en el sentido de un plan coherente y a largo plazo para ordenar los intereses nacionales e idear métodos realistas para lograrlos”[42]. En definitiva, puesto que Rusia no puede abarcar toda Asia, una gran estrategia centrada en Asia Central, Asia Septentrional y el océano Ártico permitiría a Moscú contar con suficientes recursos para seguir aspirando a consolidarse como una gran potencia en un mundo multipolar, reducir la hegemonía global de Estados Unidos y seguir tutelando su “extranjero próximo”, muy posiblemente en términos de contención estratégica, sin descartar el empleo de su poder militar en determinadas circunstancias.

Conclusiones

La gran estrategia de Rusia no se basa principalmente en cuestiones ideológicas ni en un nostálgico deseo de resucitar a la extinta Unión Soviética. Rusia tiene un arraigado sentimiento de vulnerabilidad, lo que se traduce en la creencia de que en una crisis grave no puede esperar gran cosa de otros estados. Espoleado por una mentalidad de “fortaleza asediada”, el Kremlin concede una extrema importancia a contar con una extensa área de influencia que pueda manejar, especialmente en su “extranjero próximo”, al que busca controlar políticamente y contener en términos estratégicos.

Los tres principales objetivos de la gran estrategia rusa son: ser reconocida como una gran potencia en un mundo multipolar; el predominio sobre su esfera de influencia, y deteriorar la hegemonía de Estados Unidos y si es posible reducirla. Para conseguirlo, la gran estrategia de Rusia, sin descuidar su “extranjero próximo”, mira hacia las direcciones estratégicas este y norte tras haber descartado la consolidación de una gran Europa en la que Moscú jugaría un papel destacado.

Rusia se considera una gran potencia y por ello pretende conseguir el respeto internacional asociado a esta condición. A pesar de su realidad económica y social, Moscú sigue pensando estratégicamente en términos globales más que regionales y conserva una significativa capacidad de proyección de su poder militar; pero no es previsible que pueda desafiar abiertamente a las grandes potencias del siglo XXI —de momento los Estados Unidos de América y, muy posiblemente, la República Popular China a medio plazo, con la que la Federación de Rusia mantiene actualmente una asociación estratégica integral de coordinación—. A pesar de tratarse de una gran baza geopolítica, una hipotética conversión de la asociación estratégica entre Rusia y China en una alianza de carácter militar parece poco probable a corto plazo.

El talón de Aquiles de Rusia está en el Indo-Pacífico, centro de gravedad geopolítico del mundo en el siglo XXI y una enorme región en la que las capacidades rusas no pueden competir con China, y mucho menos con los Estados Unidos. En su decidido giro hacia Asia, el Kremlin no puede abarcar todo el continente con la misma intensidad, pero el afianzamiento del liderazgo ruso en Asia Central, el desarrollo de Asia Septentrional y un decidido aumento de su presencia en el Ártico, configuran un nivel de ambición posible y practicable para la gran estrategia de la Federación de Rusia.

Aunque Moscú se incline por la consolidación de esta gran estrategia, continuará dedicando plena atención a su “extranjero próximo”, en el que puede aplicar una gran estrategia de contención, sin excluir una intervención directa en el caso de que las circunstancias sean claramente desfavorables para sus intereses.


[1] TSYGANKOV, Andrei P.: Russia’s Foreign Policy, “Change and Continuity in National Identity”, Rowman & Littlefield Publishers, 2013, p. 96.

[2] KIMMAGE, Michael: “The People’s Authoritarian”, Foreign Affairs, July/August 2018, https://www.foreignaffairs.com/reviews/review-essay/2018-06-14/peoples-authoritarian?cid=nlc-fa_fatoday-20180629.

[3] MONAGHAN, Andrew: “Russian Grand Strategy and the COVID crisis”, NATO Defense College Policy Brief, n.º 22, December 2020,

https://www.ndc.nato.int/download/downloads.php?icode=669.

[4] Las extendidas menciones a la influencia de Alexander Dugin y sus teorías ideológicas sobre Eurasia en el pensamiento estratégico ruso actual no parecen haberse traducido plenamente en realidades prácticas.

[5] DE PEDRO, Nicolás: “El vecindario no compartido con Rusia”, Política Exterior, 179, septiembre-octubre de 2017, http://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/el-vecindario-no-compartido-con-rusia/.

[6] TOPOL, Sarah A.: “What Does Putin Really Want?”, The New York Times, 25 de junio de 2019,

https://www.nytimes.com/2019/06/25/magazine/russia-united-states-world-politics.html.

[7] MILOSEVICH-JUARISTI, Mira: “El putinismo, sistema político de Rusia”, Real Instituto Elcano, ARI16/2018, 9/2/2018,

http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari15-2018-putinismo-sistema-politico-de-rusia.

[8] NAÍM, Moisés: “Moisés Naím explica por qué Rusia sigue siendo una potencia mundial a pesar de sus debilidades”, Alnavío, 25 de enero de 2020,

https://alnavio.com/noticia/20281/actualidad/moises-naim-explica-por-que-rusia-sigue-siendo-una-potencia-mundial-a-pesar-de-sus-debilidades.html.

[9] El entendimiento estratégico entre Rusia y Turquía resulta comprensible a corto plazo, aunque tienen serios puntos de fricción, por ejemplo, en Kazajistán o en Libia, que podrían dificultar notablemente la consolidación de esta relación.

[10] ANGOSO, Ricardo: “El imparable ascenso del liderazgo de Rusia en el siglo XXI”, Diario 16, 23 de noviembre de 2020, https://diario16.com/el-imparable-ascenso-del-liderazgo-de-rusia-en-el-siglo-xxi/.

[11] NYE, Joseph S.: “How to deal with a declining Russia”, The Strategist, 6 de noviembre de 2019,

https://www.aspistrategist.org.au/how-to-deal-with-a-declining-russia/.

[12] https://video.foxnews.com/v/6186016965001#sp=show-clips.

[13] En Cachemira se encuentra Aksai Chin, administrada por China y considerada por Pakistán como una zona dentro de China, mientras que la India asegura que está ilegalmente ocupada por China. Pekín y Nueva Delhi también se disputan parte de la región de Arunachal Pradesh, situada en el noreste de India y que China reclama como parte de la región autónoma del Tíbet.

[14] El corredor económico entre China y Pakistán, diseñado para unir el puerto de Gwadar en el mar de Arabia con la región de Xinjiang, tiene una gran importancia para la Nueva Ruta de la Seda, el proyecto estrella del presidente Xi Jinping.

[15] “China ‘bigger threat to India’ than Pakistan: Sharad Pawar”, The Economics Times, July 12, 2020, https://economictimes.indiatimes.com/news/politics-and-nation/china-bigger-threat-to-india-than-pakistan-sharad-pawar/articleshow/76919271.cms?from=mdr.

[16] PANT, Harsh V: “Moscow must come to terms with India’s security imperatives”, Hindustan Times, December 13, 2020, https://www.hindustantimes.com/analysis/moscow-must-come-to-terms-with-india-s-security-imperatives/story-S4FZAzS2UToBIFiu1FUxUK.html.

[17] THOMASSEN, Daniel: “Russian Blue-Water Navy is a Pipe Dream”, Proceedings Magazine, November 2016, http://www.usni.org/magazines/proceedings/2016-11/russian-blue-water-navy-pipe-dream.

[18] MILOSEVICH-JUARISTI, Mira: “Mapa de la presencia e influencia de Rusia en el mundo desde el año 2000”, Real Instituto Elcano, 20/11/2020,

http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/milosevich-mapa-de-la-presencia-e-influencia-de-rusia-en-el-mundo-desde-2000.

[19] JORDÁN, Javier: ” Rusia y el conflicto en la zona gris en la región báltica”, Revista General de Marina, tomo 276, junio de 2019, p. 918.

[20] RUMER, Eugene; SOKOLSKY, Richard; VLADIVIC, Aleksandar: “Russia in the Asia-Pacific: Less Than Meets the Eye”, Carnegie Endowment For International Peace, September 2020, https://carnegieendowment.org/2020/09/03/russia-in-asia-pacific-less-than-meets-eye-pub-82614.

[21] NATO 2030: United for a New Era. Analysis and Recommendations of the Reflection Group Appointed by the NATO Secretary General,

https://www.nato.int/nato_static_fl2014/assets/pdf/2020/12/pdf/201201-Reflection-Group-Final-Report-Uni.pdf.

[22] Report of the Council on the Future Tasks of the Alliance, diciembre de 1967, https://www.nato.int/cps/en/natohq/topics_67927.htm.

[23] BAQUÉS QUESADA, Josep: “Los dilemas estratégicos de Rusia”, Revista General de Marina, marzo de 2020, https://armada.defensa.gob.es/archivo/rgm/2020/03/rgmmarz20cap05.pdf.

[24] Según algunas referencias, la Estrategia de Seguridad Nacional de Rusia debería haber sido adaptada en el año 2020, aunque de momento no ha trascendido información al respecto.

[25] http://www.ieee.es/Galerias/fichero/OtrasPublicaciones/Internacional/2016/Russian-National-Security-Strategy-31Dec2015.pdf, apartados 30 y 31.

[26] https: //www.documentcloud.org/documents/6177953-Pentagon-Russia.html, página vii.

[27] AKIN, Andy: “What do we know about Russia’s Grand Strategy?”, The Washington Post, 2 de mayo de 2017, https://www.washingtonpost.com/news/monkey-cage/wp/2017/05/02/what-do-we-know-about-russias-grand-strategy/.

[28] PARDO DE SANTAYANA Y GÓMEZ OLEA, José María: “Xi Jinping y Putin, dos liderazgos que retan el orden occidental”, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Análisis 02/2018,10 enero de 2018, http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2018/DIEEEA02 2018_Putin_XiJinping_JMPSGO.pdf

[29] AVDALIANI, Emil: “Russia’s Shift from ‘Greater Europe’ to ‘Greater Asia’”, moderndiplomacy, March 18, 2020, https://moderndiplomacy.eu/2020/03/18/russias-shift-from-greater-europe-to-greater-asia/.

[30] SAVIC, Bob: “Behind China and Russia’s ‘Special Relationship’”, The Diplomat, December 7, 2016, http://thediplomat.com/2016/12/behind-china-and-russias-special-relationship/.

[31] MASTRO SKYLAR, Oriana: “The Stealth Superpower”, Foreign Affairs, January/February 2019, https://www.foreignaffairs.com/articles/china/china-plan-rule-asia?cid=nlc-fa_fatoday-20181218.

[32] BAQUÉS, Josep: “¿Una zona gris china en Siberia?, Defensa.com, 22 de octubre de 2017, http://www.defensa.com/analisis-gesi/zona-gris-china-en-siberia.

[33] MILOSEVICH-JUARISTI, Mira: “Oso y dragón: el vínculo estratégico entre Rusia y China en el orden internacional post unipolar”, Real Instituto Elcano, ARI 1/2019 – 4/1/2019, http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/asia-pacifico/ari1-2019-milosevichjuaristi-oso-dragon-vinculo-estrategico-rusia-china.

[34] PASZAK, Paweł: “The strategic partnership between China and Russia at the time of the pandemic”, Warsaw Institute, 14 July 2020, https://warsawinstitute.org/strategic-partnership-china-russia-time-pandemic/.

[35] RODRÍGUEZ, Rubén: “China y Rusia firman el ‘acuerdo del siglo’: el plan para esquivar el castigo de la UE y EEUU”, El Confidencial, 4 de diciembre de 2019, https://www.elconfidencial.com/mundo/2019-12-04/china-rusia-gasoducto-power-siberia-europa-eeuu-sanciones_2364284/.

[36] MERCOURIS, Alexander: “Putin’s Grand Strategy: The Greater Eurasia Project”, The Duran, June 30, 2016, http://theduran.com/putins-grand-strategy-greater-eurasia-project/.

[37] EYAL, Jonathan: “Russia and Donald Trump”, RUSI Commentary, 10 November 2016, https://rusi.org/commentary/russia-and-donald-trump.

[38] MILOSEVICH-JUARISTI, Mira: “¿Es Rusia una gran potencia en Oriente Medio?”, Real Instituto Elcano, ARI 103/2019, 8 de noviembre de 2019,

http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/mediterraneo+y+mundo+arabe/ari103-2019-milosevichjuaristi-es-rusia-una-gran-potencia-en-oriente-medio.

[39] En el marco de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), en 2002 se acordó la creación de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que incluye a Rusia junto a varias naciones de Asia Central: Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Desde febrero de 2009, la OTCS cuenta con un componente militar denominado Fuerza Colectiva de Reacción Rápida, destinada a rechazar cualquier agresión contra los estados miembros.

[40] MARTÍN SERRANO, Lucas F.: “El Ártico. La gran baza rusa (I)”, Atalayar, 6 de marzo de 2020, https://atalayar.com/content/el-%C3%A1rtico-la-gran-baza-rusa-i.

[41] En agosto de 2017, el gasero Christophe de Margerie recorrió, sin apoyo de rompehielos, en seis días y medio, la denominada Ruta Marítima del Norte. En relación a la ruta convencional a través del canal de Suez, el citado buque redujo en prácticamente un tercio el tiempo de navegación, empleando 19 días en completar la distancia que separa Hammerfest (Noruega) del puerto de Boryeong (Corea del Sur).

[42] MILOSEVICH-JUARISTI, Mira: “¿Es Rusia una gran potencia en Oriente Medio?”, op. cit.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Francisco Javier Ayuela Azcárate

Coronel de Infantería de Marina (R). Ha sido profesor del Colegio de Defensa de la OTAN en Roma.

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