La invasión rusa de Ucrania de febrero de 2022 ha puesto de manifiesto la degradación a peor del escenario de seguridad europeo, ya maltrecho desde 2014 con la anexión de Crimea por Rusia. Un acontecimiento que se da en un contexto global en plena transformación y que hace imprescindible un rediseño del modelo de seguridad europeo. La quimera de la imposibilidad de una guerra abierta entre estados europeos resulta insostenible por evidente, en 2022 el uso de la fuerza como herramienta para la consecución de un fin político se ha materializado abiertamente en Europa. Además, en Ucrania se muestra la inmutable naturaleza de la guerra, la aplicación de la violencia para producir caos, destrucción y muerte y así forzar la voluntad del contrario. Una realidad que también viene a poner fin al mito de una guerra relativamente inocua, que se lucharía principalmente en ambientes no físicos y en la que el espacio virtual proporcionaría elementos sustitutivos a la violencia cinética. Con la guerra se trata de imponer la voluntad al enemigo, someterlo por la fuerza, privándolo de su poder y quebrando su voluntad de resistencia, para lo que se utiliza la máxima fuerza disponible. En un ambiente global proclive al conflicto, la prevención de la guerra y el fortalecimiento de la paz, requiere contar con una disuasión creíble, algo que falló en Ucrania y que demanda disponer de capacidades militares eficaces para evitar la tentación del uso de la fuerza por potenciales agresores.
El empleo de la fuerza, las operaciones militares y los efectos de las armas
La política recurre al uso de la fuerza buscando la obtención de un propósito, un objetivo político, lo que se lleva a cabo mediante la estrategia militar, que a su vez se desarrolla a través de las operaciones militares, ejecutadas mediante acciones tácticas, que consisten en el uso, o la amenaza de uso, de la fuerza militar. Al final de esa cadena descendente de acciones y objetivos concurrentes y sucesivos inexcusablemente está la aplicación de la fuerza, que se lleva a cabo con las armas, sin cuyos efectos no es posible alcanzar los objetivos tácticos de las operaciones. En consecuencia sin disponer de armas suficientes y eficaces, que son el instrumento final del ejercicio de la fuerza, o si el enemigo no las percibe como amenazantes, recurrir su empleo, o amenazar con su uso, resulta absurdo. Mientras en febrero de 2022 la toma de control de Rusia sobre Ucrania aparentaba ser inevitable, pues su fuerza militar se percibía colosal e imparable, el fracaso inicial de la invasión y sobre todo del intento de toma de Kiev, resultó en una pérdida de credibilidad para las Fuerzas Armadas rusas. Ello puso de manifiesto que Rusia disponía de una fuerza militar insuficiente, mal preparada y con un deficiente apoyo logístico, haciendo dudar de su capacidad para someter a Ucrania. Algo falló en el Kremlin, posiblemente la comprensión sensata de lo que se ponía en marcha, el resultado una larga e incierta guerra de atrición.
También los numerosos y rápidamente cambiantes conceptos teóricos sobre operaciones militares han contribuido a enturbiar el entendimiento de lo que implica el uso de la fuerza militar. Particularmente a raíz de pasadas intervenciones voluntariosas, a veces llevadas a cabo con cierta ligereza y sin considerar las potenciales consecuencias, se han desarrollado conceptos en los que la infinita complejidad de los conflictos se trata sintéticamente: “comprehensive approach”, “guerra híbrida”, “guerra asimétrica”, “zona gris”, etc. Todos ellos tratan de explicar de modo accesible, proporcionando confort intelectual, el diseño o los modos de acción de la fuerza, e incluso obviando en determinados casos, que la razón última de la existencia de las fuerzas armadas no es otra que prevalecer en el combate. También, al gusto de la época presente, se ha tratado el empleo de la fuerza militar como algo redundante y en todo caso complementario, a otros instrumentos más aceptables, que en algún momento podrían llegar a sustituirlo. Incluso se propone desligar el empleo de la fuerza de la política, la muy manida expresión sobre los conflictos “la solución tiene que ser política, no militar” no pretendería otra cosa que aislar la política y a sus responsables, del uso de la fuerza.
También para conseguir la adecuada comprensión de las implicaciones de la aplicación de la fuerza es necesario establecer una clara diferenciación entre los elementos que producen efectos tácticos y aquellos otros posibilitantes: los sistemas CIS seguros, la logística eficaz, inteligencia, etc. Es erróneo mezclar en un solo saco todo tipo de medios, sin tener en cuenta si son capaces de producir efectos tácticos, o si por el contrario lo que hacen es posibilitarlos, proporcionando la superioridad necesaria en el empleo de la fuerza. Aunque los sistemas CIS son imprescindibles para la conducción de las operaciones, la sola disponibilidad de aquellos más sofisticados y seguros, si al final de la cadena C3I que sostienen no existe un arma lista para su empleo, no pasaría de ser una inversión costosa e inútil. El caso del la “ciberguerra”, acciones llevadas a cabo en el espacio virtual para producir resultados en el espacio físico, es significativo, estando por demostrar que sea un ambiente específico de guerra. Las acciones “ciber” afectan a todo el espectro de las operaciones a través de los sistemas digitales, principalmente los CIS entendidos de forma extensa, sin embargo y aunque sus efectos posteriores puedan ser muy importantes, las acciones “ciber” no implican el uso directo de la violencia, algo propio de la naturaleza de la guerra y que lleva a dudar que las confusamente llamadas “armas ciber” puedan llegar a quebrar la voluntad de resistencia de un contrario.
El empleo sostenido de la fuerza, las armas y su base industrial
Precisamente el alargamiento de la guerra en Ucrania ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con armas y municiones eficaces y suficientes, para un periodo de operaciones militares sostenidas, propias de un modelo de guerra industrial que voluntariosamente se venía dando por superado. El sostenimiento de las operaciones en el tiempo necesita una cadena logística, establecida sobre una base industrial suficiente, nacional o extranjera, capaz de asegurar los suministros de los ingentes medios y recursos necesarios para continuar la guerra. Hoy en día vemos cómo, la considerada formidable, industria militar rusa aparentemente no es capaz de suministrar a sus fuerzas armadas las armas y municiones necesarias para sostener el ritmo de las operaciones. La carencia de misiles de ataque a tierra y componentes tecnológicos para su fabricación han llevado a Rusia a recurrir, al uso de misiles anti buque contra blancos terrestres[1] y a la obtención de armas relativamente poco sofisticadas en países terceros, el empleo de los drones iraníes tipo “Shahed 131/136” es buen ejemplo de ello[2]. Por su parte para que Ucrania continúe resistiendo el ataque ruso están resultando imprescindibles los suministros de armas y municiones de las naciones occidentales, fundamentalmente de los EE.UU. Hasta enero de 2023 los EE.UU. habían suministrado a Ucrania entre otras armas y municiones, 8.500 misiles “Javelin”, 160 obuses de 155mm y casi 1.080.000 disparos de artillería de 155mm[3], unas cantidades descomunales.
Una situación que pone de manifiesto que las operaciones de combate requieren de una base industrial para producir armas y municiones suficientemente potente, sin ella la continuación de la guerra resulta imposible. De ahí precisamente que Rusia presione con todos los medios a su alcance a las naciones occidentales para que cesen en su apoyo a Ucrania. En los combates en el Donbas la pasada primavera Rusia consumía más municiones en dos días que toda la reserva de guerra del Ejército británico[4]. Así, resulta imprescindible reconsiderar y mantener reservas de guerra suficientes y creíbles para hacer frente a contingencias imprevistas, aun en tiempo de paz. Algo que, aunque parecía superfluo desde el final de la Guerra Fría, ya se hizo patente con la intervención franco británica en Libia en 2011. Entonces, menos de un mes después de comenzar las operaciones, se hizo innegable que las dos principales potencias europeas carecían de las municiones de precisión necesarias para proseguir su intervención[5]. Realidades todas esas, que vienen a mostrar tanto la necesidad de mantener unas reservas de armas y municiones mínimas suficientes, como de poseer las capacidades necesarias para producirlas, o de aliados fiables que puedan suministrarlas.
Precisamente la propia naturaleza de la guerra, “el reino del azar”, hace imposible controlar tanto su marcha, como su alcance. Una vez iniciadas las hostilidades estas se pueden prolongar de forma incontrolable, como ha ocurrido con la invasión rusa de Ucrania, por lo que resultaría cuando menos imprudente embarcarse en una operación militar sin contar con las reservas necesarias y también sin la seguridad de poder reponerlas. Rusia que habría lanzado unos 2.100 de misiles de ataque a tierra en los tres primeros meses de guerra, disponiendo de una capacidad para reponer anualmente unas 225 unidades de varios tipos de esas armas[6], claramente insuficiente para sostener el ritmo inicial de las operaciones. Así y teniendo en cuenta que la incertidumbre es parte de la naturaleza de la guerra, resulta fundamental asegurar la disponibilidad de líneas fiables de producción de armas, sustentadas en una base industrial nacional propia, o de naciones amigas, capaz de sostener las necesidades de una campaña prolongada. También es necesario disponer de cadenas de suministro fiables para la obtención de componentes, precisamente las sanciones occidentales a Rusia contemplan medidas para degradar su capacidad de producción de sistemas armas, vetando su acceso a elementos necesarios para su fabricación[7]. Lanzar una operación militar sin considerar las posibles necesidades derivadas de su eventual alargamiento resulta cuando menos temerario.
El conflicto, la necesidad de prevenirlo, la disuasión y los medios necesarios
Con la invasión rusa de Ucrania se hace evidente la vuelta a las relaciones de poder en continente europeo y que el uso de la fuerza para la consecución del interés nacional es otra vez una realidad. Tras años sin una amenaza estatal volvemos al punto de partida, casi 2.500 años después el Diálogo de los Melios continúa de plena actualidad[8], pues precisamente apunta a la naturaleza de las relaciones entre estados. El riesgo de que el conflicto en Ucrania se extienda a otras naciones del este europeo, miembros de la OTAN y UE, ha dejado obsoleto el marco de seguridad post-Guerra Fría. Ello requiere dejar atrás visiones del pasado, asumiendo la necesidad de una aproximación práctica a la seguridad continental. La incertidumbre sobre el futuro de la paz y seguridad europeas necesita una capacidad de disuasión suficiente y así evitar que los riesgos identificados, que además del este también provienen de otras direcciones, se lleguen a materializar como amenazas. La disuasión se obtiene con dos elementos, el primero es la disposición de una capacidad de defensa verosímil, el segundo que el oponente perciba que de ser necesario esa capacidad, sostenida en fuerzas militares, será empleada eficazmente en su contra. Una disuasión creíble y vigorosa requiere que el eventual agresor sea consciente de las capacidades a las que se enfrenta y que asuma que serán utilizadas contra él con un resultado negativo, o al menos incierto, para sus intereses.
El caso es que una disuasión efectiva requiere plataformas, armas y municiones, sin las cuales resulta impracticable y en consecuencia el riesgo de agresión crece. En caso de Ucrania la disuasión falló, la percepción rusa sobre las capacidades ucranianas y eventuales apoyos que podría recibir Kiev era pobre, mientras que la visión de sus propias capacidades militares estaba errada por exagerada. La actual situación internacional, tanto en Europa, como en otras zonas del mundo y particularmente en el este del Asía marítima, requiere una fuerza militar verosímil y eficaz, cuyo objeto inmediato no es otro que evitar la tentación del empleo de la fuerza militar por un potencial adversario. Sin embargo, la obtención de capacidades militares no es inmediata, los procesos de planeamiento y obtención de fuerzas son largos y complicados, e involucran a numerosos actores, gubernamentales y de la industria, nacionales y extranjeros, por lo que cuando repentinamente se presenta una crisis puede ser tarde para reaccionar y evitar sus consecuencias. No existe un “hipermercado de las armas” donde obtener plataformas, armas y municiones de modo inmediato cuando son necesarias.
Durante las pasadas décadas las fuerzas militares occidentales estaban orientadas a operaciones de baja intensidad, contra insurgencia y en teatros lejanos. Unas operaciones que requerían relativamente escasos medios y armas, aunque tecnológicamente avanzadas y caras. No fue hasta 2014, con el comienzo de la intervención rusa en Ucrania, cuando los aliados de la OTAN comenzaron a darse cuenta que el cambio en los equilibrios de poder a escala global estaba también mutando el marco de seguridad europeo. Además, todo ello ocurre cuando el acceso a tecnologías avanzadas de todo tipo, incluidas las armas y las municiones, se ha generalizado, poniéndolas a disposición de cualquier gobierno. El caso es que en 2022 se presentó una guerra abierta en suelo europeo, en las fronteras de la UE y la OTAN, poniendo en evidencia que las naciones europeas estaban insuficientemente preparadas para hacer frente a semejante contingencia. Sobre todo la ingente necesidad de suministros de armas y municiones a Ucrania ha puesto de manifiesto que las naciones aliadas no disponían de las reservas de munición necesarias, ni de la capacidad industrial para producirlas inmediatamente y así poder proseguir operaciones de combate sostenidas[9].
La imprescindible base industrial para sostener una disuasión creible
Disponer de una capacidad de disuasión creíble resulta ser la mejor garantía para evitar contingencias indeseables y requiere contar con los sistemas de armas y municiones apropiados, los instrumentos finales sobre los que se sostiene su ejercicio. El desarrollo del conflicto en Ucrania viene a mostrar que los medios utilizados en operaciones contra insurgencia no son siempre ni apropiados, ni suficientes, en una situación de guerra abierta entre estados. Así vemos como Rusia malgasta sus limitadas reservas de caros misiles de precisión, “Kalibr” e “Iskander” entre otros, en ataques criminales a ciudades e infraestructura civil, sin ser capaz de batir blancos de valor militar significativo, sin otro resultado que solidificar la determinación ucraniana de resistencia y fomentar la hasta hace poco débil identidad nacional de la población. Mientras, el uso extendido por las dos partes de sistemas de armas baratos y eficaces, tales como los “drones”, también ha obligado a un empleo ineficiente de sofisticados y carísimos misiles de defensa aérea, cuya disponibilidad es siempre limitada.
En Ucrania se muestra la imprescindible necesidad de contar con armas y municiones orientadas a las eventuales amenazas, para batir eficientemente sistemas que, aunque su uso sea novedoso, ya se llevan años utilizando. También se han hecho evidentes las limitaciones y carencias de la industria para la producción de armas y municiones, en el propio país y en las naciones aliadas suministradoras[10]. Así es de resaltar que durante las décadas pasadas en algunas naciones han venido reduciendo, o desmantelado totalmente, las industrias nacionales de armamento. El caso de España es paradigmático, es la única de las grandes naciones europeas que no fabrica tipo alguno de armas, excepto algún lanzagranadas, teniendo que importar desde pistolas hasta misiles. Ello a pesar de poseer una potente industria en los ámbitos naval, de sistemas de combate y de guerra electrónica, además contar con numerosas compañías emprendedoras en materia de sistemas no tripulados. Otras naciones europeas han mantenido y reforzado su industria, Francia dispone de una potentísima industria militar que produce todo tipo de armas, e incluso controla la propiedad de numerosas compañías de armamento europeo, el consorcio MBDA es un ejemplo. También Italia con su compañía insignia Leonardo, o Alemania con los conglomerados Krauss-Maffei, o Rheinmetall. Otros países también disponen de sustanciales capacidades de fabricación de armas, Bélgica con el grupo Herstal, o Noruega con Kongsberg y Nammo.
Mientras las capacidades de la industria de armamento se han mantenido en gran parte gracias a programas para exportación y a contratos reducidos, lo que ha tenido como consecuencia un encarecimiento enorme de esos productos. Las líneas de fabricación han continuado funcionando para encargos mínimos, con lo que la única forma de rentabilizarlas ha sido mediante un incremento brutal de los precios, resultando en que los pedidos subsiguientes sean todavía más reducidos. En consecuencia la industria se ha orientado al desarrollo y producción de armas y sistemas muy sofisticados y caros, de los que se produce un escaso número. Así y no habiendo otra cosa disponible, se hace necesario emplear un misil con un coste de varios millones de euros contra un “drone” de unas decenas de miles[11]. También los desarrollos de armas y sistemas durante las últimas décadas han estado muy influidos por la carrera tecnológica, especialmente en los EE.UU., empeñados en el éxito militar basado en la superioridad tecnológica, lo que también impulsa los costes de los sistemas de armas a niveles estratosféricos. Las operaciones militares para ser exitosas requieren, además de la superioridad tecnológica, una estrategia coherente y una mínima masa crítica, las pasadas e improductivas guerras americanas en Asia y la misma invasión rusa de Ucrania son prueba de ello.
El mantenimiento de la paz, objeto último de la disuasión
Ni que decir tiene que el éxito de la defensa de cualquier nación depende ante todo de su propio esfuerzo. Sólo cuando un país hace acopio de suficiente voluntad y capacidades puede defenderse y apoyar a sus aliados, en tiempos de crisis y conflicto. En un mundo convulso como el actual, en el que se está produciendo un cambio acelerado de equilibrios a escala global, es esencial contar con una capacidad de disuasión creíble. Ello requiere una fuerza militar que disponga de suficientes plataformas, armas, municiones, además de los necesarios medios posibilitantes y los imprescindibles recursos, que debe estar sostenida en capacidades industriales fiables y suficientes. Todo ello con el objetivo de contribuir a crear una percepción negativa de beneficio coste sobre potenciales agresores, indispensable para asegurar la paz en estos inciertos tiempos de cambio.
[1] El misil ruso que destruyó el pasado 14 de enero un edificio de pisos en Dnipro, causando decenas de muertos, sería un Kh-22, supersónico anti buque, lanzado por un avión Tu-22M3. Según, Ellie Cook, Russia Hit Dnipro With ‘Carrier Killer’ Missile Made To Destroy Ships: Kyiv, Newsweek, 16/01/2023, disponible en https://www.newsweek.com/russia-dnipro-apartment-block-strike-carrier-missile-kh-22-volodymyr-zelensky-1773953, acceso 18/01/2023.
[2] Ver, Uzi Rubin, Russia’s Iranian-Made UAVs: A Technical Profile, RUSI 13/01/223, disponible en https://www.rusi.org/explore-our-research/publications/commentary/russias-iranian-made-uavs-technical-profile, acceso 19/01/2023.
[3] Ver, Departamento de Defensa de los EE.UU., Fact Sheet on U.S. Security Assistance to Ukraine, 06/01/2023, disponible en https://media.defense.gov/2023/Jan/06/2003141218/-1/-1/1/UKRAINE-FACT-SHEET-JAN-6.PDF , acceso 09/01/2023.
[4] Mykhaylo Zabrodskyi, Jack Watling, Oleksandr V Danylyuk and Nick Reynolds, Preliminary Lessons in Conventional Warfighting from Russia’s Invasion of Ukraine: February–July 2022, RUSI Special Report, p.55, 30/11/2022, disponible en https://static.rusi.org/359-SR-Ukraine-Preliminary-Lessons-Feb-July-2022-web-final.pdf , acceso 10/01/2023.
[5] Ver, Karen DeYoung y Greg Jaffe, NATO runs short on some munitions in Libya, The Washington Post 15/04/2011, disponible en https://www.washingtonpost.com/world/nato-runs-short-on-some-munitions-in-libya/2011/04/15/AF3O7ElD_story.html, acceso 19/01/2022.
[6] Ver, Pavel Luzin, Russian Challenges in Missile Resupply, Jamestown Foundation- Eurasia Daily Monitor Volume: 19 Issue: 90, 16/06/2022, disponible en https://jamestown.org/program/russian-challenges-in-missile-resupply/, acceso 24/01/2023.
[7] Ver, Departamento de Estado de los EE.UU., Fact Sheet on The Impact of Sanctions and Export Controls on the Russian Federation, 20/10/2022, disponible en https://www.state.gov/the-impact-of-sanctions-and-export-controls-on-the-russian-federation/, acceso 24/01/2023.
[8] Ver, Tucídides, Diálogo de Melos Libro V (85-113), “Historia de la Guerra del Peloponeso” Libro V (85-113). … tal como es el mundo, el derecho se dirime entre poderosos, mientras que entre desiguales el fuerte hace lo que le place, y el débil sufre lo que debe.
[9] Ver, Bojan Pancevski, Europe Is Rushing Arms to Ukraine but Running Out of Ammo, WSJ 22/12/2022, disponible en https://www.wsj.com/articles/europe-is-rushing-arms-to-ukraine-but-running-out-of-ammo-11671707775, acceso 19/01/2023
[10] Ibíd. 9
[11] El coste medio de adquisición un misil naval antiaéreo SM-2, Bloques I-III, en 1998 era de 659.000 $, en 2020 los costes de conversión de un misiles SM-2 existente a Bloque IIIC alcanzaba los 2.349.000 $, mientras que el nuevo misil naval SM-6 tenía un precio de 4.318.632 $. Costes de las adquisiciones para la Marina americana a través de la “Missile Defense Agency’s (MDA).” Datos según GlobalSecurity.org y thedrive.com

