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Breves reflexiones sobre el conflicto de Nagorno-Karabaj

El pasado martes 10 de noviembre entró en vigor el alto el fuego y cese total de las hostilidades, acordado entre el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, y el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, con la mediación del presidente ruso Vladimir Putin. Con él se puso fin provisionalmente a la guerra por el control de la región de Nagorno-Karabaj y los distritos que la rodean, que comenzó el pasado 27 de septiembre, pero cuyos antecedentes se remontan a la época soviética.

No es objetivo de este breve artículo analizar en profundidad los factores polemológicos de este conflicto, por lo demás suficientemente abordados en trabajos previos,[1] sino tan solo el hacer unas rápidas reflexiones, ahora que acaban de finalizar los combates y comienza a disiparse la “niebla de la guerra”, sobre las posibles razones de su estallido más reciente y las consecuencias políticas de su desenlace, a nivel tanto de sus protagonistas directos como de las potencias regionales implicadas.  

El acuerdo de alto el fuego

El acuerdo entre azeríes y armenios, con el Kremlin como garante, contempla el mantenimiento de las posiciones sobre el terreno de cada una de las partes, conforme a lo reflejado en el siguiente mapa:

Situación militar en Nagorno-Karabaj a 9 de noviembre. Fuente: IslamicWolrdNews, https://english.iswnews.com/16195/latest-updates-on-karabakh-clashes-8-9-november-2020-map-update/

Cabe recordar que, tras su victoria en la guerra de 1991-1994, los armenios controlaban no sólo el territorio de Nagorno-Karabaj, sino todo o parte de los siete distritos azeríes que lo rodean, lo que provocó el éxodo de cientos de miles de azeríes que los habitaban. La ofensiva azerí de 2020 avanzó con facilidad por el terreno llano al sur del enclave, recuperando el control casi por completo de los distritos de Fuzuli, Jablayi, Zangilan y Qubladi. Por el contrario, y como se aprecia en el mapa, al norte y al oeste los progresos en los distritos montañosos de Agdam, Kalbajar y Lachin fueron mucho menores.

Sin embargo, la victoria decisiva se produjo con la ofensiva directa desde el sur hacia el corazón de Nagorno-Karabaj, que culminó con la conquista de Shusha el 8 de noviembre. Este hecho, anunciado por Aliyev y celebrado con júbilo en las calles de Bakú, fue especialmente relevante por tres motivos: el simbolismo de esa localidad, considerada uno de los principales centros culturales de Azerbaiyán; cortar la comunicación por carretera del enclave con Armenia, a través del corredor de Lachin; y la amenaza que suponía para la capital, Stepanakert, ubicada a sólo 11 kilómetros de Shusha.

Desde esa posición de fuerza, los azeríes establecieron como condición previa para detener su ofensiva que la parte armenia fijase un calendario concreto de retirada de los distritos aún en su poder, algo que se ha incluido en el acuerdo: Kalbajar será entregado el 15 de noviembre, Agdam el 20 del mismo mes, y por último Lachin el 1 de diciembre, aunque se establecerá un corredor seguro de 5 km de ancho para comunicar Nagorno-Karabaj y Armenia, eso sí evitando la ciudad de Shusha.

Rusia desplegará 1.960 efectivos de mantenimiento de la paz, tanto para separar a las partes en la línea de contacto en Nagorno-Karabaj como para controlar el mencionado corredor seguro de Lachin. La duración de esa misión es de cinco años, extensibles por otros cinco salvo comunicación en contra seis meses antes de una de las partes. En el plazo de tres años se debe diseñar una nueva vía de comunicación entre Stepanakert y Armenia a través del corredor, en la que se redesplegarán las tropas rusas.

Por último, las personas desplazadas por el conflicto regresarán a Nagorno-Karabaj y las zonas adyacentes, bajo supervisión de Naciones Unidas, y al igual que los azeríes deben garantizar el tránsito seguro por el corredor de Lachin, Armenia deberá facilitar la comunicación entre Azerbaiyán y su república autónoma de Najichevan, para lo que se construirán nuevas infraestructuras. Además, y como es normal en un acuerdo de este tipo, se intercambiarán prisioneros y víctimas mortales de los combates.

Valoración del acuerdo y del conflicto previo

De entrada, cabe decir que el resultado del conflicto y el acuerdo que le ha puesto fin es un enorme triunfo para Azerbaiyán, ya que su exitosa ofensiva militar le ha permitido recuperar el control de los siete distritos ocupados por Armenia, tras veintiséis años de negociaciones fallidas en, entre otros, el Grupo de Minsk de la OSCE. Además, recupera también el control de parte de Nagorno-Karabaj y, lo que es fundamental para Bakú, puede enviar de regreso a sus hogares a cientos de miles de desplazados internos.

Ahora bien, ¿cuáles fueron los motivos para que Azerbaiyán se hartara de negociar y se lanzase a una ofensiva militar? En primer lugar, y como es obvio, la constatación de que casi tres décadas después del alto el fuego de 1994 no se hubiese producido ningún avance por medios pacíficos. Si eso se une a la creciente superioridad azerí en el plano militar, ya que gran parte de los beneficios de la exportación de hidrocarburos se ha invertido en la compra de equipamiento militar avanzado, era cuestión de tiempo que el presidente Aliyev se viese tentado de aprovechar esa superioridad para atacar.

Lo único que en verdad podía impedir la ofensiva era la presión política desde el exterior. Pero en este momento todo jugaba a su favor, con el apoyo decidido de la Turquía de Erdogan y una actitud neutral de Rusia. A eso se unió la indiferencia de Occidente, con Estados Unidos enfrascado en sus elecciones, la no-injerencia de Irán, poco deseoso de incomodar a su propia minoría azerí, y la atención global puesta en la COVID-19 e indiferente ante lo que pudiera ocurrir en el Cáucaso. Por último, no por ser obvio se debe dejar de destacar que Azerbaiyán tiene un régimen autoritario, en el que la simple voluntad del presidente es suficiente para tomar la decisión de comenzar una guerra.

Frente a eso, nos encontramos con una Armenia pobre, aislada internacionalmente salvo por su alianza con Rusia, rodeada de Estados hostiles y con unas capacidades militares muy inferiores a las de su vecino y secular enemigo. A eso se unen las turbulencias políticas causadas por la revolución pacífica de 2018, tras la que llegó al poder Nikol Pashinyan con una posición más prooccidental que la de sus antecesores, lo que debilitó los vínculos con el Kremlin, y una posición mucho más intransigente respecto del conflicto de Nagorno-Karabaj, lo que colmó la paciencia de los azeríes.

En realidad, Ereván basaba su posición en la supuesta superioridad de sus combatientes frente a los de Bakú, demostrada en la guerra de 1991-1994, pero en la actualidad la inferioridad de su armamento frente a las avanzadas capacidades militares de Azerbaiyán, en especial los drones armados de procedencia turca e israelí, ha dejado en nada la apasionada movilización del pueblo armenio en defensa de Nagorno-Karabaj, sufriendo grandes pérdidas en su defensa antiaérea y en sus unidades acorazadas.

Lo cierto es que el acuerdo de alto el fuego, siendo muy doloroso para Armenia como señaló el propio Pashinyan, es una solución aceptable ya que lo previsible era que de haber continuado la ofensiva azerí en unas pocas semanas hubiese caído la totalidad de Nagorno-Karabaj, con miles de bajas armenias. Aunque probablemente eso le cueste el puesto, como anticipan las masivas protestas en Ereván, se puede decir que el primer ministro armenio consiguió el mejor acuerdo posible, dadas las circunstancias.

El papel de los actores regionales

Turquía ha jugado un papel decisivo, conforme al concepto de que conforma con Azerbaiyán ‘dos Estados y una sola nación’. El neo-otomanismo de Erdogan y su incesante actividad militar en su vecindario ha llevado a Ankara a involucrarse en este conflicto, con un inequívoco respaldo político al que se ha sumado el suministro de material militar avanzado y de asesores, además de un supuesto envío de mercenarios islamistas sirios al frente, a imagen de lo realizado en Libia. Está todavía por ver si tropas turcas despliegan junto con los rusos para el mantenimiento de la paz, como desea Azerbaiyán, aunque el acuerdo no menciona esa posibilidad. El aventurismo militar de Erdogan ha dañado aún más, si cabe, su imagen en países con una gran diáspora armenia como Estados Unidos o Francia, pero eso no parece que le vaya a quitar el sueño a estas alturas.

Rusia sale también reforzada del conflicto. De entrada, porque ha demostrado ser el mediador más efectivo, siendo clave en la obtención de un acuerdo de alto el fuego, en un momento en el que parecía que los combates continuarían. Además, ha podido mantener una posición de neutralidad, muy apreciada por Azerbaiyán, sin traicionar su compromiso de defensa colectiva con Ereván, que aplica al territorio de Armenia pero no a Nagorno-Karabaj y los distritos azeríes ocupados. De paso, se ha garantizado una década de despliegue de sus efectivos en una zona fronteriza con Turquía e Irán. Por último, y no menos importante, ha dado una lección a Pashinyan, en el sentido de recordarle que sólo Rusia es garante de la seguridad de Armenia, frente a las veleidades de las nuevas autoridades respecto a una posible aproximación a Occidente.

Por último, y como anticipábamos, Irán ha adoptado un perfil bajo: aunque tradicionalmente mantiene buenas relaciones con Armenia, con la que comercia a través de la pequeña frontera que comparten, no tiene ningún interés ni en degradar su relación con Turquía, ni en poner a su importante minoría étnica azerí en contra del gobierno central de Teherán. Por su parte, la UE se ha limitado a pedir reiteradamente el fin de las hostilidades, con nulo éxito, y Estados Unidos a auspiciar un alto el fuego el 25 de octubre, que fue inmediatamente ignorado sobre el terreno.

Conclusión y perspectivas de futuro

Una vez comenzado el despliegue de las tropas de paz rusas poca duda cabe que los términos del acuerdo serán respetados por Armenia y Azerbaiyán, lo que abre una nueva etapa en el conflicto de Nagorno-Karabaj. En todo caso, se sigue tratando de un conflicto irresoluble, ya que las posiciones de ambos países son irreconciliables.

En particular, las autoridades armenias surgidas de la revolución de 2018 no acertaron a ver las consecuencias de su mayor intransigencia en las negociaciones sobre Nagorno-Karabaj, de un cierto alejamiento de Rusia y acercamiento a Occidente, de la agresividad de Erdogan y su apoyo a Bakú, y de la enorme superioridad militar de Azerbaiyán. La posible devolución de los siete distritos ocupados era una carta muy importante para Armenia en el proceso de negociación, y ahora esos territorios se han perdido, junto con un tercio de Nagorno-Karabaj y miles de vidas. Como decíamos, es muy probable que eso cueste el poder a Pashinyan, que será sustituido por alguien más cercano a Moscú.

Por su parte, Aliyev refuerza enormemente su posición interna, en una etapa difícil por la bajada de los precios de los hidrocarburos, pero cuando pase la euforia de su indudable victoria algunos le cuestionarán el haber detenido la ofensiva cuando la conquista de todo Nagorno-Karabaj estaba al alcance de la mano, y le recordarán que nada se dice en el acuerdo sobre el estatus final del enclave, que en su mayor parte sigue en manos armenias y que podría continuar así durante todo el despliegue de las tropas rusas. En ese sentido, cabe recordar que los azeríes derribaron por accidente un helicóptero ruso sobre territorio armenio el 9 de noviembre, por lo que no se puede descartar que Moscú dijera a Bakú “hasta aquí hemos llegado” y forzara un acuerdo.

En conclusión, puede que se inicie una década de relativa calma en la zona, con Azerbaiyán satisfecha con su victoria, Armenia conforme con haber minimizado su derrota, Rusia y Turquía como mediadores principales del conflicto, y Occidente excluido por completo de la región, al igual que ha ocurrido en Siria. En todo caso, y aunque los combates no se reanudarán con las tropas rusas sobre el terreno, estamos muy lejos de haber vivido el último episodio de este enfrentamiento secular.


[1] Ver, por ejemplo, RUIZ GONZÁLEZ Francisco, “El Gran Cáucaso: Nagorno-Karabaj”, en VV.AA., Panorama Geopolítico de los Conflictos 2011, IEEE, Madrid, noviembre 2011, pp 89-108, disponible en http://www.ieee.es/Galerias/fichero/panoramas/Panorama_geopolitico_2011.pdf.

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Francisco José Ruiz González

Capitán de Fragata de la Armada española y Doctor en Seguridad Internacional. Es docente en varios posgrados sobre Seguridad y Defensa

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