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Ceuta y Melilla: ¿emplea Marruecos estrategias híbridas contra España?

https://global-strategy.org/ceuta-y-melilla-emplea-marruecos-estrategias-hibridas-contra-espana/ Ceuta y Melilla: ¿emplea Marruecos estrategias híbridas contra España? 2020-03-24 08:00:00 Javier Jordán Blog post Política de Defensa Ceuta y Melilla España Marruecos Zona gris y estrategias híbridas

En un documento previo he tratado sobre la escalada en los conflictos en la zona gris donde distingo varias de fases representadas en el siguiente inferior.

El nivel más difícil de detectar es el primero: la configuración [del entorno] con el fin de crear y mantener condiciones que permitan ejercer el poder sobre el rival. La dificulta a la hora de distinguir entre esta fase fronteriza y el blanco de la competencia pacífica se debe a que algunas de las actividades de coerción e influencia empleados en ella también se dan en contextos de política normal entre Estados.

La literatura sobre el conflicto en la zona gris y sobre las estrategias –y amenazas– híbridas se centra mayoritariamente en Rusia, China e Irán. Sin embargo, es lógico que desde una perspectiva española nos preguntemos si existen casos más cercanos a nuestras fronteras. Concretamente, si determinados aspectos de las relaciones entre Marruecos y España se pueden interpretar desde esa perspectiva.

En mi opinión, hay dos episodios históricos encuadrables en la zona gris. El más claro fue la Marcha Verde en 1975, que dentro del proceso de escalada podría situarse en la fase de desestabilización. Otro de carácter más dudoso –por desconocer las verdaderas intenciones de Marruecos– fue la crisis del islote Perejil en julio de 2002 que ya he analizado en un trabajo previo. Atendiendo a los hechos quizás se trató del inicio de una ‘táctica salami’, así como de un tanteo de la voluntad política española, aunque para llegar a una conclusión definitiva haría falta conocer los auténticos motivos de los responsables marroquíes.

Pero, ¿cuál es el diagnóstico en la actualidad?

Desde una perspectiva general, Rabat procura influir sobre la acción exterior española utilizando como palanca el control del flujo migratorio, la cooperación antiterrorista o la ratificación periódica de los acuerdos pesqueros con la Unión Europea. Que esos aspectos relevantes para España sean utilizados por nuestro vecino como herramienta de presión y moneda de cambio resulta compatible con la competencia pacífica (blanco, diferente del conflicto en la zona gris). La paz no es sinónimo de armonía en las relaciones entre Estados.

En ese contexto, la aprobación hace un par de meses por el Parlamento marroquí de un proyecto de ley que amplía su Zona Económica Exclusiva solapándose con la ZEE española de las Islas Canarias, no ha de entenderse necesariamente como una acción agresiva propia del conflicto en la zona gris. Ese tipo de reclamaciones y litigios se ajustan a la normalidad dentro de la competencia pacífica siempre que no vayan seguidos de medidas unilaterales. Como hace sí por ejemplo Pekín con la militarización de islotes artificiales en el Mar del Sur de China.

La cuestión de Ceuta y Melilla

Sin embargo, si en lugar de la perspectiva macro ponemos el foco en la política marroquí respecto a Ceuta y Melilla, la hipótesis sobre la configuración del entorno (primera fase de la escalada) y el empleo de estrategias híbridas cobra sentido.

Primero, porque existe un conflicto latente. Marruecos reclama abiertamente la posesión de ambas ciudades, convirtiéndose así en el único Estado que desafía la integridad del territorio español. Aunque en 1975 fracasaron al tratar de incluir ambas ciudades en el listado de Naciones Unidas de Territorios No Autónomos (pendientes de descolonización), las autoridades marroquíes han seguido manteniendo una actitud revisionista sobre la delimitación de sus fronteras fundacionales. Esta postura también repercute en la delimitación de los espacios marítimos en la zona del Estrecho de Gibraltar pues Marruecos no reconoce las aguas territoriales de Ceuta ni, más al este, las de Melilla y los peñones de soberanía española.

En segundo lugar porque en los últimos años el gobierno marroquí ha protagonizado distintas actuaciones susceptibles de ser interpretadas desde la óptica de lo híbrido. Aquí van los principales ejemplos:

En suma, estas acciones de carácter político, legal, diplomático, económico, cognitivo y social con efectos directos e indirectos en dichos ámbitos son susceptibles de enmarcarse en una estrategia híbrida de carácter no lineal.

Al mismo tiempo, la implementación paulatina de esas medidas, con la mirada en el largo plazo (paciencia estratégica), y su nivel de intensidad moderado se corresponde con la primera fase del conflicto en la zona gris –la configuración del entorno–, que como ya señalé en el documento anterior puede prolongarse durante años a la espera de oportunidades que permitan aumentar la coerción y/o influencia.

Otro elemento propio de las estrategias híbridas consiste en la explotación de las vulnerabilidades del oponente. En este caso, además del condicionante geográfico –Ceuta y Melilla son enclaves limitados por la frontera marroquí y el mar– que permite instrumentalizar la presión migratoria sobre ellas y condicionar su economía, se añaden las turbulencias experimentadas en la política interna española en los últimos cinco años: el ancho de banda político ocupado por la respuesta al independentismo catalán y los problemas a la hora de formar gobiernos estables; de hecho, no sería descartable que la intensificación de las medidas enumeradas se encuentre vinculada a estas circunstancias.

También son vulnerabilidades el escaso peso demográfico –y de representación política– de ambas ciudades, así como el desconocimiento y desinterés de la opinión pública española sobre lo relativo a ellas (salvo los problemas del control migratorio). Esto les resta prioridad e influencia como actores en la agenda política gubernamental, más allá de la atención que se les preste ante crisis puntuales vinculadas al asunto migratorio, y generalmente con el propósito de minimizar de manera reactiva sus consecuencias.

Por último, y sin pretender en absoluto caer en el alarmismo, el programa de adquisiciones de las fuerzas terrestres, navales y aéreas de Marruecos constituye otro factor a tener en cuenta. Por un lado, entraña unos costes de adquisición y de sostenimiento llamativamente elevados en relación con el PIB del país, al margen de que sus responsables lo consideren una inversión obligada como reacción al potencial militar de Argelia. Por otro, aunque las autoridades marroquíes no contemplen una acción armada contra ambas ciudades, lo cierto es que la mera posesión de esas capacidades les proporciona ventaja ante una hipotética escalada en la zona gris, máxime cuando ni Ceuta ni Melilla se encuentran bajo la cobertura explícita del Artículo 5 de la OTAN, otra vulnerabilidad crítica. Si el conflicto se agudiza pueden tensar más la situación al generar serias dudas en el lado español sobre la viabilidad política y militar de defender Ceuta y Melilla de manera efectiva.

Como conclusión –y tratando de responder a la pregunta que encabeza el post– resulta plausible enmarcar la conducta de las autoridades marroquíes en lo referente a Ceuta y Melilla dentro una estrategia híbrida, encuadrada en la fase de configuración del entorno que en el futuro les permita ejercer mayor coerción.

Sin embargo, dicha hipótesis no puede contrastarse con información de fuentes abiertas porque falta un elemento indispensable en toda estrategia híbrida: la integración de las diversas líneas de actuación. Desde luego, es plausible –y me inclino a pensar, probable– que exista dicha orquestación. Pero sin conocer el contenido específico y las intenciones últimas del proceso de toma de decisiones marroquí, la valoración definitiva queda pendiente. En ausencia de una política intencionada que integre –aunque sea de manera no lineal- las diversas actuaciones enumeradas, identificarlas como acciones híbridas daría lugar a falsos positivos.

En cualquier caso, quizás sea útil que las autoridades españolas consideren la perspectiva de lo híbrido al analizar la política marroquí hacia Ceuta y Melilla. En caso de confirmarse la hipótesis, los resultados del proyecto MCDC ‘Countering Hybrid Warfare’ ofrecen un marco interesante a la hora de afrontar las estrategias híbridas, dificultando así que el otro lado mantenga la iniciativa.

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