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China y el futuro de Afganistán

https://global-strategy.org/china-y-el-futuro-de-afganistan/ China y el futuro de Afganistán 2021-07-22 12:01:48 Javier Mª Ruiz Arévalo Blog post Estudios Globales Afganistán Asia Central China
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El anuncio del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, de que las tropas estadounidenses abandonarán de Afganistán el 31 de agosto abre la vía a que los talibán consigan hacerse con el poder por la fuerza, posibilidad que el propio Jefe de la cúpula militar estadounidense, Gral. Milley, ha reconocido expresamente. En estos momentos, el grupo insurgente controlaría entre el 50% y el 85% del territorio afgano, según las fuentes, incluyendo importantes pasos fronterizos. En el mejor de los casos, el gobierno afgano y los Talibán podrían compartir el poder, pero esta opción parece cada vez más irrealizable.

Durante 20 años, la presencia de Estados Unidos en Afganistán, aunque no siempre apreciada, ha servido como fuerza estabilizadora. Ahora, la perspectiva de un nuevo gobierno Talibán ha provocado una gran ansiedad entre las potencias de la región. Como muestra de ello, a principios de julio, el ministro indio de Asuntos Exteriores, S. Jaishankar, visitó Moscú y Teherán coincidiendo con la presencia en esas ciudades de representantes de los Talibán, lo que ha suscitado dudas sobre si se están llevando a cabo negociaciones de cara a su posible retorno al poder. Moscú, por su parte, se está preparando para aprovechar la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva para hacer frente a posibles problemas en la frontera afgano-tayika, gran parte de la cual está ya bajo control insurgente. Paralelamente, las relaciones entre Paquistán y el gobierno afgano se están desintegrando rápidamente. Islamabad parece haber negociado con los Talibán su rechazo al establecimiento de bases estadounidenses en su territorio a cambio de la ayuda de los Talibán en la lucha contra sus homólogos paquistaníes. Mientras tanto, la Organización de Cooperación de Shanghai, una organización económica y de seguridad formada por China, India, Paquistán, Rusia y cuatro estados de Asia Central, se reunió la semana pasada con la futura estabilidad afgana como prioridad en su agenda.

En medio de toda esta agitación regional, China está intentando asegurar sus intereses en el Afganistán post-EEUU. Al parecer, Pekín se ha comprometido activamente con Kabul en la construcción de la autopista Peshawar-Kabul, que conectaría a Paquistán con Afganistán, incluyendo a este último en la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda. Hasta ahora, Kabul se ha resistido a participar en esta iniciativa para evitar quedar mal con Washington. Pekín también está construyendo una gran carretera a través del Corredor de Wakhan -una delgada franja de territorio montañoso que conecta la provincia China de Xinjiang con Afganistán y, a través de éste, a Paquistán y Asia Central, complementando su red regional de carreteras. Estas infraestructuras facilitarían a China el comercio con Asia Central y la explotación de los importantes recursos minerales afganos. Para ello, China necesita un Afganistán estable y seguro.

Para tranquilidad de Pekín, a primeros de julio, el portavoz de los Talibán, Suhail Shaheen, declaraba en una entrevista que “China es un país amigo y contamos con él para la reconstrucción y el desarrollo de Afganistán… si [los chinos] tienen inversiones, por supuesto que garantizaremos su seguridad”. Además, para tranquilidad de Pekín, aseguraba respecto a su posible apoyo a los uigures chinos: “Nos preocupa la opresión de los musulmanes, ya sea en Palestina, en Myanmar o en China, y nos preocupa la opresión de los no musulmanes en cualquier parte del mundo. Pero lo que no vamos a hacer es interferir en los asuntos internos de China”, declaraciones encaminadas, evidentemente, a tranquilizar a su posible socio económico.

Pekín, por su parte, aunque apoya oficialmente el proceso de reconciliación nacional afgano, está mandando señales que dejan clara su intención de reconocer a los Talibán como gobierno legítimo, si llegara el caso. Recientemente, el Global Times, cercano al Partido Comunista Chino, declaraba a que “convertir a los Talibán en un enemigo no era el interés de China”, citando a un experto chino que aseguraba que “los Talibán [están] transformándose silenciosamente para convertirse en una organización política centrada en los asuntos internos de Afganistán, y se está preparando para tomar el poder”. , el propio ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, en rueda de prensa, instó a los Talibán a romper con el terrorismo en caso de recuperar el poder. No cabe la menor duda de que Pekín lleva tiempo preparándose para este escenario desde que, en 2019, recibió por primera vez a una delegación Talibán.

Ante esta eventualidad, China explota su alianza con Islamabad, factor clave para evitar consecuencias negativas de un eventual gobierno Talibán en Kabul. Durante la ceremonia de conmemoración del 70º aniversario de las relaciones entre China y Paquistán, a principios de julio, Wang resumía claramente la estrategia de Pekín: “Deberíamos unir nuestras fuerzas para salvaguardar la paz regional, apoyar a las partes en Afganistán en la búsqueda de una solución política a través del diálogo, contener eficazmente la propagación de los riesgos de seguridad de Afganistán y garantizar la estabilidad general en la región”. Para China, la ayuda de Islamabad sería crucial a la hora de lograr compromisos y controlar a los Talibán. Pekín se apoyará en gran medida en Islamabad para comprometerse de forma productiva con los Talibán, y tal vez para controlarlos.

En el supuesto del restablecimiento del régimen Talibán en Kabul, la naturaleza de los vínculos entre China y los Talibán tendría una importancia geoestratégica.

Una relación positiva y sostenida proporcionaría a Pekín oportunidades económicas y de seguridad en Afganistán y Asia Central. Pekín ya mantiene sólidas relaciones bilaterales y multilaterales en toda la región, sobre todo a través de la Organización de Cooperación de Shangai, pero una mejor relación con Afganistán reportaría aún mayores dividendos. Si los Talibán se mantienen fieles a su palabra, algo que no puede darse por sentado, Pekín se beneficiaría de los proyectos de la nueva Ruta de la Seda que transitan por Afganistán, así como de lo que China enmarca como cooperación antiterrorista contra los extremistas uigures en Xinjiang.

La creciente influencia de Pekín en la región, estimulada por el estrechamiento de los lazos con los Talibán, podría también suscitar en Moscú la sospecha de que China está eclipsando a Rusia como potencia dominante en Asia Central, lo que podría añadir un raro punto de fricción a su relación. Aunque parece que India también está negociando con los Talibán a través de canales indirectos, es poco probable que un reconocimiento oficial de los Talibán por parte de China le siente bien a Nueva Delhi, debido a los vínculos de China con Paquistán, lo que agravaría la ya tensa relación de India con China por las disputas territoriales en el Himalaya.

Tampoco está claro si Estados Unidos acabará reconociendo a los Talibán como líderes oficiales de Afganistán. En la actualidad, China y Estados Unidos ya tienen muchos desacuerdos, pero Afganistán ha sido tradicionalmente un área en la que ambas partes han estado generalmente de acuerdo, por ejemplo, en la necesidad de la reconciliación nacional. Sin embargo, esto podría cambiar si Pekín reconoce a los Talibán y Washington no lo hace, añadiendo otra capa de desafíos a una relación ya tensa entre Estados Unidos y China.

Por otra parte, una relación agria de China con los Talibán podría ejercer una nueva presión sobre la asociación entre China y Paquistán. Pekín podría esperar de Islamabad resultados antiterroristas que este último no puede o no quiere producir. A Paquistán le puede preocupar que sus propios problemas terroristas -no sólo con Tehrik-i-Taliban, sino también con Lashkar-e-Taiba, Jaish-e-Mohammed y otros grupos- se agraven si se les impide operar en Afganistán. La semana pasada, Pekín e Islamabad discreparon inicialmente sobre la causa de la explosión de un autobús en el que murieron trabajadores chinos que viajaban por Paquistán para un proyecto de la Franja y la Ruta. Islamabad dijo en un principio que se trataba de una avería mecánica, mientras que Pekín lo calificó de atentado.

Este reciente episodio sugiere que, a pesar de su estrecha asociación, las tensiones por el terrorismo ya existen y podrían empeorar si los Talibán retoman Afganistán y Paquistán no puede frenar los ataques contra los intereses chinos en ninguno de los dos países. Este problema, sin embargo, es casi seguramente manejable dada la asociación de décadas entre China y Paquistán.

En general, Pekín se beneficiará significativamente si los Talibán vuelven a tomar el poder en Afganistán, y vale la pena seguir de cerca esta dinámica en las próximas semanas y meses.

Javier Mª Ruiz Arévalo

Coronel del Ejército de Tierra español y Doctor en Derecho por la Universidad de Granada. Ha desplegado en dos ocasiones en Kabul, desempeñando cometidos en el área de la cooperación cívico militar.

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