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Conclusiones de la batalla de Gazala-Tobruk

https://global-strategy.org/conclusiones-de-la-batalla-de-gazala-tobruk/ Conclusiones de la batalla de Gazala-Tobruk 2021-04-30 10:43:03 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
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El estudio de los combates de Gazala-Tobruk ofrece numerosas conclusiones útiles. En el ‘debe’ de los jefes británicos hay que resaltar principalmente la cesión de la iniciativa al enemigo: de forma casi constante, el 8º Ejército reaccionaba como mejor podía a los cambios en la situación táctica que le imponía la acción del Panzerarmee. Como consecuencia, Ritchie nunca dirigió realmente la batalla, sino que se limitó a responder a las acciones de Rommel. Habida cuenta de su superioridad de medios, es una omisión muy poco justificable. Este es solo el primero – pero es fundamental – de una serie de problemas en el ejercicio del mando y control de los británicos.

Otro problema derivado del anterior es el escaso uso de las Brigadas de Infantería: como norma general, se limitaron a permanecer en sus posiciones fijas, esperando un ataque que se produjo, o, más frecuentemente, no. Y, cuando se emplearon junto con las Brigadas Acorazadas – caso de las X y XI Brigadas Indias con la XXII Brigada Acorazada en la batalla del ‘caldero’ -, el ‘reparto de papeles’ (que era muy claro en el caso de los alemanes) entre carros, Infantería y Artillería no era evidente para los jefes de las unidades implicadas, llevando a que combatiesen de forma aislada, incluso compatiendo localización geográfica.

Además de ello, como hemos visto, Rommel intentaba siempre agrupar sus carros en la que consideraba la acción decisiva de la batalla. Y, de hecho, cuando no lo hizo (como cuando la 15ª División Panzer se queda sin combustible a la altura de la ‘box’ de Knightsbridge), su inferioridad de medios hizo que el riesgo de una derrota sea muy elevado. Sin embargo, los británicos emplearon constantemente sus numerosas unidades acorazadas de forma individual, comprometiéndolas en combate de forma aislada y secuencial, diluyendo así su gran superioridad de medios.

El caso de la ‘operación Aberdeen’ (el ataque británico a la posición del ‘caldero’) es también significativo en el campo de la organización del mando y control. En principio, parece lógico pensar que esa operación (el ‘esfuerzo principal’ del XXX Cuerpo de Ejército e, incluso, del 8º Ejército en su conjunto y una oportunidad excelente para acabar con el Afrika Korps) debía haber sido dirigido por el Puesto de Mando del 8º Ejército (teniendo en cuenta que, además, se empleaban unidades tanto del XXX Cuerpo como del XIII) o, al menos, por el del XXX Cuerpo de Ejército (lo que parecía la solución más lógica, dada la entidad del esfuerzo). Sin embargo, la solución adoptada (el explicado cambio en la dirección de la operación entre la 7ª División Acorazada y la 5ª División India, en el arco nocturno y dependiendo de la interpretación de la situación táctica en el momento) es una forma muy poco ortodoxa de organizar la operación, que tuvo las desastrosas consecuencias esperables. Las razones para adoptar esta organización no están claras, pero es muy poco justificable que el XXX Cuerpo de Ejército cediese a sus Divisiones el control de esta operación.

Equipo de Observación Avanzado de Artillería británico en 1944. Se componía (de izquierda a derecha) de un operador de telémetro, un telefonista (solo en caso de combate posicional), un sirviente de canevás (que dibujaba sobre el plano objetivos, posiciones, etc.), un Capitán (normalmente el jefe de la Batería de Artillería que operaba en beneficio de la unidad de maniobra) y un radio operador.

Otra fuente de problemas era la rigidez de la organización británica en el ‘reparto de papeles’ entre las Armas que lo constituían. La consecuencia más evidente en esta operación fue la necesidad de cambiar la forma de emplear a la Artillería británica (en opinión de los alemanes, el Arma mejor dirigida y empleada del Ejército británico), pasando del apoyo mediante tiro indirecto (la forma de apoyo que se impuso desde la PGM, y en la que los británicos eran unos consumados expertos), al apoyo contracarro, en tiro directo. Esta ‘regresión’ en el empleo de la Artillería de Campaña llevó a que la numéricamente inferior Artillería italoalemana (inferior en número de piezas, en alcances y en adiestramiento) disfrutase prácticamente siempre de impunidad en sus fuegos, lo que hizo que las ofensivas alemanas se ejecutasen siempre con superioridad local de fuegos. Además, puesto que los carros alemanes solo atacaron muy pocas de las posiciones fijas donde desplegaba la Artillería británica en función contracarro (apenas la posición de la CL Brigada y el perímetro de Tobruk), al final de la batalla, la mayoría de estas piezas no habían hecho un solo disparo. Y donde los carros atacaron – siempre en sectores estrechos -, se encontraron siempre en superioridad numérica frente a los cañones británicos, dispersos a lo largo de todo el frente, por lo que su eficacia fue reducida.

De la misma forma, la falta de vehículos de observación para la Artillería (OAVs) se hizo notar en momentos clave de la batalla (en el ataque de la XXXII Brigada de Carros a la escarpadura de Sidra, o en la penetración de la XXII Brigada Acorazada en la ‘operación Aberdeen’, por ejemplo). En realidad, en el periodo de entreguerras el Ejército británico puso en servicio un vehículo específico para los OAVs de Artillería, basado en el Universal Carrier, un vehículo de cadenas que, si bien no tenía la movilidad de los carros, sí era mucho más ágil en la arena que los vehículos de ruedas empleados en Libia. Desgraciadamente, la mayoría de estos vehículos se perdieron en Dunquerque, y su renovación recibió escasa prioridad para el Ejército británico, centrado en reconstruir sus unidades de combate. En cualquier caso, tan importante como la falta de vehículos adaptados a esta función, era la mentalidad ‘solo carros’ de los jefes británicos, que no acababan de entender el enfoque interarmas de sus enemigos alemanes.

Universal Carrier en su versión ‘OP’ (Observation Post) para los observadores de Artillería de Campaña. La mayoría de estos vehículos se perdieron en Dunquerque y en 1942 apenas habían sido reemplazados

Otro ejemplo pernicioso de la ‘exclusividad’ en el uso de determinados medios que los británicos atribuían a cada Arma es el caso de la Artillería Antiaérea. Como hemos visto, los pesados FlaK alemanes de 88 mm eran un elemento fundamental en la maniobra del Panzerarmee, con actuaciones clave en muchos momentos (la defensa de la escarpadura de Sidra, la detención de la XXII Brigada Acorazada en el ‘caldero’ o la derrota de la IV Brigada Acorazada en Sidi Rezegh, por ejemplo), aportando una potentísima capacidad contracarro. Es cierto que el FlaK 18/36 era una excelente pieza… Pero los británicos disponían de una similar, el 3,7’ (93,2 mm.) QF AA gun, que, pese a encontrarse desplegado en Libia, solo fue empleado como arma contracarro cuando los carros alemanes atacaron los emplazamientos antiaéreos de estas piezas (ya en el mismo puerto de Tobruk).

El potente 3,7” QF AA gun británico, un arma similar al FlaK-18/36 alemán, que, inexplicablemente, apenas se empleó en modo contracarro

Junto a estos problemas, los británicos cometieron algunos errores ‘de principiante’, siendo quizá el más destacado el de dejar los campos de minas sin cobertura de fuegos: un obstáculo no cubierto por el fuego es apenas una molestia para un enemigo competente, y el Panzerarmee lo era.

En el ‘haber’ es necesario citar que los británicos combatieron con tenacidad, incluso en circunstancias difíciles. Mención aparte merece la resistencia de los franceses en Bir Hakeim, y su resistencia psicológica ante los bombardeos aéreos (que, sin embargo, si tuvieron un gran impacto sobre los defensores hindúes de Tobruk). De la misma manera, desde el alto mando británico se intentó modificar la orgánica de las Brigadas Acorazadas, para hacerla más ‘interarmas’, aunque los jefes de Brigadas y Batallones no supieron emplear adecuadamente los medios de que disponían (como tampoco supieron hacer sus jefes de División, Cuerpo de Ejército o Ejército).

Los británicos mejoraron mucho en seguridad, en especial en el empleo de la radio. De hecho, la ofensiva del Panzerarmee se planeó ignorando la presencia de numerosas unidades británicas, de forma que la relación de fuerzas era mucho más desfavorable para los italoalemanes de lo esperado.

Los alemanes habían demostrado nuevamente una mayor competencia en el combate interarmas: los carros alemanes operaron siempre plenamente integrados con su Artillería de Campaña y con sus FlaK y PaK, lo que les concedía importantes ventajas en los combates contra sus homólogos británicos. En especial, los largos alcances eficaces de sus pesados FlaK se convirtieron en un elemento decisivo en muchos combates frente a los poco armados carros británicos.

La dotación de piezas contracarro a la Infantería alemana hizo que su capacidad contracarro fuese muy superior a la de su homóloga británica, evitando la necesidad de desviar piezas de Artillería de Campaña para esta función. En cualquier caso, el empleo de los alemanes de su Infantería fue netamente ofensivo y siempre perfectamente integrada en su maniobra.

La logística seguía siendo uno de los puntos débiles del Panzerarmee. Además de ello un deficiente conocimiento de la entidad real de las fuerzas británicas hizo que se calculasen muy por debajo las necesidades logísticas de la batalla en curso y, como consecuencia de ello, se prestase poca atención a posiciones como la de Bir Hakeim, cuya posesión condicionaba la continuidad de las rutas de abastecimiento logístico. La necesidad de abastecer a las unidades acorazadas alemanas desplegadas tras la línea defensiva de Gazala condicionó toda la operación. De hecho, hasta que Rommel no consiguió una ruta logística fiable (tras la destrucción de la CL Brigada), el destino de sus unidades acorazadas (y el de toda la campaña) estuvo en un enorme riesgo, y solo la falta de una reacción británica acertada evitó su destrucción.

El sistema de mando y control alemán, basado en el mando desde la vanguardia, mostró una vez más sus ventajas, pero también sus debilidades: en muchas ocasiones clave, la intervención personal de Rommel fue crucial en el combate, pero sus prolongadas ausencias de su Puesto de Mando le llevaron a tomar decisiones para las que no siempre contaba con toda la información, o a perder el control de alguna de sus unidades.

En conjunto, la batalla de Gazala costó al Eje unas pérdidas de unos 32.000 hombres de los 90.000 que iniciaron la batalla, y 114 carros destruidos. Por parte británica, las pérdidas se elevaron a más de 80.000 (incluyendo 33.000 prisioneros en la toma de Tobruk) de los 110.000 soldados disponibles, y la pérdida de 540 carros. La caída de Tobruk forzó la sustitución de Auchinleck por Alexander como Jefe del Teatro de Operaciones de Oriente Medio, y la de Ritchie por Montgomery como Jefe del 8º Ejército.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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