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La contraofensiva británica de junio de 1941. Operación Battleaxe (2)

https://global-strategy.org/contraofensiva-britanica-de-junio-de-1941-operacion-battleaxe-2/ La contraofensiva británica de junio de 1941. Operación Battleaxe (2) 2020-12-21 12:30:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
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En la noche del 14 de junio, nueve horas antes del inicio de los combates, los alemanes interceptaron mensajes radio británicos ordenando la ocupación de las posiciones de partida para el ataque. Como consecuencia, Rommel ordenó el inmediato redespliegue de los elementos más móviles de la 5ª División Ligera (el 5º Regimiento Acorazado y el XXXIII Batallón de Reconocimiento hacia Sidi Azeiz).

El 15 de junio al amanecer, la ‘fuerza costera’ comenzó su ataque convergente sobre el paso de Halfaya. A diferencia de lo ocurrido en Brevity, los defensores alemanes contaban la protección de campos de minas y con el concurso de cañones contracarro eficaces. Como consecuencia, los Matilda-II que acompañaban a las tropas indias fueron inutilizados en breve tiempo: de los que avanzaban por el norte de la escarpadura, cuatro fueron víctimas de minas, bloqueando el paso a los dos restantes, mientras que los trece carros que atacaron desde el desierto (12 Matilda-II y un solitario Mk VI-B), todos, excepto un Matilda y el Mk VI-B (que no participó en el ataque) fueron destruidos por los PaK-37 alemanes. Sin el apoyo de los carros y con un limitado apoyo de Artillería (incomparable con el que se hubiera utilizado en la PGM para una operación similar), los infantes de la XI Brigada India sufrieron numerosas bajas, y tuvieron que limitarse a cercar a los defensores alemanes, hasta recibir refuerzos.

Mientras tanto, la columna central destacó al VII Batallón Acorazado del Royal Tank Regiment directamente hacia Fuerte Capuzzo, mientras que las unidades restantes del IV Batallón Acorazado del Royal Tank Regiment y la XXII Brigada de Guardias reducían las posiciones italoalemanas rebasadas por el citado VII Batallón Acorazado, lo que hicieron tras duros combates, donde hicieron más de 700 prisioneros, pero también perdieron una veintena de Matilda-II. Fuerte Capuzzo, defendido por un Batallón de Infantería italiano con escasa Artillería de apoyo cayó rápidamente en manos británicas, mientras que los defensores italianos se retiraban hacia Bardia.

Por su parte, la columna que avanzaba más al sur alcanzó sin oposición la cresta de Hafiz, en un velocísimo movimiento. Sin embargo, para avanzar más rápidamente, el jefe de la 7ª División Acorazada, General O’Moore-Creagh, decidió avanzar solo con su VII Brigada Acorazada – mucho más rápida que el DSG, que se movía sobre camiones en las difíciles arenas del desierto -, dejando al DSG con la misión genérica de proteger su flanco izquierdo. En realidad, esta medida tenía mucho más que ver con la citada idea ‘tanks only’ que con la realidad táctica: el DSG carecía de capacidad de cubrir el citado flanco en caso de una penetración de carros enemigos (que, por otra parte, era muy poco probable), pero, al dejarlo atrás, la VII Brigada Acorazada operaría sin apoyo artillero y sin Infantería. La cresta de Hafiz resultó estar compuesta por tres líneas sucesivas de crestas, y, al intentar superar la primera de ellas, el II Batallón Acorazado del Royal Tank Regiment cayó en una de las temibles emboscadas de los FlaK alemanes, perdiendo varios carros antes de poder replegarse, y viéndose obligado a detenerse. Puesto que no disponían de Artillería de apoyo, ni de Infantería, la VII Brigada Acorazada se vio obligada a pedir que redesplegase a vanguardia la Artillería del DSG, lo que precisaría varias horas. Mientras tanto, el II Batallón Acorazado rodeó la cresta de Hafiz por el suroeste, consiguiendo arrollar a los desprevenidos defensores. Este movimiento llevó a los carros británicos a encontrarse de forma inesperada con una de las posiciones fortificadas por Rommel, la cota 208, donde desplegaban varios pesados FlaK alemanes. La orden de retirada no fue escuchada por varios de los carros británicos (solo llevaba radio el jefe de cada Compañía), lo que provocó la pérdida de cinco Cruiser, debido al fuego de los ‘88’. En esta situación, la aviación de reconocimiento británica informó del movimiento de los carros del 5º Regimiento Panzer desde Sidi Azeiz hacia la cresta de Hafiz, por lo que los británicos del II Batallón Acorazado se retiraron para reunirse con el resto de su Brigada. Mientras tanto, los carristas del VI Batallón Acorazado del Royal Tank Regiment observaron el repliegue apresurado de los cañones contracarro alemanes que habían frenado la progresión sobre la cresta de Hafiz, emprendiendo una rápida persecución que acabó frente a una nueva barrera de cañones contracarro: los alemanes habían fingido una retirada para forzar el ataque británico antes de la llegada de la Artillería del DSG. En esta emboscada, el VI Batallón Acorazado perdió diecisiete carros Crusader. Al final de la jornada, el II Batallón Acorazado británico disponía de veintiocho Cruiser (de cuarenta y tres) y el VI Batallón Acorazado de veinte Crusader (de cincuenta y tres), entre carros destruidos y averiados. Por su parte, la IV Brigada Acorazada británica disponía de cuarenta y ocho Matilda-II (de ciento treinta y cinco). A cambio, los alemanes apenas habían perdido carros, aunque sí habían perdido varios cientos de infantes y algunas piezas de Artillería italianas.

En esta situación, el jefe del XIII Cuerpo de Ejército británico, General Beresford-Peirse, tomó una decisión ortodoxa: continuar los esfuerzos de la XI Brigada India para tomar el paso de Halfaya (necesario para abastecer a las fuerzas que operaban al sur de la escarpadura, que, sin el control del paso, se verían obligadas a retirarse en pocos días), ordenar a la XXII Brigada de Guardias que mantuviese sus posiciones en Fuerte Capuzzo (impidiendo así a los italoalemanes auxiliar a la guarnición del paso de Halfaya) y reunir a la IV y VII Brigadas Acorazadas al sureste de la cresta de Hafiz, para poder enfrentarse en superioridad numérica al 5º Regimiento Panzer. Todas estas órdenes fueron interceptadas por los alemanes.

Las órdenes de Beresford-Peirse tenían un importante inconveniente: como hemos indicado, los infantes británicos no tenían apenas capacidad contracarro, por lo que dependían del apoyo de los Matilda-II para detener un ataque de carros. Por ello, las posibilidades de la XXII Brigada de Guardias de defender Fuerte Capuzzo pasaban por retener a los Matilda de la IV Brigada Acorazada o por recibir alguno de los escasos 18-pounder, que solo podían obtenerse detrayéndolos de los que apoyaban a la XI Brigada India en el ataque al paso de Halfaya. De la misma forma, dada la escasa Artillería de Campaña disponible, la toma del paso de Halfaya era prácticamente imposible sin el concurso de numerosos Matilda. Y, finalmente, sin los Matilda de la IV Brigada Acorazada, la VII Brigada Acorazada sería incapaz de derrotar al 5º Regimiento Panzer. Es decir, todas las misiones encomendadas a las unidades subordinadas dependían del concurso de los mismos carros, por lo que ninguno de sus jefes cedería de buena gana el control de los Matilda de que disponían en ese momento.

Conocedor de esta situación, Rommel consideró prioritario auxiliar a los defensores del paso de Halfaya, posición clave de la que dependía en gran medida el éxito de la batalla. Para ello, ordenó al 5º Regimiento Panzer dar un amplio rodeo por el desierto, al sur de la cresta de Hafiz, para atacar por la retaguardia a los batallones de la XI Brigada India que cercaban el paso de Halfaya por el lado del desierto. Para evitar que los británicos atacasen el flanco izquierdo del 5º Regimiento Panzer, ordenó al 8º Regimiento Panzer que simulase un ataque sobre Fuerte Capuzzo, de forma que mantuviese allí a los Matilda-II de la IV Brigada Acorazada: sin el refuerzo de los Matilda, la baqueteada VII Brigada Acorazada difícilmente se atrevería a entrar en combate con el 5º Regimiento Panzer. Sabiendo que el movimiento de los carros británicos estaba ordenado al amanecer, los alemanes planearon que su ataque limitado sobre Fuerte Capuzzo se iniciase antes de que los carros británicos abandonasen la posición.

El ataque alemán sobre Fuerte Capuzzo de la madrugada del 16 de junio se estrelló contra las defensas de la XXII Brigada de Guardias, que había sido reforzada con piezas 18-pounder, en previsión de la retirada de los Matilda, mientras que éstos aún no habían partido. En breves horas, el 8º Regimiento Panzer perdió casi cincuenta de sus carros, y se vio obligado a retirarse.

Al amanecer del 16 de junio, la XI Brigada India reanudó su ataque sobre el paso de Halfaya. Como era previsible, su jefe se negó a ceder sus Matilda, sin los cuales le resultaba imposible cumplir su misión, confiando en que, si podía tomar rápidamente el paso, los Matilda llegarían a tiempo a su cita con la VII Brigada Acorazada. Sin embargo, el ataque repitió la pauta del día anterior: muchas bajas y ningún progreso.

Por su parte, el 5º Regimiento Panzer, en su movimiento alrededor de la cresta de Hafiz, se vio envuelto en un combate móvil contra la VII Brigada Acorazada y el DSG. Los intentos británicos de emplear su Artillería de Campaña como arma contracarro se vieron impedidos por la incapacidad de los carros británicos de proteger a sus artilleros mientras intentaban poner en posición sus piezas: los Panzer-IV alemanes batían a los artilleros británicos desde sus 3.000 m. de alcance, mientras que los carros británicos tenían que acercarse a 500 m. para ser capaces de destruir a los Panzer-IV, arriesgándose a ser víctimas del mayor alcance de los Panzer-III. La VII Brigada Acorazada británica se retiró de vuelta a Egipto a lo largo de la jornada, bajo presión del 5º Regimiento Panzer, sufriendo numerosas pérdidas, que se agravaron por las frecuentes averías de los Cruiser, que obligaban a abandonarlos. Pese a esta situación, en la tarde de esa jornada, el jefe del XIII Cuerpo de Ejército, General Beresford-Peirse, decidió mantener su plan: resistir en Fuerte Capuzzo, tomar el paso de Halfaya y reunir todos sus carros para combatir al 5º Regimiento Panzer. En realidad, cualquier otra decisión hubiera implicado admitir la derrota.

Objetivamente, al final de la jornada del 16 de junio, la situación del XIII Cuerpo de Ejército británico era muy difícil: el control del paso de Halfaya por parte de los alemanes hacía imposible abastecer a las fuerzas desplegadas al sur de la escarpadura – lo que obligaba inevitablemente a retirarlas en breve plazo -, y, además, dejaba una sola ruta de retirada para la XII Brigada de Guardias – por el desierto al sur de la escarpadura -, al igual que para la 7ª División Acorazada al completo y para dos tercios de la XI Brigada India. Y esa única ruta estaba en riesgo de ser cortada por el avance del 5º Regimiento Panzer. La toma del paso de Halfaya resolvería muchos de estos problemas, pero sus defensores, pese a andar escasos de suministros, mantenían la moral alta, más aún cuando veían a sus propios carros a pocos kilómetros. La IV Brigada Acorazada había quedado reducida a 17 Matilda-II operativos, mientras que la VII Brigada Acorazada apenas mantenía una fuerza de solo 21 Cruiser y Crusader.

Por su parte, Rommel valoró adecuadamente la situación, por lo que ordenó al 8º Regimiento Panzer que dejase el mínimo imprescindible de fuerzas para fijar a la XXII Brigada de Guardias en Fuerte Capuzzo, pero que avanzase con el grueso de su fuerza hacia el paso de Halfaya, con idea de destruir la VII Brigada Acorazada con un ataque convergente ejecutado desde el noroeste por el 8º Regimiento Panzer y desde el suroeste por el 5º Regimiento Panzer. Este movimiento cortaría la retirada de la XXII Brigada de Guardias y de los elementos supervivientes de la 7ª División Acorazada.

En esta situación, el movimiento de los carros del 8º Regimiento Panzer alertó al jefe de la 4ª División India, que decidió ignorar las órdenes de Beresford-Pearse y retirar su XXII Brigada de Guardias de Fuerte Capuzzo, para reunirse al suroeste del paso de Halfaya con las unidades de la IV Brigada India y retirarse por el desierto al sur de la escarpadura. Para ello, decidió retener sus escasos Matilda-II para cubrir la retirada de sus Brigadas de Infantería.

Los restos de la 7ª División Acorazada y los Matilda restantes fueron capaces de contener a los carros alemanes hasta que la XXII Brigada de Guardias y la XI Brigada India consiguieron evitar el cerco y retirarse hacia el interior de Egipto, pero a costa de la pérdida de la práctica totalidad de sus carros. El éxito defensivo británico se debió tanto al bravo comportamiento de sus carristas como a la aguda escasez de combustible que aquejaba a las unidades acorazadas alemanas. Finalmente, Wavell aprobó la iniciativa del jefe de la 4ª División India, y dio por finalizada la operación.

Battleaxe se saldó con un importante fracaso británico: Churchill esperaba poco menos que un éxito similar al de Compass, pero el resultado había sido la pérdida de la mayoría de los medios enviados en el convoy ‘Tiger’, sin haber conseguido ni siquiera recuperar el paso de Halfaya. Además de ello, el Ejército británico había demostrado que todavía no dominaba el arte de la guerra acorazada, y que sus carros se habían quedado anticuados – incluyendo el Crusader, su carro más avanzado – frente a los nuevos medios de los alemanes. Battleaxe desmentía así las esperanzas que había levantado Brevity.

Para los alemanes, Brevity y Battleaxe habían supuesto una importante novedad: por primera vez, los carristas alemanes habían combatido sin superioridad aérea. Esto había hecho que la Luftwaffe fuese incapaz de aislar el campo de batalla, destruyendo a los refuerzos enemigos antes de que llegasen al frente (como había hecho con gran éxito el año anterior en Francia), y que no pudiese obtener información de lo que ocurría en la retaguardia enemiga (aunque esta falta de observación aérea la compensó la eficaz actuación de los medios de interceptación radio alemanes, favorecidos por el descuido de los británicos en la seguridad de sus comunicaciones radio). Esto llevó a cambios en los procedimientos: los carristas alemanes se vieron obligados a aumentar la dispersión de sus vehículos, y a enterrarlos hasta los ejes cuando se detenían, única protección posible frente a los ataques aéreos. Los soldados alemanes se acostumbraron a cavar inmediatamente un pozo cuando se detenían, y a saltar dentro cuando detectaban un avión. También fabricaron redes miméticas improvisadas y se habituaron a instalarlas cuando la detención superaba las pocas horas.

Nuevamente, se puso de manifiesto la poca utilidad de la Infantería desmontada en los combates en el desierto, excepto en la ocupación de posiciones fijas, requiriendo un potente apoyo artillero para atacarlas y medios contracarro de suficiente alcance para defenderlas.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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