Nos está tocando vivir una realidad compleja, a todos los niveles, interno e internacional. Esta realidad está jalonada por diversos debates, que aparecen tanto en los mass-media convencionales, como en las redes sociales, y luego se acumulan en las tertulias.
En parte, han sido motivados porque han reaparecido con fuerza las guerras, en plural y por doquier. Pero la crispación no termina, sino que se proyecta a otro tipo de conflictos. En efecto…
Discutimos constantemente acerca de la libertad y acerca de la democracia -en ambos casos nos preguntamos en qué consiste cada cosa, así como nos preguntamos por su alcance y sus límites, si los hubiere-; discutimos acerca del acceso legítimo a la propiedad privada, o acerca del papel de las leyes y del Estado en la lucha contra la pobreza, tanto a nivel interno como cuando nos da por plantearnos el problema de la distribución de la riqueza o incluso el problema hambre en el mundo; discutimos acerca de qué es una nación y, seguidamente, acerca del alcance del nacionalismo, no pocas veces en contraposición a ideales cosmopolitas de nuevo cuño. O no tan nuevo.
En todo caso, no se trata de debates puramente teóricos. Por el contrario, enseguida aparece la cuestión de la inmigración jalonada, acumulativamente, por cualquiera de las cuestiones ya citadas (“derechos”, “democracia”). Por si todo ello fuera poco, reaparece el fantasma de la guerra, aunque mejor será escribirlo en plural. Llegados a este punto, todos los protagonistas quieren tener de su lado la moralidad: que si tal guerra es justa; mientras que tal otra, en cambio, es injusta.
Como puede apreciarse se trata de cuestiones de la mayor enjundia. Precisamente por ello, este libro nace para aportar algo de luz. Pero no una luz cualquiera, ni un elenco variopinto de luces. Para ello, habrá otros libros. Sino que aquí se trata de aportar la luz de la doctrina católica. Una luz tan cercana, aparentemente, a una sociedad como la nuestra -la española-. Pero, al mismo tiempo, paradójicamente, tan desconocida por el ciudadano medio.
La doctrina católica tiene ciertas ventajas: es derecho natural (hoy poco de moda). ¿Y eso qué significa, dirán algunos? Por lo pronto, que aporta criterios estables, que superan la prueba del tiempo. O, dicho de otra manera, para llegar al mismo punto, significa que no depende de coyunturas políticas, ni de volubles estados de opinión. Por esa razón, la doctrina católica contiene una brújula. Asimismo, se trata de una doctrina poliédrica. Es decir, trata todos los temas que he ido proponiendo en los primeros párrafos de este breve resumen de las tribulaciones -internas e internacionales- propias del tiempo que nos ha tocado vivir. Por ejemplo, la consideración acerca de que, eventualmente, y cumpliendo exigentes requisitos de fondo y de forma, una guerra puede ser justificable, no depende de quienes sean las partes implicadas.
Esto desagradará a los lectores más partisanos, de uno u otro bando. Ahora bien, este es, precisamente, el tesoro más preciado de la doctrina católica: no es una doctrina partidista y menos, si cabe, partisana. Es decir, no es fácil de digerir por los fanáticos, sean del equipo que sean. Pero también se dirige a ellos. O quizá, sobre todo, se dirige a ellos, con ánimo de mejorar su percepción de las cosas, aportando más racionalidad. Porque, contra ciertos tópicos, muchas veces malintencionados, es complicado hallar una teoría más racional que la católica.
De hecho, por su propia vocación, que lo es de universalidad, la doctrina católica no se ofrece solamente a los católicos, sino a la Humanidad toda. Esto es, a todos los que operan y opinan de “buena voluntad”, como suelen recordar, en su encabezado, la mayor parte de las Encíclicas.
Lo que no significa que las respuestas sean fáciles. Estamos ante una doctrina completa, pero a la vez compleja. En las respuestas suele haber bastantes matices y algún requiebro. Máxime cuando se acercan a la práctica. No en vano, arranca de una teología, no de una ideología. Se nutre de la Palabra revelada, así como de una extensa tradición, que la complementa desde hace 2000 años. De ahí la calidad y la cantidad de sus fuentes: desde las Novotestamentarias a las Encíclicas papales, pasando por las aportaciones de los Padres de la Iglesia, y de primeras espadas del pensamiento mundial, como San Agustín de Hipona o Santo Tomás de Aquino. Todo ello sin desdeñar el trabajo de laicos contemporáneos, como, entre otros, Jacques Maritain. Y todo ello sin olvidar, a mayores, cuando sea menester el Antiguo Testamento. Todo ello ha sido importante para la construcción de este libro.
Aunque el libro está estructurado por temas, vinculados en todo caso, a esos grandes debates, se cierra con unas reflexiones personales, a modo de epílogo, que ponen en valor el papel de la Iglesia en medio de un mundo que no siempre ha querido, podido o sabido entender su papel.
En todo caso, este trabajo no pretende ser un libro de teología. Ni siquiera es un manual de doctrina social. Pues los hay, y muy buenos, en el mercado. El objetivo es perfilar las aportaciones de la doctrina católica a algunos de los asuntos que más destacan en la agenda política de nuestros días. De hecho, no es un libro escrito solo para católicos. Algunos de mis alumnos, que no lo son, también piden este tipo de texto. Desean disponer de una primera aproximación, fundamentada, para conocer qué aporta el catolicismo al esclarecimiento y solución de sus quebraderos de cabeza. Sus abuelos iban a misa cada día; sus padres, los domingos; ellos, cuando hay bautizos (ya menos bodas) y, eso sí, para dar el último adiós a esos mismos abuelos y, quizá, hasta a sus padres, cuando les llegue la hora.
Sin embargo, a esos jóvenes les cuesta ir, directamente y en primer lugar, a las Escrituras, y ya no digamos a “tochos” como La Ciudad de Dios o como la Suma Teológica tomista. Muy modestamente, el libro que ahora presento aspira a facilitarles las cosas a esos jóvenes, y no tan jóvenes, que mantienen cita inquietud. Que, aun sin fe, todavía buscan la verdad de las cosas. La fe podría ser, también, el resultado de ello, y no al revés. Quién sabe. Por el momento, me conformo con que este libro pueda servir de puente.
Quien esté interesado, puede adquirirlo a través del siguiente enlace… Un mundo en crisis de J.M. Bosch Editor

