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De la Guerra Hispano-Sudamericana (1865-1871) a la Guerra de Ucrania (I). Una comparación entre dos conflictos postimperiales

https://global-strategy.org/de-la-guerra-hispano-sudamericana-1865-1871-a-la-guerra-de-ucrania-i-una-comparacion-entre-dos-conflictos-postimperiales/ De la Guerra Hispano-Sudamericana (1865-1871) a la Guerra de Ucrania (I). Una comparación entre dos conflictos postimperiales 2023-03-31 08:20:00 Rodrigo Escribano Roca Blog post Estudios de la Guerra Guerra siglos XVI - XIX

Resumen: El día en que este escrito ve la luz, 31 de marzo de 2023, se cumplen exactamente 157 años desde que la Escuadra del Pacífico enviada por la Monarquía española a las costas sudamericanas bombardeó Valparaíso. La serie de artículos que aquí se abre tiene por objeto realizar una comparación histórica entre la Guerra de Hispano-Sudamericana y la Guerra de Ucrania. Consideramos que ambos enfrentamientos pueden ser tipificados como “guerras postimperiales”, es decir, conflagraciones derivadas de los “conflictos congelados” que siguieron a procesos súbitos de desintegración imperial. En esta primera entrega describiremos someramente la Guerra Hispano-Sudamericana y explicaremos los elementos que permiten la comparación y que la hacen valiosa. Estos artículos se realizan en el contexto del proyecto  FONDECYT 11200245 “La Expedición del Pacífico y la Guerra Hispano-Sudamericana en los imaginarios geopolíticos de España (1860-1871)”.

Desarrollo

Tocaban las 9:00 de la mañana del 31 de marzo de 1866. La extensa bahía de Valparaíso, habitualmente procelosa, permanecía aquel día en relativa calma. La ciudad, cuyo bullicio cotidiano reflejaba la pujanza de su comercio y de sus finanzas, era presa de un silencio poco halagüeño. Cerca de 40.000 personas, casi la mitad de sus habitantes, la habían abandonado penosamente a lo largo de los últimos cuatro días. La razón de tal éxodo estaba a punto de materializarse. Una escuadra española poderosamente artillada se cernía sobre las costas que orillaban al emporio chileno. Su Comandante, Casto Méndez Núñez, había dado la orden de bombardear Valparaíso.[1]

A las 9:15, los buques rompieron fuego. Las fragatas Blanca y Villa de Madrid, acompañadas de la goleta Vencedora, dirigieron sus andanadas únicamente contra objetivos estratégicos: los almacenes fiscales, la Bolsa y la Intendencia. La fragata Resolución hizo lo propio con la estación de ferrocarril sita en el barrio del Almendral. La fragata blindada Numancia, años más tarde consagrada por la prosa galdosiana, permaneció fuera de la línea para observar las operaciones. El fuego de los potentes cañones de ánima lisa deshizo los muros de 4 de los almacenes fiscales. Además, esparció incendios varios por el centro urbano, dañando boticas, iglesias y un cuartel-hospital, e incluso aboyando la esfera del enorme reloj que coronaba la fachada de la Intendencia, hoy expuesto en el Museo Marítimo Nacional de Chile. Unos 2.600 balazos después, a las 12:00 del mediodía, Méndez Núñez ordenó el alto al fuego. El balance de bajas humanas fue escaso: un par de muertos y dos heridos. Sin embargo, las pérdidas materiales resultaron mayúsculas, particularmente para la comunidad de comerciantes extranjeros que habitaba en el puerto, cuyas mercaderías se hallaban retenidas en los almacenes destruidos.[2]

Solo un mes más tarde, el 2 de mayo de 1866, la Escuadra española del Pacífico se aplicaría al mismo ejercicio con el puerto del Callao. Si la República de Chile había tomado la decisión de no defender Valparaíso, Perú se había preparado para ofrecerle una respuesta militar contundente a los buques de la Real Armada. El resultado fue un sonado combate entre las fragatas y goletas comandadas por Méndez Núñez y un entramado defensivo compuesto por una serie de vapores y monitores de la marina de guerra peruana y un sistema de baterías artilladas, algunas de ellas equipadas con los temidos cañones Armstrong y Blakely.[3] El resultado del combate fue inconcluyente: una buena parte de las baterías defensivas sucumbieron y la flota española conservó todas sus unidades. Sin embargo, los daños sufridos, la carencia de municiones y combustibles y el agotamiento de la tripulación obligaron a Méndez Núñez a ordenar el abandono de las aguas del Pacífico.[4]

Los bombardeos de Valparaíso y el Callao fueron el colofón de la Guerra Hispano-Sudamericana, un conflicto naval que enfrentó a la Monarquía española con una alianza compuesta por las repúblicas de Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. La conflagración había sido el resultado último del envío de una moderna escuadrilla de vapor a las costas americanas por parte del Gobierno Largo de la Unión Liberal en agosto de 1862. Tras recorrer las costas de Brasil, las Repúblicas del Río de la Plata, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Centroamérica y California, el primer comandante de la Escuadra, Luis Hernández Pinzón, tomó la decisión de practicar una intervención en la república peruana por vía de la captura provisional de las islas Chincha.[5] El único valor de este archipiélago residía en sus abundantes reservas de guano, un fertilizante natural derivado de la acumulación continuada de excrementos de aves y mamíferos marinos. El mercado guanero peruano había experimentado un notable auge desde 1848, cuando la fiebre del oro californiano había incentivado la expansión de la agricultura comercial en el mercado mundial. El guano se había convertido desde entonces en el principal, por no decir el único, producto cuya extracción le garantizada a la República de Perú ingresos hacendísticos estables y el acceso al crédito internacional.[6] Como apuntábamos, el 10 de abril de 1864 Luis Hernández Pinzón decidió que la flota bajo su mando ocupase las islas Chincha. Su pretexto era que el Estado peruano no le garantizada a la nutrida comunidad de súbditos españoles que habitaba en su territorio unas condiciones de seguridad jurídica que les permitiesen desarrollar con normalidad sus actividades mercantiles, profesionales y civiles.[7] El objetivo de la intervención iba, ahora bien, mucho más allá de lo expresado en las declamaciones del comandante.

Como detallaremos más por extenso a lo largo de esta serie de estudios estratégicos, la intervención formaba parte de un plan más vasto. Este consistía en el establecimiento de una esfera de influencia que le brindase a la Monarquía española cierto poder diplomático y comercial sobre sus antiguos dominios virreinales en Sudamérica. Se homologaría así a otras potencias que actuaban en la región aplicando el repertorio del imperialismo informal -principalmente Francia y el Reino Unido. A esta consideración se unían otras defensivas, vinculadas a la seguridad del imperio colonial español. Las élites dirigentes del Estado español estaban convencidas desde mediados de la década de 1840 de que la conservación de sus valiosas posesiones de Cuba y Puerto Rico dependía de contener el expansionismo estadounidense en el Caribe y Sudamérica.[8]  

La toma de las Chincha, concretamente, tenía por objeto expandir la presencia española en los mercados del Pacífico. Al mismo tiempo, pretendía forzar la firma de un “Tratado desigual”[9] con Perú. Se esperaba que tal acuerdo permitiese imponer las condiciones de España en cuestiones tan esenciales como el pago de la deuda virreinal, las ventajas arancelarias y la resolución de los casos judiciales que implicasen a la población de nacionalidad española. Tamaña iniciativa no respondía a una improvisación gubernamental, como ha gustado de interpretar la historiografía clásica[10], sino a toda una serie de tensiones geopolíticas de medio y corto plazo, así como a las demandas de importantes grupos de presión. Entre estos destacaron ciertos lobbies comerciales de la Península, una parte de la oficialidad de la Real Armada y un sector de las comunidades de españoles instaladas en Lima, Valparaíso y Guayaquil.[11]

La ocupación de las Chincha pareció dar frutos con la firma del Tratado Vivanco-Pareja, el cual colmaba los anhelos hispanos. Sin embargo, como relataremos más por extenso en las próximas entregas, España había desatado fuerzas incontrolables, y las tensiones generadas con Chile dieron lugar al estallido de la guerra en septiembre de 1865. A esta terminaron por sumarse varias repúblicas hispanoamericanas del Pacífico, incluyendo a Perú, cuyo gobierno sucumbió para dar lugar a otro beligerante. Tras una serie de bloqueos portuarios, escaramuzas navales y negociaciones infructuosas, las veleidades dieron lugar a los bombardeos de Valparaíso y el Callao, ya descritos.

El episodio puede sintetizarse como una intervención con objetivos acotados llevada a cabo por un imperio desmembrado sobre sus antiguos dominios que terminó desembocando en una guerra descarnada, la cual iba más allá de las predicciones y de las capacidades de la potencia agresora. ¿Percibe el lector alguna coincidencia con algún hecho contemporáneo sonado?, ¿no es la guerra de Ucrania un conflicto derivado de la intervención de un imperio desmembrado sobre una antigua posesión a la cual considera como parte de su esfera de influencia?, ¿no tienen también en dicha intervención un papel muy relevante consideraciones relacionadas con la seguridad nacional en un contexto global conflictivo?, ¿no ha desembocado también la mentada intervención en una guerra que escapa a los cálculos iniciales del agresor y cuyos resultados parecen impredecibles? La serie de artículos que aquí se abre tiene por objeto realizar una comparación histórica entre la Guerra de Hispano-Sudamericana y la Guerra de Ucrania. Consideramos que ambos enfrentamientos pueden ser tipificados como “guerras postimperiales”, es decir, conflagraciones derivadas de los “conflictos congelados” que siguieron a procesos súbitos de desintegración imperial.

¿Les suscita escepticismo esta comparación? Es natural. Estamos tristemente acostumbrados a que los historiadores profesionales sean extremadamente cuidadosos con los ejercicios de comparación “inter-epocal” -si se me permite la expresión-. Es decir, la disciplina cada vez se atreve menos a elaborar análisis que establezcan similitudes y diferencias entre conflictos acaecidos en épocas y localizaciones distantes. Evidentemente, el tiempo transformador de la modernidad ha acelerado de tal modo los cambios tecnológicos, geopolíticos y socioeconómicos que podría resultar irrisorio adoptar simplistamente la idea de la “historia maestra de vida”, acuñada por Cicerón y tan brillantemente utilizada por Maquiavelo. Por fortuna, algunos historiadores como David Armitage y John Lewis Gaddis han defendido el arte de la comparación de las ideas e hitos que han atravesado la historia militar en distintos momentos históricos.[12] Ambos autores alegan que dicha labor es esencial para comprender con profundidad temporal el fenómeno de la guerra y ser capaces de acopiar experiencias y conocimientos valiosos para comprender los conflictos bélicos que acontecen en el presente. Otros, como Carlos Navajas Zubeldia y Jeremy Black, han reforzado dicha premisa, reivindicando el poder prospectivo del conocimiento histórico; es decir, las destreza que el saber sobre el pasado militar nos otorga para pensar desde la complejidad el decurso de un conflicto y de ese modo definir escenarios posibles y deseables más plausibles. Las aseveraciones de esta naturaleza se corresponden con aportaciones recientes en el campo de la teoría de la historia.[13] Los trabajos de Jouni-Matti Kuukkannen, por ejemplo, han alegado que la historiografía no es simplemente una narrativa normativamente relegada a la descripción aséptica de los hechos pretéritos. Por el contrario, la historia sería una forma de pensamiento social capaz de construir argumentos sintéticos a partir de los datos del pasado a los que confiere un significado narrativo. De ello se infiere que el historiador tiene el deber de contextualizar, comparar y sintetizar, de modo que pueda producir discursos con poder performativo, es decir, con valor práctico para incidir en la comprensión del presente y la planificación del futuro [14]

Armados con este arsenal conceptual, nos proponemos emprender la comparación entre las guerras hispano-sudamericana y ruso-ucraniana, convencidos de que una interpretación crítica de sus similitudes y diferencias puede contribuir a esclarecer algunas claves del enfrentamiento que está teniendo lugar en el este de Europa. ¿Les sigue suscitando recelos? Lean las próximas entregas y veremos si están o no justificados.


[1] David J. Woods, The Bombardment of Paradise: March 31, 1866 : Why the Spanish Attacked Valparaiso and the British and American Fleets Merely Watched, 1st published.. (Geneva, Switzerland: WTA Publishing, 2011).

[2] Las descripciones del evento fueron sumamente numerosas, tanto en la época como en el período posterior. Por ejemplo: «Bombardeo de Valparaiso», La España, 19 de mayo de 1866; Cedric Purcell, La guerra con España y el bombardeo a Valparaíso 1865-1866, Primera edición: mayo de 2017.. (Santiago de Chile: RIL Editores, 2017).

[3] Al igual que en el caso anterior, las descripciones del bombardeo menudearon en la prensa y las obras escritas de la época, y también lo han hecho en las respectivas historiografías nacionales: «Combate del Callao – Infomación oficial», La Iberia, 13 de junio de 1866; Marcelino González, El combate del Callao y sus protagonistas, Primera edición, junio 2017 (Fuenlabrada (Madrid): Entrelíneas Editores, 2017).

[4] José Ramón García Martínez, El combate del 2 de mayo de 1866 en El Callao]: resultados y conclusiones tácticas y técnicas, Madrid: Ministerio de Defensa, 1999).

[5] Para una narración informada y solvente de estos hechos: Edmundo A. Heredia, El imperio del guano: América Latina ante la guerra de España en el Pacífico (Córdoba [Argentina]: Alción, 1998).

[6] Gregory T Cushman, Guano and the Opening of the Pacific World: A Global Ecological History (Cambridge: Cambridge Univeristy Press, 2014).

[7] «Crónica de la semana interior- La escuadra española, mandada por el almirante Pinzón, al frente de las islas de Chincha (Perú)- Reorganización de la marina española», El Mundo Militar, 24 de julio de 1864.

[8] Rodrigo Escribano Roca y Pablo Guerrero Oñate, «Navalismo y panhispanismo como horizontes de regeneración imperial en España (1814-1862)», Anuario de estudios americanos 79, n.o 1 (2022): 1-34.

[9] Por “Tratado desigual” nos referimos a un acuerdo bilateral que concede a la parte hegemónica o a sus ciudadanos ventajas comerciales y fiscales, así como formas de soberanía extraterritorial. Otros casos de tratado desigual se dieron en China y el Imperio Otomano: David Todd, A Velvet Empire: French Informal Imperialism in the Nineteenth Century (Princeton University Press, 2021); Jianlang Wang, Unequal Treaties and China, English edition, Unequal Treaties and China (Honolulu, HI: Enrich Professional Publishing, Inc., 2016).

[10] José María Jover Zamora, Política, diplomacia y humanismo popular: estudios sobre la vida española en el siglo XIX (Madrid: Turner, 1976), http://catalog.hathitrust.org/api/volumes/oclc/2615255.html.

[11] Para una reconstrucción más detenida de estos hechos, pueden consultar la web de nuestro proyecto de investigación: https://envi19.hcommons.org/el-movimiento-de-rearme-naval-la-union-liberal-y-la-planificacion-de-la-escuadra-1858-1862/

[12] David Armitage, «What´s the Big Idea? Intellectual History and the Longue Durée», History of European Ideas 38, n.o 4 (2012): 493-507; John Lewis Gaddis y Marco Aurelio Galmarini, El paisaje de la historia: cómo los historiadores representan el pasado (Barcelona: Editorial Anagrama, 2004).

[13] Carlos Navajas Zubeldía, «Sobre el tiempo histórico», Historiografías: revista de historia y teoría, n.o 5 (2013): 32-50; Jeremy Black, «Where Does Theory Go in Military History?», War in History 29, n.o 1 (1 de enero de 2022): 68-79, https://doi.org/10.1177/0968344520955051.

[14] Jouni-Matti Kuukkanen, «Why We Need to Move from Truth-Functionality to Performativity in Historiography», History and Theory 54, n.o 2 (1 de mayo de 2015): 226-43, https://doi.org/10.1111/hith.10755.

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