Global Strategy Report, 12/2023
Resumen: El entorno de seguridad regional en el hemisferio occidental es complejo y diverso. La región se enfrenta a desafíos de seguridad, incluyendo el narcotráfico, la violencia armada, el crimen organizado, la migración forzada, los ciberataques, y las amenazas derivadas del cambio climático. Además, ha sido afectada por el aumento de tensiones geopolíticas y la competencia estratégica entre grandes potencias, lo que ha generado incertidumbre en el orden internacional. En este contexto, es importante que los países de la región adopten una visión estratégica y cooperen en la búsqueda de soluciones efectivas y sostenibles para abordar estos desafíos. El objetivo de este artículo es analizar algunas propuestas de estrategias comunes de seguridad y defensa. En particular, se exploran las nociones de disuasión estratégica y fuerzas combinadas, que buscan hacer frente a amenazas y riesgos en un entorno multidominio. En este marco, se han formulado al menos dos modelos, la disuasión descentralizada y la disuasión integrada. Estos, podrían complementarse mutuamente, pero aún no existe una propuesta formal que integre ambos conceptos ni han sido revisados en profundidad en la investigación académica. Este ensayo aborda ambas estrategias, sus implicaciones, y posibles resultados.
Para citar como referencia: Barrera Franco, Carlos Alberto y Carranza Vázquez, Manuel Abdullah (2023), «Disuasión estratégica en el Hemisferio Occidental: propuestas vigentes para el entorno multidominio», Global Strategy Report, 12/2023.
Disuasión estratégica: entre la integración y la descentralización
Durante la XV Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA), celebrada en Brasilia, Brasil, los días 25 al 29 de julio de 2022, la delegación de los Estados Unidos de América (EUA), presentó la ponencia “Fortalecimiento de la disuasión integrada: aire, tierra, mar, espacio y ciberespacio”, en la cual propuso la creación de una fuerza integral de los Estados del continente americano para abordar los riesgos y amenazas comunes (JID, 2022).
Es importante destacar que la disuasión se concibe principalmente como una variable relacional en la que el disuadido opta por no realizar una acción que, en otras circunstancias, estaría dispuesto a hacer (Gray, 2000). En el actual entorno de competencia estratégica entre grandes potencias, la disuasión ha recobrado una relevancia sustantiva que no se veía desde el fin de la Guerra Fría.
En el contexto de la guerra Rusia-Ucrania, es entendible que este conflicto atraiga los reflectores a nivel mundial. Sin embargo, se considera que para los EUA, la verdadera amenaza es China y el multilateralismo que desarrolla en aras de lo que se conoce como ‘zona gris’, y no necesariamente Rusia, como se podría asumir (Dobbins, et. al 2019).
Ante la situación actual, y con el objetivo de contar con una estrategia de defensa sólida que pueda contrarrestar las acciones de China, los EUA han desarrollado y difundido los conceptos de disuasión integrada y disuasión descentralizada. Desde que el Secretario de Defensa, Lloyd J. Austin, asumió el cargo en enero de 2021, estos conceptos se han fortalecido como herramientas netamente estratégicas para permitir que EUA mantenga la paz hemisférica aprovechando todas las dimensiones del poder estadounidense, así como las capacidades de los aliados y socios de manera coordinada e integral. El argumento central de la propuesta es que esto serviría como base para una disuasión estratégica efectiva.
Disuasión integrada
La propuesta de articular a los Estados del continente americano como una fuerza integral para atender riesgos y amenazas comunes se basa en la idea de la “disuasión integrada”. Este concepto doctrinario de las Fuerzas Armadas de los EUA se remonta a 2015, cuando el Comando de Operaciones Especiales del Ejército (USASOC) propuso un foro de líderes de alto nivel para explorar el tema. El foro fue organizado por el Comando de Operaciones Especiales (USSOCOM) y el Departamento de Estado (DoS) y contó con la participación de representantes de todo el DoS y el Departamento de Defensa (DoD) (Wasser et al, 2018: 4).
Según la definición conjunta del USASOC y el USSOCOM de 2015, la disuasión integrada se define como la
…prevención de la acción del adversario a través de la existencia de capacidades físicas, cognitivas y morales creíbles y proactivas [definidas libremente como fuerza de voluntad] que elevan el costo percibido de un adversario a un nivel inaceptable de riesgo relativo al beneficio percibido (USASOC, 2016: 8).
El concepto emergente de la disuasión integrada surge de seis supuestos estratégicos planteados en la definición conjunta del USASOC y USSOCOM de 2015, que enuncian que
1. El entorno operativo seguirá siendo complejo y desordenado.
2. Las normas internacionales continuarán restringiendo la aplicación de la fuerza.
3. La totalidad y variedad de los desafíos de seguridad exigen una revisión de lo que constituye el riesgo estratégico[1] en el entorno operativo de principios del siglo XXI.
4. Es probable que en el balance fiscal se continúen reduciendo los recursos gubernamentales, lo que presenta desafíos obvios. Sin embargo, ofrece oportunidades para considerar nuevos marcos, enfoques y capacidades.
5. La voluntad política para realizar campañas militares a gran escala como el enfoque principal, probablemente seguirá decayendo.
6. El avance de la tecnología comercial y su militarización, posiblemente se acelere en los próximos años.
El USASOC (2016: 3) fundamenta la formulación del concepto doctrinario de disuasión integrada a partir de la idea central de que
…las teorías de disuasión existentes se centran en gran medida en disuadir a los adversarios estatales capaces de emplear fuerzas convencionales a gran escala y armas nucleares, y el conflicto se produce en el lado derecho del continuo operativo.[2] Los EUA siempre deben estar listos para ganar decisivamente en este espacio, pero también debe estar preparado para competir y ganar en el lado izquierdo del continuo operativo, en la zona gris[3] entre la paz y la guerra, donde actores estatales y no estatales seleccionados están desafiando efectivamente a los EUA y los intereses aliados.
A partir de los antecedentes mencionados, el concepto de disuasión integrada se ha establecido como uno de los pilares fundamentales de la Estrategia de Defensa Nacional de los EUA 2022. En una perspectiva similar, en junio de 2022 tuvo lugar en Madrid la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde se presentó el nuevo concepto estratégico denominado “Enfoque de 360 grados”. Este enfoque busca abordar amenazas y desafíos en los dominios terrestre, aéreo, marítimo, cibernético y espacial, y fortalecer la resiliencia nacional y colectiva. En paralelo a la concepción de disuasión integrada, el Enfoque de 360 grados redefine los tres objetivos principales de la OTAN en esta nueva etapa global: disuasión y defensa, seguridad cooperativa, así como prevención y gestión de crisis.
Disuasión descentralizada
En el contexto de la competencia estratégica entre los EUA y la República Popular China (RPC) en la región del Indo-Pacífico, y considerando la rápida modernización del Ejército Popular de Liberación (EPL), el concepto de “disuasión descentralizada” ha surgido como una doctrina que el Comando del Indo-Pacífico de los EUA (USINDOPACOM) está adoptando. En lugar de mantener una postura centralizada, los EUA buscan redistribuirse por toda la región para proteger de forma efectiva sus intereses nacionales a través de una disuasión creíble (House Armed Services Committee, 2019).
La doctrina de disuasión descentralizada tiene como objetivo ampliar la red de socios militares regionales de los EUA y prevenir un posible ataque determinante del EPL, mejorando así la capacidad de respuesta del USINDOPACOM ante una posible agresión de la RPC (Hoffman, 2022: 12-13). Es importante señalar que en abril de 2021, la comunidad de inteligencia de los EUA publicó el Informe Anual de Amenazas. Este documento cubrió una variedad de riesgos que enfrentan los EUA y el mundo, desde el tráfico de drogas hasta la inestabilidad regional y los ataques cibernéticos. Sin embargo, la evaluación de la comunidad de inteligencia se centró en dos amenazas clave: “El impulso de China por el poder global” y las “acciones provocativas rusas” (Helberg, 2021).
La percepción actual del contexto indica que la RPC y Rusia están cada vez más alineados y formando una entente dirigida directamente a Occidente. La estrategia de descentralización de la disuasión estadounidense se ha definido para ayudar a defender el orden internacional liberal contra la amenaza de apropiaciones autocráticas del territorio y otros conflictos a nivel global.[4]
Fundamento de la fuerza integral
La propuesta de la Delegación de los EUA para la creación de una fuerza integral se basa en la idea de que, tanto la disuasión integrada como la disuasión descentralizada, implican la defensa de los intereses y valores compartidos para garantizar la seguridad hemisférica. Esto se logra mediante el desarrollo y la combinación de las fortalezas del hemisferio occidental, incluyendo a ministerios, fuerzas armadas y fuerzas de seguridad. Ambas nociones de disuasión estratégica se realizan a través de la combinación adecuada de tecnología, capacidades y conceptos operativos, en cooperación con otras naciones para enfrentar amenazas y oportunidades en diversos ámbitos, como el convencional, informacional y cibernético, durante todo el conflicto.
De este modo, la disuasión estratégica como estratégia común de defensa, abarca desde las operaciones de conflicto armado hasta las actividades cotidianas para limitar las ventajas o ganancias estratégicas o militares de un competidor y evitar que alcance sus objetivos. Estas acciones implican compartir información y reforzar mutuamente las capacidades para hacer frente a los retos compartidos, así como la interconexión de las fuerzas militares y de seguridad para contrarrestar las amenazas a la seguridad nacional y hemisférica, o la integración del poder diplomático, industrial, económico y militar de una nación.
Para lograr esto, los países deben colaborar para aportar una capacidad de disuasión colectiva contra las amenazas mutuas, que sea más que la suma de sus partes y supere los límites de los recursos de cada miembro. En este sentido, la disuasión estratégica y la creación de una fuerza integral requiere una cooperación y coordinación estrechas entre las naciones y sus respectivas fuerzas armadas y de seguridad (Garamone, 2021).
Retos y oportunidades
La creación de una fuerza integral conformada por Estados del hemisferio occidental tiene implicaciones a mediano y largo plazo en diversos ámbitos para los potenciales países adherentes, en particular en relación con sus fuerzas armadas. Como parte del argumento central de este ensayo, a continuación se examinan los hipotéticos efectos de adoptar dicha estrategia común de defensa.
Política y presupuesto
La creación de una fuerza integral conformada por Estados del hemisferio occidental tendría diversas implicaciones en los países adherentes, particularmente en ámbitos políticos y presupuestarios. En primer lugar, las fuerzas armadas de estos países serían integradas a un sistema de seguridad colectiva, lo que implicaría que las decisiones estarían supeditadas a un mando militar unificado y, por tanto, una mayor influencia de la estrategia y doctrina de seguridad y defensa de los Estados Unidos en los procesos de toma de decisiones a nivel político y estratégico.
Asimismo, se requeriría una revisión de la Declaración sobre Seguridad en las Américas de 2003 para definir amenazas comunes y retos compartidos con los Estados Unidos y el resto de los países del continente. Esta revisión tendría implicaciones en la legislación de los países adherentes y la formulación de marcos normativos en materia de política exterior y defensa.
La creación de una fuerza integral también tendría implicaciones en el concepto de seguridad colectiva establecido en la Carta de Naciones Unidas, ya que se subordinaría a un sistema de seguridad regional donde no todos los Estados del continente americano participarían. Como resultado, surgiría una corresponsabilidad política, legal y financiera de los países adherentes en las acciones que realice la fuerza integral. En este sentido, los países adherentes deberían asignar recursos para cubrir las necesidades que surjan de la integración de las fuerzas armadas a la fuerza de tarea conjunta. Lo cual normalmente conlleva a un incremento de presupuestos de defensa y de diversas instancias de seguridad nacional de forma importante, si se busca hacerlo de manera adecuada.
Doctrina y adiestramiento
La cooperación estratégica entre los potenciales países adherentes a la fuerza integral puede tener un impacto significativo en la doctrina y el adiestramiento de sus fuerzas armadas. En primer lugar, implicaría la adopción de la doctrina y las lecciones aprendidas de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN, que se adaptarían para hacer frente a cualquier tipo de amenaza multidimensional.
Esto podría abrir espacios para aumentar el número de intercambios académicos en diversas instituciones educativas dedicadas a la seguridad nacional, estudios de defensa y ciencias militares, con el fin de mejorar la capacitación y profesionalización del personal militar. Además, se podría contemplar la instalación de centros de adiestramiento para preparar efectivos militares enfocados en la materialización de operaciones integrales y multidominio, de acuerdo con las amenazas y retos comunes.
Sin duda, la adaptación y estandarización de manuales y procedimientos para aumentar los niveles de interoperabilidad con otras fuerzas del hemisferio occidental tendrán un impacto profundo en el status quo de diversas organizaciones militares. Esto es especialmente cierto para aquellas cuyos procesos de modernización y transformación de capacidades se han ralentizado durante décadas.
Orgánica y logística
El proceso de conformación de una fuerza integral también tendría implicaciones en la organización y operación logística, lo cual representa un tercer ramo que se vería afectado. Por ejemplo, la integración de las fuerzas armadas de los países adherentes a una estructura de fuerza de tarea conjunta bajo un mando unificado, implicaría la necesidad de adaptar y estandarizar estructuras orgánicas y procedimientos logísticos al concepto operativo de la fuerza de tarea conjunta.
En términos orgánicos, la incorporación podría significar cambios en la estructura jerárquica, el mando y control, y la cadena de mando de la fuerza armada del país. En este sentido, los miembros de la fuerza armada deberían adaptarse a una nueva cultura organizativa y operativa, lo que podría requerir una reorganización interna y la reasignación de roles y responsabilidades.
En términos logísticos, la incorporación a una fuerza multinacional implicaría la necesidad de adoptar nuevos procedimientos y protocolos para la adquisición y el suministro de equipos, municiones, alimentos y otros suministros. Cambios en las políticas y procedimientos de mantenimiento y reparación de equipos, en la forma en que se lleva a cabo el transporte y la logística, así a como otras a equipamiento e infraestructura que revisaremos a continuación, son las propias recomendaciones que Bertulis y Gaumer (2017) realizaron a los Estados Unidos para una ejecutiva logística conjunta creíble en el ámbito de la disuasión estratégica.
Por otra parte, la incorporación a una fuerza multinacional podría requerir la adaptación a nuevas tecnologías y tácticas, lo que implicaría la necesidad de capacitar a los miembros de la fuerza armada en nuevos procedimientos y técnicas. Esto podría requerir una inversión significativa de tiempo y recursos. En consecuencia, la operación logística de la fuerza integral requeriría de una planificación cuidadosa y de la colaboración de los países participantes para garantizar una integración eficiente y efectiva.
Equipamiento e infraestructura
En el ámbito de equipamiento e infraestructura, la participación en la cooperación estratégica significaría potencialmente el acceso a recursos económicos, tecnológicos y materiales para operar militarmente en cualquier dominio de operaciones donde se materialice la disuasión, desde una perspectiva conveniente para todos los Estados miembros de la fuerza integral.
Como resultado, se podría mejorar las condiciones operativas del personal militar, debido a la posibilidad de contar con equipamiento, vehículos, armamento y municiones de mayor calidad. Esto también podría tener un impacto positivo en el aumento de capacidades en sistemas de información y telecomunicaciones, lo que favorecería el proceso de toma de decisiones al contar con una mayor y mejor información sobre el campo de batalla y el entorno en general.
Sin embargo, es importante señalar que esta mejora material podría tener algunos aspectos negativos. Por ejemplo, podría desencadenar una mayor dependencia tecnológica en materia de equipamiento e infraestructura militar y no militar, debido a la exclusividad en su abastecimiento y/o comercialización. Esta situación, se observa de forma particular entre los países de la OTAN, los cuales, a pesar de realizar inversiones importantes en estos rubros, no ha logrado hacerlo de una manera equitativa que logre competir de forma colectiva, con aquellas realizadas con la República Popular de China (Ford & Goldgeier, 2021).
Desarrollo de capacidades
A partir de los puntos mencionados anteriormente, es probable que las fuerzas armadas de los países adherentes experimenten un incremento progresivo en el nivel de interoperabilidad con otras fuerzas armadas del hemisferio, así como en el intercambio de información y generación de inteligencia táctica, operacional y estratégica. Esto podría verse reflejado en la ejecución de operaciones militares no bélicas. Un impacto significativo se podría dar con el aumento de las capacidades para mitigar las actividades cibernéticas maliciosas y proteger la infraestructura crítica nacional.
Es importante destacar que el desarrollo de capacidades no sólo tendría impacto en hipotéticos escenarios de guerra, sino que también contribuiría a mejorar la eficacia en operaciones militares no bélicas, al hacer frente a amenazas y riesgos internos.
Relaciones con los Estados Unidos de América
La decisión estratégica de formar parte de la fuerza integral para llevar a cabo esfuerzos de disuasión integrada o descentralizada podría tener efectos en la relación bilateral de los países adherentes con los EUA. Es importante tener en cuenta que la relación de los EUA con los posibles países adherentes es compleja debido a la asimetría en el poder nacional, su proyección ante el mundo y la naturaleza de sus respectivos objetivos nacionales.
A pesar de que en la relación de varios países latinoamericanos con los EUA se considera cordial con retos compartidos, continúa presentando tensiones en diversos ámbitos, particularmente en materia de migración, narcotráfico, comercio, inversiones, deuda externa, medio ambiente, democracia, derechos humanos, energía, tecnología, turismo, relaciones interamericanas, extradiciones y asuntos fronterizos (McKinley, 2022).
En este marco, se prevé que la participación de los países adherentes en la fuerza integral tendrá beneficios limitados en varios ámbitos de las relaciones con los EUA. Los efectos derivarían del cambio de rol de los países adherentes, quienes pasarían de ser socios a aliados. En este sentido, se seguirán incrementando los mecanismos para la atención de los problemas comunes. Sin embargo, la identificación de beneficios limitados se fundamenta en la lógica de la compartimentalización de la agenda multilateral y el enfoque predominante en los EUA de no mezclar temas en sus relaciones diplomáticas.
Asimismo, la participación de los países adherentes en la fuerza integral implicaría la obligatoriedad de destinar recursos humanos, económicos y materiales a algunos asuntos que pudieran ser divergentes a los intereses nacionales de los países adherentes. Del mismo modo, la incorporación de los países adherentes en la cooperación estratégica forzaría el compromiso de adhesión a los instrumentos de participación que los EUA diseñan para las campañas que se emprenden con motivo de la disuasión estratégica.
En definitiva, la participación en la fuerza integral obligaría a la revisión de los límites y alcances de los acuerdos diplomáticos o aquellos instrumentos vigentes en materia de seguridad y defensa. Por lo tanto, se debe tener una visión clara de los posibles efectos tanto positivos como negativos que esto podría tener en las relaciones bilaterales entre los países adherentes y los EUA antes de tomar una decisión.
Situación del Sistema Interamericano
La posible participación de los países adherentes en la fuerza integral para emprender esfuerzos de disuasión integrada o descentralizada tendría implicaciones más allá de la relación bilateral con los EUA. Es probable que se experimente una reconfiguración de las relaciones y del balance de poder en todo el Sistema Interamericano.
En primer lugar, la posible división del Sistema Interamericano debido a la postura que adopten los Estados miembros respecto a su participación en la fuerza integral y la revisión de la Declaración sobre Seguridad en las Américas de 2003 alteraría la relación multilateral de los países adherentes. Esto podría generar ajustes o modificaciones en las relaciones bilaterales de los países adherentes con cada uno de los países de la región, no solo con los EUA.
Además, la reconfiguración proyectaría una imagen de liderazgo por parte de los EUA en la región, lo que podría impactar en el papel que juegan los países adherentes frente a otros Estados de Norte, Centro y Sudamérica. Por tanto, la posible participación de los países adherentes en la fuerza integral para emprender esfuerzos de disuasión integrada o descentralizada requerirá una revisión exhaustiva del entramado de relaciones políticas en la región y sus posibles implicaciones. La divergencia de intereses nacionales entre los países de la región históricamente ha sido variada, sin embargo, hay un incremento sostenido en las diferencias de prioridades en materia geo-económicas de los mismos, así como en sus relaciones vis-à-vis los Estados Unidos y la República Popular de China, (Denoon, 2017).
¿Hacia un nuevo enfoque de seguridad hemisférica?
Aunque el análisis presentado se enfoca en el escenario en el que los países adherentes participan en la fuerza integral, es importante considerar ciertos puntos antes de analizar los posibles posicionamientos sobre el tema, ya sea desde la perspectiva de un analista o un practicante sobre la materia.
La Declaración de Brasilia, aprobada durante la XV CMDA el 28 de julio de 2022, establece en su quinto párrafo el mandato de considerar en el futuro el tema propuesto por la Delegación de los EUA sobre la fuerza integral y la disuasión integrada:
Su reconocimiento de que la disuasión integrada proporciona un marco para mantener la paz y la estabilidad en el Hemisferio Occidental, dando prioridad a la cooperación regional en todos los ámbitos de la defensa y de la seguridad, bien como reduciendo las barreras al intercambio de información y capacidades, y tal concepto será́ referido a la Junta Interamericana de Defensa (JID) para estudios posteriores, como recomendado por el Grupo de Trabajo.
Este mandato de la CMDA permite que la JID, organismo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) desde 2006, que tiene como misión brindar asesoría a la OEA en temas relacionados con asuntos militares y de defensa y asegurar una buena relación civil-militar, considere detalladamente el tema. Para sustentar una posición de los países adherentes sobre la propuesta de la Delegación de los EUA, es necesario realizar un debate en los órganos legislativos respectivos y en las principales instancias de seguridad nacional, a fin de valorar la postura desde las diferentes partes involucradas.
El análisis que realice la JID en cuanto a la propuesta de la fuerza integral para la disuasión integrada o descentralizada deberá ser examinado posteriormente por los Estados Partes de la OEA. Por tanto, hay margen para conocer las posiciones nacionales y proponer una posición común en la JID, que enviará un informe al órgano correspondiente de la OEA.
Es importante tener en consideración que la propuesta de la Delegación de los EUA en la CMDA, es posterior al inició de la invasión de Rusia a Ucrania (febrero de 2022) y la publicación del nuevo concepto estratégico de la OTAN “Enfoque de 360 grados” (junio 2022).
Desde la administración del presidente de los EUA Barack Obama, varias ediciones de la Estrategia de Seguridad Nacional han destacado la importancia de compartir las responsabilidades y costos en materia de seguridad con aliados y países afines a los Estados Unidos. La propuesta de una fuerza integral para la disuasión integrada incluye tanto a aliados como a países socios.
Es importante tener en cuenta que la Declaración de Brasilia reconoce “su compromiso con la Declaración sobre Seguridad en las Américas de octubre de 2003”. En esta declaración de 2003 se enumeran los valores y enfoques comunes que son la base de la “cooperación para enfrentar amenazas tradicionales y nuevas amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad”. Entre estos valores están (OEA, 2003):
Cada Estado tiene el derecho soberano de identificar sus propias prioridades nacionales de seguridad y definir las estrategias, planes y acciones para hacer frente a las amenazas a su seguridad, conforme a su ordenamiento jurídico, y con el pleno respeto del derecho internacional y las normas y principios de la Carta de la OEA y la Carta de las Naciones Unidas.
La subordinación constitucional de todas las instituciones del Estado a la autoridad civil legalmente constituida y el respeto del estado de derecho por todas las entidades y sectores de la sociedad son valores fundamentales y contribuyen a la estabilidad y la paz de los Estados del Hemisferio.
Es fundamental destacar que los valores compartidos y enfoques comunes mencionados en la Declaración de Seguridad en las Américas de 2003 se centraron en la aparición de riesgos y amenazas generados desde el interior de un Estado. Sin embargo, es importante señalar que este enfoque puede requerir ajustes y actualizaciones en caso de que surjan hipotéticas situaciones de riesgo y amenazas originadas en el exterior, no solo por parte de Estados, sino también en el entorno de seguridad continental. Este análisis debe ser objeto de una revisión constante, con el fin de estar preparados para enfrentar diversos escenarios y desafíos en materia de seguridad.
Asimismo, los aspectos relacionados con la seguridad hemisférica que se discuten actualmente debido a los efectos de la pandemia de la COVID-19 deben ser considerados. La decisión de la OEA del 21 de octubre de 2020 de estudiar la posibilidad de redefinir el concepto de “seguridad hemisférica” en respuesta a la amenaza de la COVID-19 y la creciente presencia del crimen organizado es un ejemplo de ello.
En marzo y abril de 2021, la Comisión de Seguridad Hemisférica evidenció la falta de consenso sobre este tema y se decidió que la discusión se retomaría después de la Cumbre de las Américas, celebrada en Los Ángeles, EUA, del 6 al 10 de junio de 2022. Tras la Cumbre de las Américas y la XV CMDA, el 25 de agosto de 2022 se encomendó a la JID realizar un estudio sobre la posibilidad de reformar el concepto de seguridad hemisférica y estudiar el fortalecimiento del concepto de disuasión integrada. Esto abre la posibilidad de que este concepto se discuta y, en caso necesario, se integre a una nueva definición de seguridad hemisférica, lo que es crucial para estar preparados ante los distintos retos y situaciones que puedan presentarse en materia de seguridad.
Conclusiones
La participación de las fuerzas armadas de los potenciales países adherentes en la fuerza integral tendría implicaciones significativas en materia de política, presupuesto, doctrina, adiestramiento, orgánica, logística, equipamiento e infraestructura. Esto impulsaría una modernización y transformación militar que permitiría incrementar la interoperabilidad y operar bajo la lógica de las operaciones multidominio.
Aunque esta propuesta no se considera compatible con la posición histórica, política e ideológica de diversos países de la región en materia de seguridad y defensa, el escenario de conflicto global y la amenaza que representa para los intereses y objetivos de los países de la región justificarían una posible incorporación a la fuerza integral para emprender una disuasión estratégica de tipo integrada.
En cuanto a la relación bilateral con los EUA, se observan efectos favorables limitados en sectores específicos para los intereses de los potenciales países adherentes, partiendo del cambio de rol de socio a aliado y bajo la lógica de compartimentalización de las respectivas agendas bilaterales. En cuanto a las relaciones multilaterales, se observa la necesidad de ajustar los marcos bilaterales teniendo en cuenta la división que generaría la resolución de la conformación de la fuerza integral y la redefinición del concepto de seguridad hemisférica.
Es importante tener en cuenta que la postura adoptada por los potenciales países adherentes debe ser guiada por una perspectiva estratégica de seguridad y la consideración de los intereses nacionales a mediano y largo plazo. Además, deben considerar su potencial papel como punto de conexión o vínculo entre el norte y el sur del continente americano.
Sin embargo, esta propuesta también podría elevar tensiones dentro del propio sistema interamericano, y las divisiones definidas por las relaciones de competencia intra-regional o multilateralismos asimétricos con las potencias entre los mismos. Cualquier decisión al respecto de esta estratégia común de defensa debe ser cuidadosamente evaluada y considerada, teniendo en cuenta los intereses nacionales y regionales, así como las implicaciones a largo plazo en materia de seguridad y defensa.
Por último, la incorporación de los países adherentes a la fuerza integral podría ser selectiva, basándose en su capacidad para abordar riesgos y amenazas comunes, incluyendo el crimen organizado transnacional, el sector energético, los recursos hídricos, el cambio climático y los flujos migratorios irregulares.
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y no representan la posición, postura u opinión de ninguna institución.
Sobre los autores:
Dr. Carlos Alberto Barrera Franco es Profesor – Investigador del Instituto Mexicano de Estudios Estratégicos para la Seguridad y Defensa Nacionales, y Doctor en Estudios de la Guerra por la Universidad de Glasgow, Escocia.
Manuel Abdullah Carranza Vázquez es Investigador en temas de seguridad y defensa, The Citadel – Colegio Militar de Carolina del Sur.
Referencias:
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[1] El término “riesgo estratégico” se refiere a los factores internos y externos que pueden dificultar, o incluso imposibilitar, que un Estado o alianza alcance sus objetivos y metas estratégicas (DoD, 2019: pág. VI-1).
[2] Desde la perspectiva doctrinaria del DoD, el concepto “continuo operativo” refiere a la idea de un espectro dinámico que consta de tres entornos: competencia en tiempo de paz, conflicto y guerra. Dentro de este continuo, los EUA pueden encontrarse compitiendo en tiempos de paz con una nación y en guerra con otra nación, mientras está en conflicto con otra nación, todo al mismo tiempo. Además, como lo revelan las misiones de contingencia en tiempo de paz, el continuo operativo no es un espacio de un solo sentido, sino un espectro de múltiples caminos que permite que las operaciones fluyan en todas las direcciones (DoD, 1991: pág. 1-4).
[3] La idea del “conflicto en la zona gris” fue incluido por primera vez en la Quadrennial Defense Review de los EUA de 2010, y con el que se alude al espectro del conflicto político que separa la paz (blanco) de la guerra (negro). La zona gris es un espacio intermedio en el espectro de conflicto político que separa la competición acorde con las pautas convencionales de hacer política, del enfrentamiento armado directo y continuado. El conflicto en la zona gris gira en torno a una incompatibilidad relevante para al menos uno de los actores. Las estrategias utilizadas son multidimensionales, de implementación gradual y con objetivos a largo plazo (DoD, 2010: pág. 73).
[4] Los casos Ucrania-Rusia, Taiwán-China e Irán-Israel ilustran esta situación. Adicionalmente, se observan crecientes tensiones que pudiesen escalar entre Azerbaiyán-Armenia, Serbia-Kosovo, Grecia-Turquía, India-China, Australia-China, así como conflictos no resueltos en Yemen, Afganistán, Etiopía, Palestina, Haití, Myanmar y diversos países africanos.
Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

