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Disuasión en la zona gris: una valoración exploratoria aplicada a Ceuta y Melilla

https://global-strategy.org/disuasion-zona-gris-ceuta-melilla/ Disuasión en la zona gris: una valoración exploratoria aplicada a Ceuta y Melilla 2021-06-16 12:26:33 Javier Jordán Blog post Global Strategy Reports Política de Defensa España Zona gris y estrategias híbridas
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Global Strategy Report, 28/2021

Resumen: La disuasión juega un papel fundamental a la hora de contrarrestar las estrategias híbridas propias de los conflictos en la zona gris. La entrada irregular de miles de personas en Ceuta a mediados de mayo de 2021, favorecida por las autoridades marroquíes, fue una acción híbrida que combinó el empleo de instrumentos de poder sociales, mediáticos, políticos, policiales y diplomáticos para generar efectos coercitivos contra el Gobierno español. A raíz de ese episodio es oportuno preguntarse por la efectividad de la disuasión española para evitar nuevos incidentes en la zona gris. Este informe responde de manera exploratoria utilizando siete criterios de valoración.


La disuasión es un ejercicio de influencia. Quien disuade trata de alterar el cálculo costes-beneficios del potencial agresor. Puede hacerlo mediante la negación, convirtiendo en inviable o en sumamente costosa la consecución de determinadas ganancias. También puede disuadir en base a represalias que provoquen un saldo negativo en la cuenta del potencial agresor. En cualquiera de las dos opciones la disuasión requiere tres elementos: comunicación, capacidad y credibilidad (King, 2018; MCDC, 2019: 35). Debido a su fuerte componente psicológico –antes que material–, la disuasión tiene como centro el actor a disuadir y sus circunstancias. Por ello está sujeta al contexto y requiere un conocimiento profundo de aquel al que se disuade, del cómo, cuándo y por qué (Gray, 2000: 255).

Los conflictos en la zona gris plantean retos particulares a la práctica de la disuasión (Green et alii, 2017: 21-50; Abbasi, 2020). En la primera parte de este breve artículo voy a exponer dichos desafíos, las consecuencias que de ellos se derivan y los criterios para ejercer una disuasión efectiva adaptada a la zona gris. Posteriormente aplicaré esos criterios al caso de Marruecos-España en lo referido a Ceuta y Melilla. Comencemos por los desafíos:

Por qué es difícil disuadir las acciones en la zona gris

En trabajos previos he profundizado sobre la naturaleza del conflicto en la zona gris (por ejemplo, en este artículo o en esta conferencia) así que no me extenderé al respecto. Es suficiente recordar cuatro características de la zona gris que afectan a la disuasión:

  • Ambigüedad. La agresión se justifica con razones de diversa naturaleza (legal, económica, humanitaria, de seguridad, etc.) con el propósito de enmascarar la intencionalidad hostil. Se dificulta así la defensa del agredido, que al responder será acusado de sobrerreaccionar.
  • No atribución. Aunque no siempre es factible, el agresor en la zona gris procura ocultar su autoría –en refuerzo de la ambigüedad– recurriendo a terceras partes o negando oficialmente su responsabilidad última. Con ello trata de eludir la respuesta del agredido y de deslegitimarla en caso de que se materialice.
  • Gradualismo. El agresor pretende alterar el statu quo a su favor de manera paulatina, mediante la acumulación de acciones y efectos. Se esconde en tácticas de erosión cuyo desenmascaramiento exige reconocer patrones y discriminar entre falsos positivos y genuinas acciones hostiles. A la vez, el gradualismo facilita que el agresor califique como desproporcionadas las respuestas contundentes del agredido.
  • Estrategias híbridas, mayoritariamente no militares ni violentas. El agresor trata de desgastar y de ejercer coerción mediante instrumentos de poder poco provocativos (si se comparan con una agresión armada convencional o irregular). Esto condiciona la respuesta del agredido ya que, aunque cuente con superioridad militar, ha de realizar un empleo muy sutil de ella para no ser acusado de sobrerreacción. A ello se suma la dificultad de articular una respuesta coherente frente a la variedad de herramientas empleadas por el agresor. Máxime si los Ministerios involucrados –y en especial sus responsables políticos– no conocen o no comprenden el marco de la zona gris y de las estrategias híbridas.

De estas características se derivan una seria de consecuencias que afectan a la disuasión:

  • Al dificultar una disuasión efectiva, se altera el cálculo de costes (a la baja) y beneficios del agresor. Operar en la zona gris entraña menos riesgos que escalar desde el inicio al conflicto armado.
  • En el corto plazo, muchas de las acciones hostiles solo amenazan intereses secundarios del agredido (aunque de manera acumulada y a largo plazo sí atenten contra intereses vitales). La asimetría de intereses reduce la credibilidad de la disuasión en lo que respecta a esas acciones concretas. Más aún si hay un histórico de respuesta deficiente por parte del agredido, o si dicha respuesta tiene un coste elevado para quien se defiende (Mazarr et alii, 2021: 10).
  • Es muy difícil –a menudo sencillamente imposible– disuadir las acciones hostiles en los niveles inferiores de la zona gris (Mazarr et alii, 2021: 2). En un artículo anterior analicé la escalada en los conflictos en la zona gris. A partir de los cuatro niveles planteados en él, la disuasión sería dudosamente efectiva en los dos primeros estadios (configuración del entorno y algunas acciones de interferencia), mientras que tendría más probabilidades de éxito en los dos superiores (desestabilización y empleo directo, puntual y limitado de la fuerza). ¿Significa esto que no pueda hacerse nada frente a las acciones de los dos primeros niveles? En absoluto. Aunque sea difícil o impracticable evitar la materialización de dichas acciones, sí se puede competir para neutralizar sus efectos, obteniendo incluso ventaja estratégica sobre el agresor. Posteriormente volveré sobre esta cuestión aplicada a Ceuta y Melilla.
  • La disuasión por negación tiene menos probabilidades de éxito. Por un lado, porque el agresor diseñará su estrategia multidimensional explotando las vulnerabilidades de su oponente, y todo Estado tiene numerosos puntos débiles. Por otra parte, porque la amplia gama de potenciales acciones híbridas (derivadas de la creatividad del agresor y de la combinación de sus instrumentos de poder) impide el desarrollo de capacidades defensivas robustas en todos los frentes.
  • Como consecuencia, la disuasión en la zona gris se ejerce principalmente mediante la amenaza de represalia, lo cual exige un plus de credibilidad para que resulte efectiva (Freedman, 2004: 39).

Cómo valorar la efectividad de la disuasión en la zona gris

El informe de la RAND Corporation What Deters and Why  Applying a Framework to Assess Deterrence of Gray Zone Aggression propone una serie de criterios para estimar la solidez de la disuasión en contextos de zona gris (Mazarr et alii, 2021: 8). El estudio se centra en la disuasión ejercida por Estados Unidos en el marco de su arquitectura de alianzas, por lo que requiere cierta adaptación cuando se aplica al caso de España. Una vez hecho el reajuste, los criterios son los siguientes:

  • Motivación del agresor. Al tratarse de un ejercicio de influencia, la efectividad de la disuasión depende en buena medida del valor que el potencial agresor conceda a las potenciales ganancias. También de las presiones políticas internas que impulsen su actuación (por ejemplo, transmitir una imagen de fuerza en su acción exterior o desviar la atención de problemas internos). Asimismo, dependerá del sentido de urgencia a la hora de alcanzar los objetivos y de la percepción de amenaza inminente si el agresor entiende la acción como una medida defensiva. Como consecuencia de todo ello puede haber casos en que nos encontremos ante oponentes no disuadibles.
  • Atribución de autoría. La disuasión requiere una dirección de destino. Su efectividad está sujeta a la posibilidad de determinar y probar el rol desempeñado por el actor al que se pretende disuadir. Esto puede verse facilitado por el historial previo de ese actor, por el grado de control que ejerce sobre las acciones híbridas identificadas y por el recurso habitual a intermediarios que desdibujen su responsabilidad.
  • Nivel de agresión. Como hemos visto anteriormente, la disuasión es más difícil en el nivel inferior de la escalada en la zona gris (configuración del entorno y algunas acciones de interferencia) pero gana en viabilidad frente acciones más agresivas o que desafíen de manera palpable el statu quo. Es más fácil disuadir para que no se escale a esos niveles.
  • Claridad y firmeza de quien disuade. La efectividad de la disuasión está sujeta al trazado de líneas rojas, transmitidas de manera pública o discreta, y a actuaciones políticas coherentes con ellas.
  • Capacidad de respuesta proporcionada. La disuasión militar continúa siendo imprescindible para que el conflicto se mantenga dentro de los límites de la zona gris (MCDC, 2019: 40-41). Y al mismo tiempo la disuasión será más efectiva si se cuenta con un abanico amplio de opciones que permitan responder de manera rápida y flexible.
  • Respaldo internacional a la disuasión. Depende de la fortaleza de los argumentos esgrimidos tanto por el agresor como por quien disuade, del nivel de aceptación internacional de las diferentes ‘narrativas’ sobre el conflicto, y de la red de alianzas de las partes enfrentadas.
  • Expectativas de respuesta a partir de experiencias previas. La credibilidad de la disuasión se ve condicionada por el histórico de interacciones y por la percepción del agresor sobre la probabilidad de que se vayan a producir o no respuestas decisivas por parte del agredido.

Una valoración de la disuasión de España frente a las acciones híbridas de Marruecos sobre Ceuta y Melilla

La entrada ilegal de varios miles de personas en Ceuta entre los días 17 y 18 del pasado mes de mayo fue una acción híbrida del régimen marroquí como respuesta a la hospitalización del secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali. Desde la perspectiva de este artículo, el episodio supuso un fracaso de la disuasión española.

Ya hemos señalado que la disuasión no siempre es posible en los niveles inferiores de la zona gris. En un artículo anterior comenté las estrategias híbridas de Marruecos sobre Ceuta y Melilla (político-mediáticas, económicas, migratorias, etc.). Frente a ellas es más efectiva la competición que la disuasión: contrarrestando la narrativa de Marruecos, potenciando las oportunidades económicas de ambas ciudades, reduciendo su dependencia del comercio al otro lado de la frontera, visibilizando tanto su españolidad como la presencia del Estado, reforzando su estatus dentro de la Unión Europea, etc.

La entrada masiva e irregular en Ceuta permitida y alentada por las fuerzas de seguridad marroquíes supuso un salto en la escala, pasándose del nivel de configuración del entorno al de interferencia (para categorizarlo como desestabilización tendría que haber ido acompañado de acciones violentas continuadas por parte de quienes entraron). En dicho nivel de interferencia la disuasión también es difícil porque el cálculo de costes-beneficios continúa siendo rentable para el agresor. Pero esto no supone caer en el fatalismo o en la inacción. La disuasión ante futuros actos hostiles depende del historial de interacciones previas. El incidente de Perejil en julio de 2002 también significó una escalada por parte de Marruecos pero la respuesta española de aquel momento revirtió con éxito la situación y trazó una línea roja frente a nuevas tácticas de erosión contra la integridad territorial de España en el norte de África.

Por ello, lo recomendable ante la acción híbrida en Ceuta es una represalia no escalatoria que refuerce la disuasión de cara al futuro. Que en mitad de aquella crisis el Consejo de Ministros español aprobase la concesión de 20 millones de euros (¡para financiar el despliegue marroquí en la frontera!) fue una actuación en sentido contrario. Se envió un mensaje cuanto menos equívoco sobre la firmeza de la determinación española, por mucho que la aprobación de esa ayuda ya estuviera prevista con anterioridad o que fuera acompañada de declaraciones tajantes por parte del Gobierno español sobre la defensa de la integridad territorial de Ceuta. La credibilidad de la disuasión quedaba comprometida.

Sin embargo, la acción híbrida ha acabado teniendo costes para el propio Gobierno marroquí al utilizar a inmigrantes como herramienta política-diplomática, y especialmente a menores. Esto ha facilitado construir un relato contrario a los intereses del régimen marroquí que ha tenido eco en los medios de comunicación españoles y en menor medida en la prensa internacional (como ejemplo, este editorial de Le Monde). Y, entre otros, muchos marroquíes ilustrados siguen esos medios.

En una línea similar, y con mayor peso político, la moción conjunta aprobada por el Parlamento Europeo el pasado 9 de junio afeó públicamente la conducta de Marruecos por instrumentalizar a su propia población, y le acusó expresamente de estar detrás del incidente, desenmascarando de este modo la pretendida no atribución del gobierno marroquí.

La acción híbrida también ha tenido como consecuencia no querida que el Gobierno español esté considerando suprimir el régimen especial de Ceuta y Melilla con el fin de que se integren plenamente al espacio Schengen. Además de ‘europeizar’ ambas ciudades, esta medida conllevará la exigencia de visado a los ciudadanos marroquíes que viven en los alrededores, por lo que tendrán más dificultades a la hora de beneficiarse de algunos de los servicios públicos españoles, por ejemplo en materia de sanidad. En una línea similar, el gobierno español también está sopesando la petición del despliegue permanente de funcionarios de Frontex para visualizar que Ceuta y Melilla son frontera y territorios de la Unión.

De manera consciente o no, todas estas medidas tienen un componente de represalia que afectará a los cálculos marroquíes antes de embarcarse en nuevos episodios contrarios a los intereses de España. Pero más allá de este caso concreto, lo ocurrido invita a preguntarse por la disuasión española ante futuras acciones híbridas de Marruecos en los niveles más elevados de la zona gris contra las ciudades de Ceuta y Melilla. Para ello utilizaré los criterios adaptados del informe de la RAND Corporation.

Como muestra la tabla, la estimación general tiende al nivel intermedio. Sería exagerado calificarla de baja porque en tal caso las acciones híbridas en los niveles más elevados de la zona gris serían la norma. Mientras que lo que se constata son acciones en los niveles inferiores, que como ya he señalado son difícilmente disuadibles.

Marruecos ha manifestado pública y repetidamente su intención de hacerse con Ceuta y Melilla. Sin embargo, no tiene urgencia. Que sea un objetivo a largo plazo facilita disuadir las acciones más agresivas en la zona gris, ya que el cálculo de costes y beneficios da más valor a las consecuencias negativas. Esta circunstancia no es suficiente para evitar las acciones en los niveles más bajos de la escala pero sí disuade de jugadas más atrevidas.

La atribución de autoría es en teoría fácil para España. Otra cosa es hasta qué punto los responsables políticos de los diferentes ministerios y de los distintos niveles de gobierno (la percepción en las presidencias de las respectivas ciudades autónomas es naturalmente distinta a la que se tiene en Madrid) interpretan las acciones marroquíes desde la perspectiva de las amenazas híbridas y de la zona gris. Dejo la pregunta abierta.

En cuanto al nivel de agresión, Marruecos está operando mayoritariamente en el primer nivel de escalada de la zona gris. Perejil (2002) y el incidente de Ceuta (2021) han sido excepciones. La efectividad de la disuasión es por tanto mixta: muy baja para evitar la configuración del entorno por parte de Marruecos y, por el momento, relativamente adecuada para desalentar acciones más agresivas.

En el cuarto criterio, claridad y firmeza de quien disuade, el resultado también es ambiguo. Por un lado, las declaraciones públicas sobre la españolidad de ambas ciudades por los distintos gobiernos españoles han sido tradicionalmente nítidas. No es una cuestión negociable. De hecho, se han vuelto a confirmar durante la crisis de mayo. Sin embargo, a la hora de competir y contrarrestar las acciones marroquíes en la configuración del entorno, la respuesta española ha sido habitualmente tibia, tratando de evitar problemas con Marruecos. Por ejemplo, cuando a finales de 2011 la Asamblea de Ceuta aprobó por unanimidad su incorporación a la unión aduanera, el Gobierno español de aquel momento no solo no tramitó la petición sino que trató de persuadir al presidente de la ciudad autónoma para que no siguiera adelante con el fin de no molestar a Rabat. El intento de reducir riesgos a toda costa acaba debilitando a la disuasión (Schelling, 1976: 96-97).

En lo que respecta a instrumentos de respuesta, España mantiene relaciones estrechas con Marruecos en numerosos ámbitos de interés común. Aunque en algunos como migración y cooperación antiterrorista, el Gobierno marroquí tiene una posición ventajosa; en otros donde por ejemplo pesa más el factor económico, la capacidad de hacer palanca depende de la voluntad del Gobierno español. Al mismo tiempo, España como miembro de la Unión Europea podría modular su apoyo o, por el contrario, recurrir al veto para asuntos que interesen sensiblemente a Marruecos. Por tanto, este criterio jugaría a favor de la disuasión española siempre que haya voluntad política para activar esos instrumentos de respuesta de manera coherente.

El criterio relativo al apoyo internacional se ve afectado negativamente por la escasa atención que las élites políticas españolas dedican en general a la acción exterior. Este problema va camino de hacerse estructural (sirva de ejemplo la ausencia clamorosa de la acción exterior en la estrategia España 2050) y convierte a nuestro país en un actor poco relevante en la esfera internacional. Para Estados Unidos, Marruecos es un aliado clave dentro de su política regional en el norte de África y Oriente Medio, mientras que España es un país menor de la Unión Europea que no da problemas pero que tampoco requiere particular atención. En cuanto a Francia, España es vista como un competidor en sus relaciones con Marruecos y no cabe esperar su ayuda en un contencioso con Rabat. Y respecto a la Unión Europea, aunque su Parlamento ha aprobado la moción conjunta contraria a la actuación marroquí en la crisis de Ceuta, el recuento de votos ofrece matices interesantes si se compara con la votación de la misma Cámara en una moción contra Turquía a favor de Grecia en septiembre de 2020: España fue respaldada por 397 eurodiputados, mientras que Grecia recibió el apoyo de 601.

Por último, y como consecuencia de todo lo anterior, resulta muy difícil determinar la percepción marroquí sobre la credibilidad de España a la hora de responder a acciones híbridas agresivas. Sin embargo, ya que de facto es casi imposible disuadir las acciones en el escalón más bajo de la zona gris, y que los Gobiernos de España apenas han competido en ese nivel (al menos hasta ahora), cabe asumir que los decisores marroquíes seguirán prefiriendo las acciones híbridas de configuración del entorno a largo plazo (nivel inferior del conflicto). De ahí la conveniencia de competir y contrarrestar ese tipo de actuaciones.

En principio los decisores marroquíes se abstendrán de escalar. Eso sí, salvo que se presenten ventanas de oportunidad que afecten negativamente a varios de los criterios señalados, y que quiebren en consecuencia la efectividad de la disuasión española. Para prevenirlo, sería recomendable una actitud vigilante y proactiva por parte de los decisores españoles.

Referencias

Abbasi, Rizwana, (2020) “New Warfare Domains and the Deterrence Theory Crisis”, E-International Relations, May 13.

Freedman, Lawrence (2004), Deterrence, Cambridge: Polity Press.

Gray, Colin S. (2000) “Deterrence in the 21st Century”, Comparative Strategy, Vol. 19, No 3, pp. 255-261.

Green, Michael, Hicks Kathleen, Cooper, Zack, Schaus, John & Douglas Jake (2017), Countering Coercion in Maritime Asia, Washington DC: Center for Strategic and International Studies.

King, Mallory (2018), New Challenges in Cross-Domain Deterrence, Santa Monica: RAND Corporation.

Mazarr, Michael J., Cheravitch, Joe, Hornung, Jeffrey W., & Pezard, Stephanie (2021), What Deters and Why Applying a Framework to Assess Deterrence of Gray Zone Aggression, Santa Monica: RAND Corporation.

Multinational Capability Development Campaign (MCDC) (2019), Countering Hybrid Warfare, MCDC Countering Hybrid Warfare Project.

Schelling Thomas C. (1976), Arms and Influence New Haven: Yale University Press.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Javier Jordán

Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada y Director de Global Strategy

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