Desde el punto de vista académico los estudios estratégicos se insertan dentro de los estudios sobre política internacional (con denominaciones diversas que van desde relaciones internacionales a estudios globales) y, a la vez, se distinguen por centrar su atención en el poder militar como herramienta política.
Como consecuencia, poseer conocimientos de Ciencia Política y Relaciones Internacionales constituye una condición necesaria pero no suficiente para investigar sobre estudios estratégicos. Se requiere además cierta soltura en el análisis de las capacidades militares y con los distintos modos como estas pueden ser empleadas. Al decir capacidad, lo hago en el sentido técnico del término, particularmente en componentes clave como son los materiales, la doctrina y la orgánica.
La guerra de Ucrania es una buena prueba de ello. El conflicto se puede analizar desde distintas perspectivas; y sin duda los especialistas en relaciones internacionales tienen mucho que decir sobre cuestiones diplomáticas, organizaciones internacionales y relaciones entre potencias. Sin embargo, pronto se advierte un solapamiento propio de un diagrama de Venn entre esas cuestiones y otras de carácter militar, como por ejemplo la utilidad de los distintos sistemas de armas entregados a Ucrania o las implicaciones de las carencias militares de los países europeos. Sobre esos temas, y más aún al analizar los aspectos operacionales y tácticos de la marcha de la guerra, se requiere un bagaje de conocimientos que sólo se adquiere en el ámbito puramente militar o en los estudios estratégicos.
Los investigadores civiles tienen varias puertas de entrada en un campo de estudio que sólo se enseña manera reglada en las academias y en los centros militares de estudios superiores. Lógicamente, no se trata de adquirir los conocimientos profesionales de un militar, sino de entender aspectos esenciales de las diferentes capacidades y de las operaciones militares.
La primera vía para iniciarse en estos temas es aprendiendo sobre los sistemas de armas (‘el hierro’), que es como seguramente lo hicimos muchos de los que nos sentimos atraídos por estos temas desde muy corta edad. Afortunadamente, hoy existen múltiples canales en español (como por ejemplo Cosas Militares, Trufault, Por Tierra, Mar y Aire, Crónicas Militares o la revista Ejércitos) donde iniciarse de manera progresiva y gratuita. Algo que por razones obvias no teníamos hace décadas, cuando la principal manera de aprender era a través de revistas coleccionables.
Un segundo camino, que suele ir de la mano del primero, es aprender de la mano de la historia militar. La Segunda Guerra Mundial constituye en mi opinión el ‘código fuente’. Y a continuación conviene familiarizarse con operaciones desarrolladas en las guerras de Corea, Vietnam, árabe-israelíes, Malvinas, las diferentes guerras del Golfo, hasta las campañas más recientes en Afganistán e Irak. Es la manera más natural a la hora de entender el empleo de las distintas capacidades en los niveles estratégico, operacional y táctico. Además de la infinidad de fuentes en inglés en múltiples formatos, también se ha avanzado mucho en español con editoriales especializadas como Desperta Ferro y ediciones Salamina, y con podcast como HistoCast o Bellumartis, por citar dos amigos, de los muchos y buenos que hay dedicados a historia militar.
Una tercera opción, complementaria a las dos primeras, es a través de los juegos de guerra. Sobre el wargaming ya he hablado en otro artículo y en este podcast, además de que Global Strategy cuenta con un apartado con propuestas didácticas al respecto. Con este post añado una nueva experiencia donde utilizo el programa Command Modern Operations (CMO) como parte de un ejercicio que tiene como finalidad introducir a los alumnos en el (a primera vista) arcano mundo de las capacidades y operaciones militares.
Lo ideal sería jugar una partida completa con un grupo reducido de alumnos. Pero eso resulta inviable en el contexto donde se lleva a cabo el ejercicio. Se trata de la asignatura de 4º de Grado de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada, con más de cincuenta participantes en la modalidad de seminarios y con un tiempo limitado de una semana por seminario teórico-práctico. Esto supone tres clases de un par de horas de duración cada una, que además del ejercicio incluyen una introducción teórica sobre capacidades militares y una conclusión también teórica sobre procesos de cambio militar. Por tanto, en lugar de utilizar el CMO a la manera tradicional, he optado por realizar un juego-seminario (table top exercise) donde los alumnos, divididos en equipos, asumen roles diferentes y discuten alternativas de acción a partir de un escenario ficticio proporcionado por el CMO.
En este ejercicio hemos utilizado como escenario la operación Brass Drum donde una fuerza aeronaval norteamericana debe romper el bloqueo impuesto por Irán en el estrecho de Ormuz. El jugador humano es Estados Unidos e Irán es operado por la inteligencia artificial del juego. Se trata de un escenario donde Irán cuenta con medios reales, disponibles actualmente en su arsenal, y con otros hipotéticos adquiridos a China que le permiten implementar una estrategia anti-acceso y de denegación de área (A2/AD). Por su parte, la fuerza aeronaval de Estados Unidos sólo dispone de un grupo de combate de portaviones en la zona, además de otras agrupaciones menores, por lo que el escenario entraña cierta dificultad.
Como en el resto de los seminarios de la asignatura, el trabajo en el aula va precedido de algunas lecturas. En este caso, además de las lecturas teóricas propias del temario, se incluye como documentación específica un artículo de Guillem Colom sobre las estrategias A2/AD, además de la descripción completa del escenario y del orden de batalla de los dos bandos enfrentados.
Las fuerzas norteamericanas se dividen en tres agrupaciones navales: 1) la más cercana al estrecho de Ormuz encargada de forzar el paso, en torno al destructor USS Zumwalt; 2) el grupo de combate de portaviones en torno al USS George Bush y 3) otra agrupación anfibia de apoyo en torno al USS America, que incluye entre sus aeronaves seis F-35B. A estas tres agrupaciones se añade el submarino nuclear Texas de la clase Virginia, ocho drones MQ-4C Triton, tres aviones de patrulla marítima P-8A Poseidon, más algunos aviones de reabastecimiento en vuelo, basados todos ellos en Yibuti y Diego García.
Los alumnos se dividen en cinco equipos, con funciones específicas: 1) Inteligencia, 2) Defensa aérea; 3) Guerra naval en superficie; 4) Ataque a objetivos terrestres y 5) Guerra antisubmarinas y guerra contraminas.
El ejercicio ocupa aproximadamente cuatro horas (las otras dos se dedican a teoría al comienzo y final del seminario), durante las cuales los alumnos llevan a cabo las siguientes tareas:
En primer lugar, identificar de qué medios disponen para llevar a cabo su función. Para ello deben consultar fuentes externas (por razones prácticas, Wikipedia en inglés) para saber qué es y que tareas puede desempeñar cada uno de los medios enumerados en el orden de batalla estadounidense. Teniendo en cuenta que para la mayoría es la primera aproximación a los sistemas militares, esta tarea requiere al menos una hora de trabajo en equipo. La identificación también incluye el nivel de disponibilidad de los medios aéreos y la configuración con la que se encuentran armados en este escenario consultándolo en el CMO, tal como aparece en la siguiente imagen.
Durante esta primera fase, el equipo de Inteligencia tiene como misión construir una imagen de conjunto de las capacidades iraníes. Para ello, debe interpretar en primer lugar el orden de batalla proporcionado por el escenario (qué es y qué puede hacer cada sistema de armas). A continuación, se pone en marcha el CMO, activando el radar de exploración de uno de los MQ-4C Triton ya en vuelo al comienzo del escenario, así como los de sistemas de escucha electrónica de los buques norteamericanos. En cuestión de minutos, conforme el radar del Triton barre el estrecho de Ormuz, se obtienen numerosos detalles del despliegue iraní. Con esta inteligencia se puede pasar a la siguiente fase.
En la segunda fase del ejercicio los alumnos tienen que identificar los dilemas que plantean los componentes del A2/AD iraní y a partir de ellos proponer cursos de acción que traten de resolverlos y de crear dilemas, a su vez, a las fuerzas iraníes. Por ejemplo, algunas zonas del estrecho de Ormuz se encuentran minadas al alcance de las baterías de misiles antiaéreos y antibuque situadas en tierra, lo que dificulta la operación de los medios de guerra contraminas. Sucede algo similar con el submarino clase Kilo iraní. Es posible que se encuentre en alta mar pero también podría estar acechando en las proximidades del estrecho, bajo la cobertura de medios antiaéreos que hagan imposible la operación de los P-8A Poseidon y de los MH-60R Seahawk embarcados. Por otra parte, la defensa antiaérea iraní se encuentra desplegada en capas protegiendo objetivos de alto valor, lo cual hace muy probable el derribo de algunos de los misiles Tomahawk lanzados desde los buques. Esto se puede sortear mediante ataques de saturación pero a su vez el número de misiles disponibles es limitado… etc.
La fase de identificación de dilemas y de propuesta de cursos de acción constituye el núcleo del table top exercise. Cada equipo prepara por su cuenta un primer borrador de dilemas y cursos de acción, consultando a la vez al equipo de Inteligencia. Posteriormente, en una puesta en común en sesión plenaria se establece un diálogo entre los diferentes equipos facilitado por el profesor. En la pantalla del aula se proyecta el escenario estático del CMO para el coloquio sobre los detalles geográficos y el despliegue de fuerzas sea fácil de seguir.
Lo ideal sería sumar una tercera fase de ejecución de los cursos de acción y de reacción a las contramedidas iraníes, pero haría falta más tiempo y sobre todo un número significativamente menor de alumnos. El CMO exige tiempo y atención para introducir y ejecutar las distintas órdenes, algo que no es viable con varias decenas de alumnos en clase y un escenario que requiere al menos cinco o seis horas de juego.
Pero a pesar de esa limitación, el formato de table top exercise, sumado a las lecturas individuales y la fase de preparación previa en equipos, ofrece un primer acercamiento a las capacidades y operaciones militares, y ayuda a plantar la semilla de la curiosidad sobre estos asuntos. Se podría impartir un contenido similar simplemente con clases teóricas, pero al tratarse de un tema que para la mayoría de los alumnos resulta completamente desconocido, la probabilidad de que se pierdan (y desconecten) al poco de empezar es elevada. Que la primera aproximación a estas cuestiones sea por medio de un escenario del CMO resulta más atractivo y dinámico.

