Global Strategy Report, 15/2025
Resumen: Este artículo da forma a notas y apuntes que he acumulado en la preparación de clases introductorias para el Curso de Especialista Universitario en Defensa Electrónica de la Universidad de Cantabria. En él se analiza el trabajo “Winning the Airwaves” (WAW), publicado hace diez años por el Centre for Strategic and Budgetary Assessments (CSBA). Además, se contextualiza la situación geopolítica existente en el momento de la publicación del trabajo de referencia, vinculándola con la 3ª Estrategia de Compensación. El artículo resume y comenta las tres fases históricas en las que WAW se apoya para explicar la evolución de la competencia en el espectro electromagnético. Asimismo, se examina y analiza la propuesta de Clark y Gunzinger para avanzar en la tercera fase mediante una estrategia basada en operaciones de baja o nula emisión electromagnética, orientada a recuperar la ventaja estadounidense en el dominio del espectro electromagnético. Finalmente, se analiza dicha propuesta a la luz de la evolución observada en los últimos años en la competencia por el espectro electromagnético, especialmente marcada por la guerra de Ucrania y por la relevancia creciente de la inteligencia artificial y de la EW cognitiva.
Se incluye una serie de notas para clarificar o dar mayor desarrollo a algunos puntos abordados en el artículo.
Para citar como referencia: Reyes Rodríguez, Jesús Miguel (2025), “El dominio del especto electromagnético: Diez años después de “Winning the Airwaves” (WAW)”, Global Strategy Report, 15/2025.
Introducción
En un trabajo publicado en 2015 por el Centre for Strategic and Budgetary Assessments CSBA titulado: Winning the Airwaves (Regaining Amarica’s dominance in the Electromagnetic Spectrum), sus autores, Bryan Clark y Mark Gunzinger, diagnosticaban la crítica situación de Estados Unidos para ejercer su dominio en el espectro electromagnético y proponían una estrategia para recuperarlo.
En la asignatura “EW Visión General” del curso de Defensa Electrónica de la Universidad de Cantabria, suelo concluir un recorrido histórico sobre la Guerra Electrónica (Electromagnética) mencionando dicho trabajo. Concretamente, recomiendo a los alumnos la lectura de WAW y, especialmente de su primer capítulo, para que su visión de la historia de la EW no se limite a una simple enumeración de acontecimientos más o menos relevantes, sino que además, puedan establecer conexiones entre esos acontecimientos históricos y comprender cómo la evolución de las capacidades en comunicaciones, sensorización, navegación y EW han ido acompañadas de doctrinas operativas, impulsadas tanto por la necesidad de contrarrestar las ventajas que los nuevos medios ofrecen al adversario como por el desarrollo de sistemas de EW que las hacen posible.
Diez años después de su publicación, considero oportuno realizar un resumen y análisis de su contenido que se recoge en el presente artículo.
Contexto
Para poner este trabajo en contexto, conviene recordar tres hechos relevantes que tenían lugar en el momento de su redacción:
En 2014, Rusia desplegaba sus tropas de forma encubierta en Crimea, mediante los llamados “hombrecillos verdes”, con el fin de bloquear las guarniciones ucranianas y así eliminar cualquier atisbo de oposición a un referéndum que terminaría con la anexión de la península a la Federación Rusa. En esa acción, el empleo de la Guerra Electrónica (EW) por parte de Rusia fue clave para degradar las capacidades de Mando y Control del ejército ucraniano y afectar a la moral de sus tropas.
¿Quieres aprender por tu cuenta sobre #geopolítica y estudios estratégicos? Escucha nuestro archivo de #podcast con invitados militares y académicos https://t.co/YZTorgUSME pic.twitter.com/zlCZO6y7BD
— Global Strategy (@GStrategy_es) December 10, 2023
La preocupación por la pérdida de la ventaja tecnológica estadounidense ya era palpable en esa época. Tras más de una década de operaciones en escenarios asimétricos como Irak y Afganistán, crecía el temor ante el resurgimiento de Rusia y el avance de las capacidades A2/AD de China, una realidad que Sydney J. Freeberg Jr. resumió en un explícito titular de septiembre de 2014 para Breaking Defense: “US Has Lost ‘Dominance In Electromagnetic Spectrum’: Shaffer” [1].
Finalmente, todos estos hechos e inquietudes tomaron forma a finales de 2014, cuando el Pentágono lanzó la “Tercera Estrategia de Compensación” (Third Offset Strategy). Estas iniciativas podemos entenderlas como marcos de planeamiento estratégico de la defensa o como un proceso de innovación que busca mantener o restaurar la supremacía militar ante un desafío o una desventaja percibida frente a sus adversarios.[2]
Con este escenario en mente, analizaremos el trabajo de Bryan Clark y Mark Gunzinger.
Evolución histórica de la GEE
En el primer capítulo de Winning the Airwaves (WAW), los autores presentan la evolución histórica de lo que denominan “Electromagnetic Spectrum Warfare” o Guerra en el Espectro Electromagnético (GEE), entendiendo este concepto como el conjunto de operaciones y medios que utilizan el espectro electromagnético como soporte: comunicaciones, sensorización (radar, sistemas electroópticos, etc.), sistemas de navegación y guerra electrónica (EW). Para explicar cómo ha evolucionado la competencia en la GEE a lo largo de la historia, los autores identifican tres fases principales:
- Active network vs. passive competition (Red activa vs Competición pasiva)
- Active network vs. active competition (Red activa vs Competición activa)
- Stealth vs. low-power network (Sigilo vs red de baja potencia)
Las denominaciones de estas fases resultan poco intuitivas. La tercera es especialmente ambigua, ya que los autores la presentan no como una fase en sí, sino como la antesala de la verdadera fase futura: su propuesta estratégica para que EE.UU. recupere la supremacía en el espectro electromagnético.
A continuación, vamos a tratar de explicarlas y aprovechar la ocasión para introducir algunas reflexiones adicionales.
- Active network vs passive competition. Esta fase abarca el periodo que arranca con el inicio del uso de las radiocomunicaciones y el surgimiento de lo que posteriormente se denominó Guerra Electrónica, durante la guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) [3], hasta los primeros compases de la Segunda Guerra Mundial. Se caracteriza principalmente por la utilización del espectro electromagnético para facilitar las comunicaciones entre observadores, unidades desplegadas y el mando de las operaciones. Aunque en ocasiones se llegó a interferir las comunicaciones enemigas, habitualmente resultaba más valioso detectar, localizar y explotar su contenido que proceder a su interferencia. Por ello, los autores resumen esta idea bajo el concepto de “Active network”, que hace referencia al uso de emisiones de ondas electromagnéticas por los sistemas de comunicaciones, frente a “Passive competition”, que alude al empleo de medios pasivos de EW, es decir, sistemas que no emiten energía electromagnética y que se utilizan para detectar, localizar (mediante triangulación con redes de radiogoniómetros) y explotar el contenido de dichas comunicaciones.
- Active network vs active competition. Podríamos establecer el inicio de esta fase en el momento en que los británicos, durante la Batalla de Inglaterra en el verano de 1940, comenzaron a interferir el sistema de navegación Knickebein utilizado por los alemanes para guiar sus bombarderos hacia los objetivos designados [4]. Este hecho representa un hito fundamental en la historia de la Guerra Electrónica, ya que constituye uno de los primeros ejemplos documentados de interferencia activa sobre sistemas de navegación enemigos.
En esta segunda fase, la “Active network (red activa)” amplía los dispositivos que emplean emisiones de energía electromagnética, incorporando no sólo las radiocomunicaciones, sino también el radar y los sistemas de navegación. La ventaja operativa que proporcionaban estos nuevos sistemas, especialmente en el ámbito aéreo, hizo que la mera detección y análisis de señales enemigas ya no fuera suficiente. Surgió así la necesidad de contrarrestar estos sistemas en tiempo real mediante la transmisión de señales de interferencia o engaño, dando origen a la denominada “competición activa” (Active competition).
Durante este periodo, la Guerra Electrónica entró en una dinámica de acción y reacción, en la que cada nueva medida tecnológica era respondida con contramedidas y, a su vez, con contra-contramedidas. Este ciclo impulsó el desarrollo de tres áreas clave que terminaron por subdividir la EW en esa época: las Medidas de Apoyo Electrónico (ESM), las Contramedidas Electrónicas (ECM) y las Contra-Contramedidas Electrónicas (ECCM).
Esta competición tecnológica se consolidó como un pilar fundamental en el desarrollo de la Guerra Electrónica. Aunque los autores de WAW sitúan el final de esta segunda fase a mediados de los años 80, su cuestionamiento comenzó con las experiencias derivadas de la guerra de Vietnam y el perfeccionamiento de los sistemas de defensa aérea soviéticos. Estos factores impulsaron la necesidad de desarrollar nuevas doctrinas y medios técnicos, sentando las bases para la siguiente etapa en la evolución de la competencia en el espectro electromagnético
- Stealth vs low-power network. La competición desarrollada durante la fase anterior suponía un esfuerzo continuo en el que las ventajas obtenidas en cada etapa no llegaban a representar un salto cualitativo significativo, especialmente para Estados Unidos, que debía operar a miles de kilómetros de su territorio con su fuerza expedicionaria. Un ejemplo ilustrativo es la evolución de la, ya mencionada, guerra de Vietnam: a medida que avanzaba el conflicto, los ataques aéreos sobre bases del Vietcong requerían un respaldo cada vez mayor de aviones de guerra electrónica (EW) para reducir las pérdidas entre los atacantes. Así, al final de la participación estadounidense en la guerra, el porcentaje de aviones destinados a contrarrestar los sistemas de defensa aérea del adversario en misiones de alto riesgo alcanzó entre el 50% y el 75% del total de la fuerza atacante, según se indica en WAW.
Desde el punto de vista de la Guerra Electrónica, esta situación provocó que el modelo de la segunda fase, basado en un ciclo continuo de medidas y contramedidas, se volviera insostenible. Entre otras razones, esto llevó a que, a finales de los años setenta, el Departamento de Defensa (DoD) de EE. UU. impulsara un cambio en las doctrinas operativas, apoyándose en avances tecnológicos que permitieran reducir tanto la dimensión como el esfuerzo logístico necesario para alcanzar los objetivos. Estas primeras ideas dieron origen a la Segunda Estrategia de Compensación y a fomentar el desarrollo de nuevas tecnologías, dando lugar a sistemas de armas de largo alcance y alta precisión, al GPS y a nuevas plataformas, especialmente aéreas, que permitieran establecer una ventaja disuasoria frente al desarrollo alcanzado por los sistemas de defensa aérea soviéticos. De ahí surgieron aeronaves con una sección transversal radar (RCS, Radar Cross Section) extremadamente baja, como el F-117 Nighthawk y el bombardero B-2 Spirit.
Entramos así en lo que los autores consideran como la antesala de la tercera fase, concretamente en su faceta Stealth, palabra que, aunque muchas veces vemos traducida por “furtivo”, deberíamos entenderla como “sigilo”, un sigilo que permitiría a las plataformas atacantes acercarse y penetrar en zonas adversarias sin ser detectadas. Ese sigilo no sólo debía conseguirse reduciendo la detectabilidad de las plataformas aéreas ante radares, especialmente aquellos asociados a sistemas de armas tipo SAM (Misiles superficie-aire), sino también mediante la reducción de su firma IR, para dificultar la detección y guía de armas mediante dispositivos de imagen infrarroja.
Pero todo ello, con ser muy importante, no era suficiente, resulta que a veces los aviones requieren establecer comunicación para intercambiar información y ordenes; otras veces, activar sus propios radares para detectar blancos y guiar armas a su destino. Así, las nuevas plataformas deberían ir acompañadas del desarrollo de radares y radiocomunicaciones LPI/LPD (baja probabilidad de interceptación/baja probabilidad de detección) que mantuvieran un adecuado sigilo, cuando las circunstancias obligaran a activar su uso.
Pero no podemos dejar de lado que, aunque sigilosas, estas plataformas no son totalmente invisibles para los radares o cámaras infrarrojas, puede llegar el momento en que la distancia a los sensores del adversario sea demasiado pequeña para mantener el sigilo deseado. Así, una vez detectados, se hace necesario emplear contramedidas activas de EW y ahí surge una pregunta ¿cómo deberían ser los sistemas de contramedidas activas de su EW? Pocos datos hay disponibles sobre este particular, pero podemos deducir que, por el bajo nivel de energía reflejado o emitido por la propia plataforma y por la necesidad también de mantener el sigilo durante el uso de esos medios, requerirán de menor potencia emitida, potencia que debería optimizarse mediante el correcto apuntamiento hacia el sistema objetivo y el ajuste de nivel para evitar excesos innecesarios en la emisión de energía electromagnética que pudiera revelar la posición de la plataforma a otros sistemas de detección ajenos al sistema contramedido.
Así pues, a este esfuerzo en reducir el nivel de las emisiones propias es la parte a la que los autores del trabajo llaman: Low-power network. En este caso, probablemente, habría sido conveniente cambiar el vs (versus) por “and” porque mantener el sigilo en las operaciones requiere del desarrollo de tecnologías de ocultamiento, pero también de una importante reducción en la probabilidad de detección de las emisiones electromagnéticas propias.
Ante esta situación, al adversario se le situaba en una difícil posición ¿qué hacer? ¿desarrollar radares más potentes? ¿alargar la longitud de onda empleada por los radares para reducir la efectividad de las medidas stealth de las plataformas? [5] ¿desarrollar sistemas de EW más sensibles capaces de detectar emisiones de muy baja intensidad? [6] El dilema estaba servido y con él EE.UU. ganó una importante ventaja, hecho que quedó plasmado posteriormente, en 1991, en la operación militar llamada “Tormenta del Desierto” ante las fuerzas iraquíes.
Pero toda esa tecnología requería de grandes presupuestos y tiempo para alcanzar sus objetivos y sus productos resultaban caros de producir y de mantener. Así, al finalizar la guerra fría, los recortes presupuestarios truncaron desarrollos y redujeron la producción de alguna de esas caras plataformas, como es el caso del B-2 Sprit que de las 135 unidades previstas sólo se fabricaron 21 y del F22 Raptor, del que el programa inicial contemplaba 750 unidades y se fabricaron 195, incluidas las unidades de test.
Propuesta de Clark y Guzinger
Una vez presentada esta visión de la evolución histórica de la Guerra en el Espectro Electromagnético, Bryan Clark y Mark Gunzinger, se adentran en el resto de los capítulos a desarrollar su propuesta para impulsar el tránsito hacia un nuevo régimen de competencia que constituiría la tercera fase llamada “low to no power“, concretamente “low to no power face-off electromagnetic warfare” (Confrontación de Guerra Electromagnética de baja a nula potencia), con el objetivo de activar la respuesta estratégica necesaria para contrarrestar la erosión en la superioridad operacional de EE.UU. en el espectro electromagnético. Dicha propuesta va dirigida, por lo tanto, a los órganos de decisión y, aunque los autores no la mencionen explícitamente en su trabajo, se alinea con los objetivos y el espíritu de la 3ª Estrategia de Compensación que unos meses antes había puesto en marcha el Pentágono. En ese sentido, exponen su necesidad argumentando que:
- El Espectro Electromagnético es un dominio operacional crucial en la guerra moderna.
- A pesar de los avances tecnológicos emergentes en sensores y redes que prometen grandes ventajas, el Departamento de Defensa (DoD) de EEUU no ha mantenido el ritmo de inversión en capacidades de GEE desde el final de la Guerra Fría.
- La pausa en el desarrollo de capacidades en GEE ha dado a rivales como China y Rusia la oportunidad de construir sistemas que explotan las vulnerabilidades en los sistemas de sensorización, navegación y comunicaciones de EE. UU. Como resultado, la significativa ventaja militar de Estados Unidos en el dominio del espectro electromagnético se ha reducido y, de hecho, advierten, podría ya no existir.
Por todo ello, urgen al DoD a desarrollar nuevos conceptos operativos y tecnologías que permitan a EE.UU. adquirir una ventaja significativa sobre sus competidores.
Desde el punto de vista operativo, su propuesta se basa en conducir la GEE mediante medios de sensorización, comunicaciones y EW que reduzcan o prescindan de la emisión de energía electromagnética, lo que constituye la base para dar nombre a su propuesta “Low-to-no-power”. El fin de esa estrategia es aumentar la capacidad de las fuerzas de EEUU para operar dentro de las zonas A2/AD de un potencial adversario, al que reconocen haber mejorado el alcance y efectividad de sus armas, pero, también, el alcance y variedad de sus sensores.
Para conseguir ese objetivo, apuntan a procedimientos puramente operativos, como el empleo de un control mejorado de emisiones (EMCON) y a desarrollos técnicos que, lógicamente, repercuten en nuevas formas de operar en el espectro electromagnético. En ese sentido, se exponen las siguientes ideas que, según los autores, deberían orientar la inversión en nuevas tecnologías y capacidades asociadas a los equipos implicados en la GEE y en las plataformas en las que finalmente se instalan:
Mejorar la capacidad de operar en red: Lo que conlleva ser capaces de comunicarse y coordinar operaciones con sistemas vecinos utilizando enlaces de datos LPI/LPD. Sobre este importante punto, hay varios comentarios que podemos hacer:
La LPI (Baja Probabilidad de Interceptación) supone que las comunicaciones, además de estar convenientemente cifradas para evitar la explotación de su contenido, deben presentar gran robustez frente a las contramedidas. Esto es, capacidades TRANSEC y NETSEC que las defiendan frente a ataques electromagnéticos a las frecuencias en la que se establecen los enlaces y/o mecanismos de sincronismo y arbitraje de las propias redes.
Pero, en el marco de la propuesta “Low-to-no-power”, creo tanto o más importante orientar los desarrollos hacia la LPD (Baja Probabilidad de Detección), toda vez que los propios autores ya advierten de la mejora de capacidades de los posibles adversarios en sistemas de detección pasiva.
Hay que señalar también que, para conseguir este fin, no sólo es importante disponer de equipos de comunicación adecuados sino también, desarrollar procedimientos y adoptar estándares de mensajería que permitan el necesario intercambio de información para poder explotar la ventaja que supone disponer de mayor cantidad de datos y alcanzar el grado de interoperabilidad que las operaciones en red demandan de todos los medios empleados. Hoy podemos señalar algunos ejemplos en nuevos desarrollos que potencian significativamente el concepto de operaciones en red, como es el caso del FCAS en el que esta idea es fundamental para el desarrollo del concepto “Nube de Combate”.
Ágiles: Capaces de maniobrar en potencia, frecuencia, directividad (espacio), tiempo y forma de onda para evadir la detección, atacar redes enemigas y evitar contramedidas.
En este aspecto, en lo tocante a comunicaciones, los autores apuntan a la necesidad de ser mucho más ágiles en la utilización del espectro, de forma que las comunicaciones militares puedan realizarse también en bandas habitualmente utilizadas por comunicaciones civiles. Aunque no lo mencionan expresamente, están apuntando a que las nuevas radios incorporen capacidades asociadas a lo que se conoce por “radio cognitiva”.
Un aspecto que no identificaron los autores en su trabajo es el uso de sistemas e infraestructuras civiles de comunicaciones, salvo para facilitar la detección de blancos mediante “Radares Pasivos”. Pero, como se ha visto en la Guerra de Ucrania, el uso de las infraestructuras civiles de comunicaciones ha sido vital para mantener la coordinación de las operaciones. Esto abre nuevas oportunidades a los bandos en conflicto para ampliar la conectividad y resiliencia de sus comunicaciones [7], al tiempo que complica la tarea de la EW de comunicaciones, al añadir más espectro, formas de onda, potenciales emisores y dilemas en la toma de decisiones. Lamentablemente, no es una opción ignorar esta complejidad.
Multifuncionales: Capaces de realizar múltiples funciones, como comunicaciones, detección activa y pasiva, jamming (interferencia) o deception (engaño).
Aquí el comentario se convierte en una invitación a reflexionar sobre si esa “navaja suiza” que proponen, aunque deseable desde un punto de vista operativo, resulta realmente viable desde el punto de vista técnico. No siempre la integración de múltiples funciones en un solo equipo es la mejor opción. Es fundamental considerar los condicionantes físicos que imponen fuertes limitaciones a las prestaciones alcanzables. Por ejemplo, el diseño y tamaño de las antenas dependen en gran medida de la banda de frecuencias en la que se pretende operar. Además, no es lo mismo emplearlas únicamente para recibir que utilizarlas también para transmitir a las potencias requeridas en tareas de interferencia (jamming) u otras formas de ataque electromagnético. Estos factores pueden condicionar significativamente la eficacia y la versatilidad real de los sistemas multifunción.
Pequeños y asequibles: Que puedan ser desplegados en grandes cantidades en vehículos no tripulados pequeños o grandes plataformas.
Este aspecto, considerando la evolución observada en los últimos años, es probablemente el más relevante. Los drones se han consolidado como vectores fundamentales tanto para el ataque como para la observación y su uso como elemento fungible exige que sus cargas útiles, además de optimizar peso, tamaño y consumo, reduzcan también sus costes de producción.
El desarrollo de esta tecnología está dando lugar a multitud de casos de uso, como es su empleo en enjambres (swarm) para saturar y confundir las defensas adversarias.
Adaptativos: Capaces de caracterizar el Espectro Electromagnético (incluyendo emisores desconocidos) y responder de forma autónoma para explotar oportunidades o contrarrestar operaciones enemigas.
Esta capacidad ha adoptado distintas denominaciones como “Adaptive EW” o como “Cognitive EW”. En el momento en que se escribió WAW no había consenso en la aplicación de estas denominaciones (Ver artículo de John Knowles “Regaining the Advange – Cognitive Electronic Warfare”, aparecido en el volumen 39 Nº 12 de la revista JED, diciembre 2016). Al respecto de esta publicación, en mayo de 2020 pasó de denominarse “The Journal of Electronic Defense” a “The Journal of Electromagnetic Dominance” reflejando así el cambio experimentado por esta disciplina que, en al transitar de “Electrónica” a “Electromagnética”, pone el foco de atención en el medio, el espectro electromagnético.
Adicionalmente a lo indicado en estos puntos, y en lo tocante a sensores, se considera fundamental ir un paso más lejos en la reducción de riesgos de detección. Así, esta fase vendría caracterizada por la profundización en el uso de sistemas de detección pasivos, como los que aprovechan las emisiones IR del adversario o los radares pasivos que explotan las señales de oportunidad (radiodifusión, telefonía móvil, etc.) para detectar anomalías en el espectro electromagnético que les permitan detectar y localizar potenciales blancos [8].
En definitiva, se expone todo un conjunto de ideas, no necesariamente novedosas ya en ese momento, pero que trataban de agitar los centros de decisión en EE.UU. competentes en materia de defensa, dando a entender que el problema no era la disponibilidad de tecnologías habilitadoras para el desarrollo de esa capacidad sino otro tipo de barreras que impedían transitar hacia un nuevo régimen de competencia en la GEE y que se puede resumir en tres puntos:
Falta de nuevos conceptos operativos: a menudo los enfoques son continuistas, se centran en cómo se ha operado en el pasado, en lugar de adoptar nuevas formas de enfrentamiento en el Espectro Electromagnético.
Sesgo hacia la investigación en lugar de la adquisición: La ausencia de nuevos conceptos operativos impide que se establezcan los requisitos necesarios para que todas esas nuevas tecnologías se concreten y demanden mediante los procesos de adquisición del DoD (Departamento de Defensa). Lo que no impide que haya conciencia de la necesidad y se sigan apoyando las inversiones en I+D a la espera de que esos conceptos operativos finalmente se materialicen.
Adquisición fragmentada: Las organizaciones de adquisición del DoD están estructuradas para comprar capacidades de misión única (actualizaciones de sistemas preexistentes), en lugar de perseguir los sistemas necesarios para la GEE futura.
En buena medida, las ideas que apunta el trabajo son convergentes con algunos de los retos a los que la tercera estrategia de compensación [2] trata de dar respuesta, como:
- El incremento en capacidad C4ISR de los potenciales adversarios.
- Garantizar la capacidad para proyectar poder bélico en entornos anti-acceso y de negación de área (A2/AD).
- Mantener e incrementar la brecha tecnológica para reforzar la disuasión con medios convencionales (no nuclear) e imponer un elevado coste de oportunidad a los potenciales adversarios.
La propuesta en el escenario actual
Hoy, diez años después, la Guerra Electrónica y en general todas aquellas capacidades que convergen en el Espectro Electromagnético han seguido, aunque con matices y diferente grado de avance, las líneas enunciadas por Clark y Gunzinger. De hecho, la mayoría de los cambios observados en este periodo ya se estaban gestando entonces, como enfoques doctrinales o adopción de nuevas tecnologías. A ese grupo se han sumado otros, impulsados principalmente por la Guerra de Ucrania, que podemos calificar de disruptivos.
Analizar todos esos aspectos es una tarea inabordable en un artículo, pero sí podemos introducir algunos de los más significativos que dividiremos en tres áreas: Cambios en conceptos/doctrinas; Lecciones aprendidas en la Guerra de Ucrania y Adopción de nuevas tecnologías.
Cambios en conceptos/doctrinas
Aunque la denominación Guerra en el Espectro Electromagnético (GEE), utilizada por Clark y Gutzinguer, no ha sido adoptada por el DoD de EEUU ni por la OTAN, sí se ha producido un cambio significativo en la terminología y la orientación doctrinal en este ámbito desde la publicación de WAW.
Estos cambios han situado al espectro electromagnético (EEM) en el centro de atención, considerándolo un espacio de maniobra donde distintas disciplinas relacionadas deben orquestarse para aunar esfuerzos y generar sinergias que permitan alcanzar la superioridad en el EEM.
En línea con esta evolución, se ha pasado de referirse a EW como Guerra Electrónica a mantener el acrónimo aplicándolo ahora a Guerra Electromagnética y, en lo tocante a esa orquestación de disciplinas, se ha materializado bajo las denominaciones:
- EMSO (Operaciones en el Espectro Electromagnético) por parte del DoD estadounidense.
- EMO (Operaciones Electromagnéticas) por parte de la OTAN.
Para aclarar estos términos conviene consultar su definición en los NATOTerms:
EMO/OEM (Operaciones Electromagnéticas): Son todas las operaciones que configuran o explotan el entorno electromagnético, o que lo utilizan con fines ofensivos o defensivos, incluyendo el empleo del entorno electromagnético en apoyo de las operaciones desarrolladas en todos los demás entornos operativos.
Notas: Las operaciones electromagnéticas comprenden, sin limitarse a ello, la guerra electromagnética; el reconocimiento de señales; las actividades de inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento; la NAVWAR (Guerra contra los sistemas de Navegación) y la gestión del espectro en el espacio de batalla.
Aunque se sigue observando resistencia a considerar el EEM como un nuevo dominio, su importancia, como un entorno fundamental para el desarrollo de las operaciones, ha seguido creciendo. Así, en el documento de 2020 “Electromagnetic Spectrum Superiority Strategic” del DoD, podemos leer:
El Espectro Electromagnético no sólo proporciona el tejido conectivo crítico que permite las operaciones en todos los dominios, sino que representa una costura natural y una vulnerabilidad crítica que afecta a las operaciones de la fuerza conjunta.
Otra evolución destacada es la convergencia entre las disciplinas de Guerra Electrónica (EW) y Guerra Cibernética (CW). Ya en el momento de publicarse WAW se hablaba de CEMA (Cyber and ElectroMagnetic Activities), un concepto impulsado por el US Army que también engloba la gestión del espectro electromagnético. Aunque esta idea ha encontrado cierta resistencia para su adopción en otros ámbitos, su nivel de aceptación va en aumento. Es lógico pensar que, cuando se habla de las operaciones multidominio como nuevo paradigma doctrinal, se contemplen, aunque sea en menor escala, las posibilidades que ofrece orquestar las capacidades Cyber y de EW para obtener sinergia de sus efectos combinados.
Estos cambios también han llegado a España. En diciembre de 2021 el JEMAD aprobó el concepto OME (Operaciones Electromagnéticas).
Independientemente de definiciones, conceptos y dotrinas, la respuesta a la pregunta ¿se puede alcanzar la victoria en un dominio tradicional sin disponer de superioridad en el EEM? Deberá conducir esos cambios y guiar el desarrollo y adquisición de nuevas capacidades.
Ahora bien, estos cambios orientados a mantener la superioridad en el EEM no se pueden limitar a escenarios de enfrentamientos de gran intensidad, deberán tener en cuenta también la guerra híbrida. Hemos visto cómo la guerra de Ucrania, en lo que respecta al entorno electromagnético, ha traspasado sus fronteras, afectando a una parte significativa del este de Europa. Actualmente, podemos afirmar que Europa está siendo escenario de una guerra híbrida, en la que las acciones sobre el EEM se han vuelto especialmente frecuentes y relevantes. Un claro ejemplo de ello son los continuos bloqueos de las señales GNSS (sistemas globales de navegación por satélite) que se han registrado en varios países de la zona. El caso más mediático ocurrió en septiembre de 2025, cuando el avión que llevaba a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sufrió la pérdida de la navegación por satélite cuando se aproximaba al aeropuerto de Plovdiv (Bulgaria). Estos incidentes ponen de manifiesto la vulnerabilidad de determinadas infraestructuras críticas ante ataques de guerra electrónica, pero también la falta de respuesta política que impulse, no sólo medidas defensivas frente a acciones de guerra híbrida, sino también procedimientos de actuación que permitan detectar, localizar y atribuir el origen de tales acciones, paso previo para adoptar respuestas proporcionales que contribuyan a su disuasión.
Lecciones aprendidas de la Guerra de Ucrania
Creo que no es exagerado afirmar que la guerra de Ucrania, en su devenir, nos ha sorprendido a todos. Hemos visto cómo, al inicio de las operaciones, las fuerzas rusas no lograron suprimir la capacidad de la defensa aérea ucraniana, cómo fracasaron en su intento de tomar Kiev, cómo su flota del Mar Negro redujo su capacidad operativa y trasladó buena parte de sus activos de Sebastopol a Novorossiysk, y cómo Ucrania ha demostrado una notable habilidad para mantener operativo su Mando y Control gracias a evitar el bloqueo de sus comunicaciones, apoyándose en gran medida en infraestructuras civiles.
Mientras esto ocurría, el frente terrestre evolucionó hasta concentrar la intensidad de los combates en un despliegue en línea sobre un terreno surcado de trincheras que nos recordaba a la Primera Guerra Mundial, un frente en el que la capacidad de maniobra de ambos bandos quedó muy mermada, devolviendo el protagonismo a la artillería.
Pero si la trinchera miraba al pasado, un nuevo actor señalaba el futuro: los drones. Como una plaga de insectos, han surgido con un impulso imparable adoptando formas y aplicaciones muy imaginativas que están cambiando las reglas del juego.
Muchas son las lecciones que podemos extraer de esta guerra, pero en el ámbito que nos ocupa vamos a resaltar dos actores para los que el EEM es parte fundamental: los drones y las comunicaciones.
Guerra de drones
El uso de drones no empieza con la guerra de Ucrania; ya era bien conocido su empleo como vectores para extender el campo de observación de sensores y contribuir a aumentar la transparencia del campo de batalla, al igual que su uso como municiones merodeadoras y como fuegos de largo alcance. Sin embargo, en un conflicto cuyas formas de enfrentamiento no han parado de evolucionar, los drones han ido ganando protagonismo, no sólo en el imaginario colectivo, alimentado por los muchos videos difundidos por uno y otro bando, sino también en la frialdad de las cifras. Así lo refleja una información publicada en el medio ruso Важные истории, donde Alexander Atasuntsev, en su artículo del 25 de marzo de 2025, cita datos del Военно-медицинский журнал, revista de medicina militar del Ministerio de Defensa ruso. Según éstos, más del 75% de las lesiones sufridas por soldados rusos durante enfrentamientos intermitentes de baja intensidad en la zona en las que las tropas están atrincheradas y ninguna de las partes mantiene una ofensiva activa, fueron causadas por ataques de drones ucranianos, frente al 20% atribuido al fuego de artillería.
La magnitud de la escalada en el uso de drones queda también reflejada en noticias como la publicada por el medio ucraniano UBN el 29 de agosto de 2025, cuyo titular señala: “La producción de drones en Ucrania ha aumentado: el Ministerio de Defensa planea comprar 4,5 millones de UAV este año”. Asimismo, en la página web del Ministerio de Defensa de Ucrania, el 16 de abril de 2025, encontramos: “Glib Kanievskyi: En 2024–2025, el Ministerio de Defensa asignó 104.200 millones de UAH a los fabricantes ucranianos de drones”. Además, se indica que, durante el periodo 2024–2025, la Agencia de Adquisiciones de Defensa firmó contratos para el suministro de vehículos aéreos no tripulados con 76 fabricantes diferentes.
Así, drones como los Mavic de la empresa china DJI, empleados habitualmente para observación; los FPV (First Person View), utilizados principalmente como municiones merodeadoras (drones Kamikazes); los Baba Yaga (drones hexacópteros u octocópteros) de mayor capacidad de carga, empleados como pequeños bombarderos y otros de ala fija, como los rusos Orlan-10 o los Shahed-136/Geran-2, estos últimos empleados masivamente como fuegos de precisión de largo alcance y bajo coste combinados con misiles, son sólo algunos ejemplos de cómo el campo de batalla ha sido tomado por sistemas no tripulados.
Desde la perspectiva del especialista en EW, lo primero que nos preguntamos es: ¿qué tipo de sistemas de telecontrol emplean estos drones? En la fase inicial, muchos de los sistemas eran de la empresa DJI, operaban habitualmente en frecuencias de las bandas de 2,4-2,484 y varias sub- bandas entre 5 y 6 GHz, lo que los hacía muy vulnerables frente a sistemas de inhibición comerciales y monitorizables por el sistema Aeroscope, fabricado por la propia DJI.
Pronto fuimos testigos de una rápida evolución: las frecuencias de operación cambiaron y se adoptaron sistemas con formas de onda más resistentes al jamming, como ExpressLRS (ELRS) o TBS Crossfire. En el caso de la primera, ELRS, al ser de código abierto, ha permitido introducir modificaciones para eludir o mitigar nuevas contramedidas. Paralelamente, se adaptaron drones para configurarlos como plataformas relé (repetidores) con el fin de dar mayor robustez y alcance a los enlaces. Y, por supuesto, es imposible pasar por alto el impacto de los drones navales USV “Sea Baby” y Magura V5 contra la flota rusa del Mar Negro. Estos sistemas, capaces de operar a cientos de kilómetros de sus bases gracias a enlaces satelitales como Starlink, han sido determinantes para negar a Rusia el dominio absoluto de esas aguas.
Ante el creciente desarrollo y la importancia operativa de los drones, ambos bandos han adquirido y desarrollado diversos sistemas anti-dron. Entre ellos, los sistemas que emplean el ataque electrónico (EA) son los que han demostrado una mayor eficacia frente a drones telecontrolados.
En el lado ruso destacan, entre otros, sistemas como el Zhitel o el Pole-21, capaces de interferir las señales GNSS en amplias zonas, impidiendo la navegación y el posicionamiento. También sobresalen los sistemas Sapphire y Repellent-1, que pueden detectar drones a varias decenas de kilómetros y neutralizarlos mediante interferencia; en el caso del Sapphire, el alcance de su jammer llega hasta los 5 km, según el medio ruso TADVISER. Junto a estos sistemas de gran tamaño, existen otros más compactos, como los Stupor, disponibles en varias versiones, incluidos modelos en forma de rifle, que bloquean señales de telecontrol y navegación.
Por su parte, los ucranianos tampoco se quedan atrás, cuentan con sistemas como el Bukovel-AD, capaz de detectar e interferir señales de telecontrol, vídeo y GNSS. Asimismo, utilizan jammers portátiles como el EDM4S de origen lituano, y otros desarrollados por empresas ucranianas como Kvertus o Piranha Tech.
Pero si hay un sistema que es una demostración de cómo el ingenio, aprovechando tecnología comercial, ha demostrado una gran eficacia, es en los sistemas de detección acústica “Skyfortress” y, en menor medida, el “Zvook” que están redefiniendo la defensa aérea tal como la conocemos. Según informa el medio United24 en un artículo firmado por Lucile Brizard el 01/07/2025, Skyfortress cuenta con 14.000 sensores acústicos distribuidos por toda Ucrania, mientras que Zvook, opera a menor escala, cubriendo el 5% del territorio ucraniano. Cada sensor capta el sonido característico de los motores, reconocen su firma acústica y envía metadatos (tiempos de llegada, intensidad, identificación de firma) a nodos de fusión de datos, donde esa información se combina con datos de radar y de otros sensores para mejorar la precisión de la localización. Posteriormente, el sistema transmite los objetivos en tiempo real a equipos móviles equipados con tablets y sistemas de puntería para armas antiaéreas ligeras o ametralladoras, permitiendo una respuesta rápida y descentralizada. Para que todo el sistema funcione, la telefonía móvil y, en general, la infraestructura de comunicaciones del país tiene que estar operativa. Así, podemos considerar a estos sistemas como una implementación del IoT (Internet de las cosas) aplicada a la Defensa, al integrar una red distribuida de sensores, procesamiento remoto y efectores (equipos de neutralización) que intercambian datos en tiempo real para tomar decisiones tácticas.
Resultado: muchos o la mayoría de los drones no alcanzan su objetivo. Pero, el hecho de disponer de gran número de unidades a un coste reducido ha contribuido a seguir manteniendo su uso. No obstante, era una cuestión de tiempo que el espectro electromagnético estuviera tan disputado en el frente de batalla que la eficacia, especialmente de los FPV radiocontrolados, se viera seriamente afectada. La respuesta a esa situación la encontramos en el verano de 2024, cuando los rusos empezaron a utilizar masivamente en Kursk el dron Knyaz Vandal Novgorodsky, un FPV filoguiado, inmune al jamming, salvo en lo que afecta a las señales de los GNSS. Estos drones transmiten las señales de control, telemetría y vídeo a través de fibra óptica, lo que les permite operar en entornos altamente saturados y disputados. [9]
La principal lección que podemos extraer, considerando enfrentamientos de alta intensidad y acciones de guerra híbrida, es la necesidad de contar con sistemas anti-dron que ofrezcan una elevada probabilidad de detección y neutralización a un coste equilibrado de operación. Deberán, asimismo, poder configurarse de forma flexible para permitir su fácil adaptación a distintos entornos operativos, tipos de drones y formas de ataque o amenaza.
Si en un conflicto real de alta intensidad los drones integran rápidamente cualquier tecnología disponible en el mercado para obtener ventajas operativas, sin verse limitados por requisitos de certificación (MIL-STD) o regulaciones que retrasen su entrada en servicio, los sistemas anti-dron deberán ajustar igualmente sus ciclos de desarrollo, producción y puesta en servicio para anticiparse a la amenaza o, al menos, seguir su ritmo.
Por lo tanto, la arquitectura de los sistemas anti-dron o C-UAS deberá estar abierta a integrar cualquier dispositivo o tecnología que aporte una ventaja operativa a un coste razonable. Entre esos dispositivos podemos mencionar, por ejemplo:
Detección/Localización
- Radares (activos) con formas de ondas y algoritmos de extracción de datos optimizados para detectar blancos de pequeño RCS y baja velocidad en entornos complejos.
- Radares pasivos por localización coherente [8];
- Sensores Electroópticos (EO) / Infrarrojos (IR), para la identificación visual, confirmación y apuntamiento de blancos.
- Sistemas ESM para la detección, localización e identificación pasiva de los enlaces de comunicación;
- Sensores acústicos, integrados en sistemas como el mencionado Skyfortress
Neutralización (Efectores)
- Sistemas de ataque electrónico (soft-kill) para interferir o engañar señales de telecontrol, vídeo y navegación;
- Drones interceptores;
- Armas cinéticas
- Armas de energía dirigida (DEW), entre éstas últimas, las que mayor desarrollo están experimentando son las que emplean láseres de alta potencia (HPL), sin olvidar las de alta potencia en microondas (HPM).
Existen otros medios que pueden emplearse y otros que surgirán en el futuro. En cualquier caso, como se observa, muchos de estos medios basan su eficacia en el dominio del espectro electromagnético (EEM), por lo que, nuevamente, su eficacia dependerá en gran medida en nuestra capacidad para mantener superioridad en él.
Resiliencia de las Comunicaciones
La primera lección sobre este ámbito la impartió el ejército ruso al inicio de la ofensiva y fue negativa. En las primeras semanas de la invasión se observó un uso masivo de comunicaciones no cifradas y de equipos heterogéneos, lo que facilitó su interceptación y localización. Sus causas: modernización incompleta, aparentes fallos en los procesos de adquisición y logística, mala disciplina operativa y graves problemas de interoperabilidad. A esto se unieron problemas serios de Mando y Control.
Aunque las fuerzas rusas, sobre el papel, disponían de radios de combate SDR avanzadas como las Akveduk y Azart, con capacidad para el salto en frecuencia, su despliegue fue incompleto, defectuoso (problemas de fabricación) y limitado a unidades concretas.
Estas vulnerabilidades fueron explotadas por las fuerzas ucranianas y contribuyeron en buena medida al fracaso de la ofensiva sobre Kiev.
Y es que, en la guerra moderna, la información es la munición más valiosa. En ese sentido Ucrania nos da la segunda lección, en este caso positiva, al mantener su estructura de Mando y Control (C2) gracias a una solución muy imaginativa, integrando a una escala nunca vista infraestructura civil para suplir las carencias de sus sistemas militares y mitigar los efectos de los ataques rusos.
En esa solución, el protagonista es sin duda la constelación de satélites de órbita baja (LEO) Starlink de la empresa SpaceX. La disponibilidad de terminales Starlink fue clave para contrarrestar, al inicio de la contienda, el ataque ruso a los sistemas de comunicaciones e informáticos del Mando y Control ucraniano, del que destaca el sufrido por los terminales del sistema satelital de comunicaciones Viasat. La rápida adaptación de los ucranianos derivando sus comunicaciones al sistema Starlink, no pasó desapercibida y los rusos intentaron y consiguieron por un breve espacio de tiempo interferirlo en algunas zonas del frente, pero el operador del sistema actualizó el software de miles de terminales en cuestión de horas para esquivar dicha interferencia. Esta velocidad de adaptación de software civil superó claramente los ciclos de desarrollo militar rusos.
Hay muchos ejemplos del uso de Starlink por parte de los ucranianos, ya hemos mencionado su empleo en drones navales, pero uno muy destacable es su contribución al éxito del sistema GIS “Arta” que ha permitido acelerar la respuesta artillera de 20 minutos a menos de un minuto, como se indica en el artículo “GIS FOR THE ARMED FORCES OF UKRAINE” de Kobzan Sergiy Markovych, National University of Urban Economy in Kharkiv.
Otro de los pilares fundamentales para garantizar la continuidad de los servicios de comunicación en Ucrania han sido las compañías locales de telefonía y los miles de proveedores de servicios de Internet (ISPs) que operaban en el país antes del inicio del conflicto. Esta descentralización ha impedido que se pudiera apagar Internet cortando un cable o destruyendo una central, la gran redundancia de la red la hace especialmente resiliente. Además, los técnicos civiles han desempeñado un papel fundamental, reparando rápidamente los cables de fibra óptica dañados tras los bombardeos. Todo ello ha contribuido a que los ucranianos hayan podido mantener su conexión con el mundo exterior, lo que ha sido clave para contrarrestar las acciones de guerra cognitiva llevadas a cabo por Rusia.
Las lecciones que en este punto nos enseña la Guerra de Ucrania las podemos sintetizar en:
- Es necesario disponer de sistemas de comunicaciones tácticas avanzados con capacidades COMSEC, TRANSEC y NETSEC en todos los niveles operativos. En ese sentido, la arquitectura que se ha impuesto es la Radio Definida Software (SDR). Estas radios deberían permitir operar con formas de onda de última generación, como la HDRWF de ESSOR, ratificada y adoptada como STANAG 5651 y, dependiendo de la plataforma, con data links tácticos que deberían seguir evolucionando para incorporar directividad, control de potencia y capacidades MANET [10].
- Se debe mantener siempre una sólida disciplina operativa junto con una buena gestión del EEM que evite interferencias entre sistemas propios (blue on blue)
- Hay que contar con las infraestructuras de comunicaciones civiles como un recurso más en las operaciones e impulsar que éstas sean redundantes y diversificadas para alcanzar un alto nivel de resiliencia. Esto último es un objetivo estratégico que deberá contar con el impulso político necesario para que las operadoras, a nivel europeo, lo tengan en cuenta y se alineen con el mismo.
Adopción de nuevas tecnologías.
Desde luego, los drones y todas sus tecnologías asociadas ya son una realidad, su adopción está fuera de toda duda, pero si hay una tecnología que lo está permeando todo es la Inteligencia Artificial (IA). Aunque ya en 2015 se hablaba de IA para aplicaciones militares, su desarrollo en los últimos años hace que pocos duden de que su repercusión será muy importante en un campo de batalla altamente sensorizado, con mayor presencia de sistemas robotizados, y con un C2 (Mando y Control) que pivota en conceptos como la “nube de combate”. En ese contexto, la pregunta no es si se va a emplear, sino determinar su alcance, sus límites y la posición del ser humano en la toma de decisiones.
Debido al ritmo al que ha evolucionado la IA en los últimos años y a las expectativas que ha suscitado, no resulta fácil evaluar el impacto global que tendrá su aplicación en el ámbito de la Defensa, ni lo compleja que podrá ser la gestión del cambio que implicará su introducción. No obstante, si nos centramos en un área de aplicación reducida, esa dificultad se hace más manejable. Así, poniendo el foco en la guerra electrónica (EW), añadirle capacidades cognitivas supone plantearnos sistemas de EW que puedan aprender y evolucionar durante las misiones para confrontar en tiempo real un entorno electromagnético no cooperativo, más dinámico, saturado y disputado. En ese sentido, el consenso actual sobre EW Cognitiva (CEW) vincula su desarrollo al empleo de algoritmos de IA, en buena medida basados en aprendizaje automático (ML, machine learning). En ese empeño se lleva más de una década generando ideas y desarrollos experimentales; los primeros ejemplos los podemos encontrar en dos programas impulsados por la agencia DARPA de Estados Unidos:
ARC (Adaptive Radar Countermeasures), que se centró en el desafío que presentaba el radar cognitivo o adaptativo. Objetivo: hacer que un sistema de EW pudiera aprender y neutralizar en tiempo real un radar enemigo desconocido, capaz de adaptar la forma de onda y patrones de iluminación del blanco de forma dinámica.
BLADE (Behavioral Learning for Adaptive Electronic Warfare), que abordó el mismo problema desde el lado de las comunicaciones: cómo contrarrestar redes de radio ágiles y cognitivas que modifican sus protocolos y formas de onda sobre la marcha.
Otro ejemplo, más reciente (2019), es el contrato que recibe Northrop Grumman del DoD para el programa REAM (Reactive Electronic Attack Measures), cuyo objetivo es potenciar, mediante algoritmos de aprendizaje automático (ML), el sistema de ataque electrónico del EA-18G (Growler), con el fin de mejorar sus prestaciones frente a radares ágiles, adaptativos y desconocidos.
En esencia, la CEW busca emular la actividad cognitiva humana, englobando procesos de percepción, aprendizaje y aplicación del conocimiento, entre otros, con el fin de obtener conciencia situacional y elaborar respuestas adaptativas, pero haciendo que la máquina los desarrolle en una fracción de segundo.
Esa búsqueda para dotar de capacidades cognitivas a la EW evoluciona en paralelo con el desarrollo del concepto de EW Definida Software, como es el caso de la arquitectura SABER (Small Adaptive Bank of Electronic Resources) desarrollada por BAE Systems para el nuevo avión de EW de la United States Air Force: EC-37B Compass Call.
La Guerra Electrónica Cognitiva presenta un significativo potencial de desarrollo, siempre que las capacidades de aprendizaje y adaptación de los sistemas sean compatibles con requisitos críticos de tiempo real, fiabilidad y explicabilidad. Además, el coste computacional deberá ajustarse a las limitaciones SWaP-C (Tamaño, Peso, Potencia y Refrigeración) y requisitos ambientales de las plataformas donde se instalen.
En cualquier caso, debemos evitar el sesgo del ‘martillo de oro’: la Inteligencia Artificial no debe convertirse en la única herramienta algorítmica. En muchos casos la solución será híbrida: preprocesado clásico (estimadores espectrales, filtros adaptativos, transformadas wavelets, beamforming, superresolución, …) combinado, por ejemplo, con modelos de Machine Learning, para clasificación o DRL (Deep Reinforcement Learning) para toma de decisiones. En resumen, el procesamiento clásico nos aporta predictibilidad y bajo coste computacional; la IA nos permite abordar detección de patrones complejos y adaptabilidad en las respuestas.
Asimismo, la fascinación por la IA no debe eclipsar otras tecnologías habilitadoras provenientes, por ejemplo, de la telefonía móvil. Avances como el Massive-MIMO, que permite enlaces directivos en escenarios complejos y dinámicos, demuestran que la innovación no es exclusiva de la IA. El éxito futuro reside en la integración inteligente de todas estas capacidades, no en la sustitución forzada de lo probado por lo nuevo.
Conclusión
Llegados hasta aquí, podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que la GEE juega y jugará un papel fundamental. El análisis del escenario actual evidencia que el espectro electromagnético se ha consolidado como un factor aún más determinante en los conflictos presentes y futuros de lo que ya lo fuera. En este contexto, deberemos tener en cuenta la resiliencia de las infraestructuras de comunicaciones civiles a la hora de planificar las operaciones, así como contar con procedimientos, equipamiento y formación para operar en entornos altamente saturados y disputados. Además, la rápida adopción en este campo de nuevas tecnologías será esencial.
Así, la llamada de atención del trabajo de Bryan Clark y Mark Gunzinger, dirigida al DoD estadounidense, sobre la urgente necesidad de desarrollar nuevas capacidades para mantener la ventaja en el espectro electromagnético y acompañarlas de procedimientos de adquisición más ágiles, no solo sigue vigente, sino que se ve reforzada por los acontecimientos y evolución tecnológica de los últimos años. Esta llamada de atención resulta plenamente aplicable a todos los países de la OTAN.
Notas:
[1] El artículo se hace eco de los comentarios de Alan Shafer, ingeniero jefe e investigador del Pentágono. El autor añade un último párrafo en el que, literalmente dice: the US military neglected electronic warfare for at least the decade after the Soviet Union fell. After 9/11, radio-detonated roadside bombs triggered a rush to get EW gear to ground troops in Afghanistan and Iraq, but outside that narrow area, investments still lagged. La misma o parecida crítica la podemos encontrar en un artículo de Colin Demarest del 12 de julio de 2023 titulado “US military losing electronic warfare “muscule memory”, en el que recoge las palabras del General CQ Brown al dirigirse al Senado en su toma de posesión como Chairman of the Joint Chiefs of Staff: The military “has lost some muscle memory” when it comes to electronic warfare after spending years fighting lesser-equipped forces.
[2] Estados Unidos ha impulsado desde el final de la Segunda Guerra Mundial tres Estrategias de Compensación (Offset Strategies). Como se ha indicado, podemos entenderlas como marcos de planeamiento estratégico de la defensa o como un proceso de innovación que busca mantener o restaurar la supremacía militar ante un desafío o una desventaja percibida frente a sus adversarios.
Así, en los tres casos, ese objetivo se ha tratado de alcanzar mediante la explotación del potencial tecnológico-militar propio.
La Primera Estrategia de Compensación (1955) se basó en utilizar la ventaja que EEUU tuvo en armamento nuclear para suplir la superioridad soviética en armas convencionales y, al mismo tiempo, reducir el gasto total en defensa.
La Segunda Estrategia de Compensación buscó aprovechar la brecha percibida entre su potencial tecnológico y el de la URSS para desarrollar nuevos sistemas de armas y doctrina de operaciones con los que equilibrar la superioridad cuantitativa soviética en fuerzas convencionales y establecer una ventaja suficiente como para ganar en la competición por la disuasión.
La Tercera Estrategia de Compensación fue lanzada por el Pentágono a finales de 2014 para guiar el planeamiento de la defensa de EE.UU. hasta 2030. Su objetivo es mantener la ventaja militar frente a competidores como China y Rusia, contrarrestando sus avances en capacidades anti-acceso/negación de área (A2/AD). Para ello, al igual que en la segunda estrategia de compensación, busca mantener e incrementar la superioridad tecnológica, impulsando una nueva revolución militar basada en la guerra en red, sistemas autónomos, robótica e inteligencia artificial.
[3] La Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905 surge de la rivalidad por el control de Manchuria y Corea. Es en esta guerra donde encontramos el primer ejemplo de contramedidas electrónicas aplicadas en combate. Ocurrió el 15 de abril de 1904, las estaciones de telegrafía inalámbrica rusas instaladas en el puesto costero de Zolotaya Gora (Port Arthur, Manchuria) y a bordo del acorazado Pobeda interfirieron con éxito la comunicación inalámbrica entre los cruceros japoneses Nishin y Kasuga. Los transmisores de chispas de las estaciones rusas generaron ruido, mientras los japoneses intentaban coordinar sus esfuerzos en el bombardeo de la flota rusa y del puerto.
Ambos bandos sabían de la utilidad de la radiotelegrafía y durante el conflicto se documenta el uso de mecanismos del silencio electrónico y de la escucha de las emisiones del enemigo, acciones que hoy agruparíamos en la Protección Electromagnética (EP) y el Soporte Electromagnético (ES), respectivamente. No obstante, la intervención más destacada de la radiotelegrafía tuvo lugar cuando el crucero auxiliar japones Shinano Maru avista a la flota rusa del Báltico y da el aviso por radio ofreciendo así a los japoneses una información que resultó decisiva para el desenlace de la guerra.
[4] La primera noticia que se tiene de una acción de interferencia, Ataque Electromagnético (EA), contra sistemas de navegación tiene como protagonista al sistema “Knickebein” alemán en 1940, denominado Headache por los británicos. Fue contramedido por el sistema “Aspirine” en lo que se dio en llamar “Battle of the Beans”. El Knickebein se utilizó para guiar a los bombarderos alemanes sobre UK, deriva de un sistema previo desarrollado para ayudar al aterrizaje de los aviones en condiciones de baja visibilidad (Sistema Lorenz).
[5] La reducción de la Sección Equivalente Radar (RCS) de las plataformas a niveles de pocos centímetros cuadrados disminuye considerablemente el alcance de detección de cualquier radar, pero éstos aún disponen de recursos tecnológicos para contrarrestar el sigilo de las nuevas plataformas stealth. Entre ellos, podemos mencionar:
- Aumentar la potencia radiada mediante amplificadores más potentes y antenas de mayor ganancia: No es una buena opción, además de aumentar el coste, tamaño y consumo de los radares de forma considerable, el aumento de potencia no viene necesariamente acompañado de una mejora proporcional en la relación S/N (señal a ruido) ya que también suele conllevar un aumento en el nivel de clutter recibido.
- Menos costoso puede ser jugar con la Forma de Onda que ilumina al blanco, aumentado la duración del pulso y/o el ancho de banda de la modulación, con el fin de incrementar la sensibilidad mediante ganancia de proceso en la extracción de datos radar.
- Pero si hay una forma que ha cobrado más relevancia es combinar mejoras en la forma de onda y su proceso con una reducción en la frecuencia de emisión y/o combinar radares que operen en diferentes bandas de frecuencia. Un ejemplo de este último caso es el sistema radar ruso 55hM Nebo M, un sistema AESA 3D que integra tres radares en red que operan en las bandas VHF, L y S.
- Otra medida adicional, que puede ser acompañada de las ya mencionadas, es el empleo de radares biestáticos o multiestáticos, en los que la transmisión y recepción se realiza por el radar situando su transmisor y receptor en diferentes ubicaciones. La razón de esta medida estriba en el hecho de que una parte significativa de la reducción de la RCS de la plataforma se lleva a cabo mediante el diseño de sus formas orientado a dispersar la mayor parte de señal recibida fuera de la dirección incidente. Así, al iluminar y recibir desde direcciones distintas, la eficacia del efecto pretendido queda reducida o anulada.
[6] En relación con los sistemas de guerra electrónica (EW), mejorar su capacidad de detección es clave. Así, frente a radares que reducen su potencia de emisión, puede que los -60dBm de sensibilidad de muchos Radar Warning Receivers (RWR) actuales no sean suficientes para mantener una RAF (Range Advance Factor) claramente mayor que 1. En este caso, es posible aumentar la sensibilidad por diversos medios como aprovechar la flexibilidad en el ajuste de parámetros de recepción que permite la recepción digital de la señal (Full Digital).
El mayor desafío, no obstante, se presenta en las radiocomunicaciones, donde la detección de las emisiones de interés (EOI) ha sido siempre un reto. Muchas de estas emisiones emplean desde hace muchos años mecanismos ECCM, como el salto en frecuencia y modulaciones de espectro ensanchado tipo DSSS. Aunque los sistemas EW modernos pueden detectar y localizar fácilmente emisiones de salto en frecuencia, las modulaciones DSSS presentan mayores dificultades. Además, los nuevos sistemas de comunicaciones podrían empezar a utilizar de forma generalizada otras bandas de frecuencia, establecer enlaces directivos y ajustar la potencia emitida según las necesidades de cada enlace. Esto incrementa la dificultad, ya que no sólo amplía el ancho de banda a vigilar en tiempo real, sino que la energía electromagnética fuera de los lóbulos de apuntamiento, en el caso de enlaces directivos, será muy débil. Por lo tanto, la detección y localización de los nuevos data links tácticos requerirá de sistemas EW más sofisticados, probablemente utilizando arrays de antenas tipo AESA que permitan aumentar la sensibilidad en varias decenas de dBs realizando una exploración en espacio y frecuencia, además de emplear nuevos algoritmos de detección e identificación de señales adaptados a las nuevas formas de onda.
Podríamos decir que Bryan Clark y Mark Gunzinger contemplan, especialmente para la fase Low to no Power, este tipo de desarrollos a los que añaden el empleo de comunicaciones laser. Sin embargo, no consideraron el uso de sistemas e infraestructuras civiles, salvo para facilitar la detección de blancos mediante “Radares Pasivos”.
[7] Ejemplos de empleo de sistemas de radiocomunicaciones, originalmente pensados para uso civil, los podemos encontrar en el uso de sistemas de comunicaciones satelitales como el Iridium o, sin ir más lejos, el sistema Starlink, vital para mantener el C2 en Ucrania. Una indicación, de hasta qué punto ha ido calando esta conciencia, la podemos encontrar en la iniciativa DCIS Cube de la OTAN, que nace en 2017 con el objetivo de desarrollar sistemas CIS desplegables más ligeros y pequeños, potenciados con las tecnologías desarrolladas en el ámbito civil vinculadas a la IaaS (infraestructura como servicio), y más concretamente en una de las cinco áreas de trabajo de la segunda fase de dicha iniciativa, la 2.0, que está dedicada a “Conectar el Cubo”, su enunciado dice lo siguiente: Connecting the Cube, which covers reachback, in theatre and local communications. Technologies used include GEO, MEO and LEO SATCOM, 5G, Wi-Fi, traditional trunked radio such as TETRA, military radio, and more.
[8] Un Radar Pasivo por Localización Coherente (PCL), a diferencia de los Radares Primarios (activos), opera como un radar multi-estático, en el que la transmisión la realizan emisores de oportunidad (IoO – Illuminators of Opportunity) ya existentes en el espectro (DVB-T, DAB, FM, estaciones base de telefonía móvil, etc.). Eso les hace indetectables para la EW y tienen otras ventajas como que al poder emplear emisiones de longitud de onda más larga que las habituales en los radares activos e iluminar al blanco desde varias direcciones puede reducir la ventaja de los blancos “stealth”. Aunque también, tienen sus inconvenientes, como: dependencia de que los IoO estén activos, de que no alteren sus frecuencias de operación sin previo aviso, de que, la distribución de los emisores, no generen zonas de baja o muy baja precisión debido a problemas de dilución geométrica. No podemos decir que estos radares sean una novedad, pero con el incremento en capacidad computacional y la gran abundancia de emisores que transmiten con potencia y gran ancho de banda como los DVB-T (televisión digital terrestre) podemos esperar su paulatina implantación como complemento a los tradicionales radares de alerta temprana, así como en aplicaciones más específicas como es la detección de UAV/drones.
Estos sensores los podemos complementar con sistemas ESM de EW o sistemas de trilateración que explotan las emisiones propias de los potenciales blancos.
[9] En los últimos meses se ha observado un mayor uso de vehículos terrestres no tripulados (UGV, por sus siglas en inglés), realizando distintas funciones: llevar munición, agua y baterías a las trincheras; evacuación médica; minado y desminado; etc. Aunque en un principio se empleó principalmente el radiocontrol para su guiado, en la actualidad se está también adoptando el filoguiado.
[10] Las Manet (Mobile ad hoc network) son redes formadas por nodos (P. Ej: radios tácticas) que se gestionan de forma autónoma. Permiten enlaces multi-saltos (multi-hop), adaptándose dinámicamente a cambios en su topología debido al movimiento de los nodos o a cambios en el entorno electromagnético. Cada nodo actúa simultáneamente como emisor, receptor y repetidor, facilitando la conectividad en escenarios complejos y despliegues altamente dinámicos. Este hecho les confiere, adicionalmente, mayor robustez frente al jamming.
| Listado de Siglas | ||
| A2/AD | Anti-Access / Area Denial | Estrategia de Anti-Acceso y Negación de Área. |
| AI | Artificial Intelligence | Inteligencia Artificial (véase también IA). |
| ARC | Adaptive Radar Countermeasures | Programa de DARPA: Contramedidas de Radar Adaptativas. |
| BLADE | Behavioral Learning for Adaptive Electronic Warfare | Programa de DARPA: Aprendizaje Conductual para Guerra Electrónica Adaptativa. |
| C2 | Command and Control | Mando y Control. |
| C4ISR | Command, Control, Communications, Computers, Intelligence, Surveillance and Reconnaissance | Mando, Control, Comunicaciones, Computación, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento. |
| CEMA | Cyber Electromagnetic Activities | Actividades Electromagnéticas y Cibernéticas |
| CEW | Cognitive Electronic Warfare | Guerra Electrónica Cognitiva. |
| CID | Clúster de la Industria de Defensa | Organización española. |
| CIS | Communication and Information Systems | Sistemas de Información y Comunicaciones. |
| CNN | Convolutional Neural Networks | Redes Neuronales Convolucionales (tipo de IA). |
| CSBA | Center for Strategic and Budgetary Assessments | Centro de Evaluaciones Estratégicas y Presupuestarias (EE. UU.). |
| DAB | Digital Audio Broadcasting | Radiodifusión de radio digital |
| DARPA | Defense Advanced Research Projects Agency | Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (EE. UU.). |
| DCIS | Digital Communication and Information Systems | Sistema de Información y Comunicaciones Desplegables. |
| DEW | Directed Energy Weapons | Armas de energía dirigida |
| DoD | Department of Defense | Departamento de Defensa de los Estados Unidos. |
| DRFM | Digital Radio Frequency Memory | Memoria Digital de Radiofrecuencia. |
| DRL | Deep Reinforcement Learning | Aprendizaje por Refuerzo Profundo (tipo de IA). |
| DSSS | Direct Sequence Spread Spectrum | Espectro Ensanchado por Secuencia Directa. |
| DVB-T | Digital Video Broadcasting – Terrestrial | Televisión Digital Terrestre |
| EA | Electronic Attack | Ataque Electrónico. |
| ECCM | Electronic Counter-Countermeasures | Contra-Contramedidas Electrónicas. |
| ECM | Electronic Countermeasures | Contramedidas Electrónicas. |
| EEM | Espectro Elecmagnético | |
| EMCON | Emission Control | Control de Emisiones. |
| EMO | Electromagnetic Operation | Operaciones Electromagnéticas (OTAN) |
| EMSO | Electromagnetic Spectrum Operations | Operaciones en el Espectro Electromagnético (EE. UU.). |
| EO | Electro-optic | Electroóptica |
| EOI | Emissions of Interest | Emisiones de Interés. |
| EP | Electronic Protection | Protección Electrónica. |
| ES | Electronic Support | Soporte Electromagnético. |
| ESM | Electronic Support Measures | Medidas de Apoyo Electrónico. |
| EW | Electronic Warfare | Guerra Electrónica. |
| FCAS | Future Combat Air System | Futuro Sistema de Combate Aéreo. |
| FM | Frequency Modulation | Modulación de Frecuencia |
| FPV | First View Person | Drones guiados visualmente |
| GAN | Generative Adversarial Networks | Redes Generativas Adversarias (tipo de IA). |
| GEE | Guerra en el Espectro Electromagnético | Corresponde a Electromagnetic Spectrum Warfare del WAW. |
| GNSS | Global Navegation Satellite Systems | Sistemas Globales de Navegación por Satelite. |
| GPS | Global Positioning System | Sistema de Posicionamiento Global. |
| HPL | High Power Laser | Laser de alta potencia |
| HPM | High Power Microwave | Microondas de alta energía |
| IA | Inteligencia Artificial | |
| IaaS | Infrastructure as a Service | Infraestructura como Servicio. |
| IR | Infrared | Infrarrojo |
| JED | Journal of Electronic Defense | Ahora Journal of Electromagnetic Dominance. |
| LLM | Large Language Models | Grandes Modelos de Lenguaje (tipo de IA). |
| LPD | Low Probability of Detection | Baja Probabilidad de Detección. |
| LPI | Low Probability of Interception | Baja Probabilidad de Interceptación. |
| MANET | Mobile ad hoc Network | Redes ad hoc móbiles |
| ML | Machine Learning | Aprendizaje Automático (rama de la IA). |
| NETSEC | Network Security | Seguridad de Red. |
| OBE | Orden de Batalla Electrónico | Sigla en español para Electronic Order of Battle (EOB). |
| OODA | Observe, Orient, Decide, Act | Ciclo de decisión: Observar, Orientar, Decidir, Actuar. |
| OTAN | Organización del Tratado del Atlántico Norte | |
| PCL | Passive Coherent Location | Radar Pasivo por Localización Coherente |
| RAF | Range Advance Factor | Factor de ventaja de alcance (en guerra electrónica). |
| RCS | Radar Cross Section | Sección Transversal Radar (visibilidad ante el radar). |
| REAM | Reactive Electronic Attack Measures | Ataque Electrónico Reactivo |
| REMP | Recognized Electromagnetic Picture | Imagen Electromagnética Reconocida (Conciencia Situacional Electromagnética). |
| RWR | Radar Warning Receiver | Receptor de Alerta Radar. |
| SABER | Small Adaptive Bank of Electronic Resources | Pequeño Banco Adaptativo de Recursos Electrónicos |
| SAM | Surface-to-Air Missile | Misil Superficie-Aire. |
| SATCOM | Satellite Communications | Comunicaciones por Satélite. |
| SDR | Software Defined Radio | Radio Definida por Software. |
| SNR | Signal-to-Noise Ratio | Relación Señal/Ruido. |
| SWaP-C | Size, Weight, Power, and Cooling | Tamaño, Peso, Potencia y Refrigeración (factores de diseño). |
| UAV | Unmanned Aerial Vehicle | Vehículo aéreo no tripulado |
| UGV | Unmanned Ground Vehicle | Vehículo terrestre no tripulado |
| TRANSEC | Transmission Security | Seguridad de Transmisión. |
| WAW | Winning the Airwaves | “Ganando las ondas” (título del informe analizado). |
Bibliografía:
- Clark, B., & Gunzinger, M. (2015). Winning the Airwaves: Regaining America’s Dominance in the Electromagnetic Spectrum. Center for Strategic and Budgetary Assessments (CSBA).
- Colom, G. (2016). La defensa estadounidense, entre la revolución y la compensación. Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla.
- Joint Chiefs of Staff. (2020). Joint Publication 3‑85: Joint Electromagnetic Spectrum Operations (JEMSO)
- Office of the Secretary of Defense. (2020). DoD Directive 3610.01: Electromagnetic Spectrum Enterprise Policy
- Department of Defense. (2020). Electromagnetic Spectrum Superiority Strategy
- Stillion, J., & Clark, B. (2015). What It Takes to Win: Succeeding in 21st Century Battle Network Competition. Center for Strategic and Budgetary Assessments (CSBA).
- White Jr., S. R. (Dir.). (2017). Closer Than You Think: The Implications of the Third Offset Strategy for the U.S. Army. Strategic Studies Institute (SSI) & U.S. Army War College Press.
- Freedberg Jr., S. J. (2014). US Has Lost ‘Dominance in Electromagnetic Spectrum’: Shaffer. Breaking Defense.
- Nieto Fernández, I. (2019). Las operaciones electromagnéticas. Revista General de Marina, CCLXXVII, 931–941.
- Nieto Fernández, I. (2021). La capacidad de disuasión estratégica de las operaciones electromagnéticas. IEEE.es.
- Nieto Fernández, I. (2022). La necesidad de contar con un centro de operaciones electromagnéticas en las FAS españolas, Global Strategy.
- De Sousa Fuchs, M. R. (2025). ¿Cómo combatir en el espectro electromagnético y en el entorno de la información? Ministerio de Defensa (CESEDEN).
- Colin Demarest. (2023). US military losing electronic warfare ‘muscle memory,’ CQ Brown warns. C4ISRNET.
- Haigh, K. Z. Trung Nguyen (2025). “Challenges of Testing Cognitive EW Systems”. Test Resource Management Center (TRMC)
- Haigh, K. Z., & Andrusenko, J. (2021). “Cognitive Electronic Warfare: An Artificial Intelligence Approach”. ArtechHouse, 2021
- Daniela Pistola, Francesco Chirico. “Cognitive EW”, Emsopedia
- A. Jung, Machine Learning: The Basics, Springer, Singapore, 2022
- Fernando del Pozo, Guerra híbrida: la amenaza sin firma que desborda a Europa, 2025, TheObjetive.
- Kukkola, Juha. “Russia’s Adaptation in the War against Ukraine (2022–2025).” National Defence University, Department of Warfare, Helsinki, 2025.
- Altman, Howard. “Inside Ukraine’s Fiber-Optic Drone War.” The War Zone, 28 de mayo de 2025.
- Ryan, Mick. “Dispatch from Ukraine: The adaptation battle intensifies.” Lowy Institute, 17 de marzo de 2025
- Zafra, Mariano; Hunder, Max; Rao, Anurag; Kiyada, Sudev. “How drone combat in Ukraine is changing warfare.” Reuters, 25 de marzo de 2024
- Cranny‑Evans, S. & Withington, T. Russian Comms in Ukraine: A World of Hertz. Royal United Services Institute (RUSI), 9 mar. 2022.
- Army‑Technology. Unencrypted communications by Russia undermines operational security in Ukraine. Army‑Technology, 26 ene. 2023.
- Kobzan, S. M. (2022). GIS for the Armed Forces of Ukraine: Two components of victory. Military Affairs and National Security (INTERCONF), n.º 117.
- Frąckiewicz, M. (2025, 13 de junio). Fiber-Optic Drones in Ukraine: Evolution, Applications, and Impact. TECHSTOCK2.
- Zhibo Tang ,HeMa , Youmin Qu, XingpengMao, (2025) UAV Detection with Passive Radar: Algorithms, Applications, and Challenges, Drones 2025, 9, 76
Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

