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El atentado contra Fakhrizadeh, una nueva humillación para Irán. El peligro de caminar como sonámbulos hacia la guerra

https://global-strategy.org/el-atentado-contra-fakhrizadeh-una-nueva-humillacion-para-iran-el-peligro-de-caminar-como-sonambulos-hacia-la-guerra/ El atentado contra Fakhrizadeh, una nueva humillación para Irán. El peligro de caminar como sonámbulos hacia la guerra 2020-11-29 19:33:17 Javier Mª Ruiz Arévalo Blog post Estudios Globales Oriente Medio
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El asesinato del científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh parece retrotraernos a hace unos meses, cuando fue asesinado el General Soleimani, jefe de la Guardia de la Revolución Islámica. Ahora, como entonces, surgen dudas sobre la reacción que puede provocar esta acción y sobre los objetivos perseguidos con ella por quienes la hayan dirigido. Posiblemente, todo lo que ocurra en relación con Irán en el futuro inmediato haya que interpretarlo en relación con el próximo relevo presidencial en EEUU. En el complicado tablero de Oriente Medio, más de una ficha va a moverse de aquí a esa fecha, tratando de obtener posiciones de ventaja para futuras jugadas, o de de consolidar y reforzar posiciones alcanzadas.

En el caso de la actual administración de EEUU, podemos intuir que sus movimientos estarán encaminados a reforzar la imagen de antagonismo absoluto entre Irán y EEUU, pero sin llegar a provocar un conflicto abierto. El problema es que en una región tan volátil, exacerbar las tensiones de modo calculado resulta un experimento arriesgado. Si bien es cierto que, a día de hoy, ninguno de los actores principales en este escenario está interesado en que la tensión desemboque en un conflicto armado, no podemos descartar que una reacción atípica o inesperada de cualquiera de ellos acabe precipitando consecuencias indeseadas.

En su libro Sonámbulos. Cómo Europa llegó a la guerra en 1914[1], Christopher Clark describe cómo las potencias europeas se vieron inmersas en 1914 en una guerra que ninguna de ellas deseaba, ni creía posible. Esta experiencia evidencia lo arriesgado de jugar al filo de la navaja, confiando en que, en cualquier escalada, nadie rebasará la línea de no retorno. La historia reciente de Europa, concretamente los prolegómenos de la IIª Guerra Mundial, nos ofrece más lecciones interesantes. La política de apaciguamiento frente a la Alemania Nazi, liderada por Gran Bretaña y Francia, demuestra que una política de disuasión sólo puede resultar efectiva si es respaldada por un poder diplomático y militar potente y creíble. Y si es oportuna: Dejar crecer a “La Bestia” nunca resulta una estrategia rentable. Por otra parte, la alianza entre Hitler y Stalin demuestra claramente que, en función de los intereses de cada momento, tu aliado de hoy puede ser tu enemigo mañana. Pocos cambios resultan tan dramáticos como el del partido Comunista francés que pasó de apoyar en 1939 a Alemania frente a los “sucios imperialistas”, justificando su traición con el argumento de que “los proletarios no tenemos patria”, a alistarse en la Resistencia contra los invasores alemanes, una vez que los intereses de Stalin cambiaron de bando[2].

El peligro de las escaladas imprevistas; los riesgos de las políticas apaciguadoras insuficientemente fuertes y creíbles, y lo incierto de las alianzas actuales son lecciones que no deberían pasarse por alto.

Hay pocas dudas de que con el asesinato de Mohsen Fakhrizadeh, del que Teherán acusa a Israel, sus promotores no buscaban provocar una escalada que lleve al conflicto armado en la región. Tampoco parece que la anunciada respuesta iraní vaya a pretender ese resultado. Entre otras cosas, porque no parece que este asesinato vaya a provocar una reacción mayor que el del General Soleimani, mucho más relevante y popular. En aquel caso, la reacción de Teherán no fue más allá de la escalada verbal y las represalias “quirúrgicas”. Nada parece indicar que vaya a ir más allá ahora.

EEUU es sin duda el actor más relevante, junto al propio Irán, en esta crisis. En su actuación, juega un papel relevante el próximo relevo presidencial, ante el cual el equipo del presidente Donald Trump puede estar haciendo todo lo posible para incitar y enervar a los sectores más intransigentes de Irán, pero sin llegar a provocar un conflicto abierto. Sobre todo teniendo en cuenta que su aliado favorito en la región, Israel, está al alcance de Hezbolá o de los misiles de largo alcance iraníes. Trump prometió en su campaña acabar con las “guerras interminables” y, cumpliendo su promesa, tras abandonar Siria, está haciendo lo propio en Afganistán e Irak. No parece el momento de empezar una nueva guerra. Probablemente, el objetivo de la administración Trump sea más bien generar tanto odio como sea posible para hacer imposible una reconciliación en el futuro.

Aunque esta estrategia puede volverse en contra de su autor y beneficiar al futuro presidente Biden, partidario de retomar el acuerdo nuclear de 2015, posiblemente con un alcance más amplio y con plazos más largos, si es posible. Antes de que Irán y EEUU vuelvan a sentarse en la mesa de negociaciones, Teherán tendrá que aguantar nuevos ataques que pongan de manifiesto su incapacidad para defenderse a sí mismo, poniendo al régimen en evidencia. Presumiblemente, el reencuentro irá precedido por un incremento en la tensión. Pero Biden podrá culpar de ello a la administración saliente y podría incluso obtener un trato más ventajoso, a cambio de detener la escalada.

Irán, por su parte, a pesar de su retórica belicista, no está en condiciones de soportar un conflicto total. Las sanciones y la COVID-19 han arruinado su economía. A medio plazo, el presidente Rojaní afronta unas elecciones presidenciales en las que deberá tratar de doblegar al ala más dura del régimen. Aunque es poco probable que sus resultados cambien la realidad y el poder real siga descansando en  el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. Pero hay un factor que determina la actitud iraní por encima e otras consideraciones coyunturales: el balance de fuerzas con EEUU y sus aliados hace imposible una victoria militar iraní, algo de lo que Teherán es consciente y que determina su estrategia.

Irán sabe que tiene que jugar sus bazas a largo plazo. Su inferioridad militar le ha llevado al convencimiento de que tiene que seguir apostando por una estrategia híbrida que tense la cuerda sin llegar a romperla. Si la muerte de Soleimani no provocó la respuesta bélica prometida, la de Fakhrizadeh tiene muy pocas probabilidades de hacerlo. A fin de cuentas, no deja de ser un científico escasamente conocido y es poco probable que se lleve con él secretos no compartidos con sus colegas más inmediatos. La principal consecuencia de asesinatos como el suyo es poner en evidencia las vulnerabilidades de Teherán y así debilitar su posición frente a una futura negociación con Biden.

En cuanto a Israel, el más feroz antagonista de Irán, podría parecer que su estrategia pasa por empujar a EEUU e Irán a un conflicto abierto. Resulta interesante recordar que el primer ministro Benjamin Netanyahu, en abril de 2018, llamaba a tener presente el nombre de Fakhrizadeh en un discurso en el que llamaba a la confrontación para detener el programa nuclear de Irán. El interés de Israel resulta obvio: ser la única potencia nuclear de la región. Lo que coincide con el interés generalizado por evitar la proliferación de armas nucleares. Pero Israel tampoco está en su mejor momento, sobre todo desde el punto de vista de Netanyahu, que se enfrenta a unas posibles elecciones el próximo año y a la pérdida de su aliado clave, Trump. En este contexto, es difícil que Israel decida actuar unilateralmente contra Irán para provocar una escalada incontrolada. Un horizonte con elecciones y sin Trump no parecen alentar este tipo de aventuras. Además, por muy avanzados que sean sus sistemas de defensa antimisiles, pagaría un precio muy alto si fuera atacada desde el norte y el este por Irán y Hezbolá.

Si las acusaciones de que Israel está detrás del atentado fueran ciertas, algo que Israel no ha querido valorar, el propósito no sería provocar un conflicto abierto, sino tres objetivos más modestos. En primer lugar, soliviantar a los halcones iraníes, dificultando así un hipotético acuerdo con EEUU. En segundo lugar, poner en evidencia la vulnerabilidad del régimen iraní, mostrando la facilidad con que puede atentar contra sus líderes. Por último, Netanyahu podría estar enviando un mensaje a la administración entrante en EEUU, para la que es probable que Netanyahu suponga más un problema a resolver que un aliado. Con este atentado, Israel demuestra a Washington su capacidad de hacer el “trabajo sucio” en beneficio de la Casa Blanca, permitiendo a Biden actuar como el “poli bueno”. Si hay algo que caracteriza a Oriente Medio es la volatilidad, la retórica explosiva y la tendencia a las espirales de violencia. Dice el refrán que “dos no riñen, si uno no quiere” y parece que hoy nadie quiere escalar el conflicto más allá de un nivel controlable. Pero conviene no olvidar las lecciones de la historia que muestran, entre otras cosas, cómo las naciones pueden caminar sonámbulas hacia guerras que ni quieren, ni saben evitar.


[1] CLARK, Christopher. Sonámbulos. Cómo Europa llegó a la guerra en 1914. Galaxia. 2015.

[2] PLANELLS, Antonio. Pétain, Mariscal de Francia. Viena. 2000. País. 235 y ss.

Javier Mª Ruiz Arévalo

Coronel del Ejército de Tierra español y Doctor en Derecho por la Universidad de Granada. Ha desplegado en dos ocasiones en Kabul, desempeñando cometidos en el área de la cooperación cívico militar.

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