El contexto estratégico y los nuevos riesgos y amenazas configuran un nuevo entorno operativo al que las Fuerzas Armadas, y las Fuerzas Aéreas, en particular, deberán adaptarse si desean mantener su capacidad operativa y eficacia. Los acontecimientos bélicos y los conflictos de las dos últimas décadas revelan que los avances en tecnología, y un mayor acceso a la misma por parte de un mayor número de actores estatales y no-estatales, han conformado un nuevo entorno operativo y alterado, por tanto, el denominado «espacio de las operaciones»[1] y, como consecuencia de ello, han afectado la aplicación del poder militar. La forma tradicional en la que se planean y conducen las operaciones militares se encuentra, por tanto, claramente afectada. En los escenarios operativos presentes y futuros será necesaria una mayor agilidad y flexibilidad, así como una gran capacidad de adaptación en la forma de operar para mantener la ventaja estratégica que permita afrontar las operaciones [aeroespaciales] con probabilidad de éxito.
Los conflictos habidos desde el final de la Guerra Fría en el entorno de Occidente habían llevado, en su momento, a una percepción equivocada sobre los conflictos del futuro, apuntando a que la superioridad tecnológica sería suficiente para derrotar a cualquier adversario (en clara referencia a la primera guerra del Golfo y a la operación Allied Force). Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años, relacionados con diferentes crisis o conflictos, han venido diluyendo esta percepción inicial. Y es que, además de un complejo contexto estratégico en constante evolución, de las nuevas amenazas y de las influencias que todo ello tiene en el entorno operativo, la gestión de los conflictos es, fundamentalmente, una actividad plenamente dinámica debido a los diversos factores que ejercen influencia sobre el Estado y sus relaciones con la sociedad (en clara alusión a la trilogía de Clausewitz), además del efecto, en ocasiones impredecible, del empleo de los instrumentos de poder del Estado ante un adversario.
Esta realidad nos lleva a afirmar que el éxito de la necesaria estrategia integral para la resolución de crisis o conflictos, mediante la aplicación sinérgica y transversal de los instrumentos disponibles a disposición del gobierno (diplomático, de información, militar y económico), precisa no solo de un correcto conocimiento de contexto, riesgos y amenazas y de una buena coordinación político-militar, sino también de una adecuada comprensión de la naturaleza y evolución de los conflictos. El conocimiento de todo ello y la puesta en práctica de una buena coordinación y sincronía no asegurarán la victoria, pero sin ellos será difícil aplicar eficazmente los instrumentos de la estrategia nacional.
En este sentido, y en clave de presente y futuro, el esfuerzo de prospectiva de cómo debe operarse en los entornos operativos a corto y medio plazo (en un horizonte aproximado de 2040) debe incluir una revisión del contexto estratégico y de los riesgos y amenazas que nos permita comprender cómo se conforman los entornos operativos y cómo sus características afectan a la aplicación del poder militar en el espacio de las operaciones. España, al igual que ya han hecho otras naciones de nuestro entorno, precisa definir cómo afrontar los escenarios, que no solo conflictos, desde el punto de vista militar, en un futuro a corto y medio plazo y, podríamos afirmar, en un casi presente, teniendo en cuenta los acontecimientos que vivimos en la actualidad (en referencia al conflicto en Ucrania). En línea con algunos países aliados, todo indica que necesitamos evolucionar hacia una nueva forma de operar, en lo que podemos denominar «entorno multidominio».
En los nuevos entornos operativos, las Fuerzas Aéreas, y el Ejército del Aire y del Espacio en particular, como el resto de las FAS, deben adaptar la forma en que planean y ejecutan las operaciones aeroespaciales con el fin de mantener la eficacia como herramienta esencial de la Seguridad Nacional. Entre los elementos clave en la tarea de afrontar esta evolución, sería necesario un mayor conocimiento y entendimiento de las amenazas y entornos operativos, así como una indispensable adaptación y resiliencia para resistir y recuperar funciones adecuadamente. Así mismo, debería poderse operar con mayor agilidad entre dominios, lo que solo será posible operando en red, mediante una robusta y segura conectividad que permita producir, de una forma ágil, efectos a través de los dominios; para ello, será igualmente necesario disfrutar de una deseada superioridad en el ciberespacio.
Además, de forma progresiva, debería ir implementándose una configuración más ágil del mando y control que facilite la aplicación de los principios fundamentales de dicha función, evolucionando hacia una mayor descentralización, en aplicación de la filosofía «mission-command». Ello debe permitir a los mandos subordinados, dentro del marco de la intención del comandante, una mayor iniciativa disciplinada, en base a estrictos protocolos de delegación de autoridad (en los casos y en los términos que se determinen) con el fin de no dificultar la implementación del principio de unidad de mando.
Adicionalmente, será necesaria una mayor agilidad y flexibilidad, así como una gran capacidad de adaptación a la nueva forma de operar, para mantener la ventaja estratégica que permita afrontar las operaciones [aeroespaciales] en entorno multidominio con probabilidad de éxito, produciendo, a través de los dominios, los efectos que sean necesarios. Y no afectará menos a un componente esencial; por ser el recurso humano, al igual que el ciberespacio, un elemento transversal, será preciso disfrutar de una superioridad en el dominio cognitivo, a pesar de ser éste un ámbito aún desconocido y de lo difícil que será alcanzarla en todos sus aspectos.
La historia ha demostrado en múltiples ocasiones que la tecnología no lo es todo. La adquisición e implementación de nuevas capacidades militares en los diferentes ámbitos de actuación es necesaria, pero los acontecimientos pasados y actuales dejan claro que ello no es suficiente. La evolución y adaptación a los nuevos entornos operativos no es una opción, es una necesidad, aunque ello no resulte extraño a las FAS que viven, de forma muy significativa durante el último medio siglo, en una continua evolución.
Para profundizar en este tema puede leer el artículo completo: José María Martínez Cortés, “El nuevo entorno operativo y las operaciones aeroespaciales”, Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, No 20, 2022, pp. 185-212.
[1] El espacio de las operaciones es la porción de los ámbitos de operación, físicos y no físicos, en los que operan los instrumentos de poder, en particular el instrumento militar, se ejecutan las acciones, tienen lugar los enfrentamientos, y se producen los efectos (Doctrina para el Empleo de las FAS, PDC-01A).

