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¿Es el coronavirus un cisne negro?

En algunos medios de comunicación se está debatiendo si la pandemia provocada por el coronavirus se corresponde con la categoría de cisne negro o si por el contrario ha sido de un acontecimiento previsible.

Más allá de las publicaciones especializadas del ámbito de las Ciencias de la Salud, el riesgo de las pandemias y la dificultad de contener las enfermedades contagiosas en un mundo globalizado aparecía señalado en numerosos documentos prospectivos como por ejemplo el Global Trends 2030 del ESPAS, el Global Trends de la comunidad de inteligencia norteamericana, o el Panorama de Tendencias Geopolíticas: horizonte 2040 del Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Nassim Nicolas Taleb popularizó el término cisne negro hace más de una década y estableció tres criterios para que un acontecimiento pudiera ser entendido como tal:

  • Es una sorpresa para el observador
  • Genera un gran impacto
  • Una vez ocurrido, el observador tiende a racionalizarlo. Presta atención renovada a información que le habría ayudado a advertirlo y en consecuencia tiende a verlo como algo previsible y no tan sorprendente

La clave se encuentra no tanto en el evento en sí como en el propio observador. Para ilustrarlo, Taleb pone el famoso ejemplo del pavo de Acción de Gracias. La imagen que este tiene de los seres humanos es positiva pues –sin conocer lo que le espera– todos los días hay personas que le llevan alimento. Es más, conforme pasa el tiempo su opinión sobre la amabilidad del género humano se refuerza… hasta que llega el día fatal. Para el pavo lo que ocurre a continuación es un cisne negro pero para la mano que le daba de comer era algo predecible.[1]

Por ello, un acontecimiento no es un cisne negro por su grado de probabilidad per se, sino por el grado de probabilidad que le asignan las distintas audiencias. Para quien tenga más conocimiento sobre el ámbito en cuestión, el acontecimiento quizás será una sorpresa táctica: desconoce el momento y el lugar. Para los analistas de inteligencia que seguían las actividades de Bin Laden los atentados del 11-S no fueron un cisne negro. Igual que para quienes desde el ámbito médico y prospectivo consideraban las pandemias como un riesgo inevitable en un mundo globalizado tampoco ha sido un cisne negro el COVID-19. Sin embargo, para el resto de la sociedad ambos acontecimientos sí constituyen un cisne negro, por tratarse de una sorpresa estratégica de gran magnitud e impacto.

Una de las principales conclusiones que Taleb extrae de la categoría del cisne negro es su relación con el conocimiento experto y con la necesidad de mantener la mente abierta ante las discontinuidades,[2] dos condiciones esenciales para hacer un buen análisis estratégico como ya hemos visto en este documento previo y en este otro.

No hemos de contentarnos con lo que pensamos que sabemos. Siempre hemos de sentirnos insatisfechos por la cantidad de cuestiones que desconocemos dentro de nuestra propia especialidad, permaneciendo así abiertos a nuevas informaciones y opiniones que contradicen nuestros puntos de vista previos. Y, sobre todo, hemos de evitar los sesgos y atajos mentales, sintiéndonos cómodos ante la complejidad de los fenómenos que estudiamos. Cuanto más cultivemos estos hábitos, menor riesgo de vernos sorprendidos ‘estratégicamente’ por cisnes negros: al menos en nuestro ámbito de especialización.

Por otro lado, no basta con evitar la sorpresa a título individual. El conocimiento ha de transferirse con el fin de llegar a la sociedad en general y, en particular, a los actores influyentes en los procesos de tomas de decisiones con el fin de diseñar políticas públicas anticipatorias –y no meramente reactivas– que moderen el impacto de los cisnes negros. Por eso la fase de Difusión dentro del ciclo de inteligencia es tan importante –o más– que todo el proceso de producción. Lo mismo se aplica a la labor que desempeñan las Universidades, think-tanks y publicaciones especializadas como Global Strategy. Esta orientación hacia la transferencia de conocimiento afecta tanto al carácter atractivo, didáctico y riguroso de nuestros resultados de investigación como a la labor posterior de ‘marketing’ para llegar a audiencias interesadas e influyentes.

La actitud intelectual abierta y el compromiso con la transferencia del conocimiento van a resultar particularmente necesarios ante las consecuencias de enorme calado, y difíciles de prever a día de hoy, que van a derivarse de la pandemia COVID-19.


[1] Nassim Nicholas Taleb (2008), El Cisne Negro. El impacto de lo altamente improbable, Barcelona: Paidós, p. 87.

[2] Ibid. p. 92.

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Javier Jordán

Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada y Director de Global Strategy

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