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España y las armas nucleares

https://global-strategy.org/espana-y-las-armas-nucleares/ España y las armas nucleares 2021-07-19 13:08:17 Miguel Campos Robles Blog post Estudios de la Guerra Global Strategy Reports

Global Strategy Report, 31/2021

Resumen: España, durante los años sesenta y setenta del siglo pasado, mantuvo abierta la opción de fabricar armas nucleares, lo que le habría permitido disponer de una fuerza de disuasión nuclear, pero desistió en el último momento. El contexto histórico y las circunstancias geopolíticas fueron determinantes.

Para citar como referencia: Campos Robles, Miguel (2021), “España y las armas nucleares”, Global Strategy Report, No 31/2021.


Introducción

La seguridad energética es un factor vital para la independencia económica y política de cualquier país. Por esta razón, España, país carente de recursos energéticos, trató de reducir su dependencia exterior durante los últimos años del régimen del general Franco y los primeros gobiernos del régimen constitucional del 78. Para evitar esta vulnerabilidad energética, se inició un ambicioso programa de construcción de centrales e infraestructuras nucleares. El Plan Eléctrico Nacional (PEN) de 1969 preveía la construcción de 23 centrales nucleares para disminuir la dependencia del carbón y el petróleo en la producción de energía eléctrica[i].

El programa nuclear español, cuyo objetivo fundamental era desarrollar el aspecto civil de la energía nuclear, también tuvo un menos conocido aspecto militar. Desde un punto de vista técnico y económico, son varios los estudios que han tratado la historia de la energía nuclear con fines pacíficos en España, sin embargo, resulta poco conocido el intento de acceder al armamento nuclear, intento que se ha mantenido en una nebulosa de desconocimiento y especulación.

El proyecto para hacerse con un arma nuclear recibió el nombre de Proyecto Islero[ii]. El proyecto, que atravesó diversas fases, unas más activas que otras, se mantuvo vivo hasta que España firmó las salvaguardias nucleares de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) en 1981.

En el presente, en otro contexto y circunstancias políticas diferentes, la posición de España sobre las armas nucleares es claramente favorable al desarme y a la no proliferación nuclear.

El contexto geopolítico

La posición geoestratégica de España adquirió una gran importancia en el enfrentamiento entre Occidente y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Estados Unidos necesitaba contar con una zona de retaguardia en Europa y controlar el acceso al Mediterráneo occidental. En buena medida, esta circunstancia contribuyó a facilitar la firma del Pacto de Madrid entre España y los Estados Unidos en 1953, lo que supuso la ruptura de la neutralidad española. El acuerdo, que no implicaba un compromiso de defesa mutua, permitió la instalación de bases aéreas y navales en territorio español, además, reconocía la libertad de las fuerzas norteamericanas para moverse por el territorio, las aguas y el espacio aéreo español. A cambio, España recibió una escasa ayuda económica y militar, esta última consistió en material norteamericano de segunda mano, en su mayoría procedente de la guerra de Corea. Mientras tanto, las bases militares norteamericanas en territorio español se convertían en potenciales objetivos en una no descartable guerra nuclear. En todo caso, el régimen de Franco veía el pacto como un fortalecimiento de su seguridad y un paso hacia la ruptura del aislamiento internacional al que había estado sometido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En aquellos años, otro factor importante para la política internacional de España, y que continúa siéndolo en el presente, era la situación en el Norte de África. En el conflicto del Sahara Occidental (1973-1975), España no pudo utilizar el armamento de procedencia norteamericana, como ya previamente había ocurrido en la guerra de Ifni (1957-58), conflicto, este último, que tuvo lugar tras la independencia de Marruecos de Francia y España en 1956. En estos enfrentamientos con Marruecos, Estados Unidos dejó claro que no se implicaría en el área, ya que también mantenía una relación de cooperación con el país vecino, por lo que el Gobierno español sólo podría esperar de la gran potencia una acción de mediación en el mejor de los casos.

Además, otros conflictos internacionales como la guerra del Yom Kipur en Oriente Medio (1973), la tensión entre Grecia y Turquía por la cuestión de Chipre (1974) y el movimiento revolucionario en Portugal (1974) aumentaron la inestabilidad en el Mediterráneo, lo que hizo que el despliegue de fuerzas norteamericanas en España ganara aún más importancia estratégica.

El Proyecto Islero

En 1951, fue creada la Junta de Energía Nuclear (JEN) dependiente de la presidencia del Gobierno[iii], con la función primordial de dirigir las investigaciones para la aplicación de la energía nuclear a los fines nacionales. Las instalaciones se ubicaron en la Ciudad Universitaria de Madrid. Cuatro años más tarde, España, acogiéndose al programa «Átomos para la Paz», firmó con Estados Unidos el primer acuerdo de cooperación para el uso pacífico de la energía nuclear, por el que este país facilitó la ayuda necesaria para la construcción del primer reactor experimental, suministró el uranio enriquecido para su funcionamiento y colaboró en la formación del personal. En 1967, fue construido el también reactor experimental Coral-1 del tipo denominado rápido[iv], apropiado para la producción de plutonio. La creciente importancia de los estudios e investigaciones nucleares en los campos de la producción de energía eléctrica y la generación de radioisótopos, de aplicación en medicina, la industria y la agricultura, llevó a la creación del Centro Nacional de Energía Nuclear en 1958.

El siguiente acuerdo con los Estados Unidos en materia nuclear proporcionó los créditos necesarios para la construcción de las primeras centrales nucleares construidas en España: la central de Zorita[v] (Guadalajara) y la de Garoña[vi] (Burgos), ambas construidas con tecnología americana. Por otro lado, Francia, en competencia con los Estados Unidos, dio facilidades para construir una central con tecnología francesa en España, así, en 1964, mientras se construían las dos centrales anteriores, el Gobierno aprobó la construcción de la central de Vandellós I[vii] (Tarragona) de propiedad hispano-francesa. Esta central, que entró en funcionamiento en 1972, al contrario de sus predecesoras fue concebida como una planta de doble uso civil y militar (Velarde, 2016). Pues, al usar la central uranio natural como combustible se evitaba el proceso de enriquecimiento del uranio fuera de España, y el combustible consumido sería reprocesado en una planta francesa. Además, Vandellós quedaba fuera de la supervisión de Estados Unidos y de la OIEA, a diferencia del resto de centrales y otras instalaciones. El plutonio militar para las fuerzas nucleares francesas provenía de varias centrales nucleares construidas con la misma tecnología que Vandellós I.

Estas señales comenzaron a despertar en Estados Unidos la sospecha de que el combustible utilizado en Vandellós podría ser desviado para actividades no propiamente civiles, lo que le llevó a presionar a las autoridades españolas para que firmaran el tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (NPT)[viii].

El presidente francés Charles de Gaulle, desde su llegada a la presidencia de Francia en 1959, seguía una política caracterizada por evitar la dependencia de los Estados Unidos y una política exterior propia, que condujo a la nación vecina a abandonar el mando integrado militar de la OTAN y a convertir a Francia en una potencia nuclear. Estas circunstancias, inducen a pensar que esta política francesa pudo verse como un ejemplo a seguir por las autoridades españolas de la época.

Hoy, conocemos, por varias fuentes, que en 1963 el capitán general Agustín Muñoz Grandes, entonces vicepresidente del Gobierno, ordenó a la JEN, dirigida por el almirante ingeniero José María Otero Navascués, que realizara un estudio, con la debida discreción, sobre la viabilidad de fabricar un arma atómica. El estudio fue encomendado al miembro de la JEN más adecuado por su personalidad, capacidad y preparación técnica, el comandante ingeniero del Ejército del Aire Guillermo Velarde[ix].

Los objetivos del proyecto eran aumentar el prestigio y el desarrollo tecnológico de España y disponer de una capacidad de disuasión nuclear propia, lo que hubiera permitido una posición de mayor independencia e influencia internacional. El momento histórico en que se tomó la decisión de iniciar el proyecto, hace pensar que también fue considerada la amenaza a los territorios españoles del Norte de África, pues sólo unos años antes había tenido lugar la olvidada guerra de Ifni[x], enclave español en el protectorado francés de Marruecos que llegó a tener la categoría de provincia.

Los ingenieros que trabajaban en el Proyecto Islero pronto se encontraron con dificultades técnicas. Las bombas basadas en la fisión del uranio fueron inicialmente descartadas, pues el método de difusión gaseosa mediante centrifugadoras, utilizado para el enriquecimiento del uranio a gran escala, era extremadamente complejo. El procedimiento suponía una gran dificultad técnica en la fabricación de las membranas de las centrifugadoras, un enorme consumo de energía eléctrica y, sobre todo, la dificultad para justificar y encubrir una instalación para llevar a cabo esta actividad. Un artefacto nuclear basado en el plutonio como material fisible era más viable, pues su obtención podría hacerse de forma más discreta. También, se requería una planta de reprocesado del combustible consumido en un reactor como el de Vandellós I.

El 17 de enero de 1966, en el espacio aéreo español, a más de 10000 metros de altura sobre la localidad de Palomares (Almería), tuvo lugar el accidente más grave ocurrido en España relacionado con el armamento nuclear. Ese día, un bombardero B-52 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, portando cuatro bombas nucleares de 1,5 megatones, colisionó con un avión cisterna KC-135 procedente de la base de Morón durante una operación rutinaria de reabastecimiento de combustible en vuelo. El B-52 regresaba de una misión en la frontera turco-soviética, como parte de los vuelos disuasorios que realizaba la aviación estratégica norteamericana en aquellos años.

Los dos aviones colisionaron en el aire y cayeron a tierra. El accidente provocó la muerte de siete de los once tripulantes de las dos naves. De las cuatro bombas termonucleares[xi] que se desprendieron automáticamente del B-52, dos quedaron intactas, una de ellas cayó en el mar, pero las otras dos se dañaron al impactar en el suelo, la detonación del explosivo convencional, cuya función es iniciar la reacción en cadena del material nuclear, provocó la destrucción de las bombas y la formación de una nube de partículas radioactivas que se depositó sobre una superficie de más de 200 hectáreas que quedaron contaminadas. La explosión nuclear no se produjo gracias a los sistemas de seguridad que disponían las bombas para evitar explosiones accidentales.

Nada más producirse el accidente, la JEN envió a la zona al comandante Velarde para obtener información del accidente y sus consecuencias. Del análisis del terreno, donde se encontraban esparcidos los restos de las bombas, se derivó un hecho sorprendente e inesperado: «En la zona donde habían caído las bombas termonucleares dos y tres, y aunque los americanos habían recogido la mayoría de los restos de ellas, Guillermo Velarde observó que algunas piedras estaban ennegrecidas emitiendo una gran actividad; ello, unido a las respuestas confusas que le dio el coronel norteamericano y que al día siguiente no quedaba ni rastro de esas piedras, le llevó a la conclusión de que aquella esponja negra debía desempeñar un papel muy importante en el funcionamiento de las bombas termonucleares» (Carpintero, 2017). Esto permitió a Velarde descubrir el secreto del método Teller-Ulam[xii] celosamente guardado por los científicos norteamericanos. El método ya había sido también previamente redescubierto por el eminente físico nuclear soviético Andrei Sájarov en 1953, lo que permitió a la URSS explosionar el dispositivo termonuclear denominado RDS-37 en 1955[xiii].

Tras el accidente, el general Franco citó a Guillermo Velarde para que le informara del accidente y del estado del Proyecto Islero, en la entrevista Franco dijo: «He considerado las ventajas que tendría para España poder disponer de un pequeño arsenal de armas nucleares, pero estoy convencido de que, antes o después, sería prácticamente imposible mantenerlo en secreto. España no podría soportar otras sanciones económicas, razón por la que he decidido posponer el desarrollo de este proyecto» (Velarde, 2016). Por otra parte, España estaba sujeta a las salvaguardias nucleares[xiv] de los Estados Unidos y de la OIEA por los acuerdos con los norteamericanos, que obligaban al uso exclusivamente pacífico de la energía nuclear.

Sin embargo, el entonces vicepresidente del Gobierno Carrero Blanco (1967-1973) mantenía la voluntad de impulsar el proyecto, de modo que el teniente general Manuel Díez-Alegría, tras asumir la jefatura del Alto Estado Mayor a comienzos de los setenta, pidió a Velarde que continuara con las investigaciones.

Los avances de la energía nuclear en nuestro país despertaron inquietud entre las autoridades y científicos norteamericanos al considerar que España disponía de la capacidad y los recursos para fabricar un arma nuclear. «La Agencia Central de Inteligencia (CIA), según un informe desclasificado, conoció la existencia de un estudio del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) de 1971 en el que se planteaba la fabricación de armamento atómico» (Castro, 2015). Según el profesor e historiador Muñoz Bolaños el estudio elaborado por Velarde y otros militares españoles recogía que «España podía poner en marcha con éxito la opción nuclear militar. Se daba especial importancia a la central de Vandellós como fuente para la obtención del plutonio militar y se indicaba la posibilidad de realizar la primera prueba nuclear en el desierto del Sahara Español» (Muñoz, 2014). Otro informe de la CIA elaborado en octubre de 1974, pero conocido en febrero de 1977, afirmaba que un grupo de seis países, entre ellos España, podría disponer de su propio armamento atómico en siete o diez años. En el apartado del informe dedicado a España se hace mención a sus reservas naturales de uranio, a su ambicioso programa de fabricación de centrales nucleares, a la intención de construir una planta de reprocesado del combustible nuclear y a su negativa a firmar el NPT[xv].

De hecho, el presidente del Gobierno Arias Navarro (1973-1976) decidió continuar adelante con el Proyecto Islero, en ese sentido, su ministro de Asuntos Exteriores José María de Areilza reconoció que «España estaba en condiciones de fabricar armas nucleares en siete u ocho años si nos pusiéramos a ello. No queremos ser los últimos en la lista»[xvi]. De ahí que las presiones de Estados Unidos para que España firmara el NPT continuaran durante la presidencia de James Carter (1977-1981), especialmente al conocerse el proyecto de construcción de un Centro de Investigación Nuclear (CIN) en la provincia de Soria, donde se llevaría a cabo la investigación y desarrollo de tecnologías para el reprocesamiento del combustible nuclear y la obtención del plutonio. El proyecto de construcción de este centro quedó finalmente suspendido en 1981, sin que se llegaran a iniciar las actividades previstas.

En 1976, ya bajo el primer gobierno de la monarquía del rey Juan Carlos I, el acuerdo con los Estados Unidos se renovó como Tratado de Amistad y Cooperación, un tratado bilateral propiamente dicho, sancionado por las Cortes españolas y el Congreso de Estados Unidos. A partir de ese momento, a diferencia de lo que venía sucediendo, Estados Unidos no podría almacenar armas nucleares ni sus componentes nucleares en territorio español, la retirada de los submarinos nucleares de la base naval de Rota se produciría, de forma escalonada, a partir del 1 de enero de 1979 y estaría finalizada el 1 de julio de ese año[xvii]. En 1982, se firmó el Convenio de Amistad, Defensa y Cooperación en el que se cambiaban los términos del anterior tratado, en lo sucesivo un despliegue de armamento nuclear en España necesitaría la aprobación del Gobierno español.

Aún, durante los gobiernos del presidente Adolfo Suarez (1976-1981) no se terminó de cerrar el Proyecto Islero, ya que Suarez, partidario de una política de neutralidad, consideraba contraproducente meter a España en la dinámica bipolar, propia de la Guerra Fría.

Pero, el 18 de febrero de 1981, Leopoldo Calvo Sotelo, en su discurso de investidura como presidente del Gobierno, manifestó la intención de incorporar España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), objetivo que figuraba en su programa de gobierno. La propuesta de ingreso en la Alianza fue aprobada por las Cortes en octubre de ese año, lo que significaba estar bajo el paraguas nuclear de los Estados Unidos y aceptar el principio de no proliferación nuclear. El 1 de abril de 1981, España firmaba en Viena con la OIEA el acuerdo para la aplicación de las salvaguardias nucleares[xviii]. A partir de ese momento, las instalaciones nucleares españolas quedaban abiertas a las inspecciones de la organización, lo que significaba el cierre definitivo del Proyecto Islero, cuando ya se había concluido el proyecto y desarrollado alguno de los componentes de una bomba atómica de plutonio.

La actual política española sobre las armas nucleares

Hoy en día, la posición de España sobre las armas nucleares es claramente favorable al desarme y a la no proliferación. España está comprometida a no desarrollar armas nucleares y en contra de la realización de ensayos nucleares.

Como lo corrobora que España haya firmado: el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares (1963), el Tratado de Prohibición de armas nucleares en el Espacio Exterior (1968), el Tratado de la Antártida (1982), el Tratado sobre Prohibición de Emplazar Armas Nucleares y otras Armas de Destrucción Masiva en los Fondos Marinos (1987), el Tratado de No Proliferación (1987) y el Tratado para la Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (1996).

Esta posición es ratificada en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017, donde el apartado dedicado a la amenazas a la seguridad nacional se recoge que la proliferación de las armas de destrucción masiva, en las que se incluyen las armas nucleares, suponen una grave amenaza para la paz y seguridad internacional, y afectan directamente a la seguridad nacional.

Referencias

Carpintero, Natividad, 2017, “Proyecto Islero. Cuando España pudo tener una fuerza de disuasión nuclear”, Revista Ejército Núm. 911 marzo 2017, pág. 36.

Castro, Luis, 2015 “La bomba atómica española. La energía nuclear en la transición.”, pág.111.https://www.academia.edu/38605214/La_bomba_at%C3%B3mica_espa%C3%B1ola._La_energ%C3%ADa_nuclear_en_la_Transici%C3%B3n_full_text_._PDF

Muñoz Bolaños, Roberto, 2014, “El Proyecto Islero. La bomba atómica española”. https://www.researchgate.net/publication/287210502_El_Proyecto_Islero_La_bomba_atomica_espanola

Velarde, Guillermo, 2016, “Proyecto Islero. Cuando España pudo desarrollar armas nucleares”, Editorial Guadalmazán.


[i] BOE núm. 199, de 20 de agosto de 1969, páginas 13193 a 13194.

[ii] Por el toro que mató al famoso torero Manolete.

[iii] BOE núm. 297, de 24 de octubre de 1951, páginas 4778 a 4779.

[iv] Los reactores rápidos emplean combustible en el que la proporción de material fisible ha sido considerablemente incrementada por la adición de Pt-239 o una superior proporción de U-235.

[v] Tipo de reactor PWR (Pressuraized Water Reactor). Refrigerante y moderador: agua a presión. Combustible: óxido de uranio enriquecido.

[vi] Tipo de reactor BWR (Boiling Water Reactor). Refrigerante y moderador: agua ligera. Combustible: óxido de uranio enriquecido.

[vii] Tipo de reactor GCR (Gas Cooled Reactor). Moderador: grafito. Refrigerante: anhídrido de carbono. Combustible: uranio natural.

[viii] NPT por sus siglas en inglés: Non-Proliferation Treaty.

[ix] Guillermo Velarde Pinacho fue la fuerza impulsora del proyecto Islero, general de división del Ejército del Aire, ingeniero, científico, autor de numerosos trabajos de investigación, catedrático de Física Nuclear en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid desde 1973. Miembro de la Junta de Energía Nuclear desde 1956, donde permaneció hasta 1981 como director de Tecnología. Realizó estudios universitarios en Estados Unidos en la Pennsylvania State University y en el Laboratorio Nacional Argonne en Chicago. Autor del libro Proyecto Islero. Cuando España pudo tener una fuerza de disuasión nuclear, escrito con gran rigor y en el que se recoge una valiosa información. Guillermo Velarde falleció en 2018 en Madrid.

[x] https://ejercito.defensa.gob.es/ca/Galerias/multimedia/revista-ejercito/2018/932/accesible/Revista_Ejercito_Accesible.pdf

[xi] Las bombas termonucleares, o bombas de hidrógeno, se basan en la fusión nuclear. En estas bombas nucleares, el proceso de fusión requiere ser iniciado por una reacción de fisión (etapa primaria) que comprime el material combustible (tritio, deuterio o deuterio de litio) provocando la reacción de fusión (etapa secundaria). Las bombas atómicas de fisión pueden liberar una energía en el orden de cientos de kilotones, mientras que las bombas de hidrógeno, más potentes, pueden hacerlo en el orden de megatones.

[xii] El diseño Teller-Ulam es el método empleado para provocar la reacción de fusión en las bombas termonucleares, su nombre proviene de sus descubridores: el húngaro-americano Edward Teller y del matemático polaco-americano Stanislaw Ulam que completó el diseño en 1951.

[xiii] El diseño Teller-Ulam se conoce en Rusia como «Tercera Idea de Sájarov».

[xiv] Las salvaguardias nucleares son las medidas de supervisión sobre la industria de un país, que permiten comprobar que su uso de la tecnología nuclear se orienta sólo a fines pacíficos y no a un desarrollo militar para obtener armas nucleares.

[xv] Special National Intelligence Estimate. Prospects for Further Proliferation of Nuclear Weapons. p. 37. https://digitalarchive.wilsoncenter.org/document/113914

[xvi] https://www.elmundo.es/cronica/2001/CR295/CR295-12.html

[xvii] BOE núm. 267 de 6 de noviembre de 1976.

[xviii] BOE núm. 203 de 25 de agosto de 1981.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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