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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: conclusiones de la Campaña del Oeste (2)

https://global-strategy.org/evolucion-de-la-doctrina-militar-en-la-segunda-guerra-mundial-conclusiones-de-la-campana-del-oeste-2/ Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: conclusiones de la Campaña del Oeste (2) 2020-03-27 08:00:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Doctrina militar Segunda Guerra Mundial
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Pasamos a las conclusiones en el lado alemán. El desarrollo y el resultado final de la campaña parecían dar completamente la razón a los defensores de la ‘guerra de movimiento’, en su pugna con los generales de la ‘vieja escuela’ de la Primera Guerra Mundial. Tanto los episodios de desobediencia de destacados generales (especialmente Guderian y Rommel) como la excesiva prudencia de otros (Von Rundstedt) se olvidaron tras la contundente victoria sobre los aliados. Sin embargo, esta victoria ocultaba muchas deficiencias, de las que unas eran más evidentes que otras.

Por un lado, en el campo político-estratégico, Hitler se ‘apropió’ del éxito del ‘corte de hoz’, llegado a afirmar que había sido una concepción suya, lo que le llevó a considerarse a sí mismo como un estratega mucho mejor que cualquiera de sus generales. En consecuencia, su tendencia a inmiscuirse en la dirección de las operaciones creció enormemente, un error de juicio que trajo enormes consecuencias a lo largo de toda la guerra.

En el campo estrictamente militar, las reducidas dimensiones del teatro de operaciones ocultaron nuevamente que la Wehrmacht se componía de una elite de Divisiones móviles, junto con un grueso de unidades que se movían a pie o a caballo. En operaciones en profundidad, era inevitable que las Divisiones móviles se alejasen cada vez más de las unidades a pie que las seguían, hasta el punto de perder el contacto con ellas. Estas dimensiones contenidas de la zona donde se operó en 1940 hicieron también que se sobreestimase la autonomía logística de las Divisiones móviles, hasta considerar que eran relativamente independientes de sus vías de abastecimiento. Como consecuencia, se hizo muy poco para aumentar esa autonomía. Las limitaciones reales de las Divisiones Panzer para operar aisladas durante periodos prolongados se manifestaron crudamente en Rusia y en África el año siguiente.

El éxito del cruce de las Ardenas y del Mosa llevaron también a una sobrevaloración de la capacidad de las Divisiones Panzer para superar obstáculos naturales: se extendió una cierta mentalidad de que ningún río, bosque o cordillera podía impedir el paso a los panzer. Esta idea obviaba el hecho de que la mayoría de los vehículos de estas Divisiones no tenían cadenas, sino ruedas, y que eran poco más que vehículos civiles adaptados. En realidad, toda la operación a partir del cruce del Mosa en Sedán se realizó por la parte de Europa (y del mundo) con mejores comunicaciones terrestres. Esta abundancia de rutas de buena calidad ocultó que solo una parte de las Divisiones Panzer tenían verdadera capacidad todo terreno y que la logística del Ejército alemán seguía basándose en el ferrocarril y en la existencia de carreteras de buena calidad. Nuevamente, las campañas de África y del frente del Este a partir de 1941 pondrían de relieve estas deficiencias.

Como consecuencia de la experiencia en Francia, la estructura de la División Panzer fue modificada. En la campaña de Francia se habían empleado Divisiones Panzer ‘puras’ (con una Brigada Acorazada y otra de Infantería) junto con otras creadas sobre la base de las ‘Divisiones Ligeras’ (con un solo Regimiento de Carros – en lugar de una Brigada completa – y una Brigada de Infantería). Las conclusiones de la campaña apuntaban a que era necesario contar con más Infantería motorizada, mientras que un solo Regimiento de Carros resultaba suficiente: incluso unos pocos carros en la retaguardia enemiga habían sido suficientes para desencadenar el pánico buscado, mientras que la experiencia de los combates de carros ocurridos (Hannut, Flavion, Arras…) parecía indicar una necesidad de mejores carros, no de mayor número de ellos… Curiosamente, ésta era una tendencia opuesta a la renacida idea de ‘tanks only’ en el campo aliado, surgida de una deficiente comprensión de lo ocurrido en Francia.

En efecto, los carros alemanes habían demostrado ser inadecuados: los Panzer-I y II estaban irremediablemente obsoletos, y los Panzer-III y IV y los Skoda estaban insuficientemente protegidos, pero, sobre todo, mal armados. La mejora del armamento implicaba dotarles de un cañón más potente (y, por ello, más pesado), por lo que se precisaba una torre relativamente grande. La torre de los Skoda era pequeña, y el tamaño del casco no permitía una ampliación de la torre, por lo que quedaban así irremediablemente obsoletos. Por su parte, los Panzer-III disponían de una torre algo mayor, lo que permitía rearmarlos con un cañón de 50 mm en sustitución del ineficaz 37 mm., aunque esta era una solución que se sabía temporal. El Panzer-III había mostrado serios problemas de suspensión, que el incremento de peso derivado de un cañón mayor no hizo más que agravar. Por su parte, el Panzer-IV sí disponía de una amplia torre, pudiendo recibir cañones de 75 mm de alta velocidad y se había demostrado mecánicamente más fiable. En consecuencia, el Panzer-IV pasó a constituir la columna vertebral de las formaciones acorazadas alemanas.

El concepto de empleo ‘operativo’ de la Luftwaffe había resultado eficaz. Sin embargo, las habituales quejas de los aviadores alemanes de ser los ‘bomberos’ de las fuerzas terrestres se vieron acentuadas por episodios como el de Amiens, al tiempo que el deseo de protagonismo de Hermann Göring le impulsaba a buscar un papel para ‘su’ Luftwaffe más relevante que el de simple auxiliar del Ejército de Tierra. En consecuencia, la coordinación entre las fuerzas terrestres y las aéreas – que había resultado tan exitosa – no mejoró en campañas futuras.

También se sobrevaloró la eficacia de los bombardeos aéreos: hasta que no se realizaron análisis más detallados (que mostraron que sus efectos eran más psicológicos que reales), mucho después del final de la campaña, se extendió la idea de que nada podía oponerse a las bombas de la Luftwaffe. Sin embargo, la Aviación alemana se había demostrado particularmente eficaz en el ataque a medios acorazados y a vehículos en carretera, corroborando la experiencia de la batalla de Guadalajara de la Guerra Civil Española: los carros de combate eran muy vulnerables a los ataques aéreos, y aún más lo eran los vehículos de ruedas, atados a las carreteras. No obstante, este hecho no era conocido por la mayoría de los generales alemanes: la coordinación aire-tierra se hacía a los niveles Cuerpo de Ejército y superiores (y no en todos: el apoyo aéreo era escaso y se concentró siempre en el ‘esfuerzo principal’ en cada momento; la mayoría de las unidades alemanas nunca recibió apoyo aéreo directo), por lo que los generales de las Divisiones Panzer no eran conscientes en la mayoría de los casos del decisivo impacto de las operaciones aéreas en sus osados avances… Así, muchos destacados generales alemanes no comprendían cabalmente el crítico papel de la Aviación en el sistema de combate alemán, del que, sin embargo, eran protagonistas. El rápido desarrollo del conflicto hizo que tampoco se codificasen y se explicasen las ‘lecciones aprendidas’ del conflicto: la doctrina alemana siguió siendo la ‘vieja’ doctrina de entreguerras de Von Seeckt.

El sistema de ‘mando por directivas’ (auftragstaktik) se había demostrado muy superior al sistema de mando y control centralizado aliado: las unidades alemanas habían reaccionado siempre mucho más rápido que las aliadas, hasta conseguir el colapso del sistema de mando y control francés.

Tras la victoria sobre Francia, y confiado en alcanzar un rápido acuerdo de paz con Gran Bretaña, Hitler desmovilizó a gran parte de sus trabajadores especializados necesarios para su industria, canceló muchos contratos de armamento y retrasó la preparación de la economía alemana para la guerra total.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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