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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: El corte de hoz (9). Los flancos al descubierto

https://global-strategy.org/evolucion-de-la-doctrina-militar-en-la-segunda-guerra-mundial-el-corte-de-hoz-9-los-flancos-al-descubierto/ Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: El corte de hoz (9). Los flancos al descubierto 2020-02-07 12:44:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Doctrina militar Segunda Guerra Mundial
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La ruptura del frente aliado entre Sedán y Dinant permitía a los alemanes avanzar rápidamente hacia la costa del canal de la Mancha. Este avance volvió a poner de manifiesto que la Wehrmacht tenía en su seno unidades con movilidades muy distintas: las Divisiones Panzer y Motorizadas superaban ampliamente la movilidad de las Divisiones de Infantería que las seguían. Como consecuencia, el avance del Panzergruppe (y del XV Cuerpo de Ejército de Hoth) dejaba sin protección sus flancos y su retaguardia, pues las Divisiones de Infantería encargadas de cubrirlos estaban cada vez más lejos de las vanguardias acorazadas. Esta arriesgada exposición de los flancos suscitaba enormes preocupaciones en el alto mando alemán, que constantemente intentaron frenar el avance de los Panzer para obligarlos a esperar a las Divisiones de Infantería.

En realidad, el problema de los flancos expuestos era una de las ‘herencias’ más permanentes de la Primera Guerra Mundial. Hasta aquel momento, no existían los frentes continuos y los Ejércitos se movían más o menos reunidos, sin preocuparse de mantener ‘líneas’. Era habitual destacar unidades que protegiesen los flancos y la retaguardia. Las líneas de comunicaciones eran importantes, pero no tanto como después de la Primera Guerra Mundial. Hasta ese conflicto, los consumos de abastecimientos eran (relativamente) limitados, por lo que las unidades podían sobreponerse a un corte temporal de las vías de alimentación logística. Sin embargo, la dependencia de los fuegos artilleros que caracterizó la forma de combatir de la Primera Guerra Mundial hizo que la carga logística fuese incomparablemente mayor, y con ella, la dependencia de unas vías de abastecimiento abiertas llegó a ser crítica, por lo que las posibilidades de una unidad de seguir combatiendo sin suministros, incluso durante periodos muy cortos, eran mucho menores. Por ello, el alto mando alemán, cuya experiencia en combate venía de la Primera Guerra Mundial, tenía un acusado temor al avance de las vanguardias acorazadas en la retaguardia enemiga, con los flancos al descubierto y muy separadas de las Divisiones de Infantería encargadas de crear esa ‘línea’ que cubriese de los flancos de las unidades acorazadas… Sin embargo, las Divisiones Panzer y Motorizadas basaban su forma de combatir en la movilidad (que hacía que el lento sistema de mando y control aliado nunca tuviese tiempo de planear una de sus metódicas ofensivas, al tiempo que reducía enormemente el consumo de municiones, al evitar combatir a unidades fortificadas), y en la libertad para elegir la vía de avance donde encontrasen menor resistencia. Estos dos factores (movilidad y libertad de movimientos) eran la base de la ‘movilidad operacional’ que describiría luego Von Manstein en sus memorias (Victorias Perdidas). En realidad, las Divisiones Panzer tenían la suficiente autonomía logística como para combatir aisladas durante un cierto tiempo, por lo que su dependencia de las vías de comunicación logística era mucho menor que la de una División ‘convencional’, pero eso no era evidente para los generales educados en la escuela de la Primera Guerra Mundial.

De hecho, el 16 de mayo, tras el encuentro entre las vanguardias de Guderian y de Reinhardt en Montcornet, se produjo la primera orden de detener el ataque de las Divisiones Acorazadas, con el fin de permitir a las Divisiones de Infantería que las seguían proteger los flancos. Las enérgicas protestas de los generales ‘carristas’ (especialmente de Guderian) consiguieron revertir esa orden el 18 de mayo. Sin embargo, esos dos días de respiro dieron algún tiempo a los aliados para reorganizarse, aunque probablemente ese tiempo no tuviese consecuencias decisivas en el desarrollo de la campaña (pese a que algunos autores defienden que la retirada de los británicos a Dunquerque hubiera sido imposible sin ese retraso en la ofensiva alemana). Así, si el 16 de mayo el 9º Ejército estaba en fuga (que no en retirada), para el 18 los franceses tenían una tenue línea defensiva sobre los ríos Oise y Sambre… que no pudo resistir el empuje alemán.

Por otra parte, la orden de Hitler de detenerse en Montcornet se dirigía al Panzergruppe Kleist, pero no específicamente al XV Cuerpo de Ejército de Hoth, que pertenecía al 4º Ejército, y no al Panzergruppe. Sin embargo, la jefatura del Grupo de Ejércitos A, la extendió también al 4º Ejército. No obstante, autorizó ‘reconocimientos’ sobre las posiciones francesas… que acabaron en la penetración de la 7ª División Panzer de Rommel hasta el canal de la Mancha.

Para los aliados también resultaba evidente la vulnerabilidad de los flancos de la penetración alemana. El 19 de mayo, Churchill escribía a Gamelin comparando el ataque alemán con una tortuga que había sacado demasiado la cabeza (las Divisiones Acorazadas) del caparazón (la protección de las Divisiones de Infantería), y que era el momento de ‘cortarle la cabeza’ (efectuar un contraataque sobre los flancos de la penetración). En ese sentido se dirigía la Directiva nº 12 del general Gamelin, de ese mismo 19 de mayo, que describía ‘un gran hueco’ entre la vanguardia alemana y las Divisiones de Infantería que la seguían, que debía explotarse con un contraataque con medios ‘especialmente móviles’. Sin embargo, el general Gamelin había perdido su única reserva operacional (el 7º Ejército, desplegado en los Países Bajos, en ejecución del plan ‘Dyle-Breda’), y no había sido capaz de reconstituirla (el 6º Ejército no era más que un conglomerado de unidades menores inconexas). Los aliados no tenían esas ‘unidades especialmente móviles’. En realidad, los aliados no tenían ninguna reserva capaz de ejecutar un contraataque de envergadura contra las vanguardias acorazadas alemanas. Pese a ello, el general Gamelin estaba intentando reconstruir una reserva móvil con la que atacar ambos flancos de la penetración alemana. Para ello contaba con algunas fuerzas en diferentes estados: la 3ª DLM, del Cuerpo de Caballería de Prioux, junto con la 1ª División Acorazada británica, al Norte de la penetración alemana, y con la 4ª DCR y los restos de la 3ª y la 2ª DCRs al Sur.

Sin embargo, estas Divisiones nunca tuvieron previsto operar de modo coordinado entre ellas, sino que se organizaron simplemente como fuerzas capaces de contrarrestar una penetración local de pequeña entidad en el frente aliado. Como consecuencia, no existía un Cuartel General encargado de coordinar su acción, ni había tiempo para organizarlo, por lo que los posibles contraataques que pudieran llevar a cabo los tendrían que ejecutar aisladamente, sin más que alguna coordinación en fechas y zonas realizada desde el propio Cuartel General supremo de Gamelin, como una labor añadida a su ya difícil misión. En cualquier caso, estas Divisiones necesitaban un cierto tiempo para redesplegar. En esta situación, el 17 de mayo se produjo el contraataque de la 4º DCR del coronel De Gaulle en Montcornet. Para colmo de males, el 20 de mayo el general Gamelin fue cesado y su sustituto, el general Weygand (recién llegado de Siria) decidió retrasar los contraataques hasta que pudiera estudiar personalmente la situación. Al final, su decisión fue seguir adelante con los contraataques previstos por Gamelin: uno desde el Norte, a cargo de las fuerzas cercadas en Bélgica (1er Grupo de Ejércitos) y otro desde el sur del Somme (3er Grupo de Ejércitos). Al final, estos dos ambiciosos contraataques se limitaron al de la B.E.F. y la 3ª DLM en Arrás, mientras que el que efectuarían desde el Somme la 2ª y 3ª DCRs jamás llegó a realizarse.

En realidad, el miedo de Hitler a los ‘flancos descubiertos’ era relativamente ilusorio: los aliados carecían de unidades móviles capaces de operar fuera del rígido marco de la ‘bataille conduite’, y, además, su sistema de mando y control era excesivamente lento para adaptarse a la fluidez del campo de batalla impuesta por los alemanes.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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