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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: Introducción a las campañas de África y los Balcanes

https://global-strategy.org/evolucion-de-la-doctrina-militar-en-la-segunda-guerra-mundial-introduccion-a-las-campanas-de-africa-y-los-balcanes/ Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: Introducción a las campañas de África y los Balcanes 2020-04-02 12:14:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Doctrina militar Segunda Guerra Mundial
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Tras el ‘compás de espera’ que supuso la ‘Batalla de Inglaterra’ para las operaciones terrestres, los siguientes escenarios de combates importantes fueron los Balcanes y el Norte de África, donde, en el otoño de 1940, los italianos iniciaron una doble ofensiva, desde Albania contra Grecia y desde su colonia de Libia contra el Egipto británico. Las vicisitudes de las fuerzas italianas en uno y otro teatro están íntimamente relacionadas, por lo que las estudiaremos de forma entrelazada.

En principio, el Mediterráneo era un teatro de operaciones en el que los alemanes no pensaban intervenir, dejando la iniciativa a sus aliados italianos. Sobre el papel, la Italia fascista disponía de unas Fuerzas Armadas numerosas y bien equipadas… Sin embargo, como demostró el curso de los acontecimientos, la imagen de Italia como potencia militar superaba con mucho a su realidad.

En efecto, el régimen fascista de Mussolini proyectaba la imagen de una Italia militarista y militarizada, con unas Fuerzas Armadas modernas, bien equipadas y comprometidas con el régimen político. La victoriosa campaña de Abisinia en 1936 y las exitosas expediciones en el desierto libio en los años 30 parecían avalar estas pretensiones.

Como todos los regímenes totalitarios de la época, el fascismo alardeaba de su impulso tecnológico, en su búsqueda de un ‘hombre nuevo’, desligado de las ataduras de la sociedad agrícola tradicional. En consecuencia, el régimen fascista dio prioridad a los medios más tecnológicos dentro de sus Fuerzas Armadas, especialmente a la Aviación, con hazañas muy publicitadas (como los ‘raids’ trasatlánticos de Italo Balbo en 1931 y 1933). También modernizó a la Armada italiana con un importante programa de construcción naval, e impulsó la motorización del Ejército de Tierra. Sin embargo, el resultado no fue la creación de unas Fuerzas Armadas eficaces, por diversos motivos. El principal fue que Italia carecía de enemigos claros (hasta el último momento, Mussolini no se decidió a entrar en la SGM), lo que hacía que las Fuerzas Armadas no se sintiesen presionadas para prepararse para un conflicto inminente. Así, al iniciarse la SGM, la moral era baja: ni las tropas ni sus mandos entendían las razones de Italia para entrar en un conflicto que consideraban ajeno. Además de ello, la industria y la economía italianas eran mucho más débiles que las de sus competidores europeos, por lo que el equipamiento que podían proporcionar a sus Fuerzas Armadas era limitado y de calidad mediocre.

Por otra parte, el fascismo tendió a privilegiar a la Fuerza Aérea, una organización nueva, cuyas tradiciones se apartaban de las de la vieja sociedad italiana, y en la que abundaban los miembros del movimiento fascista. Este privilegio, en un escenario de recursos económicos limitados, llevó a una gran rivalidad entre el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, que ocasionó una nula voluntad de cooperación entre ellos. Como ejemplo, la Aviación consiguió vetar el proyecto de la Armada de construir portaaviones, para mantener su monopolio del uso de aeronaves.

El fascismo organizó unidades sobre las bases de las milicias del partido, a cuyos jefes asignó empleos militares equivalentes a los del Ejército de Tierra. Estas unidades (las divisiones de Camicie Nere – ‘Camisas Negras’ -, llamadas así por que vestían bajo la guerrera del Ejército las camisas negras de la uniformidad de las milicias fascistas) competían con las unidades regulares del Ejército por recibir equipo, y mantenían una jerarquía paralela fuera del control de la cadena de mando de las Fuerzas Armadas. Además de todo ello, los generales y almirantes de las Fuerzas Armadas regulares – en su mayoría – despreciaban y detestaban a los políticos fascistas que constituían la cadena de mando de estas Divisiones Camicie Nere, a los que consideraban poco preparados para las funciones que ejercían.

Pese a la preferencia del régimen fascista por la Aviación, la industria aeronáutica italiana estaba compuesta de una miríada de pequeñas fábricas casi artesanales, cuya capacidad de producción era muy reducida. Esto hacía que la Aviación italiana estuviese equipada con muchos modelos distintos de aviones, lo que complicaba enormemente la logística. Estas pequeñas industrias tenían además una capacidad financiera limitada para invertir en nuevos desarrollos tecnológicos, por lo que los modelos que podían producir se quedaban rápidamente obsoletos. En este sentido, los motores de los aviones italianos eran poco potentes en comparación con los de sus rivales, un problema que persistió durante todo el conflicto.

Otro punto débil de las Fuerzas Armadas italianas era la escasa producción de radios, lo que limitaba enormemente su capacidad de mando y control, especialmente en situaciones móviles.

La Armada italiana, sobre el papel muy potente, estaba limitada por la carencia absoluta de tecnología de radares, lo que la dejaba en gran desventaja con respecto a sus rivales que sí disponían de estos medios, caso de la Royal Navy. La carencia de Aviación Naval y la falta de cooperación con la Reggia Aeronautica hacían que la flota italiana nunca tuviese información oportuna de la entidad y actividades de los buques enemigos con los que se enfrentaba, además de que estuviese casi indefensa frente a la Aviación enemiga (como demostró el raid británico en Tarento en noviembre de 1940). Estas limitaciones hacían a los almirantes italianos muy reticentes a arriesgar sus buques.

En conjunto, Italia era un ‘tigre de papel’, con una capacidad militar mucho menor que la que requería el papel de gran potencia que Mussolini pretendía para el país.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel destinado en la División de Plantes del Estado Mayor del Ejército de Tierra español

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