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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La campaña alemana en los Balcanes (1). El plan alemán

Paradójicamente, el despliegue de tropas británicas en suelo heleno selló el destino de Grecia, al provocar la intervención alemana. Si bien el Mediterráneo era un escenario muy secundario para Hitler, la presencia de bases aéreas británicas en territorio griego ponía al alcance de los bombarderos de la R.A.F. los pozos petrolíferos de Ploesti (la única fuente de petróleo accesible a los alemanes, fuera de las importaciones desde la Unión Soviética, posibles gracias al pacto germano-soviético de 1939, y que se terminarían lógicamente cuando se iniciase la ya prevista invasión alemana de la Unión Soviética). Evitar que la R.A.F. tuviese alcance sobre los pozos de Ploesti implicaba expulsar a los británicos del territorio continental y también de la isla de Creta. Además de ello, existía la posibilidad de que los británicos llegasen a desplegar un contingente terrestre importante en suelo griego – como habían intentado hacer en 1915 con su desembarco en Gallípoli -, amenazando el flanco sur de las fuerzas alemanas que operarían contra la Unión Soviética. Ninguno de estos dos riesgos era aceptable, por lo que el despliegue británico en Grecia hizo inevitable la intervención alemana.

Plan de ataque alemán a Grecia desde territorio yugoslavo

La situación en los Balcanes parecía muy favorable a Alemania: Hungría, Rumanía y Bulgaria eran signatarios del Pacto Tripartito, lo que los convertía en aliados de Alemania. De los Estados balcánicos, solo Yugoslavia (sometida a fuerte presión diplomática y comercial) y Grecia estaban libres de la influencia alemana.

La directiva número 20 del OKW, del 13 de diciembre de 1940, ordenaba la invasion de Grecia – “Operación Marita” -, que debía estar completada en marzo de 1941. Para ello, contemplaba el paso de tropas por Bulgaria y/o Yugoslavia. El rey de Bulgaria, Boris III, no presentó objeciones al paso de tropas alemanas desde Rumanía hacia Grecia: Bulgaria mantenía contenciosos fronterizos con Grecia desde la Primera Guerra Balcánica de 1912, y el apoyo a la invasión alemana parecía el modo ideal para resolver esos contenciosos de forma favorable a los intereses búlgaros. Así, en febrero de 1941, el 12º Ejército alemán comenzaba a cruzar el Danubio desde Rumanía para entrar en territorio búlgaro, con el fin de iniciar su despliegue para las operaciones contra Grecia. Dos Divisiones Panzer se desplegaron en la frontera entre Bulgaria y Turquía, para disuadir a los turcos de intervenir en el conflicto.

No obstante, la frontera entre Bulgaria y Grecia era muy abrupta, y los griegos habían construido sobre ella la “línea Metaxas”, una línea fortificada con obras del estilo de las de la “línea Maginot”, menos complejas que las francesas, pero apoyadas en un terreno mucho más abrupto, por lo que los alemanes podían esperar una importante resistencia. Sin embargo, el paso por Yugoslavia permitiría rodear la “línea Metaxas” por el Oeste y desbordar la “línea Haliacmon” por el Norte. En realidad, ninguna de las dos líneas fortificadas podía suponer más que un retraso para la Wehrmacht, pero la prevista invasión de la Unión Soviética hacía crítica cualquier dilación en los Balcanes que pudiera suponer un retraso en las operaciones en Rusia. Consecuentemente, conseguir la autorización del gobierno yugoslavo para cruzar su territorio presentaba muchas ventajas para los alemanes.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.

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