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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La campaña alemana en los Balcanes (2). Yugoslavia

Yugoslavia era un Estado artificial, creado al final de la Primera Guerra Mundial uniendo a Serbia las tierras pobladas por los eslavos que estaban en poder del Imperio Austro-Húngaro: Croacia, Bosnia y Eslovenia, además de la región húngara fronteriza con Serbia, con el fin de dar un colchón de seguridad a la capital, Belgrado, situada prácticamente en la frontera con Hungría. Serbia había combatido en el lado aliado en la Primera Guerra Mundial, y la creación de una Yugoslavia bajo dominio serbio había sido la ‘recompensa’ de los aliados por la contribución serbia al conflicto (en términos porcentuales, Serbia fue el Estado que sufrió más bajas – militares y civiles – en la Segunda Guerra Mundial).

Pese al teórico carácter ‘multiétnico’ del Estado, en la práctica, los serbios dominaban completamente el país. La monarquía serbia de los Karageorgevic se hizo con el trono del ‘reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos’. La delimitación de las fronteras de Yugoslavia tras la Primera Guerra Mundial incluyó en el país tierras que nunca habían pertenecido a los eslavos (como el Norte de la actual Serbia, bajo dominación húngara desde hacía nueve siglos), y amalgamaba poblaciones con tres religiones distintas (católicos croatas y eslovenos, musulmanes bosnios y ortodoxos serbios, macedonios y montenegrinos), que usaban dialectos diferentes y que escribían con alfabetos distintos (latino y cirílico).

Además, incluían regiones con estructuras económicas y niveles de riqueza muy diferentes, y todo ello en un país con una orografía abrupta que dificultaba las comunicaciones. Incluso en las regiones en las que convivían minorías étnicas, los pequeños núcleos de población estaban habitados por una sola de ellas, y los núcleos mixtos estaban frecuentemente divididos en barrios monoétnicos. En consecuencia, la historia del país fue muy convulsa, caracterizada por los intentos de los serbios de imponer su hegemonía y por la resistencia a ello del resto de las comunidades que formaban el país.

Yugoslavia heredó también los contenciosos fronterizos que mantenía Serbia con sus vecinos, que se arrastraban desde la Primera Guerra Balcánica de 1912 (con Grecia y Bulgaria), más los que se crearon como consecuencia del final de la Primera Guerra Mundial (con Albania, con Hungría, con Bulgaria y con Italia). Su adhesión al Pacto Balcánico fue un intento –fallido– de protegerse del expansionismo de sus vecinos.

En 1940-1941, Yugoslavia estaba rodeada completamente por Estados aliados de los alemanes (excepto por un pequeño tramo de frontera con Grecia), y muy presionada para adherirse a ellos. Ante estas circunstancias, el regente – el príncipe Pablo Karageorgevic, en nombre de su sobrino menor de edad, Pedro II – se adhirió al Pacto Tripartito (el 25 de marzo de 1941, pero incluyendo una salvaguarda en la que excluía la autorización de paso de las fuerzas alemanas destinadas a la invasión de Grecia). La decisión del regente yugoslavo suponía un cambio total de sus alianzas históricas, lo que resultaba impensable para los nacionalistas radicales serbios. En consecuencia, el 27 de marzo, un golpe de Estado encabezado por la oficialidad del Ejército (esencialmente serbia), derribó al regente. Pese a ello, la realidad geopolítica seguía siendo la misma, y el nuevo gobierno del general Simovic intentó – sin éxito – llegar a algún tipo de acuerdo con Alemania: la caída del regente yugoslavo ofrecía a los alemanes una excusa para invadir Yugoslavia, y, desde allí, Grecia. En efecto, el 6 de abril de 1941, los alemanes comenzaron la invasión de ambos países.

Para los alemanes, la invasión de Yugoslavia era solo un esfuerzo auxiliar, pues su objetivo era la invasión de Grecia. Así, para el mando alemán, la ‘operación Marita’ era una sola acción, mientras que Yugoslavia y Grecia plantearon de forma independiente la defensa de su territorio.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.

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