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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La campaña alemana en los Balcanes (4). La defensa yugoslava

En cuanto al Ejército yugoslavo, su situación era más difícil de lo que aparentaba.  En tiempo de paz, el Ejército yugoslavo contaba con unos 30.000 efectivos, incluyendo 2.000 en su Aviación. El proceso de movilización preveía la constitución de hasta 28 Divisiones de Infantería y tres de Caballería, además de multitud de unidades menores destinadas fundamentalmente a la defensa de fortificaciones fijas. Entre los 30.000 efectivos permanentes, poco más de mil ochocientos eran oficiales, que se debían repartir entre las Divisiones que se crearían como consecuencia del proceso de movilización. Este número era claramente insuficiente para proporcionar un mínimo de personal profesional para el número de unidades previstas, por lo que la calidad de las unidades resultantes del proceso de movilización era muy baja.

Su armamento, doctrina y equipamiento databan de la PGM, aunque había hecho un importante esfuerzo de modernización en los años de entreguerras, con adquisiciones de material fundamentalmente de origen checo, italiano y francés. Como consecuencia de esa orientación doctrinal, el Ejército yugoslavo contaba con una numerosa Artillería de Campaña – unas 4.000 piezas, de las que unas 1.700 eran relativamente modernas -, pero con una movilidad reducida y basada en el uso de caballos. La Artillería incluía a las unidades contracarro, con más de 800 modernos cañones checos de 37 y 47 mm, muy eficaces contra los carros alemanes de la época. También disponían de unos 900 cañones antiaéreos, la mayoría, ligeros, de 15 y 20 mm, de origen italiano y checo. Su motorización era relativamente escasa, con dos Batallones de Infantería Motorizada por cada una de las Divisiones de Caballería, y dos Batallones de Carros independientes, uno con 56 vetustos Renault FT-17 y otro con 54 más modernos Renault R-35 y una Compañía independiente de cazacarros, con ocho ejemplares del S-I-j checo, una pequeña tanqueta de 6 t. basaba en el Carden-Lloyd británico, armada con un eficaz cañón de 47 mm. La Infantería yugoslava se movía esencialmente a pie, y estaba armada con fusiles, morteros y ametralladoras, con una organización y una táctica típicas de 1918. Las transmisiones se basaban en tendidos teléfonicos, con una casi absoluta carencia de radios, a ningún nivel.

La Aviación yugoslava contaba con unos 460 aviones de primera línea y 400 más de entrenamiento, de modelos muy variados y de procedencias variopintas. Se organizaba en 19 Escuadrones de caza y 22 de bombardeo, más ocho Escuadrones de aviación naval. Los escuadrones de caza desplegaban 73 Messerschmitt Bf-109 E, que operaban junto con unos 47 Hawker Hurricane y 30 biplanos Hawker Fury, junto con algunos cazas de producción local. Los Escuadrones de caza también empleaban una mezcla de aviones de origen alemán (69 Dornier Do-17 K, la mayoría producidos localmente bajo licencia), británico (61 Bristol Blenheim, también producidos localmente en su mayor parte) e italiano (40 trimotores Savoia-Marchetti SM-79). Siete Grupos operaban como medios de observación del Ejército de Tierra (básicamente como observadores del tiro de Artillería), con 130 añosos Breguet XIX y Potez 25.

La Armada yugoslava se componía de un antiguo crucero ligero de origen alemán, una flotilla de cuatro destructores y otra con cuatro submarinos, con buques británicos y franceses, algunas lanchas torpederas y varios ‘monitores’  fluviales (pequeños buques acorazados, dotados con armamento pesado y blindaje espeso, pero de corta autonomía y pensados para operar cerca de la costa. Su nombre deriva del buque USS Monitor, empleado con éxito por la U.S. Navy durante la Guerra de Secesión norteamericana).

La moral de las fuerzas armadas yugoslavas era dispar. Yugoslavia carecía de cohesión nacional, especialmente en aquellas regiones que habían cambiado el yugo autro-húngaro por el serbio. Esta falta de cohesión se reflejaba en la moral de las unidades; si bien los oficiales eran mayoritariamente serbios (en abril de 1942, de los ciento sesenta y cinco generales de las fuerzas armadas yugoslavas, solo había cuatro que no fuesen serbios o montenegrinos), la tropa que nutría las unidades durante el proceso de movilización procedía de diferentes regiones, con distinta lealtad al Estado. Así, las tropas de origen serbio y montenegrino tenían un mayor compromiso con la defensa de Yugoslavia (Montenegro era, al fin y al cabo, una ‘provincia’ de Serbia), compromiso mucho menor en el caso de macedonios y bosnios y muy escaso en el caso de croatas y eslovenos. Esta falta de integración nacional se traducía no solo en la escasa lealtad de las tropas hacia Yugoslavia, sino también en la falta de implicación de los diferentes grupos nacionales – aquí incluyendo a los serbios – en la defensa de tierras que consideraban ‘extranjeras’. Por ejemplo, los serbios (los más combativos en defensa de Yugoslavia) no consideraban que mereciese la pena sacrificarse por defender Croacia, Eslovenia o Macedonia. Este fenómeno era incluso mayor en el caso de los grupos étnicos minoritarios.

Con respecto al material, la caída de Francia implicaba una gran dificultad para mantener el material de origen francés. El mantenimiento del material de origen alemán, checo o italiano dependía de las buenas relaciones con Alemania e Italia. En cuanto a suministros de todo tipo (calzado, vestuario, subsistencias, material médico…) las existencias distaban mucho de ser suficientes ni siquiera para la mitad de la fuerza prevista en el proceso de movilización. Además de estas deficiencias, su proceso de movilización – siempre muy lento, por las difíciles comunicaciones del país – apenas había comenzado en abril de 1941 (para evitar ‘provocar’ a los alemanes), por lo que sus unidades apenas tenían una pequeña fracción de su personal.

La mejor baza defensiva de Yugoslavia estaba en su terreno montañoso y cruzado por ríos de amplio caudal. Así, la idea original del alto mando yugoslavo era la de concentrar su defensa sobre la línea de los ríos Sava y Drina, o sobre el Sava y las montañas de Bosnia central. Sin embargo, esto hubiera implicado el abandono completo de Eslovenia y de la mayoría de Croacia, lo que supondría casi con seguridad la defección completa de ambas regiones, con la pérdida de los contingentes de tropas que aportaban. Consecuentemente, se decidió defender las fronteras, pese a la inexistencia de obstáculos naturales que favoreciesen la defensa, confiando en una fuerte reserva centrada en el despliegue, destinada a contratacar en caso de que se produjese alguna penetración enemiga. El plan yugoslavo era similar en esencia al que habían aplicado los polacos en 1939. Dada la longitud de la frontera y las fuerzas disponibles, frente a un enemigo muy superior, como era la Wehrmacht, era una idea condenada al fracaso, como se vio al iniciarse las hostilidades. En las fronteras con Rumanía y Bulgaria, los yugoslavos confiaban en la fortaleza natural del terreno montañoso para detener a los invasores con fuerzas relativamente pequeñas.

Para ejecutar ese plan, las tropas yugoslavas se organizaron en tres Grupos de Ejércitos y una fuerza de defensa costera, junto con una fuerte reserva central compuesta por cuatro Divisiones de Infantería, un Batallón independiente de carros, diecisiete Grupos de Artillería (incluyendo dos motorizados) y algunas unidades menores.

El Mando Supremo de las fuerzas yugoslavas desplegaba en las montañas centrales de Bosnia, al Sur de Sarajevo, junto con la reserva central.

El Grupo de Ejércitos I, con personal básicamente croata y esloveno, desplegaba al Norte del país, defendiendo las fronteras yugoslavas en la parte croata y eslovena con Alemania, Hungría e Italia. Estaba compuesto por el 4º Ejército (tres Divisiones de Infantería y una Brigada) y el 7º Ejército (dos Divisiones de Infantería, una de Caballería, cinco Brigadas y varias unidades menores).

El Grupo de Ejércitos II, con personal serbio, cubría parte de la frontera yugoslava con Hungría, en la parte de la Voivodina serbia, territorio arrebatado a Hungría tras el fin de la PGM. Se organizaba en el 1er Ejército (una División de Infantería, otra de Caballería, tres Brigadas y unidades de defensa fronteriza) y el 2º Ejército (tres Divisiones de Infantería).

El Grupo de Ejércitos III era el más fuerte. Su personal era mayoritariamente serbio y montenegrino, y cubría la frontera con Rumanía, Bulgaria y Albania. Se articulaba en el 3er Ejército (4 Divisiones de Infantería y una Brigada de Caballería), el 3er Ejército Territorial (3 Divisiones de Infantería y un Regimiento de Artillería motorizado, con dos Grupos), el 5º Ejército (cuatro Divisiones de Infantería, una de Caballería, dos Brigadas y otro Regimiento de Artillería motorizado) y el 6º Ejército (tres Divisiones de Infantería y cinco Brigadas, incluyendo las dos de la Guardia Real).

La fuerza de defensa costera se limitaba a las guarniciones de las bases navales de Zadar, Sibenik y Kotor, junto con una División de Infantería de reserva.

La mencionada lentitud del proceso de movilización ocasionó que, al inicio del ataque alemán, menos de once Divisiones estuviesen desplegadas en sus posiciones previstas, y la mayoría estuviesen incompletas.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.

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