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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La derrota italiana en Libia (1): Fuerzas en presencia

La ofensiva italiana en Libia se realizó de forma casi simultánea con la que Mussolini efectuó contra Grecia.

Para el Reino Unido, la posesión de Egipto y del canal de Suez permitía que los recursos de su Imperio asiático alcanzasen la metrópoli a través del Mediterráneo, sin tener que rodear África (viaje mucho más largo y más arriesgado ante la amenaza submarina alemana). Por ello, la posibilidad de que el Eje cerrase el canal de Suez suponía un problema capital para el esfuerzo de guerra británico.

Aparentemente, el Ejército británico no había resultado un gran rival en territorio francés, y sus enormes pérdidas de material en suelo continental parecían ofrecer a los italianos la atractiva posibilidad de una fácil victoria en África, lo que suponía un importante incentivo para un ataque. En septiembre de 1940, los italianos desplegaban en la frontera entre Libia y Egipto a su 10º Ejército, con más de 200.000 hombres, compuesto de diez Divisiones de Infantería (fundamentalmente, a pie; solo una de ellas estaba completamente motorizada – la 1ª División de Camicie Nere, compuesta por milicianos del partido fascista con escasa instrucción – y dos Divisiones regulares más estaban parcialmente motorizadas con camiones) agrupadas en cuatro Cuerpos de Ejército: el XX, con una División de Infantería reforzada, el XXI, compuesto de dos Divisiones de Infantería y un Batallón de tanquetas CV-3/35, el XXII, con dos Divisiones de Infantería, y el Reggio Corpo Truppe Coloniali della Libia – nombre del XXIII Cuerpo de Ejército -, que agrupaba al resto de las Divisiones de Infantería. A estos Cuerpos de Ejército se unía el Comando Carri Armati della Libia o Mando de Carros de Libia (compuesto de tres ‘Grupos’: el ‘Grupo Aresca’, con un Batallón de Carros medios y tres Batallones de tanquetas CV-3/35, el ‘Grupo Trivioli’, con dos Compañías de carros medios y tres Batallones de CV-3/35 y el ‘Grupo Maletti’, con una Compañía de Carros medios, un Batallón de CV-3/35 y tres Batallones de Infantería Motorizada sobre camiones). Con la excepción de dos de las Divisiones del Reggio Corpo Truppe Coloniali della Libia, ninguna de estas unidades tenía experiencia de combate en el desierto.

En total, los italianos disponían de 72 carros medios y unas 300 tanquetas CV-3/35. Los carros medios disponibles eran del modelo M-11/39, un carro poco fiable mecánicamente, mal protegido y peor armado – su armamento principal era un cañón de 37 mm montado en barbeta en el casco, junto con una ametralladora ligera situada en una torre individual.

Carro medio M-11/39 (‘M’ de ‘medio’, 11 por su peso – 11 toneladas – y 39 por su año de entrada en servicio). Un diseño del periodo de entreguerras, con una torre individual (lo que obligaba al Jefe de Carro a hacer también de tirador), armada con una ametralladora y un cañón de 37 mm con escasa capacidad de perforación, montado en barbeta (en el casco). Absolutamente impotente contra los mucho mejor protegidos Matilda-II (27 toneladas) o contra los modelos avanzados del carro Cruiser (18 toneladas).

La Reggia Aeronautica apoyaría la operación con la 5ª Squadra, con 308 aviones de tipos diversos (125 bombarderos, 88 cazas, 34 aviones de asalto y el resto de observación, transporte y enlace), pero anticuados. Sus cazas eran los biplanos Fiat CR-32 y CR-42, y sus bombarderos (Savoia-Marchetti SM-79 y SM-81) y aviones de ataque (Breda Ba-65 y Caproni Ca.310) ya habían participado en la Guerra Civil Española. Su función básica era de apoyo a las fuerzas terrestres. Sin embargo, para cumplir esta función era preciso alcanzar la superioridad aérea (al menos, local), lo que estaba fuera del alcance de sus lentos biplanos frente a los mucho más rápidos Hurricane. Sin una escolta eficaz de cazas (que los Fiat no podían proporcionar), sus bombarderos eran extraordinariamente vulnerables ante los cazas británicos. Sus pilotos y su personal de tierra estaban poco experimentados y poco adaptados a las condiciones del desierto libio, por lo que el número de salidas diarias que eran capaces de efectuar era relativamente bajo.

Fiat C.32., principal caza italiano al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Pese a su buena actuación en la Guerra Civil Española, su velocidad máxima de tan solo 360 km/h lo hacían incapaz de enfrentarse a los modernos monoplanos, o siquiera de alcanzar a los bombarderos rápidos del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Frente a ellos, los británicos desplegaban una fuerza denominada Western Desert Force, al mando del General O’Connor. Ésta era una unidad de solo 36.000 hombres, organizada como un pequeño Cuerpo de Ejército, compuesto de una División de Infantería (inicialmente, la 4ª División India reemplazada el 14 de diciembre de 1940 por la 6ª División Australiana; la 3ª Brigada de la 4ª División India permaneció con la Western Desert Force) y la 7ª División Acorazada (con unos 230 carros, dos tercios de ellos ligeros Vickers Mark VI y los restantes Cruiser), junto con un pequeño núcleo de tropas de Cuerpo de Ejército (compuesto básicamente por cinco Regimientos de Artillería – en realidad, Grupos, a doce piezas – y el 7º Regimiento de Carros, dotado con una cincuentena de eficaces Matilda-II), junto con la Selby Force (una agrupación móvil del tamaño de una pequeña Brigada (un Batallón de Infantería, un Grupo de Artillería, y algunas unidades menores), organizada sobre la guarnición de la plaza de Matruh. La Western Desert Force estaba compuesta por unidades habituadas a los combates en el desierto, bien aclimatadas y experimentadas en ese ambiente.

La R.A.F. desplegaba 142 aviones de modelos que no eran de primera línea, pero eran más modernos que los aviones italianos (46 cazas, dos tercios de ellos Hawker Hurricane, y el tercio restante biplanos Gloster Gladiator, junto con 116 bombarderos, entre ellos cuarenta eficaces Bristol Blenheim, y el resto Vickers Wellington y Bristol Bombay). Las dotaciones de la R.A.F. en Egipto estaban habituadas y equipadas para operar en el desierto, tras muchos años de realizar acciones aisladas contra pequeños objetivos (aldeas, aduares, pequeñas columnas de insurgentes…) situados lejos de las tropas propias, en su papel de ‘policía imperial’. Su moral era alta, pues el personal de la R.A.F. se sentía muy superior a sus adversarios italianos.

Hawker Hurricane Mk. I. Este avión fue el principal caza británico de los comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Su velocidad máxima de 512 km/h le permitía rehusar el combate con los lentos cazas italianos si estaba en inferioridad, y perseguirlos impunemente si lo estimaba oportuno. Su armamento eran 4 cañones de 20 mm, frente a las dos ametralladoras ligeras de los Fiat.

La superioridad italiana, sobre el papel, parecía aplastante, especialmente en tierra. Pese a esta diferencia de medios, el general Graziani, Jefe de las fuerzas italianas en Libia, era muy consciente de las limitaciones de sus tropas (su antecesor, Italo Balbo, ya había informado en 1939 de que disponía de poca Artillería y de que la existente estaba anticuada, de la ausencia casi total de armas contracarro y antiaéreas y de los pocos vehículos disponibles, problemas a los que se añadía la escasa adaptación al clima y la baja instrucción de las tropas procedentes de la metrópoli – seis de las diez Divisiones disponibles -…), por lo que solo las órdenes directas de Mussolini le llevaron a iniciar un tímido ataque.

En España, el CTV italiano había intentado – con muy poco éxito – aplicar una doctrina de guerra móvil, que se saldó con la severa derrota de Guadalajara. El CTV estaba formado por Divisiones de milicias del partido fascista, contingentes abiertamente despreciados por la oficialidad del Ejército regular. En parte por este motivo, el generalato italiano abordó esta campaña con métodos mucho más ‘ortodoxos’, volviendo a su doctrina tradicional, heredera de la Gran Guerra. En efecto, en esta campaña, los italianos aplicaron su doctrina anterior a la Guerra Civil española, inspirada en el modelo francés (espejo en el que se había reflejado el Ejército regular italiano desde la Gran Guerra). Al igual que en el caso de los franceses, los italianos tenían procedimientos de mando y control muy lentos, con órdenes de operaciones muy largas y detalladas, lo que se demostró fatal en el fluido campo de batalla del desierto. De la misma forma, las características del desierto libio (grandes distancias, escasez de agua, cartografía muy deficiente o inexacta y escasas vías de comunicación) eran muy inadecuadas para la ‘bataille conduite’ francesa: la Infantería a pie se movía con excesiva lentitud en los grandes espacios del desierto, y sus armas tenían alcances muy cortos en los amplios campos de tiro existentes, la Artillería veía limitada su eficacia por la falta de mapas (el terreno no estaba cartografiado) y la única carretera del país, a lo largo de la costa mediterránea (la vía Balbia), suponía un ‘cordón umbilical’ muy vulnerable ante un envolvimiento y muy difícil de proteger, dada su enorme longitud (que además, crecía conforme se avanzaba hacia el enemigo).

El uso que los italianos dieron a sus carros fue coherente con esa doctrina de empleo. La mayoría de los carros se desgajaron de los ‘Grupos’ y se asignaron a las Divisiones de Infantería, como medios de apoyo a la Infantería. En este papel, los carros italianos apenas realizaron algún tímido envolvimiento de muy corto radio de acción y siempre en apoyo de su Infantería. Cuando los carros italianos intentaron operar en el desierto, lejos de la carretera costera, la falta de cartografía, la escasez de equipos de radio y la inexperiencia de su personal en ese medio, llevaron a que se extraviasen con mucha frecuencia, teniendo que recurrir en ocasiones el mando italiano a aviones de enlace que ‘buscasen’ a sus carros, para que Graziani encontrase a sus unidades acorazadas y recuperase el contacto con ellas. Así, la doctrina de ‘bataille conduite’ forzaba a los italianos a operar exclusivamente a caballo de la carretera costera, única vía con cierta capacidad de abastecimiento logístico. Como los franceses con las Ardenas, el mando italiano en Libia consideraba que el desierto era ‘impasable’, por lo que no esperaba acciones enemigas importantes procedentes de su flanco sur, donde solo había arena…

En realidad, la dependencia italiana de su logística excedía la necesidad de preservar la vía Balbia: el dominio de la Royal Navy sobre el Mediterráneo central hacía muy arriesgada la llegada de suministros al puerto de Bengasi, principal base logística de abastecimiento para Graziani, y anulaba la posibilidad de emplear Tobruk, demasiado cercano a la base de la Mediterranean Fleet británica en Alejandría. Desde Bengasi, la vía Balbia cobraba su importancia como arteria vital del suministro del 10º Ejército. La Aviación italiana centró su acción en el apoyo a las fuerzas terrestres, por lo que concentró sus esfuerzos sobre las zonas de Sidi Barrani y Bardia, primeras defensas británicas, en la costa. Pese a la superioridad numérica de la Aviación italiana, su concentración de esfuerzos en la zona de combate, junto con el corto alcance de sus cazas, hicieron que la R.A.F. pudiese operar con cierta libertad en casi toda la longitud de la vía Balbia, y en la extensión del desierto al sur de esa carretera.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.

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