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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial. La primera ofensiva de Rommel: febrero-abril de 1941 (III)

En teoría, la toma de Tobruk permitiría que los buques italianos abastecieran a las tropas italoalemanas directamente desde su puerto, en lugar de depender de la larguísima línea de comunicación hasta Bengasi o, incluso, hasta Trípoli. Sin embargo, la proximidad de Tobruk a las bases de la Mediterranean Fleet y de la R.A.F. en Egipto hacía muy arriesgado su uso. En cualquier caso, mientras los británicos mantuvieran Tobruk, las columnas terrestres italoalemanas de suministros dirigidos a la frontera con Egipto debían desviarse por el sur de la ciudad, dando un gran rodeo para mantenerse fuera del alcance de la eficaz artillería británica basada en ella, y por terreno no asfaltado, que las frecuentes tormentas de arena hacían impracticable. La necesidad de mantener el cerco de la ciudad (o, al menos, la de evitar que la guarnición pudiese ejecutar acciones ofensivas en coordinación con las tropas británicas en Egipto) obligaban a Rommel a dividir sus escasas fuerzas. Por ello, la toma de Tobruk resultaba muy necesaria para el Eje. Envalentonado por sus éxitos anteriores, Rommel intentó un ataque improvisado sobre Tobruk el 11 de abril, uno mejor preparado el 15 y un ataque deliberado y apoyado por artillería entre el 30 de abril y el 6 de mayo.

Todos ellos fracasaron. Como consecuencia, Rommel se vio obligado a iniciar un asedio. En ese periodo, los alemanes avanzaron hasta la frontera egipcia, ocupando Sollum y el estratégico paso de Halfaya.

El éxito defensivo de los australianos sorprendió a los alemanes. La 9ª División Australiana organizó un perímetro defensivo en profundidad. La defensa se articulaba en tres líneas: un perímetro exterior o ‘Red Line’, a unos 15 km de la ciudad, organizado sobre puntos fuertes aislados, guarnecidos por seis Batallones en primera línea y tres en reserva, una segunda línea defensiva o ‘Blue Line’, con una línea de trincheras situada a unos 12 km del centro de la ciudad, en la que desplegaban tres Batallones de Infantería, una tercera línea, la ‘Green Line’, en el límite del casco urbano. Una potente reserva móvil desplegaba al norte de la ‘Green Line’, compuesta por una Brigada de Infantería y la III Brigada Acorazada, ‘resucitada’ con las unidades de carros supervivientes, que disponía de una abigarrada mezcla de carros (4 Matilda-II, 23 Cruiser, 33 Mk-VI B y una treintena de coches blindados Marmon-Harrington) en estado regular. La Artillería era el punto fuerte de los australianos: disponían en total de 48 obuses 25-pounder (87,6 mm de calibre, proyectiles de 11,5 kg y 12.253 m. de alcance máximo ), doce 18-pounder (84 mm de calibre, proyectiles de 8,4 kg y 10.100 m. de alcance máximo) y 12 obuses de 4,5 pulgadas (114 mm de calibre, proyectiles de 16 kg y 6.700 m. de alcance máximo), junto con 113 cañones contracarro (entre 2-pounder – 40 mm de calibre, proyectiles de 900 gr. y 1000 m. de alcance – y cañones italianos capturados).

La ‘Red Line’ se organizó en puntos fuertes con defensa perimétrica en todas direcciones, en un amplio perímetro de una longitud de unos 45 km alrededor de la ciudad. Esta distancia impedía a la Artillería del Eje tener alcance sobre la plaza. Estos puntos fuertes (150 en total) se distribuían en dos líneas, la segunda de ellas a unos 500 m. detrás de la primera. En general, estos puntos fuertes tenían unos 80 m. de longitud y estaban guarnecidos por un Pelotón de Infantería (10 a 15 soldados); disponían para defensa inmediata de una pieza artillera (italiana, capturada), una ametralladora media y otra ligera, situadas en asentamientos protegidos de hormigón, y estaban rodeados de un foso contracarro, alambradas y campos de minas.

El primer ataque de Rommel el 11 de abril, improvisado, lo encabezaron los carros del 5º Regimiento Panzer. La Infantería australiana de la ‘Red Line’ simplemente dejó pasar a los carros alemanes, pero mantuvo sus posiciones y se empeñó sobre las unidades que los seguían (Infantería, Artillería…), que creían que la defensa había colapsado tras el paso de los carros. Hasta ese momento, los alemanes estaban habituados a que los defensores entrasen en pánico cuando los carros los sobrepasaban, por lo que las tácticas australianas fueron una desagradable sorpresa, que les costó numerosas bajas. Ni siquiera el apoyo de la Luftwaffe (obstaculizado por una nutrida Artillería Antiaérea y por la acción de los cazas británicos, muy próximos a sus bases) consiguió abrir paso a los (poco numerosos) italoalemanes. Algo similar ocurrió en el ataque del 15 de abril: nuevamente, la Infantería británica dejó pasar a los carros alemanes e italianos y se centró en detener a las unidades de Infantería y de Artillería que los seguían. En cuanto a los carros, la superioridad artillera británica los detuvo sin grandes problemas frente a la ‘Blue Line’, donde sufrieron el contraataque de los carros británicos, que forzó su retirada, tras perder diecisiete carros. Finalmente, el ataque organizado el 30 de abril se ejecutó con una enorme inferioridad artillera del Eje, con escasez de municiones y combustible y con un reducido apoyo aéreo, dado el incremento de efectividad de la R.A.F., por lo que, lógicamente, no tuvo éxito. En este ataque, Rommel llegó a emplear a casi toda su Infantería disponible, cinco Divisiones (cuatro italianas – cada una con solo seis Batallones de Infantería y muy escasas de Artillería – y una alemana). Para el 6 de mayo de 1.941, habían sufrido unos 1.200 muertos. En opinión de Rommel, este combate hizo ‘muy evidente que el adiestramiento de (…) la infantería (alemana e italiana) en la guerra de posiciones no llegaba al nivel de los británicos y australianos’. En realidad, la Artillería con que contaban los italianos y alemanes en África apenas era suficiente para el apoyo directo a sus tropas, y en ningún caso podía bastar para el ataque a una posición fuertemente defendida como era Tobruk.

El puerto más cercano utilizable por los italogermanos en ese periodo era el de Bengasi, a 450 km de Tobruk. Las instalaciones portuarias de Bengasi habían resultado muy dañadas en los combates, de forma que su capacidad teórica de 81.000 toneladas mensuales quedó reducida a menos de la mitad de esa cifra, y la puesta en servicio del puerto, incluso con esa capacidad reducida, llevaría varias semanas. La logística italoalemana no había sufrido en exceso gracias a los abastecimientos capturados en Msus y Mechili. Sin embargo, un mes después, ya se habían agotado.

Sorprendentemente, la Royal Navy no había hostigado el tráfico marítimo italiano hacia Libia: doctrinalmente, el paso previo para ejercer el dominio del mar era la destrucción de la flota enemiga (según las ideas clásicas de Alfred Thayer Mahan, en The Influence of Seapower upon History 1660-1783, que dominaban el pensamiento naval desde finales del s. XIX), por lo que la Royal Navy concentró sus esfuerzos en vigilar a la potente flota italiana, esperando destruirla en una batalla decisiva. Después de eso, ya habría tiempo para cortar el tráfico marítimo italiano. Sin embargo, los grandes buques italianos se mantuvieron en puerto, y la escolta de convoyes la realizaron buques menores (destructores y cruceros ligeros) que no merecieron la atención de la Royal Navy. Gracias a esto, Rommel pudo recibir una corriente ininterrumpida de suministros (125.000 toneladas en junio, con unas necesidades de 70.000), que, sin embargo, se amontonaban en los muelles de Trípoli, sin que los camiones italianos y alemanes fuesen capaces de llevarlos al ritmo necesario hasta la lejana frontera con Egipto: el Eje tenía en Libia unos diez mil camiones en total, con unas veinte mil toneladas de carga máxima; con un 50% de averías y diez días para ir y volver desde Trípoli a Sollum, esto hacía que Rommel solo recibiese 30.000 toneladas mensuales de las 70.000 que necesitaba. Si ya era difícil sostener a las fuerzas desplegadas, las labores de acumulación logística necesarias para organizar un asalto a la ciudad de Tobruk resultaban totalmente impracticables.

Sin embargo, el desplazamiento de los aviones del X Fliegerkorps desde Sicilia a los Balcanes en abril, para participar en la invasión de Yugoslavia y Grecia y, posteriormente en las operaciones contra Creta, dejó sin cobertura aérea el Mediterráneo central, lo que permitió a las fuerzas británicas basadas en Malta iniciar acciones ofensivas contra los convoyes italianos. A la vez, tras la derrota italiana en el Cabo Matapán, los británicos, conscientes de la importancia capital de esos convoyes para Rommel, comenzaron a dedicar fuerzas considerables a atacarlos. En julio de 1941, las pérdidas en los convoyes alcanzaron el 9%, en agosto el 19%, y, a partir de ese momento no hicieron sino crecer, complicando aún más la difícil situación logística de Rommel.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.

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