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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La toma de Creta: ‘Operación Merkur’ (1)

https://global-strategy.org/evolucion-de-la-doctrina-militar-en-la-segunda-guerra-mundial-la-toma-de-creta-operacion-merkur-1/ Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La toma de Creta: ‘Operación Merkur’ (1) 2020-07-04 11:37:38 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Doctrina militar Segunda Guerra Mundial
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La toma de la isla de Creta era una parte inseparable de la ocupación alemana de los Balcanes. En efecto, si los británicos conservaban acceso a la isla de Creta, la R.A.F. seguiría teniendo alcance con sus bombarderos sobre los pozos petrolíferos de Ploesti, por lo que la ocupación de la isla por parte del eje era fundamental para los objetivos de guerra de Hitler.

La toma de Creta, sin embargo, presentaba problemas muy distintos y mucho más complejos para la Wehrmacht que la ocupación del Peloponeso: Creta es una isla, localizada en un mar, el Egeo, dominado en 1941 por la Royal Navy. Y, además, el dominio naval británico era difícilmente evitable. Si la Reggia Marina italiana no se había mostrado particularmente combativa hasta entonces, tras el duro golpe sufrido en Tarento (el 11 de noviembre de 1940, aviones torpederos británicos Swordfish lanzaron un ataque nocturno desde el portaaviones HMS Illustrious contra la base naval italiana de Tarento, hundiendo al acorazado Conte di Cavour y dañando gravemente a los acorazados Littorio – el más moderno de la Reggia Marina – y Duilio), el combate poco decisivo de Cabo Teulada (27 de noviembre de 1940) y la derrota de Cabo Matapán (27-29 de marzo de 1941), los italianos cedieron el dominio del mar a los británicos. En realidad, la Reggia Marina carecia de radares y de portaaviones (por la oposición – anterior al conflicto – de la Reggia Aeronautica a que la Marina tuviese aviones propios), lo que la situaba en una posición de grave desventaja frente a los británicos. Así, la toma de la isla de Creta se debería hacer en situación de dominio británico del mar. En consecuencia, la opción alemana pasaba por el concurso de la Luftwaffe.

La Luftwaffe – mucho más que las Divisiones Panzer – era la organización militar favorita de la jerarquía nazi. En parte por ello, la Luftwaffe no solo controlaba todos los aviones, sino que disponía también de unidades de paracaidistas, y de la mayoría de la Artillería Antiaérea alemana. Si los fracasos de Dunquerque y de la batalla de Inglaterra habían supuesto un duro correctivo para el orgullo de su jefe, Hermann Göring, el escenario de Creta le ofrecía la posibilidad de recuperar el prestigio perdido.

La inteligencia alemana estimaba que la isla estaba pobremente defendida, con solo unos pocos millares de británicos (personal de servicio de las bases aéreas, esencialmente), que no había tropas griegas en la isla y que la población cretense recibiría a los alemanes como ‘libertadores’ (Creta tenía una larga tradición republicana y de oposición al régimen monárquico griego), o, la menos, que se mantendría al margen de los combates. Por otra parte, el dominio naval británico obligaba a tomar una decisión importante: o bien esperar a que la Luftwaffe consiguiera destruir o expulsar a la Royal Navy del Egeo y después lanzar una fuerza embarcada hacia Creta, o bien ocupar la isla con tropas aerotransportadas… Ambas opciones presentaban ventajas e inconvenientes:

  • La primera de ellas era más segura, pues las tropas terrestres de la Wehrmacht, ya desplegadas en suelo griego, eran incomparablemente superiores a cualquier fuerza que los británicos o los griegos pudieran tener en la isla. No obstante, no había garantías de que la Aviación, por sí sola, pudiese expulsar del mar a una Armada moderna. Esto, que poco tiempo después resultaría evidente, era una idea muy discutida en ese momento y la experiencia histórica disponible era limitada y poco concluyente. No obstante, el mando alemán estaba convencido de que el dominio del Egeo por la Luftwaffe era una mera cuestión de tiempo. El principal inconveniente era, precisamente, el tiempo. La invasión de la Unión Soviética era inminente y no podía retrasarse, lo que obligaba a acabar urgentemente la campaña de los Balcances.
  • La opción aerotransportada era muy arriesgada: nunca se había hecho algo así, y no había ni precedentes, ni experiencia suficiente: las brillantes intervenciones de las unidades paracaidistas alemanas habían tenido una entidad mucho menor de lo que sería necesario para ocupar una gran isla como Creta. Además, esta opción implicaba desplazar a Grecia a las Divisiones Aerotransportadas necesarias (puesto que ninguna había operado al completo en los Balcanes), lo que requería también un tiempo tanto más prolongado cuanto mayor fuera el número de unidades necesarias. Además de ello, las unidades aerotransportadas tienen unos inconvenientes inherentes, que no pueden ser evitados: una vez llegan a tierra, su movilidad es reducida (carecen de vehículos) y su potencia de combate es limitada (no tienen armas pesadas ni grandes cantidades de munición), por lo que deben ser auxiliadas lo antes posible por unidades terrestres equipadas con armamento más contundente. A cambio, no necesitan esperar a que el transporte marítimo sea posible.
Caique de la familia real griega. Estos buques solo permitían cargar personal y armamento ligero

Puesto que Göering deseaba dar protagonismo a la Luftwaffe, la segunda opción fue la elegida, aunque con modificaciones. Por un lado, los transportes aéreos disponibles (unos 530 Junkers Ju-52) permitían concentrar rápidamente en Grecia, por vía aérea, a una de las Divisiones Paracaidistas disponibles, la 7ª, pero no eran suficientes para desplazar una segunda División. Puesto que el tamaño de la isla aconsejaba el empleo de, al menos, dos Divisiones, el OKW decidió que elementos de la 5ª División de Montaña fuesen aerotransportados a Creta, en ayuda de los paracaidistas, una operación inspirada en el ‘Paso del Estrecho’ del Ejército de África durante la Guerra Civil española. El resto de la 5ª División de Montaña llegaría a la isla por vía marítima, protegido por la Luftwaffe y por algunas unidades navales italianas. La escasez de buques aptos para el transporte de tropas (casi todos los buques griegos los habían requisado los británicos o habían escapado ante el avance alemán) obligó a emplear ‘caiques’, buques tradicionales del Egeo, de origen turco, aptos únicamente para llevar cargas ligeras.

Por la propia concepción de la operación, el éxito dependía de la toma de los aeródromos de la isla (especialmente del de Maleme, el más capaz de ellos), para permitir el abastecimiento logístico por vía aérea de las tropas desplegadas, enviar rápidamente refuerzos para las ligeramente armadas unidades paracaidistas y, desde allí, ocupar los puertos de la costa Norte de la isla, necesarios para permitir el desembarco de las tropas transportadas por vía marítima.

En teoría, la doctrina aerotransportada alemana contemplaba el desembarco en paracaídas de una pequeña unidad avanzada, encargada de asegurar las zonas de aterrizaje. Tras ella, la mayoría del personal y del equipo utilizarían planeadores desechables para llegar hasta estas zonas de aterrizaje. El armamento pesado solo podía llegar en estos planeadores, o bien mediante el empleo de paracaídas especiales (pero tenía que caber por las puertas de los Junker Ju-52, lo que limitaba mucho las cargas posibles). Esta doctrina hacía depender el éxito del factor sorpresa: ante un enemigo preparado y suficientemente fuerte, la unidad avanzada, pequeña y ligeramente armada, tendría grandes problemas para mantener la seguridad de las zonas de aterrizaje previstas para los planeadores.

Además de ello, los paracaidistas alemanes tenían un armamento similar al de las unidades de Infantería regular del Ejército de Tierra: subfusiles MP-40, fusiles Mauser Kar-98k y ametralladoras MG-34. Los fusiles y las ametralladoras eran excesivamente grandes para que los paracadistas pudieran saltar con ellos, de forma que el personal encargado de estas armas saltaba armado solo con el cuchillo-bayoneta, mientras que las armas se lanzaban separadamente en contenedores especiales. Esto hacía que, en los momentos iniciales del aterrizaje, solo el personal dotado de subfusiles MP-40 dispusiera de armas de fuego. El MP-40 disparaba proyectiles de calibre 9×19 mm, munición de pistola, de muy corto alcance. Por su parte, los paracaídas alemanes carecían de ningún medio para dirigirlos. Así, para favorecer que el aterrizaje se hiciese relativamente agrupado, al tiempo que se favorecía la sorpresa, los paracaidistas alemanes saltaban a muy baja altura (unos 90 metros).

Sin embargo, pese a su doctrina teórica, la penuria de planeadores hacía que, en realidad, los lanzamientos de paracaidistas y la llegada de planeadores se hicieran prácticamente al mismo tiempo. El criterio seguido era el de intentar emplear planeadores donde existieran zonas de aterrizaje aptas (explanadas despejadas) próximas a los objetivos, y lanzar las tropas en paracaídas donde no existiera la posibilidad del aterrizaje de planeadores.

Pese a estas limitaciones, los paracaidistas alemanes habían alcanzado enormes éxitos en pequeñas acciones, en Noruega, en Bélgica, en Holanda, en Francia y, pocos días antes en Grecia, donde habían tomado el puente sobre el canal de Corinto, evitando que los británicos lo volasen. No obstante, siempre habían actuado en unidades muy pequeñas, mientras que la operación ‘Merkur’ preveía el empleo de una División Paracaidista al completo, algo que nunca se había hecho antes.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel destinado en la División de Plantes del Estado Mayor del Ejército de Tierra español

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