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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La toma de Creta: ‘Operación Merkur’ (2)

El objetivo principal del plan alemán era la ocupación del aeródromo de Maleme, -el único asfaltado entonces- y del puerto de La Canea. Ambos objetivos se encontraban en la parte Oeste de la isla, próximos a las bases de de la Luftwaffe en el continente, lo que facilitaba el apoyo aéreo. Además de ello, se contemplaban la ocupación casi simultánea de los aeródromos de Rethymno y Heraklion y de los pequeños puertos de ambas localidades.

La operación la dirigiría el jefe del Teatro de Operaciones de los Balcanes, general de la Luftwaffe Löhr, mientras que de la invasión terrestre se encargaría el jefe del XI Cuerpo Aéreo (Fliegerkorps), general Kurt Student, y se ejecutaría fundamentalmente por la 7ª División Paracaidista, reforzada por el Regimiento de Asalto Aéreo de la Luftwaffe (con tres Batallones de Paracaidistas), ambos pertenecientes al XI Cuerpo Aéreo, y por la 5ª División de Montaña. El fundamental apoyo aéreo a la operación correría a cargo del VIII Cuerpo Aéreo del general Wolfram Von Richthofen, el mayor especialista alemán en apoyo aéreo a las unidades terrestres. Von Richthofen disponía de 280 bombarderos de diversos tipos, 150 Stuka, 90 cazas Bf-109 y otros tantos Bf-110, y 40 aviones de reconocimiento.

Las Divisiones Paracaidistas y las de Montaña eran unidades con una organización en la que primaba la ligereza. Las Divisiones Paracaidistas se componían de tres Regimientos de Infantería (a tres Batallones cada uno), un Grupo de Reconocimiento, un Batallón de Ingenieros, otro Batallón Contracarro, uno de Ametralladoras y solo un Grupo de Artillería, en lugar de los cinco que se asignaban a una División de Infantería regular. Las de Montaña no tenían Batallón de Ametralladoras, pero añadían a los elementos citados un Grupo de Artillería Antiaérea y un Batallón de Transmisiones. En conjunto, eran unidades con una potencia de combate limitada, previstas para emplearse en situaciones y entornos muy específicos, pero cuyas posibilidades de éxito en operaciones prolongadas frente a unidades regulares, en general más numerosas y mejor equipadas, eran reducidas.

La fuerza de invasión se componía de unos 26.000 hombres, con unos 11.000 paracaidistas de la 7ª División, 12.000 cazadores de montaña de la 5ª División (de los que 5.000 llegarían a la isla por vía aérea y 7.000 por mar) y 3.000 italianos de la 50ª División, que se añadirían posteriormente. La operación se bautizó “Merkur”, el nombre alemán del dios romano Mercurio, al que se representaba con alas en los pies.

Pese a las optimistas estimaciones de la inteligencia alemana, la guarnición anglo-griega de la isla de Creta era numerosa: unos 28.500 soldados británicos, australianos y neozelandeses, junto con 11.500 griegos, al mando del general neozelandés Bernard Freyberg. Los aliados desplegaban en la isla 25 carros de combate, 24 tanquetas Universal Carrier y 85 piezas de Artillería de Campaña. Aparentemente, la superioridad aliada era clara. No obstante, la situación de los aliados era menos favorable de lo que parecen indicar estas cifras. La isla había servido de escala intermedia para la evacuación de unos 25.000 soldados británicos procedentes de la Grecia continental, de los que unos 15.000 se habían quedado en la isla, y el resto habían sido evacuados a Egipto. Las tropas llegadas del continente tenían una baja moral, y carecían de equipo o armamento pesado, por lo que, por ejemplo, unidades de Artillería se emplearon solo como Infantería ligera, papel para el que carecían de adiestramiento, y en el que su eficacia era limitada. La Artillería disponible era de origen italiano, capturada en Cirenaica; las piezas no disponían de aparatos ópticos (que habían sido destruidos por los italianos precisamente en previsión de su captura), por lo que solo podían emplearse en tiro directo (y con escasa precisión). Los 25 carros se dividían en nueve Matilda-II y dieciséis carros ligeros australianos Vickers Mark-VI B, armados con dos ametralladoras. Los carros habían combatido en el continente y habían sido evacuados a Creta, pero dejando atrás repuestos y herramientas. Como consecuencia, eran un material que había sufrido averías y daños en combate, mientras que en la isla no había medios para repararlos. Por ello, su operatividad era limitada, y, en muchos casos, algunos equipos esenciales solo funcionaban parcialmente. Los eficaces cañones contracarro de 40 mm. de los Matilda-II, que tan buen resultado habían dado en Francia y en África, solo disponíande munición perforante, lo que los hacía poco útiles contra personal al descubierto, por lo que su utilidad en Creta era discutible.

Las unidades británicas presentes eran tres Brigadas de la 2ª División de Infantería Neozelandesa y las unidades de su Núcleo de Tropas Divisionario (en conjunto, casi la totalidad de la División, excepto el Cuartel General y la VI Brigada), la XIX Brigada de Infantería australiana, la XIV Brigada de la 6ª División de Infantería británica y una miríada de unidades menores (como los Matilda-II, pertenecientes al 7º Regimiento Acorazado de la Western Desert Force, procedente de Egipto).

Por su parte, las tropas griegas en Creta, se componían básicamente de siete Regimientos de Infantería, tres de ellos procedentes de la 5ª División de Infantería (que habían permanecido como guarnición de la isla desde el inicio del conflicto), mientras que los demás eran organizaciones improvisadas con retales de otras unidades: la guarnición de Heraklion (tropas de abastecimiento, no de combate), la gendarmería de la isla y cadetes de la Academia de la Gendarmería griega (evacuados a la isla en los meses previos a la invasión alemana), junto con restos evacuados de otras tropas griegas que habían combatido en el continente y voluntarios locales. Pese a su heterogéneo origen, estas unidades eran combativas, pero estaban armadas con fusiles Männlicher austríacos, de 6,5 mm de calibre, e, incluso, con vetustos fusiles franceses Gras Modèle 1874 (armas monotiro); disponían de escasas y anticuadas ametralladoras y carecían de Artillería, de morteros o de radios. Con todo, lo más grave es que los británicos no disponían de municiones de los calibres empleados por los griegos, por lo que, en mayo de 1941, las tropas griegas en Creta disponían de menos de treinta cartuchos por combatiente. La escasa capacidad de combate de las tropas griegas decidió a Freyberg a agregarlas a las unidades británicas disponibles, a fin de evitar que tuviesen que combatir solas.

La R.A.F., consciente de su inferioridad numérica abandonó la isla a principios de mayo, aunque operaba sobre la isla desde Egipto con dos Escuadrones de bombarderos Bristol Blenheim y tres de cazas Hurricane y Gladiator. En contraste con lo ocurrido en la Batalla de Inglaterra, sobre Creta, la Luftwaffe operaba cerca de sus bases, mientras que la R.A.F. lo hacía al límite de su alcance. Además de ello, el Hawker Hurricane era un caza de características algo inferiores al Bf-109 alemán, pero el biplano Gloster Gladiator estaba claramente desfasado. Así, la R.A.F. operaba en inferioridad de condiciones, numéricas, de calidad de materiales y lejos de sus bases. No es sorprendente que la Luftwaffe alcanzase rápidamente la superioridad aérea sobre el Egeo. Esta superioridad se tradujo en que la Royal Navy vio enormemente dificultadas sus operaciones en aguas de Creta, estando forzada a operar fundamentalmente durante el arco nocturno cuando fue posible. Aun así, de las 27.000 toneladas de suministros que la Royal Navy despachó desde Egipto hacia Creta en mayo de 1941, menos de 3.000 alcanzaron la isla.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.

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