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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La toma de Creta: ‘Operación Merkur’ (4)

El ataque se inició en la mañana del 20 de mayo, tras una semana de bombardeos constantes de la Luftwaffe. La mayoría de los paracaidistas alemanes cayeron directamente sobre las posiciones de los defensores neozelandeses, que los recibieron con un fuego nutrido. La peor parte la llevaron el III y el IV Batallones alemanes. El I Batallón se desvió de su ruta, de forma que dos Compañías aterrizaron al Oeste del aeródromo, en el valle seco del río Tavronitis, mientras que las dos compañías restantes aterrizaron al Norte de las pistas y atacaron a las piezas antiaéreas y de Artillería de Campaña que cubrían el aeródromo, sufriendo fuertes pérdidas y viéndose obligadas a detenerse. Los elementos remanentes del I Batallón se concentraron al Oeste del aeródromo, aprovechando la protección otorgada por el lecho del río Tavronitis (desenfilado del fuego enemigo) para reorganizarse. Por su parte, el III Batallón cayó directamente sobre el XXIII Batallón neozelandés: ese día tuvo más de 400 muertos de una plantilla de algo menos de 800; una de sus compañías tuvo 112 muertos entre los 126 hombres que saltaron esa mañana. Los escasos supervivientes del III Batallón se dispersaron por la zona.

Los cuatro Batallones que aterrizaron en La Canea no tuvieron mejor suerte. La guarnición aliada de La Canea recibió con fuego intenso a los paracaidistas alemanes. El 3er Regimiento Paracaidista se vio atrapado entre la X y la IV Brigadas neozelandesas, con fuerzas muy superiores. Las mucho más nutridas tropas aliadas hicieron numerosos prisioneros cuando los paracaidistas intentaron entrar en el casco urbano de La Canea. Al final, la fuerte resistencia aliada forzó a los supervivientes alemanes a atrincherarse en defensiva en un pequeño valle al Suroeste del edificio de la prisión.

En cuanto a las tropas lanzadas sobre la península de Akrotiri, su suerte fue similar. La península estaba ocupada por el 102º Regimiento Contracarro Northumberland Hussars, un Batallón de Royal Marines y otras unidades regulares británicas, que los recibieron con denso fuego defensivo. El propio general Süssman, jefe de la 7ª División Paracaidista, murió en el salto, y los dispersos supervivientes se establecieron en posiciones defensivas lejos del casco urbano de La Canea.

Además de ello, todas las radios disponibles en las unidades que saltaron sobre Maleme y La Canea se perdieron o quedaron inoperativas, de forma que los paracaidistas no podían advertir a su cadena de mando de la presencia de numerosas unidades enemigas, ni informarles sobre su situación. Consecuentemente, y suponiendo que la operación se desarrollaba según lo previsto, los alemanes continuaron con su plan, y a lo largo de la tarde, reforzaron a las tropas lanzadas sobre Maleme con más paracaidistas, que cayeron en zonas ocupadas todavía por los aliados, y sufrieron nuevamente fuertes bajas. Los paracaidistas supervivientes se atrincheraron al Oeste del aeródromo de Maleme y en un estrecho valle al Oeste de La Canea.

Las tropas lanzadas sobre Rethymno (Kampfgruppe Centro) y Heraklion (Kampfgruppe Este) no tuvieron más suerte, y sufrieron igualmente fuertes pérdidas. A la caída de la noche, ninguno de los cuatro objetivos de los alemanes (Maleme, La Canea, Rethymno y Heraklion) había sido tomado.

Por su parte, el día 21, un convoy de una veintena de caiques, escoltado por un torpedero italiano fue interceptado por una fuerza británica compuesta por tres cruceros ligeros, a unos trienta kilómetros al Norte de Maleme. Solo la heroica actuación del Capitán Mimbelli, que se enfrentó a los tres cruceros con su pequeño torpedero, ganando tiempo para que se dispersasen los caiques, permitió salvar a la mayoría de la fuerza embarcada. Sin embargo, solo un caique y un pequeño velero llegaron a Creta, siendo incapaces las tropas desembarcadas de alcanzar las zonas ocupadas por los paracaidistas alemanes. Pese a ello, la posible llegada de tropas alemanas por mar obligó a Freyberg a mantener gran número de tropas cubriendo las costas, lo que le dejaba fuerzas limitadas para reducir las ‘cabezas de puente’ de los paracaidistas alemanes.

Aparentemente, la operación alemana había fracasado. Sin embargo, la apreciación de la situación por parte de los británicos era completamente distinta: en la confusión del ataque, los británicos sabían que había fuerzas alemanas de entidad desconocida al Oeste de Maleme y al Suroeste de La Canea. Recibían constantemente información acerca de nuevos avistamientos de paracaidistas alemanes en lugares diversos (la mayoría correspondían a los paracaidistas del 3er Regimiento o a los lanzados sobre la península de Akrotiri, que intentaban reagruparse). Tampoco tenían una idea clara de la situación y composición de las fuerzas alemanas lanzadas sobre Rethymno y Heraklion, y esperaban un desembarco en algún lugar de la costa en cualquier momento… Esta confusa situación paralizó al mando neozelandés, que no supo aprovechar la dificilísima situación en la que se encontraban los paracaidistas alemanes. En lugar de organizar un contraataque inmediato contra las bolsas de enemigos localizadas (el Oeste de Maleme y al Suroeste de La Canea), o, al menos, reforzar los sectores amenazados, no se ejecutó ninguna acción decisiva.

El caso de los alemanes fue diferente: en ausencia de órdenes y pese a las pérdidas, los restos de unidades dispersas se reagruparon en lo posible e intentaron alcanzar sus objetivos o contribuir a que otras unidades cumplieran su parte del plan. Así, los restos del I Batallón del Regimiento de Asalto Aéreo, al mando de un capitán, iniciaron inmediatamente los reconocimientos del terreno necesarios para iniciar el ataque sobre Maleme, pese a su enorme inferioridad numérica. De la misma forma, los restos del 3er Regimiento Paracaidista se atrincheraron con el fin de fijar al mayor número posible de fuerzas aliadas, al igual que hicieron las tropas en Rethymno y Heraklion: la tradicional auftragstaktik prusiana volvía a dar sus frutos.

Durante la noche, las compañías británicas del XXII Batallón neozelandés que defendían la posición clave de la cota 107 – una altura situada al Sur de la pista del aeródromo de Maleme, que dominaba el terreno a su alrededor – perdieron el enlace con su nivel superior. Ante la falta de información, asumieron – equivocadamente – que su Batallón había sido derrotado por los alemanes, y decidieron retirarse. La retirada neozelandesa fue rápidamente aprovechada por los restos del I Batallón del Regimiento de Asalto Aéreo, que ocuparon sin resistencia la posición clave para controlar el aeródromo de Maleme. Los intentos británicos de contraatacar y recuperar la cota 107 fracasaron por diversos motivos. Sorprendentemente, los otros Batallones de la V Brigada neozelandesa no reforzaron al apurado XXII Batallón (el jefe de la V Brigada mantenía su puesto de mando con el XXVIII Batallón, muy alejado de Maleme, y en ningún momento se desplazó personalmente a supervisar la situación, en agudo contraste con la forma de mandar de los jefes alemanes). Por otra parte, el modesto contraataque local del XXII Batallón, llevado a cabo la tarde del 21 por una Sección de Infantería, un Matilda-II y un Mark-VIB (la totalidad de las reservas disponibles), fracasó cuando los carros se quedaron inoperativos por avería. Gracias a la posesión de la cota 107, los alemanes pudieron utilizar el aeródromo, aunque las pistas estaban todavía batidas por fuego enemigo. Los alemanes iniciaron inmediatamente un ‘puente aéreo’ que permitió reforzar a las maltrechas tropas paracaidistas.

El general Freyberg decidió entonces emplear dos Batallones para recuperar el aeródromo, el XXVIII Batallón de la V Brigada (que apenas había intervenido en el combate) y el XX Batallón, de la IV Brigada, desplegado en Galatas. El ataque se realizaría de noche, para evitar la acción de la Luftwaffe. Sin embargo, las noticias sobre tropas alemanas que se aproximaban por vía marítima, hicieron que Freyberg retrasase el contraataque hasta que otra unidad relevase en su sector de costa a estos dos Batallones, para prevenir posibles desembarcos. Para ello hizo venir al II Batallón australiano desde la zona de Rethymno. Pese a la urgencia, el desplazamiento de los australianos se vio retrasado por ataques aéreos. Esta demora, junto con el tiempo necesario para el relevo con los neozelandeses y el empleado para alcanzar las bases de partida del ataque, hicieron que el previsto ataque nocturno se convirtiera en un ataque al amanecer del día 22. Como Freyberg temía, el apoyo aéreo alemán y los refuerzos que los alemanes habían sido capaces de llevar a Maleme en ese periodo (un Batallón de Cazadores de Montaña) repelieron el contraataque de los neozelandeses.

El mismo día 22 de mayo, la Royal Navy desplegó algunas unidades navales para interceptar a los débiles convoyes italo-alemanes que se dirigían a Creta, pero la constante presión de la Luftwaffe hizo fracasar los esfuerzos británicos. Al final del día, la Royal Navy había conseguido hacer retroceder a los convoyes de tropas, pero había perdido dos cruceros ligeros y un destructor, y había gastado casi toda su munición antiaérea.

El 23 de mayo la Royal Navy reforzó su presencia en la zona con cinco destructores, que consiguieron dispersar un gran convoy con una cincuentena de buques. Sin embargo, la presión aérea alemana continuó, de forma que dos destructores fueron rápidamente hundidos y un tercero gravemente dañado. Resultaba evidente que, ante la superioridad aérea alemana, la Royal Navy no podía conducir operaciones ofensivas durante el día, so pena de sufrir pérdidas insostenibles.

Mientras tanto, las tropas aerotransportadas a Maleme comenzaban a ser suficientes para iniciar operaciones ofensivas. Aprovechando el fracaso británico, el 23 de mayo, los alemanes intentaron avanzar por el interior para enlazar con las tropas que resistían al Sur de Galatas. Si lo conseguían, la V Brigada neozelandesa se arriesgaba a quedar aislada, por lo que Freyberg autorizó su repliegue hacia La Canea.

Nuevamente, las percepciones jugaron una mala pasada a los aliados: los restos del Kampfgruppe Centro, situados en defensiva sobre la carretera que unía Rethymno y La Canea, intentaron avanzar hacia el Oeste, para reunirse con las tropas alemanas que avanzaban desde Maleme. Este movimiento se debía fundamentalmente a la imperiosa necesidad de recibir ayuda, ante las fuertes bajas sufridas. Sin embargo, para el mando aliado parecía que el Kampfgruppe Centro intentaba ejecutar un ataque concéntrico con el Kampfgruppe Oeste, que destruiría las X, IV y V Brigadas… A esta percepción se unieron los primeros problemas logísticos: la presión de la Luftwaffe había impedido a la Royal Navy reabastecer la isla, y el dominio del aire de los alemanes impedía la distribución de los suministros ya desembarcados.

Los combates se centraban ahora frente al pueblo de Galatas, en la carretera costera que unía Maleme con La Canea, y, desde allí, con Rethymno y Heraklion. En estos dos últimos lugares, los paracaidistas no habían podido ser reforzados y su situación era crítica. La prioridad alemana era socorrer a estos destacamentos, buscando tomar La Canea y alcanzar después Rethymno y luego Heraklion. No obstante, pese a los esfuerzos alemanes y al potente esfuerzo aéreo, la resistencia aliada era muy fuerte, por lo que el avance era tan lento que se corría el riesgo de que los destacamentos paracaidistas situados en Rethymno y Heraklion tuviesen que capitular. El día 24 los alemanes intentaron nuevos lanzamientos paracaidistas para tomar el aeropuerto de Heraklion, pero no tuvieron éxito. En consecuencia, los alemanes solicitaron a los italianos que lanzasen un ataque sobre la parte Este de la isla, en el puerto de Sitia, en el extremo oriental de la isla, para avanzar desde allí hacia Heraklion-Rethymno o, al menos, forzar a los aliados a distraer fuerzas para facilitar el ataque alemán.

Sin embargo, para los aliados, la situación aparentaba ser muy diferente: sometidos a constantes bombardeos aéreos y con suministros menguantes, su capacidad de combate disminuía rápidamente, mientras que los alemanes recibían un flujo ininterrumpido de abastecimientos y tropas frescas. El análisis aliado era correcto, pero excluía el dato de que las tropas alemanas desembarcadas en Creta eran numéricamente muy inferiores a las aliadas, aunque su combatividad ocultaba su debilidad real.

El 25, los alemanes tomaron Galatas (que cambió de manos varias veces), y amenazaron con desbordar por el Sur la defensa aliada, cortando la carretera entre La Canea y Rethymno.

El 26 de mayo, en respuesta a las peticiones de los alemanes, un convoy italiano partía hacia Creta desde Rodas, con parte de la 50ª División de Infantería italiana (un Regimiento de Infantería, una Compañía con trece carros CV-3/35 y algunas unidades menores), totalizando unos 3.000 hombres, que llegaron a Sitia el 28. A estas alturas de la operación, los británicos ya habían decidido el abandono de la isla, por lo que el desembarco se produjo sin oposición de la Royal Navy, ocupada en las tareas de evacuación.

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.

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