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Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: los planes de operaciones alemanes en la campaña de Francia (2)

https://global-strategy.org/evolucion-de-la-doctrina-militar-en-la-segunda-guerra-mundial-los-planes-de-operaciones-alemanes-en-la-campana-de-francia-2/ Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: los planes de operaciones alemanes en la campaña de Francia (2) 2019-10-13 17:22:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Doctrina militar Segunda Guerra Mundial
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Los recelos de Von Rundstedt estaban más fundados de lo que el resultado final de la Batalla de Francia sugiere. Como todos los generales (alemanes y aliados) de la “vieja escuela” de la PGM, Von Rundstedt era muy escéptico acerca de las posibilidades reales de las formaciones acorazadas y mecanizadas. El éxito alemán en Polonia lo atribuía a las limitaciones de las fuerzas armadas polacas, y consideraba que los atrevidos avances de las vanguardias acorazadas de Guderian y Von Reichenau no serían posibles ante un enemigo infinitamente más competente, como se percibía al Ejército francés. En efecto, en 1940, el Ejército francés tenía fama de ser “el mejor Ejército del mundo”: las ideas doctrinales y organizativas y las armas francesas eran imitadas por casi todos los Ejércitos, en todos los continentes.

Y el plan de Manstein era ciertamente osado: para convencer a los aliados de que la Wehrmacht intentaba repetir el “Plan Schlieffen”, era necesario que el Grupo de Ejércitos B ejecutase un ataque muy potente sobre Bélgica y los Países Bajos, para que los aliados creyesen que éste era el esfuerzo principal del ataque alemán, como lo fue en 1914. Sin embargo, el grueso de las formaciones acorazadas estaría asignado al Grupo de Ejércitos A: de las dieciséis Divisiones Panzer y Motorizadas disponibles, el Grupo de Ejércitos B disponía solo de tres (3ª y 4ª Panzerdivisionen en el XIX Cuerpo, y la 9ª en la reserva del Grupo de Ejércitos). Para suplir esta carencia, en los momentos iniciales del ataque, el Grupo de Ejércitos B recibiría la práctica totalidad del apoyo aéreo que la Luftwaffe podía proporcionar, incluyendo las espectaculares acciones de los paracaidistas. Esto implicaba que, durante el cruce de las Ardenas, las Divisiones móviles alemanas apenas podrían contar con apoyo aéreo: si eran descubiertas y los franceses concentraban sus aviones sobre las columnas de vehículos, incapaces de salir de las escasas carreteras, la operación alemana fracasaría, y la Wehrmacht perdería a sus divisiones de elite, y, con ellas, la guerra…

En efecto, en el denso bosque de las Ardenas, los vehículos no podían salirse de los caminos. Consecuentemente, una fuerza aliada muy reducida, si defendía tenazmente los numerosos puntos de paso obligado de esas carreteras, podía detener a una fuerza atacante muy superior, dejando a los vehículos alemanes inmóviles y atrapados, alineados a lo largo de las carreteras, a merced de la Aviación y la Artillería enemigas. Sin poder salir de los caminos, tampoco era posible desplegar la Artillería de Campaña, por lo que el apoyo de fuegos imprescindible para vencer una resistencia, incluso moderada, debería correr a cargo de la Luftwaffe. Sin embargo, durante el cruce de las Ardenas por las Divisiones acorazadas y mecanizadas, el esfuerzo de la Luftwaffe estaría en el norte, en apoyo del Grupo de Ejércitos B. Poca ayuda podría esperarse de ella.

Suponiendo que todo fuera bien, si los franceses habían fortificado los pasos del Mosa y estaban alerta (lo que era previsible, dada la dificultad de ocultar el movimiento de las Divisiones Panzer a la fuerza de cobertura, que, presumiblemente, desplegarían los aliados en las Ardenas), para romper la línea francesa serían necesarios unos fuegos que la Artillería de las Divisiones acorazadas y mecanizadas difícilmente podría proporcionar (no se podía hacer acumulación previa de munición, ni el número de piezas disponible era remotamente comparable ni siquiera al de una operación menor de la PGM), lo que dejaba el apoyo de fuegos una vez más en manos de la Luftwaffe (que en ese momento sí estaría disponible: una vez los aliados hubieran sido atraídos a suelo belga, el Grupo de Ejércitos A tendría la prioridad en el apoyo aéreo) Sin embargo, los efectos de los bombardeos aéreos eran, en gran medida, desconocidos en 1940: la única experiencia alemana reciente era la de la Legión Cóndor en la Guerra Civil Española, donde solo en los últimos meses se habían probado (con éxito, pero en muy escasas ocasiones) armas clave como los bombarderos Junker-87 Stuka. El éxito de la Luftwaffe ante las fortificaciones polacas de Modlin se atribuía también (como los éxitos de la Aviación republicana frente a los italianos en Guadalajara o los de la Legión Cóndor ante el Ejército Popular de la República en la Guerra Civil) a la baja moral de las tropas de tierra, más que al efecto real de los bombardeos. Nuevamente, frente a un enemigo de primera clase como el Ejército francés, había lógicas dudas sobre la eficacia del apoyo aéreo.

Incluso superando el cruce del Mosa, a partir de allí, las Divisiones acorazadas y mecanizadas debían comenzar un largo avance de casi 300 km a la máxima velocidad posible (lo que implicaba que, tras la larga marcha a través de las Ardenas y el cruce del Mosa, estas unidades debían estar completamente repostadas y municionadas, sin existir ninguna zona donde hacerlo, ni tiempo para ello). Este ataque se realizaría con los flancos al descubierto, y con la presencia de un fuerte contingente francés en el flanco sur (el 7º Ejército, la reserva operacional francesa, desplegaba en el área de Reims), lo que daba a los aliados excelentes posibilidades para un contraataque. Nuevamente, el plan de Manstein confiaba en la Luftwaffe para “aislar” la zona de avance, en coordinación con una “defensa activa” consistente en un ataque secundario hacia el suroeste, con el fin de neutralizar al 7º Ejército francés. Una vez más, los generales alemanes más veteranos dudaban de que fuese suficiente.

En cualquier caso, las ideas sobre qué hacer tras el cruce del Mosa no dejaban de ser muy vagas, fuera de la idea de asegurar los pasos del Somme y el Aisne y avanzar hacia el canal de la Mancha.

En otro orden de cosas, el plan de Manstein implicaba un tipo de operación muy diferente del ejecutado en Polonia. Como se ha comentado, en suelo polaco las Divisiones Panzer, Ligeras y Motorizadas alemanas actuaron en el marco de Grandes Unidades Ejército, compuestas fundamentalmente de Divisiones de Infantería. Con las excepciones del XIX Cuerpo de Ejército de Guderian y del 10º Ejército de Von Reichenau (y por voluntad personal de estos generales, no como una decisión doctrinal) estas Divisiones móviles se emplearon para abrir paso o explotar las acciones de las unidades a pie. En ningún caso se planeó una penetración independiente de grandes unidades acorazadas o mecanizadas (pese a que el XIX Cuerpo y el 10º Ejército operaron de esa forma, pero en un teatro de operaciones tan pequeño que apenas se separaron del grueso de Divisiones de Infantería). Lo que proponía Manstein era una operación en la que las Divisiones Panzer y Motorizadas operarían de forma independiente, en la retaguardia enemiga, seguidas a mucha distancia por las Divisiones de Infantería. En esas condiciones, las unidades acorazadas y mecanizadas alemanas no tendrían quien les asegurase las vías de abastecimiento logísticas, ni quien protegiese sus flancos, ni dispondrían del potente apoyo artillero que era imprescindible en la guerra moderna desde la PGM. Todas las comunicaciones, a todos los niveles, tendrían que hacerse vía radio (otro medio relativamente nuevo; solo los alemanes y solo en ejercicios habían basado alguna vez sus comunicaciones entre Grandes Unidades únicamente en el empleo de la radio). Incluso teniendo éxito, las trece Divisiones acorazadas y mecanizadas que constituirían la punta de lanza del ataque alemán se encontrarían cada vez más separadas de las Divisiones de Infantería a pie que las seguirían y estarían operando en la punta de un saliente con 65 Divisiones aliadas en su flanco Este y otras tantas en el Oeste (si bien orientadas hacia la frontera alemana). Si los aliados eran capaces de redesplegar solo una fracción de estas fuerzas, podrían aplastar la vulnerable penetración alemana…

Como puede verse, las objeciones de Von Rundstedt (y de casi la totalidad de los altos mandos alemanes) al plan de Manstein no carecían de fundamento. Sin embargo, los argumentos en defensa del plan tampoco eran menores. Por un lado, Guderian (en la época, el mayor experto alemán en el uso de carros) estimaba que el cruce de las Ardenas era posible, actuando con celeridad y en secreto, si se reservaba para las Divisiones móviles toda la red de carreteras disponible. Por otra parte, no había razones para que los aliados guarneciesen en fuerza una zona que ofrecía tantos inconvenientes para las operaciones. Aún más, para los Ejércitos con “doctrinas de fuegos” (caso de los aliados), las Ardenas eran una zona donde no podían operar, puesto que la red viaria era insuficiente para alimentar a las masas artilleras en las que basaban sus operaciones: no había ferrocarril y las carreteras eran escasas, estrechas (en su mayoría solo permitían un sentido de circulación) y sin pavimentar, por lo que se deteriorarían rápidamente por el paso constante de las columnas de municionamiento. Y los aliados no tenían motivos para pensar que los alemanes operarían de manera distinta a la marcada por la ortodoxia de la PGM. La derrota polaca la atribuían (como los propios altos mandos alemanes) más a errores polacos que al empleo de nuevos medios o nuevas doctrinas por parte alemana.

En cuanto a la posibilidad de que los aliados descubriesen a las largas columnas de vehículos alemanes en las Ardenas, Manstein estimaba que era poco probable: la Aviación francesa era poco propensa a colaborar con su Ejército (recuérdese la teoría del “Poder Aéreo Estratégico” dominante en las Fuerzas Aéreas aliadas), por lo que los reconocimientos aéreos en beneficio de las fuerzas terrestres eran escasos; lógicamente, el mando francés los concentraba en las zonas de frente más prioritarias, y las Ardenas no lo eran. Además de ello, durante el cruce de las Ardenas, los medios disponibles de la Luftwaffe en apoyo del Grupo de Ejércitos A centrarían su acción en vuelos de caza, encargados de evitar la observación aérea aliada, a fin de evitar que estas Divisiones fuesen descubiertas. Por otra parte, la fuerza de cobertura aliada estaría compuesta fundamentalmente de unidades de Caballería a lomo, dotadas de armamento muy ligero, cuyas posibilidades de detener a las vanguardias acorazadas alemanas eran muy escasas. Por ese mismo motivo, es difícil que pudieran valorar la verdera entidad del despliegue alemán, pues se verían forzadas a retirarse ante la primera línea de unidades acorazadas alemanas, sin poder saber qué venía detrás.

En cuanto al paso del Mosa en Sedán (donde se iba a ejercer el esfuerzo principal de la ofensiva), Manstein estimaba que estaría poco defendido: Sedán se encontraba a 170 kilómetros de la frontera alemana, en un sector en el que no se esperaba actividad militar alemana. Consecuentemente, allí no se desplegarían tropas ni muy numerosas ni de primera línea, y, si se obtenía la sorpresa, tampoco esperarían la llegada de los alemanes. Por ello, no creía que fuera necesario organizar un ataque deliberado como los ejecutados contra las líneas fuertemente fortificadas de la PGM, y confiaba en que las Brigadas de Infantería Motorizada de las Divisiones Panzer fuesen suficientes para romper las defensas francesas. Puesto que no esperaba encontrarse con tropas de primera fila, también confiaba en que los bombardeos aéreos, combinados con la sorpresa, quebrarían la moral de los defensores franceses.

La parte más compleja era justificar que el avance en la retaguardia enemiga hacia el canal de la Mancha y los pasos del Somme no suponía un riesgo excesivo. Manstein propuso un ataque hacia el suroeste desde Sedán, como esfuerzo de apoyo, para neutralizar al 7º Ejército francés y proteger así el flanco sur de la penetración acorazada hacia Abbeville (ciudad francesa sobre el Somme en la costa del canal de la Mancha, centro ferroviario fundamental para las comunicaciones entre Francia y Bélgica, esencial para el abastecimiento logístico de las fuerzas aliadas que operasen en Bélgica), uno de los principales objetivos de la operación.

Sin embargo, y puesto que no creía en el plan de Manstein, la organización operativa que preparó Von Rundstedt para ejecutar el “corte de hoz” introducía una serie de “elementos de seguridad” por si el plan de Manstein fallaba, como preveía… Estos “seguros” estuvieron a punto de causar el fracaso de la operación y de cambiar la Historia.

La parte fundamental del “corte de hoz” corría a cargo de las Divisiones Acorazadas y Motorizadas que tan buen resultado habían dado en Polonia. En términos ortodoxos, para la ejecución del “corte de hoz”, estas Divisiones deberían haber sido agrupadas en Cuerpos de Ejércitos, y estos Cuerpos de Ejército en una Gran Unidad Ejército. La Gran Unidad Ejército es la que se organizaba para ejecutar una acción independiente de nivel operacional. Claramente, el envolvimiento del grueso de los Ejércitos aliados era una acción de nivel operacional (casi estratégico), y dada la velocidad necesaria, solo la podrían ejecutar las Divisiones Panzer y Motorizadas, lo que la hacía una operación “independiente” de éstas. Sin embargo, Von Rundstedt decidió agrupar los Cuerpos de Ejército que reunían a sus Divisiones Panzer y Motorizadas en una organización nueva, llamada Panzergruppe Kleist (“Grupo Acorazado Kleist”; Ewald von Kleist era el jefe de esta unidad, un general de Caballería que nunca había mostrado un interés particular en el empleo de carros de combate), compuesto de cinco Divisiones Panzer y tres Motorizadas. Puesto que no era una Gran Unidad Ejército, el Panzergruppe Kleist no recibió una Zona de Acción propia (una zona de terreno reservada para las operaciones de esa unidad y puesta bajo la autoridad de su jefe), sino que el Panzergruppe desplegaba y se movía dentro de las Zonas de Acción asignadas a los Ejércitos que formaban parte del Grupo de Ejércitos A (compuestos esencialmente de Divisiones de Infantería). Consecuentemente, el Panzergruppe tenía que “competir” con los Cuerpos de Ejército que formaban estos Ejércitos por las mejores zonas de despliegue, por las rutas de abastecimiento o de avance, y siempre bajo la autoridad del Jefe de la Gran Unidad Ejército “propietaria” del terreno (que tendía a favorecer a sus propias unidades, en perjuicio del Panzergruppe, que, al fin y al cabo, era una unidad “ajena”…).

El plan de Manstein que fue aprobado contemplaba que el ataque lo encabezarían las Divisiones Panzer y Motorizadas, so pena de perder la sorpresa y permitir la intervención de las reservas operacionales aliadas: la velocidad era un factor clave. Von Rundstedt no podía modificar el plan, pero adoptó una posición intermedia: asignó al Panzergruppe Kleist solo una porción de la red viaria que atravesaba las Ardenas, haciendo que uno de sus Ejércitos (el 4º, en el que incluyó dos Divisiones Panzer no asignadas al Panzergruppe y destinadas a cooperar con las Divisiones de Infantería) avanzase paralelamente al Panzergruppe al Norte de éste, con el fin de poder cruzar por asalto el Mosa en el previsible caso de que el Panzergruppe fracasase en ello. Sin embargo, para validar su concepto, Manstein había consultado previamente con Guderian si era posible que las Divisiones Panzer atravesaran las Ardenas, y el juicio de Guderian había sido que, efectivamente, el cruce de la zona era posible… siempre que se utilizase para ello toda la red viaria disponible y que se llegase a Sedán por sorpresa. La decisión de Rundstedt de asignar solo cuatro de las seis rutas disponibles al Panzergruppe invalidaba en gran medida el concepto original de Manstein (de hecho, creó un monstruoso atasco de tráfico que casi hizo fracasar la operación).

Puesto que Von Rundstedt esperaba que las Divisiones Panzer se detuviesen como muy tarde en el Mosa, ordenó que, si el Panzergruppe Kleist era alcanzado en su avance por los Ejércitos “de Infantería”, el Panzergruppe desaparecería como organización independiente y sus unidades pasarían a integrarse en estos Ejércitos “normales”, para continuar la ofensiva con un uso “ortodoxo” (es decir, “tipo Polonia”) de los carros (una consecuencia inesperada de esta disposición es que las Divisiones Panzer se esforzaron por mantenerse tan a vanguardia como fuera posible de las Divisiones de Infantería que las seguían, incrementando aún más la velocidad de su avance).

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Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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