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Evolución de los conflictos. Empleo del poder aeroespacial ante la amenaza híbrida

https://global-strategy.org/evolucion-de-los-conflictos-empleo-del-poder-aeroespacial-ante-la-amenaza-hibrida/ Evolución de los conflictos. Empleo del poder aeroespacial ante la amenaza híbrida 2021-05-20 10:52:49 José María Martínez Cortés Blog post Global Strategy Reports Política de Defensa Zona gris y estrategias híbridas
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Global Strategy Report, 24/2021

Resumen: Los últimos conflictos del siglo XX en los que se han visto involucrados países de nuestro entorno habían ayudado a crear una percepción equivocada sobre los conflictos del presente y del futuro. La superioridad tecnológica no será suficiente para batir a cualquier adversario con un número muy asumible de bajas. Diversos factores apoyan esta afirmación; primero, la gestión y resolución de conflictos es una actividad dinámica debido a los diferentes elementos que ejercen influencia sobre el Estado y sus relaciones con la sociedad, además del efecto, a veces impredecible, que tiene el empleo de los instrumentos de poder del Estado sobre un posible adversario en la gestión de conflictos. Además, no siempre se posee un correcto conocimiento y comprensión sobre los riesgos y amenazas y sobre la naturaleza y evolución de los conflictos. Conocerlo no asegurará la victoria, pero sin ello será difícil aplicar los instrumentos a disposición de la estrategia nacional, en particular, en escenarios de amenaza híbrida, con la sinergia y transversalidad adecuada. En este contexto, el poder aeroespacial constituye una herramienta de primer orden para la respuesta nacional, pues ofrece las capacidades militares necesarias para cubrir grandes distancias, sobrevivir, persistir y producir los efectos letales y no letales deseados, en base a sus atributos y fortalezas, en particular, su flexibilidad, versatilidad, agilidad, inmediatez y ubicuidad, así como a su gran potencia fuego y su capacidad de conectar.


Los conflictos de los últimos años del siglo XX en los que se han visto involucrados países de nuestro entorno habían ayudado a crear una percepción equivocada sobre los conflictos del presente y del futuro: que la superioridad tecnológica sería suficiente para batir a cualquier adversario con un número muy asumible de bajas. Esta percepción es errónea, ya que la gestión y resolución de conflictos es una actividad dinámica debido a los diversos factores que ejercen influencia sobre el Estado y sus relaciones con la sociedad, además del efecto, en ocasiones impredecible, que tiene el empleo de los instrumentos de poder del Estado sobre un posible adversario en la gestión de conflictos.

Y no sólo eso, incluso en el ámbito militar, no siempre se posee un correcto conocimiento y comprensión sobre los riesgos y amenazas y sobre la naturaleza y evolución de los conflictos. Conocerlo no asegurará la victoria, pero sin ello será difícil aplicar eficazmente los instrumentos a disposición de la estrategia nacional, en particular, en escenarios de amenaza híbrida. Como todos conocemos, el éxito de una estrategia integral depende, en gran medida, de la aplicación sinérgica y transversal de los instrumentos disponibles (DIME[1]), lo que precisa no sólo de una buena coordinación político-militar, sino también de un correcto conocimiento y comprensión de los aspectos reseñados anteriormente.

Evolución de los conflictos. Implicaciones en los escenarios operativos

La evolución de los conflictos ha ido modificando su naturaleza, que no sus causas profundas, lo que ha provocado que, en muchas ocasiones, resulte difícil distinguirse entre situación de paz y guerra, razón por la cual se prefiere utilizar el término conflicto al de guerra. Dicha evolución, que conforma los escenarios operativos del presente y del futuro a corto-medio plazo, sugiere, entre otros aspectos, lo siguiente:

  • La evolución actual del balance de poder en el nuevo orden mundial, con inclusión de nuevas potencias regionales emergentes, junto al desarrollo tecnológico y al creciente acceso a las nuevas tecnologías, impulsará la utilización, por parte de un mayor número de actores estatales y no-estatales, de estrategias no convencionales (preferentemente, cuando no puedan afrontar un enfrentamiento convencional) con un mayor espectro de actuación y un mayor protagonismo de los “dominios virtuales” (ciberespacial y cognitivo) y del espectro electromagnético, y con una creciente interacción e interdependencia entre dichos dominios y el resto de ellos.
  • La combinación de los avances tecnológicos con estrategias convencionales y no convencionales permite a diferentes actores anular o, al menos, amenazar la asimetría militar (difícilmente soslayable de otra amera), al tiempo que, actuando en muchos casos por debajo del umbral de actuación propia, crean ambigüedad y dificultan la distinción entre la paz y la situación de conflicto.
  • Así mismo, las nuevas tecnologías y el creciente empleo de los dominios virtuales están provocando una aceleración del ritmo de los cambios y, consecuentemente, la necesidad prioritaria de adaptación. El empleo de todos los dominios y de acciones simultáneas, coordinadas y, en muchas ocasiones, encubiertas busca operar dentro de nuestro ciclo de decisión, dificultando, e incluso imposibilitando, la capacidad de respuesta propia.
  • La mayor interdependencia de los diferentes actores en el sistema internacional, en el que fácilmente se transmiten efectos en un mundo más globalizado, ha descubierto nuevas vulnerabilidades en nuestro sistema y forma de vida. Las nuevas tecnologías y la evolución de los medios de comunicación no han hecho sino acelerar, de forma relevante, el grado de dicha dependencia.
  • El fácil acceso a la tecnología, y en algunos casos a nuevos sistemas de armas, y el empleo de nuevos dominios de operación permite crear “entornos disputados y/o degradados”, mediante capacidades A2/AD[2] para limitar o denegar el acceso y maniobrabilidad de nuestras fuerzas (entorno disputado) y capacidades para interrumpir o degradar nuestras redes y sistemas de mando y control (entorno degradado).

A pesar de la naturaleza cambiante de los conflictos, sus causas profundas no variarán sustancialmente; los recursos naturales, los intereses y las creencias ideológicas y religiosas seguirán siendo, en general, las causas principales. Por ello, las disputas territoriales (agravadas por el auge de los nacionalismos), el nuevo orden mundial de carácter multipolar, el auge de actores no estatales, y su capacidad de actuar de forma presencial y virtual, y la lucha por el control de los recursos naturales continuarán afectando la seguridad internacional.

Efectos en el espacio de batalla

Los aspectos reseñados anteriormente producen importantes efectos en los actuales escenarios operativos y en la forma de operar en el espacio de batalla y constituyen un punto de inflexión en cómo afrontar las amenazas del presente y del futuro. De los muchos efectos, a continuación, se señalan los que, en opinión del autor, tienen mayor relevancia:

  • La creciente interdependencia e interacción entre dominios físicos y virtuales, y la consecuente necesidad de sincronía, característica de los entornos multi-dominio[3], obligará a operar de forma más ágil, flexible e interoperable. A su vez, la rapidez de desarrollo de los conflictos (con transiciones más rápidas entre las diferentes fases) y la aceleración cambiante del ritmo de batalla obligará a afrontar ciclos de planeamiento, decisión y ejecución más comprimidos y a mejorar la agilidad operativa[4].
  • Las capacidades aportadas por las nuevas tecnologías y la interacción de dominios permitirán producir efectos a distintos niveles, reduciendo y difuminando la tradicional separación entre los diferentes niveles de la guerra (estratégico, operacional y táctico) y, por tanto, difuminando igualmente los procesos de toma de decisión a distintos niveles.
  • El avance tecnológico y, como consecuencia de ello, de la capacidad de influencia, a través de los medios y sistemas de comunicación, han convertido la información y su tratamiento en una auténtica herramienta estratégica con importantes efectos en el espacio de batalla, en la medida en que las estrategias de carácter híbrido identifican a la población (incluyendo los componentes de las Fuerzas Armadas, FAS) como uno de sus objetivos principales.
  • El ejercicio del mando y control en circunstancias de posible degradación del espectro electromagnético y de las comunicaciones obligará a avanzar hacia una mayor independencia de los comandantes de nivel táctico y hacia el ejercicio de la autoridad con filosofía “mission-command” en que, con unos objetivos bien establecidos y una intención clara del Comandante, los mandos subordinados puedan disfrutar de mayor iniciativa. Este nuevo esquema del ejercicio de la autoridad ha sido ligeramente tratado tanto a nivel nacional, en el documento de “Concepto de Empleo de las FAS”[5], como a nivel aliado en el FFAO[6] (Framework for Future Alliance Operations) de 2018.

De esta manera, el principio del “control centralizado-ejecución descentralizada” se verá complementado con un control distribuido[7] limitado en tiempo y lugar y adaptado a los cambios y necesidades operativas, mediante protocolos de delegación de autoridad que permitan una mayor independencia en los escalones inferiores de mando.

  • El nuevo espacio de batalla y la nueva forma de actuación influirán en el concepto de superioridad de dominio. El avance tecnológico dificultará alcanzar la tradicional superioridad en los dominios físicos; el éxito puede no depender de alcanzarla, sino del acceso en un solo dominio que permita combinar acciones en otros dominios. Ello obligará a poseer conocimiento de la actuación en todos los dominios para buscar, a través del multi-dominio, nuevas formas de producir los efectos deseados y a incrementar la capacidad de adaptación y la resiliencia. La aparición de nuevos y sofisticados sistemas de armas puede dar lugar a una posible percepción de una nueva carrera de armamentos y de la necesidad de tener que realizar acciones preventivas para evitar los efectos de los nuevos sistemas.
  • En base a las dificultades de acceso en zona y de mantenimiento de la superioridad “convencional” en los dominios y a la rapidez de actuación de los posibles adversarios, la clave estará en maniobrar con agilidad entre dominios y conseguir múltiples oportunidades (ventanas de oportunidad) para producir efectos en las vulnerabilidades del adversario, en cualquiera de los dominios, saturándole con múltiples dilemas en diferentes puntos en tiempo y espacio. Ello proporcionará múltiples opciones a un ritmo muy superior al actual. En este sentido, la conectividad constituirá el elemento clave para operar en la “nube de combate” (“combat cloud”[8], red de sistemas de sistemas interconectados y vinculados a una arquitectura de mando interoperable), convirtiendo la propia red en una capacidad crítica. Por ello, será necesario alcanzar un determinado grado de superioridad en el ciberespacio.

A pesar de los desafíos mencionados a corto y medio plazo en este nuevo espacio de batalla, el poder aeroespacial seguirá constituyendo una herramienta de primera elección, a disposición del Gobierno de la nación, para preservar la paz, gestionar y conducir las crisis, o aplicar la respuesta adecuada, si es necesario. Sin embargo, mucho ha de hacerse para prepararse ante la creciente gama de amenazas, no sólo asumir vulnerabilidades, sino también adaptarse para mejor mitigarlas.

Amenaza híbrida. Objetivos y estrategia

Analizada la evolución de los conflictos y sus efectos en la conformación del espacio de batalla, y antes de acometer las implicaciones que para las FAS tiene operar en conflictos de carácter híbrido, revisemos brevemente lo que entendemos por amenaza híbrida, a efectos de este artículo. Dejando al margen el concepto de guerra híbrida que, en las últimas dos décadas, ha sufrido una evolución desde que se empezó a acuñar en los años 90, la mezcla de lo convencional y lo irregular en los conflictos es tan antiguo como la guerra misma[9]. Sin embargo, lo que hace realmente peligrosa a la actual amenaza híbrida es la capacidad, en base a la evolución y a las nuevas tecnologías, de “combinar y armonizar de forma innovadora y simultánea, medios y métodos regulares e irregulares, militares y no militares (sobre todo, el ciberespacio y la información), pudiendo cambiar rápidamente entre ellos para crear efectos estratégicos“. Lo que la convierte en diferente es el efecto sorprendente y la creación de ambigüedad, y lo más preocupante es que reaccionar adecuadamente contra ella resulta muy difícil.

El objetivo de este tipo de amenazas consiste en aumentar sus opciones estratégicas, de forma no convencional e inesperada, con el fin de mejorar, en el caso de las potencias revisionistas, su posición en las relaciones internacionales. Cuando un actor estatal no posee suficientes recursos para ganar una guerra convencional puede utilizar medios civiles en mayor medida, elaborando una estrategia híbrida que pretende socavar el orden y el sistema de seguridad del adversario, soslayando las reglas del sistema internacional. Así, la aplicación de estrategias ambiguas e integrales (con mayor empleo de medios civiles y no convencionales) constituye la forma de actuar de este tipo de amenaza híbrida.

En lo que respecta a las acciones no convencionales de amenaza híbrida que pueden afectar gravemente nuestros dominios, podemos esperar, entre otras, las siguientes:

  • Ataques y manipulaciones, a través del ciberespacio y del espectro electromagnético, imposibilitando disfrutar de la superioridad en el espectro y/o negando el acceso propio a los servicios basados en el espacio, o bien afectando otros dominios, como por ejemplo, el ataque contra las instituciones de la Administración General de Estonia llevado a cabo en 2007. La creciente dependencia del ciberespacio de multitud de elementos vitales para nuestra seguridad y nuestra forma de vivir, los convierte en una importante vulnerabilidad de la seguridad nacional y de nuestras necesidades vitales. A este respecto, existe un incremento preocupante del número de actores con capacidad para ejecutar acciones cibernéticas (difícilmente atribuibles) contra servidores de infraestructuras críticas, o bien, dedicados al tráfico de las transacciones financieras, así como contra redes eléctricas, de transporte o nudos de comunicaciones, o sistemas de distribución y suministro de recursos energéticos con consecuencias, muchas veces, impredecibles.
  • Efectos en los servicios recibidos desde el espacio ultraterrestre, en cualquiera de los segmentos que conforman los sistemas satelitales (terrestre, satélite y enlaces). En este apartado pueden incluirse ataques físicos a las estaciones terrestres o no letales contra las transmisiones hacia o desde el satélite, así como la utilización de energía dirigida para deslumbrar o cegar satélites, ya sea de forma total o parcial. Así mismo, se irán incorporando mayores capacidades de armas anti-satélite, como la demostrada por China en 2007[10], y de “micro-satélites“, capaces de debilitar, hacer cambiar de órbita o impedir la transmisión de información veraz, por parte de los satélites propios. La evolución de la industria espacial hacia la miniaturización y abaratamiento de componentes espaciales hará posible que este tipo de amenazas estén disponibles a un mayor número de actores, tanto estatales como no estatales.
  • Acciones basadas en el creciente empleo del dominio cognitivo como herramienta estratégica. El desarrollo tecnológico y la era de la información han permitido que aquellos actores que utilizan, o pretenden utilizar, la información como herramienta principal logren efectos no posibles en el pasado. En este apartado puede incluirse una amplia gama de acciones (desinformación, noticias falsas, propaganda, infoOPS, psyOPS,…) aplicables, a su vez, en el amplio espectro difuminado de conflictos, tanto en tiempo de paz, crisis o conflicto. La información, herramienta fundamental del dominio cognitivo, ha resaltado una gran vulnerabilidad de los conflictos actuales, la población, y se ha convertido en componente esencial del espectro de conflictos.

Muchas de estas acciones y esta forma de actuar ya fueron mencionados anteriormente por los coroneles chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui´s en su ensayo “Guerra más allá de los límites” (1999), traducido en occidente como “guerra irrestricta”. En él, mencionaban:   “… Sin embargo, utilizando el método combinado puede configurarse un escenario y una situación completamente diferentes: si la parte atacante reúne secretamente grandes cantidades de capital sin que la nación enemiga se dé cuenta y lanza un ataque indetectable contra sus mercados financieros y, posteriormente, tras causar una crisis financiera, instala un virus informático y un “hackeo” informático programado con anticipación en el sistema informático del oponente, a la vez que lleva a cabo un ataque en red, de tal forma que las redes de electricidad, de gestión del tráfico, de transacciones financieras, de comunicaciones telefónicas y de medios de comunicación queden completamente paralizadas, hará que la nación enemiga caiga en pánico social, disturbios callejeros y en una crisis política. Finalmente, se desarrollaría el ataque por parte del ejército y los medios militares se utilizarían en fases graduales hasta que el enemigo se viera obligado a firmar un tratado de paz deshonroso”.

El poder aeroespacial ante escenarios de amenaza híbrida

Cuando nos planteamos la relevancia y utilidad del poder militar ante la amenaza híbrida, hemos de reconocer primeramente que nuestras fuerzas convencionales ágiles y sostenibles (tecnológicamente superiores) serán insuficientes e ineficaces si los procesos de planeamiento y ejecución de la estrategia y de toma de decisión no son capaces de contrarrestar los desafíos que afrontamos. Para hacerles frente no sólo será necesario aplicar el conocido enfoque integral, sino que, además, será necesaria una adaptación en diferentes ámbitos, abarcando la tecnología (máquina), el hombre (recursos humanos) y el interfaz entre ambos (los procesos), adaptación cuya propuesta afrontaré más adelante.

Por otra parte, en lo que respecta al marco de actuación de las FAS, hemos de recordar dos cuestiones fundamentales. Primero, el nuevo concepto de seguridad se contempla como un todo, en el que ya no puede hablarse de defensa o de seguridad, sino más bien de seguridad y de defensa. Y segundo, el concepto de Seguridad Nacional[11] constituye el marco fundamental de actuación de todas las instituciones del Estado implicadas en la Seguridad Nacional, entre ellas, las FAS, en el que las medidas aplicadas para afrontar amenazas, y mantener la Seguridad Nacional,  se llevan a cabo a través del denominado enfoque integral.

Además, en lo relativo a la aplicación del poder militar en los actuales escenarios operativos, en los que, en mayor o menor medida, habrá amenaza híbrida sí o sí, deben resaltarse dos aspectos importantes. Primero, dicha aplicación incluye tanto la amenaza como el empleo de la fuerza (letal y no letal) para disuadir, ejercer coerción, contener o derrotar a un posible adversario, y segundo, contra estas amenazas, el poder militar puede concebirse como la herramienta principal, o bien como un multiplicador de fuerza para el resto de instrumentos de poder a disposición del Estado.

Los apartados anteriores nos llevan a establecer como tareas muy demandadas en los escenarios de hoy las siguientes: un conocimiento persistente de las amenazas, una rápida movilidad de actuación, una capacidad para llevar a cabo efectos muy precisos y una necesaria integración de redes, esta última con el fin de poder enlazar y ​​coordinar las acciones que se precisan en un enfoque realmente integral.

En este contexto, puede afirmarse que el poder aeroespacial[12] puede proporcionar las bases de la respuesta nacional, pues ofrece las capacidades militares necesarias para cubrir grandes distancias, sobrevivir, persistir y producir los efectos letales y no letales deseados. Y ello lo hace en base a los atributos y fortalezas[13] que ofrece el poder aeroespacial; de estas últimas conviene resaltar la flexibilidad, versatilidad, agilidad, inmediatez, y ubicuidad. De esta manera, el empleo de la tercera dimensión permite operar con velocidad, alcance, potencia fuego y de efectos, persistencia, sobrevivencia, adaptabilidad y capacidad de conectar.

Teniendo en cuenta, por tanto, las tareas muy demandadas en los escenarios de hoy y que éstas se encuentran firmemente alineadas con los cometidos fundamentales del poder aeroespacial (control del aire-espacio, ataque letal y no-letal, movilidad aérea e ISR[14], además del necesario mando y control), pasamos a analizar las capacidades que el poder aeroespacial puede aportar para afrontar dichos escenarios y las amenazas híbridas, enmarcadas en las tareas mencionadas:

Conocimiento persistente de las amenazas

La naturaleza compleja de las amenazas híbridas exige un exquisito conocimiento de su entorno operativo. Se precisa comprender el planeamiento, disposición de la fuerza, operaciones y letalidad de las amenazas potenciales que ponen en peligro el entorno operativo; por ello, es necesaria la existencia de una arquitectura ISR (de inteligencia, vigilancia y reconocimiento) “en capas” para cumplir requisitos varios.

  • Vigilancia de largo alcance. Obtener y optimizar el conocimiento de la situación comienza con una alerta o aviso sobre una actividad en algún lugar. Disponer de una capacidad de búsqueda persistente para encontrar y fijar actividades o personas de interés requiere vigilar un área amplia, preferiblemente, con múltiples sensores para permitir la mayor cobertura posible, sensores que habitualmente forman parte del sistema de Mando y Control Aéreo[15] y que, con capacidad de escanear un área amplia, discriminan objetivos o personas en base a la explotación de las comunicaciones, las señales electromagnéticas o del movimiento.
  • La ventaja aportada por el poder aeroespacial es que el alcance de detección de los medios aéreos es mucho mayor que el esperado empleando otro tipo de sistemas; con una antena aerotransportada a 25.000 pies de altitud pueden lograrse alcances de detección de hasta 20 veces mayores que los logrados con antenas en superficie. Así como el sistema E-3 AWACS proporciona a los cazas de superioridad aérea un profundo conocimiento de todo el tráfico aéreo necesario para alcanzar la superioridad aérea, el Joint STARS proporciona un conocimiento y dirección similares para apoyar las actividades terrestres.
  • Flujo persistente de imágenes. Los vehículos aéreos no tripulados (RPAS, Remotely Piloted Aircraft System) y su capacidad asociada de grabación de movimientos han dominado el campo del ISR de la última década. La capacidad de gran permanencia (proporcionando imágenes electroópticas, infrarrojas o radáricas) y de reconocimiento preciso, y su persistencia para permanecer fijo en un lugar determinado durante períodos de tiempo prolongados, han convertido los RPAS en un medio de gran demanda, razón por la que se mantienen constantemente desplegados. Sin embargo, los RPAS no son la única fuente de información en imágenes y grabación de movimiento; por sí solos no satisfacen todas las necesidades ISR en un conflicto híbrido. De hecho, el apoyo en imágenes y grabación de movimiento normalmente se encuentra al final de la cadena funcional de ISR de una auténtica arquitectura estratificada de medios empleados para crear el conocimiento situacional necesario.
  • Inteligencia humana (HUMINT). Existen otras disciplinas tradicionales de inteligencia que juegan un papel fundamental en la campaña híbrida; quizás el método más antiguo sea la inteligencia humana (HUMINT) que, como otras disciplinas ISR, puede proporcionar información vital para otros sistemas, mediante por ejemplo detalles obtenidos de informes de adversarios capturados o de conversaciones informales con civiles en el espacio de batalla. En lo que respecta a ISR, es el esfuerzo multidisciplinar e integrado, mediante capas de medios diferentes y no una entidad de forma aislada, lo que permite operar con éxito.

Rápida movilidad de actuación

La velocidad, alcance, flexibilidad y capacidad de supervivencia del poder aeroespacial son muy valorados por su capacidad para desplegar y sostener fuerzas desplegadas en teatro. Lo más importante es la respuesta rápida y segura para llegar a cualquier parte del mundo con poca antelación; el transporte aéreo es el más efectivo cuando se necesita personal o equipo desplegado de forma inmediata. Hoy es difícil imaginar una campaña sin este tipo de medios de despliegue. Por su parte, el reabastecimiento en vuelo, el otro componente de la misión de movilidad aérea, constituye un auténtico capacitador/multiplicador que permite evitar escalas en ruta, ahorrar tiempo y actuar con agilidad, incrementando de forma relevante la capacidad estratégica de nuestras fuerzas. Además, la evacuación aeromédica (o aeroevacuación) a menudo comienza con medios de alas giratorias y termina con un avión de transporte táctico, o similar, aterrizando a gran distancia con la persona herida y llegando a un centro médico de primera clase.

En cuanto a la capacidad en teatro de operaciones, la movilidad aérea es fundamental, pues proporciona una respuesta rápida en zona. En este sentido, proporciona capacidad para reducir el riesgo de la fuerza implicada, como parte por ejemplo de una estrategia contra-IEDs[16], al reducir el tráfico de vehículos y, por tanto, la exposición del personal a esa amenaza. Además, el transporte aéreo táctico puede sostener la fuerza de la misma manera que lo hacían los convoyes de superficie en el pasado. El desarrollo de sistemas de lanzamiento de precisión proporciona la misma precisión de lanzamiento que tienen las aeronaves de caza y bombarderos con sus municiones guiadas por GPS. Así mismo, en algunos casos, las operaciones de lanzamiento aéreo para ayuda humanitaria pueden desempeñar un papel vital en apoyo de la estrategia general de la campaña híbrida; durante el invierno de 2008-09 en Afganistán, casi el 40 % de todos los lanzamientos desde el aire fueron misiones humanitarias[17].

Producción de efectos muy precisos

La parte no convencional de la guerra híbrida parece hecha a medida para operaciones de apoyo aéreo cercano (Close Air Support, CAS), dada la inexistencia general de objetivos estratégicos, aunque puedan existir algunas excepciones. Además, dado que una campaña híbrida implicará, a menudo, actuaciones “entre la población”, ello requiere operar y moverse con fluidez, lo que, a menudo, dicta la existencia de relaciones con personal autóctono y el empleo de vehículos ligeramente blindados.

Esta manera de operar cede la iniciativa a adversarios no convencionales, permitiéndoles concentrarse y atacar en el momento y lugar que elijan; en este contexto, el poder aéreo constituye la herramienta ideal para recuperar dicha iniciativa y reducir la eficacia del adversario. Armados con cañones de 20 o 30 mm y con bombas guiadas de pequeño tamaño, los aviones CAS operan con muy bajo daño colateral. De esta manera, la capacidad del poder aéreo de localizar y eliminar fuerzas beligerantes altera o reduce las opciones disponibles para los oponentes, tal como se comprobó en el teatro de operaciones de Afganistán en donde se llevaron a cabo multitud de misiones de este tipo.

Sin embargo, la efectividad no sólo se reduce a efectos letales con misiones CAS; en estos escenarios, la mera presencia del poder aéreo sirve, en muchos casos, de medida eficaz de disuasión y coerción, en base a su persistencia, velocidad y capacidad de supervivencia. Desde su posición vertical, el poder aéreo tiene una ventaja de maniobra no disponible para las fuerzas terrestres, como por ejemplo en misiones de cobertura (de columna o escolta) para las fuerzas terrestres mientras éstas se mueven.

Por último, conviene resaltar igualmente el hecho de que los cazas de quinta generación, tipo F-35 o el futuro NGWS (Next-Generation Weapon System, parte fundamental del programa FCAS), pueden proporcionar capacidades adicionales, críticas en campañas de este tipo, en base a sus atributos y capacidades no letales. Estas aeronaves son/serán más que cazas “furtivos (stealth)”, pues sirven/servirán potencialmente como plataformas de mando y control, ISR y ataque electrónico, constituyendo nodos clave para la operación, integrada en red, en la denominada combat cloud. En base a los sensores de estos cazas de quinta generación (que les proporciona capacidad de búsqueda y seguimiento) y a la fluidez de información (mediante data-link avanzado), las fuerzas terrestres podrán realizar el control de gran variedad de objetivos terrestres.

Necesaria integración de redes (enlazar y ​​coordinar acciones). El conjunto de los medios ISR, los empleados en movilidad aérea y las capacidades para producir efectos de precisión sólo serán efectivos si están orquestados y enfocados de una manera coherente. El gran número de organizaciones (militares y no militares) involucradas en una campaña híbrida exige que sus planes y operaciones estén convenientemente integrados. Por ello, para lograr un enfoque integral y una unidad de esfuerzos será necesario llevar a cabo un esfuerzo colectivo y sincronizado. El poder aeroespacial puede satisfacer esta necesidad crítica por su amplia experiencia en la vinculación y mando de organizaciones a grandes distancias.

Ahora bien, la integración necesaria debe cubrir dos niveles. En un primer nivel debe facilitar el enlace entre distintos componentes; las comunicaciones satelitales, la tecnología de la información y las herramientas de planeamiento de última generación permiten aplicar la unidad de esfuerzo. Si bien todos los componentes de la fuerza dependen y disponen de estos recursos, el poder aeroespacial es único en el uso diario de redes tan extendidas e integradas.

El segundo elemento que constituye realmente el reto en la integración de redes es la propia integración de los diferentes componentes (aéreo, terrestre, naval y civil). Además de proporcionar una red para unificar la campaña conjunta, a nivel de teatro de operaciones, de forma limitada (tal como se ha comprobado con la reciente activación del ESP JFAC, certificado por OTAN en 2018), las capacidades del poder aeroespacial también proporcionan un medio para ampliar el planeamiento, coordinación y ejecución de misiones en el espacio de batalla, como es el caso de los TACPs (tactical air control party). Estos medios aéreos, equipados hoy con herramientas avanzadas de comunicación tipo ROVER[18] (como en los teatros de Irak y Afganistán), pueden enviar coordenadas del objetivo y otra información relevante de ataque a las tripulaciones aéreas utilizando un enlace de datos tipo Link 16. A su vez, los TACP vinculados a los centros de operaciones de unidades tipo brigada tienen acceso a información adicional procedente de diferentes plataformas aéreas (por ejemplo, tipo E-8, Joint STARS), permitiendo a los comandantes terrestres disponer de la situación y movimiento de fuerzas y unidades, intercambio de información que se suma a la capacidad de enviar datos directamente a un número de elementos terrestres, tales como helicópteros de ataque y vehículos de mando.

Adicionalmente, los atributos del poder aeroespacial le permiten cubrir grandes distancias y proporcionar nodos aerotransportados de comunicaciones para enlazar unidades y capacidades actuando, de forma dispersa, bajo control distribuido, extendiendo las redes de comunicaciones terrestres y librando obstáculos terrestres, tales como terrenos altos o edificios urbanos. Además, en breve período de tiempo, el poder aeroespacial proporcionará acceso a las unidades terrestres a una extensa base de datos de información táctica, como es el caso de la información en tiempo real directamente procedente de plataformas ISR/RPAS, lo que brindará un conocimiento sencillo de la situación en tiempo real.

En conclusión, podemos afirmar que, aunque las actuales operaciones y estrategias híbridas han cambiado el entorno operativo y marcan una evolución en el modo de hacer la guerra, los atributos perdurables del poder aeroespacial son fundamentales para afrontar las amenazas híbridas y lo convierten en una herramienta prioritaria a disposición de los gobiernos. Su velocidad, alcance, flexibilidad, precisión y persistencia le permiten ajustarse y adaptarse rápidamente al entorno dinámico en el que opera el beligerante híbrido.

Necesidades de adaptación a los nuevos escenarios operativos

Tal como hemos avanzado antes, para hacer frente a la amenaza híbrida no será suficiente implementar, de forma real y eficaz, el conocido enfoque integral. A pesar de las amplias capacidades que aporta en los escenarios actuales, el poder aeroespacial debe ir adaptándose en los diferentes ámbitos previamente reseñados (tecnología/máquina; hombre/recursos humanos; e interfaz /procesos) que pasamos a analizar a continuación.

  • Tecnología. En cuanto a la tecnología, la adaptación debe centrarse, fundamentalmente, en áreas como la necesidad de integración y, por tanto, de conectividad; la incorporación de nuevos (y más eficaces) procesos de desarrollo y adquisición de capacidades, adaptados a las necesidades impuestas por el presente y el futuro; la implementación de nuevas tecnologías (incluyendo los sistemas automatizados basados en inteligencia artificial) y de capacidad de resiliencia; y un mayor conocimiento de los nuevos dominios y de las tecnologías disruptivas.
  • Interfaz. En lo que respecta a la implementación de procesos y a la relación hombre-máquina, se sugieren algunas iniciativas: la complejidad tecnológica y la de los procesos vinculados aconsejará compartir la responsabilidad entre organizaciones en la tarea de implementar procesos complejos. Así mismo, los nuevos escenarios obligarán a mejorar la comunicación estratégica propia (STRATCOM), entre otras cosas, para compensar la desinformación y manipulación de la información, por parte del adversario, y a adaptar los procesos de gestión de la información y de toma de decisión para evitar que el adversario lleve la iniciativa. Por último, con el fin de permitir una integración a nivel táctico (que posibilite un mayor índice de independencia y de decisión a dicho nivel), deberá avanzarse en la especialización del personal. Los análisis de hoy, a nivel operacional, deberán realizarse, cada vez más y de forma progresiva, a nivel táctico, por lo que serán necesarios equipos especializados a menor nivel.
  • Hombre. En lo relativo al personal, la complejidad de los escenarios presentes y futuros y la interdependencia de dominios demandarán un incremento del conocimiento de los dominios físicos y virtuales y del pensamiento crítico que permita un mejor análisis de la situación y una capacidad óptima para la toma de decisiones. Así mismo, en unos escenarios con amplia utilización de la información como herramienta estratégica, será prioritaria la formación integral del personal para evitar al máximo los efectos negativos de la desinformación y la manipulación, por parte del adversario. A este respecto, deberán ir implementándose herramientas tipo LVC[19] (Live-Virtual Constructive) en el esquema de entrenamiento de nuestros operadores y comandantes.

Descargo de responsabilidad: Las ideas expresadas en este artículo de investigación son las del autor y no reflejan, en ningún caso, la postura oficial del Ejército del Aire ni la del Ministerio de Defensa.

Bibliografía:

Doctrina aeroespacial básica (IG-00-1), Ejército del Aire, 2ª Revisión, 13/05/2020.

Ley 36/2015 de Seguridad Nacional (2015).

Estrategia de Seguridad Nacional 2017 (ESN_2017).

Concepto de empleo de las Fuerzas Armadas (cambio 2, mayo 2018).

Desafíos para las Fuerzas Aéreas aliadas en entornos multidominio (MINISDEF, Secretaría General Técnica, 2019).

Documento “Framework for Future Alliance Operations” (2018).

Michael W. Isherwood “Airpower for Hybrid War”, Air Force Magazine, (octubre, 2009).

“Russian A2AD strategy and its implications for NATO”, Modern Air & Space Power, (diciembre, 2018).


[1] DIME. Término que representa los cuatro instrumentos de poder (Diplomático, Información, Económico y Militar) a disposición del Gobierno de la nación para poder afrontar con éxito cualquier crisis o conflicto.

[2] Capacidad A2/AD (del inglés anti-access/area denial). Según el documento estadounidense “Joint Operational Access Concept (JOAC)” de 2012, es la capacidad de un posible adversario de dificultar el acceso a una zona de operaciones e impedir/dificultar la libertad de movimiento y actuación propia en ella.

[3] Multi-dominio. Entorno complejo que engloba los dominios físicos (terrestre, marítimo y aeroespacial) y los dominios virtuales (cibernético y cognitivo), así como la interacción e interdependencia entre ellos, y que se concibe como un todo para el planeamiento y ejecución de las operaciones militares (IG-00-1, Doctrina aeroespacial básica, Ejército del Aire).

[4] Agilidad operativa: capacidad para generar rápidamente soluciones múltiples ante un desafío determinado, pudiendo cambiar entre ellas, lo que permite adaptarse rápidamente a cualquier situación o acción del adversario.

[5] En el documento “Concepto de empleo de las FAS (CEFAS)” se expresa: Finalmente, esta característica del entorno operativo conduce al desarrollo del “mando orientado hacia la misión” (mission command), con el que se pretende descentralizar la ejecución de las operaciones para que los mandos subordinados, desde la disciplina intelectual, y tras recibir las directrices y propósito del nivel superior, determinen con iniciativa y creatividad la forma en que cumplirán su misión, pudiendo responder así adecuadamente a los inesperados cambios de situación.

[6] El documento Framework for Future Alliance Operations (report 2018) expresa: En general, el futuro C3 (mando, control y comunicaciones) requiere que la Alianza posea sistemas resilientes, adaptables e interoperables. Debido al complejo y dinámico campo de batalla futuro, los comandantes necesitarán, cada vez más, ejercer su autoridad y dar directrices empleando una filosofía “mission-command” para permitir una iniciativa disciplinada, manteniéndose dentro de la intención del comandante (commander´s intent). Así mismo, las fuerzas necesitarán la capacidad de observar, orientar, decidir y actuar (OODA loop), de forma transversal, en todos los dominios para llevar a cabo operaciones completamente integradas utilizando un enfoque integral para alcanzar el efecto deseado.

[7] Control distribuido. Control distribuido: estructura en forma piramidal en las que ciertas responsabilidades y competencias son delegadas desde los niveles superiores, limitadas en tiempo y/o lugar, y de acuerdo con criterios preestablecidos. Esta delegación de autoridad se realiza en función de varios factores, en particular, la naturaleza y alcance de la misión y el conocimiento que se tenga de la situación táctica. Puede aplicarse solamente a determinadas misiones y simultanearse con un control centralizado del resto.

[8] Combat cloud. Red global para la distribución de datos e intercambio de información dentro de un espacio de batalla, donde cada usuario, plataforma o nodo autorizado contribuye y recibe de manera transparente información esencial y es capaz de utilizarlo en toda la gama de operaciones militares.

[9] Existen múltiples ejemplos en la literatura al respecto; por mencionar uno de ellos, el famoso estratega militar y filósofo Sun Tzu mencionaba en sus escritos hace más de 2.500 años que la “la suprema excelencia consiste en romper la resistencia del enemigo sin combatir”.

[10] China realizó en 2007 una prueba de su misil anti-satélite SC-19 para eliminar el FY-1C, uno de sus satélites meteorológicos que había cumplido su ciclo de vida.

[11] El concepto de Seguridad Nacional, inicialmente tratado en la Estrategia de Seguridad Nacional ESN_2013 y más ampliamente definido en la Ley de Seguridad Nacional (36/2015), consiste en la acción del Estado dirigida a sus tres componentes, – Seguridad Pública, Defensa Nacional y Acción exterior -.

[12] Podemos definir el poder aeroespacial como el conjunto de capacidades susceptibles de ser empleadas en el dominio aeroespacial tanto para producir efectos en los niveles estratégico, operacional o táctico en el ámbito militar como para contribuir a la acción del Estado en el ámbito civil.

[13] Los atributos del poder aeroespacial son aquellas características que le son inherentes y que determinan sus modos y posibilidades de actuación. Son los siguientes: altura, velocidad y alcance. A su vez, las fortalezas del poder aeroespacial son las características que diferencian positivamente al poder aeroespacial del resto de capacidades del poder militar.

[14] ISR: Término que engloba los cometidos de Intelligence, Surveillance and Reconnaissance (inteligencia, vigilancia y reconocimiento).

[15] Sistema de Mando y Control Aéreo (Air C2, término utilizado en entorno militar). Sistema de Mando y Control mediante el cual el Comandante Aéreo planea la misión, trasmite sus órdenes, controla su ejecución y evalúa los resultados obtenidos. Este sistema comprende doctrina, procedimientos, organización, personal, equipos, infraestructuras, sensores, tecnología de gestión de la información, conocimiento del entorno y sistemas de comunicaciones e información (CIS). Gracias a sus sensores y sistemas de comunicaciones aeroespaciales, el Sistema de Mando y Control Aéreo proporciona no solo el conocimiento de la situación que necesita el comandante para conducir la batalla aeroespacial, sino que, a la vez, se convierte en el pilar y principal posibilitador del empleo conjunto e integrado de los medios terrestres, navales y aeroespaciales.

[16] IED, del inglés “Improvised Explosive Device”, artefacto explosivo improvisado, dispositivo explosivo usado frecuentemente en la guerra no convencional o guerra asimétrica.

[17] Según artículo “Airpower for Hybrid War” (Michael W. Isherwood) 2009.

[18] El sistema ROVER es un transmisor y receptor de video y datos en tiempo real, utilizado por los controladores aéreos avanzados para proporcionar a los aviones participantes en misiones de apoyo aéreo cercano, información precisa sobre el objetivo a batir, minimizando así el riesgo de daños colaterales.

[19] LVC (Live-Virtual Constructive). Tipo de simulación y entrenamiento en el que se presenta un entorno totalmente integrado y en el que pueden desarrollarse todo tipo de cometidos de las fuerzas involucradas. En el entorno creado pueden combinarse elementos reales (piloto-plataformas reales), virtuales (sistema simulado) y constructivos (personal y sistemas simulados insertados en el entrenamiento). Las posibilidades de entrenamiento incluyen, entre otros, ambiente electrónico, amenazas de tipo híbrido, entrenamiento en misiones tipo CAS y otras.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

José María Martínez Cortés

Coronel (R) del Ejército del Aire español y Secretario Adjunto del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. Es Máster en Estudios Estratégicos por la Air University, Maxwell Air Force Base, Alabama (Estados Unidos)

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