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Idlib: último episodio de la estrategia de Turquía en Siria para crear el ‘cinturón árabe’

El 7 de marzo, Turquía y Rusia anunciaron el acuerdo de un alto el fuego en Idlib. Los combates comenzaron el pasado 27 de febrero, cuando el Observatorio Sirio de Derechos Humanos público que, al menos treinta y cuatro soldados turcos habían muerto en los primeros episodios del conflicto durante un ataque del ejército sirio, en el norte del país, que recibió apoyo por parte de la aviación rusa.

Los combates, que se prolongaron durante poco más de una semana, en la región de Idlib corresponden a una intensificación del conflicto que continua en las zonas fronterizas entre Turquía y Siria. Alguno de los datos que permiten cuantificar la última etapa de este conflicto son los más de mil doscientos combatientes sirios neutralizados y, al menos, el derribo de tres aviones de combate por parte del ejército turco.

La respuesta turca al episodio violento se materializó en la operación Escudo de Primavera, persiguiendo nuevamente los objetivos de crear una franja de al menos 50 kilómetros en territorio sirio. Este mismo ha sido el objetivo en varias de las operaciones turcas en Siria durante los dos últimos años: Primavera de la Paz, Manantial de la Paz Rama de Olivo.

Escudo de Primavera es uno más de los reiterados intentos de Turquía de llevar a cabo su estrategia en Siria: la creación de un cinturón árabe de protección (una franja de terreno de al menos 50 kilómetros en territorio sirio) que sirva como zona de apantallamiento contra la posible creación de una región kurda de mayor autonomía en el territorio sirio. Esta región kurdo-siria seguiría el ejemplo del Kurdistán iraquí que, desde la Constitución de 2005 cuenta con el reconocimiento del gobierno central y un elevado índice de autogobierno.

Turquía lleva inmersa de facto en territorio nacional sirio desde que a finales de verano de 2016 lanzase la operación Escudo del Éufrates, que se prolongó hasta marzo de 2017 y que contaba con apoyo de los rebeldes sirios que luchaban contra el régimen de Bashar al Asad, agrupados en Ejercito Libre Sirio (ELS), y respaldados por los Estados Unidos de América.

El concepto de la operación Escudo del Éufrates era (en teoría) derrotar y desplazar a las fuerzas terroristas del autoproclamado Estado Islámico que permanecían en la provincia de Alepo, única región fronteriza entre Turquía y Siria que hasta 2017 estaba en manos de los yihadistas.

Sin embargo, el verdadero objetivo era adentrarse en territorio sirio, utilizando la lucha contra ISIS como excusa, para establecer la primera de las regiones sirias sobre las que establecería su control y desde las que lanzaría el resto de las operaciones en el norte de Siria.

A excepción de Alepo, las otras regiones fronterizas restantes entre Turquía y Siria habían sido liberadas durante los años anteriores del conflicto civil sirio por las Unidades de Protección Popular (YPG) del Kurdistán sirio que, con el apoyo militar de Estados Unidos, habían logrado derrotar a Estado Islámico, expulsándolo de las regiones de Hasaka, Deir ez Zor, Ar Raqqa y Alepo. Algunos ejemplos que permiten ilustrar este avance son entre otros, la batalla de Kobane, finalizada en 2015, la toma durante octubre de 2017 de la ciudad Al Raqa o la operación Volcan del Eufrates para recuperar el paso fronterizo de Tal Abyad y recuperar el cantón de Kobane.

La presencia de un Estado kurdo semiautónomo en Siria, que contase con apoyo internacional por parte de Estados Unidos y cuya concepción no fuese un inconveniente para el régimen sirio de Al Asad ni para su aliada, la Federación Rusa, suponía una seria amenaza para Turquía, que desde hace años continua inmersa en un conflicto, tanto interno como externo, contra los kurdos.

Entre quince y dieciocho millones de kurdos viven en Turquía, lo que representa casi el 20% del total de la población turca. Se trata, el pueblo kurdo, de la minoría étnica más numerosa de todo Oriente Medio, que distribuyéndose entre Turquía, Siria, Irak e Irán representan un total de más de treinta millones de personas.

El pueblo kurdo, sin Estado propio, lleva luchado por su independencia desde comienzos del siglo XX. En Turquía, esta lucha por la independencia se ha materializado en los combates que el gobierno turco mantiene con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Las Unidades de Protección Popular (YPG), presentes en el norte de Siria, se encuentran directamente vinculadas con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), organización que por parte del gobierno turco es considerada como terrorista.

Esta consolidación de una frontera kurdo-turca chocaba frontalmente con la nueva política exterior del gobierno turco que, encabezado por el presidente Recep Tayyip Erdogan, algunos autores han denominado como neo-otomanismo. El neo-otomanismo como política exterior turca es el resultado de aplicar el concepto de profundidad estratégica (concepto teorizado por el político turco Ahmet Davutoglu) a las relaciones internacionales, a través de desarrollar un papel clave en la resolución de conflictos y creando esferas de influencia en sus regiones más próximas.

La posición geográfica de Turquía le proporciona ventaja a la hora de desarrollar la idea de ‘país central’. Posición que favorece su independencia de acción y la posibilidad de establecer relaciones multidimensionales con el resto de los actores internacionales.

El ‘cinturón árabe de protección’ se encuentra dentro de esa estrategia neo-otomana. Turquía debe, para poder actuar en la esfera internacional, asegurar su estabilidad interna. Un reforzamiento del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) supondría de manera directa una intensificación de sus acciones y como consecuencia el deterioro de su estabilidad.

Para ello, tal y como ha demostrado, Turquía está dispuesta a llevar las acciones que estime necesarias y donde crea convenientes. Estas acciones incluso atentaran contra la propia soberanía nacional de terceros Estados, no restringiéndose únicamente a Siria. Por ejemplo, el 3 de marzo, Turquía bombardeó posiciones del PKK en Irak.

A la vez, aunque esta amenaza kurda no existiese, Turquía tampoco estaría dispuesta a renunciar a su esfera de influencia en Siria. Estados como Rusia, Israel o Irán han establecido sus zonas de influencia como método para obtener sus intereses en la región. Un posicionamiento estratégico en el norte de Siria supondría no solo una enorme ventaja en la geopolítica de los recursos energéticos, influiría sobre las conexiones del Mediterráneo con los yacimientos de Oriente Medio y del Cáucaso, y le permitiría además ofrecerse como aliado principal de terceros (Estados Unidos y Europa) en los futuros conflictos que se produzcan en la región

Para finalizar, podemos concluir que para Turquía la consecución de establecer un ‘cinturón árabe de seguridad’ en Siria es uno de los objetivos prioritarios para abordar su papel de actor fundamental en la región de Oriente Medio. El empeño con el que el Estado turco queda demostrado a la luz de los últimos acontecimientos pues no teme enfrentarse a las fuerzas leales del régimen de Al Asad, que cuentan con el apoyo tácito de Rusia y de su poder militar.

Por tanto, aunque el ‘cinturón árabe de seguridad’ es un objetivo todavía incompleto, deja intuir que la plena consecución de este provocara nuevos conflictos, sobre todo por la heterogénea mezcla de intereses que confluyen en la región y que encuentran en el territorio sirio su tablero de juego.

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Carlos Marqués Calvo

Teniente del Ejercito del Aire español y Especialista Universitario en Inteligencia

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