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Irán: disuasión, resiliencia estratégica y empleo de la fuerza como instrumento político

https://global-strategy.org/iran-disuasion-resiliencia-estrategica-y-empleo-de-la-fuerza-como-instrumento-politico/ Irán: disuasión, resiliencia estratégica y empleo de la fuerza como instrumento político 2026-06-15 12:28:08 Javier Mª Ruiz Arévalo Blog post Estudios de la Guerra Irán Oriente Medio

La evolución de la última fase de las negociaciones entre EEUU e Irán que han llevado al acuerdo conocido el 15 de junio ponen de relieve que los meses de conflicto no han servido para debilitar la voluntad del régimen iraní. Más bien, la evolución de los acontecimientos parece haber reforzado la percepción de Teherán de que es capaz de resistir frente a la presión estadounidense y mantener una posición propia en el escenario regional. Los ataques ejecutados recientemente por Irán contra Israel mediante el lanzamiento de misiles y drones constituyen un elemento especialmente relevante, no tanto por sus efectos militares inmediatos, que fueron limitados en términos operativos, como por su significado político y estratégico. Constituyen una muestra especialmente relevante para el análisis de la percepción que Teherán tiene de su propia fortaleza. Desde una perspectiva estratégica, el valor de una acción militar no debe medirse únicamente por sus resultados materiales directos, sino también por los mensajes que transmite, los comportamientos que pretende condicionar y las percepciones que busca generar en los diferentes actores implicados.

Durante décadas, Irán ha justificado sus acciones militares directas contra Israel como respuestas a ataques contra su propio territorio, sus dirigentes, sus instalaciones o sus intereses nacionales. Sin embargo, esta vez el contexto es diferente: la respuesta iraní se produjo tras una acción israelí contra uno de sus aliados regionales, tras un ataque contra una infraestructura vinculada a Hezbolá en Beirut. La decisión de actuar directamente contra Israel plantea una cuestión esencial: Qué motivos han llevado a Teherán a asumir precisamente en ese momento el riesgo de una escalada que podría desbaratar los esfuerzos diplomáticos en curso. Responder a esta pregunta requiere analizar cómo Irán interpreta su propia posición estratégica después de años de confrontación indirecta con Israel y Estados Unidos y tras meses de conflicto armado directo.

Como he explicado en este mismo foro, la política de seguridad de la República Islámica debe entenderse a partir de una combinación de dos percepciones aparentemente contradictorias: la conciencia de vulnerabilidad frente a adversarios con una superioridad militar y tecnológica evidente, y una fuerte percepción de resiliencia basada en su capacidad para resistir presiones prolongadas. Irán ha soportado durante décadas sanciones económicas, aislamiento internacional, operaciones encubiertas, presión militar y campañas destinadas a debilitar su posición regional. Sin embargo, desde la perspectiva de sus dirigentes, estas presiones no han conseguido los objetivos perseguidos por sus adversarios: el régimen continúa en el poder, sus estructuras de seguridad permanecen operativas y su red de alianzas regionales se mantiene en pie.

Adicionalmente, la evolución del conflicto en los últimos meses puede haber modificado el cálculo estratégico iraní. Teherán puede haber dejado de verse exclusivamente como un actor vulnerable obligado a evitar la confrontación y puede estar interpretándose a sí mismo como una potencia regional capaz de absorber costes y responder cuando considera que sus intereses fundamentales están en juego. Desde esta perspectiva, el ataque contra Israel puede entenderse menos como una represalia puntual y más como una acción de disuasión. El objetivo principal no se habría limitado a castigar una acción concreta, sino que buscaría establecer una nueva regla de comportamiento: los ataques contra los aliados regionales de Irán podrían acarrear una respuesta directa por parte de Teherán.

La credibilidad de la estrategia regional iraní depende en gran medida de la percepción que tienen sus aliados sobre su voluntad de respaldarlos. Organizaciones como Hezbolá en Líbano o diferentes milicias vinculadas a Irán en Irak y Siria basan parte de su relación con Teherán en la expectativa de que Irán actuará cuando sus intereses estén amenazados. No responder ante un ataque contra un aliado importante podría haber tenido un coste estratégico mayor que asumir el riesgo de una acción limitada. El ataque no buscaría solo mostrar a Israel su capacidad de respuesta, también pretendería confirmar a sus aliados que su compromiso con ellos es fiable y efectivo. El mismo mensaje llegaría también al resto de actores regionales Desde esta lógica, la operación tenía una dimensión más comunicativa que operativa: enviar un mensaje a adversarios y aliados sobre los límites que Irán pretende establecer.

Otro aspecto relevante es el momento elegido para la acción. La lógica convencional podría indicar que, si un Estado está interesado en avanzar en negociaciones diplomáticas, debería evitar acciones que aumenten la tensión. Sin embargo, el cálculo iraní puede responder a una lógica diferente. Teherán puede considerar que una demostración controlada de fuerza no necesariamente debilita su posición negociadora, sino que puede reforzarla. Desde esta perspectiva, mostrar capacidad de respuesta militar permite recordar a Estados Unidos, Israel y otros actores regionales que Irán conserva instrumentos de presión y capacidad para alterar el entorno estratégico.

Esto no significa necesariamente que Irán busque una guerra abierta. De hecho, la naturaleza limitada de la acción puede interpretarse precisamente como un intento de equilibrar dos objetivos: demostrar capacidad de respuesta sin provocar una escalada incontrolable. La estrategia iraní combina así dos instrumentos que, a primera vista, pueden parecer contradictorios: el empleo de la fuerza y la búsqueda de espacios diplomáticos. Sin embargo, ambos forman parte de una misma lógica: mejorar la posición negociadora mediante la demostración de capacidad y voluntad.

La dimensión interna también resulta relevante. Las reacciones dentro de Irán muestran una sociedad dividida entre quienes consideran que la respuesta militar era necesaria para defender los intereses nacionales y quienes cuestionan la prioridad concedida a conflictos regionales mientras persisten problemas económicos y sociales internos. Esta tensión refleja uno de los dilemas permanentes de la República Islámica: mantener una política exterior basada en la resistencia y la influencia regional sin perder legitimidad ante una población que enfrenta dificultades económicas y sociales.

El principal interrogante estratégico es si el cálculo iraní era acertado. La efectividad de la disuasión depende fundamentalmente de que los mensajes sean correctamente interpretados por los adversarios. Una acción diseñada para establecer límites puede generar el efecto contrario si el adversario decide responder escalando el enfrentamiento. Por ello, el riesgo fundamental para Irán no residía en la posibilidad de una respuesta militar israelí, sino en la posibilidad de que la dinámica de acción-reacción redujera su margen de maniobra. La evolución de los acontecimientos parece haber demostrado lo acertado del cálculo iraní. Su respuesta frente a Israel no solo no ha provocado una escalada por parte israelí, tampoco ha hecho descarrilar el proceso de negociaciones que, finalmente, a dado luz a un principio de acuerdo que incluye el cese de las hostilidades.

En definitiva, el ataque iraní a Israel debe interpretarse dentro de una estrategia más amplia basada en la resiliencia, la disuasión y la búsqueda de influencia regional. Más que una simple respuesta militar, representa un intento de redefinir las reglas de la confrontación: negociar desde una posición de fuerza, defender sus redes de alianzas y demostrar que la República Islámica mantiene capacidad para imponer costes a sus adversarios. El análisis del acuerdo alcanzado con EEUU, una vez que se conozcan los detalle, confirmará o no la efectividad de la estrategia iraní. De momento, todo parece indicar que ha resultado efectiva.

En todo caso, esta actuación viene a poner de relieve que la clave para comprender el comportamiento de Teherán no reside únicamente en sus capacidades materiales, sino en la percepción que tiene de sí mismo, de sus adversarios y del equilibrio estratégico en el que opera. Irán actúa desde una combinación de limitaciones y confianza: reconoce sus vulnerabilidades, pero también cree haber demostrado una capacidad de resistencia que le permite asumir riesgos mayores que en el pasado.

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