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La ansiedad informativa del individuo y la vulnerabilidad de las organizaciones ante el hackeo

https://global-strategy.org/la-ansiedad-informativa-del-individuo-y-la-vulnerabilidad-de-las-organizaciones-ante-el-hackeo/ La ansiedad informativa del individuo y la vulnerabilidad de las organizaciones ante el hackeo 2020-04-13 08:00:00 Luis Ángel Díaz Robredo Blog post Políticas de Seguridad Ciberseguridad Pandemia COVID-19
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Un estudio reciente de la empresa tecnológica francesa Thales Group señala que la actual expansión del coronavirus viene acompañada de otra plaga menos mortífera pero altamente destructiva y con graves consecuencias para la seguridad de las personas y de las organizaciones. En su informe, asegura que son cada vez más habituales los ataques informáticos en aquellas zonas donde el virus COVID-19 ha hecho o está haciendo estragos entre la población. Aprovechando el interés que suscita la pandemia del coronavirus, diversos grupos de delincuencia organizada provenientes de países como China y Rusia, e incluso en ocasiones con el apoyo de algún gobierno, están realizando cada vez con más intensidad ataques informáticos que en un principio afectaron a países asiáticos pero que a día de hoy afectan ya a Europa. Principalmente se ha detectado el robo de información personal o confidencial mediante malware o el secuestro y bloqueo de datos (ransomware) a usuarios particulares y a instituciones aprovechando la vulnerabilidad psicológica de la población. Señala el informe que una de las formas más habituales se realiza mediante webs recientemente creadas con dominios que guardan relación con el coronavirus (el informe señala que hasta un 50 % de esas webs pueden contener software malicioso) y a las que los usuarios acceden libremente; otra forma habitual y sencilla se da mediante aplicaciones de móvil que prometen al usuario hacer un seguimiento en tiempo real de los casos de coronavirus en el mundo. De esta forma, el usuario, sin saberlo, acepta introducir estos virus informáticos en sus propias terminales y sistemas de redes.

Se han constatado graves ataques a instituciones médicas y administrativas tanto en Europa como en EEUU durante la crisis sanitaria del coronavirus: en Italia el ataque ha sido generalizado y despiadado, como el recibido en la Seguridad Social italiana; en la República Checa se ha atacado el hospital universitario de Brno (sede de un gran centro de investigación contra el COVID-19); o en el caso norteamericano el blanco, entre otros, ha sido el US Department of Health and Human Services. En España el ransomware Netwalker atacó a diversos centros hospitalarios con el objetivo de secuestrar esos datos y exigir un pago por ellos, generando el consiguiente daño para el funcionamiento eficaz de unos centros sanitarios ya saturados.

El miedo individual, la incertidumbre y la necesidad de seguridad

La incertidumbre, definida por la RAE como “la falta de conocimiento seguro y claro de algo”, es un sentimiento incómodo para la mayoría de los seres humanos. La información nos ayuda no solo a entender y adaptarnos al ambiente que nos rodea, sino también a tomar decisiones adecuadas y a prever situaciones de riesgo en el futuro. El concepto psicológico “locus de control interno” (Rotter, 1966) explica que los individuos que se guían por esta percepción asumen que las decisiones y conductas realizadas por ellos mismos son las responsables de las consecuencias positivas o negativas que vive el individuo. Para que estas decisiones personales se den con éxito y para que el individuo se sienta confiado a lo largo del proceso, necesita contar con una fuente de información rica y veraz. Al contrario, en el caso de que el individuo se guíe por un locus de control externo, este se atribuirá un escaso control de la situación, pues dicho control lo relacionará con variables ajenas a él mismo. De esta forma, el individuo con escaso control puede generar respuestas inadaptadas como el síndrome de indefensión aprendida -que bloquea la toma de decisiones- miedo, angustia y pánico, y asumirá el sufrimiento como una situación inescapable. Por ello, un individuo sano, inteligente y con voluntad de adaptación y supervivencia, siempre tendrá la búsqueda de información útil como objetivo prioritario a la hora de solucionar problemas presentes y futuros.

El éxito de las fuentes de información alternativas

Hemos visto que la necesidad de información por parte de los individuos inteligentes a la hora de afrontar retos adaptativos es natural y habitual. Sin embargo, en el caso de la situación de alarma por el coronavirus actual resulta difícil de creer que los individuos no posean o tengan acceso de forma sencilla a la información adecuada, pues las instituciones públicas y privadas intentan repetidamente y de forma masiva transmitirla mediante los numerosos medios oficiales a su alcance. Entonces, descartando la suplantación de identidad o “phising” (puesto que en esta situación el individuo es engañado acerca de la identidad real del transmisor oficial de la información) ¿cómo es posible que los individuos busquen aún más información en fuentes no oficiales y, sin pretenderlo, se expongan a sí mismos y a las instituciones a las que pertenecen al alcance de hackers y de delincuentes?

Existen causas individuales y grupales que justifican el éxito de los medios de comunicación alternativos a los oficiales.

La ansiedad individual puede hacer que se dé un consumo compulsivo de información y más aún al encontrar en las redes sociales y en Internet un depósito inagotable de informaciones generadoras o potenciadoras de la angustia. Esta ansiedad puede venir dada por factores de la personalidad facilitadores previos a la situación de crisis, como experiencias traumáticas anteriores (Síndrome de Estrés Postraumático), tendencia personal a la hipocondría o a la labilidad emocional o un diagnóstico de Trastorno de Ansiedad Generalizada, entre otros.

Otro factor a tener en cuenta es el efecto que tiene la influencia social en las circunstancias actuales en cada individuo. La influencia social o mayoritaria se puede definir como el proceso que hace que un individuo cambie su respuesta acerca de un objeto a favor de la mayoritaria en un ambiente grupal determinado. En estos momentos del estado de alarma podemos observar que mediante las redes sociales y los medios de comunicación oficiales, se transmiten y contagian, en ocasiones, conductas de aceptación positiva como el confinamiento, el acatamiento de normas de distancia social o el aplauso diario a los sanitarios en los balcones de muchos hogares españoles. Sin embargo, también se producen conductas grupales irracionales y negativas como el acaparamiento de bienes pese a no existir escasez, la propagación de bulos y fake news o la agresividad ante ciertos colectivos vulnerables, como el caso de los ancianos trasladados a otra residencia por coronavirus y recibidos con abucheos y comportamientos incívicos por parte de los vecinos.

Pese al comportamiento inteligente y sosegado de los individuos y la sociedad en las situaciones de normalidad, tenemos que asumir, con precaución y cierto bochorno, que existen personas más influenciables que otras por estos mecanismos de conformismo social ya que, como expresaba Solomon Asch (1956) en su famoso experimento, el individuo puede emitir conductas ilógicas y erróneas pese a ser evidente con tal de evitar el rechazo del grupo y buscar la aprobación mayoritaria. Este mecanismo podría también explicar el uso habitual de fuentes informativas de procedencia y veracidad dudosas por imitación social.

Otro factor que a día de hoy ejerce gran presión sobre la capacidad intelectual de los individuos es el gran volumen de información al que estamos sometidos tanto por medios oficiales (prensa, radio, televisión y fuentes científicas) como por fuentes no contrastadas, incluyendo bulos, sátiras, bromas o “memes” que pueden usar información manipulada o “fake news”. La sobreinformación puede hacer que disminuya la capacidad de atención a la información recibida y que se decida de forma impulsiva, emotiva o poco reflexiva (Wright, 1974). Además de no ayudar a tomar conciencia de la información ni de solucionar las dudas previas, esta sobrecarga informativa puede llevar también a la situación de bloqueo emocional y cognitivo, con la consiguiente sensación de duda permanente e indefensión, trivialización o desconfianza hacia las fuentes de información oficiales.

Un último factor que abordamos como facilitador de la vulnerabilidad del individuo ante la información es una estrategia utilizada por grupos de interés minoritarios para generar desconfianza hacia los medios oficiales mayoritarios en su particular batalla por ganar la atención del público objetivo para la desestabilización social, el robo informático o el bloqueo institucional. Para este punto utilizaremos la teoría de “Generación de conflicto en la mayoría” y la distinción entre coherencia sincrónica y diacrónica de Moscovici (1981). Lo que explica esta teoría es que las ideas de grupos minoritarios (en este caso grupos de interés que tienen el objetivo de desestabilizar gobiernos, sociedades o equipos de trabajo) pueden ser capaces de influir en la masa social mayoritaria generando un conflicto o debate interno que debilite la unanimidad del grupo mayoritario. En esta guerra informativa, la sociedad como grupo mayoritario se ve protegida hasta cierto punto por la imagen de unidad de información, de pensamiento y de acción. Sin embargo, una forma en la que los grupos desestabilizadores pueden minar a esa mayoría es generando una imagen de ambigüedad, incertidumbre o falta de control por parte de las autoridades. Esta desconfianza interna en la población se puede conseguir a través de la repetición de argumentos falsos o no enteramente veraces pero similares entre sí por parte de diferentes fuentes minoritarias (coherencia sincrónica). Así, los grupos minoritarios y discrepantes con los gobiernos o instituciones pueden dar una imagen ante la población general de unanimidad, fortaleza y cohesión interna, haciendo parecer a las fuentes oficiales o instituciones como superadas informativamente, contradictorias o indignas de confianza. En ello pueden colaborar mucho la reciente aparición que hemos comentado anteriormente de páginas webs no oficiales que informan acerca de “la otra realidad” del coronavirus, promovidas por grupos de hackers profesionales. Una vez que los medios alternativos son considerados como posibles fuentes de información, las dudas acerca de la fiabilidad de la información mayoritaria y la posibilidad de ser infectados con malware y ransomware por esas mismas fuentes debilitan al individuo de tal manera que pueden hacerlo colapsar a él en su toma de decisiones y al propio sistema al que pertenece, sea social o laboral.

Conclusiones: la fortaleza del individuo es la invulnerabilidad del grupo ante el hackeo

Estamos pues en un ambiente que, si no es de guerra –tal y como apuntan muchos dirigentes políticos- sí tiene muchas de las variables habituales en los conflictos bélicos. La guerra por la información acompaña al virus COVID-19 y así como se están trabajando diversos frentes de defensa sanitaria, social y económica frente a la pandemia del coronavirus, la seguridad informativa e informática deberá ser protegida igualmente.

La vulnerabilidad personal de los individuos frente a la incertidumbre posibilita que el contagio de sistemas informáticos de instituciones públicas relacionadas con la sanidad, la seguridad, la defensa o la industria sea una realidad cercana y crítica. Al igual que en el campo inmunológico se está atacando al virus desde arriba hacia abajo y desde abajo hacia arriba, es necesario una concienciación similar en el campo tecnológico. No solo el CCN-CERT -centro nacional de seguridad informática adscrito al CNI- debe velar por la seguridad ante los virus y agentes de malware circulantes; no solo las empresas pueden fortalecer sus sistemas de encriptado de mensajes. También es necesario que el individuo tome conciencia de que esta lucha por la victoria y por la vuelta a la normalidad no es gratuita, no se hace sin esfuerzo ni sin la participación de todos. En este caso, el uso inteligente, medido y cauto de la información circulante por internet debe ser una prioridad desde los niveles más básicos de las organizaciones. Los riesgos de la sobreexposición a la información, la visita a sitios electrónicos o el uso de servidores desconocidos, las vulnerabilidades personales ante la información manipulada o las estrategias psicológicas usadas habitualmente por grupos desestabilizadores o criminales deben ser conocidos por todos los ciudadanos y controlados desde el convencimiento de que, luchando de uno en uno por la seguridad de la información, conseguiremos un sistema de redes global realmente a salvo de virus informáticos.   

Referencias

Asch, S. (1956). Studies of independence and conformity: I. A minority of one against a unanimous majority. Psychological Monographs, 70 (9): 1–70

Moscovici, S. (1981). Psicología de las Minorías Activas. Madrid: Morata.

Rotter, J.B. (1966). Generalized expentancies for internal versus external control of reinforcement. Psychological Monographs, 80, (nº 609).

Wright, P. (1974). The harassed decision maker: Time pressures, distractions, and the use of evidence, Journal of Applied Psychology, Vol. 59, No.5,555-561.

Luis Ángel Díaz Robredo

Es Profesor Asociado en la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra. Doctor en Psicología Clínica, Forense y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada.

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