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La Guerra ya no es lo que era

https://global-strategy.org/la-guerra-ya-no-es-lo-que-era/ La Guerra ya no es lo que era 2022-04-18 17:41:00 Miguel Ángel Pérez y Pérez Blog post Estudios Globales Global Strategy Reports China Europa Guerra Rusia - Ucrania Rusia

Global Strategy Report, 13/2022

Resumen: Este artículo trata de identificar las causas y consecuencias de la invasión rusa de Ucrania desde otros aspectos menos evidentes que los muy tratados en las noticias, teniendo en cuenta que la desinformación y propaganda son usadas por ambos bandos en conflicto, y que la guerra no es solamente una sucesión de actos violentos. En esta guerra se observa la destrucción de un país, Ucrania, y a dos grandes perdedores a corto y medio plazo: Rusia y la Unión Europea. Si se tiene en cuenta que son China y Estados Unidos quienes compiten por la hegemonía mundial y que además podrían salir beneficiados, cabe preguntarse si Rusia no está engañada y haciendo una guerra de intermediación que le perjudica. En todo caso, está reflejando un profundo cambio geopolítico que va a cambiar muchos paradigmas. Este artículo también señala, desde una perspectiva española, las debilidades de Europa, muestra algunas de sus causas y propone algunas líneas de acción que los países europeos podrían considerar.

Para citar como referencia: Pérez y Pérez, Miguel Ángel (2022), «La Guerra ya no es lo que era», Global Strategy Report, No 13/2022.


Con la guerra de Ucrania, gane quien gane, Europa pierde y Rusia ya ha perdido.

Introducción

La invasión rusa de Ucrania supone un cambio geopolítico cuyo alcance está por ver. La forma en que la humanidad hace la guerra evoluciona con la forma de vivir y de pensar, y estas con el conocimiento y la tecnología. La guerra ya no es como era y en consecuencia la Seguridad, Inteligencia y Defensa (SID) tienen que ser replanteadas. Para ello hay que entender qué es la guerra, cómo y con qué se hace. No sólo se usan los ejércitos sino todos los recursos posibles y es puede que Rusia haya caído en el juego de China para ponerla bajo su dependencia, debilitar la economía de Occidente y distraer la atención sobre Taiwán y el Mar del Sur de China, porque la gran guerra es por la hegemonía entre Estados Unidos y China, los verdaderos contendientes. China hará la guerra a su manera, para obtener el máximo beneficio al menor coste. Estados Unidos también, pero la Unión Europea (UE) necesita ahora más su apoyo. Es un error de Rusia que pagará caro, pero también lo sufrirá la UE por no estar preparada y ha puesto de relieve sus carencias. La UE debe comprender que invertir en la SID no es un gasto superfluo sino una necesidad para preservar la paz, democracia, libertad, prosperidad y soberanía, algo difícil sin suficiente capacidad de disuasión y de intervención. España y los demás países de la UE necesitan integrar su dirección política, tecnológica y militar para transformar el riesgo que supone esta crisis en una oportunidad, ya que la SID no se puede improvisar y necesita dinero, tiempo y voluntad política.

La guerra en Ucrania ha mostrado hasta qué punto la SID tiene un papel relevante en la acción geopolítica en paz y en guerra. Son sólo una parte de las muchas capacidades necesarias que deben estar conseguidas y alistadas para ejercer una soberanía real, ser relevante en las relaciones internacionales y evitar ser amenazado o agredido impunemente, ya que las nuevas formas de hacer la guerra se ejercen, más que nunca, sobre los Cuatro Recursos (4R) (humanos, materiales, intelectuales y financieros), tanto sobre los propios como los ajenos, y se necesitan unos medios y unas acciones programadas, organizadas y metódicas que muy pocos Estados se pueden permitir, salvo que sean de tamaño continental y desarrollados. Los pequeños tienen que integrarse en organizaciones o caer en la irrelevancia, porque es muy difícil sustraerse a un nuevo modelo de guerra que abarca a todos los aspectos de la vida de los países y de las personas.

Lo que vamos a argumentar aquí es por qué España, al igual que toda la UE, tiene que hacerlo ahora, cómo conseguir esos medios y la forma en que la SID depende de los 4R, ya que hay que saber cómo prevenir la guerra con eficiencia, pero llegado el caso también tener los medios y la mentalidad para ejercerla con eficacia. Hay que comprender que la guerra naval, la cibernética, la aeroespacial, las económicas o las del ámbito cognitivo son más bien batallas y combates de una misma guerra y que no es igual la eficiencia buscada en tiempos de paz que la eficacia necesaria en los de guerra.

¿Qué es la guerra, cómo y con qué se hace?

Mucha gente cree que la guerra es solamente una sucesión de actos violentos o de enfrentamientos armados. Nada más lejos de la realidad: también es la realización de actos hostiles para hacer daño y doblegar una voluntad. Y se realiza en todos los espacios, en todos los ámbitos, de todas las formas y con todos medios, porque es la aplicación premeditada, organizada y metódica de la maldad y del daño para perjudicar y obtener un beneficio, doblegar una voluntad o conseguir una finalidad cualquiera. Obviamente, puede incluir el ejercicio de la violencia y el uso de armamento, al igual que también el engaño, el hambre, los negocios, la información o diversas tecnologías. Pero no nos engañemos, al igual que en el siglo XIX la artillería era “la última razón del rey”, ahora en el XXI la SID lo sigue siendo de los Estados. La guerra es una realidad testaruda persistente en la Historia, y la geopolítica es como una partida de ajedrez con todas las piezas a la vista, pero no las intenciones, donde hay que atacar y defenderse a la vez, pero hacer los movimientos cuando toquen. Es un asunto de dejar de ganar para dejar de perder, o viceversa, en dónde priman los intereses sobre cualquier otra consideración. Y más cuando se desencadena en su totalidad con violencia física y armas letales, porque entonces se suele convertir en una lucha por la supervivencia y se supeditan a él todos los recursos disponibles y aspectos de la vida.

En la guerra se emplean los 4R para atacar a los del enemigo a la vez que se defienden los recursos propios. Y cada sistema de SID está entrelazado como una cadena. Pero ninguna cadena es más fuerte que el más débil de sus eslabones. Las sociedades humanas hacen las guerras con los mismos medios con que crean la riqueza (Toffler y Toffler, 1995). La guerra actual es muy versátil, propia de un mundo muy globalizado y tecnificado, dónde prima la sociedad del conocimiento pero coexisten las civilizaciones industriales y agrícolas; es de todos contra todos los demás a la vez, pero se coopera con cualquiera si conviene a los intereses propios; además es continua en el tiempo y en el espacio, se extiende por todo el  planeta aunque haya momentos de paz a la vez en varios lugares de forma alterna; abarca a los 4R y si antes se decía que “la guerra es la continuación de la política por otros medios” (Clausewitz, 2002) ahora, más que nunca, “la política es la continuación de la guerra por otros medios”. Su intensidad puede variar, así como el adversario con bastante rapidez y se suele confundir su denominación parcial con la total: se llaman guerras comerciales o de aranceles a las batallas por los recursos financieros, o guerras en el espacio cognitivo y de desinformación a los combates por el recurso humano, guerras por el territorio o por la energía a los conflictos por los recursos materiales, o guerra de las patentes o por el conocimiento científico a la carrera por los recursos intelectuales. Significa que la guerra de la Unión Europea con Rusia va a continuar por otros medios y que va a ser larga. La guerra imperialista rusa en Ucrania se ha convertido demasiado pronto en una guerra UE-Rusia que pone en el disparadero a Moldavia y Georgia; altera la seguridad en Polonia, Suecia, Finlandia y demás países de la UE fronterizos con Rusia; y en un tercer escalón temporal afecta a las demás fronteras de la UE, tanto terrestres como marítimas, lo que incluye a Turquía, Medio Oriente y norte de África. Como cada eslabón es vital en toda su cadena, se debe ser lo bastante fuerte en todos y no es posible la disuasión sólo con el denominado poder blando ya que es necesario disponer del suficiente poder duro, lo que incluye una SID suficiente, eficaz en todos los espacios, utilizable si se necesita y equilibrada entre el gasto posible y las necesidades a cubrir.

La guerra en Ucrania ha puesto el foco en dos pilares de la política exterior de la UE: la soberanía estratégica y la relación con Moscú; ha supuesto un giro en la política de seguridad y defensa de Berlín y ha abierto una nueva etapa en el eje franco-alemán; ha sembrado el miedo en los ciudadanos de los países europeos fronterizos con Rusia y ha cambiado los paradigmas respecto de la SID en toda Europa; va a influir la política exterior y muchos países de Europa redefinirán sus prioridades internacionales; y para países como España, que es otra frontera de la UE y la OTAN, la nueva situación internacional obliga a estar mentalizados y preparados en consecuencia, porque el terrorismo aprovechará cualquier ocasión para hacerse notar; porque tenemos vecinos poco democráticos que envidian nuestro nivel de vida a la vez que invierten en armamento un porcentaje muy superior al nuestro pese a tener unas economías más débiles; y por nuestra cercanía a África, dónde China y Rusia tratan de crear sus respectivas zonas de influencia, excluyentes y con soberanía limitada. No obstante, la verdadera guerra mundial actual es entre Estados Unidos y China. Rusia cree que es una gran potencia global, pero no lo es porque le faltan recursos humanos y económicos. Y la Unión Europea tampoco lo es porque no tiene ejércitos ni unidad política. Ambas van a perder mucho en esta guerra y es la que más nos debe preocupar, pero es una pieza secundaria y la partida se decide en el tablero del Indo-Pacífico: Rusia le está haciendo la guerra a otros, pero Ucrania y la Unión Europea están pagando sus debilidades, la militar incluida.

Fuente: El Orden Mundial

La guerra no es una opción de locos, sino más bien de malvados. La seguridad necesita de una visión holística, poliédrica y multidimensional porque la amenaza puede estar en muchos ámbitos y de muy diversas formas. La ignorancia es muy atrevida y los gobiernos europeos descuidaron los deberes hacia la seguridad porque la paz y la prosperidad parecían eternas como consecuencia de las ciencias, las tecnologías, la buena voluntad y el comercio global. Durante décadas, hubo un desarme unilateral suicida propugnado por un dogmatismo inocente de las democracias europeas, pero en política la ingenuidad no es virtud sino culpabilidad. Hay que añadir que buena parte de la división europea viene de las ideologías de sus ciudadanos y del concepto que de su propia historia que tienen sus Estados nacionales. Sin embargo, no hay que confundir la Unión Europea real, que es todo un logro geopolítico, con la idea que nos quieren vender algunos partidos políticos y gobiernos de la Europa actual, que quieren imponer también en ese ámbito las ideologías extremistas radicales de izquierda o las ultranacionalista de extrema derecha. Ni España ni ningún otro país miembro se pueden permitir el lujo de un Unión Europea débil, porque en Europa sólo hay países que saben que son irrelevantes y los que aún no saben que lo son. Los europeos no tienen futuro por separado y tienen dos caminos a recorrer: hacia la unión política o hacia la irrelevancia. Sin poder duro tampoco se puede ejercer el poder blando porque ambas son formas de aplicar el poder, aunque se llame poder blando a todo lo que no sea aplicar el poder militar. Y seguir confiando en el valor de la ONU actual parece lo mismo que hacerlo de una obra de arte falsa: Es algo inútil pero muy decorativo, ya que, en los grandes conflictos bélicos, al estar dominadas sus decisiones por el Consejo de Seguridad formado por las antiguas potencias nucleares, funciona como una cuchara en la cocina: ni pincha ni corta.

La primera y la segunda víctima de la guerra

Un aspecto muy importante de la SID es la Inteligencia en todos los espacios y ámbitos en donde pueda haber conflictos, desde la inteligencia militar a la policial, la industrial, la cibernética o la financiera. Y es tan importante tener medios humanos y tecnológicos de obtención como ser capaz de obtener análisis elaborados por nuestros medios y de ser críticos con informes de inteligencia ya elaborados, sean de aliados o de rivales, porque en la actual guerra todo es cambiante y circunstancial: No hay que olvidar que la primera víctima de la guerra es la verdad y la segunda es la inocencia. La verdad porque la mentira se usa como arma en la guerra y la inocencia porque al utilizarse como arma tampoco es fiable toda la información de medios aliados o amigos, que siempre darán su propia perspectiva atendiendo a sus intereses.

En los informes de Inteligencia hay que huir de copiar los hechos por otros: A menudo alguien expresa una opinión de forma creíble y muchos copian la idea y crean desinformación, incluso de buena fe. Cabe recordar que la Inteligencia no es más que un conjunto de informaciones evaluadas, contrastadas, comparadas y analizadas para emitir un informe concreto, breve y lo más completo y acertado posible. Estos informes sólo advierten o avisan de escenarios posibles a los que enfrentarse y corren el riesgo de quedarse desfasados rápidamente por la evolución de los acontecimientos o porque parezcan erróneos cuando otros reaccionan a la emisión de esa inteligencia, aunque a veces precisamente este sea el efecto buscado. Además, puede ser desalentador y difícil hacer un buen análisis de la situación sólo con información y datos de fuentes abiertas. Y es arriesgado porque, lejos de convertirse en una profecía autocumplida, lo más probable es que el curso del acontecimiento evolucione por otros senderos, pues unos y otros preverán y tomarán acción a consecuencia de lo publicado.

La Inteligencia puede parecer innecesaria en tiempo de paz, o cuando los acontecimientos parezcan no afectar, pero es difícil de improvisar y puede volverse una necesidad acuciante con rapidez. Suele parecer fácil y superflua, quedar rápidamente anticuada y, pese a ser muy necesaria en todo momento, exige unos recursos, dedicación y tiempo que aparentemente no son rentables en tiempos de paz. Tremendo y frecuente error.

Pero se veía venir

La invasión del 24 de febrero de 2022 fue una clara violación de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. Rusia violó el Memorándum de Budapest del 5 de diciembre de 1994, sobre Garantías de Seguridad, firmado por Rusia, Estados Unidos y Reino Unido por el que Ucrania cedió a Rusia 5.000 cabezas nucleares y 220 vectores de lanzamiento, que incluían 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 aviones bombarderos de gran alcance con capacidad nuclear. A cambio se ofrecía garantías de seguridad a Ucrania sobre sus fronteras y su soberanía. Ahí la UE no intervino como tal, pero es la más afectada después de la propia Ucrania. Es verdad que fueron Estados Unidos y Reino Unido los primeros en prever la agresión y en apoyar con información y armas a Ucrania para que se defendiera, pero no hubo intervención directa debido a la disuasión nuclear. Es de reseñar que Reino Unido ya había salido de la UE por el Brexit y Estados Unidos estaba alejado sus aliados europeos con su “América Primero” del expresidente Trump, ambos pendientes del cambio geoestratégico que significa el traslado hacia el Indo-Pacífico del eje económico mundial; Rusia deseaba el estatus de gran potencia; y subyacía una guerra comercial con China y otra dialéctica sobre la culpabilidad del Covid19: El inicio de la guerra fue anterior a la aplicación organizada de la violencia y las operaciones militares; muestra que ya se hacía con y sobre los 4R; señala como la SID influye en ellos; e indica que su necesidad es prioritaria para los Estados-nación como España ahora y para la UE en un futuro inmediato.

El conflicto armado se veía venir, pero la UE no lo vio porque no tiene un sistema de inteligencia propio para ayudar a tomar decisiones compartidas, rápidas, oportunas y eficaces, como tampoco tiene un sistema de defensa y seguridad común y propio. Tampoco tiene protocolos para unir, complementar, normalizar y potenciar sus medios defensivos. Respecto a Ucrania acertaron los americanos y fallaron los europeos porque Estados Unidos tiene más agentes en el terreno, más satélites espías y mejor inteligencia artificial para tratar datos y comunicaciones. Además, tiene un único presidente, que dio informaciones en un intento de evitar una invasión previsible: La Rusia de Putin ya usó su ejército contra los secesionistas en la guerra de Chechenia arrasando Grozni y aplastando toda resistencia. Dio apoyo armado a los secesionistas de Transnistria en Moldavia. Ocupó Osetia del Sur y Abjasia en Georgia en 2008. Apoyó a Armenia en sus guerras con Azerbaiyán por el Nagorno Karabaj. Atacó a Ucrania en 2014 para anexionarse Crimea y dio ayuda militar a los secesionistas de Donetsk y Lugansk, en el Donbás. Apoyó a Aleksandr Lukashenko en 2020 para subordinar Bielorrusia a Rusia. Intervino con sus ejércitos o a través de sus mercenarios de Wagner en Siria, Libia y el Sahel. Acumuló sus fuerzas en las fronteras de Ucrania alegando que eran maniobras y poco antes de la invasión actuaron para desestabilizar y debilitar mediante ciberataques y uso de la desinformación.

La solución dada a un problema varía la naturaleza del problema

Rusia inició su invasión de Ucrania con gran cantidad de medios aéreos, terrestres, navales, cibernéticos y aeroespaciales, para lo que había movilizado alrededor de un cuarto de millón de soldados, muchos de ellos provenientes de la frontera de Siberia con China. Su excusa fue proteger a ciudadanos rusos, sentirse amenazada por Ucrania y alejar la OTAN de su frontera por su presunto incumplimiento de un pacto del 1991. Quería una guerra relámpago para consolidar la anexión de Crimea y territorios en el Donbás, dividir Ucrania, ponerla bajo su influencia y debilitar en lo posible a la Unión Europea. Desde más de un año antes acumuló reservas financieras para paliar las previsibles sanciones económicas y bloqueos comerciales; usó la diplomacia como arma de guerra y engañó; quiso tratar sólo con Estados Unidos o con la OTAN; no quiso negociar con la UE y apenas lo hizo con Francia y Reino Unido, potencias nucleares europeas, para crear división y enviar amenazas. Quería que todo ocurriese rápido e imponer hechos consumados desde una posición de fuerza. Pero no fue así. La evolución de los acontecimientos no fueron los esperados por Vladimir Putin, el presidente ruso: la respuesta de Europa y Estados Unidos con acciones inmediatas y eficaces, no sólo económicas y políticas, ha fortalecido a la UE y la OTAN, pero también ha puesto en evidencia sus debilidades y carencias.

Con la invasión de Ucrania podría parecer que Rusia inició una guerra cerca de la UE y no contra ella. Pero ya había realizado actos hostiles previamente, cuando recortó la producción de gas para provocar subidas de precios, fortalecer sus reservas monetarias y debilitar a la UE en plena crisis económica provocada por el Covid-19 y la ralentización de la actividad económica mundial. Putin inició el conflicto armado cuando creyó ver una oportunidad de expandir su influencia. Pero la guerra había comenzado mucho antes con sus ataques cibernéticos, sus injerencias en procesos electorales, su apoyo al Brexit y a movimientos separatistas, extremistas y radicales, sus procesos de desinformación y con su uso del éxodo de refugiados de Siria y Bielorrusia para desestabilizar y debilitar a Europa.

La UE, sin contar con sus aliados de la OTAN, sólo tiene las 290 cabezas nucleares de Francia. Rusia, el país del mundo con más armas nucleares, cuenta con 6.257, según datos publicados del Instituto Internacional de Investigación por la Paz de Estocolmo (SIPRI) de febrero de 2022. No teme a la OTAN, tal como afirma, sino a tener fronteras con la UE: Putin, el presidente ruso, teme la influencia y los efectos que una Europa unida, democrática, libre y prospera pueda tener sobre su dictadura autócrata en Rusia. Antes de invadir Ucrania para sustraerle territorios y dificultar su ingreso en la UE, ya intervino contra la unión de Europa influyendo en el Brexit, ayudando a grupos independentistas de Cataluña, alterando los precios del gas, ejecutando frecuentes ataques cibernéticos, creando desinformación y falseando la historia. Rusia ha tenido una actitud engañosa y hostil desde hace tiempo con la finalidad de reconstruir con otro nombre el Imperio Soviético. Fue el inicio de su aventura. Llegará hasta dónde pueda y le dejen. Con la actual agresión a Ucrania, Putin ha mostrado hasta dónde puede llegar para conseguir sus objetivos estratégicos. Era previsible, pero en Occidente había muchos intereses creados y voces compradas para no querer ver lo evidente: Gane quien gane, Europa pierde, porque esta guerra contra la UE supone pérdidas económicas y reordenación del gasto, del comercio y de las alianzas. Y es un impedimento a la integración de Europa porque algunos países candidatos no podrán integrarse en la UE si suponen el riesgo de aplicar el artículo 42.7, que no es tan tajante como el 5 de la OTAN, pero implica el compromiso de defensa mutua. Puede afectar a Ucrania por Crimea, Donetsk y Lugansk; a Moldavia por Transnistria y a Georgia por Abjasia y Osetia del Sur. Incluso a Lituania y Polonia, ya de la UE, por la posible acción militar rusa sobre el llamado Corredor de Suwalki que une Kaliningrado con Bielorrusia. Hoy el riesgo de conflicto armado en Europa es real y depende de lo que haga Rusia. En el juego de dejar de ganar y dejar de perder, la UE no puede fallar ni transigir. Luego todo será tardío e inútil. La batalla por el discurso es parte de toda guerra y emplea la desinformación y la tergiversación de los hechos. Muchos se hacen eco de los argumentos de Rusia porque están desinformados o porque a su interés conviene. Pero la realidad es muy testaruda: Rusia inició la invasión de Ucrania, un país independiente y soberano, mediante una destructiva agresión armada que fue la continuación de las guerras híbridas y económicas que inició hace años contra la UE. Europa ya está en guerra porque ya ha sido atacada. España, como toda la UE, está implicada y por su ingenuidad y debilidad culpable su defensa depende demasiado de la OTAN. Ahora hay que actuar en consecuencia y la OTAN depende de Estados Unidos porque aporta la mayor parte de la financiación, el armamento, el personal y la inteligencia. Cabe preguntar: si los europeos no quieren poner su dinero y su sangre para defender Europa ¿Por qué lo va hacer Estados Unidos? La defensa y seguridad de Europa está muy mermada a causa de muchos años con un bajo presupuesto en Defensa, en lo que se llamó Dividendos de la Paz cuando terminó la Guerra Fría. Muchos años de paz y una sociedad del bienestar hizo olvidar que la defensa de la democracia tiene que ser continua, con unos medios que hay que tener y no usar. Es la disuasión que evita la guerra. La paradoja es que la UE está en guerra, aunque no lo quiera admitir, y usa medios blandos por la cruda realidad de no disponer de SID suficiente para disuadir. En la OTAN, durante décadas, la mayoría del dinero y muertos los solía poner Estados Unidos porque los europeos preferían invertir en economía, prosperidad y diversión. Pero la libertad, la seguridad y la democracia propia no vienen

regaladas ni se pueden encomendar a otros. Ahora Europa tiene un grave problema por su inconsciencia, tacañería y debilidad. Al inicio de la invasión, toda Europa parecía mirar la economía como si fuese lo único importante y la situación geopolítica no hubiera cambiado. Ni esta guerra va a ser corta ni la última que afecte directamente a Europa. Posiblemente sea una guerra de otros librada por sus intermediarios, pero si los ucranianos pierden su patria, la UE perderá su credibilidad y su futuro. Y Europa pierde por querer ahorrase las inversiones en defensa y por una política de desarme unilateral que nos puede conducir al desastre.

Cuando tu enemigo comete un error, no le distraigas

El error es de Rusia y lo pagará caro, pero el coste para la UE será alto. Cabe la muy probable posibilidad de que la invasión rusa de Ucrania sea una guerra de intermediación de China contra Estados Unidos para lograr la hegemonía; distanciar y debilitar a Rusia y a la UE; distraer la atención de su expansión en el Mar del sur de China; y tantear sus posibilidades bélicas en Taiwán. Coincide con la guerra comercial con Estados Unidos, la ruptura del comercio con la pandemia y el bajón del transporte marítimo. Ahora suma una guerra qué afecta sobremanera a dos competidores y a la vez socios. Rusia no cuenta en esta pugna hegemónica porque para ser potencia global le falta poder económico y población, ni tampoco la UE porque le falta integración política y poder militar. Todo podría ser una enorme operación de engaño de China para intentar obtener resultados políticos y económicos sin tener que usar su fuerza militar. Y que Rusia sin saberlo esté haciendo una guerra contraria a sus intereses. En todo caso, lo cierto es que afecta a la UE, que sufre una amenaza y que la OTAN es la única estructura que la protege, lo que obliga a estrechar lazos comerciales con Estados Unidos; recoloca a los demás aliados; hace necesario e ineludible cesar las relaciones comerciales con Rusia como socio preferente; el crecimiento y prosperidad de Europa pueden mermar; y habrá que tomar medidas paliativas de emergencia e incrementar la integración europea para resolver los desafíos a medio plazo.

China va a mantener una apariencia de neutralidad y no va dejar que Rusia pierda la guerra, porque le sirve para subordinarla económicamente a ella y distrae la atención del Indo-Pacifico, a la vez que debilita a los países de la OTAN sin perder los mercados de Occidente, que son los que le otorgan la riqueza con la que quiere sustituir a Estados Unidos en la hegemonía. Pero, aunque la guerra de Ucrania fuese una lucha por la hegemonía entre China y Estados Unidos, también lo seria entre las democracias liberales donde priman las libertades individuales y los derechos humanos contra las democracias autoritarias donde priman la autocracia y la sociedad por encima del individuo. Ucrania pone las bajas y Europa el mayor coste económico mientras Estados Unidos rearma a la OTAN con sus productos y vende a buen precio sus hidrocarburos y cereales, forja nuevas alianzas globales y define las zonas de influencia para el caso de que el mundo multilateral se vuelva bipolar. Pero es Estados Unidos quien está apoyando y protegiendo a Europa.

Los aliados que no comparten un mismo proyecto de futuro siempre lo son temporales

Esta guerra ha mostrado la unión de Occidente, la OTAN y el G7, pese a sus discrepancias, y una cierta indiferencia y equidistancia de buena parte del resto del mundo, en particular de África, India y los países musulmanes, que la ven como un asunto ajeno, lejano a su geografía, intereses y cultura. El mundo que emergió de la Guerra Fría ha cambiado. Las grandes potencias de antaño ya no lo son la misma medida, pero en el Consejo de Seguridad de la ONU se sientan Francia y Reino Unido, pero no están India y Pakistán que también tienen armas nucleares y son mayores en población y extensión. Es muy probable que el mundo multilateral actual, que recientemente dejó de ser monopolar, camine hacia la bipolaridad entre Estados Unidos y China, con áreas de influencias de algunas potencias regionales con relevancia y que siga el comercio global, pero sin externalizar lo importante. También muestra como la guerra se hace de forma asimétrica entre los garantes del Memorándum de Budapest, cada uno con lo que tenía alistado: Rusia con guerra híbrida y con sus ejércitos, mientras que Estados Unidos y Reino Unido con guerra económica, ayuda financiera, información y donación de armamento. Mientras el riesgo de una escalada nuclear pende sobre el mundo y China apoya con discreción a una Rusia, cada vez más débil y dependiente de ella, que es fuerte en el plano militar pero no lo es en toda la cadena de poder: Le faltan recursos humanos y tiene un enorme desequilibrio poblacional en su larga frontera con China, que sí es una gran potencia en toda la cadena de poder, en los 4R. Por eso su error al invadir Ucrania ha sido garrafal. Es ilusorio creer que no va a pagar su error de agredir Ucrania. La UE también lo hará, probablemente con esa economía que quería impulsar sin protegerla. Pero Rusia con recursos materiales y quizás incluso con su territorio. Si decide seguir la guerra, puede llegar a ser muy dependiente de China y aunque se convierta en el aliado estratégico que le suministre gas y petróleo, no podrá imponer precios y serán mucho más bajos que los que actualmente pagan los países europeos y su debilidad puede permitir a China el adquirir más influencia, o incluso soberanía, en parte de Siberia.

De otra parte, la visión geopolítica de Estados Unidos no puede permitir una asociación estrecha que llegue desde Lisboa hasta Vladivostok, y menos incluyendo a China. La guerra que desencadenó Rusia en Ucrania facilita a Estados Unidos separar Europa de los lazos comerciales y financieros con Rusia y, quizás de China, en beneficio de su propio comercio e influencia. China y Estados Unidos, dos actores externos, son quienes sacarán más beneficios del conflicto ucraniano. No obstante, aunque la verdadera guerra se esté librando por la hegemonía entre ellos, la UE tendrá que ayudar a Estados Unidos en reciprocidad y pese a ser Rusia un gran aliado económico cuya perdida nos empobrece: Rusia ha cambiado los paradigmas al no ha respetar las fronteras de Ucrania, realizar una abusiva agresión armada y amenazar con utilizar sus armas nucleares.

En el tablero de ajedrez juega China

China muestra incomodidad y ambigüedad, se ofrece como mediador entre las partes, pero su intención real es una incógnita porque podría aprovechar para obtener concesiones en Rusia, recuperar Taiwán, consolidar su posición en el Mar del sur de China y obtener salidas a mares abiertos para su flota y su comercio. Es pragmática y prudente. Mantendrá la apariencia de neutralidad para hacer negocio con ambos bandos y obtener el máximo beneficio al menor coste a la par que extiende su influencia. Evitará el riesgo de entrar en guerra económica con Estados Unidos, la UE y sus aliados. Necesita conseguir Taiwán, su “provincia rebelde”, no solamente por considerar suya esa isla o por una vulnerabilidad tecnológica china (Taiwán fabrica el 60% de los semiconductores, mientras que China debe importar el 90% de los que se emplean para fabricar vehículos, móviles, electrónica de consumo y desarrollar tecnologías punta), sino porque le abre el camino a los océanos y lo intentará de todas las formas posibles, pero no a costa de una guerra nuclear aunque su política oceánica quede disminuida. Pekín tiene paciencia y muchos intereses económicos con Occidente. Las sanciones económicas impuestas a Rusia incrementarán su comercio con China, que obtiene un beneficio diez veces mayor por importar bienes a granel rusos que por exportar su producción elaborada, y aunque pueda tener capacidad para evitar que las sanciones a Moscú quiebren la economía rusa, no quiere perder mercados, ni aminorar su crecimiento económico, ni que se socaven sus esfuerzos diplomáticos en el mundo.

El beneficio para China de su teórica neutralidad podría ser el hacer que Rusia dependa de forma ruinosa de su comercio y perdiese parte de lo obtenido en el desigual Tratado de Aigún de 1858, cuando el gobernador general del Lejano Oriente, Nikolay Muraviev, aprovechó la oportunidad de que China estaba perdiendo la Segunda Guerra del Opio y amenazó a China con abrir un segundo frente. China cedió a Rusia sus territorios situados a la izquierda del río Amur y en los montes Sijoté-Alín. También desistió de la isla de Sajalín (llamada Tarrakái por los chinos). Al igual que muchos españoles no han olvidado la perdida de Cuba en 1898, quizás China tampoco olvidó que Rusia hizo un tratado desigual para adelantar su frontera, controlar Manchuria, proteger Siberia y ampliar sus accesos al océano Pacífico. Pero después de ese Tratado de Aigún, la integración de la Manchuria china fue mejor que la rusa y las llanuras del noreste de China fueron más rápidamente pobladas y puesta en valor por sus colonos desde el siglo XIX. Hoy dia, en el Extremo Oriente ruso, los chinos cruzan la frontera, se asientan en los mercados siberianos y venden productos traídos de China. También son los mayores compradores extranjeros de tierras fértiles rusas.

El último conflicto militar en sus fronteras ocurrió en 1969 en las cercanías de isla de Zhenbao y en 1991 la isla pasó a China por acuerdo entre la República Popular China y la Unión Soviética. El último tratado fue firmado en 2004 y China obtuvo algunas ganancias territoriales. Es evidente que Rusia se ha metido en una situación problemática. A medio plazo su economía puede quebrar y sigue teniendo una larga frontera con China, su aliado circunstancial, que tiene menor territorio que Rusia, pero una población muy superior: alrededor de 1300 millones de chinos frente a 140 millones de rusos y las cuatro regiones fronterizas chinas tienen 123 millones de habitantes por solo 14 las rusas de Siberia oriental. Además, muchos de esos rusos no son de etnia eslava y esa frontera de 4.195 km es una de las más largas del mundo. China pudo alentar a Rusia a atacar para crearle desgaste, debilidad y dependencia. Y cobrarse después caro su apoyo. La estrategia china siempre es una incógnita, no está muy clara su actitud ante la guerra de Ucrania y se juega mucho porque puede incrementar o erosionar su proyección internacional. Conociendo la historia de las relaciones chino-rusas, una victoria rusa no parece interesar a China. Lo que le interesa es una guerra de desgaste prolongada, drenar los recursos de Rusia tanto como sea posible, debilitarla mientras tanto aislándola de Occidente y aprovechar una derrota rusa al final.

Con un enorme y creciente peso en la economía mundial, China se ve a si misma como el único rival que puede impedir que Estados Unidos consiga un mundo unipolar. China podría estar haciendo la guerra, pero a su manera y para obtener el máximo beneficio al menor coste. Anunció un incremento de sus gastos de Defensa, de por sí grandes, en más de un 7% para este año 2022, pero su visión política es a largo plazo y tiene sus propios problemas en Taiwán, Hong Kong, Tíbet y Singkiang, además de mucho que ganar con el desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda, el Collar de Perlas y las nuevas rutas árticas. En una “proxy war”, un enfrentamiento armado por delegación a través de un tercero, la línea de acción estratégica oscila entre la interferencia y la desestabilización en función del tipo de apoyo prestado y los efectos que tenga sobre el rival. Los verdaderos contendientes no desean una escalada que les afecte directamente a ellos y menos si puede suponer una escalada nuclear. Quizás Putin no entendió el alcance de una guerra con los 4R: un teatro de operaciones localizado en Ucrania, pero también, y a la vez, el desgaste por sanciones, vetos, presiones, amenazas, perdida de alianzas, movimientos diplomáticos y económicos hostiles de forma rápida en muchos ámbitos. La guerra económica, aplicada por todo Occidente y sus aliados, conduce a Rusia a incrementar su dependencia de China y a correr el riesgo de convertirse en un Estado vasallo. Además, ambas tienen un enorme desequilibrio poblacional, una muy extensa frontera y rivalidad por la influencia en el centro de Asia. Si pierde su clientela europea y sólo vende sus hidrocarburos a China, tendrá una dependencia enorme que supondrá que Rusia pierda la batalla económica y quede dañada durante años. Es buen motivo para que China procure alargar una situación que le puede beneficiar mucho ante una Rusia que ha perdido totalmente la batalla informativa y ha conseguido un amplio rechazo de la comunidad internacional.

La debilidad militar puede conducir a sufrir una agresión armada

El dialogo es la mejor forma de resolver conflictos, pero, aunque dos no discuten si uno no quiere, sí puede ser agredido, aunque no quiera luchar. Lo ha demostrado Rusia con su sanguinaria y destructiva invasión de Ucrania. Su agresión contra un Estado soberano y europeo es un ataque a los principios que defiende Occidente y enfrenta a la UE a sus propias vulnerabilidades y limitaciones para afrontar el conflicto: no tiene soberanía estratégica ni geopolítica porque no tiene suficiente autonomía tecnológica, militar y energética. Y no las tiene por estar dividida, sin una sola dirección política. El refuerzo de las capacidades de defensa con medios propios, integrar sus economías nacionales y reducir la dependencia energética son metas necesarias para acotar su dependencia de socios extranjeros en momentos claves.

Ser capaz de defender la soberanía europea no es un eslogan, sino una necesidad imperativa: Ucrania era la tercera potencia nuclear de la época cuando cedió todo su arsenal de armas nucleares a Rusia a cambio del reconocimiento de su soberanía y sus fronteras para adherirse al tratado de No Proliferación Nuclear. Reino Unido, Estados Unidos y Rusia firmaron y se comprometieron. Rusia no cumplió el tratado y los otros dos garantes armaron a Ucrania, pero no intervinieron. Una vez más en relaciones exteriores, la razón es de quien puede defenderla. Y es un motivo más para el rearme total de la UE en su conjunto y para tener una voz unificada dentro de la OTAN. En geopolítica nada ocurre por casualidad. Ver la guerra sólo desde un punto de vista economicista es olvidar que si surge guerra los negocios se supeditan a ella: Al instante la política y la economía son la continuación de la guerra por otros medios y se emplean simultánea y constantemente los 4R de todas las formas posibles y en todo lugar y momento. Sí, pero básicamente usando los ejércitos.

La guerra de Ucrania ha iniciado un profundo cambio geopolítico y geoestratégico que tendrá consecuencias económicas, tecnológicas, culturales y políticas en muchos lugares del mundo, que no volverá a ser el mismo que conocemos. En el mes de abril del 2022, el euro se depreció frente a gran parte de las divisas importantes del mundo y cayó frente al dólar estadounidense o frente al yuan chino, mientras que se apreció manera notable frente al rublo ruso. La guerra actual por la supremacía generará crisis y conflictos armados de los que Europa no podrá sustraerse. Y la UE difícilmente puede permitirse varias guerras a la vez, aunque no sean conflictos armados ni en su suelo, porque en Europa sólo hay dos tipos de países: los pequeños y los que no saben que son pequeños. Y sólo hay dos caminos a seguir, hacia la unión política o hacia la irrelevancia. Los países de la UE deben entender que en geopolítica no hay belicismo y ni pacifismo, sino intereses y pragmatismo, pese a que el discurso político, la batalla dialéctica y el poder cultural estén basados en la moral y los valores. No se puede cumplir el “si vis pacem, para bellum” sólo a veces. Hay que prepararse para la guerra en la paz siempre. Es el fundamento de la disuasión y de la necesidad de aumentar el presupuesto de Defensa. Y no basta con que un país esté muy armado. Sus ejércitos y sus políticos tienen que ocuparse de la guerra y evitar ser ingenuos o ilusos.

Toda crisis supone riesgos y oportunidades

La guerra en Ucrania es una enorme amenaza, pero también una oportunidad para que Europa se constituya en un Ente Estratégico equivalente a un Estado moderno, para que obtenga su propia soberanía como conjunto, para obtener mayores capacidades, para ser más relevante en el mundo y para poder ejercer un mayor control de lo que ocurre dentro, cerca o lejos de sus propias fronteras. No obstante, y a la vez, debe evitar el mayor temor de las potencias marítimas, y en particular de Estados Unidos que aún es la potencia hegemónica: la formación de un bloque que abarque desde el Atlántico al Pacifico. Máxime si la UE estuviese incluida en él. Europa debe conseguir ser poderosa, pero sin asustar demasiado y sin competir por la hegemonía.

Desde una perspectiva geopolítica, esta guerra es potencialmente un momento positivo si se configura la unidad político-militar europea y perdura creando un nuevo modelo de Europa y redefiniendo el funcionamiento del sistema global. A los países europeos les viene bien la Unión Europea. La soberanía compartida les ha dado una mayor relevancia geopolítica mundial, prosperidad y soberanía real, por lo cual deben aprovechar la coyuntura para fortalecer las instituciones de la Unión. La UE debe tener una potencia militar fuerte, creíble, útil y nuclear, porque así son las de las potencias que la pueden amenazar.

Algunos gobiernos europeos son reacios a gastar recursos dentro de la OTAN porque su poder duro lo aporta y controla Estados Unidos, incluyendo la producción industrial del armamento. En consecuencia, prefieren invertir en poder blando. Por ejemplo, recién comenzada la guerra en Ucrania, Canadá pasó de rechazar el caza F-35 a tratar de comprarlo, como le ocurrió a Alemania, que lo había descartado. Y eso ocurrió en detrimento de cazas europeos como el Eurofighter de Airbus, el Rafale de Dassault o el Gripen de Saab. Sin embargo, si los europeos no quieren poner su dinero y sangre para defender Europa ¿Por qué lo va hacer Estados Unidos y sin hacer negocio? La UE tiene que integrarse más y participar mejor en la OTAN, porque es una organización que funciona y porque es la que mejor defiende hoy a Europa y a los intereses de las democracias liberales en el mundo. No obstante, está anticuada y no responde bien a las exigencias de un mundo dónde la lucha por la hegemonía enfrenta a Estados Unidos y China. Además, los intereses de sus miembros coinciden en lo fundamental, pero difieren en muchos aspectos y urge que la UE crea en sí misma y abandone el falso dilema entre atlantismo y europeísmo para buscar la mejor integración en la OTAN; crear nuevos instrumentos para el reparto geográfico y funcional de las responsabilidades; y participar más activamente en los gastos e inversiones en SID. La solución tiene que pasar por europeizar la OTAN, con una UE y un Reino Unido relevantes, más cooperativos y menos subordinados a Estados Unidos. Y seria conveniente una actualización de esta Alianza, que debería incluir a democracias como Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y algunos países de Latinoamérica, ya que esta guerra es solo el inicio de otra más larga que va a estar caracterizada por una rivalidad extrema entre aliados comerciales que son rivales sistémicos, o sea, entre verdaderas democracias y las que llevan la palabra Democracia en su denominación oficial, como China, ya que “explicación no pedida, acusación manifiesta”: Ningún Estado democrático real necesita afirmarlo. Para exhibir su democracia, algunos Estados lo ponen en su nombre, como la antigua República Democrática de Alemania.

No obstante, se dé o no ese contexto, la UE tiene que invertir, comportarse y ser tratada como una unidad política, militar y económica del mismo nivel decisorio y ejecutivo que Estados Unidos, pese a que sus capacidades y posibilidades sean distintas. Una refundada Alianza tiene que ser la piedra angular de la necesaria autonomía estratégica de la UE y facilitar la coordinación de sus ideales e intereses con los demás aliados. Y si por cuestiones económicas y geopolíticas Estados Unidos tiene que volcarse hacia el escenario Indo-Pacifico, Europa tiene la obligación y la necesidad de asumir la mayor parte de la carga de su propia SID y colaborar en la de los demás. Si se cumple, se equilibrará asociación transatlántica, se sincronizarán los esfuerzos comunes y facilitará a la UE la obtención de capacidades militares que impulsen la industria y tecnología europea.

Las armas que la Unión Europea no tiene

La UE necesita tener suficiente capacidad de disuasión y de intervención. Hoy la UE se preocupa por los problemas del mundo, pero no puede ocuparse de ellos. Una causa de esa inacción está en la unanimidad necesaria para actuar en el exterior, que es asunto de unos Estados miembros muy celosos respecto a sus relaciones con terceros países. En la guerra de Kosovo de 1999, en las luchas en Colombia, en los conflictos de Oriente Medio, cuando Estados Unidos se retiró de Afganistán en agosto del 2021 o durante el despliegue ruso previo a la invasión de Ucrania, la UE lamentó no tener una potente fuerza de despliegue rápido europea para utilizar. La UE dijo estar “preocupada”, “muy preocupada” o “profundamente preocupada” en función del alcance del problema. La UE se escandaliza por todo, pero no hace nada. Sus palabras no son el aviso de una represalia futura, sino la expresión de una sensación de impotencia, porque no tiene mucho margen de maniobra en política exterior. Puede imponer sanciones y poco más. Su poder blando no es suficiente y el uso de estas expresiones rozan la parodia en su diplomacia si la Unión Europea quiere hablar el lenguaje del poder: aunque no sea un Estado, necesita dotarse de las estructuras propias de un Estado moderno y de un armamento que aún no tiene.

La suma de los presupuestos de defensa y seguridad de los países europeos, aunque solo fuese un dos por ciento, es una cantidad ingente de dinero, comparable al de las mayores potencias militares. Pero es preciso no gastar por separado, en forma dispar, sino integrando las capacidades de los países de la UE y hacer una política de inversiones conjunta acorde a los objetivos perseguidos. Tan importante es cuánto se invierte en defensa, como gastarlo de forma coordinada e integrada en todos los aspectos de la defensa, desde el armamento convencional a la construcción naval, el ciberespacio o los componentes electrónicos. Y hacerlo promoviendo la integración económica, industrial, de investigación y desarrollo tecnológico. El inicio de la Fuerza de Defensa Europea pueden ser esos 5.000 soldados acordados por los 27 en marzo de 2022 y contemplado en la Brújula Estratégica, pero es totalmente insuficiente para el nuevo mundo que se avecina, que llega rápido y ha cogido a la UE fuera de juego a causa de una culpable inocencia pacifista, alejada de la realidad. Si queremos sobrevivir a la lucha de otros por la hegemonía y ser relevante en el mundo, no basta con tener aliados fuertes y leales. Se necesita también tener una capacidad de defensa poderosa, suficiente, autónoma y equilibrada que pueda actuar en todos los espacios donde haya necesidad, sea el mar o en el espacio exterior, el ciberespacio, el ámbito cognitivo.

La UE necesita, más pronto que tarde, sus propias tecnologías, entre ellas la hipersónica y la cuántica, porque vamos con retraso. En octubre del 2019 las empresas IBM y Google ya pugnaban por demostrar su supremacía cuántica. En septiembre del 2021 China, tras actualizar su procesador Zuchongzhi, afirmó haber conseguido lo que denominaron “ventaja computacional cuántica”. También afirmaron haber logrado emplear esa tecnología en sus satélites de comunicaciones. Hoy día la UE aún está fuera de esa competición entre Estados Unidos y China por la supremacía cuántica, y es un reto necesario si tenemos en cuenta que un ordenador clásico tardaría cientos de años en completar tareas que uno con tecnología cuántica puede hacer en varias horas. Además, las comunicaciones cuánticas no se pueden interferir ni descifrar con las tecnologías actuales. Otro reto son los misiles hipersónicos, balísticos planeadores y de crucero. Alcanzan una velocidad superior a cinco veces la del sonido. Hoy son virtualmente imparables por su maniobrabilidad y vuelo bajo. En la carrera por los misiles hipersónicos está bien situado Estados Unidos, con las empresas Raytheon Technologies y Northrop Grumman, y compite Francia, que colabora con Reino Unido en otro proyecto, el FC/ASW de la empresa MBDA, que no estaría operativo hasta 2028. Pero son China con el DF-17 y Rusia con el misil de crucero hipersónico Tsirkon y el misil hipersónico balístico Kinzhal, ambos con capacidad nuclear, los países más avanzados en esta tecnología que altera los esquemas defensivos y agita el equilibrio estratégico global, a la vez que evidencia que algunos tratados de control de armas se han quedado obsoletos.

Cabe recordar que, relativamente, las flotas de combate de países aliados diversos son el ejército que más fácilmente pueden trabajar cooperativamente, agruparse y disgregarse. Y que una armada puede otorgar una capacidad de influencia y de defensa grande en cualquier lugar del mundo, en permanencia y con discreción en caso necesario. Pero la SID no consiste sólo en tener una marina poderosa, ni siquiera en tener unas fuerzas armadas eficaces, porque la guerra abarca todos los aspectos de la vida y hay muchos espacios en que luchar. La actual guerra de Ucrania pone de manifiesto que la UE en su conjunto debe evaluar que necesidades tiene de SID y obtener un modelo completo e integrado, tanto para hacer frente a una guerra híbrida, como para actuar en varios conflictos de baja intensidad a la vez, y para obtener suficiente capacidad de disuasión ante una amenaza grave y de alta intensidad.

Europa cuando quiere puede

Europa ya consiguió que Airbus compita con la americana Boeing. Y que el sistema global de navegación por satélite Galileo rivalice con el GPS de Estados Unidos, el GLONASS ruso y el BeiDou chino. La cuestión primordial, y principal diferencia, es quién tiene el control de cada empresa. Tiene que conseguirlo también con las nanotecnologías, las tecnologías de 5G y 6G, las aeroespaciales o las cibernéticas. Ningún país europeo tiene hoy la capacidad de afrontar en solitario ese reto. No obstante, pese a tener una unión aún imperfecta, Europa tiene muchas capacidades. Por ejemplo, tiene capacidad y soberanía de acceso al espacio: Galileo es el posicionamiento global más preciso del mundo para teléfonos y vehículos; y Copernico para ver y saber qué ocurre en la Tierra. Son dos constelaciones de satélites, con tecnología radar y optrónicas, entre otras, que pronto incorporarán tecnología cuántica de comunicación y conectividad. Ambos tienen aspectos militares y se necesitan para proteger nuestro espacio y las áreas del conocimiento que debemos proteger. También tenemos lanzadores como Arianne y Vega. Es ciencia y actividad industrial europea, incluyendo la digital, que proporcionan soberanía y autonomía. Y se responde a nuevas necesidades que surgen, tal como las plataformas digitales, las constelaciones de micro satélites y la criptografía cuántica. En junio de 2021, la Comisión Europea encargó a un consorcio de empresas liderado por Airbus el diseño de su futura red de internet con criptografía cuántica, la nueva constelación de satélites Leo, de banda ancha, para Internet y para ciberseguridad, en órbita baja, para tener una red que de comunicaciones ultra seguras entre infraestructuras criticas e instituciones gubernamentales en toda la UE. Es una órbita norte sur, para Europa y África, importante en el aspecto militar y para asegurar la protección de lo que ocurre en el espacio, incluyendo la observación y vigilancia, seguimiento del tráfico espacial o la gestión de derechos de acceso y uso de trayectorias orbitales.

También, si los vehículos civiles europeos son tan buenos como los mejores. ¿Por qué no los sistemas de armas?: Porque no es competitivo tener en la UE media docena de tipos distintos de submarinos, fragatas, aviones o blindados para un mismo tipo de necesidad táctica. El presupuesto de defensa se diluye en Fuerzas Armadas irrelevantes. Es un problema de orden de magnitud. Con el presupuesto fragmentado entre sus países miembros, Europa no es capaz de obtener, por ejemplo, un modelo de avión o de helicóptero con un número de horas de vuelo y tiempo inicial de maduración siquiera parecido al estadounidense, que puede fabricar más prototipos y lotes de preproducción que Europa. Igualmente identifican y corrigen más rápido los fallos iniciales de los nuevos proyectos. Si cada país europeo sólo cuida sus propias fábricas y empleos, si no hay unidad de objetivos, si se carece de una política de defensa y de producción común, entonces seguiremos tan mal como ahora y seremos incapaces de defendernos solos. Y en consecuencia de gobernarnos. Y no se logrará la deseada soberanía estratégica.

Hay que recoger el agua mientras llueve

Muchas cosas están cambiando en Europa, pero quizás no lo rápido que la necesidad exige. Hay que preparar los ejércitos mientras se pueda y tenerlos listos para cuando haga falta. Es cierto que la defensa abarca muchos aspectos y es una carga tributaria para el contribuyente, pero es necesaria y no se puede improvisar por mucho afán y dinero que se quiera invertir de pronto. No se debe dejar en manos de terceros, sin compartir intereses e ideales, y la efectiva acción militar tiene que estar lista todo el tiempo, para mantener una presión eficaz y creíble. También por si falla la gestión política. Su necesidad evoluciona con el tiempo y hay que adaptarse a circunstancias cambiantes, mas una vez que se desata el combate, hay que recordar el lema de la artillería naval española: “dar primero, dar fuerte y seguir dando”. Y hay que hacerlo en tiempo oportuno y a tiempo.

Los ciudadanos europeos, aunque sólo sea en las pantallas, han visto de cerca la violencia de la guerra y han comprendido la necesidad de disponer de una SID eficaz. Muchos asumieron los argumentos contra todo lo militar porque estaban desinformados por intoxicación enemiga o porque estaban ocupados con su propio negocio. Creyeron erróneamente que la necesaria defensa era sinónimo de violencia gratuita. La destrucción y muerte en Ucrania ha puesto al descubierto mucha desinformación y la tergiversación de los hechos. Ahora ciudadanos y gobiernos  tienen prisa por recuperar el tiempo perdido, que es irrecuperable, pero facilita la labor de actualizar y de integrar toda la SID de la UE.

Pero no se puede conseguir todo a la vez. En el caso de España, lo inmediato debe ser alistar las unidades disponibles para cubrir las necesidades actuales y poner rápido al día las inversiones para sostenimiento de la SID. Luego es preciso cumplir con los compromisos con la OTAN porque en ella descansa de forma efectiva la defensa colectiva de Europa. Para el futuro próximo se hace necesario ayudar a crear la SID de la UE, porque de la UE depende nuestra economía, nuestra integración en el mundo y nuestro futuro. Todo hay que iniciarlo rápido y comenzar ya, porque conseguirlo llevará tiempo, esfuerzo y dinero.

Habrá que vencer muchas resistencias, tres de las cuales son: la falta de mentalidad para invertir en defensa, la tradición de hacerlo en el ámbito de cada nación y las reticencias de algún aliado  externo a la UE. Pero hay argumentos de peso: Es para defender la forma de vivir (civilización) y la forma de pensar (cultura) de las democracias liberales, solidarias y universalistas, frente a otros estilos de democracias autoritarias, excluyentes y tradicionalistas, que hacen referencia a valores culturales de antiguos imperios y quieren dividir el mundo actual en áreas de influencia con soberanía limitada.

La SID de la UE es una necesidad ante aliados comerciales que son rivales sistémicos, porque coexistirán las leyes de paz y las leyes de guerra, en un mundo parcialmente globalizado, con frecuentes crisis que podrían derivar en conflictos armados. Recordemos que las leyes de paz prohíben matar, robar, mentir o destruir, pero no las de guerra. Y todo esto tenemos que explicarlo los profesionales a los políticos, y estos a nuestra sociedad, porque si los motivos de los cambios no se explican antes de dar las ordenes de ejecución, mucha gente podría pensar que es una ocurrencia o una imposición.

A modo de conclusiones

Lo primero es decir que una mala paz es siempre mejor que la mejor de las guerras, pero la humanidad no suele aprender de sus errores y hay que prevenir cualquier tipo de guerra y estar preparado para ganarla, porque si hay algo peor que padecer una guerra es perderla. Por ello es necesario que los técnicos en la materia, que son quienes menos la desean por conocerla bien, sepan ser didácticos para convencer a los políticos de que la inversión en defensa es una necesidad y no un gasto superfluo. Nadie duda de la necesidad de buenos hospitales, universidades, industrias e infraestructuras, pero de nada sirven si no se es capaz de evitar su destrucción.

Luego tener presente que la guerra se realiza en muchos espacios y desencadena frecuentes crisis que no llegan a estallar en conflicto armado, pero cuando sobreviene la violencia, y más entre grandes Estados, hay que tener unas fuerzas armadas eficaces para empleo inmediato, algo sin duda caro pero muy difícil de improvisar. En tiempos de paz prima la eficiencia en la creación y mantenimiento de la Defensa y Seguridad, pero en tiempos de guerra prima la eficacia.

Lo tercero es que España, y la UE en su conjunto, necesita tener unas Fuerzas Armadas eficaces, potentes, alistadas, suficientes, modernas, y competentes. Para ello es necesario tener una inversión en defensa adecuada y un presupuesto a medio y largo plazo que no dependan de los vaivenes políticos. No se puede dar por descontado que habrá paz. Hay que defenderla, si es posible con acción política y geopolítica, pero siempre respaldadas por unas fuerzas armadas empleables, llegado el caso.

También hay que pensar y decidir cómo conseguirlo. Y hacerlo pronto. Si se es fuerte se puede elegir el futuro, y si no se es, hay que subordinarse al aliado más fuerte. Sin embargo, no vale el pensar que se puede depender eternamente de los Estados Unidos y demás aliados, ni que toda la capacidad de disuasión real de la UE dependa sólo de Francia. Además, no basta con que la capacidad de defensa de la UE sea poderosa, eficaz y creíble, también tiene que ser menor que la de Estados Unidos, principal socio de la alianza, para no parecer que se quiere entrar en la competición hegemónica.

En quinto lugar quisiera anotar que los militares deben opinar, aconsejar y ser oídos en el ámbito de sus competencias, pero las formas y los medios para hacer la guerra lo tienen que decidir los políticos. Y que España, como cada país de la UE, debe comenzar por alistar al máximo los medios que ya tiene, de forma inmediata, lo que supone tiempo y dinero en reparaciones, mantenimiento, adiestramiento y mentalización. Debe gastar e invertir de forma coordinada con los aliados en el seno de la OTAN lo suficiente para ponerse pronto al día en términos de mayor eficacia. Y deben ayudar a conseguir, desde ya, presupuestos conjuntos para una SID de la UE que permita ser una potencia en todos los ámbitos.

Lo sexto es pronosticar que el mundo seguirá globalizado aunque se polarice y aparezca un alineamiento de bloques entre democracias y dictaduras. La UE tiene motivos y medios para armarse y para enfrentar la defensa europea en la actual guerra multidimensional y versátil, ya que la guerra actual es ejercida por todos de forma continua y los intereses sólo son compartidos si existe un proyecto de futuro en común, que incluya a todos los espacios en donde se pueda crear riqueza, desde los espacios físicos al cognitivo y desde el cibernético al aeroespacial.

Lo séptimo es que la amenaza puede llegar por sorpresa desde cualquier sitio y de muchas maneras y, por ahora, no tenemos SID suficiente para decidir ni en nuestros propios asuntos. Hay que poner solución mientras se pueda y antes de caer en la irrelevancia. O peor aún, antes de ser destruidos. Para poder usar el lenguaje del poder hay que crearlo y solo es posible con capacidad económica, voluntad política y una sola voz.

Por último, añadir que todas las fuerzas de SID son necesarias, pero para tener pronto unas SID conjuntas de verdad, eficaces, versátiles, desplegables por el mundo y creíbles, es más rápido, fácil y eficiente que se dote, adiestre, conjunte y cuente con nuestra Armada y las de otros países de la UE, primero como nación, luego como OTAN y después como Union Europea.

El futuro por delante

Para terminar, quisiera recordar que el futuro siempre es incierto y también que toda crisis es a la vez un riesgo y una oportunidad. En la búsqueda y consecución de la soberanía alimenticia, la política agrícola de la UE se ha quedado antigua, de pronto, a causa de la escasez de cereales, aceites vegetales o piensos, provocada por esta guerra y por una cierta ingenuidad. También se muestran ilusorias algunas políticas relativas a la energía y a la SID. Todos son aspectos de nuestra soberanía. Hay que estar abiertos al mundo, pero también poder elegir a nuestros socios, incluida una Latinoamérica aun afectada negativamente por la Doctrina Monroe del siglo XIX, y no depender demasiado de nadie. Pero sin entrar en la competición por la hegemonía mundial. Nuestra defensa y la soberanía de cada uno de los países europeos está ligada al hecho de conseguir la soberanía de Europa. No un eslogan o una fantasía, es una necesidad vital y crucial. ¿Pero cómo se paga? Costará miles de millones de euros que requerirán el esfuerzo conjunto de toda la UE y soluciones de financiación comunes.

El problema no es sólo con Rusia, ahora, transitorio y en la frontera. Lo es para el futuro próximo de toda la Unión Europea en sus relaciones con el resto del mundo. Y no basta con tener ejércitos nacionales europeos más fuertes, también hay que integrar los esfuerzos para la finalidad común. Europa necesita un gobierno supranacional, conjunto y ágil en la toma de decisiones si quiere ser relevante en el concierto mundial, e incluso si quiere sobrevivir a la lucha por la hegemonía de las grandes potencias en el futuro inmediato. Para ello los profesionales de la SID y los grupos de pensamiento deben aportar tanta información breve, detallada y oportuna como sea posible.

Bibliografía

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Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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