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La logística militar rusa (1). Los pies de barro del gigante

https://global-strategy.org/la-logistica-militar-rusa-los-pies-de-barro-del-gigante/ La logística militar rusa (1). Los pies de barro del gigante 2022-03-08 18:54:27 Javier Mª Ruiz Arévalo Blog post Estudios de la Guerra Fuerzas militares Guerra Rusia - Ucrania Rusia

Sea el que sea el desenlace, la ofensiva rusa sobre Ucrania no se estudiará en el futuro como una brillante operación militar. La doctrina militar rusa prevé para estos casos una rápida ofensiva sobre la capital para decapitar al Estado. Una guerra de corta duración. El caso es que el avance ha sido mucho más lento y costoso de lo previsto, de forma que las fuerzas rusas no han logrado ese rápido colapso del estado y las fuerzas armadas ucranianas y se han visto empeñadas en unos combates para cuya prolongación no parecen estar preparados.

Existen varias razones que pueden explicar este fracaso relativo de Moscú: la infravaloración de las fuerzas ucranianas y de la voluntad de resistencia de los ucranianos en general pueden haber sido determinantes, pero hay otro factor que parece haber jugado un papel fundamental a la hora de retardar el avance de las fuerzas rusas: la Logística. Todas las informaciones disponibles parecen confirmar que la falta de recursos, fundamentalmente carburante y municiones, han obligado a muchas unidades a frenar su avance. También hay informaciones que hablan de falta de víveres en muchas unidades de vanguardia.

A pesar de la dificultad que plantea saber qué es lo que ha pasado exactamente, dada la maléfica combinación de falta de información veraz y exceso de información no contrastada, parece que es posible llegar a algunas conclusiones sobre qué ha fallado en la logística operativa rusa y el efecto que ha podido tener en el desarrollo de los primeros días de combates que, de haberse desarrollado según lo previsto, hubieran sido decisivos

Noviembre 2021 a febrero de 2022. La acumulación

Una ofensiva de las características de la acometida por Rusia requiere de una acumulación previa de fuerzas y recursos que permita afrontarla con garantías de éxito. De hecho, las características de esta acumulación de recursos es uno de los indicios que  permiten intuir la preparación de un ataque. Por ello, no es infrecuente que este proceso se enmascare bajo la apariencia de preparación de grandes maniobras militares, que justificarían una inusitada concentración de fuerzas. Pese a ello, hay indicios, precisamente en el campo de la logística, que permiten discernir si una fuerza se prepara para un ejercicio, o para combatir. Cuando a lo largo del mes de febrero Rusia comenzó a acumular cerca de la frontera de Ucrania recursos logísticos, además de fuerzas, empezó a resultar evidente que se preparaba para algo más que unas grandes maniobras. Uno no despliega hospitales de campaña, ni acumula grandes cantidades de carburante y munición, para unos simples ejercicios.

A partir del mes de noviembre de 2021, Rusia comenzó una maniobra logística de gran envergadura, que le permitió acumular en tres meses y medio cerca de 200.000 hombres, un 75% de sus unidades de combate, en un arco alrededor de Ucrania, incluyendo Bielorrusia y los territorios ucranianos ocupados. Estas unidades fueron organizándose en zonas de estacionamiento en modo claramente táctico. En enero, el despliegue se extiende a Bielorrusia, bajo el pretexto de realizar ejercicio tácticos combinados.

Semejante operación fue posible gracias a la potente red de ferrocarriles de la que dispone Rusia, la 3ª del mundo en extensión. El tamaño, la dispersión de la población y la deficiente red de carreteras, hacen que el ferrocarril tenga un peso enorme en el sistema de transporte ruso, tanto civil, como militar. Este sistema ferroviario está en gran medida en manos del estado. Prueba de ello es que, de las 21.000 locomotoras existentes en Rusia, 20.000 son de propiedad estatal.

No es de extrañar que el sistema logístico ruso descanse en gran medida en el ferrocarril, que fue el que permitió la ingente acumulación realizada en los meses previos a la invasión. Sin embargo, el tránsito de estos movimientos operacionales, a la fase táctica, vino a poner de manifiesto las debilidades del sistema. Cuando la logística rusa dejó atrás el apoyo del ferrocarril y tuvo que basarse en el transporte por carrera, es decir, en los camiones, mostró las grandes carencias del sistema logístico ruso. Simplificando el problema: el ejército ruso carecía de suficientes camiones para sostener el avance de sus fuerzas. El ferrocarril permitió acercar los recursos hasta las zonas de estacionamiento; a partir de ahí, no había medios suficientes para moverlos a vanguardia al ritmo y en el volumen requeridos.

Febrero de 2022. La invasión

En el momento en que se inicia la invasión, las imágenes obtenidas por satélite permiten confirmar la ejecución de lo que parece un plan logístico perfectamente diseñado. Hospitales de campaña preparados para recibir bajas junto a largas columnas de suministros saliendo desde los centros logísticos hacia las unidades empeñadas en territorio ucraniano. Sin embargo, a pesar de la infraestructura logística cuidadosamente construida alrededor de Ucrania, para las unidades empeñadas las cosas no parecían responder a lo previsto. Al amanecer del segundo día de combate, las fuerzas rusas se acercaban a Kiev, pero no habían conseguido el domino del espacio aéreo y la resistencia en tierra era muy superior a la esperada.

El tercer día de la ofensiva, las imágenes que circulaban por las redes mostraban una situación muy diferente a la pronosticada: carros abandonados en las carreteras por falta de carburante, soldados buscando comida en los comercios de la zona, columnas desorientadas pidiendo indicaciones a los ciudadanos ucranianos, aparentemente inconscientes de que eran considerados enemigos. Las fuerzas rusas iban acercándose a los núcleos urbanos, principal objetivo de su avance, mostrando un asombroso nivel de descoordinación. El precio a pagar por olvidarse de que, en palabras del General Pershing, “la Infantería gana batallas, pero las guerras las gana la logística”.

Ucrania, por su parte, mostró más sensibilidad frente a los aspectos logísticos de las operaciones. Conscientes de la situación de las fuerzas rusas, las redes sociales, a través de las cuales se coordinaba la resistencia ucraniana, animaron a atacar el punto más débil y sensible del despliegue ruso: las cisternas que transportan el carburante hasta las unidades de combate. Conscientes de la menor protección de estos vehículos y del efecto que tendría su destrucción, se animó a centrar el esfuerzo en destruir tantas cisternas como fuera posible. Un simple fusil, o un Cóctel Molotov son suficientes para ello. Cuando los rusos empezaron a utilizar camiones convencionales para el transporte de carburante, la información fue rápidamente difundida, haciendo que la resistencia cambiara su objetivo. Con la misma finalidad, las fuerzas ucranias destruyeron dos puentes sobre el Dniéper, fundamentales para el sostenimiento de las unidades que amenazaban Kiev. En todo el país se siguieron tácticas similares y, además, se destruyeron todos los enlaces ferroviarios fronterizos con Rusia y Bielorrusia que podían haber permitido a los trenes rusos penetrar en Ucrania.

Otro dato a tener en cuenta es que los rusos, desconocedores del terreno en que se movían, en la mayoría de los casos no contaban con medios de navegación satélite, teniendo que orientarse mediante mapas. Sabedores de ello, la resistencia procedió a eliminar las señales indicadoras en carreteras y ciudades, a cegarlas con mensajes insultantes para los rusos o, en una actuación digna del mejor Gila, modificarlas para desorientar a los invasores, logrando así aumentar aún más la descoordinación del avance ruso. También jugaron su parte en esta campaña de desorientación entusiastas radioaficionados que fueron capaces de interferir las comunicaciones rusas, totalmente analógicas, obteniendo información, interfiriéndolas y, en los casos más creativos, emitiendo música en los canales empleados por las fuerzas rusas. Activistas como Anonymous se dedicaron a difundir en las redes información actualizada de los canales empleados por las fuerzas rusas.

Los pies de barro del gigante ruso

En realidad, las carencias logísticas del ejército ruso no han sido una sorpresa para los analistas de la materia. En palabras de Calvo Albero, anteriores al inicio de la invasión, “Un ejército ruso suele ser un erizo de armas imponentes en primera línea y un muestrario de cómo no se gestiona la logística en retaguardia”. De hecho, la ineficacia del sistema logístico ha sido una constante en las campañas rusas desde hace años. La logística rusa, inflexible y poco dotada de medios, ha sido tradicionalmente un lastre para las unidades de combate.

Gracias a su vasta red de ferrocarril, el ejército ruso tiene una enorme capacidad de movilización doméstica. Las unidades de ferrocarriles cuentan con 30.000 efectivos responsables de la explotación y mantenimiento de la red para usos militares, lo que demuestra la importancia que el ferrocarril tiene en el planeamiento militar ruso. Sin embargo, esta dependencia del ferrocarril se convierte en una debilidad cuando se trata operar fuera de sus fronteras. En este escenario, sus capacidades pueden calificarse de mediocres. En el momento en que las fuerzas rusas dejaron atrás su territorio y se adentraron en Ucrania, dejaron de apoyarse en el ferrocarril para depender de sus camiones y, sencillamente, no tenían suficientes para sostener el esfuerzo requerido.

Cada ejército de armas combinadas ruso, la mayor organización operativa, cuenta con una brigada logística, con unos 1.000 efectivos, 400 vehículos de transporte y capacidad para casi 2.000 toneladas de carga, unas cantidades manifiestamente insuficientes para una fuerza de esa entidad. Puede estimarse que, con este apoyo, las unidades rusas pueden combatir a un máximo de 150 Km de sus centros logísticos. En este caso, de las terminales ferroviarias en territorio ruso o bielorruso. Y esta distancia se estima suponiendo una velocidad media de 70 Km/h, lo cual es manifiestamente optimista en un escenario de combate, en el que la seguridad de las rutas no está garantizada, como ocurría en este caso. Además, una campaña tan centrada en el empleo de la artillería requiere un flujo de recursos superior al normal. El amplio uso de la Artillería que se hizo en los primeros momentos de la invasión supuso que las brigadas logísticas vieran empeñada la práctica totalidad de sus medios en el transporte de munición hasta los asentamientos. Piénsese que cada lanzacohetes necesita un camión dedicado al transporte de su munición.

Todo parece indicar que los planes rusos se basaban en un rápido colapso de las defensas ucranianas. Una campaña relámpago suponía que las unidades rusas podían confiar en la autonomía que les proporcionaban sus propios recursos; los 3/5 días durante los que pueden combatir sin necesidad de apoyo logístico. Superado ese umbral, se hizo necesario reabastecer a las unidades que, de hecho, estaban lejos de alcanzar sus objetivos.

Los ejércitos occidentales, en general, se apoyan en una logística mucho más robusta. En general, se basan en una logística a demanda, de forma que son las necesidades reales, manifestadas por las unidades consumidoras, las que determinan el flujo de recursos. No es este el caso de la logística rusa, en la que son decisiones de mando previas las que determinan ese flujo y la prioridad que debe asignarse a unidades y recursos. Estas decisiones son difíciles de modificar durante la ejecución, para adaptarlas a la situación táctica. En el caso de Ucrania, cabe pensar que el planeamiento se priorizó el envío de munición sobre otros recursos. En un contexto de limitaciones logísticas persistentes, es posiblemente una opción acertada, aunque no cabe duda de que menos efectiva que el sistema occidental, mucho más flexible, lo que le permite adaptarse a la evolución real de la situación.

Llegar es el 70% de la batalla

El sistema logístico ruso esta muy bien preparado para sostener una zona de combate durante un tiempo prolongado. Las unidades de oleoductos, por ejemplo, pueden construir rápidamente redes que hagan llegar el carburante hasta las inmediaciones del frente, sin necesidad de recurrir a grandes convoyes de suministro. Las unidades de ferrocarriles pueden hacer lo mismo con la infraestructura ferroviaria, construyendo o reparando la existente para sostener un conflicto u ocupación de larga duración. Además, tiene la capacidad de movilizar todas las capacidades de los sectores público y privado en beneficio de las operaciones militares.

A pesar de estas posibilidades, los primeros días de la ofensiva rusa han demostrado una clara debilidad de su sistema logístico. Mientras EEUU es capaz de proyectar su poder militar a cualquier rincón del mundo, gracias a su capacidad de transporte estratégico y a la existencia de bases diseminadas por todo el mundo, Rusia ha sido incapaz de sostener adecuadamente su esfuerzo militar apenas unos kilómetros más allá de sus fronteras. Como decía el Teniente General británico Michael Jakson, “Llegar es el 70% de la batalla”. Esta sentencia se formuló pensando en escenarios como Las Malvinas o Afganistán; para Rusia, apenas unos pocos kilómetros han demostrado construir un reto difícil de superar. Se trata de una evidente debilidad que tendrán que tener en cuenta sus adversarios.

Lo realmente lamentable, es que esa incapacidad a la hora de llevar a cabo sus planes de una forma rápida ha llevado a las fuerzas rusas a emplear armas y técnicas que provocan mayores niveles de destrucción y de bajas entre la población civil. Los errores de planificación los han acabado pagando los soldados rusos y ucranianos y, sobre todo, la población civil.

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