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La segunda batalla de El Alamein: conclusiones

https://global-strategy.org/la-segunda-batalla-de-el-alamein-conclusiones/ La segunda batalla de El Alamein: conclusiones 2021-10-13 12:47:05 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
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La segunda batalla de El Alamein supuso un cambio importante en el desarrollo de la guerra en el desierto. Por un lado, los británicos renunciaron a sus intentos de emular a los alemanes en su competencia en guerra móvil, y plantearon una batalla estática, basada en la fortificación, los obstáculos y los fuegos. En realidad, mientras que los italoalemanes emplearon casi todas las tropas disponibles, los birtánicos apenas empeñaron una fracción de ellas: la renuencia de Montgomery a emplear sus Brigadas Acorazadas en acciones ofensivas y su decisión de retirar a las Brigadas de Infantería sus medios de transporte hicieron que el Panzerarmee pudiera retirarse con relativa seguridad, pese a los constantes ataques aéreos y a los tímidos intentos británicos de cerrar las brechas en sus campos de minas. En ese sentido, Montgomery se limitó a plantear una batalla defensiva, sin tener prevista y planeada una explotación del éxito de su defensa.

En la difícil situación del Panzerarmee entre el 2 y el 7 de septiembre, un contraataque de las numerosas Brigadas Acorazadas disponibles en el 8º Ejército podría haber supuesto la completa derrota del Panzerarmee. Sin embargo, esta maniobra fue expresamente prohibida por Montgomery. En la práctica, Montgomery se aseguró de que el 8º Ejército no cometiese ningún error crucial que pudiera costarle la victoria. La falta de combustible del Panzerarmee y la superioridad aérea alcanzada por la Desert Air Force fueron suficientes para decantar el resultado de la batalla del lado británico. Las pérdidas fueron similares: los británicos perdieron 67 carros y 15 cañones contracarro, y tuvieron 1750 bajas, mientras que los italoalemanes perdieron 49 carros, 55 cañones y 1859 bajas alemanas y 1051 italianas. Sin embargo, los italoalemanes perdieron gran cantidad de vehículos de transporte, lo que reducía enormemente su capacidad de maniobra, más aún después de ser reforzado con dos grandes unidades casi completamente desprovstas de vehículos (la 164ª División de Infantería y la Brigada Paracaidista Ramcke).

Por parte de Rommel, la razón principal del fracaso estribó en la falta de combustible. En sus memorias, Rommel culpa de esta falta a la ineficacia de los italianos, pero, en realidad, el competente Estado Mayor del Panzerarmee era consciente desde el principio de la campaña de las enormes limitaciones de los medios logísticos disponibles: los puertos disponibles tenían capacidades reducidas, y la distancia al campo de batalla hacía necesario disponer de miles de camiones que, a su vez, consumían cantidades enormes de combustible. No siquiera el uso de miles de vehículos británicos capturados (en el verano de 1942, el 85% de la capacidad de transporte del Panzerarmee se basaba en el empleo de camiones británicos) permitía asegurar el transporte de abastecimientos desde los lejanos puertos de Trípoli o Bengasi. Es decir, independientemente de las dificultades que pudieran presentar los italianos, los problemas logísticos del Panzerarmee eran inevitables y conocidos por Rommel y por su Estado Mayor. Sin embargo, Rommel no tuvo en cuenta esos cálculos logísticos y aceptó, de manera muy voluntarista, las promesas de abastecimiento de Comando Supremo italiano y del Mariscal Kesselring.

La pérdida de capacidad de transporte del Panzerarmee tenía implicaciones más profundas de lo aparente: recordemos que la práctica habitual de Rommel tras un fracaso importante había consistido en retirarse hacia Libia para acortar sus líneas de comunicaciones y reconstituir sus fuerzas. La pérdida de los camiones implicaba que esa rápida retirada hacia Libia no era posible sin abandonar a la casi totalidad de la Infantería, y, con ella, una parte imprescindible de la capacidad de combate del Panzerarmee. Además de ello, sin camiones, Rommel no podía equipar a las tropas alemanas recién llegadas con cañones de algún tipo (como los 76,2 mm. rusos que equipaban a la Infantería de la 90ª División Ligera o los muchos 25-pounder capturados disponibles), lo que dejaba a su Infantería sin movilidad y sin capacidad de defensa contracarro. En cualquier caso, la situación del Panzerarmee seguía siendo crítica: su línea de abastecimiento seguía siendo igual de larga que antes de la batalla, las fuerzas británicas en Malta eran cada vez más eficaces, al tiempo que la marina mercante italiana era cada vez reducida. Por otro lado, la situación en el aire era progresivamente más desfavorable para los italoalemanes, lo que aumentaba la presión sobre los convoyes logísticos del Eje, impedía concentrar a las tropas, reducía enormemente la eficacia del reconocimiento (y del conjunto del sistema de Inteligencia). Y, sobre todo, las capacidades del 8º Ejército no cesaban de incrementarse, al compás de la creciente llegada de material norteamericano.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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