Global Strategy Report, 17/22
Resumen: El presente report tiene como objetivo examinar el proceso de transformación del movimiento huzi en Yemen debido a sus relaciones cada vez más estrechas con el denominado “eje de resistencia”, en particular Irán y Hezbollah. Con base en el desarrollo hasta el momento, y teniendo en cuenta los plausibles escenarios futuros, es probable que los huzíes evolucionen hacia una organización con características similares a las de Hezbollah. Esto se refiere tanto a sus capacidades organizativas, políticas, ideológicas y militares como también a su rol en un hipotético Yemen post guerra civil.
Para citar como referencia: López Fleming, Adrián (2022), «Los huzíes: ¿El próximo Hezbollah?», Global Strategy Report, No 17/2022.
Introducción
La Guerra Civil en Yemen, que enfrenta principalmente al Movimiento huzi y los partidarios del Gobierno internacionalmente reconocido y apoyado por Arabia Saudí, ha merecido poca atención desde sus comienzos en 2014. A pesar de ello, ha cobrado cada vez más importancia para los dos jugadores geoestratégicos con interés en el desarrollo y desenlace del conflicto: Irán y Arabia Saudí. Los iraníes, que hasta 2014 habían tomado un interés menor en el movimiento huzi, a pesar de su evidente capacidad de movilización y disrupción del status quo en el Yemen, han aumentado con el paso de los años sus envíos de armamento, misiones de entrenamiento, y finalmente apoyo político e ideológico (Krieg & Rickli, 2019: 181). Paralelamente, y como respuesta recíproca al apoyo iraní, los saudíes han iniciado una guerra contra el movimiento huzi que parecen ser incapaces de ganar decisivamente (Darwich, 2018; France-Presse, 2015). De hecho, a pesar de las gravísimas consecuencias económicas y humanitarias, los huzíes han aumentado su capacidad política y militar desde el inicio del conflicto, y siguen controlando gran parte de las ciudades más importantes del país. Algunos analistas describen a los huzíes como un proxy de Irán o Hezbollah, aunque la realidad es algo más compleja (Bou Serhal, 2022; Johnston et. al., 2020). De hecho, lo que empezó siendo un movimiento relativamente autónomo de las coordenadas de la revolución islámica iraní, cada vez se alinea más con la geoestrategia regional iraní. Aunque la situación podría cambiar rápidamente, parece ser que la relación con Irán, y particularmente su aliado Hezbollah para los huzíes se está tornando más que en una relación transaccional típica de las relaciones tipo proxy, en una relación transformacional que le lleva por el camino de convertirse en la nueva “franquicia” de Hezbollah en Yemen.
Los huzíes en la geoestrategia Iraní
Es imposible entender la geoestrategia iraní sin entender primero al hecho de que el liderazgo de Irán considera que los intereses nacionales y los intereses de la revolución islámica no son solo complementarios, sino idénticos e inseparables (Krieg & Rickli, 2019: 174). Algunos autores han identificado intereses divergentes entre, por ejemplo, la seguridad del régimen, entendido como el establishment religioso-político, y la seguridad del Estado entendida en sentido amplio (Hadian, 2003). Esta divergencia de intereses no es una visión que comparten, por razones obvias, las élites políticas, ideológicas o militares de Irán. La dualidad de intereses entre el hecho de ser un líder revolucionario entre movimientos y Estados islámicos por una parte y un Estado bajo la amenaza constante extranjera identificada por autores externos a Irán está generalmente ausente en el pensamiento estratégico iraní. De hecho, la expansión de la revolución islámica forma una primera línea de defensa ante amenazas externas, manteniendo a sus oponentes ocupados con conflictos lejos de las fronteras de Irán como parte de su ‘defensa mosáico’ (defah-e mozaik) (Ajili & Rouhi, 2019, p.148). Es decir, la geoestrategia de Irán como Estado y la geoestrategia de la revolución islámica son únicas e inseparables. Eso no quiere decir que Irán se lance a aventuras expedicionarias erráticamente, ya que debe primero asegurar que su apoyo, que bebe de recursos muy limitados, tiene un suficiente rendimiento respecto a su inversión. Para ello, debe hacer un escrutinio de las capacidades de desarrollo de sus proxies a través de sus redes de inteligencia y la propia demostración de la capacidad de desarrollo del prospectivo proxy en cuestión (Tabatabai et. al., 2021). En este caso, vemos como los huzíes han pasado de ser uno de muchos posibles proxies en el Yemen a ser uno de los socios principales de la revolución islámica.
Los huzíes son un movimiento islamista cuya base social es fundamentalmente las tribus del norte de Yemen, en particular la tribu huzi, de la cual deriva el nombre del fundador y del movimiento. Pertenecen en su inmensa mayoría a la rama del islam chiita Zaidí, cuyos fieles se encuentran casi exclusivamente en territorio yemení. Esto les sitúa doctrinalmente más cerca de Irán que un grupo sunita, pero ciertamente existen algunas diferencias de interpretación, en particular en el desarrollo doctrinal y su posterior influencia sobre la doctrina islamista. Los Zaidíes defienden que los líderes de la Umma (comunidad islámica) deben ser preferencialmente fatimíes, es decir descendientes de Fatimah, la única hija que tuvo descendencia del profeta Mahoma, lo cual ha tenido influencia en el desarrollo de sus posiciones políticas (Haider, 2010). Autoridades Yemeníes como el Dr. Abdulmalik al-Mikhlafi, consejero del antiguo presidente y antiguo ministro de relaciones exteriores, han acusado a los huzíes de querer restablecer el imamato existente en el siglo XIX y XX en el norte de Yemen (al-Mikhlafi, 2020), aunque públicamente han defendido una república no sectaria de todo el Yemen, parecen mantener una estructura paralela de poder a las instituciones formales seculares en las que se privilegia la posición de los saada, también conocidos como Hashemitas, descendientes de Mahoma (Brehony, 2020, p.513) (ACAPS, 2020). Es una posición que se parece notablemente a la de Hezbollah, que aboga por la eliminación del sistema sectareo en el líbano, a pesar de implementar un sistema islamista en las zonas que controla. No es de sorprender, ya que, como veremos, Hezbollah ha sido uno de los principales apoyos políticos e ideológicos de los huzíes. Los Zaidíes, a pesar de encontrarse actualmente en una fuerte posición respecto a otros grupos religiosos en el Yemen, de los cuales el 70-75% son sunitas, no pueden aspirar a gobernar todo el territorio en solitario, ya que representan menos de un tercio de la población. Situación similar a la que se encuentra Hezbollah: a pesar de tener unas fuerzas armadas que en muchos aspectos superan a las fuerzas armadas del estado libanés, entienden que intentar imponer sobre el resto de la población un modelo de gobierno de república islámica sería imposible o al menos generaría fricciones difíciles de manejar en un marco explícitamente islámico (Hezbollah, 2009: 6-7).
En sus primeros años como movimiento, los huzíes gozaron de un apoyo modesto de Irán, que consistió en unos pocos millones de dólares y armas ligeras. De hecho, durante los años precedentes a la guerra civil, Irán exploró a otros actores en el Yemen como posibles proxies, solo privilegiando a los huzíes cuando demostraron su capacidad y afinidad con la revolución islámica (Juneau, 2021). Esto refleja la cautela de Irán como líder revolucionario: sólo aquellos grupos que demuestren capacidad de desarrollo político, militar e ideológico, esto último en particular con sus posicionamientos antioccidentales, antisionistas, o a favor de la revolución islámica, recibirán cada vez más apoyo multifacético de Irán. Para los huzíes, es solo en el contexto de la primavera árabe, también llamada el Despertar Islámico por los iraníes (Mir-Hosseini, 2012) y en el inicio de la guerra civil cuando se van posicionando como el proxy o socio predilecto de los iraníes en Yemen. De hecho, inicialmente los iraníes habían considerado otros posibles proxies o socios en Yemen, tales como el Consejo de Transición del Sur, un grupo nacionalista de Yemen del Sur (Shalev, 2020). Aun así, los contactos ya establecidos con el movimiento huzi y el desarrollo durante los años posteriores a la primavera árabe inclinaron la balanza a favor del apoyo iraní a los huzíes (Johnston, 2020) (Golkar & Aarabi, 2021). La guerra, lejos de infligir daños significativos sobre las fuerzas de los rebeldes zaidíes, aumentó sus capacidades políticas y militares, aunque desde el inicio del conflicto han tenido serios problemas para expandir su control fuera de las zonas tradicionales zaidíes. En zonas de mayoría sunita o contra minorías religiosas como judíos o baha’i (US Department of State, 2022), han recurrido a métodos significativamente más autoritarios que los que han usado para mantener el control en sus feudos tradicionales, lo que podría explicar su interés en algún tipo de acuerdo de paz que, o bien les incluyera como un actor preponderante conjuntamente con otros en el gobierno de Yemen, o bien dejara sus capacidades políticas y militares intactas, tal como establecen las relaciones actuales tanto legales como alegales del Estado libanés con Hezbollah (Khatib, 2021).
La intervención Saudí en la guerra civil de Yemen, que se esperaba por parte de los Saudíes como una rápida operación de pacificación, ha tenido consecuencias generalmente positivas para los huzíes, por paradójico que parezca. Tanto es así que la intervención Saudí, el principal rival ideológico y político de Irán en Arabia, motivó a Irán a aumentar significativamente los envíos de armamento, aun manteniendo una cierta distancia diplomática de los huzíes (Tabatai et. al., 2021). En particular, los iraníes han proporcionado múltiples sistemas de armas[1] cuya finalidad es atacar territorio saudí directamente, incluyendo la capital Riyadh. Significativamente, los misiles y drones que Irán ha proporcionado al movimiento huzi les permite atacar buques (militares o civiles) que pasen por el mar rojo y cerca del estrecho Bab-el-Mandeb, por el que pasan los buques destinados al mediterraneo a través del canal de Suez. Es dudoso, por eso, que los huzíes dispongan de suficientes misiles y drones (incluyendo drones marinos rudimentarios) para efectivamente bloquear el estrecho, aunque ya han demostrado la capacidad de atacar buques que se encuentren cerca de la costa (Barakat, 2019). Pero es la ayuda autónoma de Hezbollah, lejos de estar mandatada por Irán, lo que está transformando profundamente a los huzíes. Hezbollah, como puede esperarse de un actor no estatal, no tiene las mismas restricciones de actuación (o “no debe acatar los mismos protocolos de actuación”) que Irán, y pudo permitirse políticamente un apoyo público y constante desde el inicio de la contienda. En particular, el apoyo de Hezbollah se ha materializado en un canal de Televisión modelado en el influyente canal libanés Al-Manar, que sirve como un instrumento de propaganda especialmente efectivo en manos de los experimentados editores de Hezbollah, que presentan imágenes de batallas en las que los combatientes huzíes salen victoriosos al ritmo de música emocionante (Weimann, 2008). Por otra parte, las tropas de la coalición saudita se presentan inequívocamente como “Las Fuerzas de la Agresión”, y la web oficial del canal de televisión mantiene una sección permanente titulada “Los Crímenes de la Agresión”[2]. Los huzíes, aprendiendo de Hezbollah, entienden que la victoria contra un enemigo tecnológica y materialmente superior solo es posible reduciendo su moral hasta que se vea forzado a retirarse[3]. El arma mediática, en consecuencia, es particularmente importante para presionar a los aliados de Arabia Saudí, así como reducir su tolerancia a las bajas y por tanto su efectividad en combate.
Por su lado, Hezbollah ha proporcionado apoyo en lo que se refiere a crear una “Sociedad de Resistencia” (Nilsson, 2020) que integra aspectos sociales, militares, políticos, ideológicos y económicos para forjar una sociedad con una tolerancia a las bajas y al sufrimiento generalizado muy alto (Flanigan & Abdel‐Samad, 2009). El resultado de ello es el hecho de que los huzíes han podido resistir la embestida de los saudíes, una potencia militar vecina y cuyo gasto en defensa es el octavo más alto del mundo y el quinto per cápita, durante los últimos siete años. Los huzíes han implementado gran parte de las técnicas de control y movilización social desarrolladas por Hezbollah desde los años 80. Estas técnicas incluyen, aunque aún de forma incipiente, la provisión de servicios públicos tales como salud o educación a través de ONGs vinculadas a Hezbollah o a los huzíes, así como la financiación y apoyo de Irán y Hezbollah para el incremento de la presencia mediática de los huzíes (Levitt, 2021). En este caso, el uso de la educación como herramienta de instrucción es particularmente notable y refleja el acercamiento de los huzíes a las coordenadas de la revolución islámica. Un reportaje de IMPACT-se sobre los materiales educativos usados en territorio huzi, por ejemplo, incluye un intercambio imaginario entre un niño yemení e iraní en el que el iraní alaba la revolución iraní por derrocar al Shah (un “agente de américa”) y construir un Irán fuerte (Shalev, 2021: 27).
De esta forma, las relaciones entre Hezbollah y los huzíes, a pesar de tener algunos rasgos de la tradicional relación proxy-agent, también se están transformando en una relación más similar a la de un aliado o un miembro de una coalición. Y es que, a la par que el apoyo de Hezbollah aumenta las capacidades de los huzíes para enfrentar un enemigo muchas veces superior tecnológica y militarmente, también “hezbolliza” a los huzíes. A pesar de significativas diferencias ideológicas, doctrinales, culturales y demás variables de contexto, la cercanía tanto organizativa como ideológica entre los dos grupos, la revolución islámica liderada por Irán por una parte y los huzíes por otra, es cada vez mayor. Este proceso es un esfuerzo consciente por parte de Hezbollah e Irán, ya que forma parte de su geoestrategia. Irán, si puede evitarlo, no quiere simples proxies, sino aliados relativamente autónomos que no están controlados por incentivos materiales como la promesa de recursos financieros o equipamiento militar, sino por compartir un objetivo común e interiorizar el liderazgo moral, espiritual, y finalmente político de los clérigos radicales iraníes. Existen fuertes evidencias de este fenómeno que veremos a continuación.
Figura 1
Un hombre sostiene un poster del líder de Hezbollah Hassan Nasrallah y el líder huzí Abdul-Mali al-huzi durante una celebración de los huzíes del día del nacimiento del profeta Mahoma
En primer lugar, podemos nombrar el aumento de propaganda pro-iraní en las calles de Sana’a y en las comunicaciones oficiales de los huzíes y los Iraníes, donde cada vez más aparecen referencias explícitas a su complicidad y objetivo común. También han aparecido escuelas privadas en cuyo programa están presentes enseñanzas afines al CGRI (Abdullah al-Tamimi, 2020). Aun así, los huzíes siguen referenciando preferencialmente su revolución nacional-islámica por encima de la revolución panislámica, aunque los materiales propagandísticos dirigidos a la educación ideológica establecen un cierto hilo o espíritu común entre ambas revoluciones, salvando brechas religiosas y culturales (Shalev, 2021) (Levitt, 2021). Muestra de ello son los cientos de cuadros futuros del movimiento huzi siendo formados en universidades iraníes como la Universidad Internacional Al-Mustafa (Golkar & Aarabi, 2021, p.45).
En segundo lugar, la participación cada vez mayor de las Fuerzas Quds, el brazo militar exterior de la revolución islámica, dentro del Yemen: Lo que comenzó como una misión secundaria en comparación con Líbano, Irak o incluso Afganistán, (Golkar & Aarabi, 2021: 46) ahora se ha convertido en un eje de actuación de las fuerzas de élite de los CGRI a un nivel similar que otros escenarios, con excepción del Líbano (Johnston et. al., 2020, pp. 106-113). Las Fuerzas Quds y Hezbollah tienen el origen común de la lucha contra la ocupación israelí del Sur del Líbano, y son destinados a las fuerzas aliadas de Irán para formarlas en guerra asimétrica, moralidad, e ideología. Este fuerte énfasis en los aspectos “morales” del guerrero permiten la coordinación de los elementos afines a Irán sin una necesidad explícita de dirección por parte del liderazgo del CGRI y la República Islámica de Irán, lo cual a su vez permite a Irán negar su papel determinante en el conflicto y mantener una postura negociadora con Arabia Saudí u otros actores. Por otra parte, la educación ideológica en los principios de la revolución islámica, aparte de los efectos evidentes de acercar a los futuros combatientes a Irán y su revolución, permite la creación de una estructura autónoma piramidal de entrenamiento: las Fuerzas Quds no tienen que participar en el entrenamiento de todos los individuos combatientes, sino que se esfuerzan en crear cuadros político-militares que después podrán llevar sus conocimientos (tanto ideológicos como militares) a otros, multiplicando la capacidad de entrenamiento e influencia de las Fuerzas Quds (Krieg & Rickli, 2019: 182), que según la mayoría de estimaciones no tiene más de 5.000 miembros repartidos por todo Oriente Medio y el mundo (IISS, 2021: 339). En efecto, el objetivo sería en vez de subordinar la acción de los huzíes a la dirección de Irán, sería subordinarlos a los ideales encarnados en la revolución islámica (cuyo liderazgo es fundamentalmente iraní) y como paso previo al eje de resistencia, una coalición amorfa de actores (estatales y no estatales) revisionistas con respecto al status quo regional y/o mundial. Finalmente, el énfasis sobre los aspectos “morales” de la guerra asimétrica (las Fuerzas Quds emplean el término “resistencia”, que es muy ilustrativo) sirven para ayudar a los combatientes aliados a fundirse con la población en cuestión, un aspecto esencial de cualquier guerra de guerrillas.
El futuro de los huzíes
Hacer prospectiva es arriesgado en cualquier caso, pero la larga duración del conflicto en Yemen, así como las tendencias presentes nos presentan algunos escenarios probables. Podríamos identificar tres variables determinantes en cuanto a la situación militar, ideológica, y diplomática de los huzíes de cara al futuro. Según la combinación concreta de estas variables, nos encontraríamos en escenarios más o menos plausibles. Un escenario plausible es lo que podríamos denominar como una situación similar a la del Líbano: Los huzíes se mantienen en su territorio hasta ahora controlado y los saudíes son incapaces de derrotarles militarmente. Paralelamente, los huzíes son incapaces de transformar su movimiento político Zaidí en uno más generalmente islámico o incluso nacional. Por último, debido a la situación política y militar, el gobierno de Yemen internacionalmente reconocido se ve forzado a reconocer a los huzíes como un actor político legítimo. Es difícil imaginar, por eso, que en un acuerdo de paz los huzíes estuvieran dispuestos a dejar las armas a cambio de participar en un acuerdo de reparto de poder, en particular considerando la influencia que ejerce Hezbollah en el seno del movimiento. Por tanto, es probable que incluyeran una cláusula similar a la que tiene Hezbollah con el gobierno libanés, que reconoce a Hezbollah como una “organización de Resistencia”, lo cual a su vez legitima su organización militar. Este escenario es el más probable y más favorable para Irán, e implicaría un incremento sustancial del apoyo Iraní, ya que mantendría el carácter radical islámico de los huzíes, así como la susceptibilidad de reiniciar el conflicto con Arabia Saudí en cualquier momento. Adicionalmente, Yemen se podría usar como base para amenazar el comercio en el estrecho de Bab el Mandeb, al igual que ya se hace con el estrecho de Ormuz. Yemen permanecería en una situación de inestabilidad permanente, similar al Líbano o Irak, lo cual a su vez aumentaría la capacidad de influencia de Irán en el país.
Otro escenario plausible es un acuerdo de paz que incluya a los huzíes en un acuerdo de reparto de poder donde todas las partes se desarmaran progresivamente o se integrara a los huzíes en el nuevo ejército de Yemen. Esto implicaría, probablemente, una escisión en el seno del movimiento huzi entre radicales, partidarios de seguir con la lucha armada, y moderados, partidarios de participar en el gobierno. Debido a que esto disminuiría notablemente la capacidad de influencia de Hezbollah e Irán, es probable que estos dos actores saboteen cualquier intento de negociación que lleve a este escenario. Para ello, profundizarán en las relaciones políticas e ideológicas entre los huzíes, Hezbollah e Irán, así como seguirán provocando a los saudíes para continuar la guerra sin concesiones. Si consiguen que los huzíes se alineen plenamente con las coordenadas de la revolución islámica, así como hacer políticamente imposible para los saudíes retirarse de Yemen debido a la presencia de un aliado iraní en sus fronteras, mantendrán a Yemen en una situación de guerra civil de más o menos intensidad indefinidamente. Con una inversión por parte de Irán relativamente modesta, forzarían a Arabia Saudí a invertir recursos militares y capital político en una intervención militar sin perspectivas de éxito.
El último escenario, menos plausible por el momento pero que se podría tornar más probable dependiendo de la presión política interna y externa sobre la casa de Saúd, sería una retirada del apoyo militar Saudí al gobierno reconocido internacionalmente de Yemen, ya sea por desgaste político y/o militar o a cambio de un acuerdo con Irán. En este escenario, es probable un colapso del gobierno aliado de Arabia Saudí. Yemen pasaría a estar gobernado por defecto por los huzíes y los aliados locales que consiguieran cooptar, aunque ciertamente es improbable que consiguieran controlar efectivamente el territorio fuera de sus tierras tribales tradicionales. Muestra de ello es el recurso a métodos autoritarios y represivos para controlar a la población no Zaidí por parte de los huzíes. En este escenario, nos encontraríamos con un Estado yemení fallido o notablemente frágil, con probables insurgencias de grupos armados afines a nacionalistas sureños, milicias leales al antiguo gobierno, o grupos islamistas suníes afines a Al-Qaeda o ISIS. Si Irán quisiera mantener a los huzíes como un arma efectiva contra sus oponentes, tendría que invertir enormes recursos económicos en la reconstrucción de un país devastado por una guerra civil de casi una década, y es probable que los huzíes se centraran más en la reconstrucción y su control sobre el territorio yemení, que en la revolución islámica global y la estrategia geopolítica iraní.
De estos cuatro escenarios, los más favorables para Irán y Hezbollah (es decir, la ‘revolución islámica’) son el primero, una paz armada al estilo del Líbano, y el tercero, un status quo y una guerra civil alargada al infinito. El segundo, un acuerdo de paz integral, y el cuarto, una retirada saudí y el control de Yemen por parte de huzíes, son especialmente desfavorables para Irán y Hezbollah. Debido a la relativa facilidad de propiciar el primer o tercer escenario, así como la baja probabilidad, al menos por el momento, del segundo o cuarto escenario, es probable que Irán y Hezbollah puedan seguir manteniendo una posición acorde a su geoestrategia en Yemen. Ambos escenarios favorables implican una influencia cada vez mayor de Hezbollah e Irán en el movimiento huzi, debido al conflicto abierto con Arabia Saudí y la necesidad de apoyo de los huzíes para mantener la “resistencia”. De hecho, todo parece indicar que a la par que aumentan las capacidades militares y políticas de los huzíes, también aumenta la influencia y el control de Hezbollah e Irán sobre los huzíes (Johnston et. al., 2020, pp. 105-109).
Conclusión
Los elementos mencionados, incluyendo la influencia creciente de Hezbollah e Irán a nivel militar, político e ideológico en el movimiento huzi, así como los más plausibles escenarios futuros, apuntan a progresiva transformación del movimiento huzi hacia unas coordenadas más cercanas a movimientos de “resistencia” como Hezbollah en el Líbano o la organización Badr en Irak. Las muestras cada vez más públicas de afinidad, respeto y subordinación a los preceptos comunes de la revolución islámica, evidenciada por comunicados públicos de ambas partes, propaganda interna y modus operandi político y militar, indican que los huzíes están en camino de convertirse en los representantes de la revolución islámica en Yemen, con todas sus particularidades históricas, nacionales y doctrinales. A pesar de las diferencias doctrinales, Irán y Hezbollah han demostrado ser capaces de actuar en base a intereses políticos comunes, como su alianza con Hamas (un grupo islamista suní) contra Israel. Finalmente, los escenarios futuros más plausibles indican que los huzíes mantendrán su capacidad militar intacta, ya sea debido a un conflicto alargado indefinidamente o por un acuerdo de paz que reconozca su independencia militar similar a los escenarios libaneses e iraquíes. En estos escenarios, Irán y Hezbollah se benefician de un aliado con un fuerte apoyo local y que además tendría un interés político en enfrentarse con los oponentes de la revolución islámica liderada por Irán, principalmente Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Por tanto, a la par que aumenten las capacidades políticas y militares de los huzíes a través del apoyo de la “revolución islámica” y el “eje de resistencia”, cuyos actores principales son Irán y Hezbollah, aumentará la influencia de estos actores en el movimiento huzi. Todos estos elementos apuntan que, efectivamente, los huzíes podrían ser el próximo ‘Hezbollah’ de Yemen[4].
Referencias
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[1] Los sistemas de armas cuya finalidad sería o bien atacar suelo saudí o buques transitando el mar rojo a través de Bab-el-Mandeb incluyen “misiles guiados antitanque; minas marinas; drones aeros como los del tipo Qasef; cohetes Katyusha de 122-milímetros; Explosivos RDX; misiles balísticos y de crucero; y drones marinos.” (Jones et. al., 2021: 5)
[2] Ejemplos se pueden encontrar en la página web de noticias del gobierno huzi https://www.ansarollah.com y la de su canal de televisión https://www.masirahtv.net/
[3] Principios aplicados con éxito particularmente por Hezbollah en su guerra contra Israel en el Líbano entre 1985 y el año 2000, así como posteriormente por grupos afines como Hamas.
[4] Las consecuencias de un “Hezbollah” en las fronteras de Arabia Saudí serían ciertamente significativas, en particular para la geoestrategia Saudí y de los Emiratos Árabes Unidos. Aún así, ese análisis escapa a los objetivos de este report, y quedaría pendiente para un análisis futuro.
Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

