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Los planes de operaciones alemanes en la campaña de Francia (1)

https://global-strategy.org/planes-de-operaciones-alemanes-en-la-campana-de-francia-1/ Los planes de operaciones alemanes en la campaña de Francia (1) 2019-10-01 17:21:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
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Desde el punto de vista de los planes de operaciones para la ofensiva sobre Francia, la mayoría del generalato alemán resultó ser muy poco original. En realidad, el plan de operaciones propuesto era una nueva versión del famoso “Plan Schlieffen”, que ya había sido puesto en ejecución en 1914: una pinza sobre territorio belga para envolver el ala izquierda de los aliados.

Las únicas diferencias reales eran el uso de las Divisiones Panzer para abrir brechas en el frente francés (al estilo de las operaciones realizadas en Polonia pocos meses antes), el empleo de paracaidistas para ocupar puentes y cruces ferroviarios, y para destruir las fortificaciones belgas más importantes (como el famoso fuerte Eben Emael, que guarnecía el canal Albert) y la invasión de los Países Bajos (como contemplaba el plan original de Schlieffen) para obtener más rutas de avance a través del territorio belga. En realidad, el plan era mucho más modesto que el original, previéndose como un “mal menor” un resultado que terminase en la ocupación alemana de la costa belga y de parte del país.

El “Plan Schlieffen” buscaba envolver el ala izquierda del Ejército aliado. En esencia, se había intentado – sin éxito – en 1914

Para ejecutarlo, se preveía la organización de tres Grupos de Ejércitos, denominados, de Norte a Sur, Grupo de Ejércitos B, situado al Este de los Países Bajos, que sería el responsable de ejecutar el esfuerzo principal (el envolvimiento del ala norte franco-británica, a través de Bélgica y también de los Países Bajos), Grupo de Ejércitos A (situado en el centro de la línea, en el sector de frente comprendido por la frontera belga y luxemburguesa), cuya misión sería apoyar desde el sur al Grupo de Ejércitos B, atacando el flanco sur de las tropas aliadas en Bélgica, y Grupo de Ejércitos C, desplegado frente a la Línea Maginot, con el fin de evitar un posible ataque francés desde esa línea.

Este plan no convencía a todos los generales. El más crítico era el general Von Manstein, Jefe de Estado Mayor del Grupo de Ejércitos A. Dado que descartaba que se pudiera conseguir ningún tipo de sorpresa, Manstein pensaba que el resultado de la ejecución de ese plan sería el choque frontal del grueso del Ejército alemán contra el grueso del Ejército aliado, en un terreno favorable a la defensa (dada la gran cantidad de importantes vías fluviales transversales al eje de avance alemán). Por ello, Von Manstein estaba convencido de que la ejecución de este plan llevaría a un estancamiento como el de la PGM, pero sobre suelo belga o, en el mejor de los casos, sobre la línea de los ríos Somme-Aisne. Y este estancamiento implicaba, a largo plazo, la derrota alemana, como había ocurrido en 1914-18.

Von Manstein era partidario de un plan radicalmente diferente: el Grupo de Ejércitos B iniciaría el ataque a través de Bélgica y los Países Bajos, con el fin de hacer creer a los aliados que, como esperaban, los alemanes estaban repitiendo el “Plan Schlieffen”. Cuando se iniciase el ataque, Bélgica solicitaría auxilio a los aliados, que, para evitar que los alemanes alcanzasen suelo francés, desplegarían el grueso de sus fuerzas en territorio belga, tan a vanguardia como fuera posible, apoyándose en alguno de los cursos de agua que cruzaban Bélgica. El Grupo de Ejércitos A concentraría las Divisiones Panzer y Motorizadas, llevando el esfuerzo principal: cuando los aliados entrasen en suelo belga, avanzaría a través de las débilmente defendidas Ardenas, rompería el frente en Sedán y avanzaría hacia los pasos sobre los ríos Somme y Aisne y sobre el canal de la Mancha, con el fin de aislar al grueso de las fuerzas aliadas, que ya habrían desplegado en el Este de Bélgica. Para proteger el flanco izquierdo de las fuerzas que penetrarían en la retaguardia enemiga por Sedán, una vez cruzado el Mosa, se ejecutaría simultáneamente un ataque hacia el suroeste, mientras que el esfuerzo principal se dirigiría hacia los pasos sobre los ríos Somme y Aisne y hacia el canal de la Mancha. Este plan se denominó “corte de hoz”.

El plan de Manstein se encontró con una fuerte resistencia por parte del alto mando alemán: se estimaba que era excesivamente arriesgado. En efecto, el plan implicaba el cruce de miles de vehículos a lo largo de más de 150 km por la precaria red de carreteras de las Ardenas, bosque mjy denso y escarpado en el que era imposible salir de los pocos caminos existentes; en consecuencia, una fuerza muy pequeña podría detener a las largas columnas de carros alemanes, que quedarían inmóviles alineados en las carreteras, a merced de la Aviación o de la Artillería aliada. Incluso si esta fase tenía éxito, la configuración de la red viaria de las Ardenas (con seis carreteras principales de sentido Este-Oeste, que discurrían en paralelo, desembocando la situada más al Sur en Sedán y la más al Norte en Dinant, con una distancia entre los dos extremos de casi 100 km., y con muy pocas vías transversales que permitesen a las unidades cambiar su despliegue) hacía que solo pudieran avanzar simultáneamente seis Divisiones (una por ruta), y que, al final de ese avance, las Divisiones alemanas quedasen distribuidas en un frente de casi 100 km, lo que daba una muy pobre concentración de fuerzas (en la PGM, el frente asignado a una División en ataque era de unos 4 km.; en el plan de Manstein, esta distancia se multiplicaba por cuatro…).

En esta situación, las Divisiones móviles alemanas tendrían que tomar al asalto de la ciudad fortificada de Sedán y cruzar el río Mosa al paso por esa ciudad, y por las ciudades belagas de Monthermé y Dinant (las carreteras de las Ardenas llevaban inevitablemente a esas ciudades), en un terreno favorable a la defensa y con un frente fortificado y guarnecido por fuerzas francesas y belgas, las que se suponía una calidad muy superior a las polacas. Las Divisiones alemanas estaban equipadas y adiestradas para operaciones móviles, pero no para asaltar un frente fortificado guarnecido por tropas preparadas y dispuestas a defenderlo. Incluso si también tenían éxito allí, posteriormente, las vanguardias acorazadas tendrían que penetrar trescientos kilómetros en la retaguardia enemiga con sus flancos al descubierto, antes de llegar a las costas del canal de la Mancha… Demasiados riesgos. Más aún teniendo en cuenta que, si Alemania perdía sus Divisiones móviles, la guerra estaría irremisiblemente perdida. El propio jefe del Grupo de Ejércitos A, Von Rundstedt, descartó la idea de Manstein, como hizo igualmente el General Halder, jefe del Ejército alemán. Consecuentemente, los Estados Mayores alemanes continuaron trabajando sobre la opción de una repetición del “Plan Schlieffen”.

Sin embargo, dos factores inesperados alteraron el curso de los acontecimientos: el 10 de enero de 1940, un avión alemán se estrelló accidentalmente cerca de Mechelen (Bélgica). En él viajaba un oficial alemán que llevaba un mapa con el plan de ataque, que cayó en manos belgas. Por si quedaba alguna duda, ahora era evidente que la sorpresa en una segunda edición del “Plan Schlieffen” era imposible. De hecho, tras el incidente de Mechelen, los aliados obtuvieron permiso de los belgas para iniciar los reconocimientos previos al previsto despliegue de sus Ejércitos en territorio belga, movimientos que fueron detectados por los aviones de observación alemanes, y que confirmaban las predicciones de Manstein: el plan alemán llevaría al choque del esfuerzo principal alemán contra el grueso de los Ejércitos aliados, lo que llevaría a la temida parálisis de la maniobra, como en la PGM.

Quizá igual de relevante fue que Hitler estaba muy descontento con las ideas de su Estado Mayor: consideraba (no sin razón) que el plan carecía de originalidad y que tenía muy pocas garantías de obtener una victoria decisiva, lo que originaría un estancamiento como el de la PGM. Por razones casi totalmente fortuitas, Manstein tuvo la oportunidad de exponer sus ideas a Hitler: el “corte de hoz” de Manstein era justo lo que Hitler quería y su Estado Mayor no le daba, un plan osado y original que ofrecía la posibilidad de una victoria decisiva. Consecuentemente, Hitler comenzó a presionar al OKH de Halder en ese sentido. El propio Halder, tras el incidente de Mechelen, comenzó a valorar positivamente el plan de Manstein, que fue el que finalmente se aprobó. Halder era consciente de los riesgos, pero la desesperada situación estratégica alemana justificaba correr riesgos igualmente desesperados a nivel operacional. Pese a ello, y como “venganza institucional”, Manstein fue ascendido y enviado como jefe de un Cuerpo de Ejército en formación localizado en Pomerania, junto a Polonia, siendo relevado del puesto clave en la ejecución del plan que había concebido en contra de sus superiores.

Pese a su impulso político, la mayoría de los generales alemanes en puestos decisivos desconfiaban de la viabilidad del “corte de hoz”, comenzando por el jefe del Grupo de Ejércitos A, Von Rundstedt, quien estaba llamado a ser su principal ejecutor, y aún más escéptico era el sucesor de Von Manstein como Jefe de Estado Mayor del Grupo de Ejércitos A, Von Sodenstern. Estos generales no creían que las Divisiones Panzer fuesen capaces de romper las defensas francesas en Sedán, ni de cruzar el Mosa y pensaban que, incluso si lo consiguiesen, sufrirían tal desgaste que no podrían realizar ninguna explotación en la retaguardia enemiga.

En consecuencia, entendían que la ruptura de la línea defensiva deberían ejecutarla las Divisiones de Infantería a pie, atacando de forma similar a como se había hecho en la PGM, y que sólo después podrían penetrar en la retaguardia enemiga las Divisiones móviles alemanas. Esta variación del plan tenía muchos inconvenientes: cualquiera de los Ejércitos “de Infantería” del Grupo de Ejércitos A debería recorrer al menos 150 km desde su base de partida frente a Luxemburgo (zona de despliegue del 2º Ejército, el más próximo a Sedán) hasta el punto de ruptura planeado, lo que requería no menos de cinco días de marchas a pie. La acumulación de municiones para proporcionar el apoyo artillero necesario para la ruptura en Sedán implicaba que las escasas carreteras de las Ardenas estarían ocupadas por la logística del 2º Ejército, impidiendo su uso por parte de las Divisiones móviles hasta que consiguieran despejarlas, lo que llevaría varios días. En consecuencia, el plan preferido por Von Rundstedt implicaba dar a los aliados casi diez días para reaccionar a la amenaza sobre su flanco derecho, lo que hacía casi imposible una explotación con éxito hasta el Somme o, aún menos, hasta el Canal de la Mancha, excepto en el improbable caso de que los aliados fueran absolutamente incompetentes.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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