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Post-Yugoslavia y Unión Europea. El impacto de la guerra de Ucrania

https://global-strategy.org/post-yugoslavia-y-union-europea-el-impacto-de-la-guerra-de-ucrania/ Post-Yugoslavia y Unión Europea. El impacto de la guerra de Ucrania 2022-03-14 17:33:14 José-Miguel Palacios Blog post Estudios Globales Europa Guerra Rusia - Ucrania

“… every nation has its own unique national features, history, culture, social system and level of social and economic development”. Russia-China Joint Statement
(4 de febrero de 2022)[i]

Dejan Jović es uno de los más brillantes politólogos croatas de nuestros días[ii]. Es, además, uno de los pocos intelectuales de la antigua Yugoslavia cuyo trabajo se sigue con atención en la mayor parte de los estados sucesores. Catedrático (redoviti profesor) de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Zagreb, es también profesor visitante en la facultad homóloga de la Universidad de Belgrado y tiene un canal en Twitter (@DejanFpzg) que cuenta con 11.600 seguidores. Con gran talento para la comunicación pública, interviene con frecuencia en programas de televisión de países como Croacia, Serbia o Bosnia-Hercegovina.

Pocos han explicado mejor que Jović las razones de la desintegración de Yugoslavia[iii]. Y lo ha hecho desafiando algunos de los puntos clave de la mayor parte de las explicaciones occidentales sobre este proceso:

a) Para Jović, no es paradójico que los antiguos comunistas se aliaran con el nacionalismo y, en muchos casos, se convirtieran ellos mismos en nacionalistas. Subraya, en particular, que en la visión de los marxistas el estado está destinado a desaparecer, que ese es su destino natural. Como el propio Jović explicaba en un artículo publicado en 2001[iv], “a diferencia del estado liberal, el estado fundado sobre la doctrina marxista tiene como finalidad acabar consigo mismo” (Jović 2001, 114). Por ello, atacar al estado realmente existente (Yugoslavia) y aliarse con los nacionalistas periféricos no fue para los comunistas una maniobra contra natura, sino, más bien, un acto lógico que iba en la dirección en que la historia debe naturalmente progresar. 

b) En el periodo 1990-1991 la opinión pública de las repúblicas yugoslavas no demandaba de una manera clara la desintegración del país. Incluso en Croacia y Eslovenia, la confederación fue hasta casi el último momento la opción más popular. Los nacionalistas necesitaron la guerra (las guerras) para que las independencias se convirtieran en la opción mayoritaria y pasaran a ser irreversibles[v].

En cualquier caso, han pasado ya varias décadas y empieza a ser el momento de volver la vista atrás y examinar las lecciones que podemos extraer de la experiencia. Que es lo que Jović hace. En un artículo que acaba de publicar en el Journal of Balkan and Near Eastern Studies[vi], el profesor croata reflexiona sobre el estado de la cuestión treinta años después de la trágica desaparición de la República Socialista Federativa de Yugoslavia. Y, lo que resulta especialmente interesante para nosotros, revisa de manera crítica el papel que el proceso tuvo y sigue teniendo Occidente. En particular, la Unión Europea.

Lo que queda por hacer

Para Jović, la desintegración de Yugoslavia es un proceso complejo que puede descomponerse en cinco transiciones distintas: a) la transición política (del monopartidismo al pluripartidismo); b) la transición económica (del socialismo autogestionario a la economía de mercado); c) la transición estatal (de una única Yugoslavia a un cierto número, seis o siete, de estados sucesores); d) la transición de identidades (la descomposición de la antigua Yugoslavia y el final del socialismo han obligado a muchos individuos a replantearse su identidad personal, a redefinirla); e) transición de guerra a paz. Jović entiende que ninguna de estas cinco transiciones está concluida aún.

Según el politólogo croata, existen, en particular, graves problemas con el punto c (transición estatal), ya que algunos países sucesores de la antigua Yugoslavia no han conseguido aún consolidarse como estados independientes viables, por lo que la posibilidad de un nuevo proceso de desintegración, o de reintegración parcial, o una combinación de ambos, no está definitivamente cerrada.

Un tema de interés particular es el de Kósovo y su posible unión a Albania. Por dos razones principales: porque la población está en favor de la unión, y porque, si esa solución fuera acordada con Serbia, resolvería una grave contradicción de la política exterior de la UE. Como explica Jović:

“… la desaparición de Kosovo del mapa político eliminaría uno de los principales obstáculos a la idea de una política exterior común europea, ya que cinco estados miembros de la UE no lo reconocen” (Jović 2022, 17). Si la unificación de Kósovo y Albania pudiera ser acordada entre Belgrado y Tirana, esto podría conducir a resolver el problema nacional albanés y, en cierta medida, también el serbio, al hacer que las fronteras estatales coincidieran (en la medida de lo posible) con los límites étnicos. Aunque, claro está, podría reabrir la cuestión de las fronteras en países como Bosnia-Hercegovina, Macedonia del Norte o Montenegro[vii].

Para acabar de cerrar todos estos capítulos aún pendientes, Jović es partidario de que todos los países de los Balcanes Occidentales se incorporen de inmediato a la Unión Europea[viii]. Si no fuera así, se reforzarían las tendencias antieuropeas ya visibles en la región y se crearía un vacío político que países ajenos no europeos podrían ocupar en detrimento de la UE: “… existe una creciente sensación de traición, humillación y exclusión, que alimenta los sentimientos anti-UE entre el público en general, como es evidente principalmente en Serbia y entre los serbios en Bosnia-Hercegovina” (Jović 2022, 12).

¿Un éxito de la política exterior de la Unión Europea?

Jović entiende que los actores internos tuvieron la responsabilidad principal por la desintegración de Yugoslavia y las guerras que la acompañaron (Jović 2022, 7), pero cree también que la actitud de Occidente (en particular, de la Unión Europea) no ayudó:

“En el mapeo mental democrático liberal, predominante y victorioso (al menos en el imaginario autodefinido de la década de los noventa), 1989 fue un símbolo del “fin de la Historia” y el comienzo de la “paz eterna” en Europa. El final de la guerra fría en Europa fue para abrir las puertas de par en par a la integración europea, bajo las premisas de valores universales, es decir, compartidos. (…) Con la Unión Europea en el centro, a través de la tercera ola de democratización, la expectativa era que habrá una mayor expansión de ideas, ideales, prácticas e instituciones desarrolladas dentro de Europa Occidental a territorios cercanos y luego, quién sabe, tal vez incluso a nivel mundial. (…) Los principios de autodeterminación y democracia, definidos por Occidente sin tener en cuenta las especificidades de las historias, sociedades, culturas y políticas locales, debían difundirse…” (Jović 2022, 4).

La Unión Europea siempre ha tenido problemas para definir su identidad y, por consiguiente, sus límites. Cuando tras el final de la guerra fría se insistió en una autodefinición de la Unión Europea en torno a los llamados “valores europeos”, compartidos por todos, esto supuso, de hecho, la invitación a los países excomunistas para que se integraran en ella (Jović 2022, 9). Y a que lo hicieran aceptando por completo el sistema y los valores que regían en la parte occidental del continente (“one game in town”), según pregonaban los ideólogos de la transición:

“… la UE iba a ser un cuasi-imperio, poscolonial, pero lo suficientemente eficiente como para limitar los elementos indeseables de la soberanía nacional en el continente que históricamente era más de Marte que de Venus. Iba a convertirse en un imperio benévolo, en un experimento único y en una entidad sui generis: ni un estado-nación ni un poder externo por encima de los estados-nación (…). Dado que imaginar tal entidad era crucial, el proyecto era en gran medida teleológico e ideocrático. Fue impulsada por la élite y formada por una visión, basada en el idealismo y, en particular, en el constructivismo, más que en el realismo” (Jović 2022, 5).

Es interesante que que en los países excomunistas que a lo largo de los años noventa aspiraban a ingresar en la Unión Europea, este proceso se vio y se vivió de una forma completamente distinta. Frente al idealismo cosmopolita del Oeste, en el Este el componente nacionalista fue enormemente poderoso. En Bruselas y en los antiguos países miembros no se comprendió que las revoluciones en Europa del Este no fueron únicamente democráticas (y democratizadoras), sino, en gran medida, fueron también revoluciones nacionales (y nacionalistas), que perseguían liberar a esos países de la tutela soviética. Mientras estuvieron en la sala de espera de la Unión, los países candidatos tendieron a hacer lo que se esperaba de ellos, pero una vez que consiguieron ingresar se han distinguido, en muchos casos, por su resistencia a ser arrastrados a procesos de integración que les hicieran perder la soberanía recientemente recuperada. En palabras de Jović, “solo cuando se les reconoció como normales, es decir, como similares a los demás, a los otros miembros de la UE, comenzaron estos países a actuar como sujetos. El creciente nacionalismo y soberanismo de Polonia, Hungría, Eslovenia y otros estados que completaron con éxito este ejercicio fue un resultado esperado y lógico del proceso” (Jović 2022, 13).

¿Y qué tiene todo esto que ver con la evolución en la antigua Yugoslavia, que es el tema que centra el interés del profesor Jović? Obviamente, bastante. En la exYugoslavia se aprecian las mismas tendencias que hemos visto en el resto de la Europa poscomunista, solo que, quizá, en un grado mayor. Lo que ha conducido a que ambas partes perciban lo ocurrido como un gran fracaso. Los exyugoslavos (al menos, en la mayor parte de los nuevos estados independientes) entienden que las promesas implícitas de 1989 y 1991 no se han cumplido. Desde Bruselas (y Washington), se ve como sorprendente una evolución tan distinta a la esperada: “…los estados postyugoslavos se movieron en una dirección opuesta a lo que era el proyecto planificado de 1989—’transición a la democracia’ y ‘europeización’—y su experiencia en los últimos treinta años es un serio desafío a la interpretación general, aún muy poderosa y popular, de los cambios políticos en Europa después de 1989” (Jović 2022, 11). Como la Unión Europea (y Occidente, en general) no está preparada para admitir errores propios y poner en duda la interpretación consolidada de lo ocurrido, tiende(n) a culpar a los actores locales de que las cosas hayan salido tan mal.

La guerra de Ucrania: ¿un cisne negro?

Mientras que para Jović parece claro que la razón última de la inestabilidad que aún hoy se aprecia en los Balcanes Occidentales es la política occidental y, en particular, la falta de comprensión de los cambios que estaban teniendo lugar en toda la Europa postcomunista, la opinión mayoritaria en medios académicos y políticos es muy distinta y, en gran medida, se basa en responsabilizar a Rusia y a su política voluntariamente desestabilizadora de que los problemas aún pendientes no hayan podido solucionarse[ix].

La guerra de Ucrania puede conducir a la desaparición de Rusia como actor político relevante en los Balcanes, lo que crea una inesperada ventana de oportunidad para aquellos que quieren modificar el  statu quo y se encuentran con que los vientos de la historia soplan en favor de sus intenciones. Y son bastantes. Dejan Jović advertía recientemente que en Bosnia-Hercegovina las tres partes (bosniacos, serbios y croatas) son “revisionistas y están insatisfechas con la actual situación”[x], y algo parecido podría decirse con el resto de los Balcanes Occidentales.

En las actuales circunstancias, son los serbios (tanto Serbia como la Republika Srpska) quienes se encuentran en una posición más comprometida. Durante años han mantenido relaciones especialmente amistosas con Rusia, cuyo apoyo diplomático era vital para sostener la postura de Belgrado en el contencioso de Kósovo y para evitar un cambio radical del sistema de reparto de poder acordado en Dayton para Bosnia-Hercegovina. Por otra parte, Serbia aspira a integrarse en la UE, lo que, en circunstancias normales, exige un alineamiento previo con las posiciones defendidas por la Unión y por sus miembros.

En estas condiciones, los serbios occidentalistas ven una oportunidad de oro para que Belgrado se distancie definitivamente de Moscú. En este sector se defiende que Rusia y Serbia tienen intereses distintos y que, de la misma manera en que Rusia siempre ha defendido los intereses propios (incluso aceptando la imposición de sanciones a Serbia/Yugoslavia, como en 1992 y 1998), Serbia debería hacer lo mismo[xi]. El problema es que en Serbia la opinión pública es mayoritariamente prorrusa, lo que se refleja con claridad en las encuestas[xii]. El hecho de que haya elecciones generales convocadas para el 3 de abril hace que los políticos principales no puedan enfrentarse a lo que perciben es el sentimiento predominante.

Los adversarios de Serbia y de los serbios, por su parte, intentan aprovechar las circunstancias para alterar en su favor el actual equilibrio de fuerzas. En esta línea, el Primer Ministro de Kósovo, Albin Kurti, declaraba el 3 de marzo a una televisión británica que “los Balcanes no son inmunes a los efectos de la situación en Ucrania porque en los Balcanes tenemos un país que no impuso sanciones a la Federación Rusa, que no se unió a la UE para condenar la invasión rusa, y ese país es Serbia”. Reiteró la aspiración de Kósovo a unirse pronto a la OTAN, así como a la UE, y urgió a los países europeos que aún no han reconocido a Kósovo (España entre ellos) a que lo hagan y contribuyan así “a la paz, a la estabilidad y a la seguridad”[xiii]

En Bosnia-Hercegovina se aprecia una tendencia similar, que diversas figuras políticas expresan de una forma más o menos radical. Quizá quien lo haya hecho de manera más clara haya sido Vojin Mijatović, vicepresidente del Partido Socialdemócrata (SDP), que el 2 de marzo pidió a los copresidentes bosniaco y croata, Džaferović y Komšić, que solicitaran de inmediato el ingreso en la UE y en la OTAN. Además, en su cuenta de Twitter apuntó que “el mundo se librará pronto de Putin  y nosotros tenemos que librarnos de su copia barata” (refiriéndose al copresidente serbio, Milorad Dodik)[xiv].

En círculos internacionales interesados en la situación en los Balcanes occidentales se han reproducido también estos argumentos, que se utilizan para justificar las propuestas favoritas de cada autor. Así, el austriaco Gerald Knaus[xv], cree que la solución consistiría en crear una perspectiva real de ingreso en la UE para los países de la región[xvi]. Por su parte, dos antiguos Altos Representantes en Bosnia-Hercegovina, Christian Schwarz-Schilling y Valentin Inzko, pidieron a principios de marzo a la Comisión Europea que admitiera a Bosnia-Hercegovina rápidamente en la Unión y que privara a Serbia del estatuto de país candidato[xvii].

Las recetas de Jović

La guerra de Ucrania, al cambiar la correlación de fuerzas dentro de los Balcanes Occidentales y en torno a ellos, quizá haya desbloqueado el juego político en la región. Según los más optimistas, se podrá avanzar ahora con cierta rapidez hacia el cierre de la tercera de las transiciones de las que hablaba Jović, la estatal (coexistencia pacífica de un cierto número de estados postyugoslavos, perfectamente consolidados y estables). Una transición que se facilitaría si fuera acompañada por un proceso relativamente rápido de integración en la UE y que, si es así, tendría un efecto positivo sobre las demás transiciones pendientes. En cualquier caso, diversos actores interpretan de manera distinta las oportunidades que la actual situación ha creado:

a) Bosniacos y albaneses kosovares (principalmente) entienden que el debilitamiento de Serbia y de la Republika Srpska les permitirá avanzar hacia la consecución de su programa máximo en todo aquello que pueda alcanzarse a costa de los intereses serbios.

b) Los principales países occidentales creen que la ausencia de Rusia puede permitir que se consolide la situación surgida a raíz de las guerras de los años noventa, introduciendo solo pequeños retoques en el sistema actualmente en vigor. Se trataría, en esencia, de conseguir el pleno reconocimiento internacional de Kósovo (incluyendo por parte de Serbia), el reforzamiento de las instituciones centrales en Bosnia-Hercegovina y la incorporación de toda la región a la UE y a la OTAN. En la lógica liberal democrática, esta solución traería prosperidad a todos los países de los Balcanes Occidentales, lo que, a medio plazo, se traduciría en un incremento notable de la estabilidad.

Dejan Jović no cree que Occidente llegue a apoyar la opción de máximos. En su opinión, “una reestructuración radical de Bosnia-Hercegovina, como la exigida por la SDA[xviii], no es realista. La paz y la preservación de Bosnia-Hercegovina están por delante de las demandas individuales de serbios, croatas o bosniacos, por lo que es poco probable que Occidente decida emprender un nuevo experimento” (Pavelić). Pero tampoco confía demasiado en el éxito de la segunda opción, ya que está basada en las mismas ideas, en los mismos supuestos, que han fracasado a lo largo de los últimos treinta años. En el marco actual, pues, no habría ninguna salida real para los Balcanes Occidentales.

Esta desesperanza, esta sensación de callejón sin salida, hace que el artículo de Jović que nos ha servido de guía concluya con un llamamiento a que “la nueva generación de postyugoslavos (re)considere por sí misma las grandes promesas de 1989 y 1991, y trate de completar el proceso o, si no está convencida de que valga la pena, comience a imaginar y conceptualizar uno nuevo” (Jović 2022, 1). Treinta años después de la desintegración de Yugoslavia, una parte sustancial de la población de los estados sucesores lo ignora todo sobre el socialismo autogestionario y sobre los problemas que condujeron a los trágicos acontecimientos de la década de los noventa. Estos jóvenes están cansados de promesas de una vida mejor que nunca terminaban de materializarse, y, en muchos casos, se han decidido por una salida personal a través de la emigración. Las nuevas generaciones se enfrentan a los resultados de un enorme fracaso colectivo, y es ahora su turno de encontrar salidas a través de nuevos enfoques. En este sentido, el profesor Jović termina su exposición pidiéndoles que presenten su propio proyecto de futuro, “si es que existe” (Jović 2021, 27). Un proyecto que no tiene por qué estar basado en la “idea única”, como lo fue el experimento que empezó tras la caída del Telón de Acero: “El mundo en el que no hay alternativas no puede ser libre. La elección entre al menos dos opciones, y, a ser posible, entre más de dos es lo que define el concepto de libertad” (Jov


[i]       Joint Statement of the Russian Federation and the People’s Republic of China on the International Relations Entering a New Era and the Global Sustainable Development. Prezident Rossii, 4 de febrero de 2022. Disponible en  en.kremlin.ru/supplement/5770 (acceso: 05.02.2022).

[ii]      En Wikipedia puede encontrarse una buena biografía de Jović. Véase https://en.wikipedia.org/wiki/Dejan_Jovi%C4%87.

[iii]     En esta línea, su libro fundamental es Jović, D. (2009). Yugoslavia: A state that withered away. Purdue University Press. La edición original en lengua serbocroata fue publicada en 2003 por las editoriales Prometej (Zagreb) y Samizdat B92 (Belgrado) bajo el título Jugoslavija, država koja je odumrla.

[iv]    Jović, D. (2001). Razlozi za raspad socijalističke Jugoslavije: kritička analiza postojećih interpretacija (Razones de la desintegración de la Yugoslavia socialista: análisis crítico de las interpretaciones existentes). Reč, (62.8), 91-157.

[v]     Esta idea la desarrolla extensamente en uno de sus últimos libros. Jović, D. (2017). Rat i mit – Politika identiteta u suvremenoj Hrvatskoj (Guerra y mito. Política de la identidad en la Croacia contemporánea). Zagreb, Fraktura. Zagreb, Fraktura 2017.

[vi]    Jović, D. (2022). Post-Yugoslav States Thirty Years after 1991: Unfinished Businesses of a Fivefold Transition. Journal of Balkan and Near Eastern Studies, DOI:10.1080/19448953.2021.2006007.

[vii]   Para una explicación más detallada de esta idea, véase Palacios, JM (2021, 21 de abril). Las fronteras en la Europa postcomunista: ¿factor de estabilidad? Global Strategy Report, 17/2021. https://global-strategy.org/las-fronteras-en-la-europa-postcomunista-factor-de-estabilidad/ (acceso: 21.04.2021).

[viii]  Jović, D. (2021). The EU should enlarge to the Western Balkans now. The Progressive Post, 16; 46-49. https://progressivepost.eu/the-eu-should-enlarge-to-the-western-balkans-now/ (acceso: 16.01.2022).

[ix]    Ver, por ejemplo, Stradner, I. (2021, 27 de diciembre). Russia Is Playing With Fire in the Balkans. How Putin’s Power Play Threatens Europe. Foreign Affairs. Disponible en https://www.foreignaffairs.com/articles/russian-federation/2021-12-27/russia-playing-fire-balkans (acceso: 12.03.2022).

[x]     Pavelić, B. (2022, 8 de marzo). Putin u Ukrajini pokušava oslabiti Zapad i naštetiti liberalnoj demokraciji kao globalnom projektu (En Ucrania, Putin intenta debilitar a Occidente y dañar a la democracia global como proyecto global). Forum. Disponible en https://forum.tm/vijesti/putin-u-ukrajini-pokusava-oslabiti-zapad-i-nastetiti-liberalnoj-demokraciji-kao-globalnom-1 (acceso: 11.03.2022).

[xi]    Dragaš, O. (2022, 10 de marzo). Srbija i Rusija – dva interesa (Serbia y Rusia: intereses distintos). Politika. Disponible en https://www.politika.rs/sr/clanak/501276/Pogledi/Srbija-i-Rusija-dva-interesa (acceso: 11.03.2022).

[xii]   Por ejemplo, en una encuesta realizada por el CeSID a finales de 2020, el 40% de los ciudadanos consideraba que el mejor amigo de Serbia era Rusia, mientras que 16% creía que era China, mientras que solo un 2% se decantaba por Francia y un 1% por Alemania. Sobre las prioridades de la política exterior de Serbia, 20% nombraba la intensificación de las relaciones con Rusia, 9% el ingreso en la UE y 6% la intensificación de las relaciones con Estados Unidos. BCBP (2020, noviembre). Mnoga lica srpske politike. Javno mnenje i geopolitičko balansiranje (Los muchos rostros de la política serbia. Opinión pública y equilibrio geopolítico). Disponible en https://bezbednost.org/publikacija/mnoga-lica-srpske-spoljne-politike-javno-mnjenje-i-geopoliticko-balansiranje/ (acceso: 21.11.2020).

[xiii]  Kurti, A. (2022, 3 de marzo). Interview of the Prime Minister, Albin Kurti, for Sky News. The Prime Minister Office. Disponible en https://kryeministri.rks-gov.net/en/interview-of-the-prime-minister-albin-kurti-for-sky-news/ (acceso: 13.03.2022).

[xiv]  Ver https://www.oslobodjenje.ba/vijesti/bih/svijet-ce-se-rijesiti-putina-a-mi-se-moramo-rijesiti-njegove-kineske-kopije-mijatovic-jutros-sam-pozvao-komsica-i-dzaferovica-trebaju-hitno-738896 (acceso: 13.03.2022).

[xv]   Ver Wikipedia contributors. (2022, 1 de febrero). Gerald Knaus. Wikipedia, The Free Encyclopedia. Disponible en https://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Gerald_Knaus&oldid=1069199283 (acceso: 13.03.2022). En el pasado, Knaus ha sido muy crítico de la política desarrollada por Occidente en Bosnia-Hercegovina tras el final de la guerra. Véase Knaus, G.; Martin, F. (2003). Travails of the European Raj. Journal of democracy, 14(3). Pp. 60-74.

[xvi]  Ver https://www.index.hr/vijesti/clanak/poznati-njemacki-sociolog-putin-zeli-destabilizirati-zapadni-balkan/2344603.aspx?index_ref=naslovnica_vijesti_najnovije_d (acceso: 11.03.2022).

[xvii] Ver https://www.dw.com/hr/apel-biv%C5%A1ih-visokih-predstavnika-za-brzi-prijam-bih-u-eu/a-60985759 (acceso: 13.03.2022).

[xviii]        Partido de Acción Democrática. Desde 1990, el principal partido de los bosniacos.

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