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Primera batalla de El Alamein. Contraataques del 8 Ejército (I)

https://global-strategy.org/primera-batalla-de-el-alamein-contraataques-del-8-ejercito-1/ Primera batalla de El Alamein. Contraataques del 8 Ejército (I) 2021-06-18 16:16:28 Global Strategy Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
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Como deseaba, Auchinleck había obligado a Rommel a reaccionar a sus acciones, en lugar de esperar pasivamente a que Rommel decidiese dónde, cuándo y cómo plantear el combate. Sin embargo, recuperar la iniciativa tenía un coste muy alto: Auchinleck había empleado su única División no comprometida en combate en una acción ofensiva excéntrica (en el extremo Norte de su despliegue, muy lejos del XIII Cuerpo de Ejército) y muy diferente de lo previsto en su idea de maniobra inicial (que se basaba en un ataque del XIII Cuerpo de Ejército sobre el flanco Sur de la penetración del Panzerarmee). En esta acción, las posibilidades del XIII Cuerpo de Ejército de realizar ninguna acción en apoyo de los australianos eran muy escasas: las Brigadas neozelandesas estaban muy alejadas hacia el Sur, y los carros alemanes e italianos se interponían entre ambos contingentes. En realidad, el XIII Cuerpo de Ejército, compuesto sobre todo de unidades de Infantería motorizada podía ejecutar acciones similares a la ejecutada por los australianos (un ataque de poca profundidad, dentro del alcance de su Artillería y contra unidades de Infantería), pero llegar a Tel el Eisa, enfrentándose a los carros italoalemanes, estaba completamente fuera de su alcance.

Por otra parte, Auchinleck solo había empeñado dos de los nueve Batallones de Infantería de la 9ª División Australiana, lo que, en teoría, dejaba libre a la mayoría de esa División. Sin embargo, en la práctica, eso no era así: las unidades de los ‘dominions’ del Imperio tenían una doble cadena de mando. Dependían en teoría del mando del 8º Ejército, pero los jefes de cada contingente tenían enlace directo con los gobernadores de sus territorios de origen, y éstos imponían políticas de empleo de sus fuerzas, destinadas, en general, a evitar su empleo como ‘carne de cañón’. Así, mientras que las unidades británicas operaban en unidades independientes de entidad Brigada (reforzada con Artillería, medios contracarro y carros de combate, en su caso), los australianos tenían instrucciones de operar con su División al completo. En consecuencia, el despliegue de dos de sus Batallones en Tel el Eisa hacía que toda la 9ª División Australiana estuviese siendo desplegada progresivamente en ese área, impidiendo su empleo en ninguna otra zona. Así, Auchinleck había llegado a una especie de ‘empate táctico’ con Rommel: el Panzerarmee no podía proseguir su ofensiva sin eliminar la amenaza que suponían los australianos en Tel el Eisa (promontorio que dominaba la zona y desde podía dirigirse el fuego de la potente Artillería de Campaña del 8º Ejército), pero el 8º Ejército tampoco podía ejecutar un contraataque decisivo sobre el Panzerarmee… En un combate defensivo, como el que ejecutaba Auchinleck, era una victoria. Además, su cercanía a sus bases logísticas debía permitir al 8º Ejército recibir refuerzos suficientes como para adquirir una capacidad ofensiva suficiente en algunas semanas, mientras que las posibilidades del Panzerarmee de recibir equipo pesado (carros y vehículos, sobre todo) eran mucho más escasas. Nuevamente, como en toda la campaña del desierto, la tiranía de la logística imponía sus condiciones a los combatientes.

Una importante (e inesperada) consecuencia de la toma de Tel el Eisa fue la completa destrucción de la 621ª Compañía de Guerra Electrónica, encargada de interceptar las comunicaciones radio británicas. Esta unidad, que ya había sufrido importantes pérdidas en los combates de Gazala había sido recientemente reconstituida, y se desplegó tan a vanguardia como fue posible para mejorar su capacidad de interceptar las comunicaciones radio del 8º Ejército. El ataque australiano sorprendió a esta unidad, que acabó siendo capturada en su mayoría, pese a su resistencia. Esta Compañía era el principal elemento de inteligencia del Panzerarmee, que, gracias a los mensajes interceptados tenía una información muy completa y actualizada de la situación e intenciones del 8º Ejército y su pérdida fue un durísimo golpe para Rommel.

La decisión de Auchinleck de concentrar sus ataques sobre las débiles Divisiones de Infantería italianas era, en realidad, una manera de retornar a la ‘doctrina de fuegos’ que había llevado a la victoria a los aliados en la PGM. El progresivo desgaste de las unidades italianas haría que las escasas y castigadas unidades alemanas acabasen por ser incapaces de cubrir las amplias zonas en las que se desarrollaban las operaciones. Sin embargo, este enfoque tenía dos problemas importantes. El primero era el tiempo: como se vio al tratar la PGM, esta forma de combatir proporcionaba resultados graduales, que solo eran decisivos cuando se acumulaban sus efectos, lo que requería operaciones largas. El segundo de los problemas era más grave: al concentrar sus medios ofensivos sobre los italianos, las unidades alemanas quedaban relativamente ‘libres’ para actuar ofensivamente contra las unidades británicas atacantes, mediante contraataques ejecutados cuando aún no se habían reorganizado tras sus acciones ofensivas. Frente a las veteranas unidades alemanas de Rommel, no era un riesgo despreciable.

En los siguientes días, los australianos consiguieron expulsar a los restantes defensores italianos de Tel el Eisa (limitados a la parte más occidental del promontorio), pero fueron incapaces de incrementar su avance. Por su parte, Rommel planeó un contraataque para recuperar el terreno perdido. En lugar de atacar las posiciones italianas, Rommel decidió avanzar sobre las posiciones de los sudafricanos en la ‘box’ de El Alamein. En efecto, si la posción de El Alamein caía, los australianos quedarían aislados (viéndose forzados a retirarse bajo presión o a ser capturados), al tiempo que desaparecía el principal obstáculo al avance del Panzerarmee. Para esta operación, Rommel emplearía a su unidad más potente, la 21ª División Panzer, apoyada por toda la Artillería disponible y se ejecutó el 13 de julio. Sin embargo, gracias a las interceptaciones y desencriptado de los mensajes de las máquinas Enigma, los británicos conocían en detalle el ataque de Rommel, y reforzaron sus posiciones defensivas. Consecuentemente, el ataque fue un costoso fracaso. Como en ocasiones anteriores, la concentración de los fuegos de la Artillería británica impidió cualquier avance de la Infantería alemana, que no llegó a poder hacer uso de sus armas. Y, sin su Infantería, los carros alemanes no llegaron a ejecutar el ataque previsto, fuera del hostigamiento de las defensas.

Ante el fracaso en El Alamein, Rommel redirigió su atención hacia el saliente de Tel el Eisa, ordenando a la 21ª División Panzer que atacase la parte Sudeste del saliente. El ataque consiguió pequeños éxitos, pero degeneró en una serie de combates menores y poco decisivos entre la Infantería australiana, apoyada por los carros Valentine del XLIV Batallón del Royal Tank Regiment, y los atacantes alemanes. Nuevamente, la Artillería británica tuvo un papel clave en los combates: gracias a su ventaja logística, cada Grupo de Artillería británico efectuaba diariamente más de dos mil disparos (a más de cien disparos diarios por pieza), mientras que los italianos y alemanes apenas podían disparar en total unos pocos cientos de proyectiles. Como muestra, el 8º Ejército consumía unos 41.000 disparos de 25-pounder por día, cantidad que multiplicaba muchas veces lo que podía disparar el Panzerarmee, en todos los calibres.

El redespliegue de las principales unidades de Rommel hacia Tel el Eisa (caso de la 21ª División Panzer) o hacia Bab el Qattara (90ª División Ligera) y los fracasos de las ofensivas de Rommel impulsaron a Auchinleck a retomar su idea de un ataque del XIII Cuerpo de Ejército sobre el flanco Sur del Panzerarmee. Esta acción ofensiva se denominó ‘operación Bacon’. El objetivo de esta acción sería la toma de las posiciones alemanas en la parte occidental de la escarpadura de Ruweisat. Para ello, la IV y V Brigadas Neozelandesas, apoyadas por la Artillería y el Grupo de Cañones Contracarro de la División efectuarían un avance nocturno desde la ‘box’ de Deir el Mussaib hacia el Norte. La VI Brigada de la División había sido retirada del frente tras las pérdidas sufridas en Bab el Qattara. Los británicos creían que el flanco Sur del Panzerarmee en la zona de Ruweisat estaba protegido por dos Divisiones de Infantería italianas (Brescia y Pavia). Habían detectado una somera línea de pequeñas fortificaciones avanzadas bien al Sur de la escarpadura, y consideraban que la principal línea de defensa de los italianos se encontraría sobre el propio promontorio rocoso. Como se ha citado, las Brigadas de Infantería británicas carecían de capacidad contracarro, por lo que, tras tomar las posiciones defensivas de la escarpadura, debían recibir inmediatamente medios contracarro para frontar el habitual contraataque inmediato de los alemanes, pues la 15ª División Panzer se encontraba muy próxima. Por otro lado, su flanco izquierdo (al Oeste) quedaba descubierto frente a un ataque de la 90ª División Ligera (que contaba con un Batallón de Reconocimiento con vehículos blindados). Además, si se quería tomar la escarpadura de Ruweisat antes de amanecer (y, por tanto, antes de que interviniese la Luftwaffe, como había ocurrido en ocasiones anteriores), era necesario ignorar las resistencias aisladas que quedasen a retaguardia de la escarpadura de Ruweisat, que debían ser ‘limpiadas’ por otra unidad, para permitir que la Artillería y los cañones contracarro neozelandeses pudieran llegar hasta la línea defensiva prevista sobre la escarpadura. Finalmente, la 2ª División Neozelandesa carecía de la movilidad suficiente para explotar en profundidad el éxito previsto de la ruptura de la línea italoalemana. Estos cuatro requisitos (capacidad contracarro, protección de flanco, limpieza de posiciones rebasadas y explotación del éxito) apuntaban a la necesidad de contar con unidades acorazadas. Sin embargo, las únicas disponibles eran las XXII y II Brigadas Acorazadas de la 1ª División, que pertenecían al XXX Cuerpo. Como hemos visto, el jefe de la 1ª División Acorazada, General Lumsden, era bastante reacio a emprender acciones ofensivas, por lo que se mostró renuente a participar en la operación. Al final, consintió en asumir lo que se le pedía… con ciertos matices. Puesto que sus carros solo podían desplazarse con luz diurna, sus dos Brigadas Acorazadas se pondrían en marcha cuando las dos Brigadas Neozelandesas confirmasen vía radio que habían alcanzado sus posiciones previstas en la escarpadura de Ruweisat. En ese momento, la XXII Brigada Acorazada iniciaría su movimiento hacia la escarpadura de Ruweisat, mientras que la II Brigada Acorazada se movería hacia el flanco Oeste de la 2ª División Neozelandesa. Esta decisión tenía varias consecuencias: por rápido que fuese el movimiento de las dos Brigadas Acorzadas, necesitarían algún tiempo (probablemente algunas horas) para alcanzar sus posiciones finales. Durante ese tiempo, las Brigadas de Infantería neozelandesas carecerían de apoyo de carros, ni tendrían cubierto su expuesto flanco Oeste. Además de ello, las disposiciones de la 1ª División Acorazada no contemplaban la limpieza de las resistencias rebasadas por los neozelandeses (que, en caso de ejecutarse, retrasarían aún más el movimiento de las Brigadas Acorazadas).

Esquema del plan previsto para la ‘operación Bacon’, que se ejecutó el 15 de julio de 1942

La noche del 14 al 15 de julio, la IV y V Brigadas de la 2ª División Neozelandesa iniciaron su movimiento hacia el Norte. La IV Brigada tenía un excelente adiestramiento en operaciones nocturnas, y la V no lo tenía tanto, pero también era capaz de operar eficazmente en la noche. La V Brigada Neozelandesa había recibido un nuevo modelo de radio portátil, la No.18 (hasta entonces, las comunicaciones tácticas de las Brigadas de Infantería se basaban en el empleo del teléfono de campaña), aunque en número inferior al necesario. La IV Brigada Neozelandesa contaba también con radios de modelos anteriores, desde hacía algunos meses. Llegados en sus vehículos a unos dos mil metros de las posiciones avanzadas italianas, los infantes neozelandeses desmontaron, desplegaron e iniciaron su avance.

Las defensas de las divisiones Brescia y Pavia se basaban en una serie de posiciones aisladas de pequeña entidad (Sección o Compañía). Sus capacidades de combate nocturno eran reducidas, y se basaban en la aplicación de planes de fuego preeestablecidos: en caso de ataque, las ametralladoras cubrían con ráfagas determinados sectores de tiro preasignados. La Artillería iluminaría las zonas que fuesen necesarias con proyectiles especiales iluminantes, a petición de las unidades de Infantería establecidas en las posiciones defensivas. Sin embargo, la Artillería italiana andaba muy escasa de munición, por lo que el combate se desarrolló en la oscuridad. Las posiciones de los infantes italianos quedaban claramente reveladas por el empleo de munición trazadora, lo que permitía a los observadores de la Artillería neozelandesa neutralizarlas rápidamente. En consecuencia, la cortina de puestos avanzados de las dos Divisiones fue rápidamente superada por los infantes neozelandeses. Su sorpresa fue que, en lugar de encontrar una segunda línea de posiciones italianas, los neozelandeses cayeron rápidamente sobre emplazamientos artilleros, puestos de mando y depósitos logísticos: lo que habían creído una línea de puestos avanzados era, en realidad, la principal (y única) línea defensiva de las castigadas divisiones italianas.

Tras el éxito inicial, los problemas para los neozelandeses comenzaron a acumularse. Las posiciones defensivas rebasadas impedían el paso a los vehículos no protegidos que transportaban a la Artillería y a los cañones contracarro, de forma que los infantes que habían alcanzado la escarpadura carecían de apoyos. Las baterías de las radios No- 18 de la V Brigada se habían agotado rápidamente y, sin vehículos, no podían cargarlas. Consecuentemente, la V Brigada no pudo enviar la señal de que había alcanzado su posición prevista, por lo que la 1ª División Acorazada no inició su movimiento. Además, los neozelandeses descubrieron rápidamente por qué los italianos no habían establecido su línea defensiva sobre la escarpadura: el terreno rocoso impedía la construcción de trincheras de ningún tipo, por lo que los infantes se encontraban en un terreno expuesto, sin posibilidad de atrincherarse y sin capacidad contracarro (las condiciones del terreno en Ruweisat eran bien conocidas para el XXX Cuerpo de Ejército, pero, aparentemente, nadie informó al XIII Cuerpo). Algunos cañones contracarro (montados sobre camiones) habían llegado al sector de la IV Brigada, pero ninguno al de la V. Además de ello, el Batallón de la V Brigada que avanzaba en segundo escalón había sido sorprendido en campo abierto al amanecer por un grupo de ocho carros alemanes del 8º Regimiento Panzer (15ª División), y había sido desbandado.

Las dificultades en las comunicaciones forzaron al Puesto de Mando de la 2ª División Neozelandesa a redesplegar para aproximarse a sus Brigadas. Sin embargo, se encontraron con que no podían avanzar: al igual que la Artillería, los cañones contracarro y las columnas logísticas, las bolsas de resistencia impedían el movimiento de vehículos no protegidos hacia Ruweisat, y la carencia de unidades de Infantería impedía tomar las posiciones aisladas. Así, el Puesto de Mando de la División volvió a su emplazamiento original, pero durante varias horas, la División estuvo sin contacto con su jefe…

En cualquier caso, el ataque de los neozelandeses ponía al Panzerarmee en una situación crítica: las divisiones Brescia y Pavia podían darse por perdidas, la 15ª División Panzer estaba a punto de ser rodeada y se había perdido el terreno clave de la escarpadura de Ruweisat. Si la 15ª División Panzer era destruida (y ahora tenía a los británicos rodeándola por tres lados, uno de ellos su vulnerable retaguardia), el 8º Ejército podría atacar a la 21ª División Panzer por su retaguardia, destruyéndola con casi total seguridad, lo que supondría el fin del Panzerarmee.  De hecho, el mando de la 15ª División Panzer estaba sorprendido de que los británicos no aprovechasen para explotar el éxito con sus carros, cuando el Panzerarmee apenas podía defenderse.

Ante la crisis, el General Nehring (jefe del Afrika Korps) ordenó el cese del ataque de la 21ª División Panzer en Tel el Eisa, y que esa división destacase un grupo de combate lo antes posible hacia el Sur. La 90ª División Ligera enviaría a su Batallón de Reconocimiento y un grupo de combate hacia el flanco izquierdo de la 2ª División neozelandesa. Mientras, la 15ª División Panzer intentaría desalojar a los neozelandeses de Ruweisat.

Por su parte, tras insistentes peticiones de los jefes de la 2ª División Neozelandesa, las Brigadas de la 1ª División Acorazada comenzaron a avanzar. Las repetidas experiencias de toparse inesperadamente con las temibles barreras contracarro de los FlaK alemanes hicieron que ese avance fuese lento y cauteloso. Así, tardaron dos horas y media (desde las 06:15 hasta las 08:45) en alcanzar la línea defensiva italiana, situada apenas a diez kilómetros de su posición. Varias de las posiciones supervivientes de esta línea estaban reforzadas con FlaK de 88 mm y con PaK de 50 mm, lo que que haría muy difícil y costoso para los carros británicos acabar con ellas sin emplear Artillería e Infantería. La V Brigada India, desplegada apresuradamente con esa misión comenzó lentamente a reducir las bolsas, apoyada por los carros británicos. Así, a mediodía, la retaguardia de la V Brigada Neozelandesa podía considerarse asegurada. No así la de la IV Brigada, donde las bolsas de resistencia seguían activas. En cualquier caso, la II Brigada Acorazada podía llegar ahora al sector defensivo de la V Brigada Neozelandesa.

Hacia las 14:00, los británicos detectaron al grupo de combate de la 21ª División Panzer, estimado en unos cuarenta carros, desplegándose al Noroeste de la escarpadura de Ruweisat, frente a la IV Brigada Neozelandesa. Al mismo tiempo los blindados del Batallón de Reconocimiento de la 90ª División Ligera comenzaron a hostigar a la IV Brigada desde el Oeste y el Sur, protegiendo además a unidades de Artillería italiana que comenzaron a desplegar para batir a esa Brigada desde esas zonas. A las 16:00, los alemanes iniciaron su ataque sobre la IV Brigada, que, sin apenas capacidad contracarro ni apoyo artillero, poco podía hacer. Por su parte, el movimiento de la XXII Brigada Acorazada había sido muy lento, por la presencia de campos de minas y de bolsas de resistencia, de forma que no llegó a tiempo de auxiliar a la IV Brigada Neozelandesa. Por su parte, la II Brigada Acorazada iba acercándose poco a poco a las posiciones defensivas de la V Brigada Neozelandesa, con su avance ralentizado por los numerosos campos de minas.

La destrucción de la IV Brigada y el retraso de los carros británicos en reforzar a los defensores neozelandeses forzó a la castigada V Brigada a retirarse de la indefendible posición de Ruweisat, al tiempo que los carros alemanes comenzaron a hostigar a los escasos carros británicos que habían llegado a la zona de combate, forzándolos también a retirarse.

Al día siguiente, 16 de julio, los alemanes intentaron transformar su éxito defensivo en un contraataque en toda regla, avanzando con los carros restantes de las dos divisiones Panzer contra la V Brigada India, que defendía la parte oriental de la escarpadura de Ruweisat. Sin embargo, nuevamente las comunicaciones que hicieron vía Enigma fueron interceptadas, y el 8º Ejército fue capaz de reforzar convenientemente la posición defensiva, empleando numerosos cañones contracarro y a los Grant de la II Brigada Acorazada. El infructuoso ataque alemán se saldó con la pérdida de veinticuatro carros, dieciocho PaK y seis FlaK de 88 mm., pérdidas que difícilmente podían ser asumidas por el debilitado Afrika Korps.  Por su parte, los australianos intentaron un nuevo ataque en Tel el Eisa, que, tras un pequeño éxito inicial, fue repelido por el fuego de la Artillería del Panzerarmee.

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