• Buscar

Primera batalla de El Alamein. Manhood

https://global-strategy.org/primera-batalla-de-el-alamein-manhood/ Primera batalla de El Alamein. Manhood 2021-09-03 16:45:05 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
Print Friendly, PDF & Email

Tras el fracaso de Splendour, la capacidad ofensiva del 8º Ejército estaba realmente agotada. Sin embargo, Auchileck era consciente de que el Panzerarmee Afrika seguía en una situación crítica, y, además, recibía crecientes presiones de Londres – que comenzaban en el propio Churchill – para que emprendiese una acción ofensiva que destruyese a las fuerzas de Rommel.

Así, el Estado Mayor de Auchinleck planeó una nueva operación ofensiva, denominada Manhood, a cargo exclusivamente del XXX Cuerpo de Ejército, pues el XIII carecía de capacidad ofensiva, tras las pérdidas sufridas en Splendour. La nueva operación comprendía esencialmente un nuevo intento de tomar la escarpadura de Miteiriya. La experiencia de los fracasos anteriores llevó a un planeamiento mucho más detallado. Sin embargo, la escasez de recursos dio lugar a una operación de ambición muy limitada y ejecutada con medios insuficientes. La idea de maniobra contemplaba un esfuerzo principal, nocturno, a cargo de la LXIX Brigada de Infantería (perteneciente a la 50ª División), desplegada en el sector australiano para la operación. Este ataque se dirigiría a ocupar una zona de unos cinco kilómetros de ancho sobre el trigh Qattara, principal ruta de abastecimiento y de retirada (en su caso) de las fuerzas italoalemanas situadas en la zona de Deir el Sehin – El Mreir. Media hora antes, la 9ª División Australiana iniciaría un ataque con una Brigada de Infantería apoyada por los carros Valentine del L Batallón de Carros desde Tel el Eisa hacia el extremo oriental de la escarpadura de Miteiriya, con el fin de curbir el flanco Norte del ataque de la LXIX Brigada. En una segunda fase, los carros de la 1ª División Acorazada (IV Brigada Acorazada Ligera y II Brigada Acorazada) pasarían por la brecha abierta por la LXIX Brigada, con el fin de atacar por retaguardia y destruir a las fuerzas enemigas situadas en Deir el Shein y El Mreir. Para evitar la confusión en el momento de atravesar las brechas en los campos de minas (había campos de minas identificados en el sector de ataque de la LXIX Brigada), se tomaron especiales precauciones para marcar sus límites, y, además, de destacaron unidades que patrullaban esas brechas y se tomaron eficaces medidas para que todas las unidades implicadas conociesen la situación prevista de las brechas y la forma de marcarlas. Se reconocieron itinerarios para los carros y se marcaron con luces para permitir el movimiento durante la noche, de forma que se encontrasen muy próximos a las posiciones ocupadas por la Infantería antes del amanecer. Como en Splendour, se planeó un completo y detallado apoyo de fuegos. Sin embargo, las dos Brigadas atacarían en ejes divergentes, y a una distancia suficientemente grande como para que la misma Artillería de campaña no pudiese apoyar simultáneamente a ambas Brigadas, lo que obligaba a dividir en dos partes las piezas disponibles.

Como se ha comentado, los medios eran escasos. La LXIX Brigada estaba compuesta en realidad por solo dos Batallones de Infantería, constituidos apresuradamente con los restos de una miríada de unidades procedentes de toda la 50ª División, muy malparada tras los combates de Gazala. De hecho, uno de estos dos Batallones (Durham Light Infantry) estaba compuesto por tres Compañías que reunían cada uno los restos de tres Batallones de la CLI Brigada. Además, sus miembros habían combatido sin interrupción desde las batallas de Gazala. Consecuentemente, su cohesión era escasa y su capacidad de combate mucho menor que lo que sugería su organización teórica.

Por su parte, los australianos confiaron la toma de Miteiriya a un solo Batallón, el II de la XXVIII Brigada, que sería reforzado con otro, el II de la XLIII Brigada cuando hubiera ocupado sus objetivos. Además de que el ataque se fuese a ejecutar con fuerzas reducidas, era el ercer intento de los australianos de tomar Miteiriya, por lo que difícilmente la operación supondría una sorpresa para los defensores.

En la medianoche del 27 de julio, los infantes australianos iniciaron su avance sobre Miteiriya, sin preparación artillera previa, para no alertar a los defensores, seguidos por los vehículos logísticos y los cañones contracarro destinados a consolidar la posición defensiva sobre la escarpadura. Sin embargo, era una noche en la que la Luna proporcionaba bastante luminosidad, lo que hizo que los infantes australianos fuesen rápidamente detectados por los defensores, que comenzaron a sufrir un incesante bombardeo artillero. A 700 m. del objetivo, los vehículos que seguían a los infantes entraron en un campo de minas no detectado: varios vehículos se incendiaron y los restantes tuvieron que detenerse, mientras que los zapadores australianos intentaban abriri brechas en el nuevo campo de minas. Una posición contracarro italoalemana comenzó a hacer fuego de enfilada desde el lateral del campo de minas, destruyendo más vehículos, lo que hacía muy peligroso el tránsito por las brechas abiertas por los zapadores… Los intentos de destruir esta posición contracarro fracasaron, por las dificultades de obtener una localización suficientemente precisa para hacer fuego con Artillería o morteros. Pese a ello, los infantes australianos continuaron su avance, ocupando la escarpadura. Media docena de cañones contracarro (tres 2-pounder y tres 6-pounder) consiguieron alcanzar las posiciones defensivas de los infantes, pero ninguno de los vehículos de los observadores avanzados de Artillería pudo hacerlo, como tampoco los vehículos que portaban las radios o la munición. Los intentos de tender cable telefónico entre las el II Batallón, en Miteiriya, y el Puesto de Mando de su Brigada fracasaron ante el fuego enemigo. En consecuencia, el II Batallón había tomado su objetivo, pero estaba desprovisto de cualquier apoyo, logístico o de fuegos. En consecuencia, el General Morshead anuló el refuerzo previsto del II Batallón de la XLIII Brigada, enviando en su lugar a los carros Valentine del L Batallón de Carros, para proporcionar capacidad contracarro antes de que llegase el previsible contrataque alemán.  En la noche, los carros se desviaron ligeramente de la ruta prevista, alcanzando Miteiriya al Oeste de las posiciones del II Batallón, donde, en lugar de a su Infantería, encontraron una posición contracarro italoalemana, perdiendo veintidós carros en el subsiguiente combate. Los Valentine se vieron obligados a retirarse sin llegar a enlazar con los infantes del II Batallón.

El avance de la XLIX Brigada comenzó poco después del de los australianos. La idea de retrasar media hora este ataque se basaba en la esperanza de que el ataque de apoyo de los australianos distraería a los defensores y les confundiría sobre el verdadero lugar del esfuerzo principal del 8º Ejército. Sin embargo, en la práctica, el ataque de los australianos sirvió para poner en alerta a los defensores, que comenzaron a hacer fuego sobre los infantes británicos casi desde el momento en que iniciaron su avance. Cuando los zapadores de la 1ª División Sudafricana llegaron al campo de minas tuvieron que iniciar la apertura de brechas bajo fuego de ametralladora. Pese a ello, como en Miteiriya, los infantes británicos continuaron el avance, ocupando las posiciones previstas, pese a sufrir duras pérdidas. Sin embargo, como en el caso de los australianos, sus vehículos logísticos, los cañones contracarro, los vehículos de los observadores avanzados y los vehículos radio seguían atrapados en el campo de minas, por lo que los dos batallones carecían de capacidad contracarro.

Los carros de la II Brigada Acorazada habían avanzado durante la noche por los senderos balizados, de forma que se encontraban en las líneas desde las que habían partido los infantes de la XLIX Brigada. Pese a ello, y debido a la falta de radios, los carristas británicos carecían de información sobre la situación de sus infantes y desconocían si se habían abierto las brechas previstas en el campo de minas y su localización exacta. Así, el avance de los carros, previsto a las 06:55 se retrasó a las 8:15. A las ocho los zapadores sudafricanos informaron de que las brechas no estaban terminadas, lo que hizo que el movimiento de los carros se retrasase indefinidamente, hasta confirmar que el campo de minas era practicable. Esta decisión dejaba a los infantes británicos indefensos ante los carros alemanes.

Y efectivamente, al amanecer los carros alemanes iniciaron su contrataque, inicialmente sobre los australianos en Miteiriya. El contraataque se realizó tanto desde el frente de la posición como desde la retaguardia, aprovechando que el campo de minas protegía el flanco de los carros alemanes ante una posible intervención de los británicos desde sus líneas. La media docena de cañones contracarro fue rápidamente destruida, dejando inermes a los infantes. A las 09:05, los australianos pudieron enlazar brevemente con una radio portátil, solicitando apoyo artillero, pero su capacidad para designar objetivos sin equipos de observadores avanzados era limitada. A las diez, el batallón había agotado su capacidad de resistencia, y la posición fue ocupada por los carros alemanes. Los supervivientes australianos fueron hechos prisioneros.

Una vez neutralizado el ataque en Miteiriya, los carros alemanes se concentraron sobre los infantes de la LXIX Briagada. En este caso, los carros alemanes desplegaron entre el campo de minas y la posición ocupada por los británicos, a retaguardia de ellos. En el caso de este Brigada, su nula capacidad contracarro se hizo sentir rápidamente, y la resistencia colapsó en pocos minutos.

Manhood se había saldado con un nuevo fracaso, con la pérdida de los tres batallones de Infantería implicados en la operación y la de una treintena de carros de combate. Como en Bacon y en Splendour, los carros británicos habían sido incapaces de auxiliar a su Infantería. Y, como entonces, los veteranos carristas de la II Brigada Acorazada se habían mostrado poco dispuestos a arriesgar sus carros, mientras que los novatos de la XXIII Brigada de Carros (a la que pertenecía el L Batallón de Carros) habían avanzado valientemente, para sufrir numerosas pérdidas, con escasos beneficios para sus infantes.

En el análisis posterior, los británicos concluyeron que los carristas de la II Brigada Acorazada sobrevaloraron las pérdidas que se podrían derivar de cruzar el campo de minas por las brechas parcialmente abiertas. Sin embargo, lo cierto es que las experiencias de las últimas operaciones hacían desconfiar a los carristas de la capacidad de sus ingenieros para asegurar que las brechas abiertas eran seguras. Por otra parte, los campos de minas encontrados tenían una densidad de minas muy variable. Si bien es cierto que los que se encontraban en el frente de la LXIX Brigada no eran particularmente densos, ésa era una información que no se podía saber al inicio del movimiento ofensivo de los británicos. Por otra parte, la vía para intercambiar información entre los zapadores sudafricanos y los carristas de la 1ª División Acorazada se basaba esencialmente en un solo Oficial de Enlace, que, además desplegaba en primera línea, con los zapadores. De esta forma, los problemas de enlace radio que habían estado presentes a lo largo de la operación afectaron también al movimiento de los carros, pues el Puesto de Mando de la II Brigada carecía de información procedente de su Oficial de Enlace sobre la situación de los campos de minas. Y, en realidad, las brechas estaban prácticamente despejadas desde las 04:30, con tiempo de sobra para que los carros británicos reforzaran a los infantes de la LXIX Brigada, pero esa información nunca llegó a la II Brigada Acorazada.

Como ya hemos citado, en realidad, Auchinleck no tenía un conocimiento profundo del 8º Ejército, lo que hacía que no fuese plenamente consciente de sus verdaderas capacidades y limitaciones. Además de ello, los combates en El Alamein suponían un cambio radical sobre los combates realizados por el 8º Ejército hasta ese momento: después de dos años de incidir sobre la libertad de movimientos, la descentralización del mando, la escasa importancia del terreno y los rápidos avances sobre cientos de kilómetros, los combates en El Alamien remitían a la forma de combatir en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial, con sus tácticas de ‘methodical battle’. Consecuentemente, los carristas veteranos de la guerra en el desierto se sentían particularmente incómodos en una forma de combatir que les era totalmente ajena. Además de ello, Rommel trataba de compensar su inferioridad numérica empleando numerosos campos de minas, lo que restringía aún más la movilidad en el campo de batalla. El Ejército británico de 1918 era experto en abrir brechas en campos de minas, operación compleja que requiere una íntima combinación de fuego de Artillería, zapadores, infantes y carros. Para el 8º Ejército, era un tipo de operación completamente nueva. No es sorprendente que los británicos fuesen poco a poco ‘desempolvando’ sus viejos manuales de la PGM…

Tras el fracaso de Manhood, resultaba evidente que el 8º Ejército carecía de capacidad ofensiva hasta que fuese convenientemente reforzado. Así, Auchinleck inició el planeamiento de sus operaciones futuras, descartando nuevas ofensivas a corto plazo. Sin embargo, esta incapacidad para emprender la ofensiva no era evidente en Londres, donde creían que la parálisis del frente se debía a falta de acometividad de la jefatura del 8º Ejército.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

Ver todos los artículos
Carlos Javier Frías Sánchez