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Primera batalla de El Alamein. El ataque alemán

https://global-strategy.org/primera-batalla-el-alamein-ataque-aleman/ Primera batalla de El Alamein. El ataque alemán 2021-06-12 10:24:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
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Las defensas británicas en la ‘box’ de El Alamein eran relativamente débiles: cuando se concibió la posición, el año anterior, se diseñó para ser defendida por una División al completo. Sin embargo, en julio de 1942 se combinaron dos factores que hicieron disminuir la guarnición asignada a la ‘box’: por un lado, la escasez de tropas disponibles, que forzó a que la 1ª División Sudafricana destacase dos de su Brigadas (reforzadas cada una con dos Baterías de Artillería) a ‘boxes’ situadas al Sur y al Suroeste de El Alamein; por otro, Auchinleck consideraba que las ‘boxes’ debían ocuparse como máximo a nivel Brigada, para evitar perder más tropas en caso de cerco. En consecuencia, la III Brigada Sudafricana podía hacer muy poco más que defender el sector Oeste de la posición. A cambio, la ‘box’ de El Alamein estaba muy bien dotada de Artillería de Campaña, al desplegar en ella la Artillería de la División Sudafricana y los dos Regimientos de Artillería de Campaña dotados de obuses de 4,5’ (114 mm.) y 5,5’ (140 mm.) del 8º Ejército.

Los restos de la 50ª División de Infantería, muy castigada en Mersa Matruh, se organizaron en tres columnas móviles de entidad Batallón reforzado, cada una con ocho piezas de Artillería, para cubrir los intervalos entre la ‘box’ de El Alamein y la de Deir el Shein, guarnecida por la XVIII Brigada India.

Al Sur, la 2ª Diviisón Neozelandesa desplegaba en dos posiciones, con su VI Brigada (que no había participado en anteriores combares) en la ‘box’ de Bab el Qattara, mientras que las IV y V Brigadas se reorganizaban en la de Deir el Mussaib, y los recién llegados carros de las 1ª y 7ª División Acorazadas apenas habían tenido tiempo para reconstituir sus unidades.

Cuando Rommel desencadenó su ataque, la noche del 30 de junio al 1 de julio, la finta del Afrika Korps destinada a hacer creer a los británicos que su ataque se produciría por el Sur fracasó: la intercepción de las comunicaciones de la máquina encriptadora alemana ‘Enigma’ permitieron a Auchinleck conocer anticipadamente la maniobra de Rommel. Consecuentemente, Auchinleck confiaba en emplear los carros de la XXII Brigada Acorazada junto con la 2ª División Neozelandesa para atacar desde el Sur el flanco derecho de la penetración alemana. Sin embargo, Auchinleck no pudo enlazar con el XIII Cuerpo de Ejército, por lo que la 2ª División Neozelandesa mantuvo sus posiciones.

Pese a la ausencia de un contraataque británico, el avance alemán comenzó a retrasarse: después de flanquear sin ser molestados las alturas de Deir el Abeyd, los vehículos alemanes comenzaron a recibir fuego desde Deir el Shein, lugar que creían desierto. Ante la imposibilidad de continuar avanzando sufriendo fuego desde su flanco, el General Nehring, jefe del Afrika Korps decidió asaltar la ‘box’ de Deir el Shein. Consecuentemente, los alemanes iniciaron su asalto: los Panzer-IV se alinearon a 1800 m. de las trincheras británicas, y proporcionaron fuego de cobertura para el despliegue de la Artillería y de la Infantería, que iban haciendo fuego conforme entraban en posición. Cuando el volumen de fuego empezó a reducir la eficacia de la defensa, los carros avanzaron en tres olas sucesivas, seguidos de la Infantería a pie, y protegidos por el fuego de su Artillería. Los vehículos de reconocimiento protegían los flancos del sector de ataque, mientras los Ingenieros abrían brechas en los campos de minas y en las alambradas… Esta técnica de ataque era la habitual del Afrika Korps, pero resultaba absolutamente desconocida para la XVIII Brigada India, una unidad recién incorporada al 8º Ejército desde Irak. Además de ello, los hindúes habían perdido su Artillería en Mersa Matruh, habiendo recibido como apoyo el día anterior al ataque alemán veinticinco piezas 25-pounder, restos de tres regimientos distintos, y sin medios de enlace, ni por radio ni por teléfono. Consecuentemente, las piezas actuaron de forma aislada y en tiro directo, por lo que su eficacia fue muy escasa. La XVIII Brigada había recibido como refuerzo además siete Matilda-II, que se enfrentaron en gran inferioridad numérica y cualitativa a los Panzer-III y IV alemanes, siendo rápidamente destruidos.

Por otro lado, la solicitud de ayuda de la XVIII Brigada no llegó al Cuartel General del XXX Cuerpo a tiempo de atenderla. En cualquier caso, los carros de la IV Brigada Acorazada (los únicos próximos) estaban atascados en una zona de arena blanda, por lo que tampoco hubieran podido acudir en su auxilio. Por su parte, la XXII Brigada Acorazada atacó en solitario a la caída de la tarde (el Cuartel General del XIII Cuerpo de Ejército, sin contacto con el Cuartel General del 8º Ejército, no dio órdenes de ataque a su 2ª División Neozelandesa) desde el Sur, alcanzando el flanco de la penetración alemana y causando bajas entre los atacantes. Sin embargo, para entonces (19:00) la XVII Brigada ya estaba intentando evacuar la posición, por lo que los carristas británicos no continuaron su ataque y se replegaron.

En los combates contra la XVIII Brigada, el Afrika Korps perdió dieciocho carros, casi un tercio de su inventario en ese momento, pero, además, perdió unas horas vitales para el éxito del plan de Rommel. Al final de la jornada, el Afrika Korps debía estar atacando la retaguardia del XIII Cuerpo de Ejército, y, en lugar de ello, se encontraba todavía en la primera línea de posiciones británicas, viéndose obligado además a tomar la ‘box’ de la I Brigada Sudafricana en la escarpadura de Ruweisat, si quería continuar su avance.

Por su parte, la 90ª División Ligera había vio su avance obstaculizado permanentemente por la potente Artillería de los sudafricanos, capaz de concentrar sobre los escasos infantes alemanes el fuego de más de ochenta piezas. Cuando la 90º División se vio forzada a detener su avance al Sur de El Alamein, la eficacia del fuego artillero británico no hizo más que aumentar, forzando una apresurada retirada que se convirtió casi en una huida. Durante la noche, la R.A.F. realizó continuos ataques contra los carros alemanes detenidos entre El Alamein y Deir el Shein y sus columnas de suministros… La ofensiva de Rommel había fracasado.

Al día siguiente, Rommel intentó continuar con el plan previsto, para lo que debía operar contra las posiciones de la I Brigada Sudafricana en la escarpadura de Ruweisat. Sin embargo, la actividad aérea de la R.A.F. había impedido un reabastecimiento completo, por lo que los carros alemanes andaban escasos de combustible y municiones. Esa mañana, los alemanes solo disponían de treinta y siete carros operativos, y los ataques aéreos no cesaban.

La 90ª División Ligera reinició su movimiento hacia la costa en las horas previas al alba, pero cuando amaneció comenzó a recibir un potente bombardeo artillero que, como el día anterior, la obligó primero a detener su avance y a retirarse a continuación. Los intentos de la Artillería alemana de destruir a la británica se saldaron con el fracaso, al no disponer de observatorios que permitiesen localizar a las piezas situadas en El Alamein. La 90ª División Ligera nunca llegó a aproximarse a las defensas de El Alamein lo suficiente como para poder hacer uso de sus armas ligeras y aún menos para ejecutar un asalto: la 90ª División Ligera era incapaz de alcanzar la costa y aislar El Alamein. Como consecuencia, Rommel tuvo que alterar su plan, encargando al Afrika Korps que tomase la ‘box’ (llamada ‘Hotbox’) de la I Brigada India al Norte del extremo occidental de la escarpadura de Ruweisat (a unos siete kilómetros al Este de Deir el Shein) y después que girase al Norte para alcanzar la costa. El envolvimiento previsto del XIII Cuerpo de Ejército a cargo del Afrika Korps lo realizarían las tres divisiones italianas del XX Cuerpo de Ejército (Ariete, Littorio y Trieste). Esto implicaba que el ‘esfuerzo principal’ alemán dejaba de ser el envolvimiento del XIII Cuerpo, para convertirse en el aislamiento de El Alamein. Este cambio de órdenes implicaba que el XIII Cuerpo de Ejército británico no iba a ser envuelto, por el momento, por el Afrika Korps, sino por las mucho más débiles divisiones italianas, lo que hacía que su éxito fuese muy dudoso. Aparentemente, Rommel confiaba en que la lentitud de la toma de decisiones del mando británico permitiría al Afrika Korps acabar con el XXX Cuerpo de Ejército en un primer momento, y lanzarse sobre el XIII Cuerpo después, o bien, que el envolvimiento del XXX Cuerpo de Ejército desencadenaría una retirada generalizada del 8º Ejército.

Las dificultades para reabastecer al Afrika Korps hicieron que el ataque alemán no pudiese iniciarse antes de las 15:00. Este breve periodo permitió a los británicos reorganizar en cierta medida sus dispersas unidades. Así, sobre la base de una Batería del 11º Regimiento de Artillería (recién llegado de Irak) y reforzado con los restos de la 10ª División India (destruida en Mersa Matruh) y de la XVIII Brigada India (arrollada el día anterior por el Afrika Korps), los británicos crearon un grupo de combate ‘ad-hoc’ (al estilo de los kampfgruppen alemanes) llamado Robcol, que desplegó en la parte occidental de la escarpadura de Ruweisat, primer objetivo del inminente ataque del Afrika Korps.

Robcol ejecutó una tenaz defensa de su posición, con su Artillería empleada como medio contracarro, que obligó al Afrika Korps a organizar un ataque metódico a cargo de la 21ª División Panzer, que acabó por arrollar a la pequeña unidad. Sin embargo, la resistencia de Robcol dio tiempo a la XXII Brigada Acorazada para acudir en auxilio de los defensores británicos. Al Norte de la escarpadura de Ruweisat, la II Brigada Acorazada acudió también en ayuda de los sudafricanos de la ‘Hotbox’, que sufrían el ataque de la 15ª División Panzer. Aquí los alemanes recurrieron a una de sus habituales tácticas, retirándose para atraer a los carros británicos hacia una barrera de FlaK-18, que ocasionó fuertes pérdidas a la II Brigada. Sin embargo, la inferioridad numérica de los carros alemanes hizo que pronto la 15ª División Panzer tuviera que ponerse en defensiva, abortando cualquier avance. En este momento, las dos Divisiones Panzer tenían sus flancos amenazadas por la II Brigada Acorazada desde el Norte y por la XXII desde el Sur, y su avance hacia la costa estaba bloqueado por la ‘Hotbox’. Los intentos alemanes de continuar su avance fueron infructuosos. Rommel había perdido un segundo día, con un avance limitado a seis kilómetros y cuantiosas pérdidas.

Además de ello, la R.A.F. continuó con su incesante presión sobre las vanguardias alemanas: cada media hora o menos, docenas de bombarderos atacaban los vehículos alemanes desplegados frente a las posiciones británicas. Si bien la precisión de los ataques no era mucha, ni el armamento de ataque a tierra era el más adecuado (como ya hemos visto, la R.A.F. se había resistido antes de la guerra a dedicarse al apoyo a las fuerzas terrestres, y, como consecuencia, carecía aviones y armas adaptados a esta función, como sí tenía la Luftwaffe) el efecto sobre la moral de las tropas italoalemanas de los constantes bombardeos se iba incrementando progresivamente, así como las pérdidas de los muy vulnerables convoyes logísticos, comprometiendo el ya difícil reabastecimiento del Panzerarmee Afrika.

Por su parte, el XX Cuerpo de Ejército italiano, pese a la urgencia transmitida por Rommel, se encontraba muy retrasado, y su avance se vio muy obstaculizado por la presión de la R.A.F., de forma que esa jornada no pudo llegar ni siquiera a las posiciones previstas para el inicio de su ataque.

Sin embargo, la situación de los británicos tampoco era buena: la I Brigada Sudafricana había sufrido fuertes pérdidas, hasta el punto de que su Jefe de División, General Pienaar, solicitó evacuar la ‘Hotbox’ (el jefe de la Brigada yt su segundo jefe habían caído en combate), petición denegada por Auchinleck, prometiéndole refuerzos de la 9ª División Australiana, en ese momento de camino hacia el campo de batalla desde Alejandría.

Las comunicaciones entre el Cuartel General del 8º Ejército (situado en el extremo oriental de la escarpadura de Ruweisat) y el del XIII Cuerpo de Ejército (en la ‘box’ de Deir el Mussaib) seguían siendo muy problemáticas. Debido al insuficiente alcance se sus radios, el General Gott se veía obligado a elegir entre mantener la comunicación con Auchinleck o mantenerla con sus unidades subordinadas. Gott decidió quedarse cerca de sus Divisiones, y actuar en beneficio de la idea de maniobra inicial que Auchinleck había diseñado en su plan de batalla: resistir en las ‘boxes’ y actuar ofensivamente donde pudiera (especialmente, contra las tropas italianas), sobre el flanco Sur del ataque del Eje.

El día 3 de julio, Rommel decidió continuar su ataque. En realidad, no tenía otras opciones: o intentar vencer en un último esfuerzo o verse obligado a retirarse bajo presión (operación siempre costosa). Si bien el Afrika Korps apenas pudo progresar, el XX Cuerpo de Ejército italiano realizó un considerable avance, por el Sur de Deir el Abeyd y de Deir el Shein, alcanzando posiciones entre la escarpadura de Ruweisat y la ‘box’ de Deir el Mussaib. Sin embargo, en su avance los carros italianos se adelantaron mucho a su Artillería de Campaña, que sufrió un ataque por parte de las dos Brigadas Sudafricanas de esa ‘box’: como consecuencia, la División Ariete perdió toda su Artillería y gran parte de su logística (los neozelandeses capturaron veintiocho piezas y más de cien camiones e hicieron más de trescientos prisioneros) y con ella, gran parte de su capacidad de combate. El cambio de orientación de Auchinleck desde ‘boxes’ absolutamente estáticas a plantear esas posiciones como bases de partida para operaciones móviles comenzaba a dar resultados.

Por otra parte, la ‘box’ de Bab el Qattara (denominada ‘Kaponga’ por los neozelandeses) estaba sufriendo el ataque de los italianos del XX Cuerpo de Ejército, pero la presión que ejercían sobre ella era insuficiente para tomarla.

Los esfuerzos de la 21ª División Panzer po continuar el avance se estrellaron contra las IV y XXII Brigadas Acorazadas, desplegadas en la escarpadura de Ruweisat y que, reforzadas con un Batallón Acorazado improvisado (creado con restos de otras unidades, pero con veinticuatro Lee/Grant y una veintena de Cruiser), eran muy superiores en número de carros a los escasos Panzer alemanes que restaban operativos. La 21ª División Panzer perdió una docena de sus escasos carros disponibles, destruyendo diecisiete Lee/Grant, diecinueve Stuart y tres Valentine, pero su ataque había sido detenido y su capacidad de combate remanente hacía imposible nuevas acciones ofensivas: las tres Divisiones alemanas apenas reunían ya más de 1200-1500 combatientes cada una. Aún peor: los británicos quedaron dueños del campo de batalla, lo que impedía a los alemanes recuperar sus carros dañados, mientras que los británicos sí podrían hacerlo con los suyos.

La situación logística del Panzerarmee era dramática. El combustible era muy escaso (lo que impedía una rápida retirada) y la munición también (lo que comprometía la posibilidad de plantear una batalla defensiva con éxito): la 15ª División Panzer informaba de que disponía de dos disparos por cañón, y la situación de la 21ª apenas era mejor (su Artillería empleaba solo los 25-pounder capturados, gracias a la munición hallada en Deir el Shein – 1500 disparos -, mientras que las piezas alemanas carecían completamente de munición). El Panzerarmee Afrika había alcanzado el ‘punto culminante’ de su ofensiva que describía Clausewitz en el s.XIX.

Rommel no renunciaba a la ofensiva (su única posibilidad de éxito), pero necesitaba reconstituir sus Divisiones Panzer y la 90ª Ligera. Para ello, esperaba mantener la línea alcanzada y reemplazarlas por las Divisiones italianas del XXI y el X Cuerpo, que se estaban aproximando a la posición de El Alamein. Después de reabastecerlas y equiparlas, reiniciaría la ofensiva.

Sin embargo, las posibilidades reales de resistir un contraataque británico eran muy escasas: sin combustible ni munición, en un terreno poco apto para la defensa y sin minas, fortificaciones o alambradas, la defensa parecía imposible. Pese a ello, el 8º Ejército estaba tan agotado como el Panzerarmee Afrika, por lo que el día 4 de julio, ambos ejércitos se mantuvieron casi inactivos, con pequeñas escaramuzas por ambos bandos. Esta inactividad fue aprovechada por Rommel para retirar del frente a la 21ª División Panzer, para iniciar su reconstitución, y para reforzar en lo posible sus defensas. Rommel recibió por vía aérea desde Creta vía Tobruk algo de combustible, munición crítica y personal igualmente crítico, pero no era posible recibir material pesado por esa vía, por lo que su situación seguía siendo muy comprometida: los recursos disponibles eran igualmente insuficientes para una retirada ordenada o para proseguir su ofensiva.

Por su parte, Auchinleck se enfrentaba también a un dilema: sus tropas sobre el terreno estaban absolutamente exhaustas y, además era plenamente consciente de que el Panzerarmee, incluso en su compleja situación en ese momento, seguía siendo un enemigo muy peligroso. Además, la 9ª División Australiana, una unidad completamente fresca, estaba a punto de llegar al campo de batalla, lo que supondría un importante aumento de la capacidad de combate del 8º Ejército. Pero, por otro lado, Auchinleck era plenamente consciente de la demostrada capacidad de recuperación del Panzerarmee, si no se aprovechaba la situación para derrotarlo… Por otro lado, los avances alemanes desde la Unión Soviética hacia el Cáucaso amenazaban con llegar hacia el Kurdistán británico, la principal fuente de petróleo del Imperio. El Estado Mayor Conjunto de Oriente Medio calculaba que, a mediados de julio, podría ser necesario redesplegar tropas del 8º Ejército hacia Irak. Esto obligaba a Auchinleck a arriesgarse a acabar con el Panzerarmee lo antes posible. Consecuentemente, el 4 de julio por la tarde, Auchinleck ordenó al 8º Ejército pasar a la ofensiva, con el fin de destruir al Panzerarmee. Su idea era mantener al XXX Cuerpo fijando a las tropas alemanas, y emplear al XIII Cuerpo para atacar el flanco Sur y la retaguardia del Panzerarmee.

Pese a los deseos de Auchinleck, lo cierto es que el XIII Cuerpo de Ejército disponía de muy pocos carros, y su capacidad ofensiva residía sobre todo en las Brigadas de Infantería de su 2ª División Neozelandesa, con una de ellas, la VI, fijada en Bab el Qattara. Consecuentemente, la reacción de las tropas británicas fue muy tímida. Las IV y V Brigadas Neozelandesas avanzaron desde Deir el Mussaib hacia el Noroeste, pero fueron sorprendidas por un fuerte ataque de Stukas que les causó pérdidas importantes, pero, sobre todo, desorganizó su avance cuando las unidades se dispersaron para evitar el ataque, obligándolas a cancelar la operación. Ante la crisis del Panzerarmee, la Luftwaffe estaba dedicando un mayor esfuerzo en su apoyo. Al ataque aéreo se unió la Artillería de Campaña del XX Cuerpo de Ejército italiano, lo que hizo que los neozelandeses renunciasen cualquier avance.

Por otra parte, el grueso de los carros británicos se encontraba desplegado en la escarpadura de Ruweisat, frente a la 15ª División Panzer, muy inferior numéricamente y sin apenas combustible ni munición. Sin embargo, de acuerdo con la idea de Auchinleck de que el ataque de flanco lo ejecutaría el XIII Cuerpo de Ejército, los carros británicos se limitaron a mantener su posición, situación reforzada por el gran desgaste sufrido en los combates anteriores, que llevó al jefe de la 1ª División Acorazada, General Lumsden, a exigir violentamente el relevo de su División: no era la mejor actitud para emprender una ofensiva.

La inacción británica durante el 5 y el 6 de julio permitió al Panzerarmee reforzar sus defensas, y reabastecerse y posibilitó a la Luftwaffe desplegar unidades de caza y bombarderos Stuka en los aeródromos de El Daba y Fuka, a pocas decenas de kilómetros del frente. El mismo 6 de julio, Auchinleck sustituyó a Norrie como jefe del XXX Cuerpo por el General Ramsden (jefe de la destruida 50ª División), por su incapacidad para iniciar las acciones ofensivas ordenadas, y para imponerse a sus jefes de División (General Pienaar de la 1ª División Sudafricana y General Lumsden de la 1ª División Acorazada). Ese mismo día, los primeros elementos de la 9ª División Australiana comenzaron a desplegar en la escarpadura de Ruweisat.

Los refuerzos recibidos por Rommel e hicieron concebir la idea de tomar la ‘box’ de ‘Kaponga’ (Bab el Qattara), para destruir a la VI Brigada Neozelandesa. De esta forma, la 2ª División Neolzelandesa carecería de entidad suficiente para atacar con éxito el flanco Sur del Panzerarmee. Sin embargo, el día 7 de julio, los neozelandeses evacuaron subrepticiamente la posición, dejando solo algunos observadores para fingir que seguía ocupada. Incluso así, los alemanes montaron un ataque deliberado sobre la posición – lo que obligó a retrasar el movimiento hasta el 9 de julio –, con la 90ª División Ligera, la 21ª División Panzer y toda la Artillería y apoyo aéreo disponibles, que, efectivamente, ocupó la ‘box’, pero fracasó en su objetivo de debilitar decisivamente a la 2ª División Neozelandesa.

Aprovechando que Rommel había desplazado sus unidades más potentes a Bab el Qattara, el 10 de julio Auchinleck empleó a los recién llegados australianos – dos Batallones de Infantería, con el apoyo de toda la Artillería de las divisiones australiana y sudafricana (más de un centenar de piezas) y de los casi cincuenta carros Valentine del XLIV Batallón Acorazado del Royal Tank Regiment – para emprender un ataque nocturno sobre las tropas italianas que fijaban la ‘box’ de El Alamein por el Oeste (División de Infantería Sabratha), en el área de Tel el Eisa. El potente bombardeo artillero causó el pánico en los bisoños soldados italianos, facilitando el éxito del avance de los australianos. Al amanecer del 10 de julio, el promontorio rocoso de Tel el Eisa estaba firmemente en manos australianas. Afortunadamente para el Panzerarmee, la noche anterior habían llegado a la zona al Oeste de Tel el Eisa algunos elementos de la 164ª División de Infantería Ligera alemana, en aviones desde Creta. Con estas tropas y algunos FlaK (que protegían el Puesto de Mando del Panzerarmee, situado a pocos kilómetros al Oeste de Tel el Eisa), los alemanes montaron una línea defensiva que cerraba el hueco dejado por la División Sabratha, en desbandada. Rommel ordenó a la 15ª División Panzer (con solo diez carros operativos) que ejecutase un contraataque contra el flanco Sur de la penetración australiana (para lo que la Luftwaffe apoyaría con abundantes Stuka), mientras redesplegaba a la 90ª División Ligera, a la 21ª División Panzer y a los italianos de la Littorio hacia el Norte, para enfrentarse a la nueva amenaza. Auchinleck había recuperado la iniciativa y Rommel se veía obligado a reaccionar a las acciones del 8º Ejército.

Los ataques alemanes al saliente creado por el avance australiano fracasaron ante la decidida defensa de los australianos (la mayoría, veteranos del sitio de Tobruk), causando serias pérdidas a los atacantes, pero, sobre todo, descartando que Rommel pudiese tomar El Alamein, ante la amenaza que suponía la posición australiana en su línea El ataque de los australianos se asemejaba mucho a los ataques británicos de la PGM: bajo el paraguas de una importante masa de Artillería, la Infantería avanzaba, apoyada por carros, para tomar algún terreno, siempre sin salir fuera del alcance de la Artillería de apoyo (‘bite and hold’ en la jerga militar británica). De hecho, ninguna explotación de la ruptura estuvo prevista, pese a la superioridad británica en carros. El Ejército británico, poco a poco, volvía a los métodos que le habían dado la victoria en la PGM, renunciando a imitar la ‘guerra de movimiento’ de la Wehrmacht.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

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