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Putin y la nueva persuasión. Reflexiones psicológicas del discurso de la conferencia anual con los medios

https://global-strategy.org/putin-y-la-nueva-persuasion-reflexiones-psicologicas-del-discurso-de-la-conferencia-anual-con-los-medios/ Putin y la nueva persuasión. Reflexiones psicológicas del discurso de la conferencia anual con los medios 2022-01-12 18:10:18 Luis Ángel Díaz Robredo Blog post Estudios Globales Rusia
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Las recientes intervenciones de Vladimir Putin a finales de 2021 acerca de la posición rusa en el conflicto de Ucrania aportan novedades interesantes que dejan entrever un posible cambio de tendencia en la actual estrategia comunicativa del gobierno de Moscú. Si bien las artes diplomáticas del gobierno ruso en las últimas décadas, al igual que la de otros países, habían basado su capacidad de influencia coercitiva en el espacio internacional mediante el uso o amenaza de uso de capacidades militares o presiones económicas, la reciente tensión entre Rusia y la OTAN dibuja un doble juego de hard power y soft power complementario en el arsenal dialéctico del Kremlin y que puede resultar una mera casualidad o una novedad en la estrategia comunicativa.

En cualquier caso, algunos de los estilos comunicativos empleados recientemente indican un conocimiento de nuevas estrategias persuasivas dirigidas no tanto a los líderes políticos occidentales, sino más bien a la generación y propagación de una opinión social favorable o, al menos, empática con la visión rusa entre los medios de comunicación occidentales y, por ende, entre la población general y la opinión pública de los países del entorno OTAN. Desde la psicología social y grupal trataremos de explicar algunos de estos mecanismos y su capacidad de influencia.

La conferencia anual con los medios, ¿casualidad o estrategia?

Es comúnmente conocida la retórica utilizada por el Kremlin respecto a las posturas acerca de Ucrania y la OTAN en los últimos meses: las advertencias son habituales sobre el uso de la fuerza tanto ante amenazas militares como ante sanciones económicas de la OTAN y EEUU.

Sin embargo, en la conferencia anual con los medios realizada ante la prensa nacional e internacional el 23 diciembre de 2021, se advierte un tono diferente al habitual en el presidente ruso.  Ante las preguntas planteadas sobre el conflicto de Ucrania por medios europeos, como la periodista Diana Magnay, de la agencia británica “Sky News”, se observa un aparente cambio tanto en la terminología como en las maneras empleadas. Putin reitera una vez más la visión rusa de que es la seguridad de su país la que está amenazada y que EEUU y los países occidentales son los que amenazan la paz con su presencia en la frontera ucraniana, algo previsible y habitual en su discurso oficial. Sin embargo, la novedad reside en la utilización de palabras neutras al referirse al entorno internacional, como “nuestros socios europeos” o palabras sencillas de comprender y sin connotaciones agresivas o ultranacionalistas como “nuestra casa” en vez de términos como patria o nación que pudieran ser desacreditados por la prensa o la opinión pública occidental y que, de hecho, son utilizadas por el presidente ruso ante otras audiencias más proclives al hard power: “It is the United States that has come to our home with its missiles…”. A continuación, en la misma línea alejada de posiciones radicales, propone a los medios de comunicación un ejercicio de empatía hacia la postura rusa respecto al sistema antimisiles instalado en Ucrania: “What would the Americans say if we stationed our missiles on the border between Canada and the United States, or between Mexico and the United States?”. Aún más, establece similitudes entre ambos países a la hora de solucionar disputas territoriales consideradas internas para el presidente Putin: “Haven’t Mexico and the US had territorial disputes in the past? Which country owned California? And Texas? Have you forgotten? All right, nobody is talking about this now the way they are talking about Crimea. Very well. But we are trying to avoid talking about the creation of Ukraine as well. Who created it? “. Insistiendo en la imagen de antibelicismo y de compromiso de Rusia por la paz, Putin señala los incumplimientos constantes de la OTAN respecto a la inclusión de nuevos países geográficamente muy cercanos a la frontera rusa rompiendo los compromisos anteriores establecidos por ambas partes. Una aparente frustración asoma en la cara del presidente cuando habla de  la cooperación del Kremlin en materia de seguridad nuclear internacional: “We had representatives from American intelligence services at our nuclear, military facilities; monitoring Russia’s nuclear weapons sites was their job. They went there every day and even lived there. Many advisors, including CIA staffers, worked in the Russian Government. What else did you need?”. Se atisban incluso expresiones deindignación al aseverar que países occidentales apoyaron a organizaciones terroristas que actuaron en Cáucaso Norte.

Soft power e influencia minoritaria

¿Resulta esta réplica de Putin a un medio de comunicación europeo una debilidad del gobernante al expresar frustración por la falta de entendimiento y de fidelidad de Occidente respecto a los compromisos de seguridad adquiridos con Rusia? ¿Son coherentes las manifestaciones y amenazas militares habituales del Kremlin basadas en el hard power con estas nuevas peticiones comentadas de empatía social hacia el pueblo ruso y referencias a similitudes históricas entre países habitualmente opuestos?

Podría pensarse que este estilo comunicativo del presidente ruso es casual o incluso contradictorio con la imagen de un país poderoso y que puja por un liderazgo basado en decisiones unilaterales como la invasión de Crimea de 2014, pero hay que recordar que en los últimos años, el gobierno del Kremlin ha invertido mucho dinero en generar una imagen amable, cercana y democrática en la opinión pública occidental y mundial. Baste recordar el crecimiento exponencial de los presupuestos de la televisión pública Rusia Today en sus diferentes países de emisión.

No es difícil aventurar que dentro de su estrategia de influencia mundial Rusia ha comprendido el efecto positivo del “soft power” del politólogo Joe Nye  -una influencia social basada en la atracción y no tanto en la coerción entre estados-, sobretodo en aquellas sociedades donde actualmente existe un desconocimiento del estilo y objetivos políticos rusos. Además, es razonable creer que Rusia conoce perfectamente la desventaja real que sufre en el amplio espectro informativo de los medios de comunicación occidentales. Junto a esto, resultaría poco razonable pensar que una retórica agresiva, militarizada y claramente dirigida al control de los recursos y del poder mundial podría calar en una población europea o norteamericana acostumbradas a modelos de liderazgo menos autoritarios.

Decía el psicólogo Serge Moscovici  en su obra Psicología de las minorías activas que para que un grupo minoritario pueda influir en la mayoría, este debería evitar el rechazo inicial produciendo un proceso de validación de contenidos, es decir, el grupo minoritario debería conseguir que el grupo mayoritario abandonara prejuicios y comenzara a debatir los contenidos o las opiniones del grupo minoritario. Así, el grupo minoritario deberá crea un conflicto interno en la mayoría que mine la confianza en la propia posición mediante la confrontación de puntos de vista. Aplicado al caso que nos ocupa es fácil entender que el uso de los medios de comunicación propios (como es el caso de RT) o extranjeros (como la conferencia de prensa anual del presidente ruso) facilitan la comunicación de argumentos minoritarios hacia ambientes claramente anti-rusos o desconocedores de la estrategia diplomática rusa. El planteamiento de informaciones más o menos manipuladas puede generar debates en ambientes sociales en los que anteriormente la influencia mayoritaria (la establecida por la cultura política de cada país) controlaba una idea comúnmente aceptada y poco discutida.

Otra explicación de una posible acción de influencia minoritaria relacionada con el discurso de Putin podría ser el concepto  de descentración de C.J. Nemeth. En esta teoría se propone que una forma de influir en el individuo es haciéndole creer que no existe una incompatibilidad entre las creencias de su grupo mayoritario y el de la minoría. Esto es, el sujeto no percibe ninguna violencia interna ante la aceptación de nuevos argumentos propuestos por una minoría. Para ello, el grupo minoritario debe hacer una propuesta sugerente y original, no basada en los argumentos clásicos o dicotómicos que suelen existir entre dos partes enfrentadas. Por eso, el apelar a sentimientos comunes de paz, deseos de colaboración o de entendimiento pueden ayudar a aceptar las razones de los medios minoritarios con más facilidad. La petición de empatía social hacia los ciudadanos rusos, la original idea de asemejar las disputas intraestatales de dos países habitualmente lejanos en lo político o destacar el afán común por la lucha contra el terrorismo pueden generar una comprensión y una aceptación de los argumentos del presidente ruso en una opinión pública occidental más acostumbrada a las razones y a las emociones y menos a los hechos consumados que muestra la historia reciente de la política exterior de Rusia.

Conclusión

Por todo lo dicho, es difícil pensar que Vladimir Putin sufriera hace unas semanas un lapsus en su discurso o que la periodista lograra sacar la parte más emotiva y altruista del presidente ruso. Quizá el Kremlin ha decidido complementar su política agresiva y dominante -que se sabe que funciona ante las altas esferas políticas de su propio partido y ante ciertos círculos militares extranjeros- junto con una política de influencia social dirigida a la opinión pública occidental y que busca un cambio de imagen y de afectos de las sociedades extranjeras hacia las actuaciones y decisiones del gobierno ruso en los próximos años. Quizá esta estrategia pueda parecer menos efectiva que el hard power a corto plazo, pero quizá también podamos ver en los próximos meses que esos argumentos inicialmente minoritarios aparecen cada vez más en boca de nuestros propios medios de comunicación y nuestra opinión pública y que, por tanto, la batalla por el cambio de opinión ya habrá comenzado. El terreno ya estará sembrado para recoger un posible debate interno entre la opinión pública de los países occidentales ante posibles sanciones o acciones contra Rusia en caso de conflicto en Ucrania.

Luis Ángel Díaz Robredo

Es Profesor Asociado en la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra. Doctor en Psicología Clínica, Forense y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada.

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