Global Strategy Report, 25/2023
Resumen: El ejemplo de la victoria pírrica del Rey Pirro destaca la paradoja de que una victoria militar puede llevar consigo pérdidas más sustanciales en el ámbito estratégico y político de un estado. Esa historia puede utilizarse como marco de análisis en política internacional. El día 7 de octubre de 2023, la fuerza militar del movimiento político islamista “Hamás” llevó a cabo la operación “Inundación de Al-Aqsa”. En respuesta, Israel movilizó a las Fuerzas de Defensa (IDF) para materializar una operación multidominio denominada “espadas de hierro”, con el objetivo de erradicar la presencia del movimiento islámico en el interior de la Franja de Gaza. Sin embargo, la acción militar de Israel ha sido objeto de críticas debido principalmente al uso desproporcionado de la fuerza sobre la población civil e infraestructura no militar de Gaza. Lo anterior ha generado un profundo debate sobre cómo las acciones militares de Israel podrían dar lugar a repercusiones estratégicas y políticas, lo que conduciría al estado israelí lograr únicamente una victoria pírrica durante el conflicto actual con Hamás. La historia y la experiencia de conflictos pasados sugieren que las capacidades militares de las Fuerzas de Defensa de Israel podrían ser suficientes para eliminar el control político y militar de Hamás en Gaza. Sin embargo, es crucial reconocer que la resolución del conflicto no dependerá exclusivamente de la acción militar. Incluso si la amenaza es eliminada, resulta imperativo convertir el éxito militar en un acuerdo político y estratégico que beneficie a Israel y promueva un entendimiento perdurable y una coexistencia pacífica entre las naciones del medio oriente.
A lo largo de sus 75 años de existencia, el estado de Israel ha experimentado conflictos recurrentes contra distintos actores, tanto de organización estatal como no estatal, del medio oriente (Friedman, 2023). El más reciente de estos encuentros ocurrió el 7 de octubre de 2023, cuando la fuerza militar del movimiento político islamista “Hamás” llevó a cabo la operación “Inundación de Al-Aqsa”, causando la muerte de alrededor de 1400 personas, entre civiles y militares, y la toma de al menos 200 rehenes. Esta acción representó el ataque más violento perpetrado por el grupo islamista contra de Israel desde que asumió el control político de la Franja de Gaza en el año 2007 (Bowen, 2023). En respuesta, Israel movilizó a las Fuerzas de Defensa (IDF) para materializar una operación multidominio denominada “espadas de hierro”. Esta operación incluyó incursiones terrestres, marítimas y aéreas dirigidas a instalaciones estratégicas y a la resistencia militar, teniendo como objetivo político erradicar la presencia del movimiento islámico en el interior de la Franja de Gaza y, simultáneamente, rescatar a los rehenes israelí capturados por Hamás durante el ataque.
Para citar como referencia: Elgueta, Carlos (2023), «Rumbo a la victoria pírrica: el conflicto en Gaza y las repercusiones estratégicas y políticas para Israel», Global Strategy Report, 25/2023.
Sin embargo, la acción militar de Israel ha sido objeto de críticas, tanto en la opinión pública como de la comunidad internacional, debido principalmente al uso desproporcionado de la fuerza[1] lo que ha provocado una significativa cantidad de civiles fallecidos y a los daños infligidos en la infraestructura local que ha impactado directamente en la población civil (REUTERS, 2023). Este escenario ha generado un profundo debate sobre cómo las acciones militares de Israel podrían dar lugar a repercusiones estratégicas y políticas, lo que conduciría al estado israelí lograr únicamente una victoria pírrica durante el conflicto en Gaza.
La tesis del presente ensayo se centra en cómo el conflicto de Gaza plantea la posibilidad de que Israel alcance una victoria pírrica, donde el costo de sus acciones militares podría resultar en pérdidas significativas de carácter estratégicas y políticas en el escenario internacional. En este sentido, el análisis del comportamiento de Israel en el uso de la fuerza revela la importancia de adoptar una estrategia racional que considere las implicancias a largo plazo. Asimismo, la legitimidad política del estado israelí ante occidente también se convierte en un factor crucial, ya que la percepción internacional puede tener un impacto significativo en su posición política, comercial, militar y diplomática. Sin embargo, el deterioro de la imagen internacional no sólo afecta al estado israelí, sino que también contribuye a la inestabilidad regional, generando tensiones adicionales con los estados vecinos que podrían ocasionar el incremento de las hostilidades. Finalmente, este escenario podría exacerbar el conflicto, llevando consigo el riesgo de un mayor surgimiento de amenazas y una posible radicalización extrema en el medio oriente, dificultando alcanzar soluciones políticas duraderas y comprometer los esfuerzos para construir una paz sostenible en la región.
Dentro de la denominada guerras pírricas, en el año 280 a.c., el rey griego Pirro de Epiro llevó a cabo la invasión de Apulia, una región situada en el mar adriático, como parte de su campaña contra el imperio Romano en la península itálica. En el transcurso de esta campaña, Pirro se enfrentó al ejército romano en la batalla de la ciudad de Asculum, donde, después de un combate sangriento, los epirotas lograron la victoria militar. No obstante, las pérdidas resultaron devastadoras, ya que Pirro perdió una cuarta parte de su ejército, incluyendo a sus comandantes más hábiles, muchos de los cuales eran irremplazables. En este contexto se introduce el concepto de “victoria pírrica”, la cual se refiere a una victoria militar en la que los costos y sacrificios para lograrla superan los beneficios obtenidos. Ante este escenario, Pirro evaluó que la victoria en Asculum había implicado un alto costo, expresando “Si salgo victorioso en otra batalla como esa contra los romanos, estaremos arruinados” (Margaritis, 2018, pág. 11).
El ejemplo de la victoria de Pirro destaca la paradoja de que una victoria militar puede llevar consigo pérdidas más sustanciales en el ámbito estratégico y político de un estado. La afirmación de Holmes (2021) refuerza esta idea al indicar que la victoria pírrica perjudica la causa estratégica y política (pág.142). Un ejemplo claro de una victoria pírrica fue la crisis de Suez en 1956. Tras la invasión a Egipto por parte de la alianza tripartita conformada por el Reino Unido, Francia e Israel, se logró un éxito militar inicial al tomar el control de ubicaciones estratégicas en el canal de Suez. No obstante, esta victoria militar pronto se vio socavada por la reacción a nivel global, debilitando la posición internacional del Reino Unido y Francia. De hecho, la crisis de Suez conllevó consecuencias estratégicas y políticas para el Reino Unido, resultando en un debilitamiento en su política exterior con Estados Unidos, su principal aliado, así como en su decreciente influencia como potencia mundial colonial. Además, condujo a la dimisión del primer ministro Anthony Eden y resaltó el papel dominante de las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, en la configuración geopolítica del medio oriente (Davidi, 2006).
Este recordatorio de la batalla de Asculum y la crisis de Suez subraya la importancia para el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, de lograr un equilibrio entre la victoria militar y el estado final deseado desde una perspectiva política-estratégica, ya que el costo de las acciones militares de las Fuerzas de Defensa de Israel podría resultar en pérdidas significativas de carácter estratégicas y políticas en el escenario internacional.
En este contexto, el análisis del comportamiento de Israel en el uso de la fuerza revela la importancia de adoptar una estrategia racional que considere las implicancias estratégicas y políticas. Dentro de su análisis sobre la influencia del modelo de los actores racionales en las decisiones adoptadas durante la crisis de los misiles en Cuba, Allison y Zelikow (1999) subrayaron que “en la teoría moderna de las decisiones, el problema de decisión racional se reduce a una cuestión simple de seleccionar entre un conjunto dado de alternativas, cada una de las cuales tiene un conjunto dado de consecuencias” (pág. 17).
Bajo esta perspectiva, los estados deben tomar decisiones de manera racional, evaluando los costos y beneficios de las alternativas disponibles para lograr sus objetivos, teniendo en cuenta sus implicancias en términos estratégicos y políticos. De hecho, nuevamente Allison y Zelikow (1999) destacan que “el agente racional selecciona la alternativa cuyas consecuencias tienen la clasificación más alta en términos de sus objetivos y metas” (pág. 66). En la misma línea, Liddel Hart, basándose en una nueva perspectiva sobre la victoria militar posterior a la primera guerra mundial, afirmaba que: “la victoria no es un fin en sí misma” (Bickerton, 2011, pág. 17), marcando un cambio significativo en la tradicional percepción de la guerra que solía centrarse en la búsqueda de la victoria como el fin último.
En el análisis de las decisiones adoptadas por el primer ministro israelí con respecto al uso de la fuerza, se evidencia una carencia en la evaluación de alternativas en términos de sus repercusiones a nivel estratégico y político. En consecuencia, la actuación de las Fuerzas de Defensa de Israel en el conflicto de Gaza ha afectado a la posición internacional de la nación israelí, atribuido principalmente a los daños significativos sobre la población civil reflejados en una alta cantidad de muertes, así como en el impacto en la infraestructura de servicios básicos, el éxodo masivo de la población palestina y el asedio que ha afectado a la cadena de alimentación, combustible y electricidad.
Dentro de esta situación, se destaca que la victoria militar no debería ser un fin en sí mismo, lo que enfatiza la importancia de equilibrar el empleo del instrumento militar considerando los perjuicios que ha causado, tanto en términos de vidas humanas como en el impacto en la legitimidad de su empleo como medio para erradicar la presencia del grupo islamista. Es por ello, que la combinación de la audacia y cautela en el control meticuloso de las operaciones militares surgen como elementos esenciales durante el proceso de toma de decisiones, en donde la adopción de una estrategia racional se destaca como decisiva para lograr los objetivos militares, considerando detalladamente el estado final deseado y sus implicancias, tanto estratégicas como políticas.
Por otra parte, la pérdida de legitimidad política del estado de Israel ante occidente se convierte en un factor crucial, ya que la influencia generada por la percepción internacional puede incidir significativamente en su posición política, comercial, militar y diplomática. Desde sus inicios Israel surgió como una entidad occidental (Pappe, 2006, pág. 27). La razón subyace como respuesta al holocausto nazi durante la segunda guerra mundial, cuando las naciones occidentales decidieron respaldar la creación de un estado judío reconocido por las Naciones Unidas.
En este contexto, Clark (2005) resalta la relevancia de la legitimidad en la consecución de los objetivos políticos al enfatizar su dualidad como factor tanto restrictivo como habilitador en la conducta de los estados (pág. 12). Sin embargo, la legitimidad no solo ejerce influencia en el comportamiento de los estados, sino que también desempeña un papel esencial en el establecimiento y preservación de la política exterior con aliados esenciales de un estado, especialmente en lo referente a la aplicación del derecho internacional, como lo subrayan Keohane y Nye (2012) “los problemas para hacer cumplir el derecho internacional a veces llegan a pensar que los regímenes son insignificantes” (pág. 17).
De hecho, la percepción de una gran parte de la comunidad internacional occidental condena las acciones de las Fuerzas de Defensa de Israel en el conflicto de Gaza, considerando que contravienen el derecho internacional humanitario. Esto se manifiesta especialmente a través de una narrativa persuasiva que señala la perpetración de crímenes de guerra por parte del estado israelí contra la población civil palestina (Amnistia Internacional, 2023).
A pesar de que los principales aliados occidentales de Israel, como los estados miembros de la Unión Europea, Estados Unidos y el Reino Unido, respaldan la incursión militar, la presión derivada de la percepción internacional podría exacerbar las tensiones políticas internas de dichas naciones. Este fenómeno podría tener un impacto significativo en la relación de Israel con las naciones occidentales, como se evidencia claramente con el principal aliado de Israel, Estados Unidos, donde el partido demócrata se encuentra en una profunda división respecto al conflicto (Amerise, 2023).
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Dado este entorno, Israel podría enfrentar medidas restrictivas, como la reducción de la asistencia de seguridad proporcionada por Estados Unidos u otro tipo de sanción económica dirigidas específicamente a debilitar su economía interna y a la industria de desarrollo tecnológico. Un caso particular es el vínculo estrecho que tiene el comercio exterior israelí con los estados adherentes al tratado de la Unión Aduanera Europea. Sin embargo, Turquía, uno de sus principales estados miembro, ha rechazado enérgicamente la acción militar de Israel, afirmando el presidente Erdogan que “Israel es un estado terrorista” (EFE, 2023). Lo anterior, permite proyectar que Turquía podría ejercer una presión sobre los demás estados miembros del tratado con el fin de debilitar la economía israelí.
Desde una perspectiva política, el debilitamiento de la legitimidad del estado de Israel podría restringir su capacidad de influencia en la toma de decisiones dentro de los organismos internacionales. En este sentido, líderes mundiales de occidente han expresado su condena por el conflicto en Gaza. Esto se evidencia en las declaraciones del presidente francés Emmanuel Macron, quien resalta que “ante tanta pérdida de civiles existe la necesidad absoluta de distinguir entre los terroristas y la población” (AFP, 2023). De manera similar, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, destaca que “el número de palestinos muertos es realmente insoportable” (Cué, 2023), proporcionando así manifestaciones concretas de la preocupación internacional por el conflicto.
En términos diplomáticos y militares, Israel se verá obligado a evaluar los impactos de su limitada ventana de legitimidad. En el ámbito militar, esto podría resultar en un debilitamiento de la cooperación en seguridad y defensa, lo que obstaculizaría iniciativas conjuntas en la región, especialmente en áreas asociadas a la tecnología militar y en materias de ciberseguridad. Asimismo, las relaciones exteriores podrían experimentar consecuencias adversas debido a un posible escenario de aislamiento del país por parte de las naciones occidentales y de organismos internacionales, como es el caso del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este panorama tendría una repercusión considerable en la política exterior israelí, afectando directamente los vínculos con las naciones occidentales.
En este mismo orden de ideas, el debilitamiento de la imagen internacional no sólo afecta al estado israelí, sino que también contribuye a la inestabilidad regional, generando tensiones adicionales con los estados árabes-islámicos que podrían ocasionar el incremento de las hostilidades. En este escenario, resulta relevante abordar el dilema de seguridad, un concepto acuñado por Herz y posteriormente desarrollado por Jervis y Glaver. Las acciones perpetradas por Hamás en territorio israelí, combinadas con el debilitamiento de la imagen internacional de Israel, pueden generar un deseo imperante de mayor seguridad en el estado israelí. Esta situación podría desencadenar un dilema de seguridad, afectando las interacciones con los estados del medio oriente y provocando un cambio significativo en la dinámica regional.
Desde esta perspectiva, la teoría de la espiral de conflictos, propuesta por Cahman y Robinson (2007), sugiere que los estados y sus líderes políticos tienden a responder de manera recíproca a las acciones hostiles, creando una “espiral de interacciones hostiles y conflictivas difíciles de romper” (pág. 29). Esta dinámica podría dar lugar a un aumento de amenazas, hostilidades y militarización en el medio oriente, siendo exacerbada por una sensación generalizada de inseguridad por parte de las naciones árabe-islámicas, basadas principalmente en la contra-reacción sobre el cambio del status quo en la región.
Un aspecto crucial en relación con el posible dilema en el medio oriente reside en la manera en que el primer ministro de Israel abordará el destino de los acuerdos de Abraham con las naciones árabes signatarias y su acercamiento en la relación con Arabia Saudita, bajo la mediación de Estados Unidos. Una aproximación errónea y no fundamentada por parte de la política israelí podría resultar en un aumento de la tensión en la región, especialmente teniendo en cuenta la posición colectiva de condena hacia la ofensiva israelí por parte de la cumbre árabe-islámica (France 24, 2023).
Esta situación podría intensificarse, llevando consigo el riesgo de un mayor surgimiento de amenazas y una posible radicalización extrema en el medio oriente. Esto complicaría la búsqueda de soluciones políticas duraderas y comprometería los esfuerzos destinados a establecer una paz sostenible en la región. En este contexto, al observar la experiencia estadounidense en la guerra de Irak en 2003, se evidenció la aparición de nuevos desafíos no contemplados en la planificación inicial. Surgieron grupos insurgentes adicionales, como el Estado Islámico (ISIS), en consecuencia directa de la invasión de Irak y la caída del gobierno de Sadam Hussein. Este ejemplo ilustra que la estrategia norteamericana no solo fracasó en erradicar las amenazas terroristas, sino que también propició la formación de nuevas y más peligrosas amenazas (Wilson, 2023, pág. 2).
Este planteamiento se sustenta en la idea de que respuestas brutales y desproporcionadas pueden impulsar a los individuos a unirse a grupos insurgentes debido a la indignación y el resentimiento, alimentando así la radicalización de la población local (Van Creveld, 2017, pág.189). En relación con la situación del conflicto en Gaza, se observa un aumento de las amenazas asociadas al yihadismo global contra el estado israelí. Grupos como Al-Qaeda han alentado a los musulmanes a unirse contra Israel (Garcia-Calvo & Vicente, 2023). Además, los lanzamientos de misiles desde Yemen por parte de las milicias hutiés proiraniés y el respaldo de las ramas chiitas y sunitas del islam, representados por Hezbolá e Irán, crean un entorno propicio para la proliferación de grupos extremistas.
Este escenario plantea la posibilidad de que el conflicto se extienda en el medio oriente, donde los movimientos radicales y extremistas podrían exacerbar las repercusiones internas, respaldando así el movimiento de Hamás y de la Autoridad Nacional Palestina en la búsqueda de la autodeterminación del territorio palestino en Cisjordania y en la Franja de Gaza, aumentando el riesgo de un conflicto prolongado. Esta situación complicaría la búsqueda de soluciones políticas duraderas y comprometería los esfuerzos destinados a establecer una paz sostenible en la región, como destaca Heuser (2013) al señalar que “el odio y el deseo de venganza, son obstáculos para alcanzar una paz duradera” (Pág.8).
Como señaló Aristóteles (1989), los principios políticos generales abarcan tanto las artes de la guerra como las artes de la paz (pág. 109), estableciendo una correlación entre ambas, donde “el objetivo final de la guerra es la consecución de la paz” (pág. 630). Este enfoque resalta la necesidad de integrar ambas dimensiones para lograr estabilidad a largo plazo en una sociedad.
Por otra parte, Kant (1998), al discutir sobre la paz perpetua, advirtió que ningún tratado de paz debería considerarse válido si se realiza con reservas secretas sobre posibles causas de guerras futuras (pág. 5). Su posición subraya la importancia de la trasparencia y honestidad en los tratados de paz, indicando que la construcción de ésta debe basarse en la confianza y la eliminación de posibles fuentes de conflicto, ya que el establecimiento de una paz unilateral mediante el control territorial de Gaza por Israel puede provocar resentimientos y un anhelo de revertir el acuerdo a través de una nueva guerra.
Considerando estas perspectivas filosóficas, se destaca que la resolución del conflicto entre Israel y Hamas no puede limitarse solamente a la erradicación del movimiento islámico. Dicha resolución debe estar inherentemente ligada a la búsqueda de una paz sostenible en la región con todos los actores árabes-islámicos. La historia demuestra que las victorias militares no garantizan por sí sola una paz duradera, enfatizando la necesidad de considerar las implicancias a largo plazo para lograr un entendimiento perdurable y una coexistencia pacífica (Heuser, 2013, pág. 8).
El filósofo alemán Jorn Rusen, al abordar la conciencia histórica, destaca la importancia de considerar el pasado como experiencia, lo cual proporciona una comprensión sobre el sentido del cambio temporal y las perspectivas futuras hacia las que se orienta dicho cambio (Rusen, 2004, pág. 80). De esta manera, la historia se presenta como un vínculo esencial entre el pasado, el presente y el futuro. En el caso de Israel, su actuar parece encaminarse hacia una victoria pírrica, ya que no ha evaluado que el costo de sus acciones en Gaza podría resultar en pérdidas significativas de carácter estratégico y político en el escenario internacional.
No obstante, algunos expertos sostienen que la estrategia actual del primer ministro Benjamín Netanyahu depende en gran medida de que las operaciones militares de las Fuerzas de Defensa de Israel logren una victoria exitosa, con el propósito de incrementar su seguridad nacional, hacer valer su derecho de autodefensa tras el ataque de Hamás y erradicar al movimiento islámico, siguiendo el paradigma clausewitziano de imponer la voluntad propia sobre el enemigo y la visión del darwinismo social de que la nación más fuerte merece prevalecer.
La historia y la experiencia de conflictos pasados sugieren que las capacidades militares de las Fuerzas de Defensa de Israel podrían ser suficientes para eliminar el control político y militar de Hamás en Gaza. Sin embargo, resulta fundamental reconocer que la resolución del conflicto no dependerá exclusivamente de la acción militar. Incluso si la amenaza es eliminada, resulta necesario convertir el éxito militar en un acuerdo político que beneficie a Israel y promueva un entendimiento perdurable y una coexistencia pacífica entre las naciones del medio oriente.
En última instancia, resulta imperativo ahondar en una situación fundamental que siente las bases para una agenda que propicie la consecución de un acuerdo de paz entre Israel y Palestina, con posibilidades de extender al conjunto de la región, incluyendo a Irán. Aspectos cruciales como la situación de Jerusalén, la autodeterminación de Palestina como estado y el retorno de los refugiados palestinos en la diáspora podrían constituir elementos claves para un tratado de paz futuro.
Conclusión
El conflicto de Gaza plantea la posibilidad de que Israel logre una victoria pírrica, donde el costo de sus acciones militares podría resultar en importantes pérdidas estratégicas y políticas en el escenario internacional. La acción militar de Israel ha sido criticada por el uso desproporcionado de la fuerza y por contravenir el derecho internacional humanitario, lo que ha resultado en un considerable número de víctimas civiles y daños a la infraestructura, afectando directamente a la población civil.
Frente a este escenario, Israel debe adoptar una estrategia racional que considere las implicancias a largo plazo. Es fundamental evaluar los costos y beneficios de las alternativas disponibles para lograr sus objetivos. Asimismo, la presión internacional podría llevar a una ventana limitada de legitimidad, debilitando el respaldo de occidente y afectando la posición de Israel en la escena internacional. En este sentido, la legitimidad política de Israel frente a occidente se convierte en un factor crucial, dado que la percepción internacional puede impactar significativamente en su posición política, comercial, militar y diplomática.
En cuanto al deterioró de su imagen internacional, esto no sólo afecta al estado israelí, sino que también contribuye a la inestabilidad regional, generando tensiones adicionales con los estados vecinos que podrían provocar un aumento de las hostilidades con otros actores estatales. A causa de la inestabilidad regional, el conflicto podría traer consigo un mayor surgimiento de amenazas y una posible radicalización extrema en el medio oriente, dificultando alcanzar soluciones políticas duraderas y comprometer los esfuerzos para construir una paz sostenible en la región.
Considerando este contexto, podría surgir un dilema de seguridad en la región, alterando las relaciones entre los estados del medio oriente y generando un cambio sustancial en la dinámica regional. Además, una aproximación errónea y carente de fundamentos por parte de la política israelí podría intensificar la tensión, especialmente en vista de la condena generalizada de la ofensiva de Israel por parte de la cumbre árabe-islámica.
Finalmente, la aparición de nuevos desafíos no contemplados en la planificación inicial fue evidente en la experiencia estadounidense en la guerra de Irak en 2003, lo que marca que la resolución del conflicto entre Israel y Hamás no puede limitarse únicamente a la erradicación del movimiento islámico. En efecto, debe estar inherentemente vinculado a la búsqueda de una paz sostenible en la región con todos los actores árabe-islámicos. La diáspora, la autodeterminación de Palestina y la situación de Jerusalén podrían tener un papel fundamental en un futuro tratado de paz, al proporcionar elementos claves.
Referencias:
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Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

