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Supresión de defensas aéreas en la guerra del Yom Kippur: ¿enfoque inadecuado o misión imposible para Israel?

https://global-strategy.org/supresion-de-defensas-aereas-en-la-guerra-del-yom-kippur-enfoque-inadecuado-o-mision-imposible-para-israel/ Supresión de defensas aéreas en la guerra del Yom Kippur: ¿enfoque inadecuado o misión imposible para Israel? 2023-12-27 18:34:12 Jorge D. Alcaraz-Perez Ros Blog post Estudios de la Guerra Global Strategy Reports

Global Strategy Report, 26/2023

Resumen: En este artículo se analiza el impacto de los sistemas de defensa aérea de Egipto y Siria en la guerra del Yom Kippur, así como la estrategia israelí para hacerles frente. Se estudian diferentes aspectos, tanto políticos como militares, que pudieron influir en el resultado final y se exploran líneas alternativas de actuación partiendo del análisis de los hechos.

Para citar como referencia: Alcaraz-Pérez Ros, Jorge  D. (2023), « Supresión de defensas aéreas en la guerra del Yom Kippur: ¿enfoque inadecuado o misión imposible para Israel?», Global Strategy Report, 26/2023.


Introducción

La supresión o destrucción de las defensas aéreas enemigas (SEAD/DEAD) forma parte integral de las operaciones militares modernas y se considera un paso necesario para conseguir la superioridad o supremacía aérea. Sin el dominio del espacio aéreo, las operaciones en tierra, en la mar o en el aire tendrán muchas menos posibilidades de acabar con éxito y, sin ninguna duda, se llevarán a cabo con un coste mucho mayor en bajas de personal y de material. Las campañas de supresión más conocidas han sido llevadas a cabo, de manera exitosa, por superpotencias, como Estados Unidos, o por coaliciones de países, en las que existía una diferencia abrumadora de fuerzas entre contendientes. Pero en conflictos entre pares, donde la relación de fuerzas está más equilibrada, las operaciones de supresión de defensas aérea pueden perder gran parte de su sentido.

En la guerra del Yom Kippur, Israel se enfrentó por primera vez a un adversario capaz de doblegarlo en el campo de batalla, y las acciones hebreas de supresión de defensas aéreas tuvieron lugar de forma muy diferente a la esperada.

Este trabajo analiza el papel de los sistemas integrados de defensa aérea de Egipto y Siria en la guerra, así como la estrategia y actuación israelí para hacerles frente. Se trata de dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿estaba Israel en condiciones de neutralizar las barreras antiaéreas sirias y egipcias?, ¿habría compensado a Israel renunciar total o parcialmente a la destrucción de las barreras y enfrentar a sus adversarios de otras formas?

En concreto, se analiza la concepción, desarrollo y ejecución de los planes de ataque a los sistemas; el impacto de las decisiones políticas; el papel de la movilización y de las acciones preventivas; enfoques alternativos, y todo sin olvidar el escenario geopolítico en el que se desarrolló la guerra.

Supresión de defensas aéreas en el Valle de Beká

El problema de seguridad para Israel por la presencia de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) y el ejército sirio en el Líbano llevaba años amenazando la seguridad de Israel cuando en junio de 1.982 la IDF (Israel Defense Forces) lanzó la operación “Paz para Galilea”, que incluía entre sus objetivos la expulsión de las fuerzas sirias del valle de Beká[1]. La operación “Mole Cricket” debería neutralizar el sistema de defensa aérea sirio, que incluía 19 baterías antiaéreas SA-6.

La IDF había estado trabajando durante la década anterior en nuevas formas de hacer frente a los sistemas integrados de defensa aérea y había conseguido importantes avances para neutralizarlos. De entre los nuevos medios y nuevas tácticas implementadas conviene destacar el empleo de drones, de medios redundantes y variados para atacar las baterías, sistemas de mando y control para coordinar a los distintos actores, inteligencia y diversas tácticas y técnicas de decepción y engaño.

Con respecto al empleo de drones, los diferentes modelos desarrollados por Israel en la década anterior fueron utilizados durante meses para obtener información de todo tipo en el valle de Beká[2]. Durante la operación “Mole Cricket” designaron objetivos para la artillería, utilizando cámaras de TV, y proporcionaron información para la corrección y evaluación de daños. Igualmente proporcionaron datos a los F-16 y Kfir para la destrucción de los SA-8 y SA-9[3]. Los vehículos Samson y Delilah, de mayor tamaño y velocidad, el primero lanzado desde el F-4 y el segundo desde tierra, fueron usados en la primera fase como decoys para estimular la activación de los rádares y el lanzamiento al vacío de misiles, lo que provocó su rápida disminución[4], y posibilitó el uso de misiles antirradiación[5]. Además de proporcionar datos de tiro para la artillería y aviación y de evaluar daños, la capacidad de observar el campo de batalla todo el tiempo permitía tener localizadas a las baterías móviles incluso cuando se reposicionaban[6].

También conviene prestar atención a la diversidad de sistemas de armas y demás medios empleados para llevar a cabo la operación. En algunos casos se trataba de sistemas o medios redundantes para conseguir un mismo objetivo. Así, y como era de esperar, la aviación tuvo un papel destacado en los ataques a los rádares y las baterías de misiles, pero no fue el único medio; también se usó artillería con este fin, obuses y misiles lanzados desde tierra. Aparte de los misiles antirradiación lanzados por aviones (AGM-78 y AGM-45 Shrike)[7], también se empleó el Ze’ev, un misil antirradiación lanzado desde tierra, así como otros misiles superficie-superficie[8]. El Ze’ev, pese a su corto alcance, unos 40 km, y a que gran parte de su éxito se debió al efecto sorpresa por la novedad de este arma, tenía una importante función, que posteriormente veremos.

Del mismo modo, la guerra electrónica no solo era llevada a cabo por los caza-bombarderos y helicópteros, sino también por los drones, un Boeing 707 y otros aviones no de combate y probablemente por elementos basados en tierra[9], lo que evidencia una gran variedad de medios empleados, tanto aéreos como terrestres.

Yom Kippur

La concepción, planeamiento y ejecución de la operación de supresión de defensas aéreas del valle de Beká no se pueden entender plenamente si no se ponen en relación con la guerra del Yom Kippur. En este conflicto, y por primera vez en la breve historia de su estado, los israelíes fueron conscientes de su vulnerabilidad y de que una derrota frente a sus vecinos árabes era una realidad más que posible. Un elemento central en el conflicto fueron los sistemas integrados de defensa aérea desplegados por Egipto y Siria en el canal de Suez y en los Altos del Golán respectivamente, en las fronteras con los territorios perdidos en la guerra de los seis días frente a Israel.

Egipto había conseguido desplazar misiles antiaéreos a la zona del canal en 1.970, durante el alto el fuego acordado en la guerra de Desgaste, sin que el gobierno de Golda Meir pudiera articular una acción efectiva para impedirlo. La Fuerza Aérea israelí se había enfrentado durante esta etapa a las baterías SA-2 y SA-3 y había encontrado formas de neutralizarlas. EEUU había proporcionado equipos de guerra electrónica con los que perturbar los rádares y además los aviones podían evitarlas volando bajo[10]. Sin embargo, y con ayuda soviética, los egipcios consiguieron introducir mejoras, reforzando sus puntos débiles, hasta crear un sistema integrado de defensa aérea, casi impenetrable, que iba a someter a una dura prueba, no solo a la aviación sino al mismo estado de Israel. Tiempo después, Siria haría lo mismo en el Golán.

En 1.973, los sistemas de defensa aérea en ambos territorios estaban formados por una variedad de sistemas de armas que se complementaban mutuamente y que corregían los puntos débiles detectados antes de la tregua. Misiles SA-6, SA-7, y artillería antiaérea del tipo ZSU-23×4 o ZSU 57×2 para baja altitud, SA-3S para altitudes de baja a media y SA-2S para altitudes hasta los 70.000 pies[11].

Las lecciones aprendidas en la guerra de Desgaste y durante los tres años de alto el fuego dieron lugar a dos planes para la destrucción de los misiles: Tagar 4 para el Sinaí y Dugman 5 para el Golán. En la zona del canal, el sistema antiaéreo sería atacado de forma intensiva por la aviación. Un complejo ballet que debería ser ejecutado por cientos de aviones, a máxima velocidad y con precisión milimétrica. Algunos oficiales de la Fuerza Aérea estimaban que ambos planes eran demasiado complejos y rígidos para funcionar, pero nadie pudo ofrecer una solución mejor[12].

Aunque durante el último conflicto la IAF (Israel Air Force) había encontrado la forma de neutralizar los sistemas SA-2 y SA-3, el SA-6, introducido en 1972, era otra historia. Los parámetros electrónicos del nuevo misil eran desconocidos hasta para los americanos. El desconocimiento de las frecuencias imposibilitaba que el piloto israelí recibiera alertas de lanzamiento del misil en la cabina. Sin conocerlas poco podían hacer también los equipos de ECM (guerra electrónica); tampoco los chaff podían proporcionar protección, pues las tiras metálicas que lo componen deben tener una longitud próxima a un múltiplo de las desconocidas longitudes de onda del rádar; por si fuera poco, el SA-6 tenía una fase de guiado infrarrojo capaz de reconocer engaños como bengalas de alta temperatura. De esta forma, el primer indicador de un misil de este tipo era, a menudo, y con suerte, una estela de humo blanco que ascendía y se revolvía en el aire buscando la exhaustación del motor del avión[13].

El plan Tagar 4 estaba diseñado para destruir las baterías del canal en varias fases[14]. Mediante ataques de la aviación a baja cota darían cuenta de las baterías, como habían hecho en la Guerra de los Seis Días. Sin embargo, ahora había un nuevo elemento que pondría las cosas más difíciles: los egipcios y sirios se habían dotado de artillería antiaérea (ZSU-23) y de misiles portables SA-7; de esta forma, los israelíes ejecutarían primero un ataque preparatorio con el fin de neutralizar esta primera capa de artillería antiaérea[15].

Siete bases aéreas egipcias serían atacadas tras la primera ola para neutralizar temporalmente a la aviación. Posteriormente, y sin las demás capas de defensa, los cazabombarderos israelíes eliminarían las baterías en sucesivas oleadas.

En mayo de 1973, el jefe del Estado Mayor del Aire, el General Benjamin Peled, ya era consciente de que el éxito de la misión dependía de que se dieran una serie de condiciones relativamente exigentes. La operación debería ser lanzada cuando el sol diera en los ojos del enemigo y con buen tiempo. Era necesaria inteligencia reciente de los objetivos, de la misma mañana del ataque, y un periodo de 36 horas para preparar los medios para la guerra electrónica, aparte de estar previsto apoyo artillero. Pero quizás el elemento clave, en línea con la estrategia de seguridad israelí, era la necesidad de que se ejecutara, a juicio de Peled, en forma de un ataque preventivo. Así se lo hizo saber al Ministro de Defensa, Moshé Dayán: Israel tendría que atacar primero o el planeamiento no serviría para nada. La respuesta de Dayán no pudo ser más ingenua y simplista, teniendo en cuenta cómo se desarrollaron los hechos: “¿piensas que si tuviéramos incluso un mínimo indicio de un ataque de los árabes no atacaríamos primero?”[16].

Conviene matizar que los diferentes planes siempre fueron objeto de debate, según la visión de los diferentes decisores, ya fuera el ministro de defensa, el jefe de Estado Mayor, la primera ministra o los diferentes generales. Decisiones como realizar un ataque preventivo, o solo tras ser agredidos eran decisiones políticas que nada tenían que ver con los aspectos técnicos del plan, y a las que se tendría que adaptar este. También se debatía sobre si la aviación debería dar prioridad a la inutilización de bases aéreas, o a la destrucción completa de las defensas[17], o a la destrucción de los puentes y cabezas de playa o prestar apoyo a las fuerzas en el terreno. Una vez empezada la guerra, estas decisiones se tomarían en función de la evolución de los acontecimientos.

Pese a que el escenario de un ataque coordinado de Siria y Egipto ya había sido debatido en enero y existían indicios, en la comunidad de inteligencia, de que era una posibilidad real[18], los planes Tagar y Dugman no parecen estar diseñados para esta eventualidad; cada uno absorbería la mayor parte de los recursos de la IAF y, tal y como se desarrollaron los acontecimientos, parece evidente que habría sido imposible dedicarse a ambos frentes a la vez. Todo indica que solo en un mundo ideal habrían obtenido resultados satisfactorios, y en uno solo de los frentes[19]. Según estos planes, la aviación solo podría realizar apoyo a las fuerzas terrestres tras finalizar la operación de supresión: si estas no eran capaces de contener el avance enemigo sobre el terreno en este periodo, no estaba claro qué pasaría, y desde luego no estaba suficientemente desarrollado en los planes[20].

Por si no fuera bastante, el desconocimiento de las frecuencias del SA-6 no era el principal problema para la IAF, sino su capacidad de reposicionarse en cuestión de pocos minutos, algo que dicho planeamiento ignoraba completamente[21].

Pero aparte de Tagar y Dugman la IAF contemplaba otros planes para hacer frente a la amenaza de los árabes. Bendigo era un plan coordinado con la artillería para destruir las baterías. Scratch contemplaba el apoyo a las fuerzas en el terreno incluso sin lograr la supremacía aérea o sin destruir los misiles. En ambos casos se dio escasa atención a su planeamiento o a probarlos en ejercicios. El caso de Bendigo puede ser interesante pues, de haberse implementado, podría haber aliviado en gran medida a la fuerza aérea; además, tal y como vimos anteriormente, la artillería sí se empleó junto con la aviación años después en la Beká y con buenos resultados. Una vez iniciado el conflicto y pese a que las condiciones nada tenía que ver con las ideales, sí se llegaron a implementar parcialmente Tagar y Dugman, con nefastos resultados, sobre todo en el segundo caso, pero nada se supo del apoyo artillero para destruir las baterías conjuntamente, ¿por qué?

Para intentar entender este extremo sería necesario ponerlo en relación con acontecimientos, circunstancias y decisiones anteriores a la guerra. Las decisiones sobre el ataque preventivo y sobre la movilización de los reservistas, de las que nos ocuparemos a continuación, tuvieron mucho que ver en el modo en que se desarrollaron los acontecimientos, y en que se emplearan o no ciertos planes.

Antecedentes y decisiones previas. La movilización y el ataque preventivo

Durante el alto el fuego de la guerra de Desgaste, el ejército israelí realizó varios ejercicios y juegos de guerra para preparar la defensa ante un posible ataque, basados en escenarios que llegaron a ser bastante aproximados a lo que finalmente ocurrió. En 1.972, estos ejercicios acababan con resultados demasiado optimistas; así, en Iron Ram, un juego de guerra llevado a cabo este año, las fuerzas regulares en el Sinaí lograban contener el cruce del canal por los egipcios con una contraofensiva, mientras la aviación bombardeaba sus objetivos a lo largo del canal, incluidos los puentes, y las divisiones de reserva, con personal movilizado, se incorporaban al tercer día para, según el plan Rock[22], llevar a cabo el cruce del canal hasta la parte occidental. Obsérvese que la misión de las fuerzas terrestres en el terreno, la división acorazada de fuerzas regulares, era contener el ataque inicial mientras la IAF destruía sus objetivos, en unas horas, como llegó a afirmar el jefe de Estado Mayor, y las divisiones de reservistas tenían la misión de cruzar el canal. Para movilizar las reservas de artillería responsables del plan Bendigo no hubo tiempo, tal y como se desarrolló la acción en este escenario. El general Gonen, responsable del ejercicio y comandante de la zona sur en la guerra, estimó que las fuerzas regulares en el Sinaí serían suficientes para contener al enemigo, aunque no para un contraataque[23].

El jefe del Estado Mayor hablaba de “unas horas” para contener al ejército egipcio en la parte este del canal, con la fuerza terrestre regular, y para destruir los misiles antiaéreos con la aviación; a esto, seguiría el cruce hacia territorio egipcio al llegar los reservistas; también hay que entender que se contaba con un tiempo de preaviso de mínimo 48 horas, mucho más del que finalmente hubo, y que durante este tiempo se movilizaría el personal de reserva, lo que no ocurrió en el caso real. Tampoco se era consciente de los métodos que empleó el ejército egipcio: infantería reforzada con modernas armas antitanque, etc. Por otro lado, es llamativa la escasa atención que se prestó a la posibilidad de un ataque simultáneo por parte de Siria; es posible que, ante esta optimista perspectiva, no se considerara un problema al que dedicarle excesiva atención el ataque coordinado desde dos frentes a la vez[24], o que se estuvieran preparando para una continuación de la guerra de Desgaste, en condiciones similares, en la que tampoco estaba Siria.

Tras los ejercicios, aun recordando que siempre hubo debate sobre cuáles deberían ser las prioridades, el jefe del Estado Mayor estaba convencido de que la principal misión de la IDF debería ser la destrucción de las baterías para conseguir la superioridad aérea[25]. Por otra parte, conviene recordar que en mayo de 1.973 el general Peled, comandante de la IAF, ya hablaba de la necesidad de que el ataque a las baterías fuera un ataque preventivo.

La decisión de no llevar a cabo un ataque preventivo, junto con la de movilizar a los reservistas en el último momento, tuvieron probablemente un considerable impacto en cómo se desarrolló la guerra, aunque sería más difícil predecir cuál fue su impacto en el resultado final. En cualquier caso, son decisiones tan importantes que merece la pena intentar entender el contexto en el que se tomaron.

En abril de 1.973, la IDF fue puesta en estado de alerta, la conocida con el nombre-clave “Blue-White”, para hacer frente a una serie de evidencias e informes de inteligencia que hacían prever un ataque egipcio, posiblemente junto con Siria, y probablemente en mayo. En el debate previo a la alerta, “Dado” Elazar, Zvi Zamir, jefe del Mossad y Dayán creían probable un ataque, pero Eli Zeira, jefe de AMAN, la Inteligencia Militar (IM), estaba convencido de que no se daban las condiciones para un ataque egipcio. El criterio de Elazar se impuso y se ordenó la alerta[26]. El caso es que “Blue-White” tuvo consecuencias que influyeron en el desarrollo posterior de los acontecimientos. El ejército israelí ha tenido tradicionalmente, debido a su demografía, una gran dependencia de la movilización de reservistas y durante un estado de movilización prolongado, al igual que en una guerra larga, la economía se resentiría especialmente al tener que incorporarse a filas la fuerza de trabajo, un problema que no es tan acusado en países que no tienen esta dependencia. Finalmente, no se produjo el ataque, pese a las fuertes evidencias de que Egipto se estaba preparando para la guerra. Como consecuencia de este episodio, Elazar, que había ordenado la alarma, perdió cierta credibilidad, lo que restringió su capacidad para defender posiciones similares más adelante; lo contrario ocurrió con Zeira, cuya postura siempre fue mucho más reacia a dar crédito a las evidencias de un ataque y que en cierto modo se acabó imponiendo[27].

La alerta “Blue-White” tuvo un impacto negativo en la economía, lo que sin duda condicionó más adelante a los decisores políticos pero, según el profesor Bar-Joseph, también tuvo un aspecto positivo. Según este autor, la alerta no implicó una llamada general de reservistas, tal y como había percibido la sociedad israelí, y sí incluyó el posicionamiento en los frentes Norte y Sur de un total de 515 carros, el máximo orden de batalla israelí sin contar las reservas. Además, la mayor parte del presupuesto de la alerta, unos 35 millones de dólares, se destinó a construir nuevas infraestructuras y unidades militares, a reforzar los batallones de artillería o acorazados, a reubicar las instalaciones de mantenimiento y emergencia más cerca de los frentes y a desarrollar el sistema de puentes para cruzar el Canal de Suez. Según el general Yisrael Tal, jefe de operaciones de la IDF, el ejército que entró en combate meses más tarde era mucho más poderoso de lo que cabría esperar gracias a la alerta “Blue-White”[28].

Con respecto a la cuestión del ataque preventivo a las baterías egipcias, esta era tan antigua como su llegada a la zona próxima al canal, durante la guerra de Desgaste. Golda Meir había protestado ante Estados Unidos, uno de los principales garantes de la tregua, cuando justo al comenzar esta, en agosto de 1.970, los egipcios acercaron las baterías aún más al canal. Meir pidió que fueran retiradas, pero no recibió mucha atención al principio. Tras la falta de implicación americana, algunos miembros del gabinete de Meir exigieron un ataque preventivo a las baterías[29]. Anteriormente, en el mes de julio, durante una reunión en el Cuartel General, se había contemplado la posibilidad de eliminar la estructura de misiles. Dayán, consciente también de la implicación soviética en Egipto, dudaba de la utilidad de hacerlo pues, como la mala hierba, siempre volvería a crecer, y no le faltaba razón. El General Hod, comandante de la IAF, también cuestionaba un ataque directo por el alto precio que tendría que pagar la aviación y propuso estudiar el tema mientras adquiría nuevos medios tecnológicos[30]. Poco después de la protesta por el acercamiento de los misiles, la CIA confirmó el movimiento y Estados Unidos trató de compensar a Israel proporcionando equipos de guerra electrónica, misiles antirradiación Shrike así como aviones Phantom y Skyhawk y tanques M-60[31].

Pese a todo lo anterior, el tiempo transcurrió sin que Israel tomara la iniciativa en ningún momento. Las evidencias se acumulaban y todo indicaba ya en mayo de 1.973 que habría guerra en la segunda mitad del año[32], pero fue a finales de septiembre cuando empezaron a saltar todas las alarmas evidenciando que Siria y Egipto estaban preparando sus ejércitos para un ataque inminente. Los informes de la inteligencia norteamericana y también de la israelí dejaban claro que los movimientos y actividad en estos países eran diferentes a lo anterior, y mucho más consistentes con preparativos para un conflicto; entre otras cosas detectaron importantes movimientos de tropas egipcias hacia el canal, que estaba haciendo además acopio de munición como nunca antes, y en el mando norte preocupaba el reforzamiento de las baterías de misiles en el Golán desde agosto, que ya cubrían amplias zonas bajo mando israelí[33]. El mismo rey Hussein de Jordania se desplazó a Tel Aviv el 25 de septiembre para avisar a Golda en persona de que Siria se estaba preparando para la guerra; durante el encuentro quedó clara una cuestión de la máxima importancia: Egipto colaboraría[34]. No obstante, Dayán sí que elevó, sin dar publicidad, el grado de alerta de la IDF en ambos frentes el 26 de septiembre y reforzó con una brigada acorazada y artillería el frente de el Golán, aunque todo indica que no esperaba más que represalias aisladas por un incidente aéreo ocurrido días atrás[35]. Pero ¿qué estaba pasando los últimos días de septiembre? El general Shazly había solicitado 15 días de preaviso para llevar a cabo los últimos preparativos[36], y estos movimientos eran lo que estaban detectando americanos e israelíes.

Y pese al flujo incesante de información que apuntaba inequívocamente a un ataque coordinado, el mismo día 5 de octubre, el día anterior al mismo, nadie en el grupo de gestión de la crisis del gobierno israelí veía la necesidad de una movilización general, menos aún de un ataque preventivo, incluido Elazar, el más favorable a ambos[37]. Las causas no eran solo la idea de que fuera improbable que se produjera un ataque, como en el caso de Zeira, sino que, si se producía, sería fácil contenerlo, como en el caso de Dayán. Por otro lado, en una reunión a las 10:00 de la mañana con la primera ministra y a poco más de 24 horas del inicio del conflicto, Elazar estimaba que no era necesaria una llamada general de reservistas, pues si Egipto y Siria estuvieran a punto de atacar, tanto la inteligencia militar como el Mossad tendrían indicios claros[38].

Durante la madrugada del día 6 llegó la confirmación definitiva de que el ataque se produciría ese mismo día a las 18:00. Ante la nueva situación, Elazar propuso la movilización general y un ataque preventivo. Dayan por el contrario no era partidario de ninguna de las medidas[39].

Conviene recordar que simplemente la preparación de la guerra electrónica para el ataque preventivo de la IAF a las baterías requería unas 36 horas de alerta, y que, en los ejercicios y juegos de guerra de los años anteriores, un preaviso de 48 horas se daba por descontado; poco antes del inicio de la guerra, se consideraba este preaviso de 48 horas como necesario para la preparación de la IAF en su misión de obtener la superioridad aérea y destruir las baterías[40]; en el caso real, no solo no llegó ni a 24, sino que se produjo bajo la reticencia del gobierno israelí a iniciar las medidas planeadas antes de ser atacados. Además, los planes se debían iniciar a horas específicas para disminuir la efectividad de los defensores, lo cual es razonable en un ataque preventivo, pero no cuando es el enemigo el que fija día, hora y condiciones; de hecho, ya era tarde en el día para Tagar (tal vez no para Dugman) cuando empezó la guerra; también la meteorología jugó una mala pasada, que impidió el reconocimiento visual en el frente sirio por la presencia de nubes[41]. Pero todas estas objeciones no son nada comparadas con el hecho de que todo el planeamiento había sido llevado a cabo sin conocer la amenaza que realmente suponían los SA-6, y todo indica que sin preparación y planeamiento adecuados para un ataque coordinado en los dos frentes.

La decisión de no llevar a cabo el ataque preventivo en este punto, unas horas antes del inicio de la guerra, parece la más acertada. En la reunión con la primera ministra en la mañana del 6 de octubre, Dayán argumentó que un ataque preventivo solo tendría sentido si infligía daños irreparables al enemigo. Un ataque preventivo haría ver a Israel como el atacante, lo que le restaría apoyo internacional, en especial de Estados Unidos[42]. Además, los árabes se habían preparado para evitar la debacle del 67, con pistas adicionales en los aeropuertos, hangares reforzados y otro tipo de medidas[43]. A pocas horas del inicio del conflicto, la sorpresa no tendría ningún sentido y solo adelantaría unas horas los acontecimientos. Lo que Dayán desconocía era que Egipto tenía previsto un ataque de la IAF a las baterías, incluso unos días antes de la hora H, en el supuesto, por ejemplo, de que descubrieran sus intenciones. En este caso, los aviones serían dirigidos a “zonas de destrucción” de baterías camufladas a la vez que se habían preparado medidas adicionales para aumentar su letalidad[44]; difícilmente habría causado la IAF daños irreversibles al enemigo a esas alturas, y en concreto a las baterías. Golda Meir apoyó la decisión de Dayán.

La otra cuestión es la de la movilización. Si bien un ataque preventivo se entiende básicamente como de la aviación, aunque bien se podría haber integrado la artillería, como luego veremos, la movilización general afectaba principalmente a las fuerzas de tierra. Elazar propuso una movilización general, entre 200.000 y 250.000 reservistas, ante la certeza de una guerra inminente. Dayán no era partidario de movilizar más allá de entre 20.000 y 30.000. Temía que una movilización masiva pudiera ser interpretada como un acto de guerra y solo la activaría al comenzar las hostilidades[45]. Meir era más favorable a la opción de Elazar y autorizó la movilización de entre 100.000 y 120.000. Sin duda, la primera ministra había acertado en ambas decisiones: movilización y no al ataque preventivo.

No es fácil entender la postura de Dayán con respecto a la movilización, aunque tiene un mínimo fundamento. Por un lado, hay que recordar los efectos de la movilización en la economía y sociedad de la alerta “Blue-White”. La situación de inestabilidad en la zona en aquellos años complicaba las cosas; enfrentamientos armados, con derribos de aviones incluidos, o movimientos de tropas en los países vecinos y próximos a las fronteras eran habituales incluso sin guerra declarada. Si Israel tuviera que movilizarse cada vez que esto ocurría, la economía se vería fuertemente lastrada[46], y estaría en un estado de movilización casi permanente, por lo que los miembros del gobierno se sentían presionados a no hacerlo sin un alto grado de certeza; hay que tener en cuenta que circunstancias parecidas desensibilizaron igualmente a los sirios en el valle de Beká. A lo anterior hay que sumar, además, la existencia de elecciones ese mismo mes de octubre en Israel, una circunstancia que no era casual, sino que había sido un factor a la hora de decidir la fecha del ataque en el planeamiento por parte de los egipcios[47]. En esta línea, según Shimon Peres, el ministro de defensa temía ser acusado de manipulación antes de las elecciones y quería que Israel pareciera la víctima[48]. Por último, conviene señalar otra vez la convicción generalizada, y reforzada con ejercicios y simulaciones los años anteriores (si bien sin prestar mucha atención a un ataque en dos frentes), de que no sería difícil repeler un ataque de los árabes; para entender mejor la postura de que un ataque era poco probable, y posiblemente para entender a Dayán, es recomendable revisar la literatura sobre el funcionamiento de la inteligencia militar israelí y el papel de su director, Zeira, que era el principal defensor de este escenario, pese a tener información a su plena disposición, de la máxima calidad, que indicaba lo contrario.

La guerra

Como se ha visto anteriormente, el desarrollo de la guerra, y en especial las operaciones contra las baterías, fue muy diferente al esperado por los israelíes, que mayoritariamente estimaban que no sería difícil contener la ofensiva y derrotar a los atacantes en poco tiempo.

Poco después de recibir la confirmación, por parte del director del Mossad, de que las hostilidades comenzarían el día 6 de octubre al ocaso, Elazar acordó con Peled la preparación de un ataque preventivo contra las baterías sirias que se podría ejecutar antes del mediodía[49]. Poco después, el comandante de la IAF informó a Elazar de que no se podía llevar a cabo por baja visibilidad debido a la presencia de nubes, por lo que proponía un ataque a las bases aéreas en Siria[50], aunque más tarde Peled informó que podría atacar misiles y bases entre las 14:00 y 16:00 horas, para cuando el pronóstico meteorológico era más favorable, pero finalmente se descartó el ataque preventivo[51].

Pese a que la decisión de renunciar al ataque preventivo en este momento pudiera haber sido la más lógica, conviene aclarar que Israel no habría podido ejecutar el ataque preventivo que Elazar y Peled estaban gestionando aunque Golda Meir lo hubiera ordenado. Debido a las condiciones meteo en el Golán, la IAF solo habría estado en condiciones de atacar a partir de las 14:00; aunque según las informaciones del Mossad el inicio de hostilidades estaba previsto para horas más tarde, lo cierto es que comenzaron precisamente a esta misma hora, anulando cualquier posibilidad de ataque preventivo. Por mucho que Meir utilizara el argumento, ante Nixon, de que renunció a conciencia al ataque preventivo que su jefe de Estado Mayor le había estado recomendando, como los norteamericanos exigían si querían recibir ayuda[52], lo cierto es que, tal y como se desarrollaron los hechos, ni siquiera habría sido materialmente posible un ataque preventivo por parte de Israel.

Las hostilidades comenzaron a las 14:00, 4 horas antes de lo previsto. Elazar tenía que decidir antes del ocaso a qué frente enviaba a la aviación y, en función de una primera evaluación, se decantó por Tagar[53], con lo que los aviones bombardearían las baterías en el canal a partir del día siguiente. Sin embargo, en las primeras horas de la mañana del día 7, Dayán, consciente de la debacle que se estaba produciendo en el Golán, mantuvo una conversación con Peled en la que solicitó apoyo masivo aéreo contra las fuerzas acorazadas en este frente; al menos hasta que llegaran las reservas movilizadas de blindados, la aviación tendría que contener el avance en la zona sur del Golán[54]. El jefe de operaciones de la IAF, el coronel Giora Furman, informó a Peled que un escuadrón de Skyhawks en la base de Ramat David, al norte del país, había sido excluido de Tagar (recordemos que la operación absorbía la mayor parte de la fuerza aérea) para otras contingencias y que podría proporcionar el apoyo cercano requerido a las fuerzas acorazadas, pero finalmente se optó por cancelar Tagar y comenzó la preparación para Dugman[55], a la vez que se proporcionaba apoyo aéreo cercano. La IAF no podía atacar los dos sistemas antiaéreos a la vez, según Peled[56]. Conviene remarcar que Furman estaba sugiriendo proporcionar apoyo aéreo cercano, no hacía referencia a las baterías sirias.

La decisión de cancelar Tagar, que ya estaba en su fase inicial de ejecución, no parecía razonable a los mandos de la IAF, especialmente a Furman. Del plan inicial Dugman quedó una ejecución muy desvirtuada y desprovista de importantes elementos. Cuatro horas llevaría pasar de Tagar a Dugman. Los helicópteros de guerra electrónica, desplegados en el Sinaí para perturbar las baterías del canal, no llegarían a tiempo al frente sirio. Tampoco habían sido posibles fotos de reconocimiento por las condiciones meteorológicas, ni se atacó, en una fase previa, la artillería antiaérea ni a las fuerzas enemigas terrestres, lo que tendría dramáticas consecuencias.

A última hora de la mañana del domingo, decenas de Phantoms surcaban los cielos de Galilea en dirección a los Altos del Golán. Para su sorpresa, la mayoría de las baterías no estaban en las posiciones esperadas. Al final solo una batería de treinta y una atacadas fue destruida frente a seis Phantoms y tres Skyhawks derribados[57]; sin embargo, los cazabombarderos habían sido abatidos, no por los misiles, sino por la artillería antiaérea cuando se aproximaban a baja cota para evitarlos[58]. Al mediodía, Dugman fue cancelada: había sido un fracaso total.

Los críticos con el cambio de Tagar a Dugman parecían estar en lo cierto, pues pese a que el frente sirio estaba en una situación desesperada, Dugman no había conseguido nada, y se había interrumpido Tagar, que estaba en un estadio más avanzado y había sido preparado con mucho más detalle. Por otro lado, formaciones de cuatro Skyhawks se habían sucedido en la zona sur del Golán desde las 7 de la mañana del domingo, intentando frenar el imparable avance de los acorazados sirios, tal y como había informado Furman a Peled que estaban en condiciones de hacer. Con las baterías intactas, los misiles hicieron estragos en los aparatos, llegando a alcanzar formaciones de cuatro aviones enteras. Seis aviones fueron derribados y once más fueron alcanzados, aunque se las arreglaron para regresar a la base de Ramat David[59]. No obstante, aunque a un alto precio, la aviación parecía contener el avance sirio.

Los datos de los primeros días de la guerra no pueden ser más claros. Durante las primeras 24 horas, Israel perdió 35 aviones, casi el 10 por ciento de su flota de combate, en su mayoría por SA-6 o por las temibles baterías de artillería antiaérea ZSU-23, y lo que es peor: apenas se veían paracaídas tras los derribos. Un observador holandés de la ONU presente en la región contó que los israelíes perdían tres de cada cinco aviones que sobrevolaban la zona[60]. Durante la primera semana, Israel perdió 78 aparatos (de los aproximadamente 115 perdidos durante toda la guerra), dos terceras partes sobre el Golán, y prácticamente todos por los SA-6 y ZSU-23[61].

No obstante, y tras la debacle inicial, especialmente en el Golán, la aviación modificó sus procedimientos y pudo conseguir algunos logros, aunque aúna un muy alto coste y básicamente evitando las baterías. Los Skyhawks habían conseguido explotar algunos puntos débiles del SA-6; por ejemplo, haciendo picados desde gran altura hacia las baterías podían confundir al misil algunas veces, aunque esta maniobra a menudo les exponía a la artillería antiaérea. También consiguieron golpear a las formaciones blindadas en la retaguardia ingresando a baja cota desde el valle del Jordán[62].

La aviación israelí estaba haciendo, por otro lado, un buen trabajo atacando objetivos en Siria, más allá del frente, donde, paradójicamente, gozaba de superioridad aérea; atacando objetivos en su territorio intentaba forzar a El Assad a reservar baterías y aviones para defenderlos y alejarlos así del Golán[63]. Además, los Skyhawks, que tenían dificultades en neutralizar a los blindados con el cañón de 30 milímetros, no tenían problemas en destruir los convoyes de suministros; observadores de Naciones Unidas atrapados en sus búnqueres de la línea de alto el fuego apenas veían vehículos de combustible o munición tras el avance blindado sirio, la IAF los estaba destruyendo; posteriormente, los israelíes llegaron a la conclusión de que la cuarta parte de los tanques abandonados en el Golán, simplemente habían acabado así por falta de combustible[64].

En el plano internacional, es a partir del día 9 cuando otro poderoso actor externo, la Unión Soviética, inicia un movimiento que podría haber sido decisivo contra Israel. Moscú incrementó la entrega de armamento y munición a Siria y Egipto; en concreto, gran parte de la carga enviada por los soviéticos eran, según inteligencia israelí, misiles SA-6. Casi simultáneamente, el mismo día 9, en la otra parte del mundo, tras la intensa mediación personal de Golda Meir y probablemente en posesión de valiosa información, el presidente Nixon tomaba la crucial decisión de reabastecer a Israel de todo lo necesario, si bien este apoyo todavía tardaría unos días en materializarse[65]. Es posible que la intervención de la URSS, incluso más que la presión hebrea, pusiera en marcha definitivamente la espectacular operación de apoyo logístico y suministro de armamento y munición de EEUU[66] conocida como “Nickel Grass”, con el fin de contrarrestar la influencia soviética y no comprometer el futuro de Israel, y que sin duda influyó en el resultado final del conflicto.

En el Sinaí, tras el caos inicial, incluido el derribo de varios Phantoms el mismo día 6 cuando intentaban atacar objetivos más allá del canal sin un plan concreto, la IAF se limitó a interceptar blancos aéreos fuera del alcance de los misiles[67]. Este mismo día, pese a no haber sido relevante en el apoyo a la batalla en tierra, consiguió derribar 20 helicópteros que transporataban comandos, perdiendo, según Safran[68], cinco Skyhawks y un Phantom en el curso de 200 salidas[69]. El domingo 7 por la mañana a primera hora, aviones Skyhawk y Phantom volaban hacia el Canal de Suez; era la fase preparatoria de Tagar, que tenía como fin destruir la artillería antiaérea para que las sucesivas oleadas pudieran aproximarse a baja cota y continuar con la destrucción de las baterías de misiles. Aviones Phantom, mientras, atacaban ocho bases aéreas egipcias próximas al canal[70]. Sabían que no sería tan fácil neutralizarlas como en 1.967, pero esperaban paralizar la actividad aérea enemiga durante unas horas, lo que, según el plan – que idealmente se iba a ejecutar en forma de ataque preventivo -, facilitaría la destrucción de las defensas aéreas del canal; todavía confiaban en que esta tarea tan solo llevaría unas horas.

Antes de cancelar Tagar, dos Skyhawk serían derribados. Los resultados fueron poco significativos con respecto a la artillería y parcialmente exitosos con respecto a las bases[71]. Como se ha dicho anteriormente, la decisión de cancelar Tagar generó diferentes posiciones. Si bien para algunos oficiales destruir las baterías era cuestión de cuántos aviones costaría la operación, para otros existían grandes inconvenientes, como la movilidad y falta de conocimiento del sistema SA-6, la dificultad de neutralizar la artillería antiaérea con métodos como el toss-bombing o la posibilidad de que Egipto pudiera reponer las baterías y recomponer la barrera[72].

Por otro lado, el reemplazo de las baterías debía tener sus límites; aparentemente, Egipto había disparado generosamente sus misiles y los stocks habían disminuido pese a la reducida actividad de la IAF en las inmediaciones del canal. No es descabellado pensar que una operación masiva como Tagar, ejecutada rigurosamente y antes del suministro soviético, hubiera tenido cierto grado de éxito, no solo por el bombardeo, sino por la saturación de las baterías y el consumo excesivo de misiles[73]; conviene tener en cuenta que de las sesenta y dos baterías en el Sinaí, solo diez eran SA-6[74], distribuidas en un frente mayor que en Siria, donde quince de las baterías eran de este tipo; evidentemente, en un escenario de saturación de objetivos, donde tendrían que encargarse de demasiados aviones a la vez, un número mayor de estos lograría penetrar la barrera sin ser atacado. Dejar fuera de combate el sistema en las primeras horas o días, aunque fuera durante un breve periodo de tiempo, habría permitido a la IAF y a las divisiones acorazadas atacar las cabezas de playa, fuerzas terrestres egipcias y puentes y la fallida contraofensiva de los días 8 y 9 podría haber acabado de otra manera[75].

Durante el contraataque, la IAF tuvo como misión atacar los puentes sobre el canal, concentraciones de blindados e infantería; el ataque a las baterías no formaba parte de los objetivos, con lo que se llevó a cabo sin superioridad aérea y con importantes limitaciones. El martes 9, la IAF realizó 350 salidas sobre el Sinaí (estaban implicados alrededor de 60 aviones); por la tarde, Elazar suspendió los ataques debido a la alta tasa de bajas. Peled no era partidario pues, según él, se estaban destruyendo los puentes y todo lo que había entre el canal y la Artillery Road (proximidades al canal), y perder cuatro o cinco aparatos en el curso de cientos de salidas no era tan terrible, si bien, el general no estaba en lo cierto: tal destrucción de los medios egipcios no se estaba produciendo[76].

Finalmente, el contraataque de las divisiones de reservistas de Sharon y Adan fracasó estrepitosamente. Los misiles Sagger y RPGs manejados por la infantería hicieron estragos en los blindados; al igual que las baterías con la aviación, una tecnología puntera y una forma de luchar adaptada y desarrollada para combatir a la potente fuerza acorazada israelí dio sus frutos; y al igual que con la aviación, la IDF no había sido capaz de prever esta amenaza a través de juegos de guerra, ejercicios y simulaciones.

El viernes 12, y con la situación en el frente sirio estabilizada, comenzó el proceso de decisión sobre la siguiente fase en el Sinaí. En la reunión de la mañana de los altos mandos militares, Elazar admitía que su objetivo no era ya la victoria sino un alto el fuego que permitiera a Israel reconstruir su ejército, y todos estaban de acuerdo en que cruzar el canal era una opción más razonable para conseguir este objetivo que combatir en el Sinaí. Por otro lado, este era precisamente el objetivo del plan Rock elaborado años atrás y de la primera contraofensiva fallida, si bien, en condiciones muy diferentes a las previstas: la división acorazada de soldados profesionales debería haber contenido el ataque egipcio y las divisiones de reservistas, una vez constituidas ejecutarían el contraataque y cruzarían al otro lado del canal.

Elazar esperaba que el cruce presionara a Sadat para aceptar un alto el fuego, que ya se estaba gestionando a nivel internacional. No obstante, existía el inconveniente de que los egipcios tenían al otro lado del canal dos divisiones acorazadas a las que se tendrían que enfrentar. Los israelíes conocían los planes egipcios y sabían que contemplaban un cruce hacia el Sinaí, por lo que lo ideal sería esperar este evento y que la IDF cruzara después. Pocas horas más tarde, Zamir, el responsable del Mossad obtuvo información que indicaba que los egipcios estaban preparando el cruce, con lo que la situación podría dar un vuelco[77].

Efectivamente, en uno de los grandes errores egipcios de la guerra, Sadat ordenó avanzar a sus divisiones hacia el este y enfrentar a las fuerzas israelíes, lo que implicaba, no solo salir del paraguas antiaéreo de las baterías en amplias zonas, sino enfrentarse a la poderosa fuerza acorazada israelí en terreno favorable. Shazly no daba crédito a la decisión de Sadat, y los generales del Segundo y Tercer Ejército egipcio, Mamoun y Wasel, protestaron, llegando Mamoun a ofrecer su renuncia. Tras el cruce del canal, el día 14 la fuerza egipcia avanzó hacia el este, con el objetivo de capturar los pasos de las montañas, lo que implicaba adentrarse más allá de los 30 km. del canal[78].

Como era de esperar, la fuerza egipcia fue aplastada en cuanto entró en contacto con la fuerza acorazada israelí, y especialmente en las zonas en las que podía operar la IAF[79]. Los planes egipcios no contemplaban avanzar más allá del paraguas defensivo de las baterías, pues la aviación, junto con la fuerza acorazada israelí, podrían operar libremente[80]; en realidad Egipto había conseguido su objetivo militar, que debería continuar en el plano político, y que en cierto modo consiguió, recuperando el Sinaí años más tarde. Sin embargo, Sadat tenía otras razones para lanzarse a la ofensiva: tenía presiones políticas, de El-Assad, había percibido como debilidad que Israel estuviera dispuesta a un alto el fuego, del mismo modo que pensaba que Israel no tenía el mismo respaldo de EEUU que Egipto de la URSS, además, algunos oficiales egipcios habían propuesto avanzar las baterías junto con los ejércitos, entre otras medidas[81]. Los combates del día 14 fueron el punto de inflexión en la guerra. Los israelíes no solo habían aplastado la ofensiva egipcia, sino que tenían vía libre para ejecutar de la forma más ventajosa la ansiada contraofensiva hacia el otro lado del canal.

Es necesario, por otra parte, tener en cuenta que el desarrollo posterior de la guerra y la espectacular victoria en el frente egipcio no solo es fruto de los errores egipcios y la genialidad israelí. El día 14 comenzó la masiva operación de apoyo logístico de EEUU, en la que no solo se suministró la tan necesitada munición y repuestos, sino que se repusieron los aviones perdidos por la IAF, procedentes de los stocks norteamericanos, algo que, por otro lado, ya estaba haciendo la URSS con sus dos aliados. Hasta qué punto las operaciones al otro lado del canal se hubieran podido mantener sin un suministro logístico mínimo garantizado y sin la reposición de armamento y munición no es posible saberlo, aunque David Elazar tuvo que esforzarse al máximo para convencer a aquellos ministros que consideraban la operación demasiado arriesgada; la idea que le quitaba el sueño no era tanto la destrucción o la eventualidad de que las divisiones se quedaran aisladas al otro lado del canal, sino la posibilidad de que se transformara en una guerra de desgaste, probablemente influido por lo que estaba pasando en el frente sirio, donde las tropas llevaban ocho días luchando sin parar[82]. Al confirmarse la barra libre americana, posiblemente no solo él sino todo el gabinete de crisis israelí vería disiparse la eventualidad de quedarse sin munición, repuestos y un cordón umbilical logístico para las divisiones en territorio egipcio.

El lunes 15 al ocaso, las fuerzas de Sharon se dirigieron al canal con el fin de instalar puentes, establecer un corredor hacia el mismo y crear una cabeza de playa en el lado egipcio[83]. La división de Adan cruzaría al otro lado una vez establecidos y securizados los puentes y el corredor. Apenas unas horas después, con los puentes aún sin securizar, Sharon, con un criterio diferente al del mando e interpretando las órdenes de forma relativamente libre, organizó a la reducida fuerza establecida en la orilla oeste en pequeñas partidas para hostigar a los egipcios en las inmediaciones. Una de estas pequeñas partidas consiguió poco después algo que la poderosa IAF no había estado en condiciones de hacer pese a sus enormes esfuerzos y sacrificios, como fue la destrucción de cuatro baterías SAM[84].

Cuando Adan inició la ofensiva tras el cruce del canal, el jueves 18, continuó con la destrucción de baterías, imprescindible para conseguir el apoyo de la aviación, que se materializaba apenas pasados unos minutos tras la neutralización[85]. Uno de sus objetivos sería la ciudad de Suez, donde convergían las rutas logísticas del Tercer Ejército egipcio, desplegado en la zona sur del Sinaí. Para este día, en Tel Aviv ya se había decidido que el embolsamiento del Tercer Ejército pondría punto y final a la ofensiva militar y dejaría a Israel en una posición ventajosa de cara al alto el fuego[86].

Análisis de la estrategia y actuación israelí frente a la amenaza de las baterías y viabilidad de alternativas

Como se ha visto en los párrafos anteriores, la neutralización de las baterías egipcias y sirias supuso para la todopoderosa aviación israelí una misión prácticamente imposible. A poco que se exploren otras alternativas de actuación por parte de la IAF, resulta difícil ver resquicios en el dispositivo defensivo antiaéreo, incluso conociendo el desarrollo de la guerra y los errores israelíes de antemano. En los siguientes apartados se analizan algunos aspectos de la guerra con el fin de aclarar si la IDF hubiera sido capaz, y en qué medida, de contrarrestar las baterías. En concreto se analiza la cuestión de la movilización, guerra/ataque preventivo y la posibilidad del empleo optimizado de medios como la artillería.

En primer lugar, conviene señalar que, pese a la importante actuación de la aviación, la destrucción, siquiera parcial de las baterías, es decir, la supresión de defensas aéreas enemigas en el Sinaí, no habría sido posible sin la actuación de la fuerza terrestre, y esto pese a que la mitad del presupuesto de defensa estaba yendo a la IAF[87].

En este frente, la barrera de baterías de misiles comenzó a resquebrajarse solo cuando las divisiones acorazadas cruzaron el canal hacia el oeste[88]. En el frente sirio, los datos no parecen indicar que las fuerzas terrestres contribuyeran directamente a la destrucción de las baterías, posiblemente porque se centraron en contener a la fuerza blindada; pero tampoco la aviación, la principal beneficiada, consiguió enfrentarlas con éxito[89].

La artillería podría haber sido un buen complemento a los ataques de la aviación en este escenario, siendo viable su uso desde las primeras fases del conflicto. Aunque su empleo estaba contemplado en el plan Bendigo, no se recurrió a este arma de manera significativa por diversos motivos.

Durante las simulaciones y ejercicios de defensa en el Sinaí de los años anteriores, Bendigo no había encajado bien en la secuencia de actuaciones. Además, en los escenarios planteados, ciertamente optimistas, la aviación no tenía problemas en dar cuenta de las baterías, y probablemente Bendigo no se consideraba realmente necesario, más aún cuando, tal y como se desprende del relato de Sakal, los ejercicios de los años anteriores no incluían un frente sirio que absorbiera recursos adicionales, sino que todo parecía estar orientado a una continuación de la guerra de Desgaste con Egipto. Por otro lado, se trataba de un plan coordinado con la aviación y que necesitaba, obviamente, de observadores o “spotters”, unidades de observación y que requería un planeamiento conjunto y medios y procedimientos de coordinación con la IAF que nunca llegaron a tomarse en serio ni a desarrollarse; además, se contaba con los grupos de artillería de las divisiones de reservistas, que deberían haber sido movilizadas con antelación suficiente, lo que en la guerra real no ocurrió por haberse descartado el ataque preventivo y por haberse llevado a cabo la movilización demasiado tarde. Al comenzar el conflicto, no se ejecutó correctamente el plan Dovecote, por el que se reforzarían los puestos de la línea Bar Lev, ni los blindados avanzaron hacia el canal de acuerdo al mismo. La fuerza regular desplegada no pudo contener el ataque egipcio y las unidades de artillería pronto retrocedieron, en lugar de aproximarse al canal, saliendo de la zona en la que podían alcanzar a las baterías. Asimismo, el personal de los puestos y fortificaciones del canal retrocedió, con lo que se perdieron las pocas posibilidades de observación en la zona. En resumen, factores que influyeron de forma importante en el fracaso de la artillería fueron la movilización tardía, la falta de planeamiento, entrenamiento y coordinación con la IAF así como la ausencia de medios adecuados de coordinación y observación, siendo estos últimos susceptibles de ser mejorados con soluciones tecnológicas.

Relación entre movilización, inteligencia y ataque preventivo

La tardía movilización de reservistas fue uno de los factores que mayores consecuencias acarreó[90]. Entre otras cosas, y como hemos visto, imposibilitó la ejecución de Bendigo. Por otro lado, el día 7 por la mañana, la situación en el sur del frente del Golán era desesperada y la aviación tuvo que contener el avance de los blindados sirios. Aunque la primera ministra había evitado que la movilización se retrasara aún más, la mayoría de planes para el caso de una invasión contemplaban un mínimo de 48 horas de alerta y algunos requerían la activación del personal con más días de antelación, por lo que ganar unas pocas horas no iba a suponer grandes cambios.

Como se vio anteriormente, la economía y, sobre todo, la demografía israelí hacían inviable para la pequeña nación sostener guerras largas o mantener a los reservistas movilizados de forma ilimitada.

El concepto de seguridad israelí a partir de 1.956 primaba una visión ofensiva, en la que Israel debía tomar la iniciativa y transferir la lucha a territorio enemigo, sin esperar a que se produjera un ataque previamente, y destruir al enemigo de forma contundente y en poco tiempo. Una estrategia defensiva para un país como Israel, con una población pequeña y rodeado de enemigos era considerada por muchos como inviable. La estrategia de 1.956, además, desbarataría y desalentaría muchos planes de agresión desde el principio, simplemente por efecto disuasorio. Tras la guerra de 1.967 este concepto se fue debilitando al considerar que los nuevos territorios proporcionarían profundidad defensiva y que, por tanto, un ataque preventivo no sería tan necesario[91]. Es en esta indefinición estratégica donde se desarrolló el Yom Kippur.

Y es también en el Yom Kippur donde se aprecia la estrecha conexión entre movilización y ataque preventivo. Si Israel hace depender la movilización de una alerta, basada en una evaluación de inteligencia sobre lo que van a hacer sus enemigos en las próximas 48 horas, el país está aceptando sus condiciones, pues estos eligen el momento y forma de ataque más adecuados para ellos. Si toma la iniciativa cuando se sobrepasan ciertas líneas, como la colocación de baterías a una determinada distancia o un nivel de acumulación de fuerzas en la frontera, o cuando estima que a partir de cierto punto la defensa es inviable, el adversario se verá forzado a luchar sin estar preparado, mientras que la movilización sería óptima y con apenas consecuencias económicas o políticas; pero esto implica movilizarse solo para atacar, bien para un ataque preventivo o en respuesta a una agresión. La alerta “Blue-White” tuvo consecuencias económicas y políticas y difícilmente sería aceptable algo parecido una segunda vez. Mantener un ejército de reservistas movilizado y esperando de forma indefinida a que el enemigo decida empezar las hostilidades era una opción para muchos países, pero no para Israel.

Además, y pese a que el Mossad y la inteligencia militar obtuvieron prácticamente toda la información que tecnológica y humanamente era posible, hacer recaer en la inteligencia la responsabilidad de proporcionar una alerta de pocas horas o días, cuando por los más diversos motivos se puede modificar o cancelar el inicio de hostilidades, significa añadir más incertidumbre a la situación y vulnerabilidad frente a todo tipo de engaños y estratagemas. Las necesidades de inteligencia para iniciar una guerra o un ataque preventivo, en los que Israel fija la fecha y condiciones de inicio, son mucho más simples: la inteligencia conocía en gran detalle estado, preparación e intenciones del enemigo, suficiente para tomar decisiones de cara a un ataque preventivo.

El concepto de seguridad anterior a 1967 habría facilitado la labor de la IDF. Desde agosto, y especialmente desde la última semana de septiembre, había evidencias de todo tipo de que una guerra era más probable que nunca, y la concentración masiva de efectivos militares en las fronteras era un criterio objetivo para afirmar que Israel estaba bajo una clara amenaza y que una acción de tipo preventivo era razonable.

Por otra parte, se debe comprender que la estrategia de seguridad ofensiva previa a 1967, a partir de 1970 no era tan fácil de mantener. Por un lado, se había acordado un alto el fuego con Egipto en la guerra de Desgaste. Se podrían haber atacado eventualmente las baterías al entrar en zona peligrosa para Israel, pero eso se parecía mucho a un episodio más en el juego del gato y el ratón que era la guerra de Desgaste. Además, Estados Unidos no era favorable a esta postura y la URSS estaba muy implicada con Egipto. Aquí tenemos otro interesante punto que conviene señalar: Israel había aceptado el alto el fuego de la guerra de Desgaste sin garantías de poder controlar la situación[92], lo cual contrasta con los acuerdos de Camp David, que han garantizado la paz con Egipto hasta nuestros días, si bien, con el Sinaí ya integrado en Egipto.

La opción de una guerra preventiva

En función del análisis previo, una de las principales líneas de acción alternativas a considerar para intentar dar respuesta al dilema israelí sería la opción del ataque preventivo, pero no el que se consideró realmente tras conocerse los planes unas horas antes del inicio de hostilidades y limitado principalmente a ataques aéreos a las baterías, sino algo más parecido al concepto de guerra preventiva tal y como se entendía en la IDF, con el objetivo de destruir la fuerza militar oponente, y no simplemente de desbaratar sus planes[93].

La guerra de Desgaste había demostrado que Egipto podía hostigar indefinidamente las posiciones israelíes en el canal, y que las represalias de la aviación estaban lejos de detener el hostigamiento, menos aún cuando empezó a implicarse la URSS. Como había afirmado Dayán en julio de 1.970, destruir las baterías en un ataque solo sería una solución temporal, era cuestión de tiempo que fueran reemplazadas, además de ser una opción prohibitiva por los enormes sacrificios que exigiría a la aviación; tras la tregua de agosto, los egipcios avanzaron todavía más baterías a la zona. Sharon, entonces general jefe del Mando Sur, propuso capturar una franja de 30 km en la orilla oeste del canal para presionar a Egipto y a los soviéticos[94], lo que habría supuesto la entrada en escena de la fuerza acorazada en el conflicto.

Tres años más tarde, a finales de septiembre de 1.973 se daban condiciones aún más idóneas para iniciar una guerra preventiva, suponiendo que hubiese sido una opción y que el país se hubiera preparado para ello. Las baterías sirias, por ejemplo, se habían reforzado gradualmente desde agosto y cubrían amplias zonas bajo mando israelí, un motivo comprensible para iniciar un ataque (recuérdese el caso de Beká años más tarde); el segundo jefe del Estado Mayor de la Defensa, Yisrael Tal, era partidario, bien de reforzar los Altos del Golán con una división regular, que la IDF no tenía, o bien de iniciar una guerra preventiva para destruirlas, aprovechando la primera oportunidad[95]; tales oportunidades no escaseaban, como fue la batalla aérea del 13 de septiembre.

Egipto había mantenido desplegada una fuerza ingente en la zona durante años, incluyendo cinco divisiones de infantería, pero, sobre el 24 de septiembre, la CIA observó y reportó a Israel movimientos de maniobra a nivel división y la mayor acumulación de munición hasta la fecha, junto con la activación de apoyo logístico y una red de comunicaciones de campo más compleja de lo que cabría esperar para simples ejercicios[96]. Durante los siguientes días también hubo evidencias claras por parte de Siria[97]. Iniciar una acción como consecuencia de estas informaciones podría haber suavizado la reacción norteamericana, siempre contraria a un ataque preventivo.

Debido a su demografía, como ya sabemos, Israel solo podía ganar guerras cortas con victorias contundentes. La movilización debía ser rápida y con el único fin de comenzar una guerra o responder a una agresión, el país no podía mantener el ejército movilizado más que unos pocos días o semanas. Una guerra preventiva en septiembre habría tenido las siguientes ventajas:

Antes del inicio de la guerra, se estimaba que un plazo de 48 horas sería suficiente para alcanzar la superioridad aérea, lo que incluía neutralizar las bases aéreas egipcias y sirias, así como las dos barreras de misiles: una estimación sin duda extremadamente generosa. Tras la guerra, la comisión Agranat, responsable de investigar los fallos previos a la guerra de la IDF, y el mismo general Peled, estimaron que se habrían necesitado 96 horas, sin contar las 48 horas necesarias de preaviso necesarias para la preparación de la IAF, para conseguir este objetivo; dicho de otra forma, estamos hablando de 6 días, desde que se recibiera la alerta, antes de que la aviación estuviera en condiciones de dedicarse de pleno a otras tareas, como el apoyo aéreo cercano[98]. Por otro lado, se debe matizar que esta estimación se refiere a una operación de supresión de defensas aéreas llevada a cabo en exclusiva por la aviación.

En un escenario de guerra preventiva como el que se plantea, la IDF podría, tras 48 horas de preparación, haber dedicado otras 48 a las baterías y bases aéreas egipcias. En estas condiciones, si las fuerzas egipcias deciden iniciar el cruce, habrían estado en peor situación que en la guerra real; igualmente, si no actúan, la IDF habría estado en condiciones idóneas para llevar a cabo el plan Rock, es decir, el cruce a la parte occidental.

Como se vio anteriormente, el frente sur del Golán se derrumbó al segundo día de la guerra y el avance sirio tuvo que ser contenido, a un coste altísimo, con la aviación. La clave en este frente parece haber estado en neutralizar la fuerza blindada siria, mucho más que en encargarse de las baterías o aviación, y el mejor arma para conseguirlo habría sido la propia fuerza acorazada. Por tanto, el escenario ideal para Israel en el Golán habría sido tener desplegados los blindados de las divisiones de reservistas al comienzo de la guerra, más que destruir las baterías.

Un par de días antes del comienzo de la guerra, el día 4 de octubre, una salida de reconocimiento fotográfico israelí mostró que el ejército egipcio había realizado un despliegue de fuerzas sin precedentes en la parte occidental del canal, incluyendo baterías de artillería y material y equipamiento para un cruce a la parte oriental. El despliegue artillero era sensiblemente superior al que se había descubierto el día 26 de septiembre en un reconocimiento aéreo previo[99]. También, tal y como desvelaría Peled tiempo después, Israel perdió una oportunidad de hacer estragos en varias brigadas acorazadas alineadas y preparadas para avanzar hacia el canal después de no analizar a tiempo fotografías de uno de los reconocimientos; a su juicio no habría costado más de entre dos y cuatro aviones[100], pese a las baterías.

Esto indica que las unidades desplegadas previamente para el asalto, que empezaron a prepararse unos pocos días antes y seguramente para preservar el efecto sorpresa hasta el último momento, no habrían estado en sus puestos en caso de un ataque israelí a finales de septiembre, o habrían estado en una situación vulnerable a un ataque, como describió Peled.

Si la IDF logra cruzar el canal, como hizo en la contraofensiva del día 15, aprovechando la sorpresa y desbaratando los planes egipcios, podría haber abierto brechas en la barrera antiaérea junto con la artillería, ahorrándose el sacrificio que supuso para la IAF cuando intentó enfrentarla por sí sola; y habría estado más cerca de conseguir el objetivo de causar daños irreparables al adversario.

En el marco de una guerra preventiva, el empleo de la artillería para destruir las defensas en coordinación con la IAF habría sido más efectivo. La artillería podría haber apoyado a la aviación en esta tarea y haber reducido el número de derribos, pero necesitaba de unidades de observación, spotters y unidades aéreas para atacar los objetivos, y todo ello tenía que ser preparado y movilizado con antelación[101]; además, el despliegue de la artillería siempre había sido problemático y lento en los ejercicios previos[102], pero estos problemas no serían relevantes en un ataque preventivo en el que Israel decide cuándo comienza el conflicto. Sin embargo, el plan Bendigo, al igual que ocurrió con los de la aviación, fue planeado sin conocer las magníficas prestaciones del SA-6; su gran movilidad le hacía menos vulnerable a los ataques aéreos, pero también a la artillería. Por otro lado, la artillería también habría sido útil para apoyar a la IDF durante y tras el cruce, como ocurrió en el caso real, y para impedir un cruce egipcio hacia el Sinaí, bombardeando posiciones enemigas en el canal. En el caso real, no solo se desplegó tarde, sino que tuvo que retroceder hasta salir del alcance efectivo por el avance egipcio en los primeros momentos.

En otras palabras, el plan Bendigo solo podía funcionar si se movilizaba la artillería y su personal con la antelación suficiente, y si había ataque preventivo aéreo, pues estaba asociado a este. En el caso del escenario que planteamos, donde se habría desbaratado probablemente un cruce egipcio y la artillería no se habría tenido que replegar, habría estado en condiciones de jugar un papel importante.

No obstante, una guerra preventiva también tenía grandes inconvenientes y dificultades. Israel no se estaba preparando para una guerra de alta intensidad, ni habría tenido fácil prepararse, pues Estados Unidos, que no era partidario de una guerra contra Egipto, solo suministraba el armamento imprescindible para su defensa, y siempre a cambio de exigentes condiciones. Como afirmaba Shmuel L. Gordon, Israel tenía la fuerza aérea que EEUU había decidido, en función del número de aviones que consideraba conveniente venderle[103]. Por otro lado, la escasez de munición, repuestos y medios logísticos habría limitado demasiado los objetivos de la IDF y limitaban aún más la duración de la guerra; a este respecto sirva como ejemplo el extraordinario consumo de bombas de fragmentación CBU-58; la IAF agotó todas sus existencias anteriores a la guerra, 4.670, más 1.601 de un total de 2.460 suministradas por los norteamericanos durante la misma[104]. La munición para los blindados, contando Israel con la tercera mayor fuerza acorazada en el mundo occidental, era extraordinariamente baja, siendo desplegados muchos carros con apenas la mitad de su cargo[105]. Tras la guerra, Israel duplicó sus stocks de munición. Si a principios de 1.973 mantenía municiones para 14 días de combate intenso, en 1.975 disponía de reservas para 28 días[106].

Es decir, que para estar en condiciones de iniciar una guerra preventiva, Israel tendría que haber acumulado este material con antelación.

Otra alternativa

Merece la pena tener en cuenta una posibilidad alternativa de actuación una vez comenzada la guerra. Una de las principales ventajas que proporcionaban los territorios anexionados en el 67 era que podían actuar como zonas colchón e incrementar así la profundidad defensiva de Israel. Las fuerzas desplegadas en el Sinaí podrían haberlos utilizado con este fin, replegándose a zonas próximas a los pasos de las montañas, fuera del alcance egipcio, mientras se movilizaba toda la fuerza de reserva, de manera similar a como ocurrió tras la primera contraofensiva y, mientras, la IAF se podría concentrar en el frente sirio. La opción de replegarse temporalmente fue contemplada por muchos oficiales, pero existía la convicción generalizada en el gabinete de crisis de que no se podía ceder territorio bajo ningún concepto al enemigo[107]; una vez más, esta postura es más comprensible desde la estimación de que sería fácil vencer a los ejércitos árabes. Una vez controlado el frente sirio, la aviación, junto con la fuerza terrestre, podría centrarse en expulsar al ejército egipcio al este del canal y cruzarlo hacia el oeste. Esta situación sería muy parecida a la segunda contraofensiva, pero la IDF se habría ahorrado la primera y gran parte de la destrucción de los primeros días.

Con respecto a las baterías, no hay evidencias que hagan pensar que la aviación pudiera haberse enfrentado exitosamente a ellas por sí sola, salvo a un costo muy alto en aviones, con la implicación de la mayor parte de la aviación, a costa de las demás tareas y en un plazo, siendo muy optimistas, de 48 horas mínimo[108], operando en un solo frente a la vez, y además con la posibilidad de que hubieran sido repuestas en cuestión prácticamente de horas. En el frente del Golán, la situación empezó a estabilizarse a partir del segundo día, conforme llegaban las divisiones blindadas de reserva, por lo que es razonable pensar que habría compensado no lanzar ningún ataque contra las baterías, o reducirlos al mínimo, y operar bajo fuego enemigo.

Evaluación, consecuencias de la guerra y conclusiones

La guerra del Yom Kippur tuvo importantes consecuencias para la estrategia de defensa israelí y estimuló el desarrollo de nuevas tecnologías y de nuevas formas de hacer frente a un sistema integrado de defensa aérea, tanto en Israel como en Estados Unidos. Israel consiguió aplicar en sus conflictos de los años 80 gran parte de lo aprendido en la guerra de Octubre. Como se vio anteriormente, en la operación de destrucción de defensas aéreas en el valle de la Beká, la IDF empleó una diversidad de medios para destruir las baterías que en un principio podría parecer innecesaria o redundante.

Pero si tenemos en cuenta la experiencia de las baterías en el Yom Kippur, esta diversidad y redundancia de medios podría haber significado la diferencia entre el éxito o el fracaso en 1.973. El problema de la observación de los objetivos quedó resuelto con los drones. La posibilidad de disponer de imágenes en tiempo real de las baterías SA-6, especialmente mientras se relocalizaban, no solo fue útil para la aviación, también posibilitaba el procedimiento de fuego, la corrección de la artillería y la evaluación de daños[109]; esta capacidad habría potenciado el papel de la artillería, en concreto en su uso en el plan Bendigo o en la destrucción de los puentes y cabezas de playa. Hemos visto que se emplearon misiles antirradiación superficie-superficie, como el Ze’ev; aunque su uso en el valle de la Beká podría parecer redundante, ya que su función ya la realizan los misiles lanzados desde el aire de una forma más versátil, o que su reducido alcance lo limita al frente de batalla, lo cierto es que, al igual que el empleo de la artillería, habría aliviado en gran medida a la aviación en un conflicto como el del Yom Kippur, especialmente si se decide atacar las dos barreras antiaéreas a la vez. También se estimuló el desarrollo y adquisición de armamento standoff, es decir, que puede ser lanzado más allá del alcance de los misiles, como bombas guiadas o misiles aire-tierra, que fue empleado en la Beká.

Todo indica que esta aproximación al problema de las barreras habría sido la respuesta ideal en la guerra del Yom Kippur. Sin embargo, también parece evidente que, pese a la espectacularidad de la operación de supresión de defensas aéreas del valle de Beká, esto no era ni mucho menos lo que necesitaba Israel para la operación “Paz para Galilea”, en la que se encuadraba. Pese a los éxitos en la Beká, “Paz para Galilea” no transcurrió de forma favorable para Israel y la operación supuso un fuerte varapalo para Ariel Sharón, su principal impulsor, un éxito estratégico para Siria y además catalizó el nacimiento de Hizbullah, lo que lleva a cuestionar si realmente Israel había hecho bien en apostar, una vez más, tan fuerte por posicionar el poder aéreo en un papel tan central.

Los números también cuestionan la actuación de la aviación en el Yom Kippur, especialmente en lo que se refiere a la supresión de defensas aéreas. La IAF destruyó o dañó, según Cordesman y Wagner, 51 baterías en toda la guerra (43 en Egipto y 8 en Siria), de un total de 215 (en los frentes y desplegadas en otras zonas de Egipto y Siria), un 23% del total, frente a 12 por acción de las fuerzas de tierra[110], estas últimas básicamente en la barrera del canal; aquí, la artillería habría destruido 8, cerca de la ciudad de Suez, los expedicionarios de Sharon 4, por indicación del mismo general Peled y varias más al día siguiente las brigadas de Adan, que necesitaban apoyo aéreo y este, a su vez, no era posible si no se destruían las baterías[111]. Según Sakal, unas 40 baterías fueron destruidas en el canal, de entre 60 y 70 desplegadas en esta zona[112]. Aunque los datos varían según autores es posible que, como él afirma, la mitad de ellas, es decir, alrededor de 20, hubieran sido puestas fuera de servicio por las fuerzas de tierra[113].

Además, la IAF solo pudo empezar a actuar de forma eficaz en el canal entre el 15 y 18 de octubre, cuando las fuerzas acorazadas ya habían cruzado a la margen occidental.

En el frente sirio, la proporción de baterías neutralizadas fue todavía menor, 5 dañadas y 3 destruidas por la aviación, de un total de 65[114], un escaso 13%. Según algunos autores, los ataques en el interior de Siria, empezando con el del día 9, habrían derivado baterías a puntos estratégicos en Damasco y el interior, diluyendo la barrera en el frente, de unas 25 baterías en un principio[115]. Sin embargo, desde el día 9, con la situación en el Golán bajo control de Israel, es probable que Siria no considerara necesario ya incrementar ni mantener el número de baterías en esta zona, lo que no quiere decir que no estuviera en condiciones de hacerlo si la batalla en la zona no estuviera perdida, más aún con la ayuda soviética. En cualquier caso, el éxito parcial de la aviación se debería a los bombardeos operacionales y estratégicos y no a su actuación en la supresión de defensas.

Tampoco se puede descartar que la fuerza aérea estuviera sobredimensionada, o que hubiera sobrepasado su tamaño óptimo. Según Shmuel Gordon, Israel tenía la aviación que Estados Unidos consideraba conveniente venderle, lo que no se puede negar. Sin embargo, más de la mitad del presupuesto de defensa de Israel ya estaba yendo a la IAF[116], en detrimento del resto de cuerpos, muchos de los cuales fueron mucho más determinantes para la victoria que la aviación. EEUU repuso las fuertes bajas de la aviación con aviones propios durante la guerra y le proporcionó armamento moderno, pero, aún así, el momento decisivo fue la irrupción de la fuerza terrestre en la margen occidental del canal. Un problema de la IAF llegó a ser la escasez de pilotos para tantos aparatos[117]. Por todo esto resulta difícil pensar que una mayor fuerza aérea, que en cierto modo además ya tuvieron, al contar con el suministro de material casi ilimitado de EEUU en tiempo real, hubiera llevado a resultados más favorables para Israel. A este respecto, sería interesante estudiar si la guerra de Desgaste pudo haber contribuido a sobredimensionar la IAF, un tipo de conflicto para el que sí que tuvo prácticamente todo el protagonismo.

No todos los oficiales de la IAF tenían claro que Tagar tuviera posibilidades de éxito dadas las circunstancias, pero Furman y su segundo, Amos Amir, entre otros, sí consideraron la cancelación de la operación un gran error y que las baterías habrían sido eliminadas[118]. Sakal, por su parte, considera que las baterías del canal podrían haber sido destruidas en un ataque preventivo el domingo 7, pero también que podrían haber sido reemplazadas en cuestión de horas[119]. Sin embargo, no aclaran cómo podrían haber neutralizado las baterías SA-6, un problema para el que la IAF no encontró ninguna solución en ningún momento de la guerra, ni consideran el coste en aviones, ni el coste de oportunidad de enfrentarse directamente a las baterías y si realmente hubiera compensado. Por otro lado, parece evidente que, en el mejor de los casos, la IAF podría haber destruido una de las barreras antiaéreas, en la otra tendría que haber operado sin SEAD; tal y como se temía Peled al principio del conflicto[120].

Sakal también ofrece una posibilidad alternativa al empleo de la IAF en la destrucción de las baterías que podría haber cambiado el curso de la guerra desde el principio en beneficio de Israel. Considera que habría sido posible destruir parte del material de cruce egipcio, concentrado hasta el día 6 a varios kilómetros del canal[121], en un ataque preventivo o paralelo de la aviación, y que esta acción habría desbaratado gran parte de los planes egipcios. En términos parecidos, y con una lógica aplastante, se expresaba Moshé Dayán el mismo día 6, y no tras analizar los resultados de la guerra años más tarde. El ministro de defensa no veía claro que la IAF pudiera destruir las baterías y sugería que se concentrara en parar el avance egipcio a través del canal pese a la actividad de las baterías: es evidente que, si la IAF fallaba contra las baterías, la barrera permanecería y el cruce se produciría sin obstáculos; de la otra manera se hostigaría al enemigo mientras cruzaba[122], si bien en ambos casos la aviación sufriría fuertes bajas. No obstante, semejantes decisiones estaban en la esfera del jefe de Estado Mayor, y el ministro de defensa no trató de imponerse.

Como se dijo anteriormente, la aviación pudo contener el avance enemigo en el frente sirio mientras se movilizaban las divisiones acorazadas propias, pese a la actuación de las baterías, si bien a un coste muy alto, pero sin duda más eficientemente que el intento de ejecutar Dugman. También actuó durante la primera contraofensiva contra los egipcios, atacando puentes, infantería y concentraciones de acorazados, y también pese a la actuación de las baterías. Elazar canceló la ofensiva aérea debido a las bajas, pese a que Peled no lo consideraba necesario, pero lo cierto es que los resultados de la aviación estaban siendo decepcionantes[123]. Los puentes no estaban siendo destruidos gracias a la efectiva gestión de los egipcios. Entre otras medidas, los puentes se desmantelaban durante el día y se reinstalaban durante la noche, cuando eran menos vulnerables[124].

De esta forma, y a grandes rasgos, se puede decir que la aviación israelí fracasó en su intento de destruir los sistemas de defensa aérea enemigos. No disponía de la tecnología necesaria para hacerles frente, que solo llegó en los años 80 y como consecuencia de las lecciones de la guerra. En el resto de misiones tuvo un éxito desigual, obteniendo mejores resultados en la interdicción operacional y estratégica, lejos del radio de acción de las baterías. Del análisis del conflicto se desprende que los sistemas antiaéreos solo pudieron ser enfrentados con éxito en un esfuerzo de armas combinadas, en el que la fuerza acorazada y la artillería tuvieron un papel decisivo al abrir la brecha inicial en la zona del canal; en el Golán la llegada de las divisiones blindadas movilizadas sentenció la lucha.

Tal y como se temía Peled en las horas previas al conflicto, los pilotos se verían obligados a prestar apoyo cercano sin SEAD, bajo el fuego de los sistemas de defensa aérea enemiga[125]. Aunque este escenario es difícilmente imaginable en las operaciones que lleva a cabo la OTAN, o los EEUU, en los que hay una diferencia abrumadora de fuerzas, en conflictos entre pares la SEAD puede no ser una opción tan razonable, para ninguno de los contendientes. Mientras que OTAN o EEUU pueden dedicar recursos adicionales para conseguir sus objetivos con un coste mínimo en bajas, para lo que la aviación es un instrumento ideal, cuando las fuerzas están más equilibradas y los propios intereses nacionales están en serio peligro, priorizar un reducido número de bajas puede ser un lujo contraproducente.

En la guerra del Yom Kippur la fuerza aérea fue empleada en diferentes misiones con resultados mediocres, salvo algunas excepciones, pese a que estamos hablando de una de las fuerzas aéreas mejor preparadas del mundo y fuente de inspiración constante para Estados Unidos; de hecho, casi se podría afirmar que Estados Unidos y la OTAN se han beneficiado más de las lecciones aprendidas de la IAF que esta misma. Su contribución a la victoria final fue mucho más discreta que la de cuerpos como la fuerza acorazada. Además, no es un caso aislado, en la guerra de los Seis Días se ha exagerado mucho su actuación, y en conflictos posteriores ha demostrado ser un instrumento poco adecuado. Por otro lado, tal y como afirma Jordán sobre el empleo del poder aéreo en Israel, este se ha empleado de forma sub-óptima por los diferentes gobiernos y continuamente se le asignan cometidos que no puede cumplir[126].

También parece evidente que en ningún caso podría la IAF haber eliminado los dos sistemas antiaéreos; la destrucción de defensas aéreas solo habría tenido sentido si se logra en cuestión prácticamente de horas, más allá de un tiempo mínimo, la aviación era mucho más necesaria en otras misiones, por lo que incluso un plazo estimado de 24 ó 48 horas para destruir uno de los sistemas (sin tener en cuenta el tiempo de preparación), que implicaría el empleo de la mayor parte de la aviación, dejaría sin sentido la misma operación.

En el caso del contencioso con Egipto, los acuerdos de Camp David parecen haber sido la solución ideal para ambas partes. Pero la exploración de otras alternativas, por razones obvias, no forma parte de este trabajo.

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[1] David E. CLARY: The Bekaa Valley: A Case Study. Montgomery, AL: Air Command and Staff College, 1988, pp. 7-8.

[2] Anthony H. CORDESMAN y Abraham WAGNER. The Lessons of Modern War: Volume I: the Arab-Israeli Conflicts, 1973-1989, Routledge, 2020, cap. 3, Air Reconnaissance, C 3 I…, párr. 18.

[3] Ibid., cap. 3, Surface-to-Air Missiles, párr. 38-39.

[4] John A. WARDEN III. The Air Campaign: Planning for Combat. Pickle Partners Publishing, 2014, cap. 3, Command…, párr. 15; David E. CLARY: op. cit., p. 10.

[5] Matthew M. HURLEY. “The Bekaa Valley Air Battle, June 1982: Lessons Mislearned?”. Airpower Journal, 1989, vol. 3, nº4, pp. 60-70.

[6] W. Seth CARUS:. “The Bekaa Valley Campaign”. The Washington Quarterly, 1982, vol.5, nº4, pp. 39-40; David E. CLARY: op. cit., 10-11; Abraham RABINOVICH: The Yom Kippur War: the epic encounter that transformed the Middle East. Schocken Books, 2004, cap. 38, párr. 46.

[7] Matthew M. HURLEY: op. cit., pp. 60-70.

[8] Lon O. NORDEEN: Air warfare in the missile age. Smithsonian Institution, 1985, p. 184.

[9] David E. CLARY: op. cit.,  p. 10; W. Seth CARUS. op. cit., p. 38.

[10] RABINOVICH: op. cit., cap. 5, párr. 1-8.

[11] The Yom Kippur War: By the Insight Team of the London Sunday Times. Garden City, N.Y.: Doubleday & Company, 1974, pp. 184-185; Emanuel SAKAL: Soldier in the Sinai: A General’s Account of the Yom Kippur War. University Press of Kentucky, 2014, p. 348.

[12] RABINOVICH: op. cit., cap. 5, párr. 6-8; SAKAL: op. cit., p. 376.

[13] The Yom Kippur War by Insight Team..., pp. 186-187; RABINOVICH: op. cit., cap. 5, párr. 6-7.

[14] Uri BAR-JOSEPH. The watchman fell asleep: The surprise of Yom Kippur and its sources. SUNY Press, 2005, p. 41.

[15] Ibid.,  p. 22, 40; RABINOVICH: op. cit., cap. 15, párr. 25-27.

[16] RABINOVICH: op. cit., cap. 5, párr. 6-10; SAKAL: op. cit., p 331.

[17] SAKAL: op. cit., pp. 329-331; Uri BAR-JOSEPH (2005): op. cit., p. 41.

[18] Uri BAR-YOSEF y David HAZONY: The angel: The Egyptian spy who saved Israel, HarperCollins Publishers, 2016, cap 7, párr. 34-39.

[19] Se estimaba que se necesitarían uno o dos días para completar la destrucción de un sistema de misiles, en uno de los frentes y sin participación masiva en las operaciones en tierra, entre otras cosas: SAKAL: op. cit., p. 354.

[20] SAKAL: op. cit., pp. 330-332.

[21] Este era el caso especialmente en el Golán, en el que los ataques tenían lugar basados en reconocimiento aéreo efectuado unas pocas horas antes, tiempo más que suficiente para el reposicionamiento del  SA-6. Según Forman, Jefe de Operaciones de la IAF, esta eventualidad nunca se tuvo en cuenta en el concepto de operaciones.Ibid., pp. 348-353; RABINOVICH: op. cit., cap. 15,  párr. 29.

[22] SAKAL: op. cit., pp. 16-17.

[23] Ibid.,  pp. 51-54.

[24] Sakal no hace referencia en ningún momento a operaciones en Siria que hubieran podido condicionar la situación cuando habla de los diferentes ejercicios y juegos de guerra efectuados en el Sinaí, ni se hace referencia a ellas en las evaluaciones de estos como un factor que pudiera limitar a la aviación. Ibid., pp. 51-54.

[25] Ibid.

[26]  Uri BAR-YOSEF y David HAZONY, op. cit., cap 7, párr. 47-49; RABINOVICH: op. cit., cap. 3, párr. 25-32.

[27] RABINOVICH: op. cit., cap. 3,  párr. 21-32.

[28] Uri BAR-YOSEF y David HAZONY, op. cit., cap 7, párr. 48-50; RABINOVICH: op. cit., cap. 3, párr. 26.

[29] Elinor BURKETT: Golda. Harper Collins, 2008, pp. 266-267.

[30] SAKAL: op. cit., pp. 38-39.

[31] Elinor BURKETT: op. cit., p. 267; SAKAL: op. cit., p. 40.

[32] Uri BAR-YOSEF y David HAZONY, op. cit., cap 8, párr. 8-14.

[33] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 92-93; Elinor BURKETT: op. cit., pp. 313-315; Uri BAR-JOSEPH. The watchman fell asleep:…, op. cit., pp. 81-82; SAKAL: op. cit., p. 349.

[34] Elinor BURKETT: op. cit., p. 313.

[35] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 98-99.

[36] RABINOVICH: op. cit., cap. 8,  párr. 21-32.

[37] Uri BAR-YOSEF y David HAZONY, op. cit., cap 9, párr. 37-40.

[38] Ibid.

[39] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., p. 120-121; Mordechai BAR-ON: Moshe Dayan: Israel’s controversial hero. Yale University Press, 2012,  cap. 13,  párr. 8-10.

[40] SAKAL: op. cit., pp. 54, 86, 328-329.

[41] RABINOVICH: op. cit., cap. 5,  párr. 9-10, cap. 10, párr. 14-17, cap. 12, párr. 37.

[42] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 120-121; Mordechai BAR-ON: op. cit., cap. 13,  párr. 9; RABINOVICH: op. cit., cap. 10, párr. 12.

[43] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 122-123.

[44] Ibid., pp. 110-111.

[45] RABINOVICH: op. cit., cap. 10, párr. 13.

[46] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., p. 97.

[47] Tal y como explicó el ministro de defensa, el General Ahmed Ismail. Ibid., pp. 73-74.

[48] SAKAL: op. cit., p. 115.

[49] RABINOVICH: op. cit., cap. 10, párr. 4-7.

[50] Ibid., cap. 10, párr. 17.

[51] SAKAL: op. cit., p. 334;  Elazar propuso durante la mañana atacar los aeropuertos sirios al mediodía, las baterías a las 15:00, cuando la meteo fuera más favorable, y apoyo a tierra a las 17:00, RABINOVICH: op. cit.,  cap. 10, párr. 23-24.

[52] Elinor BURKETT: op. cit., p. 330.

[53] RABINOVICH: op. cit., cap. 15, párr. 2.

[54] SAKAL: op. cit., p. 340.

[55] RABINOVICH: op. cit.,  cap. 15, párr. 23-43.

[56] SAKAL: op. cit., p. 339.

[57] Howard BLUM: The Eve of Destruction: The Untold Story of the Yom Kippur War. New York: HarperCollins, 2003, p. 193.

[58] RABINOVICH: op. cit.,  cap. 15, párr. 39-40; SAKAL: op. cit., p. 342,  pp. 377-379.

[59] RABINOVICH: op. cit.,  cap. 16, párr. 42-44; Howard BLUM: op. cit., p. 192.

[60] Las cifras pueden variar según fuentes y cómo se contabilicen, The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., p. 161.

[61] Howard BLUM: op. cit., p. 193; The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., p. 185; SAKAL: op. cit., pp. 346-347.

[62] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 183, 203-204.

[63] Ibid., p. 204.

[64] Ibid.,  pp. 182-183.

[65] Walter J. BOYNE: “Nickel Grass”, Air Force Magazine, 1998, vol. 81, no 12.

[66] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 276-278; Nadav SAFRAN: “Trial by Ordeal: The Yom Kippur War, October 1973”, International Security, 1977, p. 155.

[67] Blum habla de doce Phantoms derribados. Howard BLUM: op. cit., p. 163-164.

[68] Safran no hace referencia a los doce Phantoms de los que habla Blum. Nadav SAFRAN: op. cit., p. 145.

[69] SAKAL: op. cit., p. 376.

[70] Howard BLUM: op. cit., p. 190.

[71] SAKAL: op. cit., p. 340.

[72] RABINOVICH: op. cit., cap. 15, párr. 42-43; Sakal también argumenta que los soviéticos podrían haber repuesto las baterías en caso de que Tagar hubiera triunfado. SAKAL: op. cit., p. 376.

[73] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 230, 277; en el frente sirio se llegó a esta situación con los SAM al final de la guerra: Shlomo ALONI: Israeli F-4 Phantom II Aces. Osprey Publishing, 2004, p. 46; en realidad, para el día 10, las tres partes contendientes estaban exhaustas y estaban llegando al límite en el consumo de munición y armamento: Nadav SAFRAN: op. cit., pp. 154-155.

[74] RABINOVICH: op. cit., cap. 15, párr. 29.

[75] Parte de esta afirmación es sostenida por Sakal. SAKAL: op. cit., p. 376.

[76] SAKAL: op. cit., pp. 344-346.

[77] RABINOVICH: op. cit., cap. 28, párr. 10-37.

[78] SAKAL: op. cit., pp. 302.

[79] Ibid., pp. 301-304.

[80] RABINOVICH: op. cit., cap. 29, párr. 47-53; un alto el fuego con la situación en ese momento habría logrado los objetivos que se había propuesto Sadat, es decir, una posición sólida en una porción del Sinaí para iniciar un proceso internacional de paz, cap. 29, párr. 3.

[81] Ibid., cap. 28, párr. 23-28, cap. 29, párr. 1-4.

[82] Ibid., cap. 28, cap. 29, párr. 1-39,  cap. 29, párr. 51; SAKAL: op. cit., 301-304.

[83] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., p. 328.

[84] Ibid., pp. 336-338; RABINOVICH: op. cit., cap. 31, párr. 37-41.

[85] RABINOVICH: op. cit., cap. 33, párr. 15-16.

[86] Ibid., cap. 33, párr. 9, 19.

[87] Uri BAR-JOSEPH: “Strategic surprise or fundamental flaws? The sources of Israel’s military defeat at the beginning of the 1973 war”. The Journal of Military History, Volume 72, Number 2, April 2008, pp. 510, 513.

[88] SAKAL: op. cit., p. 355; Según Sakal, en 6 días la fuerza terrestre dejó fuera de combate más baterías en la zona occidental del canal que la IAF en toda la guerra en Egipto: p. 356.

[89] Uri BAR-JOSEPH. The watchman fell asleep:…, op. cit., p. 81; según Cordesman, la IAF neutralizó ocho baterías frente a una de las fuerzas terrestres, Anthony H. CORDESMAN: op. cit., cap. 2, Air Suppression of Ground- or Sea-Based Air Defenses; SAKAL: op. cit., pp. 356.

[90] Sakal lo considera uno de los factores que condujeron al fracaso en la defensa del Sinaí en los primeros días. SAKAL: op. cit., p. IX

[91] Ibid., pp. 411-415.

[92] SAKAL: op. cit.: p. 40.

[93] La IDF contemplaba tres formas de responder a una amenaza: ataque o guerra preventiva, (preventive strike/war), o ataque deliberado cuyo objetivo sería destruir la fuerza militar oponente; ataque preventivo para desbaratar los planes enemigos (preemptive strike) y ataque paralelo, una vez empezadas las hostilidades y con el fin de desbaratar los planes. La guerra preventiva implicaba empezar una guerra prácticamente al conocer las intenciones del enemigo, sin provocación activa previa, el ataque preventivo (preemptive) era mucho más limitado y con objetivos más modestos. Ibid., pp. 411-420.

[94] Ibid., pp. 38-39.

[95] Uri BAR-JOSEPH. The watchman fell asleep:…, op. cit., p. 82.; SAKAL: op. cit., p. 349.

[96] The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 91-92.

[97] RABINOVICH: op. cit., cap. 8, párr. 36-38.

[98] SAKAL: op. cit., pp. 367-373.

[99] Ibid., p. 87.

[100] RABINOVICH: op. cit., cap. 12, párr. 41.

[101] SAKAL: op. cit., p. 331.

[102] Ibid., p. 52.

[103] Shmuel L. Gordon: The air force and the Yom Kippur War: New lessons, Israel Affairs, 6:1, 1999, p 223.

[104] Joseph S. DOYLE: The Yom Kippur War and the Shaping of the United States Air Force, 2016, Tesis Doctoral. School of Advanced Air and Space Studies, p. 41.

[105] The Yom Kippur War by Insight Team..., op. cit., p. 151.

[106] Anthony H. CORDESMAN: op. cit., cap. 2, Changes in the Force Structure…, párr. 18.

[107] Elazar y Sharón, entre otros, tuvieron en cuenta la opción de replegarse. RABINOVICH: op. cit., cap. 3, párr. 8; The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., p. 166.

[108] La IAF aspiraba, si bien con escaso fundamento, a obtener la superioridad aérea entre 24 y 48 horas tras el inicio, aunque contaba con un preaviso de 48 horas: SAKAL: op. cit., p. 330.

[109] Los drones permitieron la observación en tiempo real de las baterías. RABINOVICH: op. cit., cap. 38, párr. 46-47.

[110] Anthony H. CORDESMAN: op. cit., cap. 2, Air Suppression of Ground- or Sea-Based Air Defenses.

[111] SAKAL: op. cit., p. 356, The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 336-338, RABINOVICH: op. cit., cap. 31, párr. 24-41, cap. 33, 15-16.

[112] SAKAL: op. cit., p. 356.

[113] Según Cordesman y Wagner, las fuerzas de tierra destruyeron 11 baterías en Egipto, pero considerando las acciones de los raiders de Sharon, las fuerzas de Adan y la artillería tal y como se describe más arriba, se habrían destruido más. SAKAL: op. cit., p. 355, Anthony H. CORDESMAN: op. cit., cap. 2, Air Suppression of Ground…

[114] Anthony H. CORDESMAN: op. cit., cap. 2, Air Suppression of Ground…

[115] Ibid.; The Yom Kippur War by Insight Team…, op. cit., pp. 201-205.

[116] SAKAL: op. cit., pp. 371-372, RABINOVICH: op. cit., cap. 5, párr. 11.

[117] Henry KISSINGER: “Memorandum of Conversation between Secretary of State Henry Kissinger and Israeli Generals.” U.S. Department of State, October 10, 1973., p. 3.

[118] RABINOVICH: op. cit., cap. 15, párr. 42.

[119] SAKAL: op. cit., p. 376.

[120] RABINOVICH: op. cit., cap. 10, párr. 18.

[121] SAKAL: op. cit., pp. 448-452.

[122] Ibid., pp. 357-358.

[123] Ibid., pp. 344-346.

[124] Ibid., p. 383.

[125] RABINOVICH: op. cit., cap. 10, párr. 18.

[126] Javier JORDÁN: “Aportación de la experiencia bélica israelí a la teoría estratégica del poder aéreo, 1967-2014”, Revista Universitaria de Historia Militar, 2017, vol. 6, no 12, p. 240.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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