• Buscar

Tercera Batalla de El Alamein. El contraataque de la 21ª División Panzer

https://global-strategy.org/tercera-batalla-de-el-alamein-el-contraataque-de-la-21a-division-panzer/ Tercera Batalla de El Alamein. El contraataque de la 21ª División Panzer 2021-12-07 11:55:52 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post War Studies Segunda Guerra Mundial
Print Friendly, PDF & Email

Para el 8º Ejército, el desplazamiento de la 21ª División Panzer hacia el Norte no fue ninguna sorpresa. De hecho, el General De Guingand ya lo había previsto en un memorándum para preparar operaciones futuras. En este sentido, preveía retirar a la 7ª División Acorazada del XIII Cuerpo de Ejército, en el sector Sur del despliegue, que, además, extendería su frente aún más. Esto implicaba asumir grandes riesgos en el sector Sur, pero la experiencia indicaba que los italianos no emprenderían ninguna ofensiva en esa área. Montgomery preveía utilizar esta División en los combates en el Norte, una vez se confirmase el desplazamiento de la 21ª División Panzer.

Además, la 2ª División Neozelandesa sería retirada de Miteiriya, y sus posiciones ocupadas por la III Brigada Sudafricana, que cedería sus posiciones actuales a la 4ª División India. De esta forma, Montgomery conseguía liberar a la 2ª División Neozelandesa para reiniciar el ataque previsto hacia el Sur de Miteiriya, que constituiría el esfuerzo principal. La 9ª División Australiana continuaría sus ataques hacia el Norte, para atraer la atención del Panzerarmee y, si era posible, envolver y destruir a la 164ª División alemana. Las ofensivas se reiniciarían la noche del 27 de octubre.

El 26 de octubre, Montgomery, en pleno proceso de reorganización de sus tropas para la ofensiva, inició una serie de acciones ofensivas para mantener ocupado al Panzerarmee. Así, la VII Brigada Motorizada de la 1ª División Acorazada ejecutó dos ataques nocturnos con un Batallón de Infantería cada uno de ellos, reforzados cada uno de ellos con una Batería de Cañones contracarro 6-pounder de la reserva del X Cuerpo de Ejército, además de los cañones contracarro de su Brigada y de su División. Así, cada uno de los Batallones atacantes contaba con diecinueve piezas 6-pounder. Además de ello, los carros de la XXIV Brigada Acorazada reforzarían a los infantes británicos al amanecer. La idea del ataque era la de incitar un contraataque de los kampfgruppe de la 15ª División Panzer: Montgomery era consciente de que los carros alemanes eran ahora mucho más vulnerables ante las defensas contracarro británicas que hacía pocos meses, y quería aprovechar esta circunstancia para debilitar a las unidades de elite de Rommel.

En efecto, la escasez de combustible del Panzerarmee tenía efectos mucho más profundos de lo aparente: como hemos visto a lo largo de toda la campaña del Norte de África, la superioridad de las tropas alemanas en este teatro de operaciones residía fundamentalmente en su maestría en el combate interarmas, que, en realidad, era la aplicación de la doctrina de “guerra de movimiento” (bewegungskrieg) desarrollada durante el periodo de entreguerras y perfeccionada en las campañas de Polonia y, especialmente, de Francia de 1940. Sin embargo, la crítica escasez de combustible del Panzerarmee llevó a Rommel a priorizar el movimiento de sus carros, dejando inmovilizadas a las unidades de Infantería, al no disponer de combustible para sus vehículos, y limitando muchísimo el repostaje de las unidades de Artillería de Campaña. Así, el Afrika Korps se fue convirtiendo cada vez más – por necesidad – en una unidad “solo carros”, precisamente el enfoque de los británicos al inicio de esa campaña y que tantos disgustos les había dado. La escasez de Infantería que aquejaba al Panzerarmee era otro factor que contribuía a que Rommel o Von Thoma empleasen en ofensiva casi exclusivamente a sus unidades acorazadas, con poco o ningún apoyo de Infantería o de Artillería. En realidad, el superior alcance de los cañones de los carros alemanes Panzer-III y Panzer-IV sobre los 2-pounder que equipaban a la inmensa mayoría de los carros británicos (tanto a los Matilda-II, como a los Cruiser, Crusader y Valentine) y que constituían casi la única defensa contracarro de la Infantería británica, daba a los kampfgruppen acorazados italoalemanes una ventaja fundamental sobre sus adversarios, lo que parecía avalar la eficacia del empleo de unidades de carros sin apoyo de Infantería o de Artillería.

Hasta ese momento, este superior alcance permitía a los alemanes hacer fuego preciso sobre los defensores británicos de forma casi impune, mientras se mantuviesen en movimiento para evitar que la eficaz y potente Artillería de Campaña británica pudiese hacer fuego sobre ellos.  Sin embargo, la llegada de los carros norteamericanos Grant y, especialmente, de los Sherman, y la sustitución de los cañones contracarro 2-pounder por los mucho más eficaces 6-pounder en las Baterías de Defensa Contracarro de las Divisiones de Infantería británicas habían anulado esta ventaja. Si bien pequeñas cantidades de estos medios ya habían aparecido en encuentros anteriores de esta campaña, en octubre de 1942 estos medios constituían ya la mayoría del arsenal del 8º Ejército. Como consecuencia, los carros alemanes perdieron esa ventaja de alcance que les permitía compensar en alguna medida la pérdida de su capacidad de combate interarmas. No es sorprendente que los carros de Rommel no tuviesen más éxito frente a las defensas británicas con cañones 6-pounder o carros Sherman que el que tuvieron los británicos frente a los FlaK y PaK alemanes en los lejanos días de Battleaxe. Otros dos factores clave que contibuyen a explicar el curso de las operaciones eran la pérdida del dominio del aire, que estuvo consistentemente en manos de la Desert Air Force (lo que impedía a la Luftwaffe apoyar los contraataques del Panzerarmee, proteger a sus unidades frente a los bombardeos británicos o efectuar vuelos de reconocimiento) y la destrucción de la 621ª Compañía de Guerra Electrónica, encargada de interceptar las comunicaciones radio británicas, pocas semanas antes, en el primer contraataque australiano en Tel el Eisa. Como hemos podido observar, desde ese momento, la jefatura del Panzerarmee cometió serios errores en la determinación de la disposición e intenciones del 8º Ejército.

Cañón contracarro QF (Quick Firing) 2-pounder (izquierda) y QF 6-pounder (derecha). Con un alcance eficaz de 900 m. el 2-pounder, era muy poco eficaz frente a los carros alemanes, dotados de alcances muy superiores: 1.500 m. del Panzer-III – el carro más abundante en el Panzerarmee – o 2.500 m. del Panzer-IV F2 (del que el Panzerarmee apenas disponía de una treintena de unidades). El despliegue en grandes cantidades del 6-pounder, con 1.600 m. de alcance, cambió completamente esta situación.

Otro efecto de la carencia de combustible fue el empleo de los medios acorazadas disponibles en pequeños grupos, en contra de la práctica habitual de la Wehrmacht de emplear los carros siempre reunidos y en el lugar y momento clave del combate. La necesidad de ahorrar combustible implicaba medir cuidadosamente el desplazamiento de cualquier unidad acorazada, lo que llevó a que los carros italoalemanes actuaran como los británicos en los meses precedentes, con los carros dispersos en múltiples acciones de entidad limitada.

Finalmente, el carácter progresivamente más estático de los sucesivos combates en El Alamein suponía un cambio sumamente desfavorable para los alemanes, cuyo concepto de operaciones se basaba, precisamente, en evitar los combates estáticos. Todo el adiestramiento, la doctrina, los procedimientos y los materiales de la Wehrmacht, desde los no tan lejanos tiempos de la Reichswehr de Von Seeckt, iban dirigido precisamente a evitar el tipo de combate en el que se acabó convirtiendo la batalla de El Alamein. En cambio, para los británicos, la ejecución de una batalla estática representaba recuperar capacidades existentes, aunque parcialmente perdidas en el periodo de entreguerras. Sin embargo, la organización, los medios e, incluso, la propia experiencia personal de los Generales del 8º Ejército estaba enraizada en la experiencia de la “methodical battle” de 1918, que acabó siendo aplicada en El Alamein. De hecho, la rápida adaptación de las unidades del 8º Ejército a las tareas de apertura de brechas en los campos de minas del Eje, o la eficacia de la Artillería británica en su apoyo a las operaciones de su Infantería no eran más que la recuperación de la doctrina de 1918 (adaptada a los medios de 1942), por Generales que habían practicado estos métodos en el Frente Occidental de la Gran Guerra.

Cada uno de los dos Batallones británicos empleó un método de ataque distinto. El que progresaba más al Norte, ejecutó un ataque nocturno modélico, que consiguió ocupar el objetivo previsto, haciendo numerosos prisioneros y desplegando sus potentes medios contracarro antes del amanecer. Sin embargo, perdió a su equipo de observadores de Artillería. En cambio, el Batallón que progresaba por el Sur decidió aproximarse a sus objetivos sobre sus vehículos. Por un error de navegación, cuando los Infantes británicos iban a desmontar de sus vehículos estaban ya prácticamente encima de las posiciones de los defensores alemanes, que abrieron fuego sobre los camiones antes del despliegue de los Infantes. Como consecuencia, sufrieron fuertes pérdidas, aunque ocuparon la posición enemiga, pero se quedaron más de un kilómetro al Este del objetivo planeado.

Como Montgomery deseaba, al amanecer, los carros de la 15ª División Panzer y de la Littorio (sin un conocimiento preciso de la posición de los británicos) comenzaron a aproximarse a las posiciones ocupadas por el Batallón de Infantería situado más al Norte, sufriendo fuertes pérdidas: en un primer ataque, dieciocho carros alemanes fueron destruidos, antes de retirarse. Sin embargo, los carros de la XXIV Brigada Acorazada, que avanzaron hasta las posiciones ocupadas por los británicos, sufrieron un fuerte castigo por parte de los FlaK de 88 mm. desplegados frente a las posiciones británicas, perdiendo nueve Sherman y viéndose obligados a retirarse: ni los carros alemanes ni los británicos podían enfrentarse solos a los cañones contracarro enemigos, y, mientras que los alemanes apenas de observadores para dirigir el fuego de su Artillería de Campaña de apoyo (no había combustible para sus vehículos), la falta del equipo de observadores por parte británica impedía dirigir el fuego de la potente Artillería del 8º Ejército sobre las posiciones de los FlaK alemanes. Hacia el mediodía, los alemanes intentaron otro avance con una treintena carros, perdiendo otros ocho carros, sin avances significativos. Posteriormente una Compañía de Carros M-13/40 de la División Littorio atacó nuevamente la posición, perdiendo siete de sus trece carros, y retirándose.

Aunque Montgomery no lo sabía cuando inició su ataque, el Batallón que estaba combatiendo con tanto éxito a los carros de la 15ª División Panzer y de la Diviisón Littorio estaba ocupando una posición justo sobre la dirección prevista para el contraataque de la 21ª División Panzer. En efecto, Rommel había previsto un ataque convergente en el que la 90ª División Ligera, con toda la Infantería que pudo reunir, atacaría el “Point 29”, ocupado por los australianos, desde el Oeste, mientras que la 21ª División Panzer atacaría la misma posición desde el Suroeste. Pero, para ello, debía atravesar la posición defensiva ocupada esa noche por los británicos.

Los aviones de reconocimiento de la Desert Air Force descubrieron las bases de partida del ataque de ambas divisiones, y emplearon contra ellas todos los aviones disponibles: más de doscientos bombarderos comenzaron un incesante ataque sobre las unidades alemanas desplegadas en campo abierto. Adicionalmente, la potente escolta de caza británica ahuyentó al puñado de Stuka y Messerschmitt Bf-109 que iban a apoyar el ataque del Afrika Korps. Pese a ello, hacia las 16:00, los alemanes iniciaron su ataque, aunque con poco éxito: la 90ª División Ligera (reforzada con elementos de la División Trento), sometida a un potentísimo fuego artillero, no pudo tomar las posiciones australianas (con los Infantes australianos bien apoyados por los carros Valentine del XL Batallón de Carros), pese a conducir valerosos ataques con fuertes pérdidas. Mientras, la 21ª División Panzer avanzó al Sur de la posición del Batallón de Infantería británico (sin reparar en él), para encontrarse de frente con la potente XXIV Brigada Acorazada. El fuego de flanco de los cañones contracarro británicos destruyeron nueve carros alemanes, mientras que los carros británicos, en posición de desenfilada de casco (con el casco del carro oculto por algún accidente del terreno, y asomando solo la torre, lo que reducía mucho su vulnerabilidad) y gracias a su superior alcance, obligaron a los carros alemanes a cesar su ataque y retirarse. Un intento posterior de ocupar la posición de los británicos con una quincena de Panzer-III forzó a los Infantes británicos a retirarse durante la noche, habiendo perdido dieciocho de sus diecinueve cañones 6-pounder. Pero Rommel había jugado su última carta ofensiva y había perdido.

Las pérdidas alemanas eran muy severas. Como ejemplo, el III Batallón del 384º Regimiento de Infantería de la 164ª División quedó reducido a un oficial y nueve soldados. El 62º Regimiento de Infantería de la División Trento solo tenía 150 hombres de los más de 700 que iniciaron la batalla. Además, la situación logística era desastrosa: el Panzerarmee tenía combustible para un día de combate y la Luftwaffe apenas podía llevar 300 toneladas de combustible diarias hasta Tobruk, sin esperanzas de recibir suministros por barco en un plazo de varias semanas.

Es interesante comprobar como el carácter estático de la batalla de El Alamein recordaba cada vez más a la Primera Guerra Mundial: el contraataque de Rommel se dirigía a ocupar el “Punto 29”, una cota de apenas diez metros de altura, cuya única utilidad era la de servir de observatorio de Artillería, igual que había ocurrido con Miteiriya o Alam Halfa. Como en 1916, las batallas giraban en torno a los observatorios de Artillería. Y, efectivamente, la única oportunidad de Rommel de escapar al bombardeo continuo de los cañones británicos pasaba por negarles el control de los observatorios.

Carlos Javier Frías Sánchez

Carlos Javier Frías Sánchez es Coronel Jefe de la Secretaría Técnica de la División de Planes Estado Mayor del Ejército español

Ver todos los artículos
Carlos Javier Frías Sánchez