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Tercera batalla de El Alamein

https://global-strategy.org/tercera-batalla-de-el-alamein/ Tercera batalla de El Alamein 2021-10-23 07:05:00 Carlos Javier Frías Sánchez Blog post Estudios de la Guerra Segunda Guerra Mundial

Planeamiento

En la situación del teatro de operaciones tras el final de la segunda batalla de El Alamein, como era previsible, el 8º Ejército se aprestó a ejecutar una ofensiva destinada a destruir definitivamente el Panzerarmee. El Cuartel General del 8º Ejército inició así el planeamiento de la operación Lightfoot, que dibujaba una operación gemela a la ya planeada por el XXX Cuerpo de Ejército en tiempos de Auchinleck. Así, el sector elegido para la ofensiva era el más próximo al mar. En el documento preparado para Montogomery, los oficiales de planes del 8º Ejército listaban una serie de ventajas de conducir la ofensiva en ese sector: el flanco derecho de las tropas británicas estaría protegido por el mar; la toma de Miteiriya permitía cubrir el flanco izquierdo desde los momentos iniciales de la nueva ofensiva; la toma de Miteiriya pondría además en riesgo las líneas de comunicación de las unidades del Panzerarmee desplegadas en Deir el Shein o al Suroeste de Ruweisat, forzándolas a la retirada; una penetración británica en ese sector amenazaría inmediatamente a los aeródromos italoalemanes de primera línea, forzándolos a la retirada de los aviones; se podría apoyar la maniobra con un desembarco desde el mar sobre el flanco norte del Panzerarmee; logísticamente era más sencilla de apoyar, al disponer de la carretera costera en las proximidades. No eran conclusiones diferentes de las presentadas en su momento por el General Ramsden a Auchinleck.

El ataque se planeó para la luna llena de final de septiembre, con idea de facilitar a los zapadores británicos la tarea de abrir brechas durante la noche en los campos de minas defensivos de Rommel. La fuerza de ataque se compondría de cuatro Brigadas de Infantería (dos de la 9ª División Australiana y dos más de la 51ª División Británica Highland), con dos Brigadas más encargadas de mantener abierta la brecha en el frente enemigo. La idea era ejecutar un ataque sorpresivo y rápido en el frente enemigo, con la finalidad de ocupar Miteiriya, para abrir una brecha que aprovecharía el X Cuerpo de Ejército (1ª y 10ª Divisiones Acorazadas y 2ª División Neozelandesa) para penetrar profundamente en la retaguardia del Panzerarmee, cortando sus líneas de comunicaciones y de retirada. La penetración tenía que ser lo suficientemente profunda para obligar a Rommel a ejecutar un contraataque, y no simplemente reorganizar sus líneas defensivas. Este contraataque sería derrotado por el X Cuerpo de Ejército, gracias a su superioridad numérica y a contar con un potente apoyo artillero, dirigido desde los observatorios ya ocupados en la escarpadura de Miteiriya. Simultáneamente, la IV Brigada Acorazada Ligera se lanzaría en un raid en profundidad hacia el Oeste, hacia El Daba o, incluso, hacia Fuka. Dos horas después del inicio del ataque una pequeña unidad tipo Regimiento Acorazado (un Batallón, en realidad), con apoyo de Artillería e Infantería, desembarcaría en Ras Abu el Guruf, para atacar la retaguardia de las unidades desplegadas en el sector Norte del Panzerarmee.

El planeamiento de Lightfoot era ciertamente ofensivo, pero las fuerzas disponibles en el 8º Ejército a finales de septiembre no garantizaban su éxito. Las dos Divisiones (reducidas a dos Brigadas, en realidad) que debían realizar la ruptura se enfrentarían a las cada vez más elaboradas defensas del Panzerarmee. Consecuentemente, deberían concentrarse en sectores relativamente estrechos, para alcanzar la necesaria potencia de combate que garantizase la ruptura del frente. Esto hacía que el X Cuerpo tuviese que pasar por una brecha tan estrecha que obligaría a sus Divisiones a pasar una a continuación de otra, de forma que resultaba muy probable que el Afrika Korps fuese capaz de contraatacar antes de que la mayoría de los carros británicos hubieran cruzado la brecha, por lo que sus posibilidades de derrotar el contraataque alemán serían escasas. Además de ello, el tiempo disponible para preparar la operación (apenas dos semanas) era muy escaso, teniendo en cuenta que implicaba redesplegar a una gran parte de las unidades del 8º Ejército, y que muchas de ellas todavía estaban en periodo de reorganización. Así, por ejemplo, de las dos unidades encargadas de la parte decisiva de la operación, la 10ª División Acorazada no estaría plenamente operativa hasta el 8 de octubre, y la 1ª no antes del 15 de ese mes. Esto llevó a Montgomery a retrasar la ofensiva hasta el siguiente periodo de luna llena, que comenzaría el 24 de octubre.

Por otra parte, Churchill continuaba impaciente. Los norteamericanos habían iniciado los movimientos de tropas destinados a la operación Torch (los desembarcos en el Norte de África francesa), que se ejecutaría en noviembre, y Churchill necesita demostrar la capacidad militar de los británicos para derrotar a los alemanes, so pena de perder la consideración de aliado fundamental para los norteamericanos. De la misma manera, el desembarco norteamericano en el África francesa daría a los norteamericanos una gran influencia sobre la Francia Libre y sobre España, que disminuiría la influencia británica. Este efecto podía anularse si los británicos eran capaces de llegar con el 8º Ejército a esa zona. Por ello, Churchill necesitaba una victoria categórica en Egipto y, a continuación, un avance por territorio libio, que, idealmente, permitiría alcanzar Trípoli y expulsar de África a los alemanes. De esta manera, razonaba, Gran Bretaña tendría una posición de prestigio militar que compensaría la mayor contribución material de los Estados Unidos. Sin embargo, esta operación necesitaba tiempo, por lo que Churchill estaba impaciente porque el 8º Ejército iniciase su ofensiva. Y, en consecuencia, presionaba a Alexander y a Montgomery. Pese a esta impaciencia, Alexander fue capaz de convencer a Churchill de la necesidad de esperar a la luna llena de octubre. Pero no más allá.

Montgomery empleó las semanas disponibles para ‘purgar’ a los jefes de las unidades del 8º Ejército, sustituyéndolos por otros a los que conocía y apreciaba personalmente. Así, el General Ramsden fue sustituido en la jefatura del XXX Cuerpo de Ejército por el General Leese, que había sido alumno de Montgomery en la Escuela de Estado Mayor. De la misma forma, el General Renton, jefe de la 7ª División Acorazada fue reemplazado por el General Harding. Sorprendentemente, Montgomery reemplazó también al General Martin, el responsable de la mejora en la eficacia de la Artillería del 8º Ejército: Montgomery opinaba que sus métodos eran ‘poco ortodoxos’, y lo sustituyó por su antiguo jefe de Artillería en Gran Bretaña, General Kirkman. Montgomery reemplazó también oficiales de menor rango, e intentó (sin éxito) hacer algo similar con los generales y oficiales de las unidades de los ‘dominios’.

El 13 de septiembre, Montgomery emitió su ‘Memorándum nº 1’, donde describía una operación cortada sobre el patrón del planeamiento original de Lightfood, pero de una envergadura considerablemente mayor: en lugar de una ruptura de dos Divisiones, contemplaba otra a cargo del XXX Cuerpo de Ejército, pero con  cuatro Divisiones (la 2ª División Neozelandesa pasaba del X Cuerpo al XXX Cuerpo de Ejército), con el apoyo adicional de la XXIII Brigada Acorazada, que se distribuiría entre las Divisiones de Infantería; la ruptura no se limitaría a la toma de Miteiriya, sino que llegaría hasta los asentamientos de la Artillería pesada del Panzerarmee. Las dos Divisiones Acorazadas del X Cuerpo pasarían por la brecha abierta por el XXX Cuerpo de Ejército, para cortar las líneas de abastecimiento del Panzerarmee, y obligarle a realizar un contraataque. Al mismo tiempo, en el sector Sur, el XIII Cuerpo de Ejército atacaría en dirección Oeste, para tomar Himeimat, para atraer a esta zona el inevitable contraataque del Afrika Korps, evitando así que se dirigiese al sector Norte, donde el 8º Ejército ejercería su esfuerzo principal. Por su parte, la IV Brigada Acorazada Ligera desbordaría al X Cuerpo de Ejército por el Sur, destruyendo los aeródromos enemigos en la zona de El Daba. El desembarco en Ras Abu el Guruf se mantenía sin cambios.

Este plan, aparentemente simple, resultaba muy exigente para las unidades. Por un lado, las divisiones de Infantería del XXX Cuerpo de Ejército tendrían romper durante la noche un sistema defensivo bien organizado, con el objetivo de alcanzar una línea de coordinación (denominada Oxalic) situada a una distancia de entre seis y diez kilómetros de sus bases de partida. El ataque se ejecutaría con las cuatro Divisiones en línea, con la 9ª División Australiana junto a la costa, la 51ª División Highland al sur de ella, la 2ª División Neozelandesa más al sur, con el objetivo de tomar Miteiriya, mientras que la 1ª División Sudafricana cubriría el flanco izquierdo del ataque. Por la desfavorable experiencia de operaciones anteriores (caso de Bacon o Splendour, por ejemplo), las brechas en el campo de minas para el paso del X Cuerpo de Ejército, serían abiertas, marcadas y protegidas por las unidades de Zapadores de las Divisiones del X Cuerpo. Estas brechas tendían que ser abiertas durante la misma noche del ataque del XXX Cuerpo. Tras atravesar las brechas, las Brigadas Acorazadas del X Cuerpo de Ejército alcanzarían una línea de objetivos situada al Oeste de los campos de minas (línea Pierson), y, superada ésta, girarían hacia el Sur para alcanzar Miteiriya, desde tendrían libertad para decidir dónde cortar las líneas de abastecimiento del Panzerarmee. Montgomery esperaba que Rommel reaccionaría con un contraataque a cargo del Afrika Korps contra el X Cuerpo, con fuerzas acorazadas británicas muy superiores y apoyadas por una potente Artillería. Destruido el Afrika Korps, el resto del Panzerarmee sería presa fácil para el 8º Ejército. Las operaciones posteriores dependerían de la situación al final de esta fase.

El plan de Montgomery resultaba un poco sorprendente, a la luz de sus muy prudentes decisiones en la segunda batalla de El Alamein: si en Alam Halfa había sido extraordinariamente reacio a enviar a sus carros a una batalla móvil contra el Panzerarmee, en Lightfoot ése era precisamente el objetivo de la operación. En una batalla móvil, la Desert Air Force tendría mucho más difícil prestar el eficaz apoyo que había aportado a las fuerzas terrestres en Alam Halfa.

Por otro lado, la operación era compleja: las Divisiones de Infantería encargadas de romper el frente debían recorrer una larga distancia por un terreno bien defendido, en la oscuridad y en muy poco tiempo. En consecuencia, era previsible que muchas posiciones defensivas fuesen rebasadas, lo que implicaba dedicar al menos una Brigada de cada División para efectuar su limpieza, lo que haría que las tropas disponibles para ocupar los objetivos finales no serían muy abundantes.

Las cuatro Divisiones del XXX Cuerpo de Ejército realizarían en realidad dos ataques simultáneos en direcciones divergentes: la 9ª División Australiana y la 51ª División Highland avanzarían en dirección Oeste, mientras que la 2ª División Neozelandesa y la 1ª División Sudafricana lo harían en dirección Suroeste, hacia Miteiriya y hacia el Sur de esta escarpadura. Esto hacía que la masa de Artillería disponible tuviera que dividirse, o bien, realizar los ataques de forma secuencial y no simultánea, como estaba planeado. De estas cuatro Divisiones, dos de ellas (la 9ª División Australiana y la 51 División Highland) estaban casi al completo de su personal, mientras que otras dos (la 2ª División Neozelandesa y la 1ª División Sudafricana) habían sufrido numerosas bajas, y, además, no recibirían refuerzos en un plazo de tiempo razonable, pues estos refuerzos solo podrían venir de sus respectivos ‘dominios’. Esto implicaba que estas dos Divisiones no podían operar de forma prolongada, lo que limitaba su capacidad ofensiva. La quinta división del XXX Cuerpo de Ejército – la 4ª División India – había sufrido tales bajas que solo era capaz de acciones defensivas. En consecuencia, la capacidad de combate del XXX Cuerpo era más reducida de lo que parecía.

El XXX Cuerpo dispondría de un potente apoyo artillero, con abundante munición, para la ejecución de su operación. Sin embargo, debido a la larga distancia de avance prevista, el Panzerarmee disponía de piezas con alcance sobre la línea de objetivos, pero situadas fuera del alcance de la Artillería británica, que no podría redesplegar hasta las primeras horas del día. Esto implicaba que los británicos no dispondrían de fuegos de contrabatería en el momento crítico del contraataque del Panzerarmee. Como se había demostrado en los ataques anteriores sobre Miteiriya, el terreno no permitía la fortificación, por lo que el fuego de Artillería de los italoalemanes podría tener consecuencias devastadoras.

El retraso del inicio de Lightfood dio tiempo a los británicos para ensayar la operación de forma detallada. Estos entrenamientos incluían la apertura y el marcado de campos de minas y la cooperación entre carros e Infantería. Sin embargo, se hicieron de forma independiente por cada Cuerpo de Ejército, de forma que las Divisiones del XXX Cuerpo de Ejército y las del X no tenían ninguna experiencia en ejecutar operaciones de forma coordinada, mientras que Lightfood contemplaba el paso de las dos Divisiones completas del X a través de las del XXX, en medio de los combates. Además de ello, en ninguno de los ensayos ejecutados, las Brigadas Acorazadas del X Cuerpo fueron capaces de atravesar los campos de minas en los tiempos previstos.

El General Freyberg (2ª División Neozelandesa, reducida a solo dos Brigadas de Infantería) aprovechó su dependencia directa del gobernador de su ‘dominio’ para conseguir que la IX Brigada Acorazada (35 Sherman, 37 Grant, 46 Crusader, con un total de 118 carros) le fuese asignada a su División: tras los fracasos de julio, Freyberg se negó a que los neozelandeses tomasen parte en ninguna ofensiva, si no disponía de carros de combate bajo sus órdenes directas.

Por otra parte, los repetidos fracasos en las operaciones anfibias realizadas contra las defensas italoalemanas llevaron a la cancelación del esfuerzo anfibio previsto para Lightfood (entre otros, el 13 de septiembre los bombarderos alemanes hundieron al crucero ligero Coventry y al destructor Zulu cuando intentaban desembarcar una pequeña fuerza para ejecutar un raid sobre Tobruk – operación Agreement).

La razón del cambio de criterio de Montgomery en lo concerniente a enfrentarse al Afrika Korps en una batalla móvil derivaba de la recepción el 11 de septiembre de un contingente de 318 carros M4 Sherman y 100 piezas autopropulsadas M7 Priest, de 105 mm. El Sherman era superior a cualquiera de los carros del Eje en África, con la excepción de los Panzer-IV F2. Sin embargo, la relación de fuerzas entre ambos contendientes, muy favorable al 8º Ejército, no alcanzaba la superioridad de 3 a 1 que, tradicionalmente, se consideraba necesaria para atacar una posición fortificada enemiga. El 23 de octubre, la relación de fuerzas entre ambos contendientes era aproximadamente como sigue:

8º EjércitoPanzerarmee
210.000 soldados108.000 (53.746 alemanes)
1029 carros: 170 Grant.252 Sherman.216 Crusader II.78 Crusader III.119 Stuart.194 Valentine.  548 carros: 31 Panzer-II.85 Panzer-III E.88 Panzer-III G.8 Panzer-IV D.30 Panzer-IV F2.299 M-13/40 y M-14/41
892 piezas de Artillería552 piezas.
1451 cañones contracarro: 554 2-pdr.849 6-pdr.1063 cañones contracarro.
530 aviones.350 aviones.
Carro de combate M4 Sherman. Dotado de un cañón de 75 mm en torre giratoria, con munición perforante y de alto explosivo y con la fiabilidad mecánica de los Grant y Stuart, era superior a casi cualquier carro del Eje en África

En realidad, desde el final de la segunda batalla de El Alamein, el Panzerarmee no había estado ocioso. Consciente de la inminente ofensiva del 8º Ejército, Rommel había adoptado un sistema defensivo mucho más completo que el despliegue casi improvisado precedente. El sistema de Rommel se basaba en gran medida en el tendido de campos de minas. Desde agosto hasta octubre de 1942, los Ingenieros alemanes habían tendido 445.358 minas, en una proporción aproximada de doce minas contracarro por cada mina contrapersonal. Además de ello, campos de minas británicos, conteniendo 181.000 minas más, eran empleados en las defensas del Panzerarmee, junto 180.000 minas más capturadas al 8º Ejército. Los Ingenieros alemanes instalaron multitud de campos de minas simulados y de trampas antiremoción en los campos de minas reales, empleando proyectiles de Artillería, bombas de Aviación, minas en tándem… Como en el frente occidental en la Primera Guerra Mundial, la naturaleza estática del combate causaba muchas bajas entre las tropas más próximas a las líneas enemigas. Así, Rommel reorganizó su defensa en dos líneas, con sectores de unos 1.500 m. de frente asignados a cada Batallón, y con una profundidad de unos cinco kilómetros. Los Batallones desplegaban una de sus Compañías en pequeñas posiciones en primera línea, y, a unos dos kilómetros de esa línea desplegaban el resto de las Compañías del Batallón, en posiciones situadas al tresbolillo, asegurando el solape de los fuegos. Los intervalos entre estas Compañías estaban densamente minados. En algunos sectores, no había posiciones de Compañía en segunda línea, sino que estas se encontraban mucho más retrasadas. La idea era atraer a los atacantes hacia esos puntos aparentemente más débiles, pero densamente minados y para los que la Artillería del Panzerarmee tenía preparados potentes planes de fuegos.

En el sector Norte, la 164ª División Ligera (unos 9.600 hombres, 180 cañones contracarro PaK-38 de 50 mm., veinticuatro obuses ligeros) intercalaba sus Batallones con los de la División de Infantería italiana Trento (4.600 hombres, 70 cañones contracarro y 48 cañones de campaña), para dar solidez a la defensa de ese sector crítico. El Panzerarmee desplegaba en apoyo de estas Divisiones 13 obuses pesados, 70 obuses medios, 160 cañones de campaña y 16 FlaK de 88 mm.).

Tras la 164ª División y la Trento, bien a retaguardia de la primera línea, la 15ª División Panzer y la División Acorazada Littorio se organizaban en tres Kampfgruppe acorazados, para actuar como reserva móvil, mientras que, más al Sur, la 21ª División Panzer hacía lo mismo con la División Acorazada Ariete. La 90ª División Ligera, desplegada en la costa se redesplegaría como reserva cuando se conociese el lugar del esfuerzo principal del ataque.

El 22 de septiembre, Rommel era evacuado a Alemania para recuperar su salud, seriamente quebrantada, dejando el mando del Panzerarmee al General Stumme, un veterano de los combates en Rusia.

El 29 de septiembre, el 8º Ejército realizó un ataque limitado para ocupar la depresión de Munassib, empleando la CXXXI Brigada de Infantería de la 44ª División, con el apoyo de nueve Grupos de Artillería. Sin embargo, la División de Infantería Paracaidista italiana Folgore fue capaz de rechazar el ataque, sin tener que solicitar la intervención de la reserva móvil del Panzerarmee

El éxito defensivo de la División Folgore parecía confirmar que los británicos seguían cometiendo los mismos errores en sus ofensivas, y también que la disposición defensiva del Panzerarmee era sólida.

Sin embargo, el sistema defensivo de Rommel no era desconocido para el 8º Ejército. Durante la primera semana de octubre, la Sección de Inteligencia del Cuartel General del 8º Ejército remitió a Montgomery un informe donde describía el sistema defensivo del Panzerarmee con una notable precisión. Para su análisis, la Sección de Inteligencia del 8º Ejército contaba con no pocas ventajas: la Desert Air Force fotografiaba cada cuatro días todo el despliegue defensivo del Panzerarmee, con la precisión de un mapa a escala 1/15.000; la Artillería británica había instalado una serie de torres de observación por todo el frente, lo que permitía localizar por triangulación las posiciones de Artillería enemiga (estas torres eran especialmente efectivas durante la noche, cuando los destellos de los disparos facilitaban la observación; su efectividad llegó al punto de que la Artillería del Panzerarmee evitaba en lo posible el fuego nocturno, que atraía rápidamente el fuego de contrabatería británico). Las conclusiones del informe eran poco optimistas para Lightfoot: el sistema defensivo italoalemán era lo suficientemente flexible como para resultar poco afectado por la sorpresa, las defensas del Panzerarmee podrían resistir o retrasar el ataque previsto el tiempo suficiente para permitir un contraataque concentrado de todos los carros del Panzerarmee, por lo que la superioridad numérica en carros del 8º Ejército podría no ser real en el punto decisivo del campo de batalla (el X Cuerpo de Ejército contaba con poco más de 450 carros, mientras que los 186 Valentine de la XXIII Brigada Acorazada se encontrarían repartidos por todo el XXX Cuerpo de Ejército, y los 118 carros de la IX Brigada Acorazada estarían bajo la autoridad de la 2ª División Neozelandesa, con otras órdenes y, por ello, no podía garantizarse su participación efectiva en la batalla prevista).

Como consecuencia de estos informes y del fracaso en Munassib, Montgomery modificó su plan en su ‘Memorandum nº 2’, del 6 de octubre: si bien la maniobra continuaba siendo esencialmente la misma, la acción decisiva ya no sería una batalla móvil contra los carros del Panzerarmee, sino que el XXX Cuerpo de Ejército y el X avanzarían destruyendo a su paso todas las defensas que se encontrasen, derrotando en defensiva los contraataques del Panzerarmee, con idea de desgastarlo hasta destruirlo. Como el Ejército francés en 1940, el 8º Ejército volvía a la ‘methodical battle’ y a la ‘apisonadora de fuego’. Y, como entonces, tampoco se planeaba qué hacer una vez alcanzados los objetivos de Lightfood.

En cualquier caso, la ejecución del ataque hacía necesario desarrollar la capacidad de abrir brechas en los campos de minas. Gracias a la experiencia de los fracasos anteriores, el 8º Ejército consiguió desarrollar unos procedimientos normalizados, probados y ensayados para ello. Además de las brechas necesarias para las Divisiones de Infantería, los Ingenieros del X Cuerpo deberían abrir tres brechas de 350 m. de ancho para cada una de sus dos Divisiones Acorazadas, una de ellas en el límite entre la 9ª División Australiana y la 51ª División Highland (para la 1ª División Acorazada), y la otra en la zona de la 2ª División Neozelandesa (para la 10ª). En el tiempo disponible, solo un excelente adiestramiento permitiría el éxito en esa apertura.

Como en la Primera Guerra Mundial, el apoyo artillero era el otro aspecto fundamental. En ese aspecto se introdujeron una serie de modificaciones: la Infantería avanzaría siguiendo una ‘barrera móvil’, como en la Primera Guerra Mundial, pero esta barrera sería de una densidad muy escasa, y su objeto principal sería la de guiar a la Infantería durante la noche y marcar el ritmo de avance. Los límites entre unidades se marcarían con disparos de munición trazadora de los cañones antiaéreos Bofors de 40/60. Gracias al perfecto conocimiento del despliegue italoalemán, las posiciones defensivas serían batidas oportunamente, siguiendo el ritmo de avance previsto.

La Artillería británica había desarrollado métodos para concentrar el fuego de toda la Artillería de cada División o, incluso, de más de una División en un cuadrado de 1 km. x 0,5 km., en un tiempo muy reducido. La Artillería de una División podía concentrar 504 disparos perfectamente espaciados en ese cuadrado en tres minutos. Esta capacidad era particularmente útil para detener a una unidad acorazada en movimiento.

Para Lightfoot, cada pieza británica dispondría de más de 1.000 disparos.

En contraste con la creciente capacidad de la Artillería británica, la del Panzerarmee tenía carencias críticas. Además de la (habitual) penuria logística que aquejaba a todo el Panzerarmee, la principal deficiencia estaba en su capacidad de contrabatería: en el esquema de la ‘guerra de movimiento’ alemana, el esfuerzo de contrabatería quedaba principalmente a cargo de la Luftwaffe. Además de ello, la naturaleza móvil de la guerra del desierto había hecho innecesaria esta capacidad: la Artillería enemiga era destruida fundamentalmente por las unidades de carros que penetraban en la retaguardia enemiga, o bien por la Luftwaffe. Las unidades de Artillería alemanas tenían algunos equipos de localización de objetivos (por sonido, fundamentalmente), pero estaban en mal estado y su personal carecía de experiencia en su empleo. Los italianos, ni siquiera contaban con ellos. En consecuencia, en la nueva batalla estática, y sin superioridad aérea, los artilleros italoalemanes se encontraban en grave desventaja con respecto a sus adversarios.

El ataque inicial británico

Al anochecer del 23 de octubre, el 8º Ejército inició su movimiento. Los infantes de las cuatro Divisiones del XXX Cuerpo de Ejército habían ocupado sus posiciones de partida la noche anterior, y habían pasado el día en sus incómodos pozos de tirador, evitando cualquier movimiento para evitar ser detectados. Los jefes de estas Divisiones eran conscientes del largo avance que tenían que realizar, y tenían serias dudas de que fuese posible hacerlo en el tiempo planeado, incluso con escasa oposición enemiga. En cualquier caso, al llegar la noche, los Batallones de Infantería adoptaron la formación de columna y atravesaron en silencio las posiciones avanzadas, y, a continuación, los pasillos abiertos y marcados en sus propios campos de minas, hasta llegar a las posiciones de partida para su ataque. Más a retaguardia, los carristas británicos retiraron los artificios de camuflaje que habían mantenido sus carros ocultos a la observación aérea italoalemana, y comenzaron a formar sus propias columnas para aproximarse al frente, a través de los pasillos asignados en sus campos de minas.

Veinte minutos antes de la hora prevista para el inicio del ataque (planeado a las 22:00), las 882 piezas de la Artillería británica iniciaron su preparación por el fuego, dirigida inicialmente contra los asentamientos de la Artillería italoalemana. El sistema de fuegos elegido era el denominado ‘Time on Target’ (TOT), en el que las piezas disparaban en momentos distintos, de acuerdo con el tiempo previsto de trayectoria, de forma que todos los proyectiles impactasen a la vez en sus objetivos. Era un procedimiento habitual en los años finales de la Primera Guerra Mundial, pero una novedad en la guerra del desierto y denotaba el cambio de carácter de la batalla en curso. El bombardeo artillero sorprendió a los defensores, que apenas reaccionaron al fuego británico. A las 22:00, los artilleros británicos centraron su fuego sobre las posiciones italoalemanas que se encontraban en los sectores donde avanzarían las ocho Brigadas de Infantería, que iniciaron su movimiento al ritmo que marcaba la barrera móvil de la Artillería. El avance británico incluyó ataques simulados, con maniquíes que habían sido posicionados en la tierra de nadie en los días previos, y que, levantados bruscamente con cuerdas, a la luz de los proyectores y de las bengalas, parecían nuevos Batallones que atacaban, atrayendo gran cantidad de fuego enemigo y aumentando la confusión de los defensores.

A las 22:00, los bombarderos ligeros Fairey Albacore iniciaron el lanzamiento de bengalas sobre la zona de Tel el Aqqaqir, donde desplegaba parte de la Artillería de largo alcance del Panzerarmee y parte de sus reservas acorazadas. Durante las siguientes seis horas, sesenta bombarderos medios Wellington atacaron ininterrupidamente la zona. Otros seis Wellington especialmente equipados con medios de guerra electrónica se dedicaron a interferir las comunicaciones radio del Panzerarmee, al tiempo que bombarderos medios Boston lanzaban bombas fumígenas frente a los objetivos de la 9ª División Australiana, para ocultar el avance de los Infantes australianos.

El potente ataque cogió por sorpresa al Panzerarmee. La destrucción de los tendidos telefónicos por el fuego de Artillería y la perturbación sobre las comunicaciones radio hacía que los informes (ya de por sí confusos) de las sorprendidas unidades de primera línea no pudieran ser trasladados hacia sus jefes. Esto implicaba que el General Stumme tenía muy poca información para determinar el sector donde los británicos realizarían su esfuerzo principal, y que muchas de sus unidades tampoco podían recibir órdenes.

En el sector de la veterana 9ª División Australiana, el ataque se encontró inicialmente con una resistencia poco decidida. Los australianos conocían bien el sector y la luna llena contribuyó a que sus zapadores abriesen brechas con cierta facilidad en los campos de minas. La eficacia de la defensa en ese sector se incrementó cuando los infantes australianos llegaron a la línea principal de defensa, pero no fue suficiente para detenerlos. A las 03:45, en la parte Norte de su sector de ataque, los australianos alcanzaban y consolidaban algunas de las posiciones sobre la línea de objetivos asignada en el plan, incluyendo el despliegue de sus cañones contracarro. Sin embargo, en la parte Sur, los australianos fueron detenidos un kilómetro antes de alcanzar esa línea, por la tenaz defensa de los infantes alemanes, que ni el apoyo de los carros Valentine pudo superar.

Al Sur de la 9ª División Australiana, la 51ª División Highland inició su ataque. Esta División carecía de experiencia en combate, pero había tenido tiempo para adiestrarse exhaustivamente. Su misión era comparativamente más difícil que la de los australianos. El frente inicial de su ataque era de 2.000 m., como el de los australianos, pero los objetivos asignados a los Highlanders, ocupaban un frente de más de 4.000 m. Esto hacía que la División tuviese que hacer un ataque divergente, y que, cuando alcanzase la principal línea defensiva italoalemana, sus Infantes estuviesen mucho más dispersos de lo deseable. Por ello, las Brigadas que avanzaban tenían pocas posibilidades de efectuar pasos de escalón con sus Batallones para relevar a los de primer escalón con los que avanzaban detrás (como sí habían hecho los australianos), sino que la mayoría de sus Batallones deberían combatir continuamente desde el principio del ataque, para poder alcanzar la línea de objetivos con suficientes tropas. La División dispondría de seis brechas en los campos de minas enemigos, una asignada a cada uno de los Batallones de primer escalón, por las que ejecutaría su ataque. Solo en las de los extremos estaban previstos pasos de escalón. Como en el caso de los australianos, el avance fue inicialmente fácil, con una resistencia muy escasa. Sin embargo, cuando se fueron adentrando en la posición defensiva italoalemana, la resistencia se fue endureciendo, al tiempo que la Artillería del Panzerarmee comenzó a recuperarse de la sorpresa e inició el fuego sobre los Infantes británicos. La resistencia fue especialmente tenaz en el sector Norte de la División. El apoyo de los carros Valentine no fue suficiente para vencer la resistencia, sufriendo la pérdida de cinco de ellos en un campo de minas no detectado previamente. Consecuentemente, los dos Batallones que avanzaban en ese sector decidieron detenerse y fortificarse en la línea alcanzada. Esta era la zona por donde estaba previsto el avance de la 1ª División Acorazada, que, en esta situación, no sería posible. En los dos corredores centrales, las unidades británicas sufrieron fuertes bajas en los campos de minas, particularmente densos y trampeados. Dos compañías lograron alcanzar la línea de objetivos, pero quedaron reducidas a sesenta hombres, y debieron retirarse a una línea de coordinación anterior. Solo en el extremo Sur, una pequeña fuerza alcanzó su objetivo sobre la escarpadura de Miteiriya, donde pudieron contactar con las unidades del extremo Norte de la 2ª División Neozelandesa. En conjunto, la 51ª División había llegado a su objetivo en el Sur y casi hasta el objetivo asignado en el centro, pero se había visto obligada a detenerse en el crucial flanco Norte de su ataque.

Más al Sur, la veterana 2ª División Neozelandesa alcanzó sus objetivos, pese a enfrentarse a una tenaz resistencia y a sufrir serias bajas.

En el extremo Sur del XXX Cuerpo de Ejército, la 1ª División Sudafricana, con un sector muy reducido (en frente y en profundidad) también alcanzó sus objetivos poco antes de las 06:00.

Por su parte, los ataques diversivos simultáneos del XIII Cuerpo de Ejército y de la 4ª División India se saldaron con costosos fracasos.

En cualquier caso, las Divisiones de Infantería del XXX Cuerpo de Ejército habían logrado ocupar posiciones clave en el despliegue enemigo, y habían conseguido reforzar su defensa lo suficientemente como para asegurarlas frente al habitual contraataque de los blindados del Panzerarmee. Además, en esta ocasión, los zapadores británicos habían sido capaces de abrir suficientes brechas en los campos de minas del Panzerarmee como para asegurar el avance seguro hasta las posiciones alcanzadas de gran parte de las 1ª y 10ª Divisiones Acorazadas.

En principio, la situación parecía muy favorable para que el X Cuerpo de Ejército explotase el éxito de la ruptura de frente del XXX Cuerpo. Sin embargo, pronto empezaron a aparecer problemas para los británicos. Los primeros carros que llegaron a la línea de objetivos fueron los de la IX Brigada Acorazada (recordemos que era parte de la 2ª División Neozelandesa), que intentaron un rápido avance en el interior del dispositivo enemigo. Su intento se vio abortado por un campo de minas situado sobre la misma escarpadura de Miteiriya, perdiendo seis Sherman y trece Grant: solo doce carros consiguieron llegar al otro lado de la escarpadura. Finalmente, los carros restantes adoptaron posiciones defensivas, renunciando a más avances. La VIII Brigada Acorazada también consiguió hacer llegar algunas unidades a la línea de objetivos al amanecer, que iniciaron un corto avance, detenido por un denso fuego de cañones contracarro, perdiendo diez carros en breves minutos. Como en el caso de la IX Brigada, también la VIII tuvo que renunciar al avance.

Además de ello, el plan preveía que, al amanecer, las dos Divisiones Acorazadas al completo hubiesen alcanzado la línea de objetivos tomada por las Divisiones de Infantería, desde donde iniciarían un avance en fuerza. Sin embargo, como ya habían revelado los ensayos realizados, al amanecer la mayor parte de las Brigadas Acorazadas apenas habían llegado a la antigua línea de frente, lo que las obligaría a atravesar las estrechas brechas abiertas en los campos de minas defensivos del Panzerarmee a plena luz del día. En esa situación, serían un fácil blanco para la Aviación o para la Artillería enemiga, o, incluso, para los carros italoalemanes si conseguían abrirse camino a través de los Infantes británicos.

La renuncia al avance hizo además que los carros que fueron llegando a la línea de objetivos se fueron apelotonando en el escaso espacio disponible. Pronto, en el estrecho sector de la 2ª División Neozelandesa (poco más de 3.000 m.) se amontonaban más de 200 carros, de su IX Brigada Acorazada y de la VIII Brigada (10ª División Acorazada), y la XXIV Brigada Acorazada se encontraba en camino a la misma zona.

Tras los informes recibidos de la VIII Brigada Acorazada, el General Gatehouse, jefe de la 10ª División Acorazada, decidió renunciar a posteriores avances, distribuyendo sus carros en posiciones defensivas a lo largo de la escarpadura de Miteiriya.

El plan del 8º Ejército preveía que los carristas británicos avanzasen rápidamente más allá de la línea de objetivos. En ningún caso preveía que las zonas de acción de las Divisiones Acorazadas del X Cuerpo de Ejército se solapasen con las de las Divisiones de Infantería del XXX Cuerpo, que era exactamente lo que estaba ocurriendo: simplemente, no había suficiente espacio para todas las unidades que querían ocuparlo, y no había procedimientos de coordinación para que estas unidades combatiesen de forma armónica. Además, la estructura piramidal de las comunicaciones británicas hacía que los jefes de las dos Divisiones implicadas no tuviesen comunicación directa entre ellos: el General Freyberg (2ª División Neozelandesa) podía comunicarse con su jefe, General Leese (XXX Cuerpo de Ejército), mientras que el General Gatehouse (10ª División Acorazada) podía hacerlo con el suyo, General Lumsden (X Cuerpo de Ejército), y los jefes de ambos Cuerpos de Ejército también podían comunicarse entre ellos. Esto hacía que la coordinación de las acciones de ambas unidades fuese lenta y compleja, y, sin embargo, fundamental: era necesario coordinar la defensa y los planes de fuego, pero, sobre todo, el tráfico por las estrechas brechas disponibles en los campos de minas, saturadas por los carros, las unidades de segundo escalón y la logística de ambas Divisiones. Como era lógico, esta concentración de unidades atraía el fuego constante de la Artillería italoalemana, y solo la superioridad de la contrabatería británica evitó problemas más graves.

La decisión de detenerse de Gatehouse fue muy criticada por el propio Montgomery, aunque, en realidad, era consecuencia de la falta de concreción del propio plan de Lightfoot: nada se había previsto hasta rechazar el contraataque del Panzerarmee, por lo que Gatehouse no tenía un objetivo claro hacia el que dirigirse, ni tenía información sobre el paradero de las unidades de carros italoalemanas. En consecuencia, y ante la potencia del fuego contracarro enemigo, Gatehouse era lógicamente reacio a sufrir un previsiblemente alto número de bajas sin un objetivo concreto que alcanzar.

Al igual que el ataque británico guardaba enormes semejanzas con los ejecutados en los años finales de la Primera Guerra Mundial, la defensa italoalemana en Miteiriya también respondía a conceptos desarrollados en aquel periodo: ante la potencia del fuego de Artillería británico, como en el Somme o en el Chemin des Dames, los alemanes habían desplegado su principal línea de defensa en la contrapendiente de la escarpadura de Miteiriya. Es decir, la Infantería británica apenas si había tomado la línea de posiciones avanzadas y la de observatorios del Panzerarmee (lo que explicaba en parte la relativa facilidad de su avance), pero los carros británicos se verían enfrentados, sin apoyo de Infantería, con la línea defensiva real de los italoalemanes. Incluso si los carros británicos eran capaces de atravesar la línea defensiva, carecían de suficiente Infantería para limpiar las posiciones rebasadas, por lo que sus transportes logísticos – imprescindibles para mantener la capacidad de combate de los carros – serían destruidos si intentaban alcanzar a los carros. Y, a diferencia de las Panzerdivisionen alemanas, las Divisiones Acorazadas británicas contaban con muy poca Infantería (un Batallón por Brigada), a todas luces insuficiente para limpiar las defensas rebasadas por los carros. En realidad, era necesario realizar un nuevo ataque, empleando la Infantería del XXX Cuerpo de Ejército y su potente apoyo artillero, pero Montgomery y su Cuartel General estaban convencidos de haber perforado en profundidad el dispositivo defensivo del Panzerarmee, y atribuían la detención de los carros a una excesiva precaución de sus jefes.

Por su parte, al Norte, en el límite entre la 9ª División Australiana y la 51ª División Highland, la 1ª División Acorazada había sido incapaz de cruzar los campos de minas esa noche, pues los Infantes de la 51ª División no habían conseguido despejar el camino de defensas enemigas. Esto dejaba a la 1ª División en una situación muy difícil: desplegada en columnas en las estrechas brechas abiertas en los campos de minas, y con el enemigo cerca, sería presa fácil para un contraataque, o para la Artillería o la Aviación enemiga. Por otro lado, dar la vuelta a la masa de vehículos de la División en esa situación era extraordinariamente difícil y arriesgado en los estrechos pasillos rodeados de minas, y la reorganización que sería necesaria después dejaría la División incapaz de operar durante varias horas. Finalmente, continuar el avance sin estar seguros de que se había abierto brecha en los campos de minas que encontrarían con seguridad a vanguardia prometía no pocas bajas. Finalmente, la División pudo desplegar a su Batallón Acorazado de vanguardia, como fuerza de protección, y mantuvo al resto de la unidad detenido en su vulnerable situación de ese momento.

Por su parte, la reacción del Panzerarmee, aunque más lenta de lo habitual, estaba en marcha. A las 23:00 el Afrika Korps alertó a todas sus unidades, identificando correctamente el sector del ataque británico en el de la División de Infantería Trento y uno de los Regimientos de Panzergrenadieren de la 164ª División de Infantería. Inicialmente, Stumme creyó que era un ataque limitado, del estilo de los ejecutados en Bacon o Splendour, y, con la experiencia anterior, probablemente los británicos estarían todavía intentando llevar medios contracarro a las posiciones ocupadas. En consecuencia, solo dedicó al contrataque previsto a dos de los tres Grupos de Combate (kampfgruppen) creados sobre la base de la 15ª División Panzer y la División Acorazada Littorio, la reserva móvil de su sector Norte, en lugar de concentrar todos sus carros. El lugar elegido fue Miteiriya, precisamente donde desplegaban tres Brigadas Acorazadas británicas. Dada la actitud defensiva del X Cuerpo de Ejército, los carros alemanes e italianos se vieron enfrentados a un número muy superior de carros británicos, en posiciones fijas que solo dejaban asomar la torre, y que, gracias a la llegada de los Sherman, gran cantidad de ellos superaban en alcance a la mayoría de los carros alemanes (con la excepción de los escasos Panzer-IV F2) y a todos los italianos. Los carristas del Afrika Korps estaban habituados a disponer de alcances superiores a los carros británicos (dotados casi siempre del modesto 2-pounder o del cañón de 37 mm. de los Stuart). Solían abrir fuego a máximo alcance para provocar el fuego de los carros británicos, para localizarlos e irlos destruyendo mientras se aproximaban, siempre antes de llegar a los 900 m. de alcance eficaz de los pequeños cañones de los carros británicos. Sin embargo, en esta ocasión, los alemanes empezaron a sufrir bajas a 1.500 m., lo que supuso una completa sorpresa. En consecuencia, tras sufrir varias bajas a distancias muy superiores a las habituales hasta entonces, ambos Grupos de Combate decidieron retirarse. El hecho de que se tratase esencialmente de un duelo de carros a larga distancia anuló el problema de coordinación entre la Infantería británica del XXX Cuerpo y los carros del X Cuerpo: la Infantería carecía de medios para apoyar a los carros en ese tipo de combate, por lo que se limitó a observar la batalla, si bien la potente Artillería de Campaña del XXX Cuerpo podía haber intervenido… Si la defensa hubiera estado mínimamente coordinada.

La llegada del carro de combate Sherman al teatro norteafricano supuso un cambio fundamental en las condiciones del combate de carros. Sin embargo, su tendencia a incendiarse al ser alcanzado (parte de la munición se almacenaba en la torre, el punto más vulnerable, a diferencia del resto de los carros en servicio en el Ejército británico, dotados de torres mucho más reducidas) le ganaron el apodo de Ronson (una conocida marca de encendedores cuyo lema era ‘¡siempre se enciende a la primera!’ – Lights first every time!).

La llegada del carro Sherman al teatro norteafricano supuso un cambio radical en los combates entre carros: casi por primera vez, los británicos disponían de ventaja en alcance sobre los carros alemanes. Además de ello, el Sherman podía disparar proyectiles perforantes, pero también de alto explosivo, muy eficaces contra los vehículos ligeros, la Artillería de Campaña y, lo que era más interesante, contra los cañones contracarro y contra los temidos Flak de 88 mm., pudiendo destruirlos a más de 2.000 m., prácticamente el mismo alcance eficaz de los propios FlaK. La llegada de los obuses autopropulsados Priest a las Divisiones Acorazadas implicaba también que los carros británicos podían disponer de forma muy rápida de apoyo artillero, otra herramienta fundamental para anular las temibles barreras contracarro que tan caras habían costado al 8º Ejército.

Más al Norte, en el sector de la 51ª División Highland, la 1ª División Acorazada intentaba avanzar hasta las posiciones ordenadas. La coordinación entre ambas Divisiones se complicó aún más por problemas de navegación: en el paisaje sin referencias del desierto y tras un avance nocturno, la 1ª División Acorazada creía que las unidades de la 51ª División Highland se encontraban un kilómetro más al Este de su posición real, es decir, que su avance había sido incluso más escaso de lo real. En realidad, la equivocación era de la 1ª División Acorazada, cuyas unidades tenían un error de mil metros en sus coordenadas. Esta diferencia obligó a limitar el apoyo de Artillería de Campaña hasta que se aclarase la verdadera posición de ambas unidades, lo que implicaba en la práctica una detención del avance.

Montgomery, convencido erróneamente de haber roto el frente italoalemán, reiteró a mediodía sus órdenes a las Divisiones Acorazadas del X Cuerpo de avanzar para llegar a terreno abierto en el que pudiesen maniobrar. Este movimiento sería apoyado por la 2ª División Neozelandesa, que iniciaría un avance hacia el Suroeste de Miteiriya, y por dos ataques diversivos de la 4ª División India desde Ruweisat hacia el Oeste y, en el extremo Sur, por el XIII Cuerpo de Ejército. De todas estas acciones, la más lógica era la del avance de la Infantería neozelandesa, que sería apoyado por la práctica totalidad de la Artillería del XXX Cuerpo de Ejército. En esta ocasión, los jefes de ambos Cuerpos de Ejército y de las Divisiones implicadas (la 10ª División Acorazada y la 2ª División Neozelandesa) pudieron coordinar sus acciones.

En la zona de la 1ª División Acorazada, las taxativas órdenes de Montgomery de que avanzasen los carros se tradujeron en que el General de la 1ª Divisón, Briggs, ordenó a las 15:35 al jefe de la II Brigada Acorazada, General Fisher, ‘avanzar lo más rápido posible, a cualquier coste’. Así, el Batallón de vanguardia (IX de lanceros), entró casi inmediatamente en un campo de minas no detectado, que le obligó a reducir la marcha y esperar el apoyo de zapadores. En esa situación, el tercer kampfgruppe de la 15ª División Panzer y la Littorio inició un contraataque en la zona de avance de los carros británicos, que, como en el caso de los dos kampfgruppen precedentes, se encontró con la sorpresa de la presencia de los Sherman y su mayor alcance. El kampfgruppe perdió doce carros antes de retirarse apresuradamente. El IX de lanceros solo perdió cuatro Sherman, pero seguía atascado en el campo de minas, y, tras él, el resto de la 1ª División Acorazada.

Por su parte, la 51ª División Highland intentó alcanzar las posiciones ordenadas para su avance de la noche anterior. Su ataque en pleno día se saldó con fuertes pérdidas y escasas ganancias territoriales. Resultaba evidente que las unidades de Infantería solo podían combatir con éxito durante la noche.

Al final del primer día de ofensiva, Lightfoot era un éxito parcial: el avance del XXX Cuerpo de Ejército había conseguido alcanzar los objetivos señalados en su mayoría, pero el X Cuerpo no había conseguido avanzar. Y sin la explotación a cargo de las Divisiones Acorazadas, Lightfoot sería un fracaso, al no haber conseguido su objetivo de derrotar decisivamente al Panzerarmee.

Impasse

La mañana del 24 de octubre, el Panzerarmee sufrió una nueva complicación inesperada: el General Stumme, que, siguiendo la costumbre habitual de los jefes alemanes, había ido a ver en persona la situación en el frente, en el sector del avance australiano, resultó muerto, en un confuso incidente en el que su vehículo fue atacado. El General Von Thoma, jefe del Afrika Korps asumió el mando provisional del Panzerarmee, pero, durante unas horas cruciales, la unidad se encontró sin jefe. Von Thoma, veterano de la campana del desierto, pensaba (como Stumme) que el ataque británico era poco más que una reproducción a escala algo mayor de las pasadas ofensivas de las Divisiones de Infantería británicas y, en consecuencia, que bastarían los contrataques locales de los carros italoalemanes para garantizar la integridad de la defensa.

La situación logística del Panzerarmee seguía siendo muy precaria, en especial en el campo de los combustibles: en la zona de combate, los italoalemanes disponían de combustible para recorrer 200 km. (lo que representaba apenas un par de días o tres de combates móviles), y las únicas reservas en suelo africano estaban en Bengasi, a mil kilómetros, y apenas eran suficientes para cien kilómetros mas. Estaba previsto que un petrolero italiano llegase a Trípoli el 26 de octubre, lo que aliviaría algo la crítica situación logística, pero, dada la presión aeronaval británica (y vista la experiencia reciente de Alam Halfa), Von Thoma desconfiaba de que ese combustible llegase efectivamente a suelo africano. En consecuencia, Von Thoma era muy reacio a mover sus carros, salvo que fuese estrictamente imprescindible. En otro orden de cosas, las existencias de combustible impedían en cualquier caso la retirada a Libia del Panzerarmee, como había hecho Rommel tras la ofensiva británica del verano anterior.

La noche del 24 al 25, la Infantería británica organizó nuevos ataques limitados, tanto en el sector del XIII Cuerpo de Ejército, como en el de la 4ª División India. En el sector clave del XXX Cuerpo de Ejército, la 51ª División Highland ejecutó pequeñas acciones ofensivas de entidad Compañía e, incluso, de entidad Sección, con el fin de intentar vencer las resistencias locales que le habían impedido alcanzar la línea de objetivos asignada. El agotamiento de las tropas hizo que estos ataques alcanzasen objetivos muy modestos.

En el sector de la 9ª División Australiana, los ataques (a cargo de la XX Brigada Australiana al completo) tuvieron más éxito, frente a una escasa y desorganizada defensa italoalemana. Así, los australianos alcanzaron los objetivos asignados para Lightfoot, con un día de retraso. Ante los insuficientes avances en el sector de la 51ª División Highland, la VII Brigada de Infantería de la 1ª División Acorazada (una Brigada sin experiencia en combate en el desierto) fue enviada al sector de los australianos, para continuar el avance desde las posiciones alcanzadas por la 9ª División. Así, la VII Brigada se encontró al amanecer cruzando los campos de minas a través de las estrechas brechas abiertas, que no les permitían dispersar sus vehículos, que, por las prisas y por la inexperiencia en el Teatro de Operaciones, se movían en columnas muy apelotonadas. Como habían temido siempre los Generales del X Cuerpo de Ejército, con la llegada del día, las densas columnas de vehículos de la VII Brigada atrajeron inmediatamente el fuego de la Artillería enemiga, sufriendo fuertes pérdidas. Pese a ello, la VII Brigada superó las posiciones de los australianos y pudo adentrarse en territorio enemigo.

Por su parte, hacia las 22:00, la 2ª División Neozelandesa debería haber iniciado el avance ordenado, con el apoyo de los carros de su IX Brigada Acorazada. Sin embargo, cuando los carros y sus vulnerables transportes logísticos se encontraban cruzando las brechas en los campos de minas fueron descubiertos por un solitario bombardero Junkers Ju-88, que consiguió alcanzar las columnas británicas, destruyendo veinticinco vehículos. El consiguiente incendio sirvió también como eficaz referencia para la Artillería italoalemana y para otros bombarderos que se encontraban patrullando en búsqueda de objetivos. Ante el riesgo de que el bombardeo aéreo precediese a un contrataque de los carros italoalemanes, la IX Brigada detuvo su avance y se redesplegó en sus antiguas posiciones defensivas sobre la cresta.

Por su parte, en la escarpadura de Miteiriya, en el sector de la 2ª División Neozelandesa, la 10ª División Acorazada se dispuso a preparar su avance. Los carros de sus dos Brigadas Acorazadas (VIII y XXIV) solo podían operar eficazmente de día, pero sus zapadores aprovecharon la oscuridad de la noche para abrir brechas en los campos defensivos enemigos. Una vez las brechas estuvieron correctamente marcadas, la VIII Brigada consiguió avanzar hasta la línea de objetivos prevista para el día anterior. Por su parte, la XXIV Brigada seguía esperando a que se abriesen brechas en los campos de minas, mucho más profundos en su sector. Así, de las tres Brigadas Acorazadas desplegadas en la escarpadura de Miteiriya, la IX (2ª División Neozelandesa) había sufrido pérdidas debidas a los bombardeos y se había replegado apresuradamente, lo que tenía como consecuencia una cierta desorganización; pese a ello, había reiniciado su avance para cubrir el flanco izquierdo de la VIII Brigada Acorazada (10ª División Acorazada) que continuó así su lento avance nocturno, mientras que la XXIV Brigada Acorazada (10ª División Acorazada)  estaba todavía detenida por los campos de minas, sin que fuera posible saber cuándo estaría en condiciones de reanudar el avance. Esa noche, Montgomery tuvo una reunión con sus jefes de Cuerpo de Ejército, para decidir las acciones a tomar. Para Montgomery, la situación no era sustancialmente diferente de la prevista en el plan original, con la excepción del retraso de un día, que, vista la tímida reacción del Panzerarmee, no invalidaba el diseño general de la operación. En consecuencia, decidió continuar con el avance planeado del X Cuerpo de Ejército, tan pronto como fuese posible. Sin embargo, la percepción de Montgomery acerca de la posibilidad de continuar el avance no era compartida por los jefes de las unidades de carros.

Hacia las 05:00, los carros de vanguardia de la IX Brigada Acorazada se encontraron con una barrera de cañones contracarro enemigos, a los que no podían combatir, dada la escasa visibilidad de los sistemas de puntería de los carros en la oscuridad. Como consecuencia, comenzaron a sufrir fuertes bajos, al tiempo que los vehículos incendiados permitían a los cañones contracarro mejorar su puntería. El avance se detuvo. Pronto, los carristas británicos se dieron cuenta de la imposibilidad de permanecer en las posiciones alcanzadas, sin defensa de ningún tipo frente a un enemigo al que no podían ver, por lo que se vieron obligados a replegarse. Así, a las 06 :00, el jefe de la 2ª División Neozelandesa ordenó el repliegue de su IX Brigada a sus posiciones originales sobre la escarpadura de Miteiriya.

Por su parte, la VIII Brigada, con su flanco izquierdo expuesto por la retirada de la IX y sin un objetivo claro que alcanzar (el plan de Lightfoot no contemplaba nada como explotación del éxito) se detuvo en las posiciones alcanzadas, manteniendo un duelo de fuegos con posiciones enemigas situadas al límite del alcance de sus armas, pero sin ningún resultado decisivo.

Al amanecer, la XXIV Brigada consiguió hacer avanzar dos tercios de sus carros más allá de Miteiriya. Sin embargo, el fuego enemigo hacía imposible el movimiento de los vehículos no protegidos, por lo que no era posible ningún avance en profundidad. Como la VIII Brigada, se vio envuelta en duelos de fuego a larga distancia, sin efectos relevantes.

Mas al Norte, la II Brigada Acorazada de la 1ª División Acorazada también intento avanzar más allá de las posiciones alcanzadas por la 51ª División Highland. Sin embargo, sus carros de vanguardia pronto se encontraron con una barrera contracarro bien provista de FlaK de 88 mm., perdiendo rápidamente seis Sherman. Como en el caso de la IX Brigada, los carros no podían ver a los cañones enemigos. Tras retirarse para salir del alcance de los 88 alemanes, al amanecer, los carros de la II Brigada se vieron envueltos en un duelo a larga distancia con carros de la 15ª División Panzer, en el que el superior alcance de los Sherman fue nuevamente decisivo: los alemanes perdieron cinco carros, sin bajas por parte británica.

A lo largo de la jornada, el Panzerarmee continuó efectuando pequeños contraataques, de entidad kampfgruppe. Así, ejecutó uno de estos contrataques contra la VII Brigada Motorizada, a cargo de uno de los kampfgruppe de la 15ª División Panzer y la Littorio, compuesto por unos cuarenta carros Panzer-II y Panzer-III y M-13/40. Sin embargo, el superior alcance de los cañones contracarro 6-pounder británicos se hizo sentir contundentemente, rechazando a los italoalemanes, que perdieron catorce carros. Algo más al Sur, otro de los kampfgruppe se enfrentó a la II Brigada Acorazada, pero se retiró tras recibir fuego a larga distancia de los Sherman. Los carros alemanes sufrían muchas más bajas de lo acostumbrado (la II Brigada Acorazada declaraba haber destruido treinta y nueve carros enemigos ese día, si bien la mayoría eran los obsoletos M-13/40 italianos), pero, por parte británica, las pérdidas de los críticos carros Sherman comenzaban a ser preocupantes.

Durante la mañana del 25 de octubre, el jefe del X Cuerpo de Ejército, General Lumsden se reunió con el jefe de la 2ª División Neozelandesa, General Freyberg, para coordinar el ataque previsto de los neozelandeses. Sin embargo, Freyberg no estaba dispuesto a iniciar el ataque hasta que la CXXXIII Brigada de Infantería Motorizada (procedente de la 44ª División de Infantería) relevase a la V Brigada Neozelandesa en las posiciones de Miteiriya. Este relevo, en la congestionada posición sobre la escarpadura, ya atestada con las dos Brigadas de Infantería Neozelandesa y tres Brigadas Acorazadas, implicaba necesariamente un retraso importante que iba directamente en contra de los deseos de Montgomery: hasta que los infantes neozelandeses no destruyesen las barreras contracarro italoalemanas, los carros británicos no podrán avanzar y, sin ese avance, Lightfoot no alcanzaría el objetivo de derrotar decisivamente al Panzerarmee. El razonamiento de Freyberg era que, si los alemanes eran capaces de contraatacar con sus carros mientras que las dos Brigadas de Infantería neozelandesas se encontraban en el terreno abierto al Sur de la escarpadura, los alemanes podrían tomar la escarpadura lo que dejaría a los neozelandeses aislados en terreno enemigo, suponiendo probablemente el fin de la División.

En realidad, había un importante desacuerdo entre los Generales de las unidades de Infantería (incluyendo en ellos al propio Montgomery – infante cuya experiencia en combate databa de la Primera Guerra Mundial – y al jefe del XIII Cuerpo de Ejército, General Horrocks) y los Generales de las unidades de carros. Para los infantes, una unidad con suficiente moral y espíritu combativo sería capaz de superar cualquier obstáculo, como habían demostrado las Divisiones de Infantería del 8º Ejército en sus osados ataques nocturnos. En consecuencia, la detención del X Cuerpo de Ejército respondía a esa falta de espíritu combativo. En cambio, para los Generales de las unidades de carros, la guerra acorazada era mucho más técnica que el combate de Infantería. En la guerra acorazada existían factores que la moral no podía compensar: los alcances de las armas, los campos de minas, las posibilidades de maniobra… Para los carristas, el avance solo sería posible si la Infantería, convenientemente apoyada por la Artillería, era capaz de neutralizar las barreras de cañones contracarro italoalemanas. Sin ello, cualquier intento de avanzar de los carros se traduciría en la destrucción de las unidades acorazadas.

El problema del 8º Ejército era, precisamente, que carecía de suficientes unidades para realizar un nuevo ataque de Infantería. El XIII Cuerpo de Ejército estaba reducida a seis Brigadas de Infantería (dos de la 44ª División y dos de la 50ª) y una Brigada Acorazada, que cubrían un frente de más de cuarenta kilómetros, sin que el terreno favoreciese la defensa. Por su parte, en el XXX Cuerpo de Ejército, la 1ª División Sudafricana y la 2ª División Neozelandesa, ya muy menguadas, habían llegado al límite de su capacidad ofensiva: cualquier avance subsiguiente podía significar su fin como unidades combatientes (lo que, además, traería considerables problemas políticos con los respectivos ‘dominios’). La 51ª División Highland, todavía bisoña, cubría un frente muy amplio, lo que no dejaba tropas disponibles para avances subsiguientes. Solo la 9ª División Australiana mantenía una apreciable capacidad de combate, pero estaba situada lejos de la zona donde el plan de Lightfoot contemplaba la ruptura, y un redespliegue implicaba perder tiempo, lo que daría la oportunidad al Panzerarmee de recuperarse. En consecuencia, ante la imposibilidad de hacer avanzar a los carros, Montgomery cambió sus planes: la ofensiva del 8º Ejército continuaría en el sector más al Norte, el de la 9ª División Australiana, con su flanco Sur cubierto por la 1ª División Acorazada, que recibiría a la XXIV Brigada Acorazada (de la 10ª División Acorazada) como refuerzo. El ataque australiano se dirigiría hacia el Norte, hasta alcanzar la costa. La VIII Brigada Acorazada se retiraría por la noche para reorganizarse y reequiparse.

Por su parte, Von Thoma era consciente de que el avance del 8º Ejército era más sólido que en ocasiones anteriores, y que los contraataques locales no serían suficientes para repelerlo. Consecuentemente, tras una renión con el Mariscal Kesselring en el Puesto de Mando del Panzerarmee, decidió ejecutar un ataque concéntrico sobre el saliente británico en Miteiriya, con la 15ª División Panzer atacando desde el Norte y los italianos de las Divisiones Littorio y Trieste desde el Sur. En la misma runión, Von Thoma insistió en la crítica situación logística del Panzerarmee, y en la urgentísima necesidad de apoyo aéreo, ante la absoluta superioridad en el aire alcanzada por la Desert Air Force.

Curiosamente, la errónea apreciación de la entidad del ataque británico había llevado a Stumme y a Von Thoma a cometer un error crucial en empleo de sus carros: en lugar de emplearlos concentrados sobre el punto clave del despliegue enemigo, los contraataques locales habían consistido en el empleo de pequeñas formaciones incapaces de alcanzar la victoria, y que habían implicado importantes pérdidas. De hecho, el 25 de octubre, la 15ª División Panzer informaba que solo le quedaban treinta y dos carros de los ciento diecinueve con los que había comenzado la batalla, apenas cuarenta y ocho horas antes. Además de ello, los combates habían reducido las existencias de combustible hasta el punto de ordenar la inmovilización de los vehículos de ruedas.

Al anochecer del 25 de octubre, Rommel regresaba a Egipto y asumía nuevamente el mando del Panzerarmee. La primera orden de Rommel fue la de cancelar cualquier contraataque de sus carros. Las barreras contracarro mantendrían la defensa.

La noche del 25 de octubre, la 51ª División continuo su lento avance, de forma que, tras duros combates, finalmente alcanzó la línea de objetivos asignada, abriendo paso para la II Brigada Acorazada, que tomó posiciones defensivas en la línea alcanzada.

Por su parte, los australianos iniciaron su ofensiva hacia el Norte, sin apoyo de carros, pero con el fuego de ocho Grupos de Artillería, que dispararon 14.508 proyectiles de 25-pounders y 1.066 de cañones de 5,5’. El ataque, ejecutado por dos Batallones de la XXVI Brigada supuso un éxito, ocupando un importante observatorio (el denominado ‘Point 29’), aunque con notables pérdidas. La captura del ‘Point 29’ atrajo el interés de Rommel a esta zona del frente, que, hasta ese momento, había considerado secundaria. Sin embargo, el dominio de esa posición permitió a los australianos concentrar el fuego de su potente Artillería sobre cualquier concentración de tropas que pudiera suponer un peligro sobre la posición, de forma que el Panzerarmee fue incapaz de ejecutar ningún contraataque. Además de ello, el 25 de octubre la Aviación británica hundió el petrolero ‘Proserpina’, cuando se dirigía a Tobruk. Rommel dependía del combustible que transportaba el buque para poder maniobrar. Con su hundimiento, la situación del Panzerarmee era desesperada.

Como consecuencia de estos acontecimientos, la situación se estabilizó: ni el 8º Ejército era capaz de continuar el avance, ni el Panzerarmee podía recuperar el terreno perdido. Las pérdidas del 8º Ejército eran severas: trecientos dieciséis carros perdidos, de los que ciento veintiocho eran Sherman y Grant, casi un tercio de los disponibles. Aún así, todavía disponía de setecientos cincuenta y cuatro carros, lo que le daba una aplastante superioridad sobre el Panzerarmee. Además de ello, el General De Guingand, Jefe de Estado Mayor del 8º Ejército, consideraba que, entre carros reparados y nuevas unidades procedentes de Alejandría, el 8º Ejército podría recibir unos cuarenta o cincuenta carros diarios.

La obligada parada en las operaciones permitió a Montgomery reconsiderar sus planes. En este sentido, decidió retirar la 7ª División Acorazada al XIII Cuerpo de Ejército, que, además, extendería su frente aún más. Esto implicaba asumir grandes riesgos en el sector Sur, pero la experiencia indicaba que los italianos no emprenderían ninguna ofensiva en esa área. La 2ª División Neozelandesa sería retirada de Miteiriya, y sus posiciones ocupadas por la III Brigada Sudafricana, que cedería sus posiciones actuales a la 4ª División India. De esta forma, Montgomery conseguía liberal a la 2ª División Neozelandesa para reiniciar el ataque previsto hacia el Sur de Miteiriya, que constituiría el esfuerzo principal. La 9ª División Australiana continuaría sus ataques hacia el Norte, para atraer la atención del Panzerarmee. Las ofensivas se reiniciarían la noche del 27 de octubre.

El 26 de octubre, Rommel decidió mover a la 21ª División Panzer hacia el Norte del frente, dejando únicamente a la Ariete como reserva móvil. La decisión de Rommel era difícil, pues, dada la situación logística – el Puesto de Mando de Rommel estimaba que quedaba combustible para dos o tres días de combate -, el Panzerarmee carecía de combustible para redesplegar a la 21ª División Panzer hacia el Sur en caso de ataque británico. Sin embargo, la única posibilidad de éxito de Rommel pasaba por concentrar los carros restantes, y atacar inmediatamente, evitando cualquier otro contraataque limitado.

El contraataque de la 21ª División Panzer

Para el 8º Ejército, el desplazamiento de la 21ª División Panzer hacia el Norte no fue ninguna sorpresa. De hecho, el General De Guingand ya lo había previsto en un memorándum para preparar operaciones futuras. En este sentido, preveía retirar a la 7ª División Acorazada del XIII Cuerpo de Ejército, en el sector Sur del despliegue, que, además, extendería su frente aún más. Esto implicaba asumir grandes riesgos en el sector Sur, pero la experiencia indicaba que los italianos no emprenderían ninguna ofensiva en esa área. Montgomery preveía utilizar esta División en los combates en el Norte, una vez se confirmase el desplazamiento de la 21ª División Panzer.

Además, la 2ª División Neozelandesa sería retirada de Miteiriya, y sus posiciones ocupadas por la III Brigada Sudafricana, que cedería sus posiciones actuales a la 4ª División India. De esta forma, Montgomery conseguía liberar a la 2ª División Neozelandesa para reiniciar el ataque previsto hacia el Sur de Miteiriya, que constituiría el esfuerzo principal. La 9ª División Australiana continuaría sus ataques hacia el Norte, para atraer la atención del Panzerarmee y, si era posible, envolver y destruir a la 164ª División alemana. Las ofensivas se reiniciarían la noche del 27 de octubre.

El 26 de octubre, Montgomery, en pleno proceso de reorganización de sus tropas para la ofensiva, inició una serie de acciones ofensivas para mantener ocupado al Panzerarmee. Así, la VII Brigada Motorizada de la 1ª División Acorazada ejecutó dos ataques nocturnos con un Batallón de Infantería cada uno de ellos, reforzados cada uno de ellos con una Batería de Cañones contracarro 6-pounder de la reserva del X Cuerpo de Ejército, además de los cañones contracarro de su Brigada y de su División. Así, cada uno de los Batallones atacantes contaba con diecinueve piezas 6-pounder. Además de ello, los carros de la XXIV Brigada Acorazada reforzarían a los infantes británicos al amanecer. La idea del ataque era la de incitar un contraataque de los kampfgruppe de la 15ª División Panzer: Montgomery era consciente de que los carros alemanes eran ahora mucho más vulnerables ante las defensas contracarro británicas que hacía pocos meses, y quería aprovechar esta circunstancia para debilitar a las unidades de elite de Rommel.

En efecto, la escasez de combustible del Panzerarmee tenía efectos mucho más profundos de lo aparente: como hemos visto a lo largo de toda la campaña del Norte de África, la superioridad de las tropas alemanas en este teatro de operaciones residía fundamentalmente en su maestría en el combate interarmas, que, en realidad, era la aplicación de la doctrina de “guerra de movimiento” (bewegungskrieg) desarrollada durante el periodo de entreguerras y perfeccionada en las campañas de Polonia y, especialmente, de Francia de 1940. Sin embargo, la crítica escasez de combustible del Panzerarmee llevó a Rommel a priorizar el movimiento de sus carros, dejando inmovilizadas a las unidades de Infantería, al no disponer de combustible para sus vehículos, y limitando muchísimo el repostaje de las unidades de Artillería de Campaña. Así, el Afrika Korps se fue convirtiendo cada vez más – por necesidad – en una unidad “solo carros”, precisamente el enfoque de los británicos al inicio de esa campaña y que tantos disgustos les había dado. La escasez de Infantería que aquejaba al Panzerarmee era otro factor que contribuía a que Rommel o Von Thoma empleasen en ofensiva casi exclusivamente a sus unidades acorazadas, con poco o ningún apoyo de Infantería o de Artillería. En realidad, el superior alcance de los cañones de los carros alemanes Panzer-III y Panzer-IV sobre los 2-pounder que equipaban a la inmensa mayoría de los carros británicos (tanto a los Matilda-II, como a los CruiserCrusader y Valentine) y que constituían casi la única defensa contracarro de la Infantería británica, daba a los kampfgruppen acorazados italoalemanes una ventaja fundamental sobre sus adversarios, lo que parecía avalar la eficacia del empleo de unidades de carros sin apoyo de Infantería o de Artillería.

Hasta ese momento, este superior alcance permitía a los alemanes hacer fuego preciso sobre los defensores británicos de forma casi impune, mientras se mantuviesen en movimiento para evitar que la eficaz y potente Artillería de Campaña británica pudiese hacer fuego sobre ellos.  Sin embargo, la llegada de los carros norteamericanos Grant y, especialmente, de los Sherman, y la sustitución de los cañones contracarro 2-pounder por los mucho más eficaces 6-pounder en las Baterías de Defensa Contracarro de las Divisiones de Infantería británicas habían anulado esta ventaja. Si bien pequeñas cantidades de estos medios ya habían aparecido en encuentros anteriores de esta campaña, en octubre de 1942 estos medios constituían ya la mayoría del arsenal del 8º Ejército. Como consecuencia, los carros alemanes perdieron esa ventaja de alcance que les permitía compensar en alguna medida la pérdida de su capacidad de combate interarmas. No es sorprendente que los carros de Rommel no tuviesen más éxito frente a las defensas británicas con cañones 6-pounder o carros Sherman que el que tuvieron los británicos frente a los FlaK y PaK alemanes en los lejanos días de Battleaxe. Otros dos factores clave que contibuyen a explicar el curso de las operaciones eran la pérdida del dominio del aire, que estuvo consistentemente en manos de la Desert Air Force (lo que impedía a la Luftwaffe apoyar los contraataques del Panzerarmee, proteger a sus unidades frente a los bombardeos británicos o efectuar vuelos de reconocimiento) y la destrucción de la 621ª Compañía de Guerra Electrónica, encargada de interceptar las comunicaciones radio británicas, pocas semanas antes, en el primer contraataque australiano en Tel el Eisa. Como hemos podido observar, desde ese momento, la jefatura del Panzerarmee cometió serios errores en la determinación de la disposición e intenciones del 8º Ejército.

Cañón contracarro QF (Quick Firing) 2-pounder (izquierda) y QF 6-pounder (derecha). Con un alcance eficaz de 900 m. el 2-pounder, era muy poco eficaz frente a los carros alemanes, dotados de alcances muy superiores: 1.500 m. del Panzer-III – el carro más abundante en el Panzerarmee – o 2.500 m. del Panzer-IV F2 (del que el Panzerarmee apenas disponía de una treintena de unidades). El despliegue en grandes cantidades del 6-pounder, con 1.600 m. de alcance, cambió completamente esta situación.

Otro efecto de la carencia de combustible fue el empleo de los medios acorazadas disponibles en pequeños grupos, en contra de la práctica habitual de la Wehrmacht de emplear los carros siempre reunidos y en el lugar y momento clave del combate. La necesidad de ahorrar combustible implicaba medir cuidadosamente el desplazamiento de cualquier unidad acorazada, lo que llevó a que los carros italoalemanes actuaran como los británicos en los meses precedentes, con los carros dispersos en múltiples acciones de entidad limitada.

Finalmente, el carácter progresivamente más estático de los sucesivos combates en El Alamein suponía un cambio sumamente desfavorable para los alemanes, cuyo concepto de operaciones se basaba, precisamente, en evitar los combates estáticos. Todo el adiestramiento, la doctrina, los procedimientos y los materiales de la Wehrmacht, desde los no tan lejanos tiempos de la Reichswehr de Von Seeckt, iban dirigido precisamente a evitar el tipo de combate en el que se acabó convirtiendo la batalla de El Alamein. En cambio, para los británicos, la ejecución de una batalla estática representaba recuperar capacidades existentes, aunque parcialmente perdidas en el periodo de entreguerras. Sin embargo, la organización, los medios e, incluso, la propia experiencia personal de los Generales del 8º Ejército estaba enraizada en la experiencia de la “methodical battle” de 1918, que acabó siendo aplicada en El Alamein. De hecho, la rápida adaptación de las unidades del 8º Ejército a las tareas de apertura de brechas en los campos de minas del Eje, o la eficacia de la Artillería británica en su apoyo a las operaciones de su Infantería no eran más que la recuperación de la doctrina de 1918 (adaptada a los medios de 1942), por Generales que habían practicado estos métodos en el Frente Occidental de la Gran Guerra.

Cada uno de los dos Batallones británicos empleó un método de ataque distinto. El que progresaba más al Norte, ejecutó un ataque nocturno modélico, que consiguió ocupar el objetivo previsto, haciendo numerosos prisioneros y desplegando sus potentes medios contracarro antes del amanecer. Sin embargo, perdió a su equipo de observadores de Artillería. En cambio, el Batallón que progresaba por el Sur decidió aproximarse a sus objetivos sobre sus vehículos. Por un error de navegación, cuando los Infantes británicos iban a desmontar de sus vehículos estaban ya prácticamente encima de las posiciones de los defensores alemanes, que abrieron fuego sobre los camiones antes del despliegue de los Infantes. Como consecuencia, sufrieron fuertes pérdidas, aunque ocuparon la posición enemiga, pero se quedaron más de un kilómetro al Este del objetivo planeado.

Como Montgomery deseaba, al amanecer, los carros de la 15ª División Panzer y de la Littorio (sin un conocimiento preciso de la posición de los británicos) comenzaron a aproximarse a las posiciones ocupadas por el Batallón de Infantería situado más al Norte, sufriendo fuertes pérdidas: en un primer ataque, dieciocho carros alemanes fueron destruidos, antes de retirarse. Sin embargo, los carros de la XXIV Brigada Acorazada, que avanzaron hasta las posiciones ocupadas por los británicos, sufrieron un fuerte castigo por parte de los FlaK de 88 mm. desplegados frente a las posiciones británicas, perdiendo nueve Sherman y viéndose obligados a retirarse: ni los carros alemanes ni los británicos podían enfrentarse solos a los cañones contracarro enemigos, y, mientras que los alemanes apenas de observadores para dirigir el fuego de su Artillería de Campaña de apoyo (no había combustible para sus vehículos), la falta del equipo de observadores por parte británica impedía dirigir el fuego de la potente Artillería del 8º Ejército sobre las posiciones de los FlaK alemanes. Hacia el mediodía, los alemanes intentaron otro avance con una treintena carros, perdiendo otros ocho carros, sin avances significativos. Posteriormente una Compañía de Carros M-13/40 de la División Littorio atacó nuevamente la posición, perdiendo siete de sus trece carros, y retirándose.

Aunque Montgomery no lo sabía cuando inició su ataque, el Batallón que estaba combatiendo con tanto éxito a los carros de la 15ª División Panzer y de la Diviisón Littorio estaba ocupando una posición justo sobre la dirección prevista para el contraataque de la 21ª División Panzer. En efecto, Rommel había previsto un ataque convergente en el que la 90ª División Ligera, con toda la Infantería que pudo reunir, atacaría el “Point 29”, ocupado por los australianos, desde el Oeste, mientras que la 21ª División Panzer atacaría la misma posición desde el Suroeste. Pero, para ello, debía atravesar la posición defensiva ocupada esa noche por los británicos.

Los aviones de reconocimiento de la Desert Air Force descubrieron las bases de partida del ataque de ambas divisiones, y emplearon contra ellas todos los aviones disponibles: más de doscientos bombarderos comenzaron un incesante ataque sobre las unidades alemanas desplegadas en campo abierto. Adicionalmente, la potente escolta de caza británica ahuyentó al puñado de Stuka y Messerschmitt Bf-109 que iban a apoyar el ataque del Afrika Korps. Pese a ello, hacia las 16:00, los alemanes iniciaron su ataque, aunque con poco éxito: la 90ª División Ligera (reforzada con elementos de la División Trento), sometida a un potentísimo fuego artillero, no pudo tomar las posiciones australianas (con los Infantes australianos bien apoyados por los carros Valentine del XL Batallón de Carros), pese a conducir valerosos ataques con fuertes pérdidas. Mientras, la 21ª División Panzer avanzó al Sur de la posición del Batallón de Infantería británico (sin reparar en él), para encontrarse de frente con la potente XXIV Brigada Acorazada. El fuego de flanco de los cañones contracarro británicos destruyeron nueve carros alemanes, mientras que los carros británicos, en posición de desenfilada de casco (con el casco del carro oculto por algún accidente del terreno, y asomando solo la torre, lo que reducía mucho su vulnerabilidad) y gracias a su superior alcance, obligaron a los carros alemanes a cesar su ataque y retirarse. Un intento posterior de ocupar la posición de los británicos con una quincena de Panzer-III forzó a los Infantes británicos a retirarse durante la noche, habiendo perdido dieciocho de sus diecinueve cañones 6-pounder. Pero Rommel había jugado su última carta ofensiva y había perdido.

Las pérdidas alemanas eran muy severas. Como ejemplo, el III Batallón del 384º Regimiento de Infantería de la 164ª División quedó reducido a un oficial y nueve soldados. El 62º Regimiento de Infantería de la División Trento solo tenía 150 hombres de los más de 700 que iniciaron la batalla. Además, la situación logística era desastrosa: el Panzerarmee tenía combustible para un día de combate y la Luftwaffe apenas podía llevar 300 toneladas de combustible diarias hasta Tobruk, sin esperanzas de recibir suministros por barco en un plazo de varias semanas.

Es interesante comprobar como el carácter estático de la batalla de El Alamein recordaba cada vez más a la Primera Guerra Mundial: el contraataque de Rommel se dirigía a ocupar el “Punto 29”, una cota de apenas diez metros de altura, cuya única utilidad era la de servir de observatorio de Artillería, igual que había ocurrido con Miteiriya o Alam Halfa. Como en 1916, las batallas giraban en torno a los observatorios de Artillería. Y, efectivamente, la única oportunidad de Rommel de escapar al bombardeo continuo de los cañones británicos pasaba por negarles el control de los observatorios.

Combates previos a Supercharge

La nueva ofensiva de Montgomery se denominó ‘Operación Supercharge’. La operación planteada no era más que una repetición del concepto general de Lightfoot, pero en un frente mucho más estrecho: en lugar de emplear ocho Brigadas, en Supercharge el frente se reducía a poco menos de 4.000 metros, empleando solo dos Brigadas de Infantería, pero con el mismo apoyo de fuegos previsto para Lightfoot. En el esquema previsto, la ruptura se produciría varios kilómetros al Sur de Tel el Eisa, avanzando desde Miteiriya hacia Sidi el Rahman, el punto donde se encontraban más próximos la carretera costera y la línea de ferrocarril, desde donde los carros británicos cortarían la carretera costera, verdadero ‘cordón umbilical’ del Panzerarmee, aislando a casi todas unidades italoalemanas operando en el sector de Tel el Eisa (notablemente, la 90ª División Ligera, la 15ª División Panzer, la 164ª División de Infantería alemana y la División Motorizada Trento), o bien podrían operar hacia el Sur, aislando a la mayoría de las unidades italianas, junto a la 21ª División Panzer y la Brigada Paracaidista Ramcke. O, incluso, podría intentar llegar a Fuka siguiendo la carretera, aislando a la totalidad del Panzerarmee.

Montgomery consideraba que su mejor jefe de División era el comandante de la 2ª División Neozelandesa, el veterano General Freyberg, por lo que le confió el esfuerzo inicial de Supercharge. Sin embargo, la 2ª División Neozelandesa andaba muy escasa de Infantería: sus dos Brigadas de Infantería habían sufrido fuertes pérdidas y, por la normativa interna de los ‘dominios’ del Imperio Británico, sus Brigadas solo podían completarse con personal procedente de su respectivo dominio. Y, en ese momento, Nueva Zelanda no estaba en condiciones de proporcionar esos reemplazos a tiempo. En consecuencia, Montgomery decidió poner bajo la autoridad de Freyberg una de las Brigadas de Infantería de la 50ª División de Infantería británica y otra de la 51ª, además de la IX Brigada Acorazada (reequipada hasta alcanzar los 132 carros). De esta forma, el veterano y competente Estado Mayor de la 2ª División Neozelandesa dispondría de los medios necesarios para romper el frente del Panzerarmee. Igualmente, puso a la práctica totalidad de la Artillería de Campaña disponible – doce Grupos de 25-pounder y tres Grupos de Obuses de 127 mm – bajo la autoridad de Freyberg, desde el momento de iniciar Supercharge. El flanco izquierdo del avance de Freyberg lo cubriría la CXXXIII Brigada de Infantería motorizada, mientras que el flanco Norte lo cubriría uno de los Batallones neozelandeses. Para aprovechar la ruptura prevista, Montgomery retiró del frente a su 1ª División Acorazada, que debería avanzar tras los infantes de la 2ª División.

Supercharge implicaba una reorganización  casi completa del frente británico: los neozelandeses cederían parte de su frente a la 1ª División Sudafricana, las tres Brigadas de Infantería británicas tenían que redesplegar en la zona de acción de la 2ª División Neozelandesa, la 1ª División Acorazada debía reequiparse y redesplegar, el Puesto de Mando de la 2ª División debía planear en detalle una operación que implicaba a sus ahora seis Brigadas (sus dos Brigadas, más tres británicas, más la IX Brigada Acorazada) y coordinar el paso de línea de la 1ª División Acorazada una vez se produjese la ruptura… Es decir, Supercharge necesitaba tiempo. Sin embargo, Montogomery no deseaba dar respiro al Panzerarmee: consciente de las dificultades de Rommel (gracias a las interceptaciones de las comunicaciones estratégicas alemanas), pretendía mantener la presión sobre el Panzerarmee, para incrementar su desgaste. Además de ello, para favorecer la ruptura prevista para Supercharge, Montgomery deseaba atraer la atención de Rommel hacia otro sector del frente. Como consecuencia, Rommel ordenó a la 9ª División Australiana que continuase sus acciones ofensivas en la zona de la carretera de la costa. Para ello, puso a su disposición los fuegos de toda la Artillería de Campaña disponible, pero sin permitirle cambiarla de asentamientos, para que pudiese apoyar sin transición a los neozelandeses al inicio de Supercharge.

Mientras tanto, Rommel continuaba sus contraataques destinados a ocupar el terreno elevado del ‘Punto 29’, empleando a la 90ª División Ligera y a un Grupo de Combate de la 21ª División Panzer (el kampfgruppe Pfeiffer, cuyos solitarios quince Panzer-III y Panzer-IV constituían la mitad de los carros operativos de la 21ª División). Un nuevo contraataque el día 30 de octubre llegó a pocos metros de la posición australiana, pero fue rechazado por las piezas contracarro australianas y por el eficaz fuego de Artillería de Campaña. Al atardecer de ese día, una tormenta de arena impidió continuar con el combate.

La tormenta de arena permitió a los australianos de la 9ª División finalizar los preparativos para su ataque. Así, entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre, el General Morshead, jefe de la 9ª División Autraliana ejecutó una acción ofensiva destinada a ocupar la posición denominada ‘Thompson’, guarnecida por un Batallón del 125ª Batallón de Granaderos Acorazados de la 164ª División de Infantería.

Esquema de la ofensiva australiana del 31 de octubre

Morshead planeó una operación compleja, en la que cada uno de sus Batallones de Infantería ejecutaría una fase, de forma sucesiva, atacando solo durante la noche y defendiéndose durante el día. La idea de Morshead era avanzar hacia el Norte y el Noroeste, para desbordar la posición alemana por el Oeste, y, después, atacarla simultáneamente desde el Oeste y desde el Sur. El apoyo de fuegos también era difícil, pues la situación de las piezas británicas estaba pensada para Supercharge, que se desarrollaría en dirección Oeste, mientras que los australianos atacarían hacia el Norte (para desbordar la posición alemana) y luego hacia el Oeste (uno de los batallones) y hacia el Este (el otro). Esto hacía que el apoyo de fuegos se hiciese desde el lateral del avance (mientras los infantes australianos se desplazaban hacia el Norte) o, incluso, desde el sector de vanguardia del ataque (cuando se avanzase hacia el Este). Esto complicaba notablemente el apoyo de fuegos, y disminuía la eficacia de la Artillería. Sin embargo, Morshead contaría para su operación con trescientas sesenta piezas de campaña y con el XL Batallón de Carros, dotado con una cincuentena de Valentine. Por otra parte, el plan de Morshead exigía a sus Batallones desplazamientos de más de diez kilómetros en el interior de la zona defensiva enemiga. Además, los efectivos disponibles en los Batallones eran limitados (las Compañías rara vez disponían de más de cincuenta hombres), lo que reducía su capacidad de reducir las inevitables resistencias enemigas rebasadas. De hecho, dada la penuria de unidades de Infantería, Morshead emplearía uno de sus Batallones de Zapadores como Infantería. Como en 1918, una ‘barrera móvil’ de fuego precedería el avance de los infantes australianos.

Los Batallones australianos iniciaron su avance a las 22:00 del 30 de octubre, pero la gran concentración de unidades al Este del ‘Punto 29’ hizo que el avance de Batallón II/32 se retrasase. Como consecuencia, los infantes australianos se separaron demasiado de la ‘barrera móvil’ de su Artillería, anulando su efecto. Puesto que este Batallón era el primero en moverse, todo el horario de la maniobra – ajustado al minuto para garantizar la coordinación entre el avance de los infantes y el desplazamiento de las diferentes ‘barreras móviles’ – colapsó. En consecuencia, como norma general, los infantes se separaron de la ‘barrera móvil’, que apenas sirvió para alertar a los defensores alemanes. Además de ello, en la parte Oeste del avance australiano se encontraban elementos del CCCLXI Batallón de Granaderos de la veterana 90ª División Ligera, que opusieron una fuerte resistencia.

En conjunto, tras fuertes pérdidas (como ejemplo, el Batallón II/24 quedó reducido a ochenta y cinco efectivos, y el II/48 a solo cincuenta), los australianos consiguieron alcanzar la carretera costera y establecerse en defensiva, pero no pudieron ocupar la posición ‘Thompson’, ni barrer las resistencias rebasadas, lo que hacía muy difícil su reabastecimiento. El Batallón de Zapadores II/3 intentó avanzar hacia la costa sin éxito, ante la fuerte resistencia italoalemana, y se vio obligado a retirarse hacia la vía del ferrocarril. Al amanecer, los Valentine del XL Batallón de Carros llegaban a las posiciones avanzadas australianas y ocupaban posiciones defensivas con el casco en desenfilada.

Rommel era consciente de la importancia de la carretera costera e interpretaba que el ataque australiano era la primera fase de la ofensiva del 8º Ejército. Rommel pensaba que los británicos atacarían empleando la carretera costera y la vía de ferrocarril, por lo que no podía ceder terreno en ese sector clave. Como consecuencia,  a primera hora de la mañana del 31 de octubre, el Panzerarmee contraatacó, con medios de la 90ª División Ligera y el kampfgruppe Pfeiffer, con idea de restablecer el contacto con el 125º Regimiento de Granaderos en ‘Thompson’ y, en la medida de lo posible, abortar la ofensiva británica. Pese a los tenaces ataques alemanes, los australianos fueron capaces de resistir (gracias al apoyo de los Valentine, que, pese a su menor alcance, tuvieron un papel decisivo, aunque con grandes pérdidas: veintiún carros británicos resultaron destruidos). Casi al mismo tiempo, la 15ª División Panzer intentaba un nuevo ataque sobre el ‘punto 29’, que fue repelido por los ataques de la Desert Air Force. Los reiterados esfuerzos ofensivos alemanes no pudieron romper la resistencia australiana, pero, al llegar la noche, era evidente que la resistencia de la XXVI Brigada Australiana (la que ejecutó la operación) estaba agotada. En consecuencia, Morshead decidió reemplazarla por los dos Batallones de la XXIV Brigada, que, hasta ese momento, se había mantenido en defensiva junto a la costa. El relevo se ejecutó durante la noche del 31 al 1, de forma simultánea, es decir, la XXIV Brigada abandonó sus posiciones sin esperar a la llegada de los agotados combatientes de la XXVI. De esta manera, durante varias horas, la carretera costera estuvo libre para que los alemanes avanzasen hacia Egipto. Sin embargo, Rommel nunca fue consciente de ello, y, en cualquier caso, tampoco tenía combustible para aprovecharlo. Como Morshead esperaba, al día siguiente, Rommel reinició los contraataques con todos los elementos disponibles en el Panzerarmee, incluyendo los pocos Stuka que la Luftwaffe podía aportar (y que sufrieron fuertes pérdidas frente a la caza británica). Los alemanes efectuaron hasta seis contrataques, llegando a contactar con el 125º Regimiento de Granaderos, evacuando a los heridos de ‘Thompson’ y suministrando víveres y municiones. Pese a la presión del Panzerarmee, los australianos mantuvieron las posiciones alcanzadas sobre la carretera costera. Sin embargo, como la precedente XXVI Brigada, también la XXIV había alcanzado el límite de su resistencia. Y, esta vez, ni Morshead ni Montgomery podían relevarla.

Esa noche, a las 01:05, el 8º Ejército iniciaba la ‘Operación Supercharge’, al Sur de la desesperada posición de los australianos.

Supercharge

Como hemos citado, Supercharge era una repetición de Lightfoot, pero con mayor concentración de fuerzas, para lo que se eligió un frente mucho más estrecho. Supercharge tenía tres fases claramente diferenciadas: en la primera, en uno de sus ya habituales ataques nocturnos, la Infantería británica rompería el frente italoalemán, avanzando precedida de una potentísima barrera móvil de fuego artillero; en la segunda, la IX Brigada Acorazada (agregada, como la Infantería británica a la 2ª División neozelandesa), rebasaría las posiciones alcanzadas por los infantes para romper la línea defensiva enemiga situada sobre la pista de Rahman, un camino paralelo al frente, que discurría de Norte a Sur; superadas las defensas italoalemanas situadas en la pista de Rahman, la 1ª División Acorazada británica, con las II y VIII Brigada Acorazadas y sus elementos divisionarios (un Batallón de Infanteria, dos Grupos de Artillería de Campaña y dos Baterías de cañones contracarro) penetraría en la retaguardia de Rommel, cortando la retirada al Panzerarmee. Como en todas las ofensivas anteriores, la Desert Air Force ejecutaría acciones en la profundidad del despliegue italoalemán, pero también estaría preparada para actuar contra cualquier contraataque detectado.

Plan de Supercharge

El planeamiento de Supercharge asumía varias limitaciones importantes. Primero, era urgente. En efecto, desde Londres Churchill no entendía por qué Montgomery no había derrotado ya al Panzerarmee, cuando las tropas norteamericanas que desembarcarían en el Norte de África estaban ya en camino. Como hemos comentado, desde el punto de vista político, era fundamental para los británicos derrotar a Rommel antes de la llegada de los norteamericanos. Además de ello, si Rommel se retiraba tras el desembarco de las tropas norteamericanas, sería difícil defender que el 8º Ejército había forzado la retirada de Rommel, lo que arrojaría dudas sobre la capacidad militar británica que minarían la influencia de los jefes británicos ante sus aliados norteamericanos (que ya eran conscientes del papel fundamental que los carros norteamericanos estaban jugando en Egipto). En consecuencia, Supercharge debía ejecutarse sin más demoras, con las tropas ya disponibles.

Como hemos citado, el 8º Ejército andaba muy escaso de Infantería. Por ello, la primera fase de la operación se reducía a un avance de poco más de 3.500 m. en un frente de otros tantos, con un impresionante apoyo de fuegos. Las dos últimas Brigadas de Infantería disponibles avanzarían en paralelo, siguiendo una densa barrera de fuegos (había una pieza artillera por cada diez metros de frente), distribuida en tres olas paralelas, escalonadas en profundidad, que se movería en saltos de 90 m. cada dos minutos y medio. Como en ocasiones anteriores, las piezas antiaéreas Bofors de 40/60 marcarían con trazadoras el límite entre ambas Brigadas. Los infantes avanzarían hasta alcanzar una línea sobre el terreno denominada ‘Neat’. Ninguna característica del terreno identificaba esa línea. En realidad, la línea ‘Neat’ se estableció a la distancia necesaria para que los infantes británicos tuviesen tiempo de llegar a ella y establecerse en defensiva antes del amanecer. En ese momento (05:00), la IX Brigada Acorazada debería estar ya en ‘Neat’, preparada para derrotar un posible contraataque alemán. Si éste no ocurría, avanzaría hacia la línea defensiva alemana establecida sobre el trigh Rahman.

El ataque sobre el trigh Rahman era principal compromiso que asumía Supercharge. Consciente de la inminencia de un ataque británico a gran escala, Rommel había desplegado una línea defensiva contracarro a caballo del trigh Rahman, uno de los trigh que, comenzando en el Norte en Sidi Rahman se extendía en dirección Sur hacia las profundidades del desierto; esta pista permitía el movimiento rápido de los vehículos de ruedas en una zona de arena blanda, por lo que era un eje fundamental para la defensa. El esqueleto de esa línea lo formaban sus últimos veinticuatro FlaK de 88 mm. de que disponía Rommel, reforzados por todos los medios contracarro que pudo reunir, varias decenas de piezas de todos los calibres. Esta barrera contracarro estaba protegida por tropas de Infantería y bien fortificada y camuflada. Montgomery y De Guingand eran plenamente conscientes de que una barrera contracarro debía ser atacada empleando una combinación de Infantería y Artillería, nunca con carros (como demostraba la amarga experiencia de la XXIII Brigada de Carros en Mersa-Matruh). Sin embargo, el 8º Ejército no disponía de más Brigadas de Infantería y, además, la Infantería carecía de movilidad suficiente para alcanzar la línea del trigh Rahman, desplegar y atacar en la misma noche. Como consecuencia, la solución elegida fue encomendar esta tarea a la IX Brigada Acorazada, que avanzaría tras una potente barrera móvil de Artillería. Como es obvio, su jefe, el General Currie no estaba muy satisfecho con la misión encomendada, y advirtió a De Guingand que esa operación costaría al menos la mitad de su Brigada. De Guingand respondió que Montgomery era consciente de ello, pero que estaba dispuesto a asumir incluso la total destrucción de la IX Brigada Acorazada si eso garantizaba la ruptura del frente alemán… La II Brigada Acorazada de la 1ª División avanzaría inmediatamente después de la IX Brigada, preparada para derrotar un posible contraataque alemán y, una vez perforada la línea defensiva alemana en el trigh Rahman, avanzaría hacia Sidi Rahman, aislando a las tropas del sector Norte del Panzerarmee. Tras la II Brigada, avanzaría la VIII Brigada Acorazada de la 1ª División, con la misión de reaccionar ante un posible contraataque alemán sobre los flancos de la penetración y, si éste no se producía, avanzar protegiendo la retaguardia de la II Brigada Acorazada en su progresión hacia Sidi Rahman.

El ataque de la Infantería británica, con su potente apoyo artillero, se desarrolló (más o menos) como estaba previsto, algo mejor en el flanco izquierdo, donde la CLII Brigada Highland alcanzó ‘Neat’ a la hora prevista, iniciando las labores de fortificación. Pese a cumplir el horario, el avance se caracterizó por la falta de visibilidad, debida tanto a la noche como al polvo y al humo de la barrera artillera. Esta falta de visibilidad desorganizó las unidades, y la batalla degeneró en una confusa serie de combates a pequeña escala con los defensores italianos y alemanes. En el sector derecho, la situación fue similar para la CLI Brigada, pero los defensores alemanes en esa parte (I Batallón del 115º Rgto. de Panzergrenadiere) resultaron más correosos que los italianos que se enfrentaban a los Highlanders (65º Rgto. de Infantería), por lo que ‘Neat’ se alcanzó más tarde y solo parcialmente. Los infantes británicos pronto se encontraron con el problema habitual de la dureza del terreno, que impedía cavar más allá de unos pocos centímetros, y sujetos a un constante bombardeo artillero por parte del Panzerarmee. Pese a todo, la primera fase de Supercharge había sido un éxito.

Tras la Infantería británica, la IX Brigada Acorazada avanzó hacia sus objetivos. La IX Brigada distribuyó sus tres batallones acorazados con el III Hussars en la derecha, el Wiltshire Yeomanry en el centro y el Warwickshire Yeomanry en la izquierda. La IX Brigada había sido reconstituida tras los combates de días pasados hasta alcanzar los 132 carros, con cuarenta de ellos en cada batallón. De estos carros, un tercio eran Crusader y dos tercios Grant o Sherman, de forma que una compañía en cada batallón estaba dotada de Crusader y dos de Grant o Sherman. Muchos de estos carros procedían de otras unidades y habían resultado dañados o averiados en las operaciones anteriores, habiendo sido en muchos casos precariamente reparados.

El avance de la IX Brigada Acorazada tras los infantes británicos no fue sencillo. El polvo y el humo que habían hecho difícil el avance a pie se complicaron aún más con el que levantaban las cadenas de los carros al moverse por un terreno de arena blanda. Varios carros comenzaron a sufrir averías mecánicas y, además, al acercarse a ‘Neat’, los carros cayeron bajo el fuego de la Artillería del Panzerarmee, que causó importantes bajas en los elementos que se movían en vehículos no protegidos (como los observadores de Artillería). El batallón Warwickshire Yeomanry se encontró un campo de minas no detectado previamente y tuvo que retroceder y desviarse de la ruta prevista, por lo que llegó tarde a ‘Neat’. 

El General Currie se planteó retrasar el ataque para esperar a la llegada del Warwickshire Yeomanry, pero eso podría implicar que el ataque se realizase con luz del día, lo que lo haría todavía más costoso. Así, la Artillería comenzó la barrera móvil de cobertura… avanzando 90 m. cada tres minutos, lo que era muy apropiado para la Infantería, pero desesperantemente lento para los carristas, que se verían obligados a avanzar a baja velocidad dentro del alcance de los cañones alemanes. Como consecuencia, los carros británicos avanzaron por delante de la barrera artillera, intentando sorprender a los defensores. Cada batallón avanzó con los carros Crusader delante, con la ingrata tarea de localizar a los cañones contracarros, y los Grant y Sherman a retaguardia, para destruir los cañones contracarro localizados, gracias a su superior alcance. Sin embargo, el III Hussars solo disponía de tres Crusader (los demás se habían averiado en el avance), y los Warwickshire Yeomanry se habían desviado mucho de su objetivo, de forma que su avance era, en realidad, independiente de la progresión del resto de la Brigada. A diferencia de la situación en Mersa-Matruh, la mayoría de los carros británicos tenían un alcance igual o superior al de los cañones contracarro, pero, incluso así, la batalla supuso grandes pérdidas. A la llegada de la II Brigada Acorazada (07:00), el III Hussars informaba de haber destruido quince cañones contracarro, pero sus efectivos se reducían a tres Crusader y nueve Sherman y Grant; por su parte, en el centro, el Wiltshire Yeomanry había destruido catorce cañones contracarro y seis carros enemigos, pero había quedado reducido a cinco carros; el Warwickshire Yeomanry disponía de siete carros… Como preveía el General Currie, su IX Brigada casi había desaparecido. Y, sin embargo, no había una brecha clara por la que pudiera avanzar la II Brigada Acorazada. En consecuencia, la II Brigada inició el lento proceso de destruir a los cañones contracarro en duelos artilleros a larga distancia, aprovechando el alcance de sus carros Sherman y Grant. Este método era muy lento, pero había funcionado bien en ocasiones anteriores. A cambio, el fulgurante avance que previa el plan del 8ª Ejército no se produjo.

Si bien Rommel esperaba el ataque británico, él pensaba que se realizaría en el sector de los australianos, no al Sur, al Oeste de Miteiriya. En consecuencia, los contraataques previstos en el sector australiano se cancelaron (para gran alivio de la comprometida 9ª División Australiana), y la 21ª División Panzer se movió hacia el Norte para reunirse con la 15ª División Panzer, junto con la 90ª División Ligera y el kampfgruppe Pfeiffer. Los contraataques alemanes se centraron en el flanco Norte de la penetración británica, pero próximos a su barrera contracarro, para aprovechar el fuego de sus FlaK de 88 mm., pero fueron infructuosos. En realidad, Rommel ya no disponía de suficientes medios para enfrentarse a los británicos: el Panzerarmee disponía de unos sesenta carros operativos, mientras que los británicos cuadruplicaban ese número solo en la zona de Supercharge. Los contraataques del 2 de noviembre supusieron la pérdida de veinticinco carros alemanes, lo que dejaba al final de la jornada a la 21ª División Panzer con veinte carros Panzer-III y Panzer-IV, mientras que la 15ª División Panzer solo disponía de ocho carros y seis piezas contracarro PaK-38 de 50 mm., inútiles frente a los Sherman. Es decir, la totalidad del parque de carros del Afrika Korps era inferior a los restos de la baqueteada IX Brigada Acorazada británica (que se había reorganizado en un Batallón/Regimiento acorazado de treinta y tres carros de todos los modelos, y había desplegado en el flanco derecho de la II Brigada Acorazada). Además de ello, solo quedaban ocho FlaK 88 mm. y menos de un tercio de la Artillería y de la Infantería. Frente a ellos, la 1ª División Acorazada disponía de la VIII Brigada Acorazada, prácticamente íntegra, y, con los restos de la II y la IX, casi de otra Brigada Acorazada completa. Es decir, la ventaja numérica británica era, al menos de cuatro a uno en carros, y mucho mayor en Artillería e Infantería. La conclusión de Rommel era obvia: había llegado el momento de replegar los restos de sus tropas.

Retirada del Panzerarmee

No era la primera vez que Rommel se planteaba la necesidad de retirarse. En realidad, tras el hundimiento de cada uno de los petroleros que, en los últimos días, habían intentado llegar a la costa africana (el Proserpina el 25 de octubre, y el Luisiano el 28 del mismo mes), Rommel se planteó la necesidad de replegarse. Rommel, aunque llegase a ello relativamente tarde, era un convencido de la bewegunskrieg, la ‘guerra de movimiento’. En esta forma de combate, el objetivo es la destrucción de las fuerzas enemigas y la posesión de determinadas localizaciones sobre el terreno solo es importante en la medida en que proporcionen ventajas tácticas que favorezcan la destrucción de las fuerzas enemigas.

En consecuencia, para Rommel, desde el punto de vista estrictamente militar, una retirada hacia el Oeste, al menos hasta la posición de Fuka, no era una derrota, sino una forma de reconstruir sus fuerzas para tener opciones de victoria en el futuro, como había hecho el año anterior tras el desgaste sufrido en las batallas de Ain el Gazala. Las dudas de Rommel venían en realidad de la situación específica del Panzerarmee en ese momento: a diferencia de la fuerza que mandaba en Ain el Gazala, la particular evolución de las batallas de El Alamein había conducido a que una proporción creciente de las unidades del Panzerarmee no dispusieran de vehículos, por lo que sus posibilidades de retirarse con éxito eran muy escasas. Esto era particularmente cierto para las unidades de Infantería italianas (X y XXI Cuerpos de Ejército), pero también para la 164ª División de Infantería y para la Brigada Paracaidista Ramcke alemanas. Esta circunstancia obligaba a que el repliegue se realizase parcialmente, con algunas unidades retirándose sobre los camiones disponibles, preparando una nueva línea de defensa, mientras los camiones regresaban para transportar a las unidades restantes a cubierto de la nueva línea defensiva. Inevitablemente, esto hacía que la operación fuese lenta. En otro orden de cosas, el dominio del aire por parte de la Desert Air Force y la escasez de carreteras hacían previsible una elevada cantidad de pérdidas, especialmente de los vulnerables vehículos de transporte. La protección de la retirada tendría que correr a cargo de los restos de las unidades móviles disponibles: el Afrika Korps (15ª y 21ª Divisiones Panzer y 90ª División Ligera) y el XX Cuerpo Motorizado Italiano (Divisiones Acorazadas Littorio y Ariete y División Motorizada Trento). Todas estas unidades habían sufrido fuertes pérdidas y estaban al límite de su capacidad de combate. Por si esto no fuese suficiente, la disponibilidad de combustible seguía siendo crítica, lo que impedía plantear un repliegue de todo el Panzerarmee más allá de Fuka (a unos 100 km de El Alamein). Así, el 3 de noviembre, Rommel comunicó a Berlín sus intenciones de retirarse.

Para ejecutar la retirada prevista, Rommel reúne a los restos del Afrika Korps al Norte, y a los del XX Cuerpo Motorizado italiano al Sur de su zona de acción, para emplearlos como reserva (inicialmente) en caso de una penetración británica y para retardar el inevitable avance británico cuando se produjese la retirada de los defensores. Al Norte, los infantes italianos del XXI Cuerpo de Ejército se retirarían durante la noche del 2 al 3 de noviembre a una línea situada a 12 km. al Oeste del trigh Rahman, empleando todos los camiones disponibles, lo que implicaba utilizar los tractores de las piezas contracarro y de Artillería desplegadas en la cortina contracarro del trigh Rahman. Así, estos medios no podrían moverse hasta el final de la retirada de los italianos, lo que les obligaba a resistir los esperados ataques del 8º Ejército, al menos durante una jornada más. Al Sur, el X Cuerpo de Ejército italiano y la Brigada Paracaidista Ramcke se retirarían al Oeste de Bab el Qattara. Estas retiradas estaban calculadas para poder hacerse en el arco nocturno (para evitar la acción de la Desert Air Force), pero tenían que ser lo suficientemente amplias como para forzar a los británicos a redesplegar su Artillería para tener alcance sobre la nueva línea defensiva. El redespliegue de la Artillería era una labor lenta, más aún con la escasez de rutas aptas para vehículos de ruedas en la zona. De esta manera, el Panzerarmee esperaba ganar algún tiempo antes de emprender una nueva retirada hacia Fuka, empleando alternativamente los escasos camiones disponibles. También durante la noche del 2 al 3 de noviembre, los depósitos logísticos del Panzerarmee (que Rommel, en su penuria de recursos, no podía simplemente abandonar, como habían hecho los británicos en Gazala, Tobruk, Mersa-Matruh…) debían trasladarse a la zona de Fuka. Este movimiento era más arriesgado, porque la parte final del traslado se tendría que hacer de día y empleando básicamente la carretera costera, lo que lo haría muy vulnerable a la acción de la Desert Air Force, si era descubierto. Para prevenir esta vulnerabilidad, el Panzerarmee concentró todos sus cañones antiaéreos ligeros en los alrededores de los puntos de paso obligado de la carretera costera.

Mientras los italoalemanes iniciaban la retirada, Montgomery, presionado desde Londres, urgía a sus Generales a que penetrasen de una vez la cortina defensiva alemana. En consecuencia, el General Lumsdem decidió emplear a su unidad de reserva, la VII Brigada Motorizada en un ataque nocturno contra la tenaz defensa alemana en el trigh Rahman. Nuevamente, el ataque pretendía abrir paso a la II Brigada Acorazada a través de las defensas contracarro del Panzerarmee. La VII Brigada Motorizada se componía de tres Batallones de Infantería sobre vehículos (II y VII de la Rifle Brigade y II del King’s Royal Rifle Corps), junto con varias Baterías de cañones contracarro 6-pounders. La Brigada organizó su ataque con tres esfuerzos de entidad Batallón, sin reservas. Como en ocasiones anteriores, la idea era ocupar la línea defensiva y reforzarla con los cañones contracarro antes del amanecer, para resistir el habitual contraataque acorazado del Panzerarmee. El batallón situado más al Sur (II del King’s Royal Rifle Corps) ejecutaría un ataque similar a los efectuados en días pasados, avanzando tras una potente barrera móvil de Artillería, mientras que los otros dos Batallones ejecutarían un ataque silencioso, sin apoyo artillero, esperando que el ataque del Sur distrajese a los defensores alemanes. El II del King’s Royal Rifle Corps alcanzó una posición en lo que creía ser el trigh Rahman, en la que se estableció en defensiva desplegando ocho 6-pounders, pese a sufrir fuertes pérdidas. Como era de esperar, al amanecer recibió un contraataque a cargo de una docena de carros M-13/40 de la División Littorio. A estas alturas de la campaña, los M-13/40 estaban irremediablemente anticuados, por su menor alcance con relación a los 6-pounders y a los 75 mm. de los Sherman. Los italianos, tras perder siete carros se retiraron. Sin embargo, lo cierto es que el batallón no había roto la cortina contracarro del Panzerarmee, por lo que el avance de la II Brigada Acorazada no era posible en ese sector. Los dos batallones del Norte tuvieron peor suerte. Los defensores esperaban un ataque, por lo que la sorpresa no se produjo y los dos batallones se vieron envueltos en fieros combates. Unidades aisladas de estos batallones alcanzaron la línea del trigh Rahman, pero se vieron sometidos a un potente fuego artillero que hizo imposible la llegada de refuerzos y abastecimientos, y, lo que resultó decisivo, impidió que los cañones contracarro alcanzasen esa posición. En consecuencia, antes del amanecer, y ante la imposibilidad de hacer frente a un contraataque de carros enemigos, los batallones optaron por retirarse. A las 05:30 se canceló el avance de la II Brigada Acorazada, mientras que la VIII Brigada Acorazada se desplegó al Sur de la II. La idea era seguir con el lento proceso de destruir la cortina contracarro mediante duelos artilleros a larga distancia, a lo largo de la jornada siguiente.

Poco después de mediodía, un avión de reconocimiento británico avistó los convoyes logísticos alemanes en la zona de El Daba (a unos 70 km. al Oeste de El Alamein, sobre la carretera costera), en dirección a Fuka. Era el primer indicio de la retirada del Panzerarmee. Como temía Rommel, ese descubrimiento desencadenó potentes ataques de la Desert Air Force (más de 1000 salidas ese día, el mayor número en toda la campaña), que dejaron un reguero de vehículos ardiendo a lo largo de la ruta. Consecuentemente, los británicos decidieron redoblar sus esfuerzos para romper la línea del trigh Rahman. Considerando que el Panzerarmee estaba al borde del colapso, los ataques se extendieron casi a toda la línea del frente: al Sur del saliente creado en Supercharge, la 51ª División Highland intentó alcanzar el trigh Rahman en su sector, iniciando el movimiento de un Batallón de Infantería apoyado por uno de los Batallones de Carros de la XXIII Brigada de Carros (dotado con cuarenta Valentine) a las 18:00 del 3 de noviembre. Sin embargo, los combates de la noche anterior y los diferentes movimientos de las unidades de carros hacían muy confusa la situación para el propio mando británico. Por un lado, el II Batallón del King’s Royal Rifle Corps había informado erróneamente de encontrarse sobre el trigh Rahman, en la zona de Tel el Aqqaquir (un pequeño promontorio), mientras que, en la realidad, estaba casi un kilómetro al Este de esa posición. De la misma forma, la VIII Brigada Acorazada informaba equivocadamente de estar en una posición situada al Sur de la posición de la II Brigada Acorazada, pero al Oeste del trigh Rahman. Nuevamente surgían los problemas habituales de errores de posicionamiento de las unidades de la 1ª División Acorazada. La incertidumbre sobre la situación de las unidades propias hacía que la potente Artillería británica evitase tirar sobre la zona del trigh Rahman, que era la localización de las defensas enemigas. En consecuencia, los Infantes británicos avanzaron pensando que sus carros estaban ya sobre la línea del trigh, lo que no era cierto, y, además, sin apoyo artillero. Cuando la 1ª División Acorazada corrigió su error e informó de su verdadera posición, ya era tarde: el ataque de los Highlanders se realizó contra las posiciones del agotado, pero veterano, II Batallón del 115º Rgto. de Panzergrenadiere y los cañones contracarro del DCV Grupo contracarro, dotado de FlaK de 88 mm. y cañones PaK-38 (estos últimos, poco eficaces contra los Sherman, pero mucho contra los Valentine). Pese a las pérdidas (que incluyeron diecisiete Valentine y gran número de Infantes), los Infantes británicos se atrincheraron sobre las posiciones alcanzadas en el trigh Rahman. No era una todavía una ruptura, pero era un importante avance.

Los británicos, conscientes de la debilidad del Panzerarmee, reiteraron sus ataques. La V Brigada India se agregó a la 51ª División Highland para continuar el ataque sobre el trigh Rahman, apoyada por los Valentine restantes. Este ataque se produciría la noche del 3 al 4 de noviembre. Inmediatamente después, a la mañana siguiente, el último de los batallones de Infantería disponibles en la 51ª División avanzaría a vanguardia de las posiciones alcanzadas por los hindúes. A las 02:30, se iniciaban los fuegos artilleros sobre las posiciones enemigas localizadas. A las 04:00, los 360 cañones del XXX Cuerpo de Ejército iniciaban una potente barrera móvil que precedía el movimiento de los hindúes, en un frente de menos de dos kilómetros. La resistencia del Panzerarmee fue escasa, y, al amanecer, los hindúes alcanzaron su línea de objetivos, bien al Oeste de la barrera contracarro del trigh Rahman: se había conseguido la ansiada brecha, si bien al Sur de lo previsto.

En el lado alemán, la situación era extremadamente compleja: el 4 de noviembre, Hitler en persona prohibía cualquier retirada, ordenando a Rommel que resistiera ‘hasta el último hombre’.

La orden de Hitler de resistir ‘a toda costa’ nacía de tres orígenes. Por un lado, la experiencia militar real de Hitler se reducía a sus combates como infante en el frente occidental en la PGM. En ese conflicto, la ocupación y la defensa del terreno eran fundamentales, lo que, inevitablemente, creaba una cierta mentalidad (precisamente la que intentaba superar Von Seeckt cuando la Reichswehr desarrolló la bewegunskrieg). Por otro lado, Hitler estaba convencido que el ‘corte de hoz’, el plan que había llevado a la derrota de Francia en 1940 y que se oponía a los planes de su Estado Mayor, era obra suya mucho más que de Von Manstein. Como consecuencia, Hitler pensaba que tenía un ‘don natural’ para el arte militar que excedía con mucho las capacidades de sus Generales. De hecho, estaba convencido de que la misma orden de ‘resistir hasta el último hombre’ había salvado a la Wehrmacht de ser destruida por el Ejército Rojo en el invierno de 1941, tras su fracaso en derrotar a la Unión Soviética en la campaña de ese año. Finalmente, desde el punto de vista político, la propaganda oficial ‘vendía’ los éxitos de la guerra en términos de ocupación de territorio, por lo que una retirada se percibiría como una derrota. Esto era más cierto aún en el caso de Italia, pues el avance en Egipto era el único ‘triunfo’ militar que Mussolini podía ofrecer a una desmoralizada opinión pública.

La decisión de Hitler supuso un verdadero shock para Rommel, pues, en su opinión, condenaba al Panzerarmee a ser destruido. Rommel era un firme partidario de Hitler, a quien, en gran medida, debía su carrera militar (recordemos que fueron decisiones personales del Führer tanto confiarle la 7ª División Panzer en la campaña de Francia en 1940 como la de destinar a Rommel a Libia en 1941). Además, Hitler siempre había apoyado a Rommel en sus discusiones con sus jefes militares (desde Kesselring hasta Halder). Rommel creía realmente que Hitler tenía una acertada visión para los asuntos militares y, sin embargo, la decisión de mantenerse en El Alamein le parecía un error de tal magnitud como para poner en duda la capacidad real de Hitler de dirigir la guerra.

Pese a su propensión a ignorar las órdenes superiores cuando no estaban de acuerdo con su juicio, incluso para Rommel era demasiado desobedecer las órdenes personales de Hitler. En consecuencia, Rommel ordenó detener todos los movimientos de retirada, y resistir a toda costa en las posiciones iniciales. Estas órdenes no llegaron a todas las unidades, pues muchas estaban ya en movimiento, sin acceso a teléfono y escasas de equipos radio. Como reza el viejo adagio militar ‘orden + contraorden = desorden’: el Panzerarmee se sumió en un estado de confusión que redujo aún más su capacidad de resistir los nuevos esfuerzos ofensivos británicos.

Sin embargo, Rommel era plenamente consciente de que ningún esfuerzo del Panzerarmee, por heroico que fuera, sería capaz de detener al 8º Ejército. De hecho, la orden de Hitler condenaba inexorablemente a las Divisiones de Infantería italianas, muy escasas de vehículos, y cuya única esperanza de salvación era retirarse del frente antes de la inevitable ofensiva general británica.

La ruptura de la línea defensiva del trigh Rahman subrayaba la absoluta incapacidad del Panzerarmee de contener a los británicos. De hecho, el jefe del Afrika Korps, Von Thoma, tras una enérgica discusión, obtuvo permiso de Rommel para retirar a sus exhaustas unidades a la línea prevista en el plan de retirada, a quince kilómetros al Este de El Daba. La retirada del Afrika Korps se produjo inmediatamente, dejando la línea cubierta por los escasos FlaK supervivientes y por el Batallón de Zapadores de la 15ª División Panzer, actuando como Infantería. La retirada del Afrika Korps hacía aún más inevitable la destrucción de las unidades italianas no motorizadas.

Al amanecer del 4 de noviembre, el último de los batallones de Infantería de la 51ª División Highland rebasaba las posiciones de la V Brigada India, e iniciaba su avance en un frente de apenas 500 m., precedido por una potente barrera móvil proporcionada por siete Grupos de Artillería. Apenas encontró resistencia. Aprovechando el ataque de la Infantería, dos Batallones de Reconocimiento, con vehículos blindados de ruedas se infiltraron en la retaguardia del Panzerarmee. Mientras, la Desert Air Force se concentraba en los convoyes que utilizaban la carretera costera. Sin embargo, la enérgica acción de los FlaK alemanes se cobró un fuerte tributo: de los sesenta Hurricane y Kitthawk empleados, once fueron derribados.

Pese a haber conseguido la ansiada ruptura de la cortina contracarro enemiga, el avance de la 1ª División Acorazada británica no fue sencillo. Al amanecer del 4 de noviembre, la II Brigada Acorazada cruzó el trigh Rahman, para encontrarse a apenas 3.000 m. con el Afrika Korps y la 90ª División Ligera. La treintena de carros alemanes contuvieron a los 130 carros de la II Brigada Acorazada hasta el anochecer, pero, al final de la jornada, los restos de las unidades alemanas aprovecharon la noche para retirarse. El Puesto de Mando del Afrika Korps había sido destruido en el combate, y su jefe, el General Von Thoma fue hecho prisionero.

Más al Sur, la 7ª División Acorazada, con su XXII Brigada Acorazada en cabeza, cruzaba el trigh Rahman a las 08:30, y avanzaba decididamente hacia el Oeste. Tras un avance de cinco kilómetros, los carristas británicos se toparon con los restos de la División Acorazada Ariete, con elementos de las Divisiones Littorio y Trieste. Pese a su desesperada resistencia, las tres divisiones resultaron destruidas. Sin embargo, la resistencia de los italianos evitó que la 7ª División Acorazada rodease al Afrika Korps mientras se encontraba combatiendo con la II Brigada Acorazada.

En la práctica, incluso después de la ruptura de su línea defensiva, la decisión de Rommel iniciar la retirada el día 3 evitó la completa destrucción del Panzerarmee, y las pérdidas hubieran sido menores si hubiera hecho caso omiso a la errada orden de Hitler. En cualquier caso, el resultado de la batalla ya no ofrecía ninguna duda. Sin embargo, la escasez de vías de comunicación y las amargas experiencias de los carristas británicos al intentar perseguir al Afrika Korps llevaron a un avance bastante ‘prudente’ por parte del 8º Ejército, lo que permitió a las unidades supervivientes del Panzerarmee retirarse en relativo buen orden durante la jornada del 4 de noviembre. A partir del día siguiente, los carristas británicos iniciaron realmente la persecución, llegando a El Daba por la tarde, y continuando hacia Mersa-Matruh, destruyendo a las unidades del Panzerarmee que se habían rezagado. En ese día, la II Brigada Acorazada destruyó cincuenta y tres carros italianos y alemanes, e hizo más de un millar de prisioneros.

Mientras tanto, la 7ª División Acorazada solicitaba autorización para avanzar por el desierto al Sur de la carretera costera, para girar hacia el Norte a retaguardia de las unidades supervivientes del Panzerarmee, en la zona de Sollum-Bardia, en la frontera con Libia, destruyendo así los restos del ejército de Rommel. Para este avance necesitaba prioridad en el suministro de combustible, que no fue concedida por el jefe del X Cuerpo de Ejército, General Lumsden, que prefería concentrarse en la carretera costera. Sin suficiente combustible, el prometedor avance de la 7ª División Acorazada no permitió envolver al Panzerarmee por el flanco del desierto.

La escasez de combustible de las tropas de Rommel se hizo patente cuando la presión británica obligó a los restos del Panzerarmee a retirarse más allá de Fuka. De hecho, la 21ª División Panzer se quedó inmovilizada por falta de combustible, y solo la llegada de una oportuna tormenta que convirtió el desierto en un barrizal, y que detuvo a los carros británicos durante los días 7 y 8 de noviembre, permitió que pudiera ser reabastecida, evitando su completa destrucción. En cualquier caso, los restos del Panzerarmee difícilmente podían considerarse una unidad combatiente, dadas las pérdidas sufridas y la absoluta desorganización que reinaba: como ejemplo, la mañana del 5 de noviembre, la 15ª División Panzer informaba de que disponía de ocho carros, doscientos infantes, cuatro cañones contracarro y doce piezas artilleras; a su vez, en la misma fecha, la 21ª División Panzer disponía de treinta carros, cuatrocientos infantes, dieciséis cañones contracarro y veinticinco piezas artilleras; las cifras de la 90ª y la 164ª divisiones eran incluso peores. Por su parte, las divisiones motorizadas italianas (LittorioAriete y Trieste) habían sido destruidas el día anterior, mientras que las divisiones de Infantería italianas, sin transporte ni suministros y aisladas en el desierto, solo podían rendirse a los británicos. Como excepción, el 5 de noviembre, la Brigada Paracaidista Ramcke capturó un convoy logístico británico, y aprovechó los suministros y vehículos capturados para reunirse dos días después con el resto del Panzerarmee, con sus seiscientos hombres. En conjunto, el Panzerarmee había quedado reducido a una unidad de entidad Regimiento.

El 8 de noviembre, las tropas británicas y norteamericanas desembarcaban en el Norte de África, en las colonias francesas. La denominada ‘operación Torch’ había comenzado.

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