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Terrorismo individual: la derivada de la sociedad actual

https://global-strategy.org/terrorismo-individual-la-derivada-de-la-sociedad-actual/ Terrorismo individual: la derivada de la sociedad actual 2022-02-08 07:00:00 Mario Toboso Blog post Global Strategy Reports Políticas de Seguridad Terrorismo

Global Strategy Report, 5/2022

Resumen: Si el terrorismo evoluciona, es lógico considerar que la proliferación de Actores Solitarios es una derivada de la sociedad actual: mucho más individualista y en la que los procesos de radicalización violenta pueden estimularse en solitario. Este artículo aborda como la transformación de la sociedad occidental ha favorecido la emergencia de un collage de Extremismos Violentos en el que los Terroristas individuales juegan un rol estructural.

Para citar como referencia: Toboso, Mario (2022), «Terrorismo individual: la derivada de la sociedad actual», Global Strategy Report, No 5/2022.


Introducción

La entrada en el segundo milenio inoculó indoloramente una predisposición al temor mediante el advenimiento de un miedo global diferido denominado “Efecto 2000″[1]. Por aquella época – y a modo de augurio- el FBI había detectado algunas milicias milenaristas que profetizaban que, con la llegada del año 2000, se produciría el colapso de los Estados Unidos y que el gobierno federal impondría el Nuevo Orden Mundial. Sólo un año después, tras el shock producido por el ataque de las Torres Gemelas en septiembre de 2001, el seguimiento mediático de los atentados perpetrados por Al-Qaeda mostró que el miedo se podía transformar en una entidad global, epidérmica y rentable en términos mercadotécnicos. La cotidianidad de las imágenes de violencia favoreció, durante los siguientes años, una anestesia de los sentidos y, como consecuencia, una desafección vital y moral (Guardiola, 2018).

Con la eclosión de la crisis financiera global de 2008 llegó la decadencia de la verdad y el recelo hacia el establishment político y financiero. La falta de aprecio hacia los hechos favoreció una creciente espectacularización de la política (Innerarity, 2018:26). La desconfianza y la frustración se canalizaron en una suerte de animadversión hacia los más poderosos y en un sentimiento de suspicacia dirigida a los más débiles. La academia y el conocimiento experto también se convirtieron en «sospechosos habituales». El periodismo convencional tuvo dificultades para reordenar todo ese ruido por la proliferación de opiniones, el error y la ignorancia.

Hoy, el lenguaje se «ha inflamado» favoreciendo la polarización de los discursos binarios mediante la introducción de los problemas cuña[2]. Los polos de opinión, cual tejidos orgánicos, se irrigan de rabia desatada y se enrojecen, aumentando la temperatura social y promoviendo una sociedad posmoderna, individualista y desfamiliarizada[3] en la que muchos individuos experimentan una baja tolerancia a la frustración y un elevado índice de disonancia cognitiva (Lapuente, 2021: 71).

Desde entonces, el escenario se ha vuelto más complejo en términos de seguridad: la pandemia, las crisis recurrentes, la instrumentalización de los refugiados climáticos, la desinformación, el culto a las teorías de la conspiración y las redes sociales convertidas en pesebres de vanidad henchidos de narcisismo nos han vuelto más desesperanzados, más escépticos, más estúpidos -atendiendo a la estabilización del coeficiente intelectual humano- y también adictos a la «doctrina de las noticias de última hora» y el doomscrolling[4].

Se intuye, incluso, un período de cierta «fatiga civilizatoria» que ha favorecido el mito del fin del mundo, del Apocalipsis, de las teorías conspiratorias o la colapsología. Una fatiga que se imbrica en la literatura, en la comunicación, en los discursos políticos, en las redes sociales y en la «cultura pop» de los videojuegos como preámbulo de una profecía autocumplida. La creencia colectiva de un colapso climático, de un conflicto civil o de la quiebra del sistema promueve un marco conceptual fatalista de agravio y desesperanza que promueve el pensamiento reaccionario. Una vez que ese marco colectivo se afianza -en un entorno en el que la verdad requiere esfuerzo y la pereza intelectual prolifera- se convierte en un vector mainstream de movilización. Los demagogos, los conspiranoicos o cualquier outsider de espectro diverso o con intereses espurios advierten que «el otro lado» se está movilizando.

Quizá estamos In Itinere hacia un nuevo estadio… Y en ese nuevo estadio los reaccionarios violentos pueden prosperar debido a una percepción, cada vez mayor, de falta de identidad e incertidumbre sobre el futuro, junto con la desconfianza hacia los centros de poder tradicionales. Algunos Extremismos Violentos tienen prisa por llegar a ese nuevo estadio: los movimientos aceleracionistas.

El Terrorismo Individual -objeto de estudio del presente artículo- parece más fácil encajarlo como pieza sobrante de un puzzle que como parte integrante del rompecabezas de una realidad social con constantes flujos de fuerzas y tensiones dinámicas.

individualismo sin individuos: franquicias humanas

Los modelos operativos son mapas cognitivos, representaciones, esquemas o guiones que un individuo tiene de sí mismo y de su entorno. Dichos mapas pueden presentar distintos niveles de complejidad, desde constructos elementales a complejos (Marrone, 2009: 95). Lo que constituye al individuo es un plexo dinámico de interacciones intersubjetivas que no solo determina como vemos al otro, sino también cómo entendemos el mundo. Lo vemos, lo interpretamos, lo deformamos desde la dinámica que nos relaciona con los demás y por la cual el otro puede ser identificado como un igual, como un instrumento, como una amenaza, como alguien que no merece respeto, o como una cosa (Carrasco-Conde, 2021: 200).

¿La evolución de la sociedad occidental es un vector de influencia y un modelo operativo en la consolidación y auge del Terrorismo Individual? Veamos:

Según datos recientes del Institute for Economics and Peace, la última década (2011-2020) ha estado marcada por un incremento del grado de conflictividad social, fundamentalmente como consecuencia de la recesión derivada de la crisis económica global de 2008 y del impacto de las políticas de austeridad impuestas por los gobiernos (Institute for Economics and Peace, 2020). Muchos de los enfrentamientos sociales derivan de una borrachera de narcisismo promovido por el individualismo económico y el individualismo cultural preponderante de nuestra época (Lapuente, 2021:16).

Los marcos identitarios tradicionales se están disolviendo y emergen nuevas pautas sociopolíticas (Giddens, 2001:99):

Los conceptos dogmáticos posmodernos se transforman surgiendo estadios sociopolíticos ignotos que requieren tiempo y ciencia para su comprensión.

En la última década, el ritmo frenético de nuestros días estimula la emergencia de una cultura profundamente antidemocrática de ignorancia fabricada y de indiferencia social (Bauman, 2018). Prima la superficialidad y se denuesta la reflexión. El individuo contemporáneo -como «franquicia humana»- tiende a percibir el mundo en las matizaciones de sí mismo y la consecuencia de ello es que el «otro» desaparece y deja de interesarle. El egocentrismo -rasgo de la sociedad actual- estimula a abandonar la introspección moral en la búsqueda de la sublimación del yo. Se ha reemplazado la aspiración de algo trascendente y abstracto por algo inmediato y concreto cómo pueden ser: un like, un efímero vídeo de tik-tok, un meme o una asana online.

El esfuerzo por ser auténtico desencadena una comparación permanente con lo demás (Han, 2019: 37-38). El bombardeo de mensajes y eslóganes destinados a destacar, a ser «único», a ser nuestra propia marca, así como la cháchara -en algunos casos mendaz- procedente del universo coaching han sido estímulos para la exacerbación del individualismo social. En el posmodernismo existen dos corrientes dominantes: el optimismo naíf que defiende que todo irá bien si sonríes a la vida, y el victimismo infantil que te susurra al oido permanentemente que todo el mundo conspira contra ti. Estas dos corrientes beben del mismo manantial: el narcisismo arrogante de quien cree que el universo debe moldearse a su imagen y semejanza; y cuando eso no se produce -como suele ser lo habitual- nos quejamos permanentemente (Lapuente, 2020: 222).

La vida también se ha acelerado. El cerebro ha claudicado frente al estómago y las emociones. En Occidente, la salud se ha convertido en una ideología y no ajustarse al canon se convierte en un estigma (Cederström ; Spicer 2015: 3-4). La senectud, sin embargo, se aparca fuera de la vista de los demás y, en algunos entornos, se ignora frente al anhelo de juventud. Los Ministerios de Soledad -podrían ser instituciones de la sociedad orwelliana- proliferan en muchos países como respuesta al aumento de la ratio de personas que viven solas.

La rebelión de los perdedores

El mundo actual, sin matices, se transforma raudo dejando un reguero de individuos molecularizados, perdedores y rezagados que se quedan a solas con sus sufrimientos y sus miedos. El sufrimiento y el miedo, como esencia del individuo posmoderno, se han privatizado. El consumo de ansiolíticos se ha disparado en Occidente. Para muchas personas la presión vital es insoportable y cada dos horas y media se quita la vida una persona en España. En Estados Unidos, los suicidios juveniles han aumentado un 56% durante los últimos diez años. Junto con la ansiedad se ha catapultado el miedo. Miedo a la tecnología (tecnofobia), a la globalización (repliegue de las fronteras) y a las élites (populismo) (Lapuente, 2021:28). El miedo es el motivo por el que una persona traiciona a un amigo, es desleal a un mentor o se desentiende amoralmente de toda responsabilidad por la vida de un individuo -lo que Bauman denomina adiaforización de la conciencia- aún después de haberlo visto cara a cara y de que haya captado su atención y su imaginación (Bauman; Donskis, 2018, p. 49).

A nivel colectivo, el temor de los rezagados a no adaptarse favorece la existencia de actores que lo instrumentalizan socavando la cohesión social y estimulando actitudes reaccionarias (CIDOB, 2022). En este contexto surgen lideres autoritarios, justicieros y mesiánicos que, lejos de plantear gestiones eficaces, se convierten en vengadores que aplacan los miedos y resentimientos de las frustraciones individuales y colectivas.

Existen miedos coyunturales como la pandemia o una recesión económica y miedos permanentescomo el cambio climático. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han considera, además, que el miedo se ha diversificado en otras dos nuevas categorías:

  1. Miedos verticales de carácter ancestral como el miedo a enfermar o el miedo a la pérdida de un ser querido.
  2. Miedos laterales que en la sociedad actual afectan a muchos individuos que se ven aquejados de miedos difusos: miedo a quedarse al margen, miedo a equivocarse, miedo a fallar, miedo a fracasar, miedo a no responder a las exigencias propias o miedo a no ser popular (Han, 2019: 55-56).

Los individuos ansiosos viven en una condición de peligro flotante, incapaces de describir la fuente de su aflicción y eso refuerza su malestar. Antes existían amenazas concretas y protecciones en mayor o menor medida eficaces; hoy tenemos riesgos indeterminados -los miedos laterales de Han- y promesas de seguridad que actúan como placebos (Innerarity, 2018).

Los rezagados, los atomizados, los enojados, los marginales y los perdedores del juego padecen miedos laterales. En la sociedad actual el miedo y del odio se promueven mutuamente y en esa siniestra alianza las identidades tienen dificultades para cohabitar. En muchos casos la identidad más fuerte fagocita a las demás o se gestan -en contextos de polarización social- identidades excluyentes (Moskalenko; McCauley, 2020). Nos encontramos con una pléyade de individuos con escasa tolerancia a la frustración y en los que el camino más corto para aliviar sus miedos laterales y saldar sus deudas vitales puede ser la aceptación de una Narrativa Extremista y, en un estadio posterior, el ejercicio de la violencia. El poeta y ensayista Hans Magnus Enzensberger definió a los «hombres del terror» -terroristas- como los perdedores de un proceso de selección natural de la sociedad a nivel mundial que se ven afligidos por una frustrante y atormentadora sensación de agravio y humillación que exige una expresión de cólera y venganza (Enzensberger, 2007).

La singularidad del Terrorista Individual

El Terrorismo Individual -derivada de la sociedad actual- se sitúa en los márgenes de la ortodoxia, es una rareza, una entropía en la Violencia Política y una expresión de singularidad ya que cualquiera puede tener la pretensión de ser trascendente mediante la perpetración de una acción violenta. El Terrorismo Individual, en cierto modo, se ha trasladado de la res pública a la res privada. Como el miedo, se ha privatizado y el proceso de radicalización progresa sin injerencias externas. La motivación ideológica de la acción violenta se customiza y es heterogéneapero, simultáneamente, también es muy atractiva para interpelar a otros miles de individuos. Lo que mueve a los terroristas individuales es la resistencia del singular frente al poder de lo global (Han, 2019, p. 24). El periodista alemán Karl-Heinz Bohrer, en su ensayo Autenticidad y terror, considera que el terrorismo, en esencia, es un acto último de autenticidad (Bohrer, 1988, p.62).

Muchos Terroristas Individuales, perdedores del proceso de selección natural de Enzensberger, albergan un hueco interior y una ausencia de sentido de pertenencia a un proyecto colectivo. Expulsados del sistema, su proceso de radicalización surge de los márgenes. Los márgenes del odio, el miedo, la rabia, la humillación y el resentimiento son fértiles para que germine la radicalización cognitiva. En la travesía de la idea radical a la acción violenta las cartas de navegación del proceso de radicalización proponen diferentes rutas y, en el caso de los Terroristas Individuales, existe territorio inexplorado. No son individuos unidimensionales que se deban encajar en patrones. La ausencia de alternativas, el cierre de una fábrica en una zona deprimida económicamente, la toxicidad de un foro misógino o la percepción subjetiva de discriminación durante una actuación policial pueden situar al individuo en dichos márgenes.

La fluidez marginal y el caleidoscopio extremista

La sociedad posmoderna ha favorecido el desarrollo de un collage de Extremismos Violentos que, a medio plazo, pueden diversificarse. La incidencia de nuevas variables sociopolíticas y la decadencia de valores tradicionales han dejado un espacio que puede ser ocupado por nuevas ideologías. En este ecosistema tempestuoso de emociones, ofensas y agravios proliferan los Terroristas Individuales.

Los márgenes ideológicos son cada vez más fluidos y favorecerán que, en el futuro, puedan articularse una gama de subculturas extremistas bizarras que simpaticen con el antisemitismo, las teorías conspiranoicas, la misoginia del movimiento Incel, el ecologismo, la tecnofobia, la resistencia contra la maquinarquía -como diría Stanley Kubrick- o la aparición de pseudorreligiones (Toboso, 2019).

La fluidez ideológica se permeabiliza entre aquellos que se sienten aislados, extraños, frustrados o enojados con la sociedad. Encuentran cobijo en ideologías compartidas con otros individuos que perciben que se enfrentan a una amenaza existencial. Identifican claramente al enemigo, al tiempo que ofrecen una identidad, un propósito y un significado colectivos fuertes y estables. Las Narrativas Extremistas Violentas que ofrecen aliviar al individuo de tener que decidir qué es «correcto» e «incorrecto» pueden tener un cierto atractivo que no tenían en momentos más estables social y políticamente de la historia reciente. El yihadismo, el supremacismo, la tecnofobia, o la extrema izquierda violenta plantean respuestas simples a las complejas ondulaciones de la historia. Mediante una narrativa dicotómica simple -pero efectiva- expresan una retórica de autodefensa e, incluso, una lógica de ataque preventivo: «Vienen por nosotros. No solo tenemos que defendernos, sino que tenemos que negarles la ventaja de dar el primer paso» (O’Toole, 2022).

Los Extremismos Violentos Posmodernos ofrecen pseudocertezas allí donde hay caos y amenaza. Ofrecen bilis como recompensa allí donde hay agravio y ofensa.

La idea fundamental del concepto de fluidez marginal es que la participación extremista previa proporciona un camino o «canal» por el cual un individuo puede llegar a involucrarse en una nueva ideología extremista cognitiva o conductualmente, al menos si existen suficientes puntos de convergencia entre la forma anterior de extremismo y la nueva encarnación (Gartentein-Ross & Blackman, 2019).

La sincronía narrativa

A pesar de sus diferencias ideológicas, el salafismo yihadista y el Extremismo Violento de Extrema Derecha tienen una sincronía narrativa y comparten un plexo de agravios en común. Derivan su fuerza de una narrativa similar, creyendo que están en medio de una crisis existencial que amenaza su forma de vida, y que el único camino para garantizar la autoconservación es la violencia. Las narrativas antisemitas demuestran que diferentes grupos extremistas violentos pueden usar una sincronía narrativa sobre el pueblo judío, integrarlas dentro de su estructura ideológica más amplia y crear versiones de su doctrina que encajen dentro de los límites de su ideario (Meleagrou-Hitchens, Clifford, Vidino, 2020).

La visión apocalíptica de DAESH, «El gran despertar» de Qanon, El «Nuevo Orden Mundial[5]», el «Colapso de la Sociedad Industrial» de Kaczynski o la «Insurrección beta[6]» del Movimiento Incel son narrativas que también tienen en común diferir temporalmente el objetivo final de la agenda terrorista. La fecha de las elecciones norteamericanas de 2024 está marcada en el calendario de la narrativa diferida. Cualquier sobrerreacción del Gobierno Federal, según las milicias antigubernamentales y otros movimientos extremistas más heterodoxos, alimentará el casus belli y la retórica de autodefensa ante el poder arbitrario y opresor del Estado.

De hecho, es un patrón común en los Extremismos Violentos más recientes pero no es un rasgo nuevo, al contrario es frecuente en las organizaciones terroristas: operar un artificio o sortilegio narrativo que les permita ganar tiempo en su agenda terrorista con el objetivo de aumentar su base de comprometidos.

En las décadas de los sesenta y setenta el proyecto revolucionario de las organizaciones terroristas europeas de Extrema Izquierda era muy vago. No había ni planes para la toma del poder ni un proyecto para el ejercicio del mismo cuando se hubiera tomado (Avilés, Azcona y Re, 2019). Por ejemplo: En el seno de la Brigate Rosse las eventuales discusiones sobre estos temas solían concluir en un “cuándo hayamos vencido, lo hablaremos”(Ventrone, 2012).

En referencia a la Rote Armee Fraktion (RAF), el politólogo y analista de inteligencia Konrad Kellen explicó que sus miembros no estaban realmente interesados en lo que sucedería tras la destrucción de la sociedad existente. Incluso la más intelectual de sus lideres, Ulrike Meinhoff, fue adoptando una actitud cada vez más apocalíptica (Kellen, 1990). Muchos intelectuales radicales viraron del marxismo-leninismo hacia el nihilismo, de la dialéctica al irracionalismo, de la crítica del capitalismo al rechazo de la sociedad industrial (Ventura, 2010). El filósofo postmarxista italiano Antonio Negri afirmó en 1979 que la destrucción revolucionaria del Estado debería incluir también la de la ciencia, la técnica, las máquinas y las fábricas existentes en una reflexión antagónica a la tradición comunista exaltadora del trabajo y la tecnología que, originariamente, postulaba (Negri, 1979).

Unabomber: Fuente de inspiración para otros Extremismos Violentos

El análisis del manifiesto del Terrorista Individual tecnófobo Theodor John Kaczynski -que se autodenominaba Unabomber– indica que, tras su proyecto revolucionario consistente en destruir la Sociedad Industrial, no hay tampoco ningún plan. Pero ello no es óbice para que Kaczynski, a día de hoy, siga siendo un referente para una amalgama de ideología radicales vinculadas al anarquismo, los tecnófobos, el eco-extremismo, la Extrema Derecha Violenta o la Extrema Izquierda Violenta. Para contrarrestar esta dilación temporal estratégica de algunos Extremismos Violentos han surgido los aceleracionistas.

El desdén y recelo de Kaczynski por el «leftism» o «izquierdismo» le ha ganado muchos seguidores en la Extrema Derecha. El Terrorista Individual noruego Anders Breivik lo plagió ampliamente en su manifiesto y simplemente sustituyó «izquierdismo» por «multicultiralismo». El partido fascista griego Amanecer Dorado publicó una traducción de su manifiesto en 2018. Con la situación actual el Extremismo Violento de Extrema Derecha tiene una gran base de simpatizantes ya que no se requiere un conocimiento dogmático con componentes sobrenaturales como la religión, sino que se fundamenta en una pasta ideológica amorfa, híbrida y transversal en muchos casos.

Kaczynski también ha inspirado a grupos radicales anti-tecnológicos. El más prominente de ellos es el grupo terrorista Individualidades Tendiendo a lo Salvaje (ITS Individualistas Tendiendo a lo Salvaje) que son eco-extremistas y, hasta cierto punto, nihilistas.ITS, siguiendo la doctrina Kaczynski, tiene como objetivo asesinar a personas, como los científicos que impulsan el desarrollo tecnológico. En el fondo, Kaczynski desafía una categorización fácil, es un imán atractivo para radicales de diferentes tendencias y un buen ejemplo de fluidez marginal.

En el futuro, se ha planteado para este siglo el surgimiento de una ola de terrorismo tecnófóbo (Torres&Toboso, 2019). En plena efervescencia del dataísmo, la autentica disidencia o emancipación del siglo XXI quizá pase por la desconexión digital y la capacidad de no dejar rastro o de desaparecer del correlativo virtual (Guardiola, 2020: 228). La oposición a la tecnología es ideológicamente poderosa como sustrato de fluidez marginal porque une muchas cuestiones y preocupaciones dispares: el cambio climático y la contaminación; automatización, desempleo y desigualdad; alienación y alteración de la comunidad; vigilancia masiva y control social; y preocupaciones morales por la biotecnología (Fleming, 2021).

La resistencia sin líder: la operativización de la violencia política en la sociedad actual

Tras el asalto al Capitolio de 2021, las milicias -así como otros movimientos mestizos conceptualmente y dimanantes de la fluidez marginal como Oath Keepers, Boogaloo Boys o Proud Boys– consideran que se avecina una insurgencia contra el gobierno, a la vez que defienden acelerar la línea de tiempo con acciones armadas antigubernamentales que conduzcan a una guerra civil (Walter, 2022); (Ebner, 2017). Se arman y reorganizan esperando una señal para combatir al Nuevo Orden Mundial mediante una insurrección basada en la estrategia de la «Resistencia sin Líder» (Kaplan, 1997).

El concepto de «Resistencia sin Líder» o, en inglés, «leaderless resistance», fue el término utilizado por el supremacista blanco Louis Beam, miembro del Ku Klux Klan y de la Nación Aria, para plantear una nueva estrategia de hostigamiento al Estado. La «Resistencia sin Líder» puede definirse como un tipo de operación hecha por un individuo independiente de cualquier movimiento, red de apoyo o líder. En términos generales, pero más específicamente en la dimensión operativa, el concepto de «Resistencia sin Líder» rebate el sistema organizativo piramidal, de flujo unidireccional y expuesto a una cadena jerárquica en la cual el líder se encuentra en el vértice de la pirámide. Según Beam, esta estructura piramidal era vulnerable a la infiltración y, por lo tanto, podía comprometer los procesos de toma de decisiones y la ejecución de las acciones violentas contra el Estado (Beam, 1997).

También, la nueva estrategia y evolución táctica de la ideología yihadista ha adoptado el concepto de «yihad sin líderes» para movilizar ideológicamente y operativamente a potenciales seguidores en Occidente. Uno de los grandes ideólogos de la doctrina del yihad individual es Mustafá Setmarian -conocido también como Abu Musab Al Suri- que perfiló la estrategia general del yihadismo global tomando como modelo de referencia las células pequeñas o los actos terroristas individuales. La doctrina de Setmarian es influyente en las tácticas y la evolución operativa de los atentados perpetrados en los principales países de Occidente en los años recientes. El concepto de terrorismo individual yihadista (yihad al-irhab al-fard-ayn), según los dictados de Setmarian, se fundamenta en los métodos operativos de la guerra de guerrillas urbana o rural y es la estrategia más efectiva para causar la extenuación del enemigo (Lia, 2009, 371). Setmarian -al igual que Louis Beam en el supremacismo blanco- propuso el diseño de una organización con un menor número de eslabones para facilitar la autonomía y reducir la visibilidad y vulnerabilidad a posibles infiltraciones de los servicios de inteligencia. «Nizam, la Tanzim», que se puede traducir de la lengua árabe como «sistema, no organización», es el lema de Setmarian que resume su doctrina (Lia, 2009: 421).

En el otro espectro del Extremismo Violento, el anarquismo insurreccional se ha convertido en un término paraguas bajo el cual se agrupan el anarquismo verde, el anarcoprimitivismo, el anarconihilismo o el anarcoindividualismo. Como el supremacismo y el yihadismo, comparte en su operativización de la violencia política la adopción de la estrategia de la «Resistencia sin Líder» (Bonnano, 2014); (Marona, 2015). En el caso del anarquismo insurreccional se define como “una estrategia de oposición que permite y alienta a individuos o pequeñas células a participar en actos de violencia política independiente de cualquier liderazgo jerárquico o red de apoyo” (Joosse, 2007). La «Resistencia sin Líder», al depender del individuo y no de la jerarquía organizativa permite además un alto grado de inclusión ideológica, evitando así disensiones dentro de los Extremismo Violentos que la adoptan.

El concepto de «Resistencia sin Líder», por tanto,representa el paroxismo del Terrorismo Individual yha sido adoptado por una variedad de actores como: el fundamentalismo cristiano, el supremacismo, el movimiento Incel, los tecnófobos, el anarquismo, el yihadismo o el activismo radical en defensa de los derechos de los animales y/o el medio ambiente. Incluso, el activismo social -en la actualidad- se caracteriza por la ausencia de liderazgo, por la heterogeneidad de sus miembros o su agenda coyuntural. Sucede por ejemplo con el movimiento antivacunas o con el «Mouvement des gilets jaunes» en Francia.

¿Por qué el terrorismo individual ha crecido tanto durante la última década?

La Radicalización Ideológica o Cognitiva no implica necesariamente la articulación de una acción violenta, pero en el caso de Terroristas Individuales operan ciertas variables y dinámicas que pueden precipitar el paso de una Radicalización Cognitiva a una Radicalización Violenta.

¿Qué factores influyen?

El narcisismo del terrorista individual  

La filósofa Ana Carrasco-Conde categoriza las tipologías del mal en nueve tipologías. El mal narcisista -una de las nuevas categorías- se caracteriza porque el perpetrador hace el mal con el propósito de ser el centro de atención de la vida de los demás, de modo que los utiliza como medios y como efecto colateral, les causa un daño del que no es consciente o no le importa. El perpetrador experimenta dolor o placer hacia sí mismo pero carece de empatía respecto los demás. (Carrasco-Conde, 2021:217-218). El mal narcisista es una de las características que vertebra la figura del Terrorista Individual.

Algunos Extremismos Violentos estimulan una «construcción discursiva de autor» con discutible finezza intelectual. El patrón Breivik se ha ido repitiendo: un terrorista que actúa en solitario -bebiendo de fuentes doctrinales de Louis Beam, Tom Metzger y de la «resistencia sin lideres»- y que deja un manifiesto de 1.516 páginas titulado «2083-Una Declaración Europea de Independencia» donde desgrana sus motivaciones y su visión del mundo. El manifiesto, a modo de epílogo siniestro pero también de firma de autor, es un acto de narcisismo y singularidad, la oportunidad de convertirse en un héroe y tener trascendencia vital.  Brenton Tarrant escribió el manifiesto titulado “La gran sustitución” en el que arengaba sobre una conspiración para perpetrar un genocidio blanco mediante la inmigración musulmana (Tarrant, 2019). El mismo término empleó John Earnest en la sinagoga de California pero culpando a los judíos. Antes de matar a 22 personas en El Paso (Estados Unidos), Patrick Crusius colgó un manifiesto en la red en el que decía estar combatiendo “La invasión hispánica de Texas” (Crusius, 2019).

Los manifiestos son legados de una mezcolanza de factores exógenos y endógenos expuestos públicamente a modo de justificación, narcisismo y reclamo para terceros. Algunos son auténticos panfletos delirantes como el de Tobias Hadjer, otros son una retahíla de justificaciones que mezclan ideología, teorías conspiratorias y cierta insolencia juvenil.

Los manifiestos terroristas tienen la siguientes características:

Next stage: la ludificación de la violencia

Los videojuegos se han convertido en uno de los elementos primarios de la cultura popular y las organizaciones extremistas han estado buscando continuamente utilizar referencias y herramientas derivadas de esta subcultura.

La filósofa italiana Michaela Marzano considera que el objetivo estratégico de los vídeos violentos difundido por el yihadismo es, en primera instancia, atemorizar e instalar progresivamente en el espectador la insensibilización y la indiferencia frente al sufrimiento de los demás (Marzano, 2010). Los asesinatos grabados reducen a la persona a una «cosa». Los yihadistas han utilizado la explotación de la imagen ampliamente. Larose Aballa, autor delataque terrorista de Magnanville en Francia en junio de 2016, asesinó a dos policías en su hogar, incorporó la transmisión en vivo después de los ataques. Otros atacantes yihadistas, como Mohamed Merah, Mehdi Nemmouche, y Amedy Coulibaly, también intentaron filmar sus crímenes. El propio Estado Islámico, tal vez deseoso de un mayor control editorial sobre su narrativa, ha sido bastante reticente a adoptar la transmisión en vivo.

El terrorista noruego Anders Behring Breivik, en las primeras etapas de su planificación de ataque, tenía la intención de decapitar a la ex primer ministro noruega Gro Harlem Brundtland en la isla de Utøya en 2011. Breivik había deseado filmar el asesinato usando un teléfono y subir el metraje a YouTube, pero su plan no se ejecutó. El uso, por parte del terrorista individual Brenton Tarrant, de la tecnología de transmisión en vivo indica una migración de tales tácticas del yihadismo a la Extrema Derecha. La tecnología digital fue un componente integral del ataque de Tarrant y su video no era tanto un medio para su mensaje, sino que era el propio mensaje, incluso más que su manifiesto. Tarrant, tenía una adicción severa a los videojuegos, y en su manifiesto hay diferentes referencias a ellos: «Spyro: Year of the Dragon me enseñó el etnonacionalismo, mientras que Fortnite me entrenó para ser un asesino» (Tarrant, 2019) (Macklin, 2019). La ludificación de la violencia asociada a los videojuegos se operativiza en las siguientes variables:

Conclusión

La geometría del terrorismo, en cierto modo, se ha formateado. La clásica distinción entre terrorismo internacional y terrorismo domestico, autóctono o nacional ha perdido su indemnidad. Ya no requiere de estructuras formales ni jerarquizadas. El Terrorismo Individual y su operativización mediante la «Resistencia sin Líder» se han expandido y diversificado ideológicamente durante la última década. En Occidente, no existe una amenaza primaria y una nodriza o subsidiaria sino que ambas -la organizativa y la individual- son letales y adaptativas. Si el terrorismo muta con la sociedad es lógico considerar que la proliferación de Actores Solitarios es una evolución del ecosistema actual: más individualista y donde los procesos de radicalización violenta pueden estimularse en solitario. En este contexto de entropía moral, el Terrorista Individual pretende singularizarse mediante la acción violenta, pero simultáneamente anhela convertirse en una pauta o modelo de comportamiento para otros individuos que quieran imitarle. El terrorista que  actúa en solitario dejando un rastro de vacío y violencia tras de sí es un héroe del mal líquido (Bauman; Donskis, 2018, p. 21).

La influencia, adaptación y control del estado en las sociedades occidentales han impedido que las organizaciones terroristas consolidasen bases operativas permanentes en su territorio. En cambio, el sistema de seguridad occidental no es tan predictivo en el caso de los Terroristas Individuales. De hecho, durante los últimos diez años, el terrorismo se ha asociado cada vez más con individuos con amplias lealtades ideológicas a Narrativas Extremistas Violentas en lugar de a organizaciones o grupos terroristas específicos.

Desde el ámbito de la prevención, se requieren más estudios de investigación sobre los rasgos compartidos y las diferencias entre los diferentes tipos de Extremismo Violento. Debemos continuar haciendo preguntas difíciles: ¿Están aprendiendo unos de otros? Si es así, ¿Cómo y por qué? ¿Sus rasgos ideológicos compartidos, así cómo su sincronía narrativa, significan que deben ser tratados de manera similar en las políticas de Prevención del Extremismo Violento? ¿Cómo y por qué a algunos Terroristas Individuales les parece tan intuitivo conectar el negacionismo, el antisemitismo, la tecnofobia, el racismo y la misoginia en una visión del mundo que, en su opinión, exige un activismo violento?

Se debe evitar una lógica epidemiológica de patologización del proceso de Radicalización Violenta (Heath & Kelly) pero simultáneamente se deben orientar los esfuerzos hacia la identificación de los factores de predisposición y atracción que pueden incentivarlo porque la desertificación institucional no es un buen camino. Siempre es más estimulante dialogar con alguien que está en las antípodas ideológicas que reforzar nuestro sesgo de confirmación y cámara de eco. Abandonar los caminos que transitamos con cierta inercia y salirse de los marcos de pensamiento convencional para «luxar» la lógica imperante puede ser más productivo.

Al igual que las organizaciones terroristas son operativamente conservadoras, las organizaciones que analizan el fenómeno también lo son. Las políticas de prevención deben ser dúctiles en el campo de análisis porque en muchos casos subyace un collage de ideologías que flotan y en el que es difícil encontrar un código fuente.

Debemos protegernos de todas las amenazas, no podemos ser selectivos o sesgados según nuestros intereses porque corremos el riesgo de sobreestimar la disidencia política o de infravalorar un escenario de riesgo y favorecer puntos ciegos. Lo que definimos y estudiamos como terrorismo, y particularmente lo que no, influye en cómo los políticos, los medios de comunicación y la sociedad en general conceptualizan esta forma de violencia política y su potencial evolución. Tenemos que abandonar esa cómoda posición de concebir la responsabilidad como algo que es siempre de los otros. El terrorismo no es una guerra en la que se pueda declarar una victoria definitiva. Las amenazas no se subestiman, se aceptan y se les pone nombre.

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[1] La primera amenaza global del nuevo siglo consistía en un posible colapso o disfunción de los ordenadores y se denominaba “Efecto 2000″. Al final, tras hablar de ello durante meses el efecto no fue tal pero, en cierto modo, nos adoctrinó en la cultura de la incertidumbre y la ansiedad.

[2] Un problema de cuña es un problema político o social de naturaleza controvertida que divide a un grupo demográfico o de población. Los debates sobre cuestiones cuña no dejan lugar a matices.

[3] Los factores de protección y resiliencia que ofrece el tejido familiar -cada vez más delgado- han disminuido. Además se han externalizado las obligaciones familiares al Estado. Dylan Roof, Anders Breivik o Brenton Tarrant provenían de tejidos familiares débiles.

[4] Ansia por la consulta reiterada de noticias dramáticas, especialmente si tienen connotaciones negativas.

[5] De acuerdo con la narrativa de las milicias en breve deberá haber una transición hacia un Nuevo Orden Mundial en el que el poder local será transferido hacia las instituciones federales y los ciudadanos cada vez tendrán menos derechos y estarán más sometidos al poder y la vigilancia del Estado. Los ciudadanos perderán soberanía e independencia. Es el argumento de «Los diarios de Turner» de William Pierce,

[6] Una potencial revuelta armada en la que célibes se levantaran en armas.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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